{"id":52481,"date":"2006-07-21T00:00:00","date_gmt":"2006-07-21T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"epoca_de_cambios_o_cambio_de_epoca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/epoca_de_cambios_o_cambio_de_epoca\/","title":{"rendered":"\u00bf\u00c9poca de cambios o cambio de \u00e9poca?"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: x-small;\">Reflexiones en torno a la \u00abera de la informaci&oacute;n\u00bb<\/p>\n<p><\/span><\/p>\n<p><span>Vivimos un per&iacute;odo acelerado de cambios. Cambios en todos los &oacute;rdenes, tecnol&oacute;gicos, sociales, pol&iacute;ticos, valorales, cient&iacute;ficos, religiosos, ideol&oacute;gicos&#8230; Si tom&aacute;ramos altura -dicen- los &aacute;rboles no nos ocultar&iacute;an el bosque y nos dar&iacute;amos cuenta de que lo que estamos viviendo no es una suma de cambios sino un aut&eacute;ntico cambio de &eacute;poca, cambio de cultura, de especie&#8230; Una transformaci&oacute;n may&uacute;scula que, tarde o temprano, va afectando al conjunto de sociedades del planeta, porque ninguna puede ya vivir de espaldas al conjunto. Aunque cada una lo asuma desde su propia particularidad y reaccione y construya desde ella. Sin olvidar, tampoco, que en un mismo territorio pueden estar conviviendo, de forma entrelazada, realidades culturales bien distintas. <\/span><\/p>\n<div style=\"text-align: justify;\">Cultura (tal como empleamos el t&eacute;rmino en estas p&aacute;ginas) ser&aacute; la significaci&oacute;n del mundo para un grupo humano y la ordenaci&oacute;n de la vida del grupo en ese mundo significativo; significaci&oacute;n y ordenaci&oacute;n directamente relacionadas con la base del sustento del grupo. Sociedades distantes y con caracter&iacute;sticas diferenciadas compartir&aacute;n la base de esa significaci&oacute;n si viven de la caza y la recolecci&oacute;n, por ejemplo. Del mismo modo que los diversos mundos agr&iacute;colas compartir&aacute;n elementos culturales nucleares. Sobre una trama similar, los tejidos pueden adoptar gran variedad de colores y formas. Y podr&iacute;amos decir que cada uno de los distintos tejidos presenta elementos imprescindibles y elementos gratuitos. Sin dejar el s&iacute;mil, el tejido no podr&iacute;a existir sin los primeros pero son los segundos los que le otorgan valor, calidad. Algo as&iacute; ser&iacute;an los grandes tejidos culturales: a partir de unos pocos modelos b&aacute;sicos de trama, se despliega una rica diversidad, siendo capaz cada uno de ellos -cada cultura, cada mundo- de proporcionar y canalizar los requerimientos de la supervivencia y los &aacute;mbitos de pura gratuidad. Siempre y cuando no se pretenda tejer sin tener en cuenta la direcci&oacute;n de los hilos de la trama. <br \/> Las reflexiones que siguen quieren recoger algunos de los rasgos que obligan (y obligar&aacute;n) a modificar los telares: aires de cambio que poco a poco van soplando por todos los rincones. Los notamos, los vivimos, nos amoldamos, nos enfrentamos a ellos&#8230; Cuanto mejor comprendamos su naturaleza, la coherencia interna -la trama- de la transformaci&oacute;n cultural en la que, de una forma u otra, todos participamos, m&aacute;s due&ntilde;os podremos ser de la situaci&oacute;n, de sus costes, sus consecuencias, del rumbo mismo de los vientos. <\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">La era de la informaci&oacute;n<\/span><br \/> Maximizar la innovaci&oacute;n y la flexibilidad es el objetivo central al que se orientan empresas, regiones y pa&iacute;ses enteros. La innovaci&oacute;n como base de la productividad, la flexibilidad como condici&oacute;n de competitividad y las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n -informaci&oacute;n y capacidad para manejarla- como base de la infraestructura productiva. Producir innovaci&oacute;n requiere producir conocimiento, lo cual redefine el papel del trabajo y las caracter&iacute;sticas de los trabajadores como productores ya no de bienes sino de conocimiento. Manuel Castells [<span style=\"font-weight: bold;\">1<\/span>] establece una frontera entre lo que denomina trabajador gen&eacute;rico frente a trabajador autoprogramable. La cualidad crucial que los separar&iacute;a ser&iacute;a la incorporaci&oacute;n de conocimiento e informaci&oacute;n que les capacita -o no- para redefinir constantemente la cualificaci&oacute;n necesaria para una tarea determinada. Quien posee esa cualidad puede reprogramarse hacia las tareas de cambio constante del proceso de producci&oacute;n. Por el contrario, el \u00abtrabajador