{"id":53077,"date":"2007-10-06T00:00:00","date_gmt":"2007-10-06T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"la_ley_del_karma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/la_ley_del_karma\/","title":{"rendered":"LA LEY DEL KARMA"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: bold;\">Explicada desde el Centro Budista de la Ciudad de M&eacute;xico<br \/><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">Los actos traen consecuencias<\/span><br \/><span>La doctrina budista fundamental es la de la coproducci&oacute;n condicionada. Todo surge en dependencia de ciertas condiciones y nada tiene una esencia fija y b&aacute;sica; tampoco nosotros. Lo que somos ahora es el resultado de las condiciones de nuestro pasado. Lo que seremos en el futuro estar&aacute; determinado por las condiciones del presente y uno de los factores determinantes principales de lo que seremos en el futuro es nuestro comportamiento actual.<\/span><\/p>\n<p>Nuestros actos determinan lo que somos. Esta premisa hace posible una vida espiritual y el Buda as&iacute; lo entendi&oacute;. Al empezar a cambiar nuestro comportamiento tambi&eacute;n comenzamos a hacernos diferentes. &Eacute;sta es la ra&iacute;z de toda creatividad. No estamos predestinados a repetir las pautas de comportamiento del pasado, volviendo a ser la misma persona una y otra vez, sino que podemos convertirnos en una nueva persona. Cada instante de la vida presenta una serie infinita de posibilidades. <\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">La ley del karma<\/span><br \/>La forma en que configuramos nuestra personalidad, es decir, lo que somos, est&aacute; determinado por la clase de karma que tenemos, o sea, por los actos de voluntad. Se suele pensar err&oacute;neamente que el karma es una forma de retribuci&oacute;n universal divina. Sin embargo, muy al contrario, la ley del karma s&oacute;lo sugiere que las acciones volitivas acarrean consecuencias inevitables. Se trata, sencillamente, de una extensi&oacute;n de la doctrina fundamental de la coproducci&oacute;n condicionada.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">Cinco clases de condicionalidad<\/span><br \/>Seg&uacute;n el Attahasalini, uno de los primeros tratados, existen cinco clases distintas de condicionalidad o niyamas, cuyo estudio arrojar&aacute; algo de luz al concepto budista de karma. La primera clase y la m&aacute;s importante es la condicionalidad &ldquo;f&iacute;sica inorg&aacute;nica&rdquo;, que comprende todas las leyes que determinan la manera en que funciona la materia a nivel inorg&aacute;nico, es decir, todas las leyes de la f&iacute;sica y la qu&iacute;mica. El siguiente nivel, un tanto superior, es el &ldquo;f&iacute;sico org&aacute;nico&rdquo;, que abarca todas las leyes de las ciencias biol&oacute;gicas. Luego tenemos el nivel &ldquo;psicol&oacute;gico&rdquo;, en el que se sit&uacute;an todas las leyes que rigen el funcionamiento involuntario e instintivo de la mente. Por ejemplo, el hecho de retirar la mano al tocar un hierro candente constituye una muestra del funcionamiento de esta clase de condicionalidad. Despu&eacute;s esta el nivel &ldquo;k&aacute;rmico&rdquo;, que engloba todas las leyes que gobiernan la forma en que la actividad volitiva afecta a la conciencia. Finalmente encontramos el nivel &ldquo;dh&aacute;rmico&rdquo;, que describe lo que podr&iacute;amos denominar tambi&eacute;n como condicionalidad &ldquo;trascendental&rdquo;, una clase que experimentan los miembros de la arya sangha. Como este nivel de condicionalidad s&oacute;lo nos afecta en la medida en que nos relacionamos con esos seres ilustres e, incluso, en ese caso no podr&iacute;amos percibirlo, lo dejaremos fuera de consideraci&oacute;n. <\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">El &eacute;nfasis occidental y el oriental<\/span><br \/>Tenemos nociones de los tres primeros niveles de condicionalidad (la f&iacute;sica inorg&aacute;nica, la f&iacute;sica org&aacute;nica y la psicol&oacute;gica) desde la &eacute;poca escolar, cuando