{"id":53624,"date":"2008-07-30T00:00:00","date_gmt":"2008-07-30T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"lorca_y_machado_desde_un_punto_de_vi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/lorca_y_machado_desde_un_punto_de_vi\/","title":{"rendered":"LORCA Y MACHADO, desde un punto de vista espiritual"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: bold;\">fragmento de un ensayo.<\/span><br style=\"font-weight: bold;\"><span style=\"font-weight: bold;\">Por Domingo Melero<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">Introducci&oacute;n<\/span><br \/>Selecci&oacute;n de autores<br \/>A sugerencia de Corb&iacute; (y de Vigil), propongo la lectura de algunos poemas de dos autores que, en el contexto espa&ntilde;ol del primer tercio del siglo XX, fueron &ldquo;espirituales&rdquo;, de forma, adem&aacute;s, &ldquo;independiente&rdquo; respecto de la religi&oacute;n de aquel momento <span style=\"font-weight: bold;\">[1] <\/span>. Otros hubieran sido asimismo adecuados. Pienso, por ejemplo, en dos grandes como C&eacute;sar Vallejo y Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">Enfoque y selecci&oacute;n de textos <\/span><br \/>Al escoger qu&eacute; leer de Lorca y de Machado (mucho habr&iacute;a), he tenido en cuenta dos cosas: primero, el tema del Encuentro, y, segundo, el &ldquo;primer consenso&rdquo; que los escritos preparatorios de Corb&iacute; tambi&eacute;n mencionan.<\/p>\n<p><span>1. En primer lugar, el tema: qu&eacute; es la &ldquo;espiritualidad&rdquo; y c&oacute;mo se cultiva de forma independiente de la religi&oacute;n, como corresponde al car&aacute;cter laico de nuestras sociedades.<\/span><\/p>\n<div style=\"text-align: justify;\">&mdash; Parto de la forma de definir Corb&iacute; &ldquo;espiritualidad&rdquo; en su primer texto: &ldquo;cultivo de la cualidad humana&rdquo;, &ldquo;cultivo de una peculiar dimensi&oacute;n de la cualidad humana&rdquo;, &ldquo;cultivo de una dimensi&oacute;n, intr&iacute;nseca y constitutiva de nuestra especie, (&hellip;) la dimensi&oacute;n absoluta de nuestro existir y del existir de todo&rdquo;. Asimismo, cuento con los tres elementos IDS: inter&eacute;s, distanciamiento o desapego, y silencio.<\/p>\n<p>&mdash; La &ldquo;vida espiritual&rdquo;, ciertamente, no es espec&iacute;ficamente cristiana, ni de cualquier otra tradici&oacute;n, religiosa o no. En este sentido, es independiente de religiones e ideolog&iacute;as. Es algo propio del &ldquo;hombre en busca de su humanidad&rdquo; o &ldquo;en camino de ser &eacute;l mismo&rdquo;.<\/p>\n<p>Tanto Machado como Lorca se ajustan a esta perspectiva. Ambos pertenecieron a la tradici&oacute;n republicana y liberal del primer tercio del siglo XX en Espa&ntilde;a y, a partir de su particular ubicaci&oacute;n en ella, fueron independientes tanto respecto de las ideolog&iacute;as del momento como respecto de la religi&oacute;n. Sin embargo, lo fueron de forma distinta, seg&uacute;n las circunstancias de su vida y seg&uacute;n su forma de ser.