gen&eacute;rico\u00bb ser&aacute; aquel al que se le asigna una tarea determinada, sin capacidad de reprogramaci&oacute;n, que no presupone la incorporaci&oacute;n de informaci&oacute;n y conocimiento m&aacute;s all&aacute; de la capacidad de ejecuci&oacute;n determinada. El \u00abtrabajador gen&eacute;rico\u00bb puede ser reemplazado por cualquier otra persona, de la regi&oacute;n o del mundo, quiz&aacute;s tambi&eacute;n por una m&aacute;quina; son personas colectivamente necesarias pero prescindibles individualmente, mientras que la aportaci&oacute;n del \u00abtrabajador autoprogramable\u00bb es insustituible y recompensada como tal. Presenciamos pues una nueva din&aacute;mica de polarizaci&oacute;n social en la que la educaci&oacute;n, como cultivo de la capacidad de aprendizaje, resulta una pieza clave para el equilibrio social o la desigualdad; la tendencia \u00abnatural\u00bb hacia lo segundo puede ser contrarrestada con empe&ntilde;o -insisten- y evitarse mediante pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. <br \/> La innovaci&oacute;n no surge en aislamiento. Es parte de un sistema en el que la gesti&oacute;n de las organizaciones, el procesamiento del conocimiento y la informaci&oacute;n, y la producci&oacute;n de bienes y servicios est&aacute;n entrelazados: comunicaci&oacute;n, fluidez, flexibilidad, trabajo en equipo, sociedad en red&#8230; son otros de los t&eacute;rminos cruciales para definir la nueva estructura social de esta llamada era de la informaci&oacute;n. Unos flujos de intercambio de informaci&oacute;n y producci&oacute;n de innovaci&oacute;n que transcienden el tiempo y el espacio, para los que no existen fronteras ni territorios. Habitantes de la llamada virtualidad real: el &aacute;mbito en el que la propia realidad est&aacute; inmersa en un escenario de im&aacute;genes virtuales, en un mundo de representaciones que constituyen la experiencia real. A lo largo de la historia, las culturas han sido generadas (y vividas) por gentes que compart&iacute;an espacio y tiempo en unas condiciones determinadas, modificadas por sus proyectos, luchando entre s&iacute; por imponer sus valores y objetivos. Mientras que en el presente, todas las expresiones de todos los tiempos y de todos los espacios se mezclan y reordenan de forma constante en cualquier momento y cualquier lugar: un espacio atemporal proporcionado por las redes inform&aacute;ticas y los medios de comunicaci&oacute;n electr&oacute;nicos convertido en marco de realidad en el que construimos las categor&iacute;as y evocamos las im&aacute;genes que determinan nuestra conducta y nuestras expectativas . [<span style=\"font-weight: bold;\">2<\/span>]\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">De d&oacute;nde venimos<\/span><br \/> Podr&iacute;a parecer que la vida de una familia aymara poco tendr&iacute;a en com&uacute;n con la de una familia de pescadores del Vietnam. Para la familia aymara, el cultivo de la papa ha sido la base del sustento y su gran logro fue el perfeccionamiento de las t&eacute;cnicas de almacenaje por deshidrataci&oacute;n. Mientras, en la bah&iacute;a de Ha Long, al norte del Vietnam, la vida depend&iacute;a del delicado arte de fabricaci&oacute;n de las barcas-cesta, unas barcas construidas con finas l&aacute;minas de bamb&uacute;, la materia prima disponible; un arte que no tiene nada de sencillo, como tampoco lo son los m&eacute;todos de conservaci&oacute;n de la pesca. El aprovechamiento de las riquezas del entorno, la fabricaci&oacute;n de aperos, la vivienda, el arte del tejido, los sistemas de cohesi&oacute;n del grupo&#8230;., nunca ha tenido nada de sencillo, se trate de la sociedad de la que se trate. Nada surge por generaci&oacute;n espont&aacute;nea. Por distinta que pueda parecer la vida de unos pescadores asi&aacute;ticos respecto a la de un pueblo agr&iacute;cola del altiplano, o de un pueblo de Castilla, o la de un grupo de pastores de Argelia, todos ellos comparten -o compart&iacute;an- un hecho esencial: cada generaci&oacute;n recib&iacute;a de la generaci&oacute;n precedente el conjunto del saber (y saberes) que le permit&iacute;a seguir con vida.