{"id":53593,"date":"2008-06-18T00:00:00","date_gmt":"2008-06-18T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"3_ser_hombre_de_conocimiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/3_ser_hombre_de_conocimiento\/","title":{"rendered":"3. Ser hombre de conocimiento"},"content":{"rendered":"<\/p>\n<p><strong>J. Amando Robles Robles. <\/strong><br \/><strong> Hombre y mujer de conocimiento: la propuesta de Juan Matus y Carlos Castaneda. <\/strong><br \/><strong> Heredia, CR, Euna, 2006. 165 p.<\/strong><span> ISBN 9977-65-279-1<\/span><\/p>\n<p><span>(del cap&iacute;tulo 3 de: Hombre y mujer de conocimiento)<\/span><\/p>\n<p>En una entrevista que el psic&oacute;logo Sam Keen hiciera a Carlos Castaneda apenas aparecido su tercer libro, Viaje a Ixtl&aacute;n, y ante la pregunta &laquo;&iquest;Cu&aacute;les son los elementos de las ense&ntilde;anzas de don Juan que son importantes para usted? &raquo;, su respuesta fue: &laquo;Para m&iacute; las ideas de ser guerrero y un hombre de conocimiento, junto con la eventual esperanza de ser capaz de parar el mundo, han sido m&aacute;s aplicables&raquo; . M&aacute;s aplicables y, muy probablemente, las m&aacute;s importantes. As&iacute; quisi&eacute;ramos destacarlo en nuestro trabajo, teniendo en cuenta que &ldquo;parar el mundo&rdquo; es el paso previo necesario para ver, por lo tanto para llegar a ser hombre de conocimiento . Comenzamos por la m&aacute;s importante de todas, por esta &uacute;ltima.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">&laquo;Hombre de conocimiento&raquo;<\/span><\/p>\n<p><span>Para expresarlo con una frase, as&iacute; como con justeza se ha dicho del Evangelio que todo &eacute;l se puede resumir en un solo concepto, el de reino de Dios, las ense&ntilde;anzas de don Juan se pueden resumir en el concepto y propuesta ser hombre de conocimiento. As&iacute; lo destaca el propio Carlos Castaneda en el an&aacute;lisis estructural que a&ntilde;adi&oacute; como segunda parte a Las ense&ntilde;anzas de don Juan.<\/span><\/p>\n<div style=\"text-align: justify;\">La estructura de &eacute;stas se compondr&iacute;a de cuatro conceptos o unidades, siendo la primera de todas &laquo;hombre de conocimiento&raquo;. Esta era la meta de sus ense&ntilde;anzas, y as&iacute; se lo declar&oacute; don Juan en una etapa muy temprana: &laquo;&rdquo;ense&ntilde;ar&rdquo; c&oacute;mo llegar a ser un hombre de conocimiento&raquo; (EDJ, 226). Porque para don Juan conocer, aprender, saber, es tambi&eacute;n la meta de todo ser humano, su destino y su quehacer. &laquo;El hombre vive s&oacute;lo para aprender. Y si aprende es porque &eacute;sa es la naturaleza de su suerte, para bien o para mal. &raquo; (EDJ, 85). &laquo;Nuestra suerte como hombres es aprender&raquo; (RA, 104), &laquo;&hellip; los seres vivientes existen solamente para acrecentar la conciencia de ser.&raquo; (FI, 62).<\/p>\n<p>El d&iacute;a en el que don Juan le comunic&oacute; estar decidido a ense&ntilde;arle los secretos que corresponden a un hombre de conocimiento(EDJ, 70), Castaneda presinti&oacute; que una fase nueva de aprendizaje, seria y exigente, iba a comenzar. No se equivocaba. Tratando de evitarla adelant&oacute; la excusa de no llenar los requisitos para una tarea as&iacute;, y que ser&iacute;a feliz de poder estar sentado all&iacute;, escuch&aacute;ndolo durante d&iacute;as enteros, sin hacer otra cosa, que para &eacute;l &laquo;eso ser&iacute;a aprender&raquo; (EDJ, 71). Su temor ten&iacute;a fundamento, solamente que la exigencia iba a ser mayor de lo que &eacute;l se imaginaba. En el an&aacute;lisis estructural antes citado Castaneda la desagregar&iacute;a en siete requerimientos: 1) llegar a ser hombre de conocimiento era asunto de aprendizaje; 2) un hombre de conocimiento pose&iacute;a intenci&oacute;n r&iacute;gida; 3) un hombre de conocimiento pose&iacute;a claridad de mente; 4) llegar a ser hombre de conocimiento era un asunto de labor esforzada; 5) un hombre de conocimiento era un guerrero; 6) llegar a ser hombre de conocimiento era un proceso incesante, y 7) un hombre de conocimiento ten&iacute;a un aliado (EDJ, 227).<\/p>\n<p>Don Juan expresar&iacute;a la misma exigencia de una manera m&aacute;s sint&eacute;tica: &laquo;&mdash;Un hombre de conocimiento es alguien que ha seguido de verdad las penurias de aprender &mdash;dijo&mdash;. Un hombre que, sin apuro, sin vacilaci&oacute;n ha ido lo m&aacute;s lejos que se puede en desenredar los secretos del poder y del conocimiento.&raquo; (EDJ, 106; cf. VI, 222).<\/p>\n<p>Ser hombre de conocimiento, pues, es una meta muy exigente, la m&aacute;s exigente que se puede plantear el ser humano, pero que vale la pena, la &uacute;nica que vale la pena. Porque no hay otra manera de vivir o, mejor dicho, la otra manera de vivir, sin conocimiento, es muy triste y, lo que no deja de resultar ir&oacute;nico, demanda el mismo trabajo. De manera que &laquo;O nos hacemos infelices o nos hacemos fuertes. La cantidad de trabajo es la misma.&raquo; (VI, 256) <\/p>\n<p>La vida del ser humano com&uacute;n es como la tarde de un domingo, al fin de cuentas vac&iacute;a y ef&iacute;mera . Sin embargo en la vida de un hombre de conocimiento no hay vac&iacute;o. Todo est&aacute; lleno hasta el borde. En &eacute;l no hay victoria, ni derrota, ni vac&iacute;o &laquo;Todo est&aacute; lleno hasta el borde y todo es igual y mi lucha vali&oacute; la pena&raquo;(RA, 104). Es una meta exigente, pero llena de vida y de luz.<\/p>\n<p>La condici&oacute;n que significa ser hombre de conocimiento quiz&aacute;s sea muy corta en t&eacute;rminos de duraci&oacute;n. Porque &laquo;Uno no es nunca en realidad un hombre de conocimiento. M&aacute;s bien, uno se hace hombre de conocimiento por un instante muy corto, despu&eacute;s de vencer a los cuatro enemigos naturales.&raquo; (EDJ, 107) . Y, encima, el camino que conduce a tal condici&oacute;n, eso s&iacute; es cierto, es dif&iacute;cil y largo (VI, 247) Pero esta experiencia, que puede ser puntual, no tiene punto de comparaci&oacute;n con ning&uacute;n otro tipo de experiencia en la vida. Es lo m&aacute;ximo que el ser humano puede vivir. En realidad, es todo. Cuando el ser humano adquiere la conciencia de ser todo, es que, en realidad, es todo. Es la condici&oacute;n que corona al ser humano.