{"id":53190,"date":"2007-12-01T00:00:00","date_gmt":"2007-12-01T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"la_casa_de_tres_botones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/la_casa_de_tres_botones\/","title":{"rendered":"LA CASA DE TRES BOTONES"},"content":{"rendered":"<p><span><span style=\"font-weight: bold;\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Gianni Rodari <\/span><\/span><\/p>\n<p> &Eacute;rase una vez un carpintero llamado Tres Botones. Quiz&aacute;s se llamaba Juan o Napole&oacute;n, pero desde hac&iacute;a tanto tiempo que todo el mundo le llamaba Tres Botones, que ya nadie se acordaba de su verdadero nombre, ni tan siquiera &eacute;l mismo.<\/p>\n<p>Viv&iacute;a en un pueblo tan pobre que la gente no ten&iacute;a dinero para dedicarlo a hacerse muebles nuevos. En todo un a&ntilde;o, m&aacute;s o menos, le encargaban tan s&oacute;lo una mesa y cuatro sillas. En todo el &uacute;ltimo a&ntilde;o s&oacute;lo le hab&iacute;an encargado un taburete. <\/p>\n<p>&#8211; &iquest;No quer&eacute;is un armario? -preguntaba. <br \/>&#8211; Vete a saber lo que nos costar&iacute;a &iquest;c&oacute;mo te vamos a pagar? -le respond&iacute;an. <br \/>&#8211; &iquest;No querr&iacute;ais acaso una cajonera? -volv&iacute;a a preguntar. <br \/>&#8211; &iexcl;Debe de costar un ojo de la cara! <br \/>&#8211; &iquest;Quer&eacute;is un perchero? <br \/>&#8211; &iquest;Y qu&eacute; colgaremos? &ndash;le contestaban- La poca ropa que tenemos, la llevamos puesta. Tres Botones pens&oacute;: \u00abMe conviene marcharme de aqu&iacute;. Pero si voy a otro pueblo, tendr&eacute; que comprarme una casa, o alquilar una. Me parece que lo que m&aacute;s me conviene es fabricar una casita de madera y ponerle ruedas: as&iacute; podr&eacute; llevarla por todas partes y cuando me haga rico me casar&eacute;, y cuando me haya casado se la dar&eacute; a mis hijos para que jueguen\u00bb. Dicho y hecho, se puso en seguida a trabajar.<br \/> Como era un buen carpintero, no le asustaba el trabajo ni tem&iacute;a darse con el martillo en los dedos. Tres Botones era peque&ntilde;o y delgado as&iacute; que con una casa peque&ntilde;ita ten&iacute;a suficiente. De hecho la hizo tan peque&ntilde;ita que s&oacute;lo cab&iacute;a &eacute;l, su martillo y el cepillo, pero ya la sierra tuvo que colgarla de un clavo en el exterior. Sobre la puerta escribi&oacute; su nombre: \u00abTres Botones\u00bb. Le puso cuatro ruedas a la casa y una barra para poder tirar de ella. \u00abMirad -dec&iacute;a la gente- Tres Botones se ha hecho una casa con mango\u00bb. Y se re&iacute;an de &eacute;l. Pero Tres Botones hac&iacute;a ver que no se enteraba. Y el d&iacute;a que se march&oacute; con su casa a cuestas, le dec&iacute;an: <\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qu&eacute;? &iquest;Y la gasolina d&oacute;nde la pones? &iquest;Te la bebes?