{"id":53445,"date":"2008-04-20T00:00:00","date_gmt":"2008-04-20T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"verguenza_culpa_y_remordimiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/verguenza_culpa_y_remordimiento\/","title":{"rendered":"Verg\u00fcenza, culpa y remordimiento"},"content":{"rendered":"<p><a style=\"font-weight: bold;\" href=\"http:\/\/www.cedi-op.org\/cedi\/\" target=\"_blank\">Centro Dominico de Investigaci&oacute;n<\/a> (CEDI), Los Angeles de San Rafael, Heredia, Costa Rica.<\/p>\n<\/p>\n<p>Por la misma relaci&oacute;n aparentemente buena y moral que la religi&oacute;n como sentimiento y ense&ntilde;anza suele tener con los sentimientos de verg&uuml;enza, culpa y remordimiento, el trabajo comienza desenmascar&aacute;ndola y proponiendo la espiritualidad como la alternativa desde la cual superar dichos sentimientos y curarlos. A partir de este planteamiento inicial, se dan en el trabajo los siguientes pasos: <\/p>\n<p>1) se abordan los sentimientos citados como evidencia de dualidad a nivel del sujeto y de la realidad; <br \/>2) se presenta la unidad como el objeto y experiencia de la espiritualidad; <br \/>3) se recupera la espiritualidad como memoria de l&iacute;mites y cicatrices que el paso de la dualidad a la unidad deja y <br \/><span>4)<\/span><\/p>\n<p><span>se termina expresando la funci&oacute;n terap&eacute;utica de la espiritualidad con respecto a aquellos sentimientos, no sin antes enfatizar la paradoja que se produce: s&oacute;lo cuando la espiritualidad es buscada por s&iacute; misma, es cuando ella resulta verdaderamente terap&eacute;utica, y, al contrario, cuando a la espiritualidad se va con otros intereses, en este caso terap&eacute;uticos, ni la espiritualidad es tal ni es terap&eacute;utica. Hay, pues una forma muy pertinente de ver y tratar verg&uuml;enza, culpa y remordimiento desde la espiritualidad, pero siempre que &eacute;sta sea tal.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\"><\/p>\n<p><\/span><\/p>\n<div style=\"text-align: justify;\"><span><\/span><span><\/span><span><\/span><span style=\"font-weight: bold;\">CONFERENCIA:<br \/>VERG&Uuml;ENZA, CULPA Y REMORDIMIENTO, DESDE LA ESPIRITUALIDAD <\/span><br style=\"font-weight: bold;\" \/><span style=\"font-weight: bold;\">J. Amando Robles <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">1. Nuestro planteamiento del tema <\/span><\/p>\n<p>Aunque sea un truismo, para un planteamiento como el que aqu&iacute; se nos pide, es de suma importancia comenzar conviniendo lo obvio: que verg&uuml;enza, culpa y remordimiento son emociones y sentimientos muy complejos, complejos por dos razones sobre todo: por las diferentes dimensiones que los constituyen y los diversos factores que intervienen, y por la forma sist&eacute;mica como dimensiones y factores act&uacute;an, condici&oacute;n esta &uacute;ltima que los constituye, como bien sabemos, en verdaderos y aut&eacute;nticos mecanismos no sanos de nuestro psiquismo. S&oacute;lo procediendo as&iacute; podemos percibir el reto de, sin reducir la complejidad y menos a&uacute;n negarla, encontrar la manera en que tales sentimientos sean abordables desde la espiritualidad. <\/p>\n<p>Si echamos una mirada a las diferentes acepciones que por ejemplo el DRAE registra a prop&oacute;sito de los t&eacute;rminos verg&uuml;enza, culpa y remordimiento, sobre todo a las de uso en psicolog&iacute;a, teolog&iacute;a y moral, notaremos como todas ellas evidencian la existencia de cierta dualidad en nosotros mismos: el yo que somos y actuamos como de hecho somos y actuamos, y el yo que, despu&eacute;s de ser y actuar como somos y actuamos, est&aacute; turbado, preocupado o inquieto, con sentimientos de humillaci&oacute;n, culpabilidad, deshonor y deshonra &mdash;t&eacute;rminos