{"id":53069,"date":"2007-09-30T00:00:00","date_gmt":"2007-09-30T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"sufismo_via_del_corazon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/sufismo_via_del_corazon\/","title":{"rendered":"Sufismo, v\u00eda del coraz\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: bold;\">Halil B&aacute;rcena<\/span><br style=\"font-weight: bold;\"><span style=\"font-weight: bold;\">Director del Institut d&rsquo;Estudis Suf&iacute;s de Barcelona<\/span><\/p>\n<p><span>Dice un viejo adagio suf&iacute; persa: &ldquo;&iquest;&#7778;&#363;f&#299; xist? &iexcl;&#7778;&#363;f&#299;&hellip; &#7779;&#363;f&#299;st!&rdquo;; o lo que es lo mismo: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es un suf&iacute;? Un suf&iacute; es&hellip; un suf&iacute;&rdquo;. Pues bien, el sufismo no es m&aacute;s que eso&hellip; &iexcl;el sufismo! Al igual que la vida o el amor, pongamos por caso, el sufismo es una realidad inefable, indefinible, no divisible, que s&oacute;lo admite, valga la expresi&oacute;n, ser vivible. Como el Tao, que deja de serlo cuando es descrito, el sufismo que se puede nombrar no es el sufismo. Hablar sobre &eacute;l es, en cierto modo, traicionarlo. Y en principio -pero s&oacute;lo en principio-, eso ser&iacute;a todo.<\/span><\/p>\n<p>Por consiguiente, el sufismo no es nada m&aacute;s que vivir (lo cual no es poco); al fin y al cabo, la vida es su propia meta. Vivir, eso s&iacute;, como s&oacute;lo merece la pena hacerlo: despierto, alerta, de forma espont&aacute;nea, aqu&iacute; y ahora (en definitiva, la vida dura un momento, el presente). Por eso, se ha dicho a veces del suf&iacute; que es ibn al-waqt, el &ldquo;hijo del instante&rdquo;. Vivir desde la admiraci&oacute;n y el amor por todo cuanto es. En el camino espiritual, dir&aacute; Mawl&#257;n&#257; R&#363;m&#299; (v&eacute;ase recuadro), todo es maravillamiento. Vivir libre y plenamente, sin ataduras, m&aacute;s all&aacute; de todo condicionamiento (incluido tambi&eacute;n el religioso), la gran dimensi&oacute;n de la existencia humana: la que s&oacute;lo se vislumbra cuando es silenciado -&iexcl;que no reprimido o ahogado!- el ruido estrepitoso y deformante del ego, el nafs del que habla la literatura suf&iacute; cl&aacute;sica, verdadero campo de batalla donde el suf&iacute; libra su singular, amorosa e infatigable, contienda o jih&#257;d, la aventura siempre novedosa de su caminar interior hacia su vaciamiento total o fan&#257;&rsquo;. &ldquo;No ser nada es la condici&oacute;n requerida para ser&rdquo;, dir&aacute; R&#363;m&#299; con su particular estilo apof&aacute;tico. Fan&#257;&rsquo; y baq&#257;&rsquo;, vaciamiento y plenitud. Estar lleno de nada (como una mezquita apta para resonar), he ah&iacute; el secreto del suf&iacute;. Libre igualmente de lo religioso, ya lo he apuntado, sobre todo cuando la religi&oacute;n comporta mordaza, sumisi&oacute;n y acatamiento, pero tambi&eacute;n una visi&oacute;n roma y cansina, a medio gas, de la vida. Y es que el suf&iacute; es, en efecto, una persona m&aacute;s espiritual que religiosa. &ldquo;Tanto da que lo que te aparte del camino sea la religi&oacute;n o la infidelidad&rdquo;, advert&iacute;a l&uacute;cidamente el poeta persa San&#257;&rsquo;&#299; (m. 1150?). <\/p>\n<p>&iquest;Sufismo? Nada m&aacute;s que vivir. Vivir &hellip; y beber, nos dir&aacute; el tambi&eacute;n poeta persa &#7716;&#257;fi&#7827; (m. 1389). Beber para festejar. El sufismo tiene mucho de celebraci&oacute;n y agradecimiento, de brindis por la vida. Eso es, a fin de cuentas, el sam&#257;&#8219;, la danza circular de los derviches gir&oacute;vagos: celebraci&oacute;n de un cosmos encantado que gira y gira incesante y en cada vuelta se (re)crea de nuevo. Vivir en plenitud, al l&iacute;mite, sin cortapisas, con un punto indisimulado de rebeld&iacute;a frente a la vida aceptada como una cuadr&iacute;cula gris, como vino que ha de diluirse en muchas partes de agua, tantas que al final pierde toda su capacidad embriagadora. &ldquo;&Uacute;nicamente puede ser llamado hombre quien conoce el vino&rdquo;, proclamaba Sul&#7789;&#257;n Walad, hijo de R&#363;m&#299;, tomando en cuenta que en el simbolismo b&aacute;quico, tan caro al