<\/p>\n<p>Porque el hombre de conocimiento es el que llega a la &ldquo;totalidad de s&iacute; mismo&rdquo; y vive desde la &ldquo;totalidad de s&iacute; mismo&rdquo;. Vive la realidad y vida ordinarias, y vive la realidad y vida inmanentes o trascendentes, como quiera expresarse, a aqu&eacute;llas, que el com&uacute;n de los mortales no sospecha. Vive la vida y realidad totales, que, como totales, constituyen para &eacute;l una unidad: &laquo;&hellip; s&oacute;lo un hombre de conocimiento percibe el mundo con sus sentimientos y con su voluntad y tambi&eacute;n con su ver.&raquo; (RA, 172). Despu&eacute;s de esa totalidad no hay algo m&aacute;s, es lo &uacute;ltimo.<\/p>\n<p>Desde esta totalidad de s&iacute; mismo, el hombre de conocimiento se percibe literalmente en un mundo maravilloso y rodeado de eternidad, la mayor sabidur&iacute;a a la que uno puede dar voz, le dijo don Juan a Carlos Castaneda. &laquo;&mdash;&iquest;Sabes que en este mismo instante est&aacute;s rodeado por la eternidad? &iquest;Y sabes que puedes usar esa eternidad, si as&iacute; lo deseas? (&hellip; &hellip;). &iquest;Sabes que puedes extenderte hasta el infinito en cualquiera de las direcciones que he se&ntilde;alado? &mdash;prosigui&oacute;&mdash;.&iquest;Sabes que un momento puede ser la eternidad? Esto no es una adivinanza; es un hecho, pero s&oacute;lo si te montas en ese momento y lo usas para llevar la totalidad de ti mismo hasta el infinito, en cualquier direcci&oacute;n.&raquo; (RP, 19). &laquo;Est&aacute;s tratando con esa inmensidad que est&aacute; all&aacute; afuera. (&hellip;) Aqu&iacute;, alrededor de nosotros, est&aacute; la eternidad misma.&raquo; (RP. 50).<\/p>\n<p>De ah&iacute; el llamado vehemente de don Juan a Carlos Castaneda a buscar y ver las maravillas que lo rodean (EDJ, 71) y a hacerse responsable de estar en este mundo extra&ntilde;o. Extra&ntilde;o porque es estupendo, pavoroso, misterioso, impenetrable: &laquo;&hellip;mi inter&eacute;s ha sido convencerte de que debes hacerte responsable por estar aqu&iacute;, en este maravilloso mundo, en este maravilloso desierto, en este maravilloso tiempo. Quise convencerte de que debes aprender a hacer que cada acto cuente, pues vas a estar aqu&iacute; s&oacute;lo un rato corto, de hecho, muy corto para presenciar todas las maravillas que existen.&raquo; (VI, 122). Tantas y de tal calidad, que no hemos agotado nada. &laquo;Templa tu esp&iacute;ritu, llega a ser un guerrero, aprende a ver, y entonces sabr&aacute;s que no hay fin a los mundos nuevos para nuestra visi&oacute;n.&raquo; (RA, 178). En fin, &laquo;Cuando uno ve, no hay detalles familiares en el mundo. Todo es nuevo. Nada ha sucedido antes. &iexcl;El mundo es incre&iacute;ble!&raquo; (RA, 184).<\/p>\n<p>Pero adem&aacute;s el hombre de conocimiento lo es plenamente. Ama y quiere adultamente, sin ninguna preocupaci&oacute;n, sin ning&uacute;n apego ni inter&eacute;s, sin ninguna obsesi&oacute;n ni morbidez. Tiene y vive una vida verdadera, sana, buena, fuerte. Vive de actuar, no de pensar en actuar, ni de pensar qu&eacute; pensar&aacute; cuando termine de actuar (RA, 100). M&aacute;s a&uacute;n, ha aprendido a reducir a nada sus necesidades (RA, 164). Para &eacute;l sentirse pobre o necesitado, lo mismo que odiar, tener hambre o sentir dolor, es s&oacute;lo un pensamiento. Porque, hombre de conocimiento, &eacute;l es todo lo que ve o, mejor, lo es todo: &laquo;Un hombre que ve lo es todo&raquo; (RA, 229). Como conocimiento, conciencia pura y luz que es, para &eacute;l el mundo y &eacute;l mismo ya no son objetos: &laquo;El es un ser luminoso en un mundo luminoso.&raquo; (RP, 67).<\/p>\n<p>En este nivel de todo, nada es lo que se puede expresar, si no es mediante met&aacute;foras y s&iacute;mbolos, porque nada es lo que se puede conocer en t&eacute;rminos de nuestro conocimiento ordinario, y porque cualquier cosa en este nivel de conocimiento en realidad es nada. <\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; es la realidad que se ve, el mundo, los otros, la experiencia del conocimiento o ver? &iquest;Qu&eacute; es uno mismo? Existen, son reales, son la realidad m&aacute;s real porque es todo. Y a la vez es nada. &laquo;&iquest;C&oacute;mo puedo saber qui&eacute;n soy, cuando soy todo eso? &mdash;dijo, barriendo el entorno con un gesto de cabeza.&raquo; (VI, 36). Las cosas que se miran, que ya no son familiares, que son nuevas, lo son tanto que se vuelven nada(RA, 184). El mismo ver ser&aacute; algo que ni siquiera se puede pensar (RA, 101). Otro tanto hay que decir del poder personal. &laquo;No me es posible decir c&oacute;mo viene ni qu&eacute; es en realidad. No es nada, y sin embargo hace aparecer maravillas delante de tus propios ojos.&raquo; (VI, 143). Y sin embargo visto desde el conocimiento ordinario es inefable. De ah&iacute; la justeza de la oposici&oacute;n algo\/nada, todo\/nada, que tantas veces encontramos expresada en las ense&ntilde;anzas de Juan.<\/p>\n<p>Hablar de la totalidad de s&iacute; mismo, como la condici&oacute;n desde la que conoce y act&uacute;a el hombre y mujer de conocimiento, supone hablar de una realidad en el ser humano y en las cosas a la que no estamos acostumbrados. Nos referimos a lo que con el t&iacute;tulo de un libro Castaneda llama una &laquo;realidad aparte&raquo;<\/p>\n<p>&laquo;Una realidad aparte&raquo;<\/p>\n<p>Si no hubiera m&aacute;s realidad que la que vemos, nada de lo hasta aqu&iacute; dicho sobre el hombre de conocimiento tendr&iacute;a sentido. &iquest;Qu&eacute; sentido tendr&iacute;a ser hombre de conocimiento si no hay m&aacute;s realidad y mundo que los que vemos y si para conocer &eacute;stos basta con el tipo de conocimiento ordinario que ya tenemos? La posibilidad, pues, de ser hombre y mujer de conocimiento, est&aacute; en la existencia de esta realidad otra, la misma que vemos, porque no hay otra, pero totalmente diferente de como la vemos. <\/p>\n<p>Las ense&ntilde;anzas de don Juan a Carlos Castaneda lo fueron en funci&oacute;n de que &eacute;ste llegara a conocer esta realidad. Siempre que habl&oacute; en t&eacute;rminos de hombre de conocimiento, supon&iacute;a esta realidad otra y era en funci&oacute;n de ella. El conocimiento del que don Juan le habl&oacute; siempre fue el conocimiento de esta realidad. Este era el secreto de don Juan, su conocimiento. Esto es lo que quer&iacute;a trasmitirle o, mejor, por esto quer&iacute;a que Castaneda fuera hombre de conocimiento: para llegar a conocer la realidad como es, en su totalidad, y verla desde la totalidad indivisa de su ser, y no ya a partir de una funci&oacute;n tan parcial y tan fraccionada como la raz&oacute;n o el pensamiento. <\/p>\n<p>Al igual que en otros, en las ense&ntilde;anzas de este tema don Juan mostr&oacute; seguir un proceso progresivo. Primero fue la necesidad de una preparaci&oacute;n remota, concretada en el caso de Castaneda en el uso de drogas; luego fue hablarle del ser del mundo como una descripci&oacute;n; y, por &uacute;ltimo, de la &ldquo;realidad aparte&rdquo; propiamente tal. En nuestra exposici&oacute;n seguiremos este mismo orden.