todos estos utilizados por el DRAE al dar cuenta de las acepciones registradas&mdash;, por ser como es y actuar como act&uacute;a. Esta dualidad, objeto de disciplinas como la psicolog&iacute;a y la moral, lo es tambi&eacute;n de lo que llamamos espiritualidad. Y lo es de una manera muy genuina y espec&iacute;fica: precisamente en cuanto que es dualidad y en que en cuanto dualidad niega la unidad profunda del ser humano, objeto &eacute;sta propio de la espiritualidad. A la espiritualidad por su inter&eacute;s propio y por lo que ella es, obviamente, le preocupa lo patol&oacute;gico de estos sentimientos, pero le preocupa mucho m&aacute;s la dualidad en s&iacute;, aun cuando &eacute;sta sea sana y normal en la consideraci&oacute;n de las ciencias humanas concernidas. Porque tal dualidad es profundamente insuficiente para la espiritualidad como experiencia, hasta el punto de ser incompatibles. <\/p>\n<p>Sobre esta base es que nosotros postulamos la relaci&oacute;n ideal a darse entre espiritualidad, de una parte, y sentimientos de verg&uuml;enza, culpa y remordimiento, de otra. Y para plantear dicha relaci&oacute;n, de manera muy sint&eacute;tica, por razones de espacio, en lo que sigue abordaremos los siguientes aspectos: verg&uuml;enza, culpa y remordimiento como expresiones de la &ldquo;importancia personal&rdquo; [<span style=\"font-weight: bold;\">1<\/span>] y dualidad; la unidad, objeto de la espiritualidad, y superaci&oacute;n de la dualidad; la espiritualidad como memoria de l&iacute;mites y de heridas; la espiritualidad y su posible funci&oacute;n terap&eacute;utica. <\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">2. Verg&uuml;enza, culpa y remordimiento, evidencias de dualidad <\/span><\/p>\n<p>Hoy, gracias a la psicolog&iacute;a y a la psiquiatr&iacute;a como disciplinas, sabemos de la carga negativa que suelen traer consigo los sentimientos de verg&uuml;enza, culpa y remordimiento. Estos no son los sentimientos tan nobles que parec&iacute;an ser. Vinculados, seg&uacute;n parece, a impulsos de destrucci&oacute;n y de muerte, en los casos m&aacute;s extremos pueden llevar a la misma, pues se hacen literalmente insoportables. En todo caso, sin llegar a estos extremos, verg&uuml;enza, culpa y remordimiento siempre suponen algo no bueno y, como tal, no deseable: una negaci&oacute;n o al menos no aceptaci&oacute;n de nosotros mismos, del ser que somos, de pensamientos, emociones, sentimientos y actos que son nuestros; un huir por tanto de la responsabilidad que tenemos por nosotros mismos; un no querernos como somos ni querer la realidad. Y, como se ve, sumamente grave, por sutil que ello sea. Porque tal manera de proceder tiene un efecto negador y paralizante de nuestro verdadero yo, el &uacute;nico que somos y tenemos, al que no podemos responsabilizar por todo o, lo que es equivalente, proyectarlo fuera responsabilizando a otros por nosotros. <\/p>\n<p>En todo caso, lo valioso como indicador para nuestra reflexi&oacute;n es el an&aacute;lisis que psicolog&iacute;a y psiquiatr&iacute;a hacen de estos sentimientos en t&eacute;rminos de negaci&oacute;n, rechazo y dualidad, y la propuesta de unidad en t&eacute;rminos de aceptaci&oacute;n, reconciliaci&oacute;n, responsabilidad y amor que como cura y superaci&oacute;n hacen. Porque lo que llamamos espiritualidad converge en esta direcci&oacute;n, solamente que super&aacute;ndola y trascendi&eacute;ndola. <\/p>\n<p>Teniendo por objeto la unidad del ser humano, en su inmanencia y en su trascendencia por as&iacute; decir, la espiritualidad como propuesta es consciente de que s&oacute;lo desde la unidad trascendente del ser humano es posible su realizaci&oacute;n plena y total . La unidad en el ser es condici&oacute;n esencial y objeto final de la espiritualidad. Sin