{"id":53417,"date":"2008-04-13T00:00:00","date_gmt":"2008-04-13T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"el_desconcierto_de_las_organizacione","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/el_desconcierto_de_las_organizacione\/","title":{"rendered":"El desconcierto de las organizaciones religiosas"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #993300;\">Fragmento del libro de Mari&agrave; Corb&iacute;:<br \/>\u00abHacia una espiritualidad laica &#8211; Sin creencias, sin religiones, sin dioses\u00bb<\/span><\/p>\n<p><span>Hemos salido de la &eacute;poca de las sacralidades. Hasta los que se confiesan creyentes est&aacute;n entrando en esa situaci&oacute;n. Eso no quiere decir que no haya &oacute;rdenes considerados m&aacute;s perdurables que otros. Pero incluso lo m&aacute;s perdurable son copas construidas por nosotros mismos; si son m&aacute;s perdurables es exclusivamente porque saben a vino. Los dirigentes de las religiones occidentales (cristianismo, islam y judaismo) contin&uacute;an pensando y sintiendo que en los rasgos fundamentales, si no en todos, los mitos, s&iacute;mbolos y narraciones sagradas siguen cumpliendo las mismas funciones que en el pasado. Se contin&uacute;a creyendo que lo que expresan los s&iacute;mbolos, los mitos y las narraciones corresponde a entidades y hechos reales. Se cree que enuncian y proclaman realidades existentes y hechos realmente ocurridos. No se llega a comprender que la pretensi&oacute;n y la funci&oacute;n propia de los mitos, s&iacute;mbolos y narraciones sagradas de cada pueblo no era ni religiosa, ni filos&oacute;fica, ni moral. Su funci&oacute;n era programadora; su funci&oacute;n era dotar a los vivientes humanos de una naturaleza concreta viable, porque sin la programaci&oacute;n que completaban los mitos, los humanos hubieran sido biol&oacute;gicamente inviables.<\/span><\/p>\n<div style=\"text-align: justify;\">Los mitos eran equivalentes a sistemas de creencias, y se formula\u001fban as&iacute;. Ahora bien, en sociedades cimentadas sobre creencias, la di\u001fmensi&oacute;n espiritual colectiva no pod&iacute;a presentarse fuera de las creen\u001fcias. Hubiera sido un riesgo, para el sistema de programaci&oacute;n propio de las sociedades est&aacute;ticas y para la vida de esas colectividades que de\u001fb&iacute;an bloquear el cambio y las alternativas, que la espiritualidad se presentara libre de creencias.<\/p>\n<p>Los dirigentes religiosos no acaban de comprender que, para las nuevas sociedades industriales, los viejos mitos, s&iacute;mbolos, narracio\u001fnes y rituales, lo mismo que las tradiciones orales y las escritas que los vehiculaban, ya no tienen valor como patrones para interpretar la re\u001falidad, ni para valorarla, ni para organizar la vida personal, ni la co\u001flectiva, ni como patrones de la actuaci&oacute;n o de la moralidad.<\/p>\n<p>Esas funciones sociales de los mitos murieron; pero no muri&oacute; la fuerza expresiva y significativa de esas formaciones. Si se abandona la actitud que hace de los s&iacute;mbolos y mitos paradigmas sagrados e in\u001ftocables de la vida colectiva, afirmaci&oacute;n de entidades y descripci&oacute;n de hechos, y se los lee y vive como incitaciones y expresiones de la vida espiritual, siguen vivos.<\/p>\n<p>En esa nueva vida de los mitos y s&iacute;mbolos, que es la esencia y la fuerza de su ser inmemorial, tales formaciones ling&uuml;&iacute;sticas s&oacute;lo sugie\u001fren y dirigen al Absoluto que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de toda posible expresi&oacute;n con palabras humanas. Hablan de lo que no se puede hablar; apun\u001ftan a lo que sobrepasa todos nuestros criterios de realidad; se&ntilde;alan un camino que es un no-camino.<br \/>En esas formaciones ling&uuml;&iacute;sticas se hace presente la realidad in\u001fconcebible, como se hace presente la belleza en la poes&iacute;a. En esas for\u001fmaciones pesa la certeza sin formas; se ense&ntilde;a el discernimiento; se silencia el coraz&oacute;n y la mente; se abren las puertas de la confianza, la aceptaci&oacute;n, la entrega y la paz.