<br \/> Por toda respuesta Tres Botones se quit&oacute; el sombrero haci&eacute;ndoles un saludo de despedida. La casa era ligera, f&aacute;cil de tirar de ella. Cuando hab&iacute;a un descenso, Tres Botones se met&iacute;a dentro y se dejaba llevar por la pendiente. Anda que te andar&aacute;s, lleg&oacute; la noche y Tres Botones se par&oacute; en un prado. \u00abDormir&eacute; aqu&iacute;, que por hoy ya he hecho suficiente camino\u00bb. No hab&iacute;a pasado una hora, que le despert&oacute; la lluvia repicando sobre el tejado. Hab&iacute;a estallado una tormenta y los rayos ca&iacute;an por doquier. <\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Vaya forma de tronar! &ndash;pens&oacute;. Pero no eran s&oacute;lo los truenos. Alguien estaba dando golpes en las paredes, y oy&oacute; una voz que imploraba: <br \/>&#8211; &Aacute;breme, por favor. &Aacute;breme, Tres Botones! <br \/>&#8211; &iquest;Qui&eacute;n hay? <br \/>&#8211; Estoy empapado, d&eacute;jame entrar. <br \/>&#8211; Int&eacute;ntalo, si puedes &ndash;respondi&oacute; Tres Botones, abriendo la puertecita-. La casa me la he hecho a medida, pero me alegrar&eacute; mucho si cabes.<br \/>&#8211; D&oacute;nde cabe uno, caben dos &ndash;se oy&oacute;. Y entr&oacute; un viejecito que tras escurrirse la barba se acomod&oacute;.<br \/> -&iquest;Sabes qui&eacute;n soy? &ndash;pregunt&oacute; el viejo<br \/>&#8211; &iquest;Qui&eacute;n eres? &ndash;respondi&oacute; Tres Botones. <br \/>&#8211; Soy tu t&iacute;o Caramella. Me he quedado solo, no tengo a nadie que me ponga un plato caliente sobre la mesa, y he pensado en ti. Imag&iacute;nate el disgusto que he tenido cuando los del pueblo me han dicho que te hab&iacute;as marchado. Por suerte unos ni&ntilde;os hab&iacute;an visto qu&eacute; camino hab&iacute;as tomado y aqu&iacute; estoy. Te has hecho una casa nueva, &iquest;verdad? &iquest;Ser&aacute; que las cosas te van bien? <br \/>&#8211; M&aacute;s o menos &ndash;dijo Tres Botones. <br \/>&#8211; Me alegro &ndash;suspir&oacute; el t&iacute;o Caramella-. Pero ahora, perd&oacute;name, necesito dormir. Ya hablaremos ma&ntilde;ana por la ma&ntilde;ana. <br \/>&#8211; Buenas noches &ndash;dijo Tres Botones. Pero no pod&iacute;a dormirse y rasc&aacute;ndose la mollera no dejaba de pensar que el pobre viejo seguramente no hab&iacute;a cenado. Como &eacute;l. Y tronaba y tronaba. Pero no eran s&oacute;lo los truenos. Alguien estaba golpeando la puerta. Oy&oacute; una voz que suplicaba<br \/>&#8211; &iexcl;Abrid, por favor! <br \/>&#8211; &iquest;Qui&eacute;n es? <br \/>&#8211; Una pobre mujer con sus tres hijos. La tormenta nos ha pillado de camino y no tenemos donde refugiarnos. <br \/>&#8211; Entrad si pod&eacute;is &ndash;les dijo Tres Botones, abriendo la puerta-. La casa me la hice a medida, pero si cab&eacute;is me alegrar&eacute; mucho. <br \/>&#8211; D&oacute;nde caben dos, caben tres. Los ni&ntilde;os, ya se sabe, caben en todas partes &ndash;dijo la mujer. Entr&oacute; ella y sus ni&ntilde;os y se echaron todos a dormir. <br \/>&#8211; &iexcl;Os lo agradezco tanto! &ndash;dijo la mujer- Qu&eacute; bien se est&aacute; aqu&iacute; adentro <br \/>&#8211; Perdonad la indiscreci&oacute;n pero &iquest;d&oacute;nde ibais con este temporal? &ndash;pregunt&oacute; Tres Botones. <br \/>&#8211; Avanz&aacute;bamos sin destino &ndash;dijo la mujer poni&eacute;ndose a llorar. Me he quedado viuda con estos tres hijitos, no pod&iacute;a pagar el alquiler del piso y el due&ntilde;o me ha echado. &iexcl;No