<br \/> Tambi&eacute;n las aves, los felinos y las abejas reciben de sus progenitores la informaci&oacute;n necesaria para vivir y transmitir la vida. Pero lo hacen gen&eacute;ticamente, como todas las especies de seres vivos, a excepci&oacute;n de la especie humana. S&oacute;lo transform&aacute;ndose biol&oacute;gicamente pueden -las abejas- adaptarse a los requerimientos que pueda plantear el entorno. Unas transformaciones biol&oacute;gicas que necesitan unos largos per&iacute;odos de tiempo de los que no siempre se dispone. Si hay &eacute;xito, hablamos de cambio de especie. Si no lo hay, hablamos de extinci&oacute;n de la especie. Pero en la especie humana, la adaptabilidad dio un paso gigante: desligar esa informaci&oacute;n vital de la biolog&iacute;a, usando un atajo, el de la transmisi&oacute;n simb&oacute;lica. La especie humana multiplic&oacute; infinitamente sus posibilidades de adaptaci&oacute;n ganando indeterminaci&oacute;n a nivel gen&eacute;tico, mientras la supl&iacute;a por informaci&oacute;n cultural. <br \/> La particularidad de la especie radicar&aacute; en el logro de un alto grado de indeterminaci&oacute;n gen&eacute;tica -la clave de su maleabilidad y poder de adaptabilidad-, por el procedimiento de trasladar al &aacute;mbito de la \u00abcultura\u00bb la programaci&oacute;n del individuo y del grupo, la generaci&oacute;n de un sentido de vida, de una orientaci&oacute;n para la actuaci&oacute;n, as&iacute; como la construcci&oacute;n de un mundo correlato a ella. Palabras y relatos dan forma a los mundos humanos. Cuando s&oacute;lo se cuenta con la informaci&oacute;n transmitida gen&eacute;ticamente, la m&aacute;s peque&ntilde;a de las adaptaciones requiere largu&iacute;simos per&iacute;odos de tiempo. Las adaptaciones culturales, por el contrario, pueden ser -relativamente- r&aacute;pidas. Entre vivir aprovechando lo que el medio pueda ofrecer (caza, pesca y recolecci&oacute;n) a vivir produciendo los alimentos (agricultura y pastoreo), podr&iacute;amos hablar de un aut&eacute;ntico cambio de especie. Pero no hizo falta pasar por una lenta adaptaci&oacute;n biol&oacute;gica. Puede decirse que la dotaci&oacute;n biol&oacute;gica de la especie humana es la de disponer de una gran capacidad de modificaciones, gracias a la capacidad para asimilar, almacenar y digerir nuevas experiencias en forma de s&iacute;mbolos. <br \/> Como contrapartida, los seres humanos est&aacute;n organizados por naturaleza de tal modo que no pueden orientarse en su mundo y mantener su existencia entre otras existencias sin adquirir un amplio fondo social de conocimiento por aprendizaje. Sin el lenguaje, el mundo resultar&iacute;a un medio ca&oacute;tico, una avalancha de inputs sin orden alguno. Un \u00abcl&aacute;sico\u00bb para ilustrar este punto es el ejemplo de Hellen Keller, la ni&ntilde;a sordomuda y ciega. Su maestra le \u00abhablaba\u00bb constantemente con un c&oacute;digo de signos t&aacute;ctiles sobre la palma de la mano, con la esperanza que llegara a establecer la relaci&oacute;n entre los signos y el mundo de realidades. A&ntilde;os m&aacute;s tarde Hellen explicaba que el d&iacute;a -el instante- en el que su cerebro asoci&oacute; el signo agua con el conjunto disperso de sensaciones relacionadas con el agua, \u00abel mundo estall&oacute;\u00bb poni&eacute;ndose en marcha, de pronto, el proceso de ordenaci&oacute;n de la experiencia en conceptos, conceptos que moldeaban un mundo de objetos y sujetos desconocido para ella hasta entonces. Hellen nac&iacute;a como persona en ese momento. <br \/> La indeterminaci&oacute;n gen&eacute;tica obliga a contar con un complemento de sentido que oriente la actuaci&oacute;n, siendo la transmisi&oacute;n del lenguaje el medio b&aacute;sico de construcci&oacute;n y transmisi&oacute;n del mismo. \u00abQu&eacute; hacer\u00bb, \u00abc&oacute;mo organizarse\u00bb, \u00abpor qu&eacute; vivimos&#8230;\u00bb: todo aquello que constituye la orientaci&oacute;n b&aacute;sica para mantenerse con vida no est&aacute; inscrito en los genes humanos. Aprendiendo un lenguaje, moldeamos el mundo en el que va a transcurrir nuestra vida. A medida que las palabras van ocupando su lugar en el sistema, el mundo va organiz&aacute;ndose ante nuestros ojos y nuestro sentir, adquiriendo significado. Desde la m&aacute;s tierna infancia las narraciones orientan la comprensi&oacute;n y la actuaci&oacute;n. Dioses, h&eacute;roes o santos protagonizan la historia sagrada de cada pueblo, aquella en la que hay que buscar el modelo, la fuente, el sentido, de la &eacute;tica personal y social, de las t&eacute;cnicas de supervivencia, de la vida misma. Las narraciones lo explican, la repetici&oacute;n peri&oacute;dica actualiza una y otra vez el modelo. La ritualizaci&oacute;n de los gestos da solidez y energ&iacute;a a esa sabia de vida, a esa corriente visible e invisible de transmisiones que nos pone en contacto, nos religa, con la verdadera Fuente de sentido. Acertar es mantenerse en la direcci&oacute;n