<\/p>\n<p>En las nuevas condiciones culturales, los mitos, s&iacute;mbolos y narra\u001fciones sagradas son s&oacute;lo se&ntilde;ales en el camino, que hay que ir dejando atr&aacute;s a medida que se anda; son luces que brillan en la noche y que incitan a seguir; son presencia del esp&iacute;ritu; son hablar con formas del Sin-forma; son revelaci&oacute;n del desfondamiento de la realidad; mues\u001ftran la nada de todo lo que damos por real; son testimonio y presen\u001fcia de lo que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de nuestras nociones de sujetos y objetos; son presencia de lo que est&aacute; en toda forma porque est&aacute; vac&iacute;o de toda forma.<\/p>\n<p> Para poder sentir y vivir esa fuerza de los s&iacute;mbolos, mitos y narra\u001fciones sagradas en la nueva situaci&oacute;n, hay que suprimir de ellas la pretensi&oacute;n de que enuncian entidades reales y hechos ocurridos; hay que cancelar su pretensi&oacute;n de que interpretan y valoran la realidad que realmente existe; hay que erradicar de ellas la proclama de que son paradigmas y c&aacute;nones de actuaci&oacute;n y organizaci&oacute;n; en fin, hay que eliminar su pretensi&oacute;n de que establecen modos de vida sagradosbajados del cielo.<\/p>\n<p>Los mitos son intocables y perennes cuando se los considera como un hablar del Absoluto, del Sin-forma, del que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de todas nuestras capacidades de concepci&oacute;n; cuando hablan del camino a recorrer, del esp&iacute;ritu con el que hay que andar ese camino, de los obst&aacute;culos y desv&iacute;os que podemos encontrar, de la gracia y de la luz que viene de lo alto. No son intocables ni perennes, sino perecederos y para gran parte de la humanidad ya muertos, cuando pretenden imponer modos de interpretaci&oacute;n, valoraci&oacute;n, actuaci&oacute;n y organiza\u001fci&oacute;n; cuando se proclaman patrones divinos de los modos de vida humanos.<\/p>\n<p>Los dirigentes de las tradiciones religiosas, especialmente las occi\u001fdentales, se empe&ntilde;an en mantener el estatuto epistemol&oacute;gico prein-dustrial de los mitos, s&iacute;mbolos, narraciones sagradas y rituales, y pre\u001ftenden, coherentemente con esa actitud, que contin&uacute;en cumpliendo las funciones que ejercieron en el pasado.<\/p>\n<p>Eso equivale a pretender mantener vigente el software propio de las sociedades preindustriales est&aacute;ticas, patriarcales, agrarias, autori\u001ftarias, en sociedades que viven del desarrollo de la ciencia y de la t&eacute;c\u001fnica al servicio de la creaci&oacute;n de productos y servicios; en sociedades que viven de la innovaci&oacute;n continuada en todos los &aacute;mbitos de la vida, y que deben, por tanto, excluir toda fijaci&oacute;n en la interpreta\u001fci&oacute;n, los modos de trabajar y organizarse, en los modos de valoraci&oacute;n y cohesi&oacute;n colectiva.<\/p>\n<p>S&oacute;lo los elementos menos desarrollados, m&aacute;s marginales en la mar\u001fcha de las nuevas sociedades industriales, pueden responder a esa pre\u001ftensi&oacute;n de los dirigentes religiosos. Los elementos sociales m&aacute;s inte\u001fgrados en esa din&aacute;mica no tienen m&aacute;s remedio que rechazarla. Si no lo hicieran, se har&iacute;an a s&iacute; mismos ineptos para el nuevo tipo de socie\u001fdades.<\/p>\n<p>En el Occidente europeo, las iglesias han luchado y luchan deno\u001fdadamente por mantener la funci&oacute;n programadora de mitos, s&iacute;m\u001fbolos, narraciones sagradas y rituales as&iacute; como por mantener su es\u001ftatuto epistemol&oacute;gico preindustrial. Se han visto forzadas a ceder te\u001frreno en muchos aspectos, pero se han atrincherado, reservando a los mitos y s&iacute;mbolos los &aacute;mbitos de la moralidad y de la religi&oacute;n.