<\/p>\n<p>Como preparaci&oacute;n remota, desde el principio don Juan conjunt&oacute; en la formaci&oacute;n de Castaneda experiencia y teor&iacute;a, pr&aacute;ctica y discurso. Le inici&oacute; en el uso de ciertas plantas alucin&oacute;genas y le habl&oacute; del mundo que vemos como una percepci&oacute;n. Mediante las drogas Castaneda se iniciaba en la experiencia de percepciones de la realidad diferentes de las normales y m&aacute;s all&aacute; de ellas, y de esta manera en la experiencia de lo que el propio Carlos llamar&iacute;a &ldquo;estados de realidad no ordinaria&rdquo; (EDJ, 40) . De esta manera validaba lo que tambi&eacute;n conceptualmente le trasmit&iacute;a: que existe m&aacute;s realidad de la que vemos, que el mundo que creemos real, lo &uacute;nico real, no es nada m&aacute;s que un reflejo de nosotros mismos; que en la condici&oacute;n actual conocemos &uacute;nicamente lo que previamente hemos convenido en describir como existente y como real. <\/p>\n<p>El aprendizaje no pod&iacute;a ser m&aacute;s pragm&aacute;tico. Antes de ense&ntilde;arle los secretos que corresponden a un hombre de conocimiento, por doble v&iacute;a, pr&aacute;ctica y te&oacute;rica, don Juan inici&oacute; a Castaneda en la experiencia de estados de realidad no ordinaria , estados de los que ser&iacute;a cuesti&oacute;n en sus primeros libros (EDJ, 44).<\/p>\n<p>Concretamente se trataba de experiencias de alteraci&oacute;n, mediante las drogas, de la personalidad (sujeto) y, por con siguiente, de la realidad. En estas experiencia aprend&iacute;a y descubr&iacute;a cosas muy importantes y aparentemente contradictorias. Por ejemplo, que la realidad es lo que uno siente ser la realidad , y, por otra parte, que la realidad percibida en un estado de conciencia no ordinaria existe como realidad fuera de uno . Que est&aacute; y que no est&aacute;, que es y que no es. &laquo;Las cosas no desaparecen. No se pierden, si eso es lo que quieres decir; simplemente se vuelven nada y sin embargo siguen estando ah&iacute;.&raquo; (RA, 184-185). Aprende tambi&eacute;n que para ver la realidad, cualquier objeto, cualquier cosa, como en s&iacute; misma es, hay que verla como en s&iacute; misma es, sin im&aacute;genes, sentimientos o prejuicios previos, sin inter&eacute;s . De lo contrario, por m&aacute;s que haya logrado cambiar el estado de la conciencia, uno s&oacute;lo conocer&aacute; lo que ya conoc&iacute;a o, mejor, lo que ya cre&iacute;a conocer. De esta manera lo iba preparando para el salto al ver o &ldquo;estado de conciencia acrecentada&rdquo;, a la aceptaci&oacute;n y a la experiencia de la &ldquo;realidad aparte&rdquo;.<\/p>\n<p>La experiencia tenida de la realidad y de &eacute;l como sujeto mediante las drogas ser&aacute; doblada en todo momento de la ense&ntilde;anza sobre el mundo como una descripci&oacute;n. Para don Juan, y as&iacute; se lo advertir&aacute; incansablemente a Castaneda, lo que llamamos mundo o realidad es &uacute;nicamente una descripci&oacute;n socializada que hemos hecho de &eacute;l y en la que se nos introduce desde nuestra infancia . Pero una descripci&oacute;n tan fuerte, tan imperiosa y avasalladora que sustituye a la propia realidad. La descripci&oacute;n se convierte en la realidad y es la realidad. &laquo;El mundo de los objetos y la solidez es una manera de hacer nuestro paso por la tierra m&aacute;s conveniente. Es s&oacute;lo una descripci&oacute;n creada para ayudarnos. Nosotros, o mejor dicho nuestra raz&oacute;n, olvida que la descripci&oacute;n es solamente una descripci&oacute;n y as&iacute; atrapamos la totalidad de nosotros mismos en un c&iacute;rculo vicioso del que rara vez salimos en la vida.&raquo; (RP, 132) . <\/p>\n<p>Lo que nos lleva a describir el mundo como lo hacemos es una fuerza, un poder; la fuerza y el poder que nos impulsan a la sobrevivencia. Don Juan la llama intento, anillo, &ldquo;primer anillo de poder&rdquo;. A la capacidad humana correspondiente la llamar&aacute; atenci&oacute;n y raz&oacute;n. Y la parte de nosotros mismos que desarrollamos en funci&oacute;n de la realidad as&iacute; concebida, y a nosotros mismos, tonal. Como fuerza y poder en funci&oacute;n de nuestra sobrevivencia forman parte de nuestro ser y son buenas. Lo malo es cuando se erigen en nosotros en la &uacute;nica realidad que importa e incluso en la &uacute;nica realidad. <\/p>\n<p>&laquo;Nosotros, los seres luminosos, nacemos con dos anillos de poder, pero s&oacute;lo usamos uno para crear el mundo. Ese anillo, que se engendra al muy poco tiempo que nacemos, es la raz&oacute;n, y su compa&ntilde;era es el habla. Entre los dos urden y mantienen el mundo.&raquo; (RP, 132-133; cf. VI,291-292). En efecto, este mundo o realidad en la que nos socializamos, los reproducimos despu&eacute;s cada quien sin descanso mediante el di&aacute;logo interno continuo que mantenemos con nosotros mismo a prop&oacute;sito de la realidad. De ah&iacute; la necesidad de &ldquo;parar el mundo&rdquo; y, para parar el mundo, &ldquo;frenar nuestro di&aacute;logo interno&rdquo;.