Presentación: una introducción a “Viaje a Ixtlan”

En la obra “Viaje a Itxlán”, Carlos Castaneda agrupa en una serie de temas las enseñanzas de su maestro; unos temas que pueden orientar el trabajo interior, más allá de la forma cultural o el estilo literario utilizados por el autor. Durante un curso, el libro ha sido materia de reflexión para un grupo de trabajo, alternando sesiones de diálogo con otras de meditación personal, sobre fragmentos y temas del libro.

       Ofrecemos en este apartado de prácticas las 12 propuestas de meditación que se llevaron a cabo durante el curso. A título orientativo, cada una de ellas está pensada para una práctica de unos 40 minutos.

       Como introducción puede resultar útil la siguiente selección de textos que sintetiza las líneas principales de la obra. Es una compilación llevada a cabo por Salvador Juncà.

 

Lo que los humanos llamamos “Mundo” es una descripción hecha a nuestra medida. La Realidad tiene otras dimensiones.

“No te esfuerces en explicarlo todo. El mundo es un misterio. Esto, lo que estás mirando, no es todo lo que hay. El mundo es mucho más que esto, tanto que es inacabable. Cuando estás buscando la respuesta, lo único que haces en realidad es tratar de volver familiar el mundo.” (192)

“El mundo es un misterio -dijo-. Y no es para nada como te lo representas. (…) Bueno, también es como te lo representas, pero eso no es todo lo que hay; hay mucho más.” (231)

“Creer que el mundo es sólo como tu piensas, es una estupidez. El mundo es un sitio misterioso.” (100)

“El mundo que nos rodea es muy misterioso. No entrega fácilmente sus secretos.” (47)

“De veras eres racional -dijo él con fiereza-. Y eso significa que crees conocer mucho del mundo, pero ¿conoces? ¿conoces en verdad? Sólo has visto las acciones de la gente. Tus experiencias se limitan únicamente a lo que la gente te ha hecho o le ha hecho a otros. No sabes nada de este misterioso mundo desconocido.” (298-299)

 

Tomar conciencia, como testigos imparciales, de esta increíble dimensión de toda Realidad, es el destino y la oportunidad para los seres humanos. Se nos presenta la elección entre “ver” o pasar la vida en la inconsciencia, en la insulsez.

“Para ti el mundo es extraño porque cuando no te aburre estás enemistado con él. Para mi el mundo es extraño porque es estupendo, pavoroso, misterioso, impenetrable; mi interés ha sido convencerte de que debes hacerte responsable por estar aquí, en este maravilloso mundo, en este maravilloso desierto, en este maravilloso tiempo. Quise convencerte de que debes aprender a hacer que cada acto cuente, pues vas a estar aquí sólo un rato corto, de hecho, muy corto para presenciar todas las maravillas que existen”

“Rió con burla i me aseguró que, para lograr la hazaña de sentirme desdichado, yo debía trabajar de forma muy intensa, y que era absurdo el que nunca me hubiera dado cuenta de que lo mismo podía trabajar para sentirme completo y fuerte.” (256)

 

Pero para poder “ver” hace falta borrar prejuicios, hábitos, costumbres y explicaciones que convierten para nosotros el mundo en familiar, previsible. El consejo es “parar el mundo” que conocemos y mirar atentamente eso que hay aquí, para poder “ver” la Realidad en su dimensión inabordable. “Parar el mundo” significa generar silencio interior.

“-¿Pero para qué querría alguien parar el mundo?

– Nadie quiere, ésa es la cosa. Nada más ocurre. Y una vez que sabes cómo es “parar el mundo” te das cuenta de que hay razón para ello. Verás, una de las artes del guerrero es derribar el mundo por una razón específica y luego restaurarlo para seguir viviendo” (193)

“Pero lo que quiero es que aprendas es “ver”. A lo mejor ahora ya sabes que el “ver” ocurre sólo cuando uno se cuela entre los mundos, el mundo de la gente común y el mundo de los brujos.Ahora estás justito enmedio de los dos. Ayer creíste que el coyote te hablaba. Cualquier brujo que no “ve” creería lo mismo, pero alguien que “ve” sabe que creer esto es quedarse atorado en el reino de los brujos. De la misma manera, no creer que los coyotes hablan es estar atorado en el reino de la gente común.” (348)

“Lo de verdad es cuando el cuerpo se da cuenta de que puede “ver”. Sólo entonces somos capaces de saber que el mundo que contemplamos cada día no es nada más que una descripción. Mi intención ha sido mostrarte esto.”