<\/p>\n<p>En lo que respecta a la religi&oacute;n (dejo de lado las ideolog&iacute;as para no extenderme), Machado tuvo una infancia y una educaci&oacute;n ajenas a la tradici&oacute;n cat&oacute;lica; tradici&oacute;n que despu&eacute;s &eacute;l se encontr&oacute; en su entorno adulto de diferentes maneras, y ante la que tuvo una actitud de calidad (IDS), sin olvidar, sin embargo, sus &ldquo;gotas de sangre jacobina&rdquo; (XCVII). Lorca, en cambio, se educ&oacute; en el seno de una familia sanamente cat&oacute;lica y civilmente laica, que no era clerical ni viv&iacute;a &ldquo;a la sombra de la sombra de la Iglesia&rdquo; (Machado). <\/p>\n<p>En la juventud de Lorca, la figura de Jes&uacute;s (tanto por su rechazo de la moral farisaica como por el tipo de vida que le llev&oacute; a morir rechazado y condenado) fue decisiva, y le inspir&oacute;, adem&aacute;s, hasta el final. En Machado, en cambio, la figura de Jes&uacute;s no fue central aunque s&iacute; importante y cercana al n&uacute;cleo, tal como veremos.<\/p>\n<p>Entiendo, pues, por independencia, una actitud adulta y por tanto libre ante las tradiciones religiosas (incluida la propia e incluido el aspecto institucional de las mismas). Esta actitud adulta y libre (pi&eacute;nsese en la &ldquo;libertad religiosa&rdquo;) significa dos cosas. Primero, que la &ldquo;funci&oacute;n social&rdquo; de las tradiciones religiosas intitucionalizadas, tal como se entend&iacute;a antes, se ha terminado. Las religiones, como colectivo y mediante sus representantes, ya no tienen el papel pol&iacute;tico e ideol&oacute;gico que antes ten&iacute;an (desde el poder o desde el antipoder; como factor de orden o de desorden). Y, segundo, que, de los textos religiosos, no se sigue autom&aacute;ticamente un programa econ&oacute;mico o pol&iacute;tico determinado, susceptible de ser generalizado.<\/p>\n<p>&laquo;La pol&iacute;tica, se&ntilde;ores &mdash;sigue hablando Mairena&mdash;, es una actividad important&iacute;sima&#8230; Yo no os aconsejar&eacute; nunca el apoliticismo, sino, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, el desde&ntilde;o de la pol&iacute;tica mala que hacen trepadores y cuca&ntilde;istas, sin otro prop&oacute;sito que el de obtener ganancia y colocar parientes. Vosotros deb&eacute;is hacer pol&iacute;tica, aunque otra cosa os digan los que pretenden hacerla sin vosotros, y naturalmente, contra vosotros. S&oacute;lo me atrevo a aconsejaros que la hag&aacute;is a cara descubierta; en el peor caso con m&aacute;scara pol&iacute;tica, sin disfraz de otra cosa; por ejemplo de literatura, de filosof&iacute;a, de religi&oacute;n. Porque de otro modo contribuir&eacute;is a degradar actividades tan excelentes, por lo menos, como la pol&iacute;tica, y a enturbiar la pol&iacute;tica de tal suerte que ya no podamos nunca entendernos&#8230;&raquo; (Juan de Mairena I, xvi; en adelante: JM, I)<\/p>\n<p>Machado anot&oacute; una sentencia implacable hacia 1935, probablemente debida a la intervenci&oacute;n pol&iacute;tica de la jerarqu&iacute;a y de los cat&oacute;licos a t&iacute;tulo de tales en pol&iacute;tica:<br \/>&laquo;La palabra que m&aacute;s me repugna es: catolicismo, no por lo que significa, sino por el repugnante empleo que se hace de ella&raquo; (PPC, 2156).<\/p>\n<p>2.2. En segundo lugar, he tenido en cuenta, adem&aacute;s, el &ldquo;primer consenso&rdquo; al que, en opini&oacute;n de Robles, habr&iacute;a que llegar a partir de los dos polos en tensi&oacute;n que se manifestaron en los Encuentros anteriores (tensi&oacute;n que considero que fue fecunda). <br \/>Hay, en efecto, como propone Robles, una espiritualidad (la &ldquo;vida espiritual&rdquo; del hombre es una). Pero hay (por lo menos) dos arranques o puntos de partida, dos sensibilidades o dos v&iacute;as. En este sentido, &ldquo;Lorca&rdquo; (lo que he seleccionado de &eacute;l) destaca uno de estos elementos (la sensibilidad y la respuesta ante el sufrimiento, ante la injusticia). Mientras que &ldquo;Machado&rdquo; (lo que he seleccionado de &eacute;l) destaca el otro elemento, es decir, el camino personal (la pregunta que uno mismo es ante s&iacute; mismo), as&iacute; como la apertura del sujeto ante el misterio de lo real, que se manifiesta, por ejemplo, en el asombro y en la angustia.