{"id":53102,"date":"2007-10-12T00:00:00","date_gmt":"2007-10-12T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"una_nueva_espiritualidad_mas_alla_de","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/una_nueva_espiritualidad_mas_alla_de\/","title":{"rendered":"Una nueva espiritualidad m\u00e1s all\u00e1 de las formas religiosas"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">Los rasgos de las nuevas sociedades y de la din&aacute;mica que desencadenan.<\/p>\n<p><\/span>Las nuevas sociedades industriales viven y prosperan a trav&eacute;s de la creaci&oacute;n continua de nuevos conocimientos cient&iacute;ficos y de nuevas tecnolog&iacute;as. A partir de esas innovaciones cient&iacute;ficas y tecnol&oacute;gicas, se crean innovaciones en productos y servicios. Esas innovaciones, sobre todo si son de calidad, son el motor de la econom&iacute;a y la base del &eacute;xito econ&oacute;mico.<\/p>\n<p> Esta actitud innovadora, como base del &eacute;xito econ&oacute;mico, pone a todos los niveles de la sociedad en movimiento. <\/p>\n<p><span>Las continuas creaciones cient&iacute;ficas suponen el continuo cambio en la interpretaci&oacute;n de las realidades. Y como las ciencias llegan a todas partes, las transformaciones de las interpretaciones de la realidad se extienden a todos los &aacute;mbitos de lo real.<\/span><\/p>\n<p>Las innovaciones cient&iacute;ficas llevan a las innovaciones continuas tecnol&oacute;gicas; estas conducen a las continuas transformaciones de las formas de trabajar y, consiguientemente, a la mutaci&oacute;n necesaria de las formas de organizarse. Estos cambios en las organizaciones exigen cambios en las formas de cohesionar los grupos y en las finalidades y valoraciones que se establecen.<\/p>\n<p>Esta es la conclusi&oacute;n: las nuevas sociedades industriales necesitan moverse continuamente en todos los niveles de su vida. Son, pues, sociedades din&aacute;micas que tienen que estructurarse sin creencias, porque las creencias fijan la interpretaci&oacute;n de la realidad, aunque sea s&oacute;lo en sus puntos nucleares; al fijar la interpretaci&oacute;n fijan la valoraci&oacute;n y, con ello, tienden a fijar la organizaci&oacute;n, los sistemas de cohesi&oacute;n y valoraci&oacute;n colectiva. <\/p>\n<p>Por necesidades de supervivencia, las nuevas sociedades deben excluir positivamente todas esas fijaciones porque bloquear&iacute;an o dificultar&iacute;an grandemente la posibilidad y el funcionamiento de las sociedades de innovaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Cuando hay que excluir las creencias, se excluye, con ellas, las sacralidades. Al excluir creencias y sacralidades, se excluyen, de hecho, las religiones. <\/p>\n<p>Y todo esto no ocurre ni por maldad, ni por degradaci&oacute;n colectiva, ni generado por un consumismo decadente, sino por la din&aacute;mica cultural de las nuevas sociedades.<\/p>\n<p>Esta es la l&oacute;gica interna de las sociedades de innovaci&oacute;n, tambi&eacute;n llamadas sociedades de conocimiento. Se las llama as&iacute; porque viven de la creaci&oacute;n continua de conocimientos, no porque sean m&aacute;s sabias que las que les precedieron. <\/p>\n<p>Pero adem&aacute;s de esta l&oacute;gica interna de las nuevas sociedades, se crea una conciencia generalizada en la poblaci&oacute;n de que todo nos lo construimos nosotros mismos, a nuestro propio riesgo. Nuestras formas de interpretar la realidad y nuestras formas de valorarla, nuestras maneras de trabajar y organizarnos, nuestros mundos axiol&oacute;gicos y nuestras formas de comportamiento, todo debemos construirlo nosotros mismos. Esta es la experiencia colectiva, consecuencia de la aceleraci&oacute;n de los cambios en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Nada nos viene construido del cielo, ni de la naturaleza de las cosas.