“Mi júbilo y mi alegría fueron tan grandes que eché a llorar. Don Juan tenía razón. Siempre había tenido razón. Yo vivía en un mundo lleno de misterio y, como todos los demás, era un ser lleno de misterio y, sin embargo, no tenía más importancia que un escarabajo.” (342)

“¿Cómo puedo saber quién soy, cuando soy todo esto? – dijo, barriendo el entorno con un gesto de su cabeza.” (36)

“La parte más difícil del camino del guerrero es darse cuenta de que el mundo es un sentir.” (268)

 

“Parar el mundo” papa poderlo “ver” implica un esfuerzo de transformación personal. Es un esfuerzo consciente, pragmático, que involucra todas nuestras facultades sensoriales y mentales. Es esfuerzo por hacerse responsable de la propia vida y abandonar progresivamente los automatismos, las convenciones, las hipocresías, la presunción de tener tiempo infinito…

“Cuando un hombre decide hacer algo, debe ir hasta el fin. Pero debe aceptar responsabilidad por lo que hace. Haga lo que haga, primero debe saber por qué lo hace, y luego seguir adelante con sus acciones sin tener dudas ni remordimientos acerca de ellas.” (69)

“Hacernos responsables de nuestras decisiones significa estar dispuestos a morir por ellas. (…) En un mundo donde la muerte es el cazador no hay decisiones grandes ni pequeñas. Sólo hay decisiones que hacemos a la vista de nuestra muerte inevitable.” (74)

“Los actos tienen poder. Sobretodo cuando la persona que actúa sabe que estos actos son su última batalla. Hay una extraña felicidad ardiente en actuar con el pleno conocimiento de que lo que uno está haciendo puede muy bien ser su último acto sobre la tierra. Te recomiendo meditar en tu vida y contemplar tus actos bajo esa luz.” (125)

“ Pon tu atención en el lazo que te une con tu muerte, sin remordimiento ni tristeza ni preocupación. Pon tu atención en el hecho de que no tienes tiempo, y deja que tus actos fluyan de acuerdo con eso. Que cada uno de tus actos sea tu última batalla sobre la tierra. Sólo bajo tales condiciones tendrán tus actos el poder que les corresponde. De otro modo serán, mientras vivas, los actos de un hombre tímido.

– ¿Es tan terrible ser tímido?

– No. No lo es si vas a ser inmortal, pero si vas a morir, no hay tiempo para la timidez, sencillamente porque la timidez te hace agarrarte de algo que sólo existe en tus pensamientos. Te apacigua mientras todo está en calma, pero luego el mundo de pavor y misterio abre la boca para ti, como la abrirá para cada uno de nosotros y entonces te das cuenta de que tus caminos seguros nada tenían de seguro. La timidez nos impide examinar y aprovechar nuestra suerte como hombres.” (127)

“Un cazador da a su última batalla el respeto que merece. Es natural que su último acto sobre la tierra sea lo mejor de sí mismo. Así es placentero. Le quita el filo al temor.” (128)

 

La manera de actuar que se nos propone es estratégica: situar al yo en un segundo plano y vivir la vida y el mundo a la luz de su silencio. Empieza por recomendar “borrar la historia personal”, ligada muy especialmente a aquello que los demás piensan y esperan de nosotros.

“No sabes quién soy, ¿verdad? (…) Jamás sabrás quién soy ni qué soy porque no tengo historia personal. (…) Si no tienes historia personal no se necesitan explicaciones; nadie se enoja ni se desilusiona con tus actos. Y sobre todo, nadie te amarra con sus pensamientos.” (33-34)

“Verás -prosiguió-  sólo tenemos una alternativa: o tomamos todo por cierto, o no. Si hacemos lo primero, terminamos muertos de aburrimiento con nosotros mismos y con el mundo. Si hacemos lo segundo y borramos la historia personal, creamos una niebla a nuestro alrededor, un estado muy emocionante y misterioso en el que nadie sabe por dónde va a saltar la liebre, ni siquiera nosotros mismos. (…) Cuando nada es cierto, nos mantenemos alerta, de puntillas todo el tiempo.” (39-40)

 

Un paso más consiste en “perder la importancia personal”, situarnos en el mundo como parte integrante del mismo, ni más ni menos. Dejar atrás la perspectiva que nos sitúa como entidades separadas y enfrentadas a un mundo que tratamos a nuestro servicio.