<br \/>&ldquo;El alma del poeta \/ se orienta hacia el misterio&hellip;&rdquo; (LXI). <\/p>\n<p>Con todo, una vez indicada la tensi&oacute;n entre &ldquo;Lorca&rdquo; y &ldquo;Machado&rdquo;, hay que a&ntilde;adir, aunque es obvio, que, en estos dos autores, se dan los dos polos de la tensi&oacute;n.<\/p>\n<p>Busca a tu complementario, \/ que marcha siempre contigo, \/ y suele ser tu contrario (CLXI, xv) <\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">Partes y orden de la exposici&oacute;n <\/span><br \/>Organizo mi texto en cuatro partes. En primer lugar, dado que la mayor&iacute;a de los textos seleccionados son poemas, expongo algo sobre la &iacute;ndole peculiar de este tipo de textos; sobre todo, sobre su uso y su eficacia. En esta parte, ya cito algunos fragmentos de Machado. La segunda parte y la tercera son el cuerpo de la exposici&oacute;n, con los textos de Lorca y de Machado, acompa&ntilde;ados de algunos comentarios e informaciones. Empiezo por Lorca como el compositor, que coloca, al comienzo de una sinfon&iacute;a, un movimiento brioso (y quiz&aacute; dif&iacute;cil) antes de pasar a otro m&aacute;s lento y &ldquo;maestoso&rdquo;.<\/p>\n<p>El lenguaje surrealista y vanguardista del poeta del 27 es inicialmente m&aacute;s dif&iacute;cil y parece m&aacute;s herm&eacute;tico. Sin embargo, es m&aacute;s moderno y testimonia hasta d&oacute;nde puede llegar, en ocasiones, el esfuerzo creador (en este caso, ling&uuml;&iacute;stico) dada la realidad de una sociedad urbana, aglomerada e industrial. El lenguaje de Machado es m&aacute;s cl&aacute;sico, m&aacute;s de siempre; pero su sencillez es enga&ntilde;osa.<\/p>\n<p>&ldquo;Oscuro para que atiendan; \/ claro como el agua, claro \/ para que nadie comprenda.&rdquo; <span style=\"font-weight: bold;\">[2] <\/span><\/p>\n<div style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-weight: bold;\">I. Sobre la &iacute;ndole peculiar de los poemas<\/span><\/div>\n<p>Entre otros, los poemas tienen dos rasgos que quiero destacar <span style=\"font-weight: bold;\">[3]<\/span>. En primer lugar, los poemas no son para leerlos, como los relatos o los ensayos, ni tampoco son para presenciarlos, como las piezas de teatro; son, sobre todo, para usarlos. En segundo lugar, los poemas tienen una eficacia especial. Lo suyo no es, propiamente, la comunicaci&oacute;n de ideas para el trabajo en grupo, en orden a la precisi&oacute;n de la acci&oacute;n o a la claridad del conocimiento, conforme a la l&oacute;gica. Su utilidad es otra.<br \/>&ldquo;En los labios ni&ntilde;os \/ las canciones llevan \/ confusa la historia \/ y clara la pena&rdquo; (VIII). &ldquo;Da doble luz a tu verso, \/ para le&iacute;do de frente \/ y al sesgo&rdquo; (CLXI, lxxi).<\/p>\n<p>En lo que sigue desarrollo estos dos rasgos por dos razones: primero, porque el uso que indico es una forma de &ldquo;cultivar&rdquo; la &ldquo;vida espiritual&rdquo; (tema tambi&eacute;n de este Encuentro) y, segundo, porque este uso indica el l&iacute;mite inevitable en una primera lectura de los poemas que vendr&aacute;n a continuaci&oacute;n.