recibida, aquella que ha sido transmitida desde el principio, la que cada generaci&oacute;n ha sabido conservar, cultivar, revivir, repetir una y otra vez&#8230; por medio de narraciones, gestos compartidos, c&oacute;digos&#8230;<br \/> Por distintas que sean las vidas del campesinado aymara y la de los pescadores de la bah&iacute;a de Ha Long, su fundamento es el mismo: el pasado alimenta el presente. Cualquier rasgo del presente tiene su origen, su modelo, en un tiempo pasado. Cada generaci&oacute;n recibe la vida de la generaci&oacute;n anterior; recibe los medios de vida tanto como la vida biol&oacute;gica, la herencia cultural como la gen&eacute;tica, las dos a un tiempo, las dos imprescindibles por igual. Cada generaci&oacute;n se sabe portadora y responsable de ese tesoro&#8230; en una larga cadena de transmisi&oacute;n ininterrumpida que no puede haber surgido de la nada. Una larga cadena de la cual hay que buscar el origen, necesariamente, en una esfera sobrehumana, en un m&aacute;s all&aacute; que ha tenido a bien manifestarse, crear y asegurar la vida de todo lo creado. Una larga cadena que a lo largo de los tiempos ha revestido de valor -naturalmente- a los hombres y mujeres de cada generaci&oacute;n, aquellas personas que han conformado cada anilla. En el marco de ese modelo de vida, por ser obvio, era y es tan innecesario buscar justificaciones de la existencia Fuente externa de toda existencia, como del valor de los mayores. Esas dos certezas, eje y fundamento de la orientaci&oacute;n y el sentido, &iquest;d&oacute;nde se apoyar&aacute;n ahora? &iquest;Cu&aacute;l podr&aacute; ser su sustento? <br \/> Cada generaci&oacute;n ha vivido con el convencimiento de que su acierto depend&iacute;a de su capacidad de mantenerse fiel al modelo, sin apartarse del gui&oacute;n. Lo que no significa que no se produjeran cambios. En todo tiempo y lugar las sociedades se han visto empujadas a buscar respuestas creativas; la diferencia estar&aacute; en la base sobre la que se sustenta esa creatividad. Sea cual sea la forma concreta de las narraciones, hasta anteayer, el sentido de la existencia de las sociedades humanas se orientaba hundiendo sus ra&iacute;ces en el pasado y procurando unos desarrollos culturales que aseguraran la continuidad, la repetici&oacute;n estable, el s&oacute;lido enlace con el origen&#8230; Establecer, cultivar y asegurar ese enlace es la clave de la supervivencia y, por tanto, la clave del &eacute;xito de la cultura, de las culturas que religan con la Fuente de todo sentido. El 99,9% de la historia humana se ha desarrollado en base a este modelo esencial. Es el modelo que permiti&oacute; vivir a nuestros antepasados cazadores recolectores durante unos 500.000 a&ntilde;os o, si se prefiere, unas 20.000 generaciones; el mismo que impregn&oacute; la vida de las 600 generaciones que han vivido del pastoreo y de la agricultura. Unas&#8230; veinte generaciones atr&aacute;s (veinticuatro, a lo m&aacute;s), la capacidad de cambio empez&oacute; a hacerse patente: nos encontramos ante el impulso del Renacimiento, en ese momento en el que empez&oacute; a resultar evidente que del an&aacute;lisis se pod&iacute;an deducir predicciones, y las predicciones abr&iacute;an la posibilidad de control, de innovaci&oacute;n. Algunos reducidos n&uacute;cleos de poblaci&oacute;n empezaban a ser testigos de cambios que pod&iacute;an constatarse en una sola generaci&oacute;n; las personas se daban cuenta de su capacidad de producir modificaciones importantes. Se hab&iacute;a puesto en marcha un proceso que pronto -en unas pocas generaciones- conducir&iacute;a a organizar el presente en funci&oacute;n del futuro que se persegu&iacute;a. <\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">Vivir de producir (y vender) innovaciones<\/span><br \/> Nos separan poco m&aacute;s de cinco generaciones de la industrializaci&oacute;n de los medios de producci&oacute;n, dos de la industrializaci&oacute;n masiva de las sociedades. Hasta hoy; ese hoy en el que sectores cada vez m&aacute;s amplios viven para y por la producci&oacute;n ininterrumpida de innovaci&oacute;n. No se trata ya de innovar para modernizar y mejorar la producci&oacute;n (que ser&iacute;a lo propio de la primera industrializaci&oacute;n); el quid est&aacute; en que la innovaci&oacute;n pasa a ser el objetivo de la producci&oacute;n. Vivir de innovar, mantenerse gracias a la capacidad de transformaci&oacute;n continua: eso es lo que caracteriza y da forma a las sociedades post-industriales, las llamadas sociedades de innovaci&oacute;n