“Ahora nos importa perder la arrogancia. Mientras te sientas lo más importante del mundo, no puedes apreciar en verdad el mundo que te rodea. Eres como un caballo con anteojeras: nada más te ves tu mismo, ajeno a todo lo demás.” (47)

“El mundo que nos rodea es un misterio. Y los hombres no son mejor que ninguna otra cosa. Si una plantita es generosa con nosotros, debemos darle las gracias, o quizá no nos deje ir.” (50)

“No puedes dejar estos montes desolados sin dar las gracias. Un guerrero jamás da la espalda al poder sin pagar los favores recibidos.” (194-195)

 

Una de las enseñanzas clave es la insistencia en que tomemos el lugar que nos pertenece:  el de seres que van a morir. Aceptar la presencia de la muerte como nuestra “consejera” modifica profundamente nuestra perspectiva de la realidad, de las situaciones. No hay tiempo que perder en nimiedades, porque ¡no hay tiempo!

“¿Cómo puede uno darse tanta importancia sabiendo que su muerte le está acechando? (…) Una inmensa cantidad de mezquindad se pierde con sólo que tu muerte te haga un gesto, o alcances a echarle un vistazo, o nada más con que tengas la sensación de que tu compañera está allí vigilándote.” (62)

“La muerte es la única consejera sabia que tenemos. Cada vez que sientas, como siempre lo haces, que todo te está saliendo mal y que estás a punto de ser aniquilado, vuélvete hacia tu muerte y pregúntale si es cierto. Tu muerte te dirá que te equivocas: que nada importa en realidad más que su toque. Tu muerte te dirá: todavía no te he tocado.” (…) “Uno de nosotros tiene que pedir consejo a la muerte y dejar la pinche mezquindad de los hombres que viven sus vidas como si la muerte nunca los fuera a tocar.” (63)

 

Otra estrategia de transformación personal o de silenciamiento ante la Realidad, es evitar las rutinas que nos hacen ser tan previsibles para los que nos rodean: hacerse “inaccesible”, que no significa ni desentenderse ni situarse más allá de nadie. Sino no vivir unas vidas encerradas en hábitos inconscientes y repetitivos. Que en todo caso la interactuación con el mundo y los otros vaya guiada desde la sobriedad, la delicadeza, el mínimo destrozo posible.

“…ponerse fuera del alcance no significaba ocultarse ni guardar secretos, sino ser inaccesible. Deja que te lo diga de otro modo -prosiguió, pacientemente-. No tiene caso esconderte si todo el mundo sabe que estás escondido.

Tus problemas de ahora surgen de allí. Cuando estás escondido, todo el mundo sabe que estás escondido, y cuando no, te pones en medio del camino para que cualquiera te dé un golpe.” (103) (…) “Debes ponerte fuera del alcance -explicó-. Debes rescatarte de en medio del camino.” (104)

“Ser inaccesible significa tocar lo menos posible el mundo que te rodea. No comes cinco perdices, comes una. No dañas las plantas sólo para hacer una fosa para barbacoa. No te expones al poder del viento a menos que sea obligatorio. No usas ni exprimes a la gente hasta dejarla en nada, y menos a la gente que amas.” (107)

“Preocuparse es ponerse al alcance sin quererlo. Y una vez que te preocupas, te agarras a cualquier cosa por desesperación; y una vez que te aferras, forzosamente te agotas o agotas a la cosa o a la persona de la que estás agarrado.” (108)

“Ya te dije que ser inaccesible no significa esconderse ni andar con secretos -dijo él calmadamente- . Tampoco significa que no puedas tratar con la gente. Un cazador usa su mundo lo menos posible y con ternura, sin importar que el mundo sean cosas o plantas, o animales o personas o poder. Un cazador tiene trato íntimo con su mundo, y, sin embargo, es inaccesible para este mismo mundo. (…) Es inaccesible porque no exprime ni deforma su mundo. Lo toca levemente, se queda cuanto necesita quedarse, y luego, se aleja raudo, casi sin dejar señal alguna.” (108)

 

Esta idea se complementa con el hecho de evitar las rutinas que convierten a nuestro mundo en previsible y familiar. La metáfora del cazador y su presa es una invitación a la toma de consciencia de que si no nos mantenemos vigilantes, somos presa fácil de los programas sociales, los prejuicios de los contemporáneos, las ficciones que nos hacen “controlables”. La libertad se aprende y se gana.

