Marià Corbí

El camino espiritual, ¿solo o en grupo?

Caminar, ¿solo o en grupo?

Somos seres simbióticos, tanto en nuestros modos de sobrevivencia, como en nuestra constitución. Estamos constituidos y construidos por el habla, que nace y se desarrolla en la comunicación con otros. Nos hacemos animales viables programándonos a un modo concreto de vida mediante el habla; asentando en cada individuo que se incorpora al grupo, los postulados axiológicos y los proyectos de vida de la colectividad.

Somos, pues, animales simbióticos en todos los aspectos de nuestra vida.
También el camino espiritual tiene que hacerse en comunicación con otros:

-con quienes nos educan en esa dimensión,
-con los maestros de esa dimensión,
-con los compañeros de aventura.

La comunicación con los maestros, principalmente a través de sus textos, y con los compañeros de viaje, debe ser constante.
Si faltaran compañeros de viaje, los maestros mismos resultan ser compañeros de viaje. Pero es mucho mejor que no falten.
La compañía, incluso la de los maestros, no elimina la condición esencial del camino espiritual:

-no hay huellas en el mar,
-no hay dos caminos que sean iguales,
-cada uno está solo frente a “Eso Absoluto”. Solos, pero acompañados.

¿Cómo ha de ser el grupo?

El grupo es puramente comunicación con los maestros y entre los miembros, de forma continuada. Los lazos deben ser de dos tipos: de comunicación y de servicio mutuo.
No hay más jerarquía que la de la calidad. Y esa calidad no es objetivable, pero sí discernible para quien ha aprendido a hacerlo.
No hay más sumisión que a la Verdad, que no es ninguna formulación, y a la Guía del espíritu interior, que no son normas, ni principios, ni nada, ni nadie “otro” de mi propio espíritu.
Cada miembro del grupo debe servir al grupo y no ser sólo parásito del grupo. Servir al grupo es ayudarle a hacer su camino.

¿Cómo se configura, funciona y coordina el grupo espiritual?

Se configura por la comunicación vertical, con los maestros, y horizontal, con los colegas de aventura. El servicio mutuo amarra los lazos de esa comunicación.
Esos dos ejes de configuración (comunicación y servicio mutuo) son también los ejes de la coordinación, porque no hay autoridad ni creencias.
La calidad de la comprensión y del sentir de esa dimensión, que es una ausencia y un vacío, es lo que coordina al grupo. Esa calidad de comprensión y de sentir es sumisión a la Verdad y a la Guía del Sin forma, del Espíritu.

¿Qué lazos debe haber entre los miembros del grupo?

Ya se ha dicho: la comunicación en torno al Sin forma y el servicio mutuo.
La comunicación a la que nos referimos es la comunicación en grupo con los maestros, y la comunicación entre los miembros del grupo, sobre las peripecias, aventuras y perplejidades del caminar al Sin forma.
El servicio mutuo es apoyo y ayuda en la Vía, es compañía en los logros y en los fracasos, es aprender a ver en todo “la faz de Alá”, ejercitándose en lograrlo en los compañeros de trabajo.

¿Qué se hace en grupo?

1º. Aprender de los maestros.
2º. Practicar el silencio, juntos.
3º. Concretar formas de practicar el karma-yoga.
4º. Quizás algún ocio juntos.


¿Rituales?

Cuando hay cosas que se hacen juntos, surgen gestos colectivos. Eso sería los rituales. Pero es difícil concebir rituales no religiosos, pero sí espirituales, sin creencias, ni dioses, ni sacralidades.
Los rituales serían gestos y acciones hechos en común, como expresión del camino que se hace juntos, como expresión de la voluntad de trabajar cada uno seriamente y como expresión de la voluntad de ayudarse unos a otros en esa tarea.
Los rituales han de surgir del corazón, de la sensibilidad; no pueden nacer ni de la razón, ni de la voluntad, porque serían fríos, secos, artificiosos. Eso significa que han de brotar espontáneamente como actos cordiales de comunicación con “lo que es” y entre los que todavía son ignorantes del propio ser. Hay que darles tiempo, aunque se tengan en mente.
Podemos rastrear cómo tendrían que ser:

-Adaptados a grupos laicos y sin creencias, para quienes Dios es sólo un símbolo.
-No deben contribuir a cosificar “al que es”; ni menos a crear jerarquías y mediaciones.
-Puesto que deben contribuir a ver al Sin forma en toda forma, deben ser gestos leves, como si no fueran, sencillos, sin crear fronteras entre sagrado y profano. Piénsese en la última cena de Jesús: una cena en la que se come pan y se bebe vino, y se rememora a un maestro.

No hay que tener prisa. Hay que esperar a que las nuevas maneras de ver maduren e invadan el sentir. Cuando el sentir del grupo haya empezado a situarse en la nueva visión y haya conseguido quitarse gran parte del viejo lastre religioso, podrá pensarse en intentar crear formas, o mejor, dejar que surjan espontáneamente.