<\/p>\n<p>Esta conciencia colectiva de que nada en nuestra vida nos viene determinado y construido desde ninguna parte, sino que todo tenemos que constru&iacute;rnoslo nosotros mismos, se hace incompatible, de hecho, con las creencias y el sometimiento a una revelaci&oacute;n que nos vendr&iacute;a de los cielos, que nos proporcionar&iacute;a un proyecto de vida humana, intocable, al que habr&iacute;a que someterse. <\/p>\n<p>Es decir, esta conciencia colectiva, fruto de las r&aacute;pidas transformaciones de nuestras sociedades, en todos los &aacute;mbitos de la vida, viene a hacerse incompatible con la religi&oacute;n que se fundamenta en revelaci&oacute;n, en creencias y en sumisiones.<br \/>En la medida en que la religi&oacute;n se presenta ligada a creencias y, por tanto, fijaciones, la religi&oacute;n se hace imposible para las nuevas generaciones.<\/p>\n<p>Y en la medida en que la espiritualidad se presenta como ligada a la religi&oacute;n, la espiritualidad tambi&eacute;n se hace imposible para los hombres y mujeres de las nuevas sociedades.<\/p>\n<p>De hecho, estas nuevas sociedades, en t&eacute;rminos generales, no est&aacute;n cultivando ninguna forma de espiritualidad, con excepci&oacute;n de una minor&iacute;a muy escueta de buscadores.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">Desmantelamiento axiol&oacute;gico de las nuevas sociedades.<\/span><\/p>\n<p> Esta es la situaci&oacute;n de nuestras sociedades. Se trata de sociedades que disponen de poderosas ciencias y tecnolog&iacute;as, cuyo potencial crece d&iacute;a a d&iacute;a. Tienen poder para controlar, en notables proporciones, siempre crecientes, el mundo f&iacute;sico, el biol&oacute;gico y el de las comunicaciones. Ese poder puede ser ben&eacute;fico o irreversiblemente destructivo, hasta da&ntilde;ar la vida en el planeta. Las primeras alarmas serias ya se han disparado.<\/p>\n<p> Los procedimientos con los que los hombres han cultivado la calidad, a lo largo de la historia, han sido las religiones, y en el &uacute;ltimo tramo de la historia, las ideolog&iacute;as, con apoyo colateral de las religiones. Las religiones han entrado en una grave crisis, para la gran mayor&iacute;a de los hombres y mujeres de las sociedades desarrolladas, y es de prever, razonablemente, que en la medida en la que las sociedades subdesarrolladas o en v&iacute;as de desarrollo se incorporen al grupo de las sociedades desarrolladas, se incorporar&aacute;n tambi&eacute;n a la crisis de la religi&oacute;n. Es razonable hacer esta previsi&oacute;n; lo contrario es querer evitar la dificultad del problema o esperar que el r&iacute;o fluya hacia arriba.<\/p>\n<p> Las grandes ideolog&iacute;as tambi&eacute;n est&aacute;n en crisis. De la ideolog&iacute;a socialista, la socializaci&oacute;n de los medios de producci&oacute;n, con todo lo que ello supon&iacute;a como proyecto de vida colectiva, ha quedado invalidada a causa del colapso del mundo sovi&eacute;tico; como m&iacute;nimo para un largo espacio de tiempo. Lo que queda de aquella ideolog&iacute;a son unos cuantos postulados: equidad, justicia, democracia, igualdad, sin que lleguen a constituir un proyecto de vida para el nuevo tipo de sociedades.<\/p>\n<p> La otra gran ideolog&iacute;a no ha salido mejor parada, aunque pueda parecer lo contrario. Las sociedades capitalistas son pragm&aacute;ticas y lo que les queda del viejo proyecto liberal de vida, son m&eacute;todos, procedimientos para gestionar la sociedad y la econom&iacute;a, que con el derrumbe de los proyectos socialistas del mundo sovi&eacute;tico, han quedado fortalecidos tambi&eacute;n para un largo per&iacute;odo de tiempo. Estos m&eacute;todos o procedimientos, que han quedado si no verificados, s&iacute; reforzados, son la democracia, la propiedad privada, la libertad de iniciativa y el mercado.<\/p>\n<p> Pero tanto los grupos sociales que propugnan los postulados socialistas como los que propugnan los procedimientos que proceden del capitalismo, carecen de proyectos que ofrecer a las nuevas sociedades globalizadas de conocimiento e innovaci&oacute;n continua.<\/p>\n<p> En estos momentos de nuestra transformaci&oacute;n cultural y social, carecemos de proyectos de vida colectiva, con carga axiol&oacute;gica suficiente para motivar a los pueblos y dotarlos de cuadros de valores que fomenten la calidad de las personas y los grupos.