J.Amando  Robles

DE LA RELIGIÓN A LA ESPIRITUALIDAD

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J. Amando Robles
Semana de Espiritualidad, 3-7 de marzo 2008
CEDI [Centro Dominico de Investigación], 3/03/08

1. ¿Por qué hablar de este tema?
Una respuesta puede ser porque está de moda. Sí, pero ¿por qué está de moda?

Por el tipo tecnológico de sociedad y de cultura que estamos construyendo: estamos «colonizando el mundo de la vida» (J. Habermas). Más “tecnologizamos” nuestro mundo y nos “tecnologizamos” nosotros (más tecnologizamos-colonizamos la vida), más necesidad se crea de valores complementarios, correctores de los así creados e incluso alternativos. Más se secularizan ciertos campos, más se “religiosizan” otros (A. Touraine).

Pero ¿por qué de la religión a la espiritualidad?

En positivo, porque si la espiritualidad es la realización más grande y total a la que podemos aspirar como seres humanos, entonces como seres humanos queremos ser espirituales, queremos para nosotros tal tipo de realización.

En negativo, porque la religión que antes ofrecía esa realización, ya no le resulta tan fácil garantizarla. ¿Resultado del relativismo, consumismo y hedonismo de nuestras sociedades, como continuamente repite el papa Benedicto XVI y con él obispos y pastores de las iglesias cristianas? ¿o resultado también de que la religión en buena parte de sus mensajes, contenidos y funciones, está en crisis? Aquí optamos por la integración de ambas explicaciones con énfasis en la segunda: para sectores sociales enteros la cultura actual ayuda muy poco, pero muchos que buscan sincera y honestamente en la religión no encuentran la espiritualidad que buscan. Menajes y funciones de la religión no son creíbles.

2. La religión en crisis

Hay un gran consenso al respecto de responsables religiosos y estudiosos. Y entre estos últimos hay también consenso en que la crisis es grave, y la misma está relacionada con transformaciones culturales y sociales de fondo.

Hay cosas que hacen crisis:
• hace crisis lo mágico en la religión
• hace crisis la religión como única fuente de moral
• hacen crisis representaciones (infierno) y autoridad funcional religiosa
• hacen crisis los exclusivimos e incluso los inclusivitos teológicos y religiososos
• hace crisis una religión teórica, de creencias, meramente funcional a la vida, a la sociedad, a una visión de mundo

Muchas transformaciones están en marcha y actuando: desarrollo científico y divulgación del mismo, la existencia de muchísima más información, nuestra vida en medio de una revolución científico-tecnológica; expansión y universalización de valores como la autonomía humana; una cultura ambiente creando más y más sentido de individualización (el consumismo, que todo iguala, es tambiién un factor fuerte actuando en este sentido).

Transformación más importante a nuestra oopinión: la transformación en la naturaleza misma de nuestro conocimiento. Un fenómeno nada fácil de percibir, porque se está dando de manera rápida pero suave, como si el cambio más importante fuesen los nuevos artefactos que nos acompañan y no el conocimiento en sí. Pero lo que está cambiando es la naturaleza misma del conocimiento y sus funciones.

Hasta hace poco el conocimiento era descubrir cosas ya existentes: leyes, procesos, causas, explicaciones… ; especies de modelos preexistentes, a los que había que adaptarse. Eso permitía creer que las cosas tenían un ser profundo, esencial, último. Y ese ser era valioso, jerárquico, normativo, que muy fácilmente llevaba a causas últimas y a Dios. Hoy ya no es así. Hoy el conocimiento se sabe herramienta, instrumento, útil, muy importante para construir cosas. Más aún, él mismo se sabe construido. Hoy el conocimiento mismo se sabe construcción. Ya no mira hacia delante, porque no siente tener nada delante de él, no siente tener modelos esperándole. Hoy se mira a sí mismo, a sus capacidades y construye lo que necesita y desea. En este conocimiento nada es profundo, esencial y último, todo es funcional. No hay fe en la esencia de nada, tampoco pues en Dios. Todo lo que antes se percibía como creador y del orden de lo último, Dios, revelación, gracia, salvación,…, ahora se percibe como construido y valorado como tal pero no como divino o sagrado.