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">Sobre el uso y la eficacia de los poemas<\/span><br \/>1. Los poemas son para usarlos, esto es, para decirlos uno mismo para s&iacute; (leerlos en voz alta ya es algo pero no basta; y recitarlos, en el sentido de declamarlos, es demasiado). Usarlos (y captar as&iacute; su potencialidad) requiere esfuerzo; supone recorrer un camino que incluye b&uacute;squeda, elecci&oacute;n, atenci&oacute;n, aplicaci&oacute;n y cierta tenacidad. Sin duda, la mera lectura (o audici&oacute;n), si uno ya est&aacute; &ldquo;despierto&rdquo;, puede suscitar ya, a trav&eacute;s de su belleza, una sinton&iacute;a, algo que es ya del orden del &ldquo;sentimiento fundamental&rdquo;. Pero esto es s&oacute;lo el comienzo. El arranque ya es luz, hallazgo y reconocimiento, pero no es lo que se descubre a partir del &ldquo;dominio&rdquo; del texto, de la &ldquo;familiaridad&rdquo; con &eacute;l.<\/p>\n<p>2. La oferta de textos es amplia, como las tradiciones y los autores existentes. Por eso, uno debe identificar los poemas (o los fragmentos) que pueden llegar a ser suyos; hay que escoger, frecuentar, releer, pensar, memorizar, olvidar y recordar, hasta desembocar en la &ldquo;dif&iacute;cil facilidad&rdquo; de decir par coeur.<br \/>&ldquo;&hellip; A distinguir me paro las voces de los ecos, \/ y escucho solamente, entre las voces, una&rdquo; (XCVII)<\/p>\n<p>3. La imagen mejor de este proceso no es el alimento, imagen que puede servir en la lectura de narraciones o de ensayos, en la que el objetivo es la apropiaci&oacute;n. En los poemas, en cambio, la apropiaci&oacute;n desemboca en el uso y, por tanto, en la expresi&oacute;n. Por eso el texto no se destruye sino que perdura pues torna a salir, pronunciado por el sujeto que, de este modo, sale de s&iacute; mismo y de su mutismo y se capta a s&iacute; mismo desde fuera. Los poemas pasan, primero, del exterior al interior (y no s&oacute;lo por la inteligencia y la voluntad sino tambi&eacute;n por la memoria), para luego pasar de nuevo al exterior, desde donde el sujeto los vuelve a recibir, dichos por &eacute;l mismo. Su destino es que el hombre los use igual como el hombre religioso usa un salmo, un himno, una plegaria compuesta por otro. Tambi&eacute;n as&iacute; es como un m&uacute;sico interpreta una partitura. La canci&oacute;n y la reflexi&oacute;n siempre han acompa&ntilde;ado al hombre incluso en medio de sus quehaceres.<br \/>&ldquo;En su claro verso \/ se canta y medita \/ sin grito ni ce&ntilde;o.&rdquo; (CLXIV, xiii, iv)<\/p>\n<p>4. Por eso, los poemas (o algunos fragmentos de ellos) son como viviendas, como pisos en los que subrogarse. El arquitecto, el constructor, el propietario titular y el primer usuario es el autor. Pero los poemas son de todos y de nadie; o de cada uno, que es lo mismo. Una vez conocidos, cualquiera puede ser su usuario y subrogarse en el &ldquo;yo&rdquo; que los dice, esto es, en la voz del acto de habla del poema (o del fragmento). De esta forma, el usuario subroga adem&aacute;s, en el vac&iacute;o de los otros pronombres, su propia realidad (sus relaciones fundamentales, su mundo, su Dios).