<\/p>\n<p> Las religiones ofrec&iacute;an sus proyectos de vida colectiva e individual, apoy&aacute;ndose en creencias. Tambi&eacute;n ofrec&iacute;an la posibilidad de un cultivo serio de la espiritualidad, apoy&aacute;ndose en creencias. Esa v&iacute;a de la calidad humana y de la espiritualidad ha quedado bloqueada para los hombres y mujeres y los grupos de las nuevas sociedades.<\/p>\n<p> Tambi&eacute;n las ideolog&iacute;as se apoyaban en creencias, laicas esta vez. Las ideolog&iacute;as sosten&iacute;an que sus propuestas, con respecto al funcionamiento que deb&iacute;a adoptar la econom&iacute;a, la propiedad colectiva de los medios de producci&oacute;n o la iniciativa y propiedad privada y el mercado, se deb&iacute;a a la naturaleza misma de las cosas; naturaleza que las ciencias y la filosof&iacute;a descubr&iacute;an.<\/p>\n<p> Tambi&eacute;n esas creencias laicas, y los proyectos axiol&oacute;gicos que soportaban, se han venido abajo. Nada nos viene de Dios, ni nada nos viene de la naturaleza misma de las cosas. La marcha acelerada de las sociedades de innovaci&oacute;n y cambio nos ha ense&ntilde;ado, y ha impreso en la conciencia de todos los hombres de las sociedades desarrolladas, que todo nos lo tenemos que construir nosotros: nuestros saberes, nuestras tecnolog&iacute;as, nuestros postulados axiol&oacute;gicos para la vida colectiva e individual, nuestros proyectos de vida, etc. <\/p>\n<p>Ahora ya sabemos y vivimos que tenemos nuestro destino, y el destino del planeta, en nuestras manos.<\/p>\n<p> No volver&aacute;n ni las creencias laicas ni las religiosas. <br \/>En esta situaci&oacute;n, hemos tenido que comprender, forzados por la evoluci&oacute;n de la cultura y de los modos de vida, que para manejar el tremendo poder de nuestras ciencias y nuestras tecnolog&iacute;as, tenemos que ser capaces de construir proyectos de vida de calidad, para el bien de nuestra especie y para el bien del planeta.<\/p>\n<p> Pero &iquest;c&oacute;mo construiremos proyectos de calidad, si los constructores no tienen antes esa calidad? No podemos cultivar la calidad humana desde la religi&oacute;n, porque tendr&iacute;amos que pasar por las creencias, y no nos es posible. Tampoco podemos cultivar la calidad humana partiendo de las ideolog&iacute;as, porque tambi&eacute;n tendr&iacute;amos que pasar por las creencias laicas, que no nos es posible sostener. <\/p>\n<p>&iquest;Desde d&oacute;nde cultivar la calidad que nos es imprescindible para poder construir proyectos colectivos de calidad?<br \/> Este es, quiz&aacute;s, el problema m&aacute;s grave con el que se enfrenta la nueva situaci&oacute;n cultural de la humanidad en los pa&iacute;ses desarrollados.<br \/><br style=\"font-weight: bold;\"><span style=\"font-weight: bold;\">Una herencia inapreciable que puede ser fuente de calidad y de espiritualidad.<\/span><\/p>\n<p> Las nuevas sociedades tend&iacute;an que advertir que hay un lugar desde donde cultivar la calidad humana y la espiritualidad, sin pasar ni por las religiones, ni por las ideolog&iacute;as, ni por ning&uacute;n tipo de creencias, sean religiosas o laicas. Ese lugar es el enorme legado de sabidur&iacute;a de las tradiciones religiosas de la humanidad. En esas tradiciones, herencia de milenios, es posible encontrar la sabidur&iacute;a que necesitamos y los procedimientos para cultivarla. <\/p>\n<p> Esas tradiciones de sabidur&iacute;a y de espiritualidad, se expresaron y vivieron, aunque no todas, a trav&eacute;s de creencias, porque nacieron y se desarrollaron en sociedades que se articulaban sobre creencias: y lo hac&iacute;an no por razones religiosas, sino porque se trataba de sociedades est&aacute;ticas, que vivieron durante milenios fundamentalmente de la misma manera, y que, por ello, ten&iacute;an que excluir los cambios de importancia y las posibles alternativas. <\/p>\n<p>La fijaci&oacute;n de esos proyectos sociales se hac&iacute;a mediante creencias: Dios hab&iacute;a revelado que se deb&iacute;a vivir as&iacute;. Supuesta esa revelaci&oacute;n, el colectivo deb&iacute;a creerla y someterse. No hacerlo ser&iacute;a ir contra la voluntad de Dios y rebelarse contra &Eacute;l.