Aquí está, en nuestra opinión, la causa más importante de la crisis de la religión, en el nuevo tipo de conocimiento, que de hecho rige también para lo religioso. Aquí está la explicación más de fondo de por qué muchas cosas en la religión hacen crisis. Pero aquí también se encuentra la explicación de por qué la espiritualidad no está en crisis sino, al contrario, emerge más y más. Porque la espiritualidad no está amarrada a este tipo de conocimiento objetivista, sino a la experiencia más profunda y más real que pueda hacer el ser humano. Porque la espiritualidad no es una construcción, es una creación.

3. ¿Qué es la espiritualidad?

La espiritualidad es la experiencia de lo absoluto que es todo, el universo entero, los otros y nosotros, hecha desde el absoluto de nuestro ser. Tan absoluto que nada queda por fuera, que no hay ni fuera ni adentro, interior ni exterior, sujeto ni objeto, necesidad ni deseo, y por tanto nada puede ser construido, fabricado.

Todo lo que es construido de algún modo ya existía antes. Ya existían los elementos con los que podíamos construirlo, incluidos los elementos de cómo hacerlo, nuestro conocimiento analítico, diseñador, planiifiicador y ejecutor. No es nada nuevo y, desde luego, no es último. En el fondo, se puede reducir a todo lo que contribuyó a su construcción o fabricación. Y se puede enseñar, se puede transmitir.

La espiritualidad como experiencia religiosa no es de este orden: es creación pura. Es lo que ocurre cuando, superados todos nuestros mundos construidos, en el silencio puro y total de todo, irrumpe la experiencia de lo absoluto que es todo desde el absoluto que somos nosotros. Esto es la espiritualidad, la experiencia religiosa genuinamente tal: creación pura y gratuita, algo verdaderamente nuevo, liberada del espacio y del tiempo a la vez que plenamente inmersa en ellos, liberada por tanto del futuro, de toda necesidad y deseo, gratuidad pura, plena y total aquí y ahora; liberada, pues, de toda crisis. La crisis no tiene, pues, presa sobre ella.

Es de tal manera creación que no puede existir previamente en una concepción, en una teoría o en un diseño. Por ello las enseñanzas de los maestros, de la buena teología, nunca son teoría que se pueda aplicar. No son teoría, lo más son invitación e incitación a hacer la experiencia y orientación durante un cierto trecho, nada más. Al contrario de la religión, la espiritualidad no es algo que se pueda aplicar.

De ahí que como creación suponga un trabajo arduo, continuo e incesante sobre uno mismo. Un trabajo no de ratos y fines de semana, de cuando se participa en un taller, sino de todo el día, de veinticuatro horas. Y no porque el trabajo produzca la creación, nunca, sino porque la prepara, mejor, porque nos prepara a estar disponibles y recibirla cuando la creación, la experiencia, llegue.

Y el trabajo es el del silenciamiento total. Porque sólo en el silencio total se da la creación. Silenciamiento que es acallamiento de todo nuestras necesidades, apegos y deseos. De ahí la importancia de la meditación y demás métodos de silenciamiento. Un trabajo, pues, de desapego y de desinterés total.

La espiritualidad no tiene finalidad alguna. Toda espiritualidad que se busque por algún fin, terapéutico, moral e incluso religioso, de salvación, no es auténtica. Ni es espiritualidad ni con ella se alcanza el fin que se pretende. La espiritualidad es fin en sí misma. La espiritualidad no es un deber, una obligación, es un ser: el ser que somos.

Aunque se hable de ella como de camino interior, en realidad la espiritualidad no es camino, porque no hay un lugar adonde ir, como tampoco es un salir.«Yo te buscaba fuera de mí y estabas dentro de mí», decía admirado de sí mismo san Agustín. La espiritualidad más que un caminar es un encontrarse, más que una revelación es un desvelamiento, como entienden la Revelación las Upanisads: «la caída de nuestros propios velos para que viendo lo que verdaderamente somos podamos ver los que realmente es» (R. Panikkar en su Prólogo a Upanisads (edición y traducción de Daniel de Palma), Ediciones Siruela, Madrid 2ª ed. 1997)

Liberada del futuro, está liberada también de sus proyectos. No depende del tiempo aunque se da en el tiempo. Es una experiencia a darse aquí y ahora. No se trata de ningún proceso.

En fin, es una transformación total de nuestro sentir y pensar la realidad y, por tanto, de la realidad misma. Es un percibirla, sentirla, pensarla y vivirla como en sí misma es. El tiempo en la espiritualidad no es duración, es plenitud. Por ello no hay tiempos más valiosos que otros ni la plenitud está en el futuro. En este tipo de construcción axiológica la felicidad, la realización como plenitud, no existe.