<\/p>\n<p>5. En el uso del poema, el creador (con el que hubo que contar al principio) se diluye y ya no se hace presente sino que entra en el &ldquo;nadie&rdquo;, en el olvido o en el anonimato. Tambi&eacute;n el usuario puede percibir que &eacute;l mismo est&aacute; de paso. El usuario y su mundo ocupan pronombres que otros han usado, usar&aacute;n y quiz&aacute; est&aacute;n usando. &iquest;No es &eacute;l mismo distinto cada vez que usa el poema?<br \/>&ldquo;Mas no te importe si rueda \/ y pasa de mano en mano: \/ del oro se hace moneda&rdquo; (CLXI, lxxii).<\/p>\n<p>El hombre, al expresarse mediante un texto de otro, sabe que dicho texto estaba ah&iacute; antes que &eacute;l; que dicho texto respond&iacute;a a un perfil determinado <span style=\"font-weight: bold;\">[4] <\/span>, y que dicho perfil se daba dentro de una lengua que es una tradici&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica entre las muchas que &ldquo;en el mundo han sido&rdquo;; y en las que se concreta la capacidad humana de lenguaje. Esta conciencia de los diferentes niveles ling&uuml;&iacute;sticos engrandece (universaliza) y empeque&ntilde;ece (particulariza) al ser humano.<\/p>\n<p>6. El hombre se descubre de una forma especial al expresarse desde dentro y escucharse desde fuera; sobre todo cuando dice el texto espont&aacute;neamente. Entonces, el poema ya no ocupa su memoria sino que la habita. Se comprende, por tanto, que s&oacute;lo leer los poemas es como s&oacute;lo mirar o visitar una vivienda; y que las antolog&iacute;as (de textos de suyo &ldquo;memorables&rdquo;) pueden ser una trampa; tanto como los museos que se visitan a uno o dos minutos por cuadro. Cada uno debe confeccionar su propia colecci&oacute;n de textos de decirse (igual como debeconfeccionar la colecci&oacute;n de im&aacute;genes y de cuadros donde converjan, para &eacute;l, mirar y ser).<\/p>\n<p>7. A veces, esta confecci&oacute;n de la propia colecci&oacute;n incluye modificar los textos recibidos o incluso componer otros a partir de ellos. Esta exigencia surge de la honestidad consigo mismo y con lo real. As&iacute; como no hay poeta sin una tradici&oacute;n, esta misma tradici&oacute;n es la que exige, a veces (no siempre, ni mucho menos), modificar y recrear los textos. La raz&oacute;n es de peso: la adecuaci&oacute;n de la expresi&oacute;n no es ajena a la eficacia de la comunicaci&oacute;n. Esto, que vale para la comunicaci&oacute;n con otro, vale, asimismo, para la comunicaci&oacute;n consigo mismo en profundidad (y, l&oacute;gicamente, si le sale, deber&iacute;a ser igual con &ldquo;Dios&rdquo;). Decir que esta adecuaci&oacute;n &ldquo;lo mismo da&rdquo; es una ligereza que no es de recibo. No es argumento ni para no cambiar ni para cambiar sin m&aacute;s. Tan contrario al sentido de lo que es tradici&oacute;n es el dogma del inmovilismo (la creencia de que cualquier cambio es a peor) como el dogma del relativismo (creer acr&iacute;ticamente que el cambio siempre es lo mejor). Originalidad en arte no es s&oacute;lo novedad. En cierto modo, &ldquo;todo lo que no es tradici&oacute;n es plagio&rdquo; (tal como dec&iacute;a D&rsquo;Ors).