{"id":53027,"date":"2007-07-25T00:00:00","date_gmt":"2007-07-25T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"aprender_a_mirar_para_poder_ver","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/aprender_a_mirar_para_poder_ver\/","title":{"rendered":"Aprender a mirar, para poder ver"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: bold;\">Es cierto que el mundo es lo que vemos y, sin embargo, tenemos que aprender a verlo.<\/span> <br \/>(Merleau-Ponty)<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Josep M. Esquirol*<\/span><br \/><span>A menudo, del contraste de la vista con el o&iacute;do se pasa enseguida al contraste entre la imagen (lo que se ve) y la palabra (lo que se escucha), para luego insistir en que, mientras la imagen lo da todo hecho, la palabra exige mucho m&aacute;s de nuestra parte. Mientras la imagen nos afecta dej&aacute;ndonos m&aacute;s bien pasivos, la palabra nos interpela.<\/span><\/p>\n<p>Pero, en realidad, este contraste tiene algo de simplista, sobre todo porque, al hablar de imagen, se piensa casi exclusivamente, en la imagen en pantalla (a la llamada \u00abcivilizaci&oacute;n de la imagen\u00bb ser&iacute;a mejor llamarla \u00abcivilizaci&oacute;n de la pantalla\u00bb). Ahora bien, aunque cada vez menos, todav&iacute;a podemos ver cosas que no aparecen en las pantallas, Mas , para esto, nos hemos de aplicar, pues el mundo se nos muestra, pero no autom&aacute;ticamente. En el fondo, depende de nosotros el que se nos muestre, y para ello, hemos de \u00abaprender a mirar\u00bb. S&oacute;lo as&iacute;, aprendiendo a mirar, se nos mostrar&aacute; lo que puede llegar a mostrarse. <\/p>\n<p> Casi lo mismo podr&iacute;a expresarse de otra manera. Si el sentido lo diese ya la imagen de lo que vemos, bastar&iacute;a con mirar. Pero puesto que no es as&iacute;, hay que hacer hincapi&eacute; en el camino que nos lleva a \u00abmirar bien\u00bb, lo que significa: \u00aba leer bien lo que se nos muestra\u00bb. <\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" style=\"margin-left: 10px; margin-right: 10px; margin-top: 3px; margin-bottom: 3px; float: right;\" src=\"..\/UserFiles\/Image\/mirada_atenta.jpg\" alt=\"\" width=\"182\" height=\"252\" \/> Aunque todav&iacute;a es m&aacute;s fundamental &ndash;y primero- el aprender a mirar y tambi&eacute;n a ver, Lo primero es mirar: si no se mira bien, no se ve. La visi&oacute;n est&aacute; sujeta al movimiento. No se ve si no se mira. \u00abPara ver claro &ndash;dec&iacute;a Saint-Exup&eacute;ry-, basta cambiar la direcci&oacute;n de la mirada\u00bb. La mirada est&aacute; m&aacute;s ligada al &oacute;rgano de la vista, aunque aqu&iacute;, como ya he anticipado, lo ampliamos tambi&eacute;n a la mirada del alma, o de la mente. <\/p>\n<p> Se puede mirar sin ver. Como dice Wittgenstein en sus Investigaciones filos&oacute;ficas: \u00ab&#8216; La mir&oacute; sin verla&#8217;. Esto ocurre, &iquest;pero cu&aacute;l es el criterio para ello? Hay justamente toda clase de casos\u00bb. Uno puede mover la cabeza, junto con todo su cuerpo, e incluso, al menos aparentemente, dirigir la mirada y, sin embargo, no ver nada, o pr&aacute;cticamente nada de lo que podr&iacute;a ver. <br \/> &iquest;C&oacute;mo se aprende a mirar? Se aprende a mirar, mirando, as&iacute; como se aprende a pensar pensando. El ejercicio es el principal maestro. De ah&iacute; que pueda decirse que la visi&oacute;n no aprende sino de s&iacute; misma. <\/p>\n<p> Cuando, por los motivos que sea, esta capacidad se ha ejercitado mal o est&aacute; sujeta a diversas distorsiones, aprender a mirar significa mirar de nuevo, como si las cosas apareciesen por primera vez a la luz del sol. Aprender a mirar significar&aacute;, tambi&eacute;n, detenerse en lo sencillo y en lo habitual. La mirada humana m&aacute;s penetrante es la que detecta el car&aacute;cter extraordinario de lo m&aacute;s com&uacute;n. \u00abQuiera Dios conceder penetraci&oacute;n al fil&oacute;sofo en aquello que est&aacute; ante los ojos de todos\u00bb, escrib&iacute;a