continua o, tambi&eacute;n, sociedades de conocimiento. Aunque en estas p&aacute;ginas evitaremos la denominaci&oacute;n \u00absociedades de conocimiento\u00bb en un intento de escapar al malentendido de identificar un aspecto del conocimiento -aquel que posibilita la creaci&oacute;n de innovaci&oacute;n- con el conocimiento en t&eacute;rminos absolutos. <br \/> Sociedades que modelan su presente en funci&oacute;n del futuro que persiguen. Para los hombres y mujeres de las sociedades de innovaci&oacute;n, la orientaci&oacute;n no podr&aacute; manar del pasado si no que se originar&aacute; a partir de la predicci&oacute;n del futuro: <span style=\"font-style: italic;\">el presente se orienta de cara al futuro que se desea<\/span>. Para una sociedad que institucionaliza el cambio como base de su supervivencia la imagen virtual del futuro ser&aacute; el par&aacute;metro b&aacute;sico para regir la conducta actual. <span style=\"font-style: italic;\">Es el futuro, y ya no el pasado, lo que da forma al presente<\/span>. Estar&iacute;amos pues frente a dos mecanismos radicalmente distintos para hacer frente a los retos de la supervivencia de los grupos humanos. Uno ser&iacute;a aquel sistema que produce normas de conducta adaptadas a situaciones concretas y las implementa en toda situaci&oacute;n similar. El otro es el sistema basado en el an&aacute;lisis sobre las eventuales consecuencias y resultados futuros de la acci&oacute;n. El primer mecanismo es id&oacute;neo para garantizar una estabilidad ordenada, el segundo para proporcionar el control del cambio. <br \/> En un abrir y cerrar de ojos se ha producido un desplazamiento esencial para la supervivencia de la especie. Es como si, de pronto, tom&aacute;ramos conciencia de que no hay gui&oacute;n: que la obra la escribimos d&iacute;a a d&iacute;a, palabra a palabra, l&iacute;nea a l&iacute;nea, con mayor o menor acierto. La escribimos, sin que nadie la dicte. Unas pocas generaciones son un parpadeo, un aut&eacute;ntico abrir y cerrar de ojos para llevar a cabo un cambio de tal magnitud. Durante unos miles de a&ntilde;os, unas estrategias culturales basadas en la capacidad de transmisi&oacute;n, repetici&oacute;n, fijaci&oacute;n de modelos y actuaciones, han mostrado su eficacia para asentar la cohesi&oacute;n de los grupos y mantenerlos con vida. La cuesti&oacute;n es que no disponemos de centenares de a&ntilde;os para explorar nuevas estrategias capaces de dotar de sentido al movimiento constante, a la vida en continua transformaci&oacute;n: urge el logro de adaptarnos culturalmente a las condiciones del nuevo escenario de vida humana. Adaptarnos a la conciencia de la falta de gui&oacute;n, por una parte; y, por otra, a la necesidad de protagonizar una obra todav&iacute;a nunca escrita. Porque vivir de generar innovaci&oacute;n no es algo que quede circunscrito a las condiciones del mundo del trabajo o de la producci&oacute;n de bienes. Conlleva que todos y cada uno de los componentes de la vida social e individual se convierta en art&iacute;fice del cambio. Se trata de una transformaci&oacute;n estructural en las relaciones de producci&oacute;n que conlleva transformaciones estructurales en la organizaci&oacute;n social y en las relaciones de experiencia, en las formas sociales de espacio y tiempo, en todos y cada uno de los aspectos de la vida&#8230; En un plazo m&aacute;s o menos largo, lo que pueda querer decir \u00abvivir una vida humana\u00bb adquiere nuevos significados. <\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">Aprendiendo a valorar la incertidumbre<\/span><br \/> \u00abCuando nuestros abuelos eran ni&ntilde;os, a&uacute;n no se intu&iacute;a nada de los modernos viajes por el aire y el espacio, de la televisi&oacute;n y las calculadoras electr&oacute;nicas. En un tiempo asombrosamente breve hemos creado, con la civilizaci&oacute;n t&eacute;cnica, la gran ciudad y una sociedad de millones de personas an&oacute;nimas, un entorno para el que realmente no estamos hechos. Biol&oacute;gicamente no hemos cambiado de forma decisiva en los &uacute;ltimos 10.000 a&ntilde;os, (&#8230;) tenemos que adaptarnos <span style=\"font-style: italic;\">culturalmente<\/span> a las condiciones del mundo t&eacute;cnico-civilizado\u00bb -escrib&iacute;a Eibl-Eibesfeldt [<span style=\"font-weight: bold;\">3<\/span>] -. Diez a&ntilde;os despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n de estas l&iacute;neas, los celulares llegan a cada rinc&oacute;n de la Tierra, Internet y el conjunto de posibilidades de flujo de informaci&oacute;n han