<\/p>\n<p>8. El uso del poema es una acci&oacute;n que, por definici&oacute;n, es repetici&oacute;n. Este uso es como realizar un rito. Los poemas son textos rituales, se conocen en la repetici&oacute;n. As&iacute; como el rito es una sucesi&oacute;n ordenada de gestos (por ejemplo, partir el pan o imponer las manos), en la que el que lo hace (el que lo &ldquo;oficia&rdquo;) repite los gestos que otros hicieron antes (y se subroga en ellos), as&iacute; tambi&eacute;n los poemas son ritos del decir, esto es, sucesiones ordenadas de gestos ling&uuml;&iacute;sticos que realizar y &ldquo;celebrar&rdquo;. <\/p>\n<p>9. Rito es ceremonia y es costumbre. Y el problema es la entrop&iacute;a, el desgaste, el vaciamiento inerte que hace que la repetici&oacute;n parezca absurda (esto es, disonante; que suena falsa).<br \/>&iexcl;Qu&eacute; dif&iacute;cil es, \/ cuando todo baja, \/ no bajar tambi&eacute;n! (PPC, 787)<\/p>\n<p>Es lo que tiene &ldquo;hacer del oro moneda&rdquo;. Y, sin embargo, la apariencia, la expresi&oacute;n, la comunicaci&oacute;n es de ley, es necesaria:<br \/>&ldquo;Moneda que est&aacute; en la mano \/ quiz&aacute; se deba guardar; \/ la monedita del alma \/ se piede si no se da.&rdquo; (LVII, ii)<\/p>\n<p>10. El secreto, frente a la entrop&iacute;a, est&aacute; en &ldquo;estar en acto&rdquo; (Bofill daba imagen a esto: estar erguido y en pie). Para Machado, estar en acto era &ldquo;estar despierto&rdquo;, tener &ldquo;los ojos abiertos&rdquo; y estar, como el vig&iacute;a, a la escucha en el silencio.<\/p>\n<p> &ldquo;&iquest;Mi coraz&oacute;n se ha dormido? \/ Colmenares de mis sue&ntilde;os, \/ &iquest;ya no labr&aacute;is? &iquest;Est&aacute; seca \/ la noria del pensamiento, \/ los cangilones vac&iacute;os, \/ girando, de sombra llenos? \/ No, mi coraz&oacute;n no duerme. \/ Est&aacute; despieto, despierto. \/ Ni duerme ni sue&ntilde;a, mira, \/los claros ojos abiertos, \/ se&ntilde;as lejanas y escucha \/ a orillas del gran silencio.&rdquo; (LX)<\/p>\n<p>&ldquo;Entre el vivir y el so&ntilde;ar \/ hay una tercera cosa. \/ Adiv&iacute;nala.&rdquo; &mdash; &ldquo;Tras el vivir y el so&ntilde;ar, \/ est&aacute; lo que m&aacute;s importa: \/ despertar.&rdquo; &mdash; &ldquo;Si vivir es bueno, \/ es mejor so&ntilde;ar, \/ y mejor que todo, \/ madre, despertar.&rdquo; (CLXI, (CLXI, v, liii, lxxxi)<\/p>\n<p>11. Unamuno subray&oacute;, en este &ldquo;estar en acto&rdquo;, no tanto el &ldquo;acto&rdquo; cuanto el &ldquo;estar&rdquo;, el acto como continuidad, un &ldquo;estar&rdquo; activo como de vigilia latente. Para &eacute;l, el secreto de este &ldquo;estado&rdquo; interior era la &ldquo;repetici&oacute;n verdadera&rdquo;. Su mujer fue quien le dio el sentido de la repetici&oacute;n verdadera (tal como &eacute;l confes&oacute; en 1932, dos a&ntilde;os antes de perderla):<\/p>\n<p>&ldquo;S&oacute;lo t&uacute;, mi compa&ntilde;era, \/ mi costumbre, t&uacute; me diste \/ repetici&oacute;n verdadera, \/ que a todo cambio resiste \/ y es sustancia permanente \/ de la dicha, y es el vaso \/ de la eternidad presente \/ mientras dura nuestro paso.&rdquo; <span style=\"font-weight: bold;\">[5] <\/span><\/p>\n<p>12. &laquo;La vida espiritual, como toda vida, aspira a comunicarse: es su instinto profundo&raquo;. La expresi&oacute;n no es, por tanto, un a&ntilde;adido exterior a la vida, a la experiencia y a la conciencia. No es algo superfluo, frente a lo interior, que ser&iacute;a lo &uacute;nico v&aacute;lido. Sin la expresi&oacute;n y sin la comunicaci&oacute;n, la vida, la experiencia y la conciencia no son lo completas que pudieran ser. Ya vivir es apariencia y expresi&oacute;n. <\/p>\n<p>&laquo;El m&aacute;s solitario de los hombres, en determinados momentos, se siente impelido a dialogar en su interior con