<\/p>\n<p>Pero la creencia tiene una l&oacute;gica; por m&aacute;s que ceda terreno si mantiene una cabeza de puente, con el tiempo exigir&aacute; recobrar todo el terreno perdido. Creer lo que dicen las escrituras sagradas y las doc\u001ftrinas que se apoyan en ellas, aunque sea s&oacute;lo en lo que se refiere a la moral y a la religi&oacute;n, supone aceptar el n&uacute;cleo central de su sistema de interpretaci&oacute;n, valoraci&oacute;n y actuaci&oacute;n. Quien acepta algo as&iacute;, l&oacute;gi\u001fcamente tendr&iacute;a que aceptarlo todo. Por esa raz&oacute;n, las iglesias parece que ceden terreno a la presi&oacute;n, pero lo recuperan a la que pueden.<\/p>\n<p>Esta actitud de las iglesias, l&oacute;gica desde sus creencias, crea el rece\u001flo y la desconfianza en las gentes. Los hombres y mujeres de las nue\u001fvas sociedades deben rechazar la creencia en todos sus &aacute;mbitos, tam\u001fbi&eacute;n y especialmente en los &aacute;mbitos de la moralidad y de la religi&oacute;n; y tienen que hacerlo porque, para integrarse en la nueva sociedad, han de abandonar los patrones que construyeron los sistemas de vida y programaci&oacute;n de las sociedades est&aacute;ticas preindustriales.<\/p>\n<p>Cuando se leen y escuchan las venerables narraciones y escrituras, sin buscar en ellas ninguna de las funciones que en el pasado ejercieron (porque disponemos de sustitutos m&aacute;s eficaces), y se leen y escu\u001fchan sin pretender creer en nada (porque en una sociedad de cambio continuo no se puede creer), se advierte con claridad que las escri\u001fturas se han desplazado desde el &aacute;mbito en que compet&iacute;an con las ciencias y los proyectos colectivos de vida, hacia el terreno de los len\u001fguajes especializados, como los que expresan la poes&iacute;a, la belleza, la sabidur&iacute;a o las dimensiones profundas de la existencia; dimensiones, todas ellas, que hablan a los humanos, pero ya no de lo que se en\u001fcuentra relacionado con los sistemas de supervivencia.<\/p>\n<p>Las escrituras sagradas caen m&aacute;s del lado de la poes&iacute;a que del lado de las ciencias y los proyectos colectivos. No dicen qu&eacute; es lo que se debe creer, s&oacute;lo orientan e incitan a buscar esa dimensi&oacute;n que continuamos llamando religiosa, aunque ya no tiene la estructura de la religi&oacute;n.<\/p>\n<p>Como en el lenguaje po&eacute;tico no hay nada que creer y s&iacute; mucho que advertir y verificar, as&iacute; en las narraciones mitol&oacute;gicas, en los s&iacute;m\u001fbolos y escrituras sagradas de todos los pueblos, no hay nada que creer y s&iacute; mucho que advertir y verificar.<\/p>\n<p>As&iacute; como en el &aacute;mbito de la poes&iacute;a no hay enfrentamiento entre poetas, en las nuevas circunstancias, tampoco ha de existir conflicto alguno entre las diversas escrituras sagradas y tradiciones. Los conte\u001fnidos de las tradiciones no se enfrentan ni se contradicen, s&oacute;lo las creencias lo hacen. Los mitos y s&iacute;mbolos no son excluyentes entre s&iacute;; lo que crea exclusiones es la lectura que de ellos se hace como cosas que se deben creer.<\/p>\n<p>Todos los mitos y s&iacute;mbolos, todas las tradiciones y escrituras sa-gradas de todas las culturas y de todos los pueblos est&aacute;n ah&iacute; como una invitaci&oacute;n y una incitaci&oacute;n multifac&eacute;tica, no a creer sino a advertir, a indagar y verificar.<\/p>\n<p>No pretenden solventar problemas, ni de la vida ni de la muerte; ni procuran someter; s&oacute;lo aspiran a ofrecer una posibilidad humana, la mejor, la m&aacute;s grande, la m&aacute;s sutil, la m&aacute;s inesperada de las posibilida\u001fdes para un pobre viviente: una dimensi&oacute;n que, por su profundidad misma, trasciende las necesidades.<\/p>\n<p>En las sociedades preindustriales se uni&oacute; indisolublemente la creencia a la espiritualidad. Si esa uni&oacute;n se mantiene, como preten\u001fden las autoridades de las iglesias y de otras tradiciones religiosas, las gentes de las sociedades industriales de innovaci&oacute;n tendr&aacute;n que re\u001fchazar el paquete completo.