{"id":53073,"date":"2007-10-04T00:00:00","date_gmt":"2007-10-04T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"el_islam_y_el_fenomeno_del_libro_sag","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/el_islam_y_el_fenomeno_del_libro_sag\/","title":{"rendered":"El Islam y el fen\u00f3meno del libro sagrado"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: bold;\">(extracto de una ponencia de Halil B&aacute;rcena)<\/span><br style=\"font-weight: bold;\"><span style=\"font-weight: bold;\">Director del Institut d&rsquo;Estudis Suf&iacute;s de Barcelona<\/span><\/p>\n<p><span>El objeto de reflexi&oacute;n que se nos propone en el presente encuentro de Can Bordoi toca de lleno al coraz&oacute;n del Islam, su esencia m&aacute;s rec&oacute;ndita. Asumir desde el sufismo, como de hecho asumimos, un acercamiento estrictamente simb&oacute;lico a los textos sagrados, en este caso isl&aacute;micos, nos exigir&aacute; examinar e interpretar de otro modo algunos conceptos de cuya pertinencia religiosa pocos son los te&oacute;logos, y menos a&uacute;n los simples creyentes, que sospechar&iacute;an a priori, como &ldquo;revelaci&oacute;n&rdquo;, &ldquo;libro santo&rdquo;, &ldquo;religi&oacute;n del libro&rdquo;, &ldquo;sello de la profec&iacute;a&rdquo; e incluso &ldquo;dios&rdquo;.<\/span><\/p>\n<div style=\"text-align: justify;\">De hecho esa es la tesis fundamental que defendemos en estas p&aacute;ginas, con la asistencia de algunas de las voces m&aacute;s preclaras tanto del sufismo hist&oacute;rico como de la gnosis shi&iacute;, as&iacute; como de sus mejores expositores e int&eacute;rpretes contempor&aacute;neos (sean o no musulmanes), como los pensadores agrupados bajo la etiqueta del Islam de las luces, a los que nos referiremos m&aacute;s tarde; u orientalistas como Louis Massignon (<span style=\"font-size: xx-small;\"><span style=\"font-weight: bold;\">13<\/span><\/span>), Paul Nwyia (<span style=\"font-size: xx-small;\"><span style=\"font-weight: bold;\">14<\/span><\/span>) , Jacques Berque (<span style=\"font-size: xx-small;\"><span style=\"font-weight: bold;\">15<\/span><\/span>)  y, especialmente, el a&ntilde;orado Henry Corbin, a quien tanto deben estas p&aacute;ginas. Nuestro prop&oacute;sito es rescatar dichas voces y sugerir -&iexcl;espero que se aprecie la modestia del verbo!- una lectura radicalmente simb&oacute;lica de las fuentes, hoy tal vez la &uacute;nica posible.<\/p>\n<p>Los grandes motivos de las tradiciones religiosas, en este caso el Islam, constituyen mir&iacute;ficas met&aacute;foras cuya finalidad &uacute;ltima no es jam&aacute;s descriptiva sino siempre simb&oacute;lica. Dichas met&aacute;foras jam&aacute;s pretenden hacer una exposici&oacute;n mim&eacute;tica de la realidad (<span style=\"font-size: xx-small;\"><span style=\"font-weight: bold;\">16<\/span><\/span>). A mi juicio, ah&iacute; reside justamente la cualidad espec&iacute;fica de un texto cor&aacute;nico dicho en una lengua &aacute;rabe no ajena a lo que la profesora Luce L&oacute;pez-Baralt denomina la &ldquo;plurisemia caracter&iacute;stica de las lenguas sem&iacute;ticas y su lib&eacute;rrima proclividad al delirio verbal&rdquo; (<span style=\"font-size: xx-small;\"><span style=\"font-weight: bold;\">17<\/span><\/span>). <\/p>\n<p>La