<\/p>\n<p>Si lo que conocemos como mundo, como realidad, es una descripci&oacute;n en la que no hacemos m&aacute;s que reflejarnos nosotros mismos con nuestras necesidades y deseos, &iquest;qu&eacute; es la &ldquo;realidad aparte&rdquo;? <\/p>\n<p>La expresi&oacute;n &ldquo;realidad aparte&rdquo; no es quiz&aacute;s la mejor, ya que f&aacute;cilmente puede inducir a error, a pensar en una realidad verdaderamente aparte, propia de otro mundo, de otra existencia. En este sentido, no hay tal realidad aparte. La &uacute;nica realidad es la que hay, la que nosotros r&aacute;pidamente, impacientes, llenos de p&aacute;nico a la orfandad, nos apresuramos a describir. <\/p>\n<p>La realidad aparte es esta misma realidad, el mundo y el universo que nos rodean, los otros, nosotros mismos, porque no hay otra realidad, pero vista como en s&iacute; misma es, en toda su profundidad. Con una expresi&oacute;n que ya hemos utilizado, es la realidad vista en su totalidad y desde nuestra totalidad. No filtrada por nuestro conocimiento, intereses ni deseos. La realidad como en s&iacute; misma es. La realidad que emerge cuando toda otra &ldquo;realidad&rdquo; y conocimiento han callado.<\/p>\n<p>Quiz&aacute;s aqu&iacute; se encuentre el elemento m&aacute;s sugerente en orden a establecer la diferencia: en el conocimiento. Cualquier otro tipo de experiencia y de realidad por dif&iacute;cil que resulte de alguna manera es entendible, analizable y explicable a la luz de nuestro conocimiento anal&iacute;tico y racional. La &ldquo;realidad aparte&rdquo; y la experiencia de la misma, no. Aqu&iacute; el conocimiento es la conciencia pura, que s&oacute;lo conoce, presencia y testifica, pero que no analiza, comprende o explica. Porque en un acto puro de conocimiento no hay nada que analizar, entender o explicar . <\/p>\n<p>Una realidad que s&oacute;lo se puede presenciar, vivir, testificar, pero de ninguna manera entender y expresar, porque es inefable. De ah&iacute; la expresi&oacute;n tan reiterada de don Juan Matus: &ldquo;estar ah&iacute; y al mismo tiempo ser nada&rdquo; o, &ldquo;no se puede explicar&rdquo;, &ldquo;no hay en realidad ning&uacute;n modo de hablar de eso&rdquo;, &ldquo;&iexcl;todo lo que miras se vuelve nada!&rdquo;. &laquo;A mi modo, yo tambi&eacute;n era una lagartija, realizando otro viaje extra&ntilde;o. Mi destino, acaso, era s&oacute;lo ver; en ese momento sent&iacute;a que nunca me ser&iacute;a posible decir lo que hab&iacute;a visto.&raquo; (EDJ, 143), reconocer&aacute; Castaneda en la experiencia, por lo dem&aacute;s bien simb&oacute;lica, con las lagartijas a las que cosi&oacute; los ojos. <\/p>\n<p>Y sin embargo, una realidad sentida, percibida y vista con todo el ser, incluido con el propio cuerpo, y no s&oacute;lo con el entendimiento, con la raz&oacute;n. &laquo;Las plantas de poder son s&oacute;lo una ayuda &mdash;dijo don Juan&mdash;.Lo de verdad es cuando se da cuenta de que puede ver. S&oacute;lo entonces somos capaces de saber que el mundo que contemplamos cada d&iacute;a no es nada m&aacute;s que una descripci&oacute;n. Mi intenci&oacute;n ha sido mostrarte eso.&raquo; (VI, 350).<\/p>\n<p>&laquo;Contemplaci&oacute;n de la otredad en el mundo de todos los d&iacute;as&raquo;, la llam&oacute; Octavio Paz. Otredad y mismidad, dir&iacute;amos nosotros. Y sigue diciendo el poeta: &laquo;Los brujos no le ense&ntilde;aron (a Carlos Castaneda) el secreto de la inmortalidad ni le dieron la receta de la dicha eterna: le devolvieron la vista. Le abrieron las puertas de la otra vida. Pero la otra vida est&aacute; aqu&iacute;. S&iacute;, all&aacute; est&aacute; aqu&iacute;, la otra realidad es el mundo de todos los d&iacute;as.&raquo; (EDJ, 22; par&eacute;ntesis nuestro). La otra realidad en la realidad del mundo de todos los d&iacute;as, a&ntilde;adir&iacute;amos nosotros.<\/p>\n<p>&ldquo;Ver&rdquo;<\/p>\n<p>Desde el principio de mi aprendizaje, narra Castaneda, don Juan hab&iacute;a descrito el concepto de &ldquo;ver&rdquo; como una capacidad especial que pod&iacute;a cultivarse y que permit&iacute;a percibir la naturaleza &ldquo;&uacute;ltima&rdquo; de las cosas (RP, 42).<\/p>\n<p>En efecto, &ldquo;ver&rdquo; es la experiencia de conocer la &ldquo;realidad aparte&rdquo; o de la realidad toda, en su esencia y ultimidad, que son las cosas en su condici&oacute;n de permanencia y de gratuidad. &ldquo;Ver&rdquo; es la experiencia de la realidad como en s&iacute; misma es, incluida en esa realidad el ser humano mismo. &ldquo;Ver&rdquo; es la condici&oacute;n del hombre de conocimiento. &ldquo;Ver&rdquo; es la capacidad de ser esa misma realidad, por lo tanto de serlo todo. Por eso un hombre que ve lo es todo (RA, 229). De ah&iacute; la exclamaci&oacute;n, &iexcl;c&oacute;mo puedo saber qui&eacute;n soy cuando soy todo&iexcl; (VI, 36).<\/p>\n<p>No hay condici&oacute;n humana m&aacute;s grande, m&aacute;s sublime, m&aacute;s &uacute;ltima. Por lo mismo, imposible de explicar. Lo que es el &ldquo;ver&rdquo; es algo que no se puede ni siquiera pensar. No se puede entender. Es algo que s&oacute;lo se puede ver.<\/p>\n<p>Desde luego es algo muy diferente de la brujer&iacute;a y del poder. Don Juan ilustra muy bien la diferencia con el caso de su benefactor. Don Juli&aacute;n era un gran brujo, es decir ten&iacute;a grandes poderes, era un guerrero hecho y derecho, su voluntad era en verdad su haza&ntilde;a suprema, pero no ve&iacute;a. No era hombre de conocimiento. Por eso mismo ten&iacute;a que vivir como guerrero, ten&iacute;a que mantenerse luchando, esforz&aacute;ndose., mientras que &laquo;Un hombre que ve no necesita vivir como un guerrero ni como ninguna otra cosa, porque puede ver las cosas como son y dirigir su vida de acuerdo con eso.&raquo; (RA, 173). <\/p>\n<p>Y es que un ser humano puede tener poder como realmente lo tiene un brujo, y voluntad como la tiene un guerrero. &laquo;Pero un hombre puede ir todav&iacute;a m&aacute;s all&aacute;; puede aprender a ver. Al aprender a ver, ya no necesita vivir como un guerrero, ni ser brujo. Al aprender a ver, un hombre llega a ser todo llegando a ser nada.&raquo; (RA, 177). <\/p>\n<p>Para don Juan los brujos o videntes antiguos de M&eacute;xico, los que &eacute;l llama toltecas, aunque hicieron grandes hallazgos en materia de conocimiento, quedaron atorados en el poder. Eran magn&iacute;ficos brujos pero mal&iacute;simos videntes. Por eso &eacute;l distinguir&aacute; siempre entre los antiguos y los nuevos videntes (FI, 25-33), y al hacerlo a lo que est&aacute; apuntando es al &ldquo;ver&rdquo;, capacidad que caracteriza a estos &uacute;ltimos. Por ello, maestro de verdad, don Juan quer&iacute;a que Carlos aprendiera a ver (VI, 348) y no se quedara en brujo como los antiguos.