{"id":53148,"date":"2011-06-29T00:00:00","date_gmt":"2011-06-29T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"la_espiritualidad_como_reto_y_fuerza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/la_espiritualidad_como_reto_y_fuerza\/","title":{"rendered":"La espiritualidad como reto y fuerza transformadora en las sociedades de conocimiento"},"content":{"rendered":"<h4>1. El conocimiento en las sociedades de conocimiento<\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En  las nuevas sociedades, en la medida en que &eacute;stas viven de la innovaci&oacute;n y  producci&oacute;n continua de conocimiento, lo absoluto s&oacute;lo puede ser vivido  v&iacute;a la espiritualidad, como la realidad sin fondo ni forma que es, no  v&iacute;a la religi&oacute;n. Y en este sentido, tanto para la sociedad como para sus  miembros, la espiritualidad aparece como una necesidad y como un reto.  No hay otra forma de vivirlo, ya que su posibilidad viene determinada  por la naturaleza y funci&oacute;n del conocimiento que hace posible la misma  sociedad. En otras palabras, en las nuevas sociedades el conocimiento  opera como un principio de realidad o matriz posibilitadora que no  podemos negar. Si vivimos de este tipo de conocimiento y gracias a &eacute;l,  tenemos que aceptarlo, con los cambios antropol&oacute;gicos, axiol&oacute;gicos y  religiosos que su presencia y accionar implican.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Decimos  sociedades que viven de la innovaci&oacute;n y producci&oacute;n continua  de  conocimiento, porque la innovaci&oacute;n y producci&oacute;n continua de  conocimiento  suponen a su vez un tipo nuevo de conocimiento. Con la  expresi&oacute;n  &lsquo;innovaci&oacute;n y producci&oacute;n continua&rsquo; no se pretende tanto  enfatizar la  cantidad creciente de productos que caracterizan a  nuestras sociedades y  la din&aacute;mica imparable con la que se producen,  como la forma nueva como  se producen: gracias a un tipo de conocimiento  nuevo, sistem&aacute;ticamente  cient&iacute;fico y tecnol&oacute;gico, funcional,  instrumental, no axiol&oacute;gico. Si  solo se tratara de cantidad, novedad y  rapidez como criterios, pero con y  desde el mismo tipo de conocimiento  con el que invent&aacute;bamos y  fabric&aacute;bamos todo antes, no habr&iacute;a cambios  antropol&oacute;gicos. El  conocimiento con su pretensi&oacute;n de conocer la  realidad y el sentido de  &eacute;sta en tanto universo y cosmos, mundo y  sociedad, vida e historia,  seguir&iacute;a teniendo vigencia, fuera religioso o  meramente laico.  Seguir&iacute;amos viviendo guiados y orientados por valores  que cre&iacute;amos  descubrir en la realidad, como fue el caso durante toda  la primera  revoluci&oacute;n industrial, desde el siglo XVIII hasta hace unas  d&eacute;cadas.  Pero se trata de un cambio en la naturaleza y funci&oacute;n mismas  del  conocimiento.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &Eacute;ste no parte tanto de la realidad como de postulados que le permitan en un sentido deseado afectar la realidad, cambiarla, transformarla. Por ello tampoco la conoce en el sentido de antes, en su supuesta esencia o realidad, ni aspira a ello. Su conocimiento no es descriptivo sino constructivo y, en este sentido, mediacional, pasajero, instrumental, no permanente. Y as&iacute; es como se siente m&aacute;s verdadero, m&aacute;s &uacute;til. Si describiera como antes la realidad, sentir&iacute;a que est&aacute; practicando un conocimiento m&iacute;tico &ndash;epistemolog&iacute;a m&iacute;tica&ndash;, sin correspondencia con la realidad. De ah&iacute; que tenga que seguir su propia epistemolog&iacute;a, no descriptiva, no m&iacute;tica, sino funcional y tecnol&oacute;gica.