hermen&eacute;utica espiritual que proponemos no altera ninguna palabra de la tradici&oacute;n, aunque s&iacute; las devuelve todas al terreno del s&iacute;mbolo donde, sin duda, devienen mucho m&aacute;s ricas y polis&eacute;micas. De otro lado, es desde dicho &aacute;mbito simb&oacute;lico desde el que m&aacute;s f&aacute;cilmente pueden desprenderse de la p&aacute;tina excluyente y a veces totalitaria con la que fueron veladas en el pasado a causa del uso absolutizador que de ellas se hizo. En ese sentido, la lectura simb&oacute;lica puede representar hoy una aut&eacute;ntica revelaci&oacute;n, en la acepci&oacute;n m&aacute;s literal y radical del t&eacute;rmino.      <\/p>\n<p>Los textos sagrados no pierden ni un &aacute;pice de su inmensurable valor al ser devueltos al &aacute;mbito de lo espiritual a trav&eacute;s de la lectura simb&oacute;lica, sino que, por el contrario, se agigantan. Inversamente, cuando el acento interpretativo recae en lo jur&iacute;dico, como es el caso de los jurisconsultos musulmanes, por ejemplo, o de ciertos reformistas con vocaci&oacute;n modernizadora pero aliento rancio, a fin de cuentas lo que est&aacute;n es mutilando gravemente el texto, al primar el signo, y su acepci&oacute;n literal, sobre el s&iacute;mbolo y su sentido profundo. <\/p>\n<p>Desde la hermen&eacute;utica del lenguaje, se dir&iacute;a que lo que se est&aacute; es, en palabras de Luis Garagalza:<br \/> &ldquo;&hellip; destacando el car&aacute;cter secundario del signo, el cual es hermen&eacute;uticamente concebido como un s&iacute;mbolo &ldquo;muerto&rdquo;, detenido, fijado, que habiendo perdido su pregnancia, su virtualidad de mantener reunidos &ldquo;lo sentido&rdquo; y &ldquo;el sentido&rdquo;, se ha convertido en un simple &ldquo;r&oacute;tulo&rdquo;, en una &ldquo;etiqueta&rdquo; para, de un modo convencional y arbitrario, designar a la cosa a la que se refiere o sustituir a aquello que representa&rdquo; (<span style=\"font-size: xx-small;\"><span style=\"font-weight: bold;\">18<\/span><\/span>).      <\/p>\n<p>Reducir la lectura a lo simplemente literal, sucumbir a las garras del historicismo, implica, por lo pronto, cercenar la dimensi&oacute;n simb&oacute;lica, lo cual conduce a la muerte del propio texto. Quienes pretenden ver en el Cor&aacute;n, por ejemplo, una suerte de constituci&oacute;n pol&iacute;tica -ese es el lema preferido de no pocos ide&oacute;logos del islamismo pol&iacute;tico- o una suerte de c&oacute;digo civil cuando no penal, no hacen sino trajinar con las p&aacute;ginas de un cad&aacute;ver. El Cor&aacute;n no est&aacute; compuesto ni por cl&aacute;usulas ni por art&iacute;culos, sino por ayas o aleyas, esto es, s&iacute;mbolos. Lejos, muy lejos de tales concepciones, el Cor&aacute;n muestra, en mi modesta opini&oacute;n, una aprehensi&oacute;n po&eacute;tica de la creaci&oacute;n. Nada m&aacute;s que eso, y no poco es. <\/p>\n<p>Pero, rescatemos las preclaras palabras que Muhammad B&acirc;qir, quinto im&acirc;m del shi&iacute;smo y uno de los primeros referentes de la gnosis shi&iacute;, pronunciara, &iexcl;ya en el siglo VIII!, a prop&oacute;sito de la aut&eacute;ntica naturaleza del texto cor&aacute;nico: <\/p>\n<p>&ldquo;Una vez hayan muerto aquellos a prop&oacute;sito de los cuales hab&iacute;a sido revelado un determinado vers&iacute;culo, &iquest;habr&aacute; muerto tambi&eacute;n ese vers&iacute;culo? Si es as&iacute;, ya nada queda actualmente del Cor&aacute;n. Si no es as&iacute;, el Cor&aacute;n est&aacute; vivo. Seguir&aacute; su curso en tanto duren los cielos y la tierra, pues contiene un signo y un gu&iacute;a para cada hombre, para cada grupo por venir&rdquo; (<span style=\"font-size: xx-small;\"><span style=\"font-weight: bold;\">19<\/span><\/span>).