Marià Corbí

Claros rasgos no duales de Rumí

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Resulta enormemente ilustrativo de la unidad profunda de todas las grandes tradiciones espirituales de la humanidad poder comprobar como un musulmán, teísta puede llegar a tener expresiones que podrían haber sido firmadas por un vedantino, no teísta y no dualista. Permítaseme una cita larga por lo extraordinario del texto.

Dice Rumí: En lo espiritual no hay división ni números, no hay partición ni individuos. Dulce es la unidad del Amigo con Sus amigos; aférrate al pie del espíritu. La forma es testaruda. Haz que la terca forma se consuma de tribulación para que bajo ella, puedas descubrir la unidad, como un tesoro. Y si no la consumes, Sus favores la consumirán –oh mi corazón es su vasallo. Se cose a nuestros corazones y cose el remendado manto del derviche.

Éramos simples y una misma sustancia, todos sin cabeza y sin pies, allá. Éramos una misma sustancia, como el Sol; sin nudos y puros, como el agua. Cuando tan benéfica Luz tomó forma, se volvió numerosa como las sombras de una almena. Arrasa la amena con la catapulta para que se desvanezcan las diferencias entre esta compañía.

Hubiera explicado este tema con contención pero temo que alguna mente tropiece. Sus puntos son afilados como una espada de acero; ¡si no tienes escudo (capacidad de entender) date la vuelta y huye! No vengas sin escudo contra este duro metal, pues a la espada no le avergüenza cortar. Por ello he envainado la espada, para que nadie malinterprete mis palabras. [ 1 ]

Rumí se da cuenta de que lo que ha dicho se sale de las categorías habituales del Islam como religión; por eso advierte del riesgo de lo que está formulando. Sus palabras son duras y cortantes como el filo de una espada. Y advierte, quien se aproxima a la espada sin el escudo que proporciona una comprensión adecuada, pueden perecer a su filo.

Cualquiera no puede enfrentarse a lo que supone la espiritualidad como vacío de imagen.


[ 1 ] Rumí: Mathnawî. Madrid, 2003, Editorial Sufí, Tomo I, pg. 62.