sufismo, el vino alude a los efectos turbadores de la experiencia unitiva con la divinidad, esa que nos desencuaderna el alma. <\/p>\n<p>Una rebeld&iacute;a espiritual y vital, la suf&iacute;, que en modo alguno ha sido una impostura esnob a lo largo de la historia (ah&iacute; est&aacute; si no para desmentirlo la poblada lista de m&aacute;rtires que, sin pretenderlo, el sufismo ha dado: el primero de todos, el caso dram&aacute;tico de Man&#7779;&#363;r-e &#7716;all&#257;&#375; (m. 922), c&eacute;lebre por su alocuci&oacute;n teop&aacute;tica: &ldquo;An&#257; al-&#7716;aqq&rdquo;, &ldquo;Yo soy la Realidad Real Divina&rdquo;), sino el fruto l&oacute;gico de una indagaci&oacute;n espiritual asumida hasta sus &uacute;ltimas consecuencias, hasta el punto incluso de trascenderse a s&iacute; misma; una b&uacute;squeda llevada hasta el finisterre de lo humano, ese lugar no-lugar del que hablaba Sohraward&#299; (m. 1191), &ldquo;donde el dedo &iacute;ndice ya no puede indicar la ruta&rdquo;. <\/p>\n<p>El esp&iacute;ritu rebelde ha caracterizado al sufismo desde sus neblinosos inicios, en los primeros siglos del islam. En cierta manera, el sufismo fue una reacci&oacute;n frente al desarrollo progresivo de un excesivo ritualismo en el seno de la nueva religi&oacute;n, as&iacute; como frente a su paulatina institucionalizaci&oacute;n. Como bien ha sabido ver Abdelmajid Charfi, el sufismo naci&oacute; al margen de la religi&oacute;n isl&aacute;mica institucionalizada, insatisfecho ante la piedad puramente exterior que los fuqah&#257;&rsquo;, los doctores de la ley, trataban de imponer. Lo grave fue que, andando el tiempo, una parte del sufismo, a mi modo de ver la menos sugerente, la de las grandes cofrad&iacute;as populares, reproducir&iacute;a los mismos errores, convirti&eacute;ndose en una suerte de mero islam piadoso sin m&aacute;s. Sirva esto para subrayar, aunque sea de paso, que el sufismo no es un&iacute;voco, que posee innumerables rostros y facetas, si bien en su mejor cara, la que aqu&iacute; pretendo glosar, siempre ha rehuido todo formalismo est&eacute;ril. <\/p>\n<p>Sea como fuere, no es de extra&ntilde;ar que el rojo sea para el suf&iacute;, nos recuerda R&#363;m&#299;, el mejor de los colores: el rojo del sol que vivifica y quema, del vino que embriaga y cautiva, de la sangre que bulle apasionada, del coraz&oacute;n encendido a causa del amor incandescente por el Amigo, f&oacute;rmula &eacute;sta habitual en el sufismo para designar de forma el&iacute;ptica a un Dios que se presiente amoroso y cercano, m&aacute;s que la propia vena yugular, seg&uacute;n reza el dictum cor&aacute;nico (Cor&aacute;n 50, 16). A diferencia de la religi&oacute;n positiva y normativa, la experiencia de Dios en el sufismo huye de la perspectiva dualista y siempre amenazadora de un Dios alejado e inaccesible, severo y castigador, al que no se le debe m&aacute;s que obediencia, sometimiento y sumisi&oacute;n, que es como algunos, muy significativamente, traducen hoy el t&eacute;rmino islam. Tampoco se trata de un Dios influenciable con el que mercadear a cambio de piedad y devoci&oacute;n. &ldquo;Ni por temor al infierno, ni por la recompensa del para&iacute;so te adoro, sino simplemente porque eres digno de ser amado&rdquo;, clamaba R&#257;bi&#8219;a al-&#8219;Adawiyya (m. 801), una de las primeras mujeres suf&iacute;es de la historia. El amor, cuando lo es de verdad, siempre es desinteresado, no posee ni porqu&eacute; ni para qu&eacute;, ya que toda b&uacute;squeda con objeto es una proyecci&oacute;n del ego. <\/p>\n<p>Con todo, lo cierto es que el suf&iacute; habla de Dios lo justo, esto es, poco, tal como si hubiera hecho suyo el mandato b&iacute;blico de no tomar su nombre en vano. &ldquo;Quienquiera que conozca a Dios, no dice ya m&aacute;s &laquo;Dios&raquo;&rdquo;, reconoc&iacute;a B&#257;yaz&#299;d Bas&#7789;&#257;m&#299; (m. 859), el gran polo espiritual del sufismo persa del Jor&#257;s&#257;n, junto con el de Bagdad, las dos grandes corrientes del sufismo cl&aacute;sico. <\/p>\n<p>Seg&uacute;n una opini&oacute;n bastante generalizada, el t&eacute;rmino ta&#7779;aww&#363;f, traducido en Europa por sufismo, deriva de &#7779;&#363;f, palabra &aacute;rabe que significa