ella no hay espiritualidad. De ah&iacute; la denuncia sistem&aacute;tica que los verdaderos espirituales, hombres y mujeres, de todos los tiempos y tradiciones religiosas y de sabidur&iacute;a han realizado de estos sentimientos, de los mecanismo que constituyen, y el desenmascaramiento que han hecho de los mismos. <\/p>\n<p>Aqu&iacute; solamente vamos a enfatizar dos de sus ense&ntilde;anzas, la conocida como lucha contra la &ldquo;importancia personal&uml; y la del desasimiento, pobreza o desapego. <\/p>\n<p>La primera recuerda las ense&ntilde;anzas de don Juan Matus a Carlos Castaneda y, m&aacute;s espec&iacute;ficamente, los reproches que le hac&iacute;a. Dos comportamientos le reprochaba una y otra vez y ello de manera inmisericorde: la absolutizaci&oacute;n que como buen acad&eacute;mico universitario hac&iacute;a de la raz&oacute;n y del razonamiento como fuentes casi &uacute;nicas y absolutas de conocimiento, y la &ldquo;importancia personal&rdquo; de la que como buen bienpensante y bien portado continuamente hac&iacute;a gala. Por ser universitario, imbuido de buenos sentimientos, social y pol&iacute;ticamente cr&iacute;tico y hasta ideol&oacute;gicamente de izquierdas, cre&iacute;a ser una persona buena, sin cierto tipo de defectos que &eacute;l criticaba en otros, muy responsable. No le fue f&aacute;cil a don Juan hacerle llegar al convencimiento de que no era as&iacute;, sobre todo tan responsable como se cre&iacute;a; [<span style=\"font-weight: bold;\">2<\/span>] que, al contrario, para las cosas m&aacute;s radicales y decisivas, las que ten&iacute;an que ver con &eacute;l mismo, con el sentido y proyecto de su vida, siempre encontraba excusas para no plante&aacute;rselas o hacerlo superficialmente, sin verdadera implicaci&oacute;n. Y ello era as&iacute; porque en el fondo no asum&iacute;a sus responsabilidades. Pero no asum&iacute;a sus responsabilidades, por la autoapreciaci&oacute;n tan positiva que ten&iacute;a de s&iacute; mismo. Aceptarlo le hubiese dado verg&uuml;enza y, sobre todo, hubiese tenido que ser responsable de s&iacute; mismo por s&iacute; mismo y ante s&iacute; mismo. Y no quer&iacute;a. Don Juan llamar&aacute; a este comportamiento &ldquo;importancia personal&rdquo;. Y le ense&ntilde;ar&aacute; de muchas maneras a combatirlo, todas radicales, una de ellas borrando incluso su historia personal, una fuente sin duda, si no la fuente, de su &ldquo;importancia personal&rdquo;. <\/p>\n<p>Otra gran ense&ntilde;anza, verdadero ant&iacute;doto contra la dualidad que suponen los sentimientos de verg&uuml;enza, culpa y remordimiento, es lo que los espirituales de las diferentes tradiciones, sobre todo te&iacute;stas, llaman desasimiento o desapego, pobreza de esp&iacute;ritu, vaciamiento del yo y, m&aacute;s gr&aacute;ficamente a&uacute;n, muerte del yo. Todas ellas, expresiones que tienen en la mira la unidad y como medio para lograrla la superaci&oacute;n de todo apego, deseo e inter&eacute;s, incluso la muerte a la fuente de todo deseo e inter&eacute;s que es el propio yo, el yo dual e interesado. Tal es como por ejemplo el Maestro Eckhart entiende en su forma m&aacute;s radical la pobreza: un ser humano tan pobre que, por no tener, no tiene en su ser lugar alguno, ni siquiera para Dios. En realidad, una unidad tal del ser humano que s&oacute;lo hay lugar para la unidad, para nada ni nadie m&aacute;s. Ya que si hubiese lugar, incluso para Dios, para que &eacute;ste act&uacute;e, habr&iacute;a &laquo;distinci&oacute;n&raquo;, como dice &eacute;l en sus t&eacute;rminos escol&aacute;sticos medievales, esto es, habr&iacute;a pluralidad, no unidad. Y de ah&iacute; la famosa expresi&oacute;n en que prorrumpe, que son&oacute; tan blasfema para su tiempo, el siglo XIV, y todav&iacute;a hoy sigue sonando, pero que es toda ella correcta y precisa: &laquo;Es por lo que ruego a Dios para que me libere de Dios.