sus conocidos&raquo; ausentes. &laquo;Hablar y decirse a s&iacute; mismo y a su Dios, y hablar y decirse a otro, son los dos tiempos de la respiraci&oacute;n espiritual del hombre&raquo;, dec&iacute;a L&eacute;gaut <span style=\"font-weight: bold;\">[6] <\/span>. <\/p>\n<p>13. Los poemas se dicen y se usan dentro de un marco de comunicaci&oacute;n cuyo modelo es la conversaci&oacute;n. Conforme a las personas pronominales y a los actos de habla ilocutivos, en los poemas hay: ruego, interrogaci&oacute;n, duda, confesi&oacute;n, reflexi&oacute;n, testimonio, consejo, himno, conjuro, proverbio, descripci&oacute;n del mundo (interior y exterior), narraci&oacute;n de hechos, etc. Y hay, sobre todo, cuatro interlocutores que se subrogan en el &ldquo;t&uacute;&rdquo; al que el &ldquo;yo&rdquo; se dirige. Por eso podemos distinguir entre: reflexi&oacute;n interior, testimonio, alocuci&oacute;n imaginaria y plegaria. La reflexi&oacute;n es meditaci&oacute;n y puede concibirse, desde esta perspectiva, como di&aacute;logo consigo mismo; la confesi&oacute;n y el testimonio, como di&aacute;logo con el otro; la alocuci&oacute;n imaginaria es hablar (franciscanamente) con alg&uacute;n elemento de lo real especialmente cargado de sentido; y existe la plegaria, cuyo s&iacute;mbolo (que no realidad) es hablar y escuchar a Dios. Citar&eacute; algunos fragmentos de Machado sobre estas cuatro direcciones:<br \/>&mdash; &ldquo;Poned atenci&oacute;n: \/ un coraz&oacute;n solitario \/ no es un coraz&oacute;n&rdquo; (CLXI, lxvi; y PPC, 710).<\/p>\n<p>&ldquo;El que no habla a un hombre, no habla al hombre; el que no habla al hombre, no habla a nadie.&rdquo; (JM I, XLIX).<br \/>&ldquo;No extra&ntilde;&eacute;is, dulces amigos, \/ que est&eacute; mi frente arrugada. \/ Yo vivo en paz con los hombres \/ y en guerra con mis entra&ntilde;as.&rdquo; (CXXXVI, xxii)<\/p>\n<p>&ldquo;Es el mejor de los buenos \/ quien sabe que en esta vida \/ todo es cuesti&oacute;n de medida: \/ un poco m&aacute;s, algo menos.&rdquo; (CXXXVI, xiii)<\/p>\n<p>&ldquo;&hellip; Converso con el hombre que siempre va conmigo \/ &mdash;quien habla solo espera hablar a Dios un d&iacute;a&mdash;; \/ mi soliloquio es pl&aacute;tica con este buen amigo \/ que me ense&ntilde;&oacute; el secreto de la filantrop&iacute;a&hellip;&rdquo; (XCVII)<\/p>\n<p>&mdash; &ldquo;&iexcl;Oh, dime, noche amiga,&hellip;&rdquo; (XXXVII). &mdash; &ldquo;&hellip; Antes que te derribe, olmo del Duero, \/ con su hacha el le&ntilde;ador, &hellip; \/ &hellip; quiero anotar en mi cartera la gracia de tu rama verdecida&hellip;&rdquo; (CXV). &mdash; &ldquo;&hellip; Late, coraz&oacute;n, &hellip; No todo \/ se lo ha tragado la tierra.&rdquo; (CXX). <\/p>\n<p>&mdash; &ldquo;So&ntilde;&eacute; que t&uacute; me llevabas \/ por una blanca vereda&hellip;&rdquo; (CXXII). &mdash; &ldquo;Oh, no eres t&uacute; mi cantar \/ No puedo cantar ni quiero&hellip;&rdquo; (CXXX). &mdash; &ldquo;&iexcl;Oh soledad, mi sola compa&ntilde;&iacute;a \/&hellip;&rdquo; (CLIV, xv, iv). &mdash; &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n ha punzado el coraz&oacute;n del tiempo? \/ &iquest;Qui&eacute;n puso, entre las rocas de ceniza, \/ para la miel del sue&ntilde;o, \/ esas retamas de oro \/ y esas azules flores del romero? &hellip;&rdquo; (CLVI, v-vi)<\/p>\n<p>&mdash; &ldquo;Se&ntilde;or, ya me arrancaste lo que yo m&aacute;s quer&iacute;a. \/ Oye otra vez, Dios m&iacute;o, mi coraz&oacute;n clamar. \/ Tu voluntad se hizo, Se&ntilde;or, contra la m&iacute;a. \/ Se&ntilde;or, ya estamos solos mi coraz&oacute;n y el mar.