transformado las coordenadas espacio temporales y la din&aacute;mica de cambio no hace m&aacute;s que acelerarse. Estudios como los de Eibl-Eibesfeldt siguen siendo de utilidad para tomar conciencia de la enorme diferencia entre el ayer y el hoy y del reto cultural que tenemos planteado. La base emocional humana responde a la de unos peque&ntilde;os grupos sociales que viv&iacute;an pr&oacute;ximos a la naturaleza, conoci&eacute;ndose unos a otros; organizados en familias, generalmente de tres generaciones en estrecha convivencia, cada familia con capacidad de ganarse su propio sustento, construir su casa y fabricar sus utensilios y ropas. Seres de peque&ntilde;o grupo dotados con una &eacute;tica de peque&ntilde;o grupo y adaptados emocionalmente a los desaf&iacute;os del entorno cazador-recolector. Mientras la humanidad hac&iacute;a frente, lentamente, a los retos del \u00abnuevo\u00bb entorno agr&iacute;cola, se vio catapultada en unas pocas generaciones a la convivencia urbana de millones de personas, interdependientes para casi todo al tiempo que desconocidas entre s&iacute;. Grupos en los que una generaci&oacute;n ya s&oacute;lo parece poder transmitir a la siguiente la vida biol&oacute;gica. Como un todo coherente y perfectamente entrelazado, sabidur&iacute;a, habilidades t&eacute;cnicas y vida biol&oacute;gica, segu&iacute;an el curso natural de las generaciones. Las construcciones culturales se ocupaban de facilitar canales id&oacute;neos de transmisi&oacute;n. Cuando esa unidad queda fraccionada, cuando la supervivencia mira al futuro y no al pasado, cuando el sentido tampoco puede enraizarse en el conocimiento mutuo del peque&ntilde;o grupo, &iquest;c&oacute;mo habr&aacute; que pensar los fundamentos de la \u00abconstrucci&oacute;n de mundo\u00bb? &iquest;Y la cohesi&oacute;n intergeneracional? &iquest;Y la intercultural? &iquest;C&oacute;mo mantener vivas las fuentes de sabidur&iacute;a del pasado sin atrincherarse en las formas y condiciones del pasado? <br \/> Pierre L&eacute;vy [<span style=\"font-weight: bold;\">4<\/span>] describe la situaci&oacute;n con una imagen muy pl&aacute;stica. Podr&iacute;amos esperar a que las aguas amainaran, protegiendo todas nuestras certezas; podr&iacute;amos buscar un cobijo s&oacute;lido, sin grietas, como lo fue el arca de No&eacute; en tiempos de aquel primer diluvio universal. Con la esperanza de tiempos mejores. Pero -insiste L&eacute;vy- las aguas del diluvio de la cibercultura no parece que vayan a descender. Si queremos entornos humanos significativos -entornos en los que los seres humanos puedan desarrollarse plenamente dando sentido a sus vidas- habr&aacute; que construirlos con otros materiales. El imparable oleaje se llama desaparici&oacute;n de referentes externos a la vida humana capaces de marcar la ruta; lleva por nombre comprensi&oacute;n de los l&iacute;mites del conocimiento o, tambi&eacute;n, progresiva preponderancia del ciberespacio (fruto de la interconexi&oacute;n de los ordenadores del planeta) como base colectiva de la memoria, del pensamiento, de la comunicaci&oacute;n y de la producci&oacute;n, se llama <span style=\"font-style: italic;\">virtualidad real<\/span>&#8230; En comparaci&oacute;n con las sagradas certezas del pasado, las opciones culturales colectivas pueden ser capaces de ofrecer equilibrio si se comportan como ligeras tablas de surf y las utilizamos como tales: calculando riesgos, apostando, corrigiendo constantemente el rumbo, aprovechando el curso de los vientos, amando y comprendiendo el movimiento porque otra cosa ser&iacute;a a&ntilde;orar mundos inexistentes&#8230; cuanto m&aacute;s se conoce y se toman en cuenta los rasgos del nuevo escenario, mayores las probabilidades de conservar el equilibrio. <\/p>\n<p> El primer eje del nuevo equilibrio, aquel que -dicen- ser&aacute; capaz de mantenernos en pie en pleno oleaje, es el asumir los l&iacute;mites del conocimiento. \u00abLa mayor aportaci&oacute;n del conocimiento del siglo XX ha sido el conocimiento de los l&iacute;mites del conocimiento\u00bb -escrib&iacute;a Edgar Morin [<span style=\"font-weight: bold;\">5<\/span>] -. La mayor certidumbre que nos ha dado es la de comprender la imposibilidad de eliminar ciertas incertidumbres y, como consecuencia, el de ponernos en condiciones de enfrentarnos con las incertidumbres y, m&aacute;s globalmente, con el destino incierto de cada individuo y de toda la humanidad. \u00ab&iquest;Por qu&eacute; tememos tanto a la incertidumbre, cuando han sido las certezas las que han resultado ser verdaderamente peligrosas?