<\/p>\n<p>Definitivamente, &ldquo;ver&rdquo; no es brujer&iacute;a. No tiene nada que ver con las t&eacute;cnicas manipuladoras de los brujos. Y es error de muy graves consecuencias confundir una cosa con otra, porque las t&eacute;cnicas del &ldquo;ver&rdquo; ni buscan tener poder sobre los seres humanos ni tienen efecto alguno sobre ellos. Es m&aacute;s, ver es lo contrario a la brujer&iacute;a. &laquo;Ver le hace a uno darse cuenta de lo insignificante de todo eso&raquo; (RA, 194). Pero se comete el error apuntado cuando el &ldquo;ver&rdquo; o conocimiento es utilizado para tener poder. De ah&iacute; tambi&eacute;n la advertencia de don Juan de que &laquo;Lo que hacen los videntes con lo que ven es m&aacute;s importante que el ver en s&iacute;.&raquo; (FI, 66).<\/p>\n<p>Por la misma condici&oacute;n de que se trata, ver no es tan sencillo, es algo muy dif&iacute;cil. Para comenzar, &ldquo;ver&rdquo; es algo totalmente diferente de &ldquo;mirar&rdquo; . Don Juan le advierte a Castaneda que, dado su car&aacute;cter, racionalizador hasta los tu&eacute;tanos como hemos dicho en otros momentos, tal vez nunca aprenda a ver, y en ese caso tendr&aacute; que vivir como guerrero toda su vida, en continua lucha y esfuerzo (RA, 173).<\/p>\n<p>Supone una dedicaci&oacute;n total, y sin embargo no es algo que se consiga a base de puro esfuerzo, como ser&iacute;a, por ejemplo, el mismo &ldquo;ver&rdquo; si se lo busca con obsesi&oacute;n y morbidez, como dir&aacute; don Juan tantas veces. As&iacute; entendido el &ldquo;ver&rdquo;, no pasa de ser una pseudotarea (RP, 312). La b&uacute;squeda del &ldquo;ver&rdquo; tiene que ser libre y liberadora. Tiene que estar siempre abierta a la maravilla y a la sorpresa. &laquo;Los hombres de conocimiento tienen los dos (el conocimiento y el poder). Y sin embargo ninguno de ellos podr&iacute;a decir c&oacute;mo lleg&oacute; a tenerlo; simplemente que siguieron actuando como guerreros y, en un momento, todo cambi&oacute;.&raquo; (RP, 38).<\/p>\n<p>&ldquo;Ver&rdquo;, en fin, no es tener o creer tener experiencias personales especiales, en el sentido de no ordinarias o inusitadas pero que en el fondo no hacen m&aacute;s que reflejar nuestro yo proyectando nuestra vida, nuestras sensaciones. Son experiencias pensadas, en las que siguen prevaleciendo los significados de la vida. A este respecto hay que tener en cuenta la advertencia de don Juan, en el sentido de que cuando uno aprende a ver, ni una sola cosa es la misma (RA, 224).<\/p>\n<p>&ldquo;Ver&rdquo; es un sentido peculiar de saber, de saber algo, en el fondo todo, sin la menor duda. &laquo;Ver es dejar al desnudo la esencia de todo, es ser testigo de lo desconocido y vislumbrar lo que no se puede conocer, pero ello, no nos trae desahogo.&raquo; (FI, 78). Y aunque ambas son formas metaf&oacute;ricas de hablar, es m&aacute;s una cuesti&oacute;n de o&iacute;do que de ojos. <\/p>\n<p>Es algo tan sutil que no se puede pensar ni se puede decir c&oacute;mo se ve (RA, 101) , s&oacute;lo se puede ver. Es m&aacute;s, no s&oacute;lo el &ldquo;ver&rdquo; no se puede pensar sino tampoco la realidad que se pretende &ldquo;ver&rdquo;. Pensar algo es la se&ntilde;al inequ&iacute;voca de que no se est&aacute; viendo. &laquo;Est&aacute;s pensando en la vida. No est&aacute;s viendo&raquo; (RA, 95). Por ello, tampoco es cuesti&oacute;n de hablar (RA, 123), la acci&oacute;n correlativa de pensar. As&iacute;, cuando Castaneda le pregunte a don Juan pero c&oacute;mo es que se ve, la respuesta ser&aacute;: &iexcl;viendo!. No hay otra forma de ver. A ver se aprende viendo, y s&oacute;lo se puede saber lo que es ver, viendo. Porque, en el fondo, ver es nada. &laquo;&mdash;Ah&iacute; vas otra vez. Ya te dije: no tiene caso hablar de c&oacute;mo es ver. No es nada.&raquo; (RA, 165). Y sin embargo, a la pregunta, pero c&oacute;mo saber que uno ve, la respuesta ser&aacute;, &laquo;Sabr&aacute;s. Te confundes s&oacute;lo cuando hablas&raquo; (RA, 195) . Porque ver es el acto de tratar directamente con el nagual (RP, 312), con la realidad total, con el todo.<\/p>\n<p>Si &ldquo;ver&rdquo; es hacer la experiencia de esa realidad, la m&aacute;s presente y a la vez la m&aacute;s esquiva, nada extra&ntilde;o que, como le pasaba a San Juan de la Cruz en la noche, a la que llamaba &ldquo;soledad sonora&rdquo;, tambi&eacute;n para don Juan Matus sea la oscuridad, a la que &eacute;l llama &ldquo;la oscuridad del d&iacute;a&rdquo;, la mejor hora para &ldquo;ver&rdquo; (RA, 34). En la oscuridad nuestra visi&oacute;n de las cosas m&aacute;s f&aacute;cilmente desaparece y aparece la realidad en su inmensidad.<\/p>\n<p>El &ldquo;ver&rdquo; tiene lugar cuando nuestras visiones de las cosas desaparecen para permanecer solamente la realidad. &laquo;Ya te dije: el guardi&aacute;n ten&iacute;a que volverse nada y sin embargo ten&iacute;a que seguir parado frente a ti. Ten&iacute;a que estar all&iacute; y ten&iacute;a al mismo tiempo que ser nada.&raquo;, &iquest;Absurdo? &laquo;&mdash;S&iacute;. Pero eso es ver. No hay en realidad ning&uacute;n otro modo de hablar sobre eso. Ver, como te dije antes, se aprende viendo. &raquo; (RA, 196-197).<\/p>\n<p>S&oacute;lo restar&iacute;a a&ntilde;adir que no se puede &ldquo;ver&rdquo; sin tener &ldquo;poder personal&rdquo;, esa fuerza interior que hace nos convenzamos y actuemos como corresponde. La teolog&iacute;a cristiana ha llamado a esta fuerza y preparaci&oacute;n gracia preveniente. Don Juan la llama poder personal, y de &eacute;l es cuesti&oacute;n sobre todo en su obra Relatos de poder. &laquo;&mdash;No importa lo que uno revela ni lo que uno se guarda &mdash;dijo&mdash;. Todo cuanto hacemos, todo cuanto somos, descansa en nuestro poder personal. Si tenemos suficiente, una palabra que se nos diga podr&iacute;a ser suficiente para cambiar el curso de nuestra vida. Pero si no tenemos suficiente poder personal, se nos puede revelar la sabidur&iacute;a m&aacute;s grande y esa revelaci&oacute;n nos importa un ajo.