<br \/>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Este cambio en la naturaleza y funci&oacute;n del conocimiento humano es el que est&aacute; en el origen del cambio en el conocimiento religioso. Si el conocimiento tal como lo requerimos y lo utilizamos actualmente no nos entrega el conocimiento de la realidad respectiva que aparentemente conoce sino que la modela y la construye, mucho menos el conocimiento religioso. Este, por ejemplo, no nos entrega el conocimiento de Dios, como tampoco de ninguna realidad genuinamente religiosa. Y ello por dos razones b&aacute;sicas. La primera, porque como conocimiento no puede ser descriptivo, objetivista, copia de la realidad. La segunda, porque lo religioso as&iacute; conocido no es tal. Un Dios as&iacute; conocido, como causa, principio, objeto o sujeto, no es esa realidad&nbsp; que las tradiciones religiosas han llamado &lsquo;Dios&rsquo;. Utilizado en su pretensi&oacute;n denotativa o descriptiva, lo que se llama &ldquo;Dios&rdquo; pierde todo lo que tiene de absoluto y trascendente para venir a ser una parte m&aacute;s de esta realidad funcional, aunque sea la parte m&aacute;s noble y suprema, convertida en causa primera o principio creador. Por ambas razones el conocimiento religioso deja de ser tal.<br \/>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Pero no solamente deja de ser tal, sino que al conocimiento que le suceda, si es que esta posibilidad existe, se le impone tambi&eacute;n la necesidad de operar en base a postulados, verdades operativas y en este sentido supuestas, no ontol&oacute;gicas y definitivas. De modo que, en este sentido, el conocimiento religioso nuevo tendr&aacute; que ser constructor m&aacute;s que conocedor, y para ello operar en base a postulados que los resultados que se obtengan validar&aacute;n o improbar&aacute;n. Decimos en &lsquo;este sentido&rsquo;, porque rigurosamente hablando, a&uacute;n partiendo de postulados, el nuevo conocimiento religioso o espiritual no ser&aacute; constructor sino creador. No se limitar&aacute; a poner en la realidad lo ya existente, aunque sea de manera impl&iacute;cita, en un conocimiento y en un m&eacute;todo previamente pose&iacute;do, sino que crear&aacute; una nueva realidad, la m&aacute;s &uacute;ltima, la m&aacute;s real, la m&aacute;s sublime.<br \/>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Ahora bien, este nuevo conocimiento, gracias al cual y cada d&iacute;a m&aacute;s podemos vivir y sobrevivir como individuos y como sociedad, en la medida en que no percibe a la realidad objetivamente, esto es, val&oacute;ricamente, axiol&oacute;gicamente, en sociedades como las nuestras, con tanto poder transformador de la misma realidad, nos lleva literalmente a una cat&aacute;strofe, humana y de civilizaci&oacute;n, si en su aplicaci&oacute;n se limita a s&iacute; mismo al mundo puramente material y t&eacute;cnico o instrumental. Ya que un conocimiento as&iacute;, no s&oacute;lo es un conocimiento sin fines y objetivos, sino incapaz de formularlos. Y ninguna sociedad, mucho menos las nuestras por su poder, pueden vivir sin fines ni objetivos. Simplemente, no son viables. De ah&iacute; la necesidad de ampliar este conocimiento en base a postulados a todo el campo de la axiolog&iacute;a, al campo por ejemplo de la &eacute;tica, e incluso de la misma espiritualidad. Ya que como planteaba Mari&aacute; Corb&iacute; en un gui&oacute;n de temas para este post-coloquio, &laquo;Las transformaciones culturales m&aacute;s profundas no est&aacute;n ocurriendo en el mundo cient&iacute;fico y tecnol&oacute;gico, sino en el mundo axiol&oacute;gico, en el mundo de la concepci&oacute;n del valor, de los proyectos colectivos, de la cualidad humana, de la religi&oacute;n y de la espiritualidad&raquo;. <br \/>&nbsp;&nbsp; &nbsp;En las sociedades de conocimiento axiolog&iacute;a y espiritualidad constituyen, pues, una necesidad y un reto, que deben ser atendidos desde el primer momento, no una vez que el nuevo conocimiento haya impuesto una construcci&oacute;n sin sentido.<\/p>\n<h4>2. La espiritualidad como necesidad y como reto<\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En las nuevas sociedades la espiritualidad constituye una necesidad y un reto por varias razones.<br \/>&nbsp;&nbsp; &nbsp;En primer lugar, porque como hemos visto el quiebre del conocimiento objetivo desobjetiva a su vez el conocimiento religioso pasado, y al desobjetivarlo lo vuelve m&iacute;tico, ineficiente, por no decir sin pertinencia. De ah&iacute; que si los contenidos genuinos de las religiones pasadas van a tener a&uacute;n valor e importancia para nosotros, ello ha de ser como experiencia espiritual, como conocimiento y valor totales y gratuitos, sin fondo ni forma. En otras palabras, podremos vivir todo lo religiosamente genuino que nuestros antepasado vivieron bajo la forma religiosa, pero sin creencias. Esta es la &uacute;nica forma en la que las religiones podr&aacute;n &ldquo;sobrevivir&rdquo; en nuestras sociedades de conocimiento, como espiritualidad o cualidad humana profunda.