s&eacute; qu&eacute; ser&aacute; de nosotros ma&ntilde;ana! <br \/>&#8211; No pens&eacute;is en ello. Intentad dormir &ndash;le dijo Tres Botones. Pero Tres Botones no pod&iacute;a dormir: pensaba en la pobre viuda y sus hijitos. Y mientras le daba vueltas a que ninguno de ellos habr&iacute;a cenado, igual que su t&iacute;o y que &eacute;l, no paraba de llover. Y con esas que alguien llam&oacute; de nuevo a la puerta pidiendo refugio. <br \/>&#8211; D&oacute;nde caben cinco, caben seis&#8230; D&oacute;nde caben seis, caben siete&#8230; D&oacute;nde caben once, caben doce&#8230; Justo antes de amanecer, cuando m&aacute;s oscuro estaba y m&aacute;s fuerte tronaba, se oyeron unos golpes poderosos que hicieron temblar toda la casa.<br \/>-&iexcl;Abrid! &ndash;se oy&oacute;. <br \/>&#8211; Pod&iacute;a haber dicho \u00abpor favor \u00bb &ndash;pens&oacute; Tres Botones algo sorprendido. Pero abri&oacute; de todas maneras y se encontr&oacute; delante de&#8230; <br \/>&#8211; &iexcl;D&eacute;jame entrar! <br \/>Pero era&#8230; <br \/>&#8211; &iexcl;Deja entrar tambi&eacute;n a mi caballo! <br \/>No cab&iacute;a duda alguna: el manto estaba empapado pero la corona brillaba un mont&oacute;n, como si la tormenta le hubiera sacado el brillo. Era el Rey, que se hab&iacute;a perdido en el bosque durante una cacer&iacute;a. <br \/>&#8211; D&oacute;nde caben doce, caben trece &ndash;murmur&oacute; Tres Botones inclin&aacute;ndose. Y a&ntilde;adi&oacute;: <br \/>&#8211; Y d&oacute;nde cabe un Rey, cabe tambi&eacute;n su caballo. <br \/>El rey entr&oacute; y con la luz de una vela mir&oacute; alrededor suyo. <br \/>&#8211; Vista desde fuera &ndash;dijo- tu casa parec&iacute;a m&aacute;s peque&ntilde;a. <br \/>&#8211; La verdad &ndash;respondi&oacute; Tres Botones-, yo me la hab&iacute;a hecho a medida. <br \/>&#8211; &iquest;Qu&eacute; madera has usado pues? <br \/>&#8211; De casta&ntilde;o, Majestad &ndash;respondi&oacute;. <br \/>&#8211; El casta&ntilde;o no es el&aacute;stico como la goma. Aqu&iacute; hay algo que no comprendo &ndash;dijo el rey. <br \/>&#8211; Pues m&aacute;s vale as&iacute; &ndash;dijo Tres Botones-, de lo contrario, ya me dir&aacute; usted c&oacute;mo daba cabida a toda esta gente. <br \/>Su Majestad el Rey Bernardino IV reflexion&oacute; un buen rato y finalmente dijo: <br \/>&#8211; Por narices que esto no es cuesti&oacute;n de maderas sino de coraz&oacute;n. <br \/>&#8211; &iquest;Como lo sab&eacute;is? &ndash;pregunt&oacute; Tres Botones. <br \/>&#8211; El coraz&oacute;n es peque&ntilde;o como un pu&ntilde;o, pero si se quiere se puede meter dentro toda la gente del mundo y todav&iacute;a queda lugar. Est&aacute; claro que esta casa la hab&eacute;is hecho con el coraz&oacute;n. <\/p>\n<p> Tres Botones qued&oacute; callado. Entonces el Rey pregunt&oacute; qui&eacute;n era toda aquella gente que dorm&iacute;a ah&iacute; y Tres Botones se lo fue explicando. El Rey Bernardino se entristec&iacute;a mientras escuchaba. Y m&aacute;s triste se puso todav&iacute;a cuando uno de los que ah&iacute; dorm&iacute;a, que ten&iacute;a fiebre, se quejaba en sue&ntilde;os. Se quit&oacute; la corona, como si de pronto sintiese demasiado peso. &Eacute;l que