&raquo; (RP, 18). <\/p>\n<p>El poder personal es necesario, porque cuesta mucho cambiar. Don Juan se lo confes&oacute; a Castaneda: &laquo;Creo que para m&iacute; lo m&aacute;s dif&iacute;cil fue querer realmente cambiar&raquo; (VI, 119). Por ello, lleno de experiencia, personal y ajena, le advertir&aacute;: &laquo;Tardar&aacute;s a&ntilde;os en convencerte, y luego tardar&aacute;s a&ntilde;os en actuar como corresponde. Ojal&aacute; te quede tiempo.&raquo; (VI, 143). Y es que, aunque el conocimiento es poder, &laquo;Se necesita poder hasta para concebir lo que es el poder.&raquo; (VI, 230). <\/p>\n<p>Con raz&oacute;n los hombres de conocimiento tienen los dos, conocimiento y poder. Aunque ambos, tambi&eacute;n qu&eacute; cosa sea el poder personal, no se pueden explicar. Ambos son del orden de lo inefable. <\/p>\n<p>&laquo;Parar el mundo&raquo;<\/p>\n<p>Lo expresamos cuando fue cuesti&oacute;n de la &ldquo;realidad aparte&rdquo;. Si el mundo es una descripci&oacute;n continuamente haci&eacute;ndose, a cuya reproducci&oacute;n nosotros estamos ininterrumpidamente contribuyendo con nuestro di&aacute;logo interior, y el &ldquo;ver&rdquo; consiste en la superaci&oacute;n de esa descripci&oacute;n, para llegar a &ldquo;ver&rdquo; hay que &ldquo;parar el mundo&rdquo; frenando el di&aacute;logo interno. As&iacute; de l&oacute;gico y as&iacute; de importante. De ah&iacute; que &ldquo;parar el mundo&rdquo; sea un tema presente en toda propuesta de espiritualidad, no importa a qu&eacute; tradici&oacute;n, religiosa o no, pertenezca. Es condici&oacute;n sine qua non para el logro de la contemplaci&oacute;n y, en cierto modo, uno de los objetivos de &eacute;sta. Los maestros de todas las tradiciones saben de su importancia y por ello lo tematizan tanto.<\/p>\n<p>As&iacute; lo es tambi&eacute;n en las ense&ntilde;anzas de don Juan y, por lo mismo, en la obra de Carlos Castaneda, sobre todo a partir de Viaje al Ixtl&aacute;n, obra en su mayor parte, y ello pese al t&iacute;tulo, dedicada a este tema <\/p>\n<p>Seg&uacute;n confiesa Castaneda, durante a&ntilde;os la idea de &ldquo;parar el mundo&rdquo; fue para &eacute;l una met&aacute;fora cr&iacute;ptica que en realidad nada significaba. S&oacute;lo posteriormente, hacia el final de su aprendizaje, lleg&oacute; a advertir por entero su amplitud e importancia, como &laquo;una de las proposiciones principales en el conocimiento de don Juan&raquo; (VI, 10), y que &eacute;ste todo el tiempo le hab&iacute;a tratado de ense&ntilde;ar. No era para menos, &ldquo;parar el mundo&rdquo; era el primer paso para &ldquo;ver&rdquo; (VI, 10). &laquo;Don Juan declaraba que para llegar a &ldquo;ver&rdquo; primero era necesario &ldquo;parar el mundo&rdquo;.&raquo; (VI, 15).<\/p>\n<p>Parar el mundo es parar su descripci&oacute;n, lo que creemos que es la realidad, para poder &ldquo;ver&rdquo; la realidad como en s&iacute; misma es. Y esto ocurre, tiene que ocurrir, dentro de uno, no fuera, es uno el que cambia no las cosas, frenando precisamente el di&aacute;logo interno con el que continuamente estamos reproduciendo la descripci&oacute;n del mundo. Don Juan se le explic&oacute; a Carlos en todas las formas: &laquo;Lo que se par&oacute; ayer dentro de ti fue lo que la gente te ha estado diciendo que es el mundo.&raquo; (VI, 347). Si no se para el mundo, no se puede &ldquo;ver&rdquo;. Lo que se cree ver, sigue siendo el mundo que nos describen y que describimos, una proyecci&oacute;n de nuestros deseos, de nuestro yo, por &ldquo;maravillosa&rdquo; que tal proyecci&oacute;n pueda resultar. Y esto no es lo &uacute;ltimo, lo incondicional y absoluto, lo gratuito. Sigue siendo una experiencia interesada. Lo &uacute;ltimo es &ldquo;ver&rdquo;. &laquo;Lo de verdad es cuando el cuerpo se da cuenta de que puede ver. S&oacute;lo entonces somos capaces de saber que el mundo que contemplamos cada d&iacute;a no es nada m&aacute;s que una descripci&oacute;n. Mi intenci&oacute;n ha sido mostrarte eso.&raquo; (VI, 350).<\/p>\n<p>Si recordamos que la descripci&oacute;n que hacemos del mundo y en la que vivimos, es obra de un poder y de una fuerza, el poder y la fuerza de la realidad descrita como tal, de nosotros mismos, lo que don Juan y Castaneda llaman &ldquo;primer anillo de poder&rdquo;, se comprender&aacute; la convicci&oacute;n y la fuerza que se requieren para salir de &eacute;l. De otra manera es imposible. &laquo;El requisito previo que don Juan pon&iacute;a para &ldquo;parar el mundo&rdquo; era que uno deb&iacute;a estar convencido; en otras palabras, hab&iacute;a que aprender la nueva descripci&oacute;n en un sentido total, con el prop&oacute;sito de enfrentarla con la vieja y en tal forma romper la certeza dogm&aacute;tica, compartida por todos nosotros, de que la validez de nuestras percepciones, o nuestra realidad de mundo, se encuentra m&aacute;s all&aacute; de toda duda.&raquo; (VI, 15-16).<\/p>\n<p>Ense&ntilde;anza que se complementa con otra de don Juan respondiendo a la pregunta de Carlos para qu&eacute; querr&iacute;a alguien parar el mundo: &laquo;Nadie quiere, &eacute;sa es la cosa. Nada m&aacute;s ocurre. Y una vez que sabes c&oacute;mo es parar el mundo, te das cuenta de que hay raz&oacute;n para ello.&raquo; (VI, 193).<\/p>\n<p>Adem&aacute;s de convicci&oacute;n, hay t&eacute;cnicas para lograrlo: superar la importancia personal o de nuestro ego, y para ello borrar la historia personal, ver la muerte como una realidad presente, como una compa&ntilde;era, convencerse por lo tanto de que no hay tiempo, hacerse responsable, y otras, temas que con raz&oacute;n suenan comunes a las diferentes tradiciones religiosas. Por su significaci&oacute;n inmediata para &ldquo;parar el mundo&rdquo;, s&oacute;lo vamos a enfatizar una, el no-hacer, por lo dem&aacute;s de hondas resonancias tao&iacute;stas.<\/p>\n<p>A la descripci&oacute;n del mundo sigue el hacer, que refuerza la descripci&oacute;n o, mejor a&uacute;n, describimos el mundo como lo describimos en funci&oacute;n de lo que queremos hacer en &eacute;l. De ah&iacute; que no s&oacute;lo describimos el mundo sino que lo hacemos. La consecuencia, pues, de cara a poder &ldquo;parar el mundo&rdquo; es bien l&oacute;gica y eficaz: no-hacer. &laquo;El mundo es el mundo porque t&uacute; conoces el hacer implicado en hacerlo as&iacute; &mdash;dijo&mdash;. Si no conocieras su hacer, el mundo ser&iacute;a distinto.