&raquo; [<span style=\"font-weight: bold;\">3<\/span>] . En otras palabras, Dios tambi&eacute;n puede ser dualidad, como con frecuencia lo es, de la que hay que liberarse. <\/p>\n<p>Esta unidad que tanto gusta de enfatizar Eckhart es el &laquo;uno sin dos&raquo; o &laquo;no-dos&raquo; de los maestros orientales y el conocer sin discriminaci&oacute;n o desagregaci&oacute;n, que crea &ldquo;distinci&oacute;n\u00bb, pluralidad, que tanto subrayan los mismos maestros. <\/p>\n<p>En Occidente quiz&aacute;s nadie ha expresado mejor que el Maestro Eckhart lo trascendental que es la unidad del ser humano para la espiritualidad y, en consecuencia, lo poco apropiados que resultan todos los sentimientos que abrigan dualidad y la promueven, como son los sentimientos de verg&uuml;enza, culpa y remordimiento. De manera que, vistas en t&eacute;rminos de contradicci&oacute;n, estamos ante realidades ant&iacute;podas y, vistas en t&eacute;rminos de identidad y superaci&oacute;n, s&oacute;lo en la espiritualidad como experiencia se realiza plenamente y existe el yo que equivocadamente se niega y se destruye en los sentimientos de verg&uuml;enza, culpa y remordimiento, busc&aacute;ndolo salvar y proteger. <br \/><br style=\"font-weight: bold;\" \/><span style=\"font-weight: bold;\">3. La unidad objeto de la espiritualidad, superaci&oacute;n de la dualidad <\/span><\/p>\n<p>Ya que el tema es los sentimiento de verg&uuml;enza, culpa y remordimiento, desde la espiritualidad, hay que explicitar qu&eacute; estamos entendiendo por espiritualidad. Aunque ya por lo hasta aqu&iacute; expresado, se ha podido intuir que estamos manejando un concepto diferente del que es de uso com&uacute;n. <\/p>\n<p>En efecto, manejamos un concepto diferente y, hasta donde podemos, riguroso. Por espiritualidad no estamos entendiendo una experiencia o sentimiento vaporoso de trascendencia que nos arropa o m&aacute;s bien en el que arroparnos. Por espiritualidad entendemos la experiencia de lo absoluto en cuanto absoluto que es todo, el universo, los otros, nosotros mismos, en un estado de unidad total, sin ning&uacute;n arropamiento para el yo, los espirituales dir&aacute;n &ldquo;sin casa adonde volver&rdquo;. <\/p>\n<p>Se trata de una experiencia, ser, sentir, percibir, conocer, amar y actuar, sin fondo ni forma, por tanto sin contenidos ni verdades. Porque no tiene ninguna funci&oacute;n, por tanto tampoco una funci&oacute;n te&oacute;rica. Ella en s&iacute; misma es la verdad, como en s&iacute; misma es fin y totalidad, nunca medio para ning&uacute;n otro fin. <\/p>\n<p>Es la experiencia de todo el ser desde todo el ser y con todo el ser. Unidad, pues, total, donde no hay sujeto ni objeto, alguien que conoce y algo, aunque sublime, conocido; donde no hay procesos, proyectos ni planes, ni por tanto dependencia de futuro, sino presencia plena y total aqu&iacute; y ahora, en el momento en el que la experiencia tiene lugar. Experiencia, pues, que ocurre en el tiempo, pero inaprensible en coordenadas de espacio y de tiempo. <\/p>\n<p>Por su propia naturaleza es una realidad humana y solamente humana, no religiosa, al contrario, m&aacute;s bien laica, radicalmente laica. Porque no son los referentes religiosos, en los que en el pasado se ha podido expresar, los que la hacen espiritual, sino su calidad humana, de manera que s&oacute;lo donde hay experiencia de unidad, totalidad y gratuidad, hay experiencia espiritual, y no necesariamente donde hay referentes religiosos. M&aacute;s bien, cuando estos referentes aparecen, para ser cre&iacute;ble la experiencia &ldquo;religiosa&rdquo; tendr&aacute; que mostrar que es humana y, como humana, laica. <\/p>\n<p>Una experiencia no