lana, en alusi&oacute;n a la vestimenta que supuestamente usaban los primeros suf&iacute;es como signo de sencillez y entrega. Sin embargo, hay quien lo remonta al verbo &aacute;rabe &#7779;&#363;fiya, ser purificado, e incluso a la expresi&oacute;n ahl al-&#7779;uffa, &ldquo;la gente del banco&rdquo;, con la que se designaba a algunos compa&ntilde;eros de Muhammad, profeta del Islam, que resid&iacute;an cerca de &eacute;l para mejor embeberse de su presencia y de su ejemplo. Ello nos dar&iacute;a la clave de una de las grandes fuentes de la que brotar&aacute; el sufismo cl&aacute;sico: el mensaje cor&aacute;nico aportado por el islam, y muy especialmente el concepto de wa&#7717;da al-wu&#375;&#363;d o unidad de la existencia, que los gn&oacute;sticos suf&iacute;es quieren ver en &eacute;l; mientras que la otra fuente ser&iacute;a la tradici&oacute;n persa preisl&aacute;mica del &#375;av&#257;nmard o caballer&iacute;a espiritual (y su ideal de nobleza), como bien apunta el maestro suf&iacute; contempor&aacute;neo Javad Nurbakhsh.<\/p>\n<p><span>En resumen, el sufismo no es una intensificaci&oacute;n de la fe isl&aacute;mica, ni es el islam debidamente practicado, a no ser que se hayan confundido m&iacute;stica y piedad, m&iacute;stica y ritualismo, espiritualidad y religi&oacute;n. De hecho, ninguna m&iacute;stica, y mucho menos la suf&iacute;, es una religi&oacute;n debidamente practicada, como pretend&iacute;a Louis Massignon. Tampoco es el sufismo el islam progre, ni siquiera la m&iacute;stica del islam. De hecho, hay v&iacute;as m&iacute;sticas isl&aacute;micas no suf&iacute;es, como es el caso, por ejemplo, de la &scaron;i&#8219;a ism&#257;&#8219;&#299;l&#299;. El sufismo es m&aacute;s un camino de conciliaci&oacute;n del amor y el conocimiento que una doctrina o un sistema filos&oacute;fico. Como afirma Mari&agrave; Corb&iacute;: &ldquo;La luz del conocimiento enciende el amor; el fuego del amor enciende la luz del conocimiento&rdquo;. Es m&aacute;s un camino de tanteo e indagaci&oacute;n espiritual y una experiencia plena de la vida que un discurso te&oacute;rico sobre la espiritualidad o un sistema de creencias al que someterse. Al fin y al cabo, el &uacute;nico compromiso del derviche es con la Verdad. Ese y no otro es su &uacute;nico deber, la tarea sagrada a la que se entrega con todas las potencias de su ser. No es el derviche un hombre de preceptos -aunque por responsabilidad social o por ayudar a otros pueda servirse de ellos- sino de visi&oacute;n. Afirma sin tapujos el maestro suf&iacute; A&#7717;mad Al-&#8219;Al&#257;w&#299; (m. 1934): &ldquo;La fe es necesaria para los religiosos, pero deja de serlo para los que van m&aacute;s lejos y llegan a auto-realizarse en Dios. Entonces ya no creen porque ven. Ya no hay m&aacute;s necesidad de creer cuando se ve la verdad&rdquo;.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Halil B&aacute;rcenaDirector del Institut d&rsquo;Estudis Suf&iacute;s de Barcelona Dice un viejo adagio suf&iacute; persa: &ldquo;&iquest;&#7778;&#363;f&#299; xist? &iexcl;&#7778;&#363;f&#299;&hellip; &#7779;&#363;f&#299;st!&rdquo;; o lo que es lo mismo: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es un suf&iacute;? Un suf&iacute; es&hellip; un suf&iacute;&rdquo;. Pues bien, el sufismo no es m&aacute;s que eso&hellip; &iexcl;el sufismo! Al igual que la vida o el amor, pongamos por caso,&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":53070,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[158],"tags":[],"post_series":[],"class_list":["post-53069","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-la-sabiduria-en","entry","has-media"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53069","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=53069"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53069\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/53070"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=53069"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=53069"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=53069"},{"taxonomy":"post_series","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/post_series?post=53069"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}