En el fondo, es una realidad humana, no especial ni especializada, laical, no religiosa. Nada sobrenatural, sagrada o divina. Porque no son los referentes religiosos los que la hacen última, plena y total, sino la calidad humana. Los referentes religiosos, representacionales, conceptuales y rituales, son símbolos en función de la experiencia espiritual misma y de la realidad así experienciada, no son ni la experiencia ni la realidad. Y como símbolos pueden ser muchos y todos válidos, no sólo unos pocos.

La espiritualidad no trabaja con credos ni con verdades, no es un conocimiento vehiculador de verdades, sino que consiste en la experiencia última, y a ella invita, incita y orienta.

La espiritualidad no es monopolio de religiones, es patrimonio de todos los seres humanos porque son humanos, porque son capaces de espiritualidad.

4. De la religión a la espiritualidad

Dado que en nuestra cultura la mayoría procedemos de la religión, de la religión a la espiritualidad es el camino que nos vamos a ver obligados a recorrer.

Además, aunque así no fuera, el “camino” espiritual no es fácil y la riqueza en enseñanzas de las religiones es muy grande, como para tener que volvernos hacia ellas y aprender de ellas. Porque lo largo de la historia ha sido sobre todo en ellas donde más se ha reflexionado en torno a la espiritualidad. Tenemos que aprender de ellas, pero sin poder ser religiosos como ellas.

Para aprender de ellas, habrá que distinguir en ellas dos niveles de textos: los expresados simbólicamente, y los expresados como verdades o creencias. En la lectura y comprensión de los primeros habrá que tener en cuenta el principio “los textos genuinamente religiosos sólo podrán ser leídos simbólicamente, como se lee n poema”. Y en los expresados como verdades habrá que fijarse más que en la verdad en la realidad inaprensible a la que apuntan, teniendo en cuenta que estos textos son como los vitrales de los templos filtrando la luz: no son la luz, solamente su filtro, la verdadera luz está fuera.

Así entendida la enseñanzas de las religiones, todo es aprovechable y digno de respeto, de manera que ninguna tilde o jota tiene por qué perderse, como dijo Jesús de Nazaret.

Pero no podremos asumir la religión como verdades y creencias. No la podremos vivir como religión. La religión, con sus verdades y creencias, fue en quienes la tomaron como un camino de plena realización la forma de vivir la espiritualidad en las sociedades agrarias y de la primea revolución industrial. No es el caso de nuestras sociedades. Nosotros no podemos ser religiosos como entonces.

La categoría de la creación como ejemplo. En las religiones teístas y monoteístas se pudo pensar siempre como una verdad, por tanto como una creencia: como el origen o comienzo objetivo de todo. Hoy espiritualmente hablando no se puede concebir así, como una verdad. Porque no sería “espiritual”. Y es que la categoría ‘creación’ es un símbolo, un concepto simbólico, apuntando a una experiencia, en el fondo a la experiencia, plena y total, la única que existe; una experiencia a hacer, como otros la han hecho. Como simbólicas son todas las demás categorías cristianas, encarnación, salvación, muerte-resurrección, etc. Diferentes categorías y nombres, culturalmente muy ricas en su variedad, pero espiritualmente todas ellas intentando expresar una misma experiencia. No son diferentes verdades.

Finalmente, esta espiritualidad, vino, tesoro, perla, está en nosotros mismos. Cuento sufí de quien en Bagdad en sueños conoció de un gran tesoro en Egipto, y para descubrir cuando llegó a Egipto que el tesoro soñado estaba en Bagdad, en su barrio, en su propia casa. O de quien, deseando encontrar también uun gran tesoro, recibió instrucciones de, ubicado en una lugar preciso, disparar una flecha para encontrarlo, … Disparaba con todas sus fuerzas suponiendo que el tesoro estaría muy lejos de donde él se encontraba, cuando el tesoro estaba en él mismo. Sólo tenía que dejar caer la flecha para descubrirlo, para descubrirse.

5. Ésta es la oferta del Programa Maestro Eckhart del CEDI, Centro Dominico de Investigación (Heredia, Costa Rica)

Una espiritualidad genuinamente tal, respondiendo a los retos de la gran transformación actual en el nivel del conocimiento y bebiendo de las grandes tradiciones religiosas y no religiosas o de sabiduría más.

Un espacio, tiempo, estudio y reflexión para ayudar a descubrir que eso que llamamos espiritualidad está en nosotros mismos: porque en el fondo eso es lo que somos.