especial ni especializada, por tanto no de algo especial, sino de la realidad como en s&iacute; misma es y, para ello, hecha desde todo el ser humano, no desde nuestro conocimiento ordinario, por muy racional y cient&iacute;fico que &eacute;ste sea, que es interesado y es parcial, sino m&aacute;s bien desde el silenciamiento de todo &eacute;l, tambi&eacute;n por eso mismo llamado &ldquo;conocimiento silencioso&rdquo;. <\/p>\n<p>Una gracia y un don, que no se da sin inter&eacute;s y b&uacute;squeda, sin esfuerzo y entrega, sin un trabajo profundo sobre si mismo, pero que florece m&aacute;s all&aacute; de todo esfuerzo e inter&eacute;s, en el ser desinteresado y profundo que tambi&eacute;n somos. <\/p>\n<p>Experiencia plenamente humana y de la realidad como en s&iacute; misma es: de la unidad y de la totalidad que somos todo, lo c&oacute;smico-material, los otros y cada uno de nosotros. En expresi&oacute;n de Eckhart, &laquo;&iexcl;La Unidad con la Unidad, la Unidad saliendo de la Unidad, la Unidad en la Unidad y, en la Unidad, la Unidad eternamente!&raquo; [<span style=\"font-weight: bold;\">4<\/span>] . <\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">4. La espiritualidad como memoria de l&iacute;mites y de heridas <\/span><\/p>\n<p>Significando la espiritualidad una superaci&oacute;n de toda dualidad, incluida la psicol&oacute;gicamente hablando m&aacute;s sana y normal, para su autenticidad y como una especie de salvaguarda para s&iacute; misma, es aconsejable que el hombre y mujer espirituales guarden sin embargo memoria de la lucha que han tenido que dar hasta que la unidad se logr&oacute;, de tanta dualidad experimentada en el proceso, por lo tanto de tanto inter&eacute;s encubierto, de tanto l&iacute;mite encontrado &mdash;en el fondo autol&iacute;mite&mdash;, de tanto sufrimiento autoinfligido, de tanta herida recibida. Es a lo que nos referimos con el t&iacute;tulo, m&aacute;s sugerente que riguroso, &laquo;La espiritualidad como memoria de l&iacute;mites y heridas&raquo;. <\/p>\n<p>En este sentido, la espiritualidad puede y debe conservar memoria de los sentimientos de verg&uuml;enza, culpa y remordimiento, aunque ya de hecho transformados, verificando una vez m&aacute;s su limitaci&oacute;n e incluso lo da&ntilde;inos que fueron, llegando a causar heridas y a veces muy profundas. Fueron in&uacute;tiles como sentimientos, limitantes y hasta perjudiciales, pero de esta manera se convirtieron en prueba de verismo y de realidad y el ser humano se cura en salud y se blinda ante la posibilidad de volver a ellos. No hay espiritualidad humana m&aacute;gica. La posibilidad de la espiritualidad como experiencia se abre cuando hasta el l&iacute;mite se experiment&oacute; el l&iacute;mite de nuestro ser y capacidad ordinarios. L&iacute;mites y heridas est&aacute;n ah&iacute; para recordarnos que la espiritualidad no es m&aacute;gica ni algo que ocurre por milagro. Es gracia, algo muy diferente, que s&oacute;lo irrumpe en un proceso de b&uacute;squeda y de creaci&oacute;n, y como creaci&oacute;n, en un proceso de entrega, trabajo, disciplina y contemplaci&oacute;n. <\/p>\n<p>Si se olvidan las heridas, se olvidan los l&iacute;mites, y muy pronto terminamos crey&eacute;ndonos que la espiritualidad es fruto directo de nuestras t&eacute;cnicas y de nuestro saber, perdiendo as&iacute; todo sentido de proporci&oacute;n y de realidad. Es un fruto humano, no del ser ordinario que somos y que casi exclusivamente cultivamos, pero que tampoco se da sin la b&uacute;squeda, la entrega y la creaci&oacute;n de &eacute;ste hasta el extremo. <\/p>\n<p>Es importante conservar la memoria de los l&iacute;mites y heridas. Sin esta memoria la espiritualidad peligra no ser real. Sin memoria de la dualidad, la experiencia de la unidad puede