<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">El Cor&aacute;n, elemento fundante del Islam <\/span><\/p>\n<p>Retornemos, sin embargo, a donde nos hab&iacute;amos quedado. En el Islam, todo comienza con un libro, si bien m&aacute;s tarde veremos que dicha afirmaci&oacute;n posee alg&uacute;n que otro matiz no menor. Por el momento, procedamos con orden, sin anticipar conclusiones. El Islam, dec&iacute;a, es una religi&oacute;n surgida de un libro. Efectivamente, la religi&oacute;n isl&aacute;mica entra en la historia de la mano no ya de una persona, como es el caso por ejemplo del cristianismo, sino de un texto que ser&aacute; considerado desde entonces sagrado. <\/p>\n<p>El Cor&aacute;n constituye el elemento fundante del Islam -&iquest;o habr&iacute;a de decir islams en plural?-. Toda la religi&oacute;n isl&aacute;mica se halla de hecho marcada -y condicionada- por lo que podr&iacute;amos denominar el fen&oacute;meno del libro sagrado. La expresi&oacute;n cor&aacute;nica Ahl al-kit&acirc;b, esto es, &ldquo;un pueblo que posee un libro sagrado&rdquo;, impregna toda la consciencia espiritual musulmana. No hay Islam sin Cor&aacute;n, es cierto, aunque me atrever&iacute;a a decir que lo isl&aacute;mico, entendido en su acepci&oacute;n meramente hist&oacute;rica, en modo alguno agota el caudal de lo cor&aacute;nico. A lo sumo, lo isl&aacute;mico es una posibilidad m&aacute;s de lo cor&aacute;nico, y en muchos casos, seguramente, ni siquiera la m&aacute;s lograda.<\/p>\n<p>Sea como fuere, el caso es que para los musulmanes no se trata de un libro cualquiera. Lo que en verdad le otorga sacralidad al Cor&aacute;n es su naturaleza. Para el Islam, el Cor&aacute;n es Kal&acirc;m Al.l&acirc;h, es decir, la &ldquo;palabra de Dios&rdquo;. La autor&iacute;a del libro no es, as&iacute; pues, de car&aacute;cter humano sino directamente divino. Tampoco se trata de un libro inspirado, categor&iacute;a &eacute;sta tambi&eacute;n menor. A ojos isl&aacute;micos, el Cor&aacute;n es, insisto, el verbo divino. Se trata, en suma, de un libro revelado -tambi&eacute;n esto merecer&aacute; alg&uacute;n apunte posterior-.<\/p>\n<p>&ldquo;La palabra de Dios en el Islam&rdquo;, afirma Seyyed Hossein Nasr, &ldquo;es el Cor&aacute;n; en el Cristianismo es Cristo. El veh&iacute;culo del mensaje divino en el Cristianismo es la Virgen Mar&iacute;a; en el Islam es el alma del profeta Muhammad. El Profeta ha de ser analfabeto de la misma manera que la Virgen Mar&iacute;a ha de ser virgen. El veh&iacute;culo humano del mensaje divino ha de ser puro y sin mancha. La palabra divina s&oacute;lo puede ser escrita sobre la pizarra pura y limpia de la receptividad humana. Si esta palabra toma forma corporal, la pureza es simbolizada por la virginidad de la madre que da nacimiento a la palabra; y si lo hace en forma de libro esta pureza es simbolizada por la naturaleza analfabeta de la persona que es escogida para anunciar la palabra entre los hombres&rdquo; (<span style=\"font-size: xx-small;\"><span style=\"font-weight: bold;\">20<\/span><\/span>).