<\/p>\n<p>Para que la espiritualidad sea viable en las nuevas sociedades, es necesario separar la espiritualidad de toda creencia y de toda sumi\u001fsi&oacute;n. La sumisi&oacute;n al esp&iacute;ritu, que es discernimiento, no es sumisi&oacute;n a formas ni a f&oacute;rmulas, por tanto, es compatible con las nuevas socie\u001fdades. S&oacute;lo hay incompatibilidad con la sumisi&oacute;n que suponen las creencias.<\/p>\n<p>Ligar la espiritualidad a cualquier tipo de creencia es un obst&aacute;cu\u001flo, y un obst&aacute;culo definitivo. No presenta impedimento alguno ligar la espiritualidad a la fe, si desnudamos a la fe de creencias y por fe en\u001ftendemos confianza, apertura del esp&iacute;ritu, entrega, discernimiento, gracia. Hablaremos m&aacute;s tarde de este tema.<\/p>\n<p>En las nuevas sociedades no interesan las religiones, pero s&iacute; los maestros de la V&iacute;a que hablaban y ense&ntilde;aban desde el seno de las reli\u001fgiones. Por razones culturales, los grandes maestros de la espirituali\u001fdad del pasado s&oacute;lo pod&iacute;an hablar desde las religiones o en pol&eacute;mica con ellas.<\/p>\n<p>Los directivos de las grandes tradiciones religiosas no parecen en\u001ftender que los europeos occidentales y otras sociedades desarrolladas del siglo XXI, que se ven forzados a rechazar las religiones, pueden y deben aprender de los maestros espirituales y de los grandes maestros de las tradiciones religiosas del pasado, manteni&eacute;ndose libres respecto a sus sistema de creencias, de comportamientos y rituales.<\/p>\n<p>En las nuevas circunstancias, podemos y debemos aprender de todos los grandes maestros y de todas las grandes escuelas de sabidu\u001fr&iacute;a de las tradiciones, sin tener que hacernos, por ello, creyentes, per\u001fsonas religiosas. Hemos de aprender a ser disc&iacute;pulos de todos los grandes del esp&iacute;ritu, sin volver a la religi&oacute;n, permaneciendo hombres y mujeres laicos y sin creencias.<\/p>\n<p>Es hora de discernir y no abandonar con las religiones toda la ri\u001fqueza y sabidur&iacute;a que en ellas se produjo. Debemos aprender a dis\u001fcernir para poder dejar a un lado a los maestros de las creencias. Hay que aprender a discernir entre quienes, en las grandes tradiciones re\u001fligiosas, son maestros del esp&iacute;ritu y quienes son maestros de las creen\u001fcias, de las ortodoxias.<\/p>\n<p>En el seno de las segundas sociedades mixtas (sociedades plena\u001fmente industrializadas junto con sociedades de conocimiento) ya no podemos ni queremos ser personas religiosas, pero s&iacute; que queremos seguir la V&iacute;a de la sabidur&iacute;a, el camino del conocimiento silencioso, que es el camino de la sutilidad. Queremos aprender de los grandes maestros del esp&iacute;ritu de la historia, se den donde y en las condiciones culturales en que se den. Estamos forzados a tener juicio y aprender de los grandes de las tradiciones, sin que ese discipulado nos lleve necesariamente a la religi&oacute;n.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">p. 213 a 219<\/p>\n<p><\/span><span><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"\/UserFiles\/Image\/ultimo-libro.jpg\" alt=\"\" hspace=\"40\" width=\"111\" height=\"171\" \/><br \/><span><span style=\"font-weight: bold;\"><span style=\"font-weight: bold;\"><span style=\"font-weight: normal;\"><span style=\"font-weight: bold;\"><br \/><\/span><\/span><\/span><\/span><\/span><\/span> <\/p>\n<hr style=\"width: 100%; height: 2px;\" \/>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fragmento del libro de Mari&agrave; Corb&iacute;:\u00abHacia una espiritualidad laica &#8211; Sin creencias, sin religiones, sin dioses\u00bb Hemos salido de la &eacute;poca de las sacralidades. Hasta los que se confiesan creyentes est&aacute;n entrando en esa situaci&oacute;n. 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