<br \/>&nbsp;&nbsp; &nbsp;En segundo lugar, y &eacute;sta es la raz&oacute;n m&aacute;s de fondo, porque, como vimos, el conocimiento actual operando en base a postulados, funcional y pragm&aacute;tico como es, necesita de la espiritualidad como fin y objetivo &uacute;ltimo en t&eacute;rminos de calidad humana y por tanto ya presente para individuos y sociedades ahora y aqu&iacute;. Lo necesitamos como sociedades y como individuos, lo necesita el propio conocimiento, incluso en aquello que tiene de m&aacute;s pragm&aacute;tico y de m&aacute;s operativo. Porque sin una capacidad para imaginarse, pensar y concebir la realidad m&aacute;s all&aacute; de toda posibilidad pragm&aacute;tica, lo pragm&aacute;tico se siente y resultado limitado en su propio ser pragm&aacute;tico. Y esto, dejada aparte la frustraci&oacute;n que produce, es un l&iacute;mite contradictorio con una sociedad que vive y tiene que vivir de la innovaci&oacute;n y producci&oacute;n continua de conocimiento. De hecho, as&iacute; lo est&aacute;n sintiendo ya los cient&iacute;ficos de punta. Se dir&iacute;a que &eacute;stos, para pensar en t&eacute;rminos cada vez m&aacute;s &ldquo;realistas&rdquo; la realidad, sienten la necesidad de pensarla de manera &ldquo;no realista&rdquo; o espiritual, que en el fondo es la forma m&aacute;s realistas, seg&uacute;n la expresi&oacute;n de Joan Margarit, premio nacional de poes&iacute;a en Espa&ntilde;a el 2010, &laquo;la poes&iacute;a es mucho m&aacute;s real que la econom&iacute;a&raquo;, o la expresi&oacute;n de Novalis recogida por Octavio Paz, &laquo;la poes&iacute;a no hace pero hace que se pueda hacer&raquo;.<br \/>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Ante esta necesidad y este reto, se podr&aacute; hacer la pregunta, &iquest;no bastar&aacute; con la producci&oacute;n de una &eacute;tica? &iquest;Para qu&eacute; la espiritualidad? La &eacute;tica es simplemente necesaria, a&uacute;n con espiritualidad. Como ambas se ubican en dimensiones diferentes, una en la dimensi&oacute;n funcional a la vida, la otra en la dimensi&oacute;n de la gratuidad, la &eacute;tica es sumamente necesaria. Sin los fines y objetivos que la &eacute;tica representa y en funci&oacute;n de los cuales define el actuar humano, individual y social, la sociedad como proyecto humano resulta inviable. Pero no basta. Por naturaleza y funci&oacute;n la &eacute;tica es procesual, apunta siempre a un futuro que opera como horizonte y se desplaza como &eacute;ste, y en este sentido nunca puede ser realizaci&oacute;n plena y total en el presente. S&iacute;, la &eacute;tica no es realizaci&oacute;n plena y total aqu&iacute; y ahora, y el ser humano, una vez que la ha descubierto, aspira a esta realizaci&oacute;n aqu&iacute; y ahora, de manera que no se realiza si no la logra. Y esta es la realizaci&oacute;n que le ofrece la espiritualidad. De ah&iacute; que, adem&aacute;s de la &eacute;tica y juntamente con ella, sea necesaria la espiritualidad.<br \/>&nbsp;&nbsp; &nbsp;En sociedades pasadas, sobre todo agrarias, la superposici&oacute;n de &eacute;tica y espiritualidad, frecuentemente vividas ambas en el marco de las religiones de creencias, no hac&iacute;a necesaria tal distinci&oacute;n, aunque suele estar presente en los grandes hombres y mujeres espirituales. Pero en nuestras sociedades &eacute;sta es una necesidad cada vez mayor: una &eacute;tica, aunque necesaria, sin espiritualidad se revela cada d&iacute;a m&aacute;s como lo que es, necesaria para garantizar la realizaci&oacute;n del ser humano y orientar la construcci&oacute;n del proyecto humano, pero insuficiente. Porque no puede aportar la realizaci&oacute;n a la que el ser humano aspira, y porque tambi&eacute;n como &eacute;tica necesita del trasfondo de ese imaginario sin l&iacute;mite que es la espiritualidad, para originarse y concebirse en su fin y en su objeto.