&raquo; (VI, 262). El no-hacer no es, pues, realmente un no hacer sino un hacer que no reproduce la descripci&oacute;n del mundo, un hacer que la derriba. <\/p>\n<p>Castaneda narra una an&eacute;cdota que lo ilustra bien. Como buen antrop&oacute;logo, adicto a tomar siempre notas y m&aacute;s notas, don Juan y don Genaro se re&iacute;an de &eacute;l, hasta llegar a en medio de risas aconsejarle que, ya que le gustaba escribir tanto, escribiera con la punta del dedo en vez de con el bol&iacute;grafo. El se molest&oacute; al sentir el consejo una broma falta de respeto. Posteriormente cay&oacute; en la cuenta de lo pertinente que era la ense&ntilde;anza impl&iacute;cita en la propuesta(DA, 33). M&aacute;s &eacute;l escrib&iacute;a y escrib&iacute;a, m&aacute;s excitaba su di&aacute;logo interno y m&aacute;s reproduc&iacute;a el mundo que ya conoc&iacute;a, m&aacute;s lejos estaba de &ldquo;parar el mundo&rdquo; y mucho m&aacute;s lejos de &ldquo;ver&rdquo;. Para llegar a esta meta era m&aacute;s pertinente el silencio de no escribir, el no-hacer, que el escribir y pensar. <\/p>\n<p>Los ejemplos que le pusieron fueron muchos. De hecho hay tantos no-hacer como hacer. De cualquier hacer se puede hacer un no-hacer. Como cualquier t&eacute;cnica, lo importante es dominarla y saber que no es un fin en s&iacute; sino un medio, aunque un medio necesario. &laquo;No-hacer es muy sencillo pero muy dif&iacute;cil &mdash;dijo&mdash;. No es cosa de entenderlo, sino de dominarlo. Ver, por supuesto, es la haza&ntilde;a final de un hombre de conocimiento, y s&oacute;lo se logra ver cuando uno ha parado el mundo a trav&eacute;s de la t&eacute;cnica de no-hacer.&raquo; (VI, 269). &laquo;Ahora, si quieres parar el mundo, debes parar el hacer.&raquo; (VI, 263).<\/p>\n<p>Los cuatro enemigos<\/p>\n<p>No hay propuesta de espiritualidad digna de este nombre que no sepa de obst&aacute;culos, de dificultades y de enemigos. Por ello todas las propuestas hablan de ellos. La propuesta de don Juan y de Castaneda tambi&eacute;n. Y para ellos los enemigos, as&iacute; los llaman, que en el camino del conocimiento enfrenta el ser humano que se propone esta meta, son cuatro: el miedo, la claridad, el poder y la vejez (EDJ, 108-112). Se trata de cuatro enemigos &ldquo;naturales&rdquo;, esto es, verdaderos, que es natural que existan, que todo hombre y mujer que emprenden el camino del conocimiento sienten, pero que hay que luchar contra ellos y vencerlos. De que se los venza o no depende el que se llegue o no a ser hombre de conocimiento. No hay otra alternativa.<\/p>\n<p>La penetraci&oacute;n psicol&oacute;gica de don Juan al respecto est&aacute; a la altura de los grandes maestros. Por otra parte con su penetraci&oacute;n no hace m&aacute;s que revelar el concepto exigente y profundo que &eacute;l tiene del conocimiento como realizaci&oacute;n plena del ser humano. Nos limitamos a enfatizarla.<\/p>\n<p>El miedo es el primer enemigo natural a hacerse presente y a vencer. Lo hemos visto reiteradamente en el caso de Carlos Castaneda, un caso verdaderamente emblem&aacute;tico. Porque, aparte las exigencias morales que conlleva, en su caso sobre todo implicaba el paso de un sistema cognitivo, el &uacute;nico v&aacute;lido para &eacute;l, con todo lo que esto significa, a otro. Pero se trata de un miedo universal por lo que siempre implica de conversi&oacute;n y de cambio, un miedo que s&oacute;lo se supera pasando por &eacute;l. No hay otra alternativa, si se quiere llegar a ser hombre de conocimiento. De hecho, en este primer momento ya muchos abandonan.<\/p>\n<p>Una vez conquistado el miedo, cosa que demanda su proceso y a la vez ocurre de una vez, el ser humano lo vence porque adquiere claridad: una claridad de mente que borra el miedo. Pero pronto &eacute;sta se convierte en obst&aacute;culo. Es mucha la seguridad que da para ponerla en riesgo. Por eso se da un aferramiento a ella, y por lo tanto una situaci&oacute;n de fijaci&oacute;n y estancamiento. Muchas veces cuando Castananeda le expresa a don Juan que tiene miedo, le responder&aacute; que lo que &eacute;l teme es perder su &ldquo;claridad&rdquo;, la claridad de su raz&oacute;n y la nueva claridad que iba consiguiendo en su aprendizaje (RA, 133). Esta claridad no es para nada el conocimiento que hay que perseguir. Hay que desafiarla us&aacute;ndola &uacute;nicamente como medio para seguir avanzando.<\/p>\n<p>Un tercer enemigo es el poder. Cada cultura produce sus formas. En su momento aludimos al poder que seg&uacute;n don Juan Matus caracteriz&oacute; a los videntes o brujos del antiguo M&eacute;xico. Tuvieron mucho, pero se quedaron solamente en eso, en hombres con poderes especiales, en brujos. No llegaron a ser hombres de conocimiento. Hoy d&iacute;a el poder puede ser prestigio, reconocimiento, renombre, la misma experiencia espiritual como una mistificaci&oacute;n, pero el poder como enemigo sigue siendo muy real. Para don Juan, se trata del enemigo m&aacute;s fuerte. Un ser humano que sucumbe al poder, no tiene dominio sobre s&iacute; y, buena prueba de ello, tiene miedo ante su propia muerte. <\/p>\n<p>En fin, el cuarto enemigo es la vejez, el m&aacute;s cruel de todos, el &uacute;nico que no se puede vencer por completo, dice don Juan. Se han vencido los dem&aacute;s enemigos, pero se hace tedioso llegar hasta el final; se experimenta un deseo de quedarse en lo logrado, de repetirse, de no seguir buscando, creando. Hay un sentimiento de cansancio. Pero s&oacute;lo llegando hasta al final se es hombre de conocimiento. <\/p>\n<p>La vejez tiene otras manifestaciones, que suelen darse mucho antes, desde el puro comienzo. Son las manifestaciones de falta de poder, de des&aacute;nimo e incluso abatimiento, ante la gran tarea que avizora. No es tanto el miedo a cambiar como la falta de energ&iacute;a para hacerlo, falta que se acrecienta con el paso del tiempo. De ah&iacute; la necesidad de contar con poder personal, de contar con una cierta juventud de esp&iacute;ritu.<\/p>\n<p>Los cuatro enemigos son formidables, de verdad poderosos. De ah&iacute; la necesidad para ser hombre de conocimiento de desafiarlos y vencerlos. Pero por otra parte, con el mismo aplomo don Juan asegura que quien los venza puede llamarse hombre de conocimiento.