Wittgenstein, a lo que, en el supuesto de que en esa frase se haga un uso restringido de la palabra \u00abfil&oacute;sofo\u00bb, cabr&iacute;a a&ntilde;adir: \u00aby no s&oacute;lo al fil&oacute;sofo\u00bb. (pgs. 69-70)<\/p>\n<p> Aprender a mirar es, fundamentalmente, aprender a prestar atenci&oacute;n. Es corriente decir: \u00absi prestas atenci&oacute;n, ver&aacute;s que&hellip;\u00bb. Tal es la clave: el prestar atenci&oacute;n es condici&oacute;n y camino hacia el darse cuenta, hacia el ver o advertir algo. (73)<\/p>\n<p> El esfuerzo de la atenci&oacute;n no consiste en ninguna contracci&oacute;n muscular. La atenci&oacute;n es una \u00abtensi&oacute;n\u00bb (prestar atenci&oacute;n a algo se parece a la acci&oacute;n de tensar el arco), pero esta tensi&oacute;n no es la rigidez muscular (&hellip;) es otro tipo de tensi&oacute;n la que en la atenci&oacute;n entra en juego, y, en cualquier caso, ha de ser una tensi&oacute;n flexible como el arco flechero. <\/p>\n<p> Junto a la flexibilidad y tensi&oacute;n, vaciamiento. Hay que llevar a cabo un vaciamiento y un desapego con respecto a uno mismo; se ha de suspender el pensamiento para dejarlo m&aacute;s disponible y penetrable&hellip; soltar el lastre (por lo menos moment&aacute;neamente) de todo lo que nos acompa&ntilde;a, y de este modo, descentrarnos, salir de nuestro lugar. La atenci&oacute;n requiere que ni nos diluyamos en lo impersonal, ni nos instalemos aferradamente en lo propio, ni nos llenemos tampoco de f&aacute;ciles seguridades. (&hellip;)La acci&oacute;n de prestar atenci&oacute;n es un tanto parad&oacute;jica: el esfuerzo requerido por parte del sujeto no supone un aumento de su estar presente sino m&aacute;s bien su menoscabo o vaciamiento y su apertura hacia lo otro. La intensidad subjetiva de la atenci&oacute;n es un disponer espacio para el recibimiento o bien un dar entrada al objeto atendido, a aquello a lo que la atenci&oacute;n se enfoca. De suerte que el no prestar suficiente atenci&oacute;n es, en definitiva, mantenerse cerrado a, o todav&iacute;a demasiado impenetrable por, la influencia de lo otro. (77)<\/p>\n<p> Prestar atenci&oacute;n es mirar de forma desinteresada, sin ceder al v&eacute;rtigo de la posesi&oacute;n ni de la presunci&oacute;n, y es, sin duda, el mejor ant&iacute;doto contra la autocomplacencia. Con este ejercicio, las tendencias ego&iacute;stas quedan desplazadas o aplazadas, y, puesto que estas tendencias se dan siempre, la moralidad podr&iacute;a definirse como un esfuerzo para aminorarlas o incluso superarlas. Determinadas as&iacute; las cosas, la atenci&oacute;n se mostrar&iacute;a una vez m&aacute;s como la esencia de la moralidad. Y, adem&aacute;s, se explicar&iacute;a tambi&eacute;n la proximidad entre la moral y el arte. El buen pintor es lo que &eacute;l mira: su mano se mueve con el pincel en el extremo. El principal enemigo de la excelencia moral es la exacerbada fantas&iacute;a personal: el tejido de autoengrandecimiento y los consoladores deseos y sue&ntilde;os que le impiden al sujeto ver lo que hay fuera de &eacute;l. La conducta mediocre es la continuada afirmaci&oacute;n del yo, la distorsi&oacute;n de la mirada que el ego&iacute;smo implica. En cambio, la apreciaci&oacute;n de lo realmente justo procede de un control del ego&iacute;smo que facilita el atenerse a lo que son las cosas. Aminoramos as&iacute; nuestro ser con el fin de atender a la existencia de algo m&aacute;s. (107)<\/p>\n<p>* J.M. Esquirol es profesor de Filosof&iacute;a de la Universidad de Barcelona. Son fragmentos del libro <span style=\"font-weight: bold;\">El respeto o la mirada atenta: una &eacute;tica para la era de la ciencia y la tecnolog&iacute;a<\/span><span>. Barcelona, Gedisa, 2006. 173 p. ISBN 84-9784-130-1<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es cierto que el mundo es lo que vemos y, sin embargo, tenemos que aprender a verlo. (Merleau-Ponty) &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Josep M. 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