\u00bb -se preguntaba J.E. Sieber [<span style=\"font-weight: bold;\">6<\/span>] -. Seguros de la existencia del flogisto, de infiernos y limbos, de la superioridad cultural, de los motivos de tantas guerras, del curso progresivo de la historia, una aventura que comenz&oacute; hace ya m&aacute;s de 10.000 a&ntilde;os, marcada por creaciones y destrucciones, en la que imperios que pod&iacute;an parecer eternos tuvieron su principio y su final&#8230; Se ha hecho evidente que ni la historia sigue unas leyes \u00abnaturales\u00bb ni est&aacute; teledirigida por alg&uacute;n motor de progreso predefinido; atr&aacute;s ha quedado la certeza de la repetici&oacute;n c&iacute;clica o la de una meta ideal. Siempre ha sido una aventura desconocida. La diferencia es tener o no conciencia de ello; conciencia de hacer el camino al andar, en un movimiento siempre plagado de consecuencias inesperadas: ante lo cual, s&oacute;lo cabe indagar sistem&aacute;ticamente el futuro. Conocer la historia nos ayuda a reconocer los caracteres aleatorios del destino humano y a equiparnos para encarar la incertidumbre. <br \/> M&aacute;xima lucidez y responsabilidad en un mar de incertidumbre: <span style=\"font-style: italic;\">modernidad l&iacute;quida<\/span>, en expresi&oacute;n de Zygmunt Bauman, sin referencias fijas, sin memoria ni certezas a largo plazo, en la que nada es permanente y todo fluye de forma constante. En la sociedad que ha institucionalizado el cambio el &aacute;mbito normativo, las normas morales o jur&iacute;dicas, adquieren un notable car&aacute;cter instrumental. S&oacute;lo se justifican si son &uacute;tiles, si cumplen los objetivos que se persigue; son v&aacute;lidas como orientaciones estrat&eacute;gicas, simples reglas de juego m&aacute;s que dict&aacute;menes sagrados. <\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">La verdad, o aprender a aprender<\/span><br \/> \u00abReunir los conocimientos dispersos\u00bb para ponerlos al alcance de todos, ese era el objetivo de la primera Enciclopedia, publicada a finales del siglo XVIII por Diderot i D&#8217;Alembert. La \u00abverdad\u00bb exist&iacute;a. El saber era algo s&oacute;lido, algo sumable. Lo &uacute;nico que hab&iacute;a que remediar erael volumen, la cantidad de conocimiento: demasiada verdad como para poder ser transmitida de persona a persona. Hac&iacute;a falta ayudar a la memoria personal con otro tipo de registro. De ah&iacute; la necesidad de la Enciclopedia. Pero lo &uacute;nico que hab&iacute;a variado hasta el siglo XVIII eran las dimensiones, no la naturaleza del saber. Con matices. Del conocimiento revelado, recibido y transmitido de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, se hab&iacute;a pasado a la revelaci&oacute;n progresiva. De una revelaci&oacute;n divina a una revelaci&oacute;n por parte de la propia naturaleza. La verdad estaba escrita, patente, en el universo. S&oacute;lo hac&iacute;a falta interpretar el mensaje para poderla recibir. Revelaci&oacute;n de los dioses seguida de la revelaci&oacute;n de la naturaleza misma. De una verdad patrimonio de cada persona a una verdad que necesitaba dep&oacute;sitos m&aacute;s grandes para poder ser contenida. Durante el siglo XIX se aceleraron los descubrimientos, las teor&iacute;as, la complejizaci&oacute;n del conocimiento. Pronto se hizo evidente que la totalidad era inabarcable a nivel individual. Pero el verdadero vuelco no lleg&oacute; hasta mediados del siglo XX. Cuando se lleg&oacute; a formular que no hay m&aacute;s verdades que nuestras interpretaciones. Toda percepci&oacute;n, toda teor&iacute;a, todo saber, es una traducci&oacute;n reconstructora operada por el cerebro a partir de terminales sensoriales. No estamos en contacto directo con la realidad, el conocimiento no es un espejo que refleja la imagen de lo que hay. No hay conocimiento que no sea interpretaci&oacute;n. Esa es la nueva certidumbre: conocer los l&iacute;mites del conocimiento en un escenario en acelerada transformaci&oacute;n constante. \u00abComo muestra, un bot&oacute;n\u00bb: la astrof&iacute;sica supone que s&oacute;lo conocemos un 10% de la materia, que el 90% restante permanece invisible a nuestros instrumentos de detecci&oacute;n. <br \/> El aprendizaje no s&oacute;lo se transforma en ilimitado sino que se fundamenta en la revisi&oacute;n constante. \u00abConocer y pensar ya no es llegar a una verdad absolutamente cierta, sino que es dialogar con la incertidumbre\u00bb [<span style=\"font-weight: bold;\">7]<\/span> . Que el aprendizaje no es una adquisici&oacute;n definitiva de