“Un cazador digno de serlo no captura animales porque pone trampas, ni porque conoce las rutinas de su presa, sino porque él mismo no tiene rutinas. Esa es su ventaja. No es de ningún modo como los animales que persigue, fijos en rutinas pesadas y en caprichos previsibles; es libre, fluido, imprevisible.” (114)

“Todos nosotros nos portamos como la presa que perseguimos. Eso, por supuesto, nos hace ser la presa de algún otro. Ahora bien, el propósito de un cazador, que conoce todo esto, es dejar de ser él mismo una presa. ¿Ves lo que quiero decir?” (115)

“Un cazador debe vivir como cazador para sacar lo máximo de su vida. Por desdicha, los cambios son difíciles y ocurren muy despacio. A veces, un hombre tarda años en convencerse de la necesidad de cambiar.” (119)

 

“Vivir como un guerrero” es una propuesta atrevida, un programa de vida que se inicia persiguiendo el ánimo de no separación con el mundo (¡no hemos venido a este mundo, somos el mundo!). Tenemos todo el poder, toda la fuerza en nuestras manos… pero no para nuestro uso personal¡! El poder es como la energía del mundo en nosotros. Es necesario actuar (el mundo actúa a través nuestro, en nosotros), pero en una actitud que se abandona sin buscar provecho propio. Las tradiciones espirituales apuntan en esta dirección, la dirección que lleva a trascender nuestro ser programado por el deseo y la necesidad, para vivir como seres libres, creativos y capaces de verdadero amor. ¡Una revolución! O una mutación.

“Lo más difícil en este mundo es adoptar el ánimo de un guerrero -dijo él- . De nada sirve estar triste y quejarse  y sentirse justificado de hacerlo, creyendo que alguien nos está siempre haciendo algo. Nadie le está haciendo nada a nadie, mucho menos a un guerrero.” (159) (…) “La pena no encaja con el poder dijo-. El ánimo de un guerrero implica que el guerrero se controla y al mismo tiempo se abandona.” (160)

“Uno necesita el ánimo de un guerrero para cada uno de sus actos -dijo-. De otro modo uno se achueca y se afea. No hay poder en una vida que carece de este ánimo. Mírate tu mismo. Todo te ofende y te inquieta. Chillas y te quejas y sientes que todo el mundo te hace bailar a su son. Eres una hoja a merced del viento. No hay poder en tu vida. ¡Qué feo debe de sentirse eso!

Un guerrero, en cambio, es un cazador. Todo lo calcula. Eso es control. Pero una vez terminados sus cálculos, actúa. Se deja ir. Eso es abandono. Un guerrero no es una hoja a merced del viento. Nadie lo empuja; nadie lo obliga a hacer cosas en contra de sí mismo o de lo que juzga correcto. Un guerrero está entonado para sobrevivir, y sobrevive del mejor modo posible.” (172)

“Un guerrero podría sufrir daño, pero no ofensa -dijo-. Para un guerrero no hay nada ofensivo en los actos de sus semejantes mientras él mismo esté actuando dentro del ánimo correcto. (…) Lograr el ánimo de un guerrero no es cosa sencilla. Es una revolución.” (173)

“El poder es algo con lo cual un guerrero se las ve -repuso-. Al principio es un asunto increíble, traído a la mala; hasta pensar en el poder es difícil. Eso es lo que te está pasando ahora. Luego, el poder se convierte en cosa seria; uno capaz ni lo tenga, o ni siquiera se dé cuenta cabal de que existe, pero uno sabe que hay algo allí, algo que no se notaba antes. Es en ese entonces que el poder se manifiesta como algo incontrolable que le viene a uno. No me es posible decir cómo viene ni cómo es en realidad. No es nada, y sin embargo hace aparecer maravillas delante de tus propios ojos. Y finalmente, el poder es algo dentro de uno mismo, algo que controla nuestros actos y a la vez obedece nuestro mandato.” (143)

 

Vivir alertas, con atención hacia todo y hacia todos nos hace capaces de aprovechar las ofertas de la vida y alimentar nuestra propia convicción experimental que vivir la vida como “guerreros” es un privilegio y una responsabilidad.

“Hay algo que ya por ahora debías tener en cuenta -dijo don Juan-. Yo lo llamo el centímetro cúbico de suerte. Todos nosotros, guerreros o no, tenemos un centímetro cúbico de suerte que salta ante nuestros ojos de tiempo en tiempo. La diferencia entre un hombre común y un guerrero es que el guerrero se da cuenta, y una de sus tareas consiste en hallarse alerta, esperando con deliberación, para que cuando saltes u centímetro cúbico él tenga la velocidad necesaria, la presteza para cogerlo.

La suerte, la buena fortuna, el poder personal, o como lo quieras llamar es un estado peculiar de cosas. Es como un palito que sale frente a nosotros y nos invita a arrancarlo. Por lo general, andamos demasiado ocupados, o preocupados, o estúpidos o perezosos, para darnos cuenta de que es nuestro centímetro cúbico de suerte. Un guerrero, en cambio, siempre está alerta y duro, y tiene la elasticidad, el donaire necesario para agarrarlo.” (322-323)

“Sólo como guerrero se puede sobrevivir en el camino del conocimiento -dijo-. Porque el arte del guerrero es equilibrar el terror de ser hombre con el prodigio de ser hombre.”  (365)