<br \/> As&iacute; se vivieron las tradiciones de sabidur&iacute;a. No se pod&iacute;a hacer de otra manera. Pero las tradiciones de sabidur&iacute;a pueden ser le&iacute;das, comprendidas y vividas sin pasar por las creencias que son propias de sociedades que deb&iacute;an programarse para no cambiar. Esa es nuestra tarea.<\/p>\n<p> Todas las tradiciones religiosas de la humanidad nos invitan a acceder y cultivar una segunda dimensi&oacute;n de la realidad, una dimensi&oacute;n absoluta, libre, gratuita, que no tiene nada que ver con nuestro acceso cotidiano a la realidad, propio de unos vivientes necesitados y que est&aacute; en funci&oacute;n de sus necesidades.<\/p>\n<p> Tenemos la posibilidad de un doble acceso a la realidad: uno en funci&oacute;n de nuestras carencias y de cara a la supervivencia como individuos y como especie, y otro absoluto, sin referencia ninguna a nuestras necesidades, porque lo real est&aacute; ah&iacute;, independientemente de nosotros. <\/p>\n<p>Este doble acceso a lo real es nuestra cualidad espec&iacute;fica. <br \/>Esa segunda dimensi&oacute;n de lo real es lo que cultivan las tradiciones religiosas. Y lo hacen dentro del programa o proyecto colectivo de vida, propio de las sociedades est&aacute;ticas y preindustriales.<\/p>\n<p> Las tradiciones religiosas son las tradiciones milenarias del cultivo de esa segunda dimensi&oacute;n de nuestro acceso a lo real. Son las tradiciones de la sabidur&iacute;a de ser hombres, viviendo nuestra cualidad espec&iacute;fica, viviendo y cultivando nuestra doble experiencia de lo real.<\/p>\n<p> Las tradiciones del pasado hablan de esa dimensi&oacute;n absoluta, desde los sistemas m&iacute;ticos y simb&oacute;licos que forman la manera de pensar, sentir, actuar, organizarse y vivir de unos colectivos en unas condiciones de vida determinadas, que siempre son preindustriales. Invitan e incitan a experimentarla y cultivarla, dicen c&oacute;mo hacerlo, c&oacute;mo evitar errores, c&oacute;mo progresar en ella.<\/p>\n<p> A trav&eacute;s del cultivo de esa dimensi&oacute;n <br \/> -conducen a un amor incondicional de toda realidad, humana y no humana;<br \/> -conducen a un distanciamiento y desapego de las situaciones, de nuestros intereses y rechazos, de nosotros mismos. Ese desapego permite que podamos interesarnos por la realidad misma, sin tener en cuenta las ventajas que podamos sacar nosotros de ello.<\/p>\n<p> -Conducen al silenciamiento interior. Gracias a &eacute;l, callamos todas nuestras interpretaciones y valoraciones al acercarnos a las cosas y a las personas. Y las silenciamos porque esas interpretaciones y valoraciones est&aacute;n formadas desde la egocentraci&oacute;n propia de unos vivientes necesitados. <\/p>\n<p>El silencio interior posibilita el desapego y la distancia que nos facilita el inter&eacute;s y el amor por todo lo real; un inter&eacute;s que es por las personas y las cosas mismas, sin que nuestros ganancias o p&eacute;rdidas les pongan condiciones.<\/p>\n<p> El inter&eacute;s sin condiciones por todo, el paso atr&aacute;s que supone el desapego y el silenciamiento interior, son requisitos para acceder a la experiencia absoluta de lo real y para el cultivo de la espiritualidad, y son tambi&eacute;n la base de toda calidad humana, se presente donde se presente.<\/p>\n<p> Podemos heredar el legado de las tradiciones sin tener que heredar, a la vez, sus sistemas de creencias, sus sistemas m&iacute;ticos y simb&oacute;licos -que eran los procedimientos de programaci&oacute;n colectiva de las sociedades preindustriales-, ni sus modos de comportamiento y organizaci&oacute;n.<\/p>\n<p> Podemos hacerlo y debemos hacerlo; de lo contrario despreciar&iacute;amos un riqu&iacute;simo legado de sabidur&iacute;a, fuente de calidad humana y de espiritualidad. <\/p>\n<p>De esa herencia podemos aprender las formas del cultivo de la calidad humana, sin tener que pasar por creencias, ni religiosas, ni laicas.<\/p>\n<p> Desde esta perspectiva queda patente que es posible un cultivo de la espiritualidad, que es el cultivo de la dimensi&oacute;n absoluta de nuestra experiencia de la realidad, sin tener que pasar por las viejas formas propias de las religiones, ni tener que pasar por sus sistemas de creencias.