<\/p>\n<p> Tarea ardua<\/p>\n<p>Como se ve, la tarea es ardua, demanda mucho esfuerzo. Cada vez que un hombre se propone aprender, tiene que esforzarse como el que m&aacute;s, le dir&aacute; don Juan a Castaneda. Ser hombre de conocimiento es la tarea m&aacute;s dif&iacute;cil que un ser humano puede echarse encima (EDJ, 74). <\/p>\n<p>De una manera provocadora, estilo tan propio de los maestros, don Juan le dir&aacute; a Carlos Ccastaneda que s&oacute;lo a un chiflado se le ocurrir&iacute;a emprender por cuenta propia la tarea de hacerse hombre de conocimiento, que a uno cuerdo hay que enga&ntilde;arlo. Y que si bien hay muchos que acometer&iacute;an con gusto la tarea, &eacute;stos no cuentan. Casi siempre est&aacute;n rajados. Son calabazas o cuencos que por fuera se ven en buen estado, pero que comenzar&aacute;n a gotear tan pronto se los llene de agua y se los presiones (RA, 35). En expresi&oacute;n recogida en los evangelios, muchos son los llamados y pocos los escogidos<\/p>\n<p>Pero hay otra aseveraci&oacute;n de don Juan m&aacute;s pat&eacute;tica, y que dice as&iacute;: &laquo;la experiencia que tengo de mis semejantes me ha mostrado que pocos, poqu&iacute;simos de ellos estar&iacute;an dispuestos a escuchar; y de los pocos que escuchan, menos a&uacute;n estar&iacute;an dispuestos a actuar de acuerdo a lo que han escuchado; y de aquellos que est&aacute;n dispuestos a actuar, menos a&uacute;n tienen suficiente poder personal para sacar provecho de sus actos.&raquo; (RP, 303)<\/p>\n<p>Y sin embargo aprender es nuestro destino, y ser hombres y mujeres de conocimiento, nuestra &uacute;nica alternativa viable. Es nuestro destino. De hecho, para bien o para mal, siempre estamos aprendiendo, le recordar&aacute; don Juan a Carlos. &iquest;Qu&eacute; sentido tiene, pues, aprender cosas in&uacute;tiles? Por m&aacute;s aterrorizante que sea el aprendizaje, es m&aacute;s terrible ser un hombre sin conocimiento. El hombre de conocimiento es el &uacute;nico que vive una vida verdadera. Una vida con la certeza n&iacute;tida de estar vivi&eacute;ndola; una vida sana, buena, feliz, fuerte.<\/p>\n<p>La tarea de conocer y ser hombre de conocimiento ha quedado personalizada en don Juan. &laquo;Usted no es igual a ninguno de nosotros, don Juan &mdash;dije&mdash;. Usted es un espejo que no refleja nuestras im&aacute;genes. Usted ya est&aacute; fuera de nuestro alcance. \/ &mdash; Lo que est&aacute;s presenciando es el resultado de una lucha que toma toda una vida &mdash;dijo&mdash;. Lo que ves es un brujo que finalmente ha aprendido a seguir los designios del esp&iacute;ritu. Y eso es todo.&raquo; (CS, 238). <\/p>\n<p>Pero ya estos temas, enemigos, tarea ardua y lucha, adem&aacute;s de habernos ayudado a apreciar mejor lo que en las ense&ntilde;anzas de don Juan significa ser hombre de conocimiento, nos llevan a hablar de otro de los grandes temas retenidos por Carlos Castaneda como m&aacute;s importantes para &eacute;l en las ense&ntilde;anzas de don Juan: ser guerrero. <\/p>\n<hr style=\"width: 100%; height: 2px;\" \/>\n<span><br \/>Las ense&ntilde;anzas de don Juan. Una forma yaqui de conocimiento, 1968.<br \/>Una realidad aparte. Nuevas conversaciones con don Juan , 1971.<br \/>Viaje a Ixtl&aacute;n. Las lecciones de don Juan, 1972.<br \/>Relatos de poder. Las lecciones de don Juan, 1974.<br \/>El segundo anillo de poder, 1977.<br \/>El don del Aguila, 1981.<br \/>El fuego interno, 1984.<br \/>El conocimiento silencioso, 1987.<br \/>El arte de enso&ntilde;ar, 1993.<br \/>Pases m&aacute;gicos, 1998.<br \/>La rueda del tiempo, 1998.<br \/>El lado activo del infinito, 1998.<br \/><br style=\"font-weight: bold;\" \/><span style=\"font-weight: bold;\">OBRAS DE CARLOS CASTANEDA CITADAS POR SIGLAS<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">AE<\/span> El arte de enso&ntilde;ar, Emec&eacute; Editores, Buenos Aires 1998<br \/><span style=\"font-weight: bold;\">CS<\/span> El conocimiento silencioso, Gaia Ediciones, 4&ordf; ed. Madrid 1998.<br \/><span style=\"font-weight: bold;\">DA<\/span> El don del Aguila, Gaia Ediciones, 3&ordf; ed. Madrid 1998.<br \/><span style=\"font-weight: bold;\">EDJ<\/span> Ense&ntilde;anzas de don Juan, F.C.E., M&eacute;xico-Madrid 1974.<br \/><span style=\"font-weight: bold;\">FI<\/span> El fuego interno, Gaia Ediciones, 2&ordf; ed. Madrid 1997.<br \/><span style=\"font-weight: bold;\">LAI<\/span> El lado activo del infinito, Suma de Letras S.L., Madrid 2001.<br \/><span style=\"font-weight: bold;\">PM<\/span> Pases m&aacute;gicos, Ediciones Mart&iacute;nez Roca, 2&ordf; ed. Barcelona 1998.<br \/><span style=\"font-weight: bold;\">RA<\/span> Una realidad aparte, F.C.E., M&eacute;xico-Madrid 1974.<br \/><span style=\"font-weight: bold;\">RP<\/span> Relatos de poder, F.C.E., M&eacute;xico-Madrid 1976.<br \/><span style=\"font-weight: bold;\">RT<\/span> La rueda del tiempo, Gaia Ediciones, Madrid 1998.<br \/><span style=\"font-weight: bold;\">SAP<\/span> El segundo anillo de poder, Gaia Ediciones, 2&ordf; ed. Madrid 1997.<br \/><span style=\"font-weight: bold;\">VI<\/span> Viaje a Ixtl&aacute;n, F.C.E., M&eacute;xico 1975.<\/span><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>J. Amando Robles Robles. Hombre y mujer de conocimiento: la propuesta de Juan Matus y Carlos Castaneda. Heredia, CR, Euna, 2006. 165 p. ISBN 9977-65-279-1 (del cap&iacute;tulo 3 de: Hombre y mujer de conocimiento) En una entrevista que el psic&oacute;logo Sam Keen hiciera a Carlos Castaneda apenas aparecido su tercer libro, Viaje a Ixtl&aacute;n, y&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":53594,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[158],"tags":[],"post_series":[],"class_list":["post-53593","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-la-sabiduria-en","entry","has-media"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53593","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=53593"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53593\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/53594"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=53593"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=53593"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=53593"},{"taxonomy":"post_series","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/post_series?post=53593"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}