volverse pura subjetividad y fatua. <\/p>\n<p>Yalal al-din Rumi, del que el a&ntilde;o pasado celebramos el octavo centenario de su nacimiento (1207), gustaba de decir que los amantes, hablando as&iacute; de los espirituales, tienen que ser &laquo;amantes con cicatrices&raquo;. Y aqu&iacute; &lsquo;cicatrices&rsquo; es algo m&aacute;s que una met&aacute;fora. [<span style=\"font-weight: bold;\">5<\/span>]\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">5. La espiritualidad y su posible funci&oacute;n terap&eacute;utica <\/span><\/p>\n<p>Si el objeto de la espiritualidad es la unidad que somos y que es todo, los sentimientos de verg&uuml;enza, culpa y remordimiento vistos desde la espiritualidad como ense&ntilde;anza son patol&oacute;gicos. No s&oacute;lo porque son sentimientos no sanos ni portadores de salud psicol&oacute;gica y moral, sino porque f&aacute;cilmente se convierten en mecanismos legitimadores y profundizadores de una posici&oacute;n maniquea y masoquista con respecto a s&iacute; mismo, al propio ser y actuar. Patolog&iacute;a y patol&oacute;gico no son los t&eacute;rminos formales de la espiritualidad como ense&ntilde;anza, pero s&iacute; los de modos de proceder y caminos errados. En todo caso, como superaci&oacute;n de los mismos, se puede reconocer a la espiritualidad una funci&oacute;n terap&eacute;utica muy importante y sin duda que la tiene. El reconocimiento y valoraci&oacute;n de esta funci&oacute;n es algo que est&aacute; muy de moda en la actualidad, incluso con investigaciones cient&iacute;ficas que apoyan su valor, una nueva sensibilidad hacia lo religioso tipo New Age, ofertas en tal sentido en nuestras ciudades modernas a trav&eacute;s de la existencia de centros de salud hol&iacute;stica, religioterapia y teoterapia&hellip; <br \/>Aqu&iacute;, como punto final, nos preguntamos por la funci&oacute;n terap&eacute;utica que puede cumplir la espiritualidad como ense&ntilde;anza, y m&aacute;s a&uacute;n como experiencia, con respecto a los sentimiento que aqu&iacute; nos ocupan, verg&uuml;enza, culpa y remordimiento, y sobre todo c&oacute;mo es que la puede cumplir. <\/p>\n<p>Y lo primero que creemos que hay que hacer es distinguir bien entre espiritualidad y religi&oacute;n. La religi&oacute;n, sobre todo la que conocemos como religi&oacute;n de creencias, es por su propia naturaleza interesada y egocentrada, es m&aacute;s bien una visi&oacute;n de mundo que un camino de espiritualidad, por tanto, no s&oacute;lo compatible con la dualidad sino que la necesita, vive de ella y la fomenta. Y una manera de hacerlo es sembrando y fomentando en sus practicantes un sentimiento controlado de verg&uuml;enza, de culpabilidad y de remordimiento. En este sentido es claro que no es terap&eacute;utica, m&aacute;s bien es culpabilizadora. Pero la religi&oacute;n no es s&oacute;lo interesada y egocentrada, tiene muchos elementos trascendentes y afectivos, sanamente desinteresados, como son la creencia en un Dios protector, una vinculaci&oacute;n afectiva con &eacute;l, una revelaci&oacute;n y unas promesas, rituales y celebraciones, que pueden producir y producen aceptaci&oacute;n de s&iacute; mismo, perd&oacute;n, reconciliaci&oacute;n, paz, amor, confianza, pudiendo canalizar de manera positiva lo que antes eran fuerzas perturbadoras. Y en este sentido la religi&oacute;n puede ser y es terap&eacute;utica. Quienes, por ejemplo, trabajamos con enfermos terminales desde un punto de vista religioso somos testigos de lo bueno y de lo malo que terap&eacute;uticamente hablando puede producir la religi&oacute;n. Otro tanto se puede comprobar en los diferente grupos de terapia. <\/p>\n<p>No obstante, por su naturaleza misma, la religi&oacute;n, y tengo en mente las religiones te&iacute;stas de salvaci&oacute;n, m&aacute;s