<\/p>\n<p> Es posible hacerlo y dir&iacute;a, que en las circunstancias propias de las sociedades din&aacute;micas de innovaci&oacute;n, es la &uacute;nica manera posible de hacerlo, sin tener que partir de cero, sino heredando el inmenso legado de todas las tradiciones espirituales de la humanidad. Todas esas tradiciones son nuestras, todas son nuestra herencia. Todas est&aacute;n a nuestra disposici&oacute;n, si nos tomamos la molestia de aprender a leerlas sin buscar en ellas soluciones a nuestros problemas, sin buscar en ellas c&oacute;mo hemos de interpretar y valorar la realidad, qu&eacute; hemos de creer, c&oacute;mo hemos de vivir, actuar y organizarnos. Todas esas cuestiones ya sabemos que debemos resolverlas nosotros mismos con nuestros propios medios y apoyados en nuestra propia cualidad. En las tradiciones religiosas encontraremos s&oacute;lo lo que se refiere a esa segunda dimensi&oacute;n de lo real.<\/p>\n<p> Todas las tradiciones tienen que ser le&iacute;das y vividas desde estas nuevas condiciones culturales. Pero unas son m&aacute;s f&aacute;ciles de releer o descodificar que otras.<\/p>\n<p> Podr&iacute;amos decir que las grandes tradiciones religiosas de la humanidad se podr&iacute;an dividir en dos grandes bloques: las que se expresan en sistemas m&iacute;ticos, simb&oacute;licos y rituales, y las que, con leve apoyo simb&oacute;lico, se expresan por medios conceptuales.<\/p>\n<p> En el primer grupo se encuentran las tres grandes tradiciones occidentales: el juda&iacute;smo, el cristianismo y el islam. En el segundo grupo se sit&uacute;an principalmente las grandes tradiciones orientales: algunas corrientes del hinduismo, el budismo y el tao&iacute;smo. El hinduismo, como en todo, cabalga entre los dos grupos.<\/p>\n<p> Las tradiciones que se expresan con un m&iacute;nimo aparato simb&oacute;lico y por medios conceptuales que, adem&aacute;s, no son sistemas de programaci&oacute;n colectiva, son m&aacute;s f&aacute;ciles de descodificar para sociedades, como las nuestras, de conocimiento. Por esta causa se han expandido m&aacute;s r&aacute;pidamente por todo el Occidente.<\/p>\n<p> Las que se expresan y viven por medio de grandes narraciones sagradas, mitos, s&iacute;mbolos y rituales, que son, a la vez, sistemas de programaci&oacute;n colectiva de las sociedades preindustriales, resultan algo m&aacute;s dif&iacute;ciles; no porque en s&iacute; lo sean, sino por el h&aacute;bito que tenemos de tomar esos mitos y s&iacute;mbolos como descripciones de personajes y hechos.<\/p>\n<p> Hay que aprender a leerlas simb&oacute;licamente, es decir, no como descripci&oacute;n de hechos y personajes, sino como met&aacute;foras, como s&iacute;mbolos que apuntan y aluden a la dimensi&oacute;n absoluta de la realidad. Tenemos que aprender a leerlos y vivirlos como hacemos con los poemas. <\/p>\n<p>Eso no es algo dif&iacute;cil, si se superan los viejos h&aacute;bitos, que son milenarios. Si no se logra superar esos h&aacute;bitos, resulta imposible. Sin embargo, para la mayor&iacute;a de las nuevas generaciones de nuestras sociedades desarrolladas, esa lectura puede resultar muy f&aacute;cil, porque las nuevas generaciones, con excepci&oacute;n de una escueta minor&iacute;a, han perdido las creencias y se han alejados de las religiones.<\/p>\n<p><span> Hay que volver al gran legado de las tradiciones religiosas de la humanidad, al legado de todas, pero desde donde estamos, desde sociedades laicas, sin creencias ni sacralidades. Ah&iacute; tenemos una gran herencia desde la que poder cultivar la calidad de individuos y grupos y la espiritualidad, sin tener que ser hombres religiosos ni creyentes.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Los rasgos de las nuevas sociedades y de la din&aacute;mica que desencadenan. Las nuevas sociedades industriales viven y prosperan a trav&eacute;s de la creaci&oacute;n continua de nuevos conocimientos cient&iacute;ficos y de nuevas tecnolog&iacute;as. 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