<br \/>&nbsp;&nbsp; &nbsp;La fundamentaci&oacute;n &uacute;ltima de la segunda raz&oacute;n, de la espiritualidad como necesidad y reto frente a un conocimiento que act&uacute;a en base a postulados, y no s&oacute;lo frente sino en el marco de este, es la propia antropolog&iacute;a humana tal como la misma es afectada por este mismo conocimiento. Si no fuera as&iacute;, si la antropolog&iacute;a humana no hiciera necesaria la espiritualidad como realizaci&oacute;n humana, a ello habr&iacute;a que resignarse tomando la realidad como es. Pero al ser, antropol&oacute;gicamente hablando,&nbsp; esta realizaci&oacute;n posible, &eacute;sta es la se constituye como ideal, quedando cualquier otra como inferior y, en tanto inferior, no realizadora, por m&aacute;s exitosa que t&eacute;cnica y materialmente resulte. Las torres de Babel desde que conciben sus cimientos mismos est&aacute;n condenadas a su autodestrucci&oacute;n, y ello tanto m&aacute;s cuanto m&aacute;s poderosas son, cuanto m&aacute;s se construyen de manera impertinente, dejando alguna dimensi&oacute;n esencial por fuera de su concepci&oacute;n, cimientos y estructuras.<\/p>\n<h4>3. Una necesidad y un reto ya<\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;La espiritualidad como necesidad y como reto comienza a ser real tan pronto se la descubre, si no antes, con el mismo comienzo de las sociedades de conocimiento. En otras palabras, la atenci&oacute;n y respuesta que demanda es impostergable, tiene que comenzar con su propio descubrimiento. No se trata de un aporte deseable en caso de querer hacer individuos y sociedades perfectas, pero sin el cual individuos y sociedades pueden vivir confortablemente &ndash;si se desarrollan primera y prioritariamente otros recursos y capacidades, como el mismo conocimiento y la t&eacute;cnica&ndash;, y si no confortablemente, al menos con problemas y conflictos en un grado o nivel de tolerables, tal como siempre parece haber sucedido en el pasado.<br \/>&nbsp;&nbsp; &nbsp;En el pasado los cambios de paradigma cognitivo y axiol&oacute;gico siempre fueron traum&aacute;ticos, no hay que olvidarlo, y nunca fueron tan radicales y profundos como en el presente. Todos los paradigmas anteriores al nuestro comportaban con ellos la axiolog&iacute;a necesaria para guiar y orientar la sociedad. El nuestro no. En este sentido es in&eacute;dito. Adem&aacute;s del ritmo vertiginoso, arrollador y profundo de los cambios. Son cada vez m&aacute;s frecuentes los analistas y pensadores que ven una relaci&oacute;n necesaria entre el tipo de conocimiento y te t&eacute;cnica desarrollados y los graves problemas que estamos sufriendo como planeta y como especie. Para referirse a este cambio producido en el ser humano algunos utilizan un t&eacute;rmino biol&oacute;gico muy fuerte, mutaci&oacute;n, mutaci&oacute;n antropol&oacute;gica. En cualquier caso, aunque la relaci&oacute;n entre conocimiento y problemas no sea tan necesaria, es un hecho que nadie consciente de los problemas causados y de su envergadura aprueba el uso casi exclusivamente instrumental y utilitarista que estamos haciendo del mismo. Al contrario, la preocupaci&oacute;n grave es la t&oacute;nica dominante, al mismo tiempo que nuestras sociedades han sido llamadas, y no sin raz&oacute;n, &ldquo;sociedades de riesgo&rdquo;. En otras palabras, la espiritualidad es una necesidad y un reto ya, que no puede ser postergado.<br \/>&nbsp;&nbsp; &nbsp;La espiritualidad, que la naturaleza y funci&oacute;n del nuevo conocimiento hace surgir como una dimensi&oacute;n cuyo cultivo es individual y socialmente necesaria, tiene que estar presente desde ya en la construcci&oacute;n de la sociedad de conocimiento y ello de una manera transformadora. Y lo primero que tiene que afectar es al propio conocimiento, redimension&aacute;ndolo y enmarc&aacute;ndolo dentro del marco total que ella constituye y significa. Un reto muy sentido pero nada f&aacute;cil de descubrir y formular en sus concreciones, dado que el mismo supone descubrir la articulaci&oacute;n posible y deseable entre espiritualidad y funcionalidad, entre dimensi&oacute;n absoluta del ser humano y dimensi&oacute;n relativa, y la relaci&oacute;n entre ambas, aunque muy importante y necesaria, es indirecta, no directa, como por lo dem&aacute;s entre el arte y todo lo que es t&eacute;cnico y funcional.