un conjunto limitado de conocimientos sino \u00abaprender a aprender\u00bb es una de las afirmaciones m&aacute;s repetidas en la literatura pedag&oacute;gica y en los encuentros del &aacute;mbito educativo. Pero es una afirmaci&oacute;n que apunta m&aacute;s all&aacute; de la fecha de caducidad que acompa&ntilde;a a las habilidades tecnol&oacute;gicas; \u00abaprendizaje continuo\u00bb no s&oacute;lo por la constante necesidad de nuevas especializaciones. \u00abAprender a aprender\u00bb evoca aquel conjunto de actitudes que hacen posible la reflexividad y la evaluaci&oacute;n en un entorno sin puntos fijos a los que agarrarse: ni hist&oacute;ricos, ni cosmol&oacute;gicos, ni cognitivos, ni normativos, ni tan s&oacute;lo biol&oacute;gicos (&iquest;fue la aparici&oacute;n de la vida un hecho radicalmente fortuito? -se interroga la biolog&iacute;a-)&#8230; <br \/> Por ah&iacute; se han movido los cimientos compartidos por las distintas culturas del planeta; en esa direcci&oacute;n reconocemos los rasgos que nos llevan a hablar de cambio de &eacute;poca m&aacute;s que de una sucesi&oacute;n acelerada de cambios. Considerarlo as&iacute; favorece, probablemente, el que podamos sentirnos actores y part&iacute;cipes de nuestro tiempo, distinguiendo entre condiciones, retos, necesidades y posibilidades del escenario que se abre frente a nosotros. Ante el desvanecimiento de cualquier verdad definitiva, ya sea revelada, ya sea descubierta o formulada, se reconoce la necesidad de aprender a aprender: aprender a atender, a observar, a valorar, a reflexionar, a revisar, a tantear, a postular, a asumir el error, a rectificar, a volver a intentar, a dialogar e intercambiar, a relativizar, a asumir la propia responsabilidad. Todo ello no como s&iacute;ntomas de un \u00abpensamiento d&eacute;bil\u00bb, como se ha dicho a menudo. Nos hallamos ante un nuevo significado del concepto de madurez humana. Equipar para la madurez ser&aacute; dotar a las personas de ese bagaje actitudinal que las hace aptas para vivir en la interrogaci&oacute;n y la b&uacute;squeda constante, en paz y serenidad. No como quien afronta con p&aacute;nico una situaci&oacute;n de emergencia -el diluvio- sino como quien ha aprendido que vivir es participar en la aventura de construir d&iacute;a a d&iacute;a la historia de la humanidad, la del planeta Tierra y la de todos sus sistemas. No sin cierto v&eacute;rtigo, claro est&aacute;. <\/p>\n<hr style=\"width: 100%; height: 2px;\" \/>\n[<span style=\"font-weight: bold;\">1<\/span>] Manuel Castells. La era de la informaci&oacute;n. Madrid, Alianza, 2000. 3 vols.<br \/>[<span style=\"font-weight: bold;\">2<\/span>] ibidem., vol.3, pgs. 389-403.<br \/>[<span style=\"font-weight: bold;\">3<\/span>] Iren&auml;us Eibl-Eibesfeldt. La sociedad de la desconfianza. Barcelona, Herder, 1996. p.49.<br \/>[<span style=\"font-weight: bold;\">4<\/span>] Pierre L&eacute;vy. La cibercultura, el segon diluvi? Barcelona, Proa, 1998. p. 127 <br \/>[<span style=\"font-weight: bold;\">5<\/span>] Edgar Morin. La mente bien ordenada. Barcelona, Seix Barral, p.72<br \/>[<span style=\"font-weight: bold;\">6<\/span>] J.E.Sieber. \u00abLecciones de incertidumbre\u00bb, en: AAVV. Creatividad y educaci&oacute;n. Barcelona, Paid&oacute;s, 1983, p.94.<br \/>[<span style=\"font-weight: bold;\">7<\/span>] E. Morin. op. cit. p. 76<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Reflexiones en torno a la \u00abera de la informaci&oacute;n\u00bb Vivimos un per&iacute;odo acelerado de cambios. Cambios en todos los &oacute;rdenes, tecnol&oacute;gicos, sociales, pol&iacute;ticos, valorales, cient&iacute;ficos, religiosos, ideol&oacute;gicos&#8230; Si tom&aacute;ramos altura -dicen- los &aacute;rboles no nos ocultar&iacute;an el bosque y nos dar&iacute;amos cuenta de que lo que estamos viviendo no es una suma de cambios sino&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[161],"tags":[],"post_series":[],"class_list":["post-52481","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sociedad-en-cambio","entry","no-media"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/52481","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=52481"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/52481\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=52481"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=52481"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=52481"},{"taxonomy":"post_series","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/post_series?post=52481"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}