<\/p>\n<p>Jacques Berque acu&ntilde;&oacute; en su d&iacute;a un feliz neologismo con el que apuntar el papel preponderante que juega el hecho cor&aacute;nico en el Islam. Se trata del t&eacute;rmino inverbaci&oacute;n, de verbum, la palabra (<span style=\"font-size: xx-small;\"><span style=\"font-weight: bold;\">21<\/span><\/span>). En el Islam Dios no se encarna, como en el Cristianismo, sino que se inverba; de ah&iacute; el papel tan distinto que el lenguaje ha jugado en una y otra tradici&oacute;n. As&iacute;, mientras que la lengua utilizada por Jes&uacute;s no despierta excesivo inter&eacute;s en el exegeta cristiano, la lengua &aacute;rabe cor&aacute;nica se sacralizar&aacute; hasta el punto de que el int&eacute;rprete ser&aacute; siempre un fil&oacute;logo. Aqu&iacute; el riesgo, y de hecho sucedi&oacute;, es confundir la palabra divina, y lo que tras dicha expresi&oacute;n -para m&iacute; simb&oacute;lica- pueda encerrarse, y la enunciaci&oacute;n humana manifestada en el tiempo y en una lengua concreta. <\/p>\n<p>En ese sentido, la sacralizaci&oacute;n alcanz&oacute; unas proporciones insospechadas. As&iacute;, por ejemplo, los primeros literalistas musulmanes, pr&oacute;ximos al hanbalismo, hoy inusitadamente redivivo, consideraban que el Cor&aacute;n era eterno no tan s&oacute;lo en cuanto a su contenido sino tambi&eacute;n en todo lo que materialmente lo constituye: p&aacute;ginas, tinta, colores, cubiertas&hellip; etc (<span style=\"font-size: xx-small;\"><span style=\"font-weight: bold;\">22<\/span><\/span>). Sea como fuere, lo cierto es que el Cor&aacute;n est&aacute; vivo para la consciencia musulmana llegando a poseer una personalidad casi humana. <\/p>\n<p>Antes de proseguir con nuestra exposici&oacute;n, hagamos una peque&ntilde;a cala al objeto de volver un instante al texto previamente citado de Seyyed Hossein Nasr, en el que se alud&iacute;a a la condici&oacute;n umm&iacute;, esto es, iletrada, de Muhammad, el Profeta del Islam. En efecto, eso es lo que sostiene la ortodoxia isl&aacute;mica, con m&aacute;s o menos matices, que el Profeta era analfabeto y, por consiguiente, absolutamente pasivo ante el descenso, tanz&icirc;l, del mensaje divino, m&aacute;s tarde recogido en el Cor&aacute;n. <\/p>\n<p>Hoy, sin embargo, estamos en condiciones de otorgar un papel mucho m&aacute;s activo a Muhammad en el complejo proceso de gestaci&oacute;n del Cor&aacute;n. Qu&eacute; duda cabe que algunos pensadores del llamado Islam de las luces (<span style=\"font-size: xx-small;\"><span style=\"font-weight: bold;\">23<\/span><\/span>), corriente a la que ya antes hicimos menci&oacute;n, han arrojado bastante luz al respecto. Un ejemplo: el tunecino Abdelmajid Charfi, quien considera que el mensaje aportado por Muhammad no puede ser comprendido en su totalidad si se excluye de &eacute;l la historia y el contexto religioso de la regi&oacute;n. De hecho, ninguna religi&oacute;n puede escapar jam&aacute;s de las influencias hist&oacute;ricas y sociol&oacute;gicas. Para Charfi, el fen&oacute;meno de la revelaci&oacute;n no es en modo alguno un dictado literal proveniente de la divinidad, sino que podr&iacute;a considerarse como dial&oacute;gica .      <\/p>\n<p> Hoy podemos afirmar, al mismo tiempo, que el Profeta conoc&iacute;a el contexto religioso de la &eacute;poca, del juda&iacute;smo al cristianismo pasando incluso por el zoroastrismo, mucho mejor de lo que siempre se hab&iacute;a considerado, lo cual no resta, a mi entender, validez simb&oacute;lica al hecho de que el hacer en el camino interior es muy sutil, casi un no-hacer, m&aacute;s a&uacute;n, un dejarse-hacer pasivo. Es en este sentido simb&oacute;lico en el que ha de comprenderse, creo yo, la expresi&oacute;n umm&iacute;, analfabeto, iletrado. Una vez m&aacute;s son los suf&iacute;es quienes mejor han comprendido cuanto decimos. Afirma un viejo aforismo derviche: &ldquo;A Dios no se le encuentra busc&aacute;ndolo, aunque quienes no lo buscan no lo encuentran jam&aacute;s&rdquo;.  En otras palabras, quien se empecina en la b&uacute;squeda corre el peligro de apartarse de lo que hay que encontrar. <\/p>\n<hr style=\"width: 100%; height: 2px;\" \/>\n<span style=\"font-weight: bold;\">13<\/span> V&eacute;ase Louis MASSIGNON, Essai sur les origines du lexique technique de la mystique musulmane, Par&iacute;s: Le Cerf, 1996.<br \/><span style=\"font-weight: bold;\">14<\/span> V&eacute;ase Paul NWYIA, Ex&eacute;g&egrave;se coranique et langage mystique, Beirut: Dar al-Mashreq, 1986.<br \/> Jacques BERQUE, Relire le Coran, Par&iacute;s: Albin Michel, 1993.<br \/><span style=\"font-weight: bold;\">15<\/span> V&eacute;ase Ralph METZNER, Las grandes met&aacute;foras de la tradici&oacute;n sagrada, Barcelona: Kair&oacute;s, 1988. <br \/><span style=\"font-weight: bold;\">16<\/span> Luce L&Oacute;PEZ-BARALT, A zaga de tu huella. La ense&ntilde;anza de las lenguas sem&iacute;ticas en Salamanca en tiempos de San Juan de la Cruz, Madrid: Trotta, 2006.<br \/><span style=\"font-weight: bold;\">17<\/span> Luis GARAGALZA, La interpretaci&oacute;n de los s&iacute;mbolos. Hermen&eacute;utica y lenguaje en la filosof&iacute;a actual, Barcelona: Anthropos, 1990, p. 11.  <br \/><span style=\"font-weight: bold;\">18<\/span> Citado en Henry CORBIN, Historia de la filosof&iacute;a isl&aacute;mica, Madrid: Trotta, 1994, p. 71.<br \/><span style=\"font-weight: bold;\">19<\/span> Seyyed HOSSEI NASR, Ideals and Realities of Islam, Londres: George Allen &amp; Unwin, 1966, p. 43. <br \/><span style=\"font-weight: bold;\">20<\/span> Jacques BERQUE, op.cit., p. 108.<br \/><span style=\"font-weight: bold;\">21<\/span> Henry CORBIN, op. cit., pp. 114-115.  <br \/><span style=\"font-weight: bold;\">22<\/span> V&eacute;sase Rachid BENZINE, Les nouveaux penseurs de l&rsquo;islam, Par&iacute;s: Albin Michel, 2004.<br \/><span style=\"font-weight: bold;\">23<\/span> Ib&iacute;dem, pp. 215-243.<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(extracto de una ponencia de Halil B&aacute;rcena)Director del Institut d&rsquo;Estudis Suf&iacute;s de Barcelona El objeto de reflexi&oacute;n que se nos propone en el presente encuentro de Can Bordoi toca de lleno al coraz&oacute;n del Islam, su esencia m&aacute;s rec&oacute;ndita. 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