espec&iacute;ficamente la religi&oacute;n cristiana, no se desprende del sentido de pecado y de culpa, con todo lo negativo que esto significa para la no madurez del sujeto humano. <\/p>\n<p>Contrariamente a la religi&oacute;n, la espiritualidad es la experiencia por antonomasia de la unidad y por tanto de la madurez y adultez humanas, no quedando espacio ni para Dios, como ve&iacute;amos en t&eacute;rminos del Maestro Eckhart, para la m&aacute;s sutil dualidad, y mucho menos para sentimientos no maduros e incluso patol&oacute;gicos como los de verg&uuml;enza, culpa y remordimiento. Por tanto, plenamente terap&eacute;utica. <\/p>\n<p>Pero aqu&iacute; hay que prestar atenci&oacute;n a una paradoja bien comprensible, que mejor que nada revela la naturaleza peculiar de lo que llamamos espiritualidad y de su poder terap&eacute;utico. Y es que s&oacute;lo en la medida en que la espiritualidad es buscada por s&iacute; misma, es espiritualidad y resulta terap&eacute;utica. Por el contrario, cuado se la busca interesadamente, por ejemplo por sus efectos terap&eacute;uticos, y estamos hablando de problemas que se manifiestan en sentimientos de verg&uuml;enza, culpa y remordimiento, ni es espiritualidad ni resulta terap&eacute;utica. F&aacute;cilmente la misma b&uacute;squeda interesada se puede volver en obsesi&oacute;n y compulsi&oacute;n y, en el mejor de lo casos, en un autoenga&ntilde;o si no en una experiencia de frustraci&oacute;n. Porque la espiritualidad no se deja desnaturalizar. Siendo fin en s&iacute; misma, experiencia total y de la totalidad, no se deja convertir en medio para otra cosa ni permite que se le trate como tal. Para que resulten terap&eacute;uticas religi&oacute;n, y sobre todo espiritualidad, deben cultivarse y practicarse de la manera m&aacute;s desinteresada posible, so pena de no ser ya terap&eacute;uticas. <\/p>\n<p>Esto eleva un gran interrogante, soy bien consciente de ello, sobre las ofertas terap&eacute;uticas que cada d&iacute;a m&aacute;s se hacen en tal sentido en nuestro tipo de sociedad tan utilitarista y por ello tan enferma. Un gran interrogante tanto sobre la dimensi&oacute;n espiritual como sobre la dimensi&oacute;n propiamente terap&eacute;utica de dichas ofertas. Porque &iquest;c&oacute;mo puede ser terap&eacute;utica una espiritualidad interesada que, por tanto y como tal, ella misma est&aacute; necesitando de cura? <\/p>\n<p>En todo caso, lo que el respeto debido al ser humano dicta, y la propia naturaleza y din&aacute;mica de lo que es la espiritualidad, no es tratar de inyectar propuestas religiosas y espirituales desde fuera, como si la posible terapia viniese del exterior, sino ayudar a despertar la capacidad de respuesta, la capacidad religiosa y espiritual, que hay en todo ser humano. As&iacute; es como muy certeramente calific&oacute; Etty Hillesum el trabajo &ldquo;religioso&rdquo; que hizo en ella Julius Spier, psico-quir&oacute;logo, disc&iacute;pulo de C. G. Jung y de quien aprendi&oacute; el valor terap&eacute;utico de la religi&oacute;n, como &laquo;el gran amigo , el partero de mi alma&raquo;, que &laquo;despert&oacute; a Dios en ella&raquo;. [<span style=\"font-weight: bold;\">6<\/span>]\n<hr style=\"width: 100%; height: 2px;\" \/>\n<span class=\"FootnoteCharacters\"><span style=\"font-size: 12pt;\" lang=\"EN-US\"><span><!--[if !supportFootnotes]--><span class=\"FootnoteCharacters\"><span style=\"font-size: 12pt;\" lang=\"EN-US\">[1]<\/span><\/span><!--[endif]--><\/span><\/span><\/span><span style=\"font-size: 10pt;\" lang=\"ES-TRAD\"><span> <\/span>Carlos Castaneda, <strong><em>Viaje a Ixtl&aacute;n. Las lecciones de don Juan<\/em><\/strong>, F.C.E, 18&ordf; reimpr., Madrid 1998, pp. 30-51.<br \/><\/span><span class=\"FootnoteCharacters\"><span style=\"font-size: 12pt;\" lang=\"EN-US\"><span><!