realiz&aacute;bamos pr&aacute;cticas en el laboratorio, provocando explosiones o haciendo competir a los ratones en un laberinto. En Occidente hemos penetrado con m&aacute;s profundidad en estas &aacute;reas de conocimiento que cualquier otra cultura en la historia. En cambio, s&oacute;lo tenemos una conciencia muy rudimentaria, incluso primitiva, de la dimensi&oacute;n k&aacute;rmica o &eacute;tica de la vida. A diferencia de lo que acostumbramos a considerar los occidentales, la vida budista se basa, quiz&aacute; por encima de todo, en un conocimiento de la dimensi&oacute;n k&aacute;rmica de la coproducci&oacute;n condicionada, pues el n&uacute;cleo principal de esta doctrina radica en la posibilidad de cambiar las pautas de comportamiento, lo cual resulta de la comuni&oacute;n del ser con el samsara. <br \/><br style=\"font-weight: bold;\"><span style=\"font-weight: bold;\">Lo que cuenta es la intenci&oacute;n<\/span><br \/>La esencia de la &eacute;tica budista reside en el hecho de que el comportamiento condiciona al ser. Sin embargo, no s&oacute;lo importan nuestros actos. El estado mental que nos impulsa a obrar es crucial. La &eacute;tica budista es una &eacute;tica de intenci&oacute;n. Los actos en s&iacute; mismos son neutrales. Lo que importa es el estado mental, la voluntad que se esconde detr&aacute;s de la acci&oacute;n. El budismo no habla en t&eacute;rminos de correcto o incorrecto, bueno o malo, sino que trata de intenciones positivas o negativas. La voluntad positiva, basada en la generosidad, el amor y la claridad, produce resultados positivos desde el punto de vista k&aacute;rmico, nos aleja del enga&ntilde;o y nos conduce hacia la iluminaci&oacute;n. La voluntad negativa, basada en la codicia, el odio y la ignorancia espiritual nos mantiene en el samsara, girando en una rueda infinita de dependencia repetitiva y habitual. <\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">Moralidad natural y moralidad convencional<\/span><br \/>El budismo distingue entre &ldquo;moralidad natural&rdquo; y &ldquo;moralidad convencional&rdquo;. Esta &uacute;ltima se compone de una serie de normas y costumbres que surgen del grupo en que se aplican. Varia seg&uacute;n el lugar o la &eacute;poca. Por ejemplo, algunas culturas practican la poligamia, que es condenada por otras. Los cristianos comen cerdo sin ning&uacute;n problema, mientras que los musulmanes y los jud&iacute;os lo encuentran repugnante. La moralidad convencional aparece, por lo general, como respuesta a ciertas circunstancias sociales concretas, pero suele sobrevivir despu&eacute;s de ellas. Por ejemplo, aunque ya no existen razones higi&eacute;nicas para rechazar la carne de cerdo, en Jeddha o Jerusal&eacute;n a&uacute;n resulta dif&iacute;cil encontrarla en las carnicer&iacute;as. <\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">Actos h&aacute;biles o torpes<\/span><br \/><span>La moral natural se basa en los hechos de la psicolog&iacute;a humana y el funcionamiento de la ley del karma. Juzga las acciones como positivas o negativas, no a partir de los puntos de vista o las costumbres del grupo, sino por su capacidad de generar resultados espirituales beneficiosos. Los actos positivos, que nos alejan del samsara nos aportan una expansi&oacute;n, una claridad y una felicidad mayor y, por lo tanto, menos egocentrismo. Los actos negativos, que refuerzan el sentido del ego, conducen a la limitaci&oacute;n al unirnos al samsara. En resumen, los actos se juzgan como positivos o negativos en funci&oacute;n de su capacidad para acercarnos a la iluminaci&oacute;n o alejarnos de ella.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Explicada desde el Centro Budista de la Ciudad de M&eacute;xico Los actos traen consecuenciasLa doctrina budista fundamental es la de la coproducci&oacute;n condicionada. Todo surge en dependencia de ciertas condiciones y nada tiene una esencia fija y b&aacute;sica; tampoco nosotros. Lo que somos ahora es el resultado de las condiciones de nuestro pasado. 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