<br \/>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Como se ve, no se trata de la necesidad de una revoluci&oacute;n m&aacute;s, &eacute;sta ya no basta, sino de una transformaci&oacute;n o, mejor a&uacute;n, mutaci&oacute;n antropol&oacute;gica. Es el ser humano el que hay que cambiar para cambiar su relaci&oacute;n con la realidad e incluso &eacute;sta. Por ello la espiritualidad es transformadora y liberadora, la &uacute;nica fuerza realmente transformadora y liberadora. La &uacute;nica a la altura de la necesidad y de los retos que de un tiempo a esta parte estamos experimentando. Desde este punto de vista la creaci&oacute;n de condiciones para que la misma se d&eacute;, ya que el hecho en s&iacute; de darse no puede ser objeto de nada,&nbsp; debiera ser pol&iacute;tica de Estados, de todos los Estados del mundo y si la hubiera de la autoridad que los representara a todos.<br \/>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Redimensionando y enmarcando el conocimiento que hoy tenemos como matriz posibilitadora de vida, la espiritualidad tiene que transformar todo lo dem&aacute;s, en esa relaci&oacute;n sin embargo indirecta que es la suya con la realidad que llamamos funcional, esto es, en funci&oacute;n de la vida. Creaci&oacute;n hacia dentro de s&iacute; misma y transformaci&oacute;n hacia fuera son las dos funciones que deben ser connaturales, s&iacute; as&iacute; se nos permite hablar de funci&oacute;n y connaturalidad donde no hay tal, a la espiritualidad desde que es tal. Como realizaci&oacute;n m&aacute;xima del ser humano que es, ella est&aacute; llamada a ser la mayor fuerza transformadora de toda la dimensi&oacute;n c&oacute;smica y humana, incluida en &eacute;sta la dimensi&oacute;n cultural, social y pol&iacute;tica. Y tiene que serlo desde un principio, desde le propio conocimiento que, por as&iacute; decir, la hace visible como necesidad y como reto, no despu&eacute;s y como un complemento. Aunque reconociendo que conocimiento y t&eacute;cnica, como toda la construcci&oacute;n de lo funcional a la vida, son realidades aut&oacute;nomas que en su dimensi&oacute;n deben construirse de acuerdo a sus posibilidades. La funci&oacute;n de la espiritualidad ser&aacute; de inspiraci&oacute;n y fuerza, de identificaci&oacute;n a la vez que de distancia, de realizaci&oacute;n y transformaci&oacute;n.<br \/>&nbsp;&nbsp; &nbsp;En cuanto a la capacidad transformadora de la espiritualidad, ya lo hemos expresado, no hay otra humanamente superior. Plena y totalmente desinteresada, no tendr&aacute; otro inter&eacute;s que el de la propia realidad a vivir y transformar y lo har&aacute; con toda la plenitud y el ser que es. La espiritualidad en s&iacute; misma no tiene proyecto propio y s&iacute; una cualidad que le hace la fuente humana de compromiso por excelencia: la de identificarse en la unidad con la realidad que descubre como la realidad es, en su ser m&aacute;s profundo, y la de poder de mantenerse distante de aquella que la realidad tiene de no tal.<br \/>&nbsp;&nbsp; &nbsp;En s&iacute;ntesis, conocimiento y espiritualidad son claves en la construcci&oacute;n de las sociedades humanas actuales y en el futuro. Las dos desde el principio, y el conocimiento como paradigma enmarcado en la espiritualidad. Las sociedades actuales viviendo de la innovaci&oacute;n y producci&oacute;n continua de conocimiento, tienen que ser tambi&eacute;n sociedades de creaci&oacute;n continua de espiritualidad, aun recordando siempre que &laquo;lo esencial es invisible a los ojos&raquo; (Antoine de Saint Exupery) o su expresi&oacute;n equivalente, &laquo;lo esencial no se puede ense&ntilde;ar&raquo; (Marcel L&eacute;gaut).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. El conocimiento en las sociedades de conocimiento &nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp; En las nuevas sociedades, en la medida en que &eacute;stas viven de la innovaci&oacute;n y producci&oacute;n continua de conocimiento, lo absoluto s&oacute;lo puede ser vivido v&iacute;a la espiritualidad, como la realidad sin fondo ni forma que es, no v&iacute;a la religi&oacute;n. 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