--[if !supportFootnotes]--><span class=\"FootnoteCharacters\"><span style=\"font-size: 12pt;\" lang=\"EN-US\">[2]<\/span><\/span><!--[endif]--><\/span><\/span><\/span><span style=\"font-size: 10pt;\" lang=\"ES-TRAD\"><span> <\/span>&laquo;&mdash;Lo que andaba mal contigo cuando te <em>vi<\/em>, y lo que anda mal contigo ahora, es que no te gusta aceptar la responsabilidad de lo que haces&hellip;&raquo; (<strong><em>Viaje a Ixtl&aacute;n<\/em><\/strong>, p. 68) <br \/><\/span><span class=\"FootnoteCharacters\"><span style=\"font-size: 12pt;\" lang=\"EN-US\"><span><!--[if !supportFootnotes]--><span class=\"FootnoteCharacters\"><span style=\"font-size: 12pt;\" lang=\"EN-US\">[3]<\/span><\/span><!--[endif]--><\/span><\/span><\/span><span style=\"font-size: 10pt;\" lang=\"ES-TRAD\"><span> <\/span>Maestro Eckhart, <em>Serm&oacute;n N&ordm;. <\/em>14 en <strong>Obras <em>escogidas del Maestro Eckhart<\/em><\/strong>, Edicomunicaci&oacute;n S.A., Barcelona 1998, p. 196. <br \/><\/span><span class=\"FootnoteCharacters\"><span style=\"font-size: 12pt;\" lang=\"EN-US\"><span><span class=\"FootnoteCharacters\"><span style=\"font-size: 12pt;\" lang=\"EN-US\">[4]<\/span><\/span><!--[endif]--><\/span><\/span><\/span><span style=\"font-size: 10pt;\" lang=\"ES-TRAD\"><span> <\/span><\/span><span style=\"font-size: 10pt;\" lang=\"ES-TRAD\">Final del tan famoso como breve tratado <em>El hombre noble<\/em>, en <em>Op. cit.<\/em>, p. 30. <br \/><\/span><span class=\"FootnoteCharacters\"><span style=\"font-size: 12pt;\" lang=\"EN-US\"><span><span class=\"FootnoteCharacters\"><span style=\"font-size: 12pt;\" lang=\"EN-US\">[5]<\/span><\/span><!--[endif]--><\/span><\/span><\/span><span style=\"font-size: 10pt;\" lang=\"ES-TRAD\"><span> <\/span><\/span><span style=\"font-size: 10pt;\" lang=\"ES-TRAD\"><span> <\/span>Cf. Yalal al-din Rumi, <strong><em>Rubayats<\/em><\/strong>, Ediciones Obelisco, Barcelona 2&ordf; ed. 2004, p. 84. <\/span><br \/><span class=\"FootnoteCharacters\"><span style=\"font-size: 12pt;\" lang=\"EN-US\"><span><!--[if !supportFootnotes]--><span class=\"FootnoteCharacters\"><span style=\"font-size: 12pt;\" lang=\"EN-US\">[6]<\/span><\/span><!--[endif]--><\/span><\/span><\/span><span style=\"font-size: 10pt;\" lang=\"ES-TRAD\"><span> <\/span>Paul Lebeau, <em>Etty Hillesum. Un itinerario espiritual: Amsterdam 1941 &#8211; Auschwitz 1943<\/em>, Sal Terrae, Santander 2000, pp. 33 y 152. <\/span><br \/><span style=\"font-size: 10pt;\" lang=\"ES-TRAD\"><br \/><\/span><span style=\"font-size: 10pt;\" lang=\"ES-TRAD\"> <\/span><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Centro Dominico de Investigaci&oacute;n (CEDI), Los Angeles de San Rafael, Heredia, Costa Rica. Por la misma relaci&oacute;n aparentemente buena y moral que la religi&oacute;n como sentimiento y ense&ntilde;anza suele tener con los sentimientos de verg&uuml;enza, culpa y remordimiento, el trabajo comienza desenmascar&aacute;ndola y proponiendo la espiritualidad como la alternativa desde la cual superar dichos sentimientos&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[160],"tags":[],"post_series":[],"class_list":["post-53445","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-calidad-humana","entry","no-media"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53445","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=53445"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53445\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=53445"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=53445"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=53445"},{"taxonomy":"post_series","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/post_series?post=53445"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}