cre&iacute;a ser un buen rey y resulta que a su alrededor no hab&iacute;a m&aacute;s que gente sufriendo, sin que &eacute;l los hubiera ayudado para nada, mientras que en cambio Tres Botones les hab&iacute;a dado todo lo que ten&iacute;a: su casa. Pens&oacute; que lo mejor que pod&iacute;a hacer era retirarse, pero luego tuvo una idea algo mejor. Pod&iacute;a ayudar a toda aquella gente. Invit&oacute; a Tres Botones a trabajar a su palacio, ya que ah&iacute; no le faltar&iacute;a nunca el trabajo. Y al que necesitaba atenci&oacute;n m&eacute;dica, recibir&iacute;a atenci&oacute;n m&eacute;dica, y as&iacute; uno tras otro. Pero, a cambio, le pidi&oacute; a Tres Botones que le cediera su casa con ruedas, para poder as&iacute; ir por todo el pa&iacute;s ayudando a quien lo necesitara. Y mientras hablaba de todo esto con Tres Botones, se oy&oacute; un bocinazo muy fuerte, claramente enfadado. Y es que durante la noche, el viento hab&iacute;a empujado la casita hasta en medio de la carretera y el autob&uacute;s de l&iacute;nea no pod&iacute;a pasar. <\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Eh, vosotros! &ndash;gritaba el conductor- &iexcl;a ver si apart&aacute;is esta casa de en medio! <br \/>La gente miraba por la ventana y se re&iacute;an viendo la casa de Tres Botones. Tres Botones sali&oacute; de su casa y lo primero que not&oacute; es que ya no llov&iacute;a. Tras &eacute;l sali&oacute; el t&iacute;o Caramella, pein&aacute;ndose la barba. Tras el t&iacute;o Caramella sali&oacute; la viuda y sus tres ni&ntilde;os, el &uacute;ltimo de los cuales todav&iacute;a iba a gatas. \u00abEsto no es una casa &ndash;dec&iacute;a la gente-, sino el sombrero de un prestidigitador. &iexcl;A ver si todav&iacute;a saldr&aacute; de aqu&iacute; un conejo blanco!\u00bb <\/p>\n<p> Y venga a salir gente, venga a salir gente, los pasajeros no daban cr&eacute;dito a lo que ve&iacute;an. Y ya s&oacute;lo falt&oacute; cuando vieron salir un caballo blanco y detr&aacute;s el caballo&#8230; &iexcl;el Rey en persona! Todos quedaron mudos y el conductor hizo una reverencia que parec&iacute;a que se fuera a romper en dos. Entonces el Rey mand&oacute; que ataran la caseta detr&aacute;s del autob&uacute;s, mand&oacute; a todos subir al coche y &eacute;l mismo abr&iacute;a paso montado en su caballo. Y si los libros de historia dicen la verdad, &eacute;sta fue la primera vez (y la &uacute;ltima) que el autob&uacute;s de l&iacute;nea fue hasta la capital escoltado por el Rey. Tres Botones se cas&oacute; con la viuda y, para que los ni&ntilde;os jugaran construy&oacute; otra casita de madera con ruedas, parecida a la primera. Tambi&eacute;n era muy peque&ntilde;a, pero cab&iacute;an dentro todos los ni&ntilde;os de la ciudad y si, en el &uacute;ltimo momento, todav&iacute;a quer&iacute;a entrar un gato, no faltaba sitio para &eacute;l. <\/p>\n<p><span>Versi&oacute;n de N&uacute;ria Ventura en: Ventura, N&uacute;ria; Dur&aacute;n, Teresa. Setzevoltes (recull de contes per narrar). Gra&oacute;, 1979. <\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Gianni Rodari &Eacute;rase una vez un carpintero llamado Tres Botones. 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