&rdquo; (CXIX) &mdash; &ldquo;Se&ntilde;or, me cansa la vida&hellip;&rdquo; &mdash; &ldquo;O t&uacute; y yo jugando estamos \/ al escondite, Se&ntilde;or, \/ o esta voz con que te llamo \/ es tu voz&rdquo; &mdash; &ldquo;Por todas partes te busco \/ sin encontrarte jam&aacute;s, \/ y en todas partes te encuentro \/ s&oacute;lo por irte a buscar&rdquo; (S. XXIV, i, ii, iii; PPC 759-760).<\/p>\n<p>&ldquo;&hellip; Yo he de hacerte, mi Dios, cual t&uacute; me hiciste \/ y para darte el alma que me diste, \/ en m&iacute; te he de crear. Que el puro r&iacute;o \/ de caridad, que fluye eternamente, \/ fluya en mi coraz&oacute;n. &iexcl;Seca, oh Dios m&iacute;o, \/ de una fe sin amor la turbia fuente!&rdquo; (CXXXVII)<\/p>\n<p>Conversar (hablar) es, pues, un vigoroso s&iacute;mbolo en la vida espiritual. Los poemas que expresan al hombre, dicen el mundo y se dirigen al misterio, a trav&eacute;s de dirigirse a alg&uacute;n interlocutor, son veh&iacute;culo, son mediaci&oacute;n para quien los usa. Sin embargo, lo espiritual es, sobre todo, el modo del empleo: decirlos con la seriedad de la vida y de la muerte (estar en busca de la propia humanidad, del propio lugar en el mundo). <\/p>\n<p>&hellip; Pondr&eacute; un ejemplo. &ldquo;(Muerte de Abel Mart&iacute;n)&rdquo; es el pen&uacute;ltimo poema de las Poes&iacute;as completas de Machado desde 1933. Tiene cinco partes y ochenta versos y es un tanto oscuro pues supone estar familiarizado con el vocabulario del poeta. Sin embargo, su sonoridad transmite lo fundamental. Machado narra la muerte del maestro de su maestro, Juan de Mairena, ambos poetas ap&oacute;crifos inventados por &eacute;l. As&iacute; prepara su propia muerte. Esto es se&ntilde;al de valor, as&iacute; como lo fue, a&ntilde;os antes, tener &aacute;nimo para narrar la muerte de su mujer. Transcribo s&oacute;lo la &uacute;ltima parte, donde Machado narra el final, final de A.M. En medio del fragmento hay una s&uacute;plica expl&iacute;cita, sin embargo, lo espiritual es la seriedad del conjunto:<\/p>\n<p>&ldquo;Y sucedi&oacute; a la angustia la fatiga, \/ que siente su esperar desesperado, \/ la sed que el agua clara no mitiga, \/ la amargura del tiempo envenenado. \/ &iexcl;Esta lira de muerte! &hellip; Abel palpaba \/ su cuerpo enflaquecido. \/ &iquest;El que todo lo ve no le miraba? \/ &iexcl;Y esta pereza, sangre del olvido! \/ &iexcl;Oh, s&aacute;lvame, Se&ntilde;or! &hellip; Su vida entera, \/ su historia irremediable aparec&iacute;a \/ escrita en blanda cera. \/ &iquest;Y ha de borrarte el sol del nuevo d&iacute;a? \/ Abel tendi&oacute; su mano \/ hacia la luz bermeja \/ de una caliente aurora de verano, \/ ya en el balc&oacute;n de su morada vieja. \/ Ciego, pidi&oacute; la luz que no ve&iacute;a. \/ Luego, llev&oacute;, sereno, \/ el limpio vaso, hasta su boca fr&iacute;a, \/ de pura sombra &mdash;&iexcl;oh, pura sombra!&mdash; lleno.&rdquo; (CLXXV, v)<\/p>\n<p>14. Los poemas son &ldquo;ininterpretables&rdquo; (como dice Corb&iacute; de los maestros) porque su mensaje (su efecto) no lo agota una explicaci&oacute;n, un desciframiento o una intelecci&oacute;n que, por hip&oacute;tesis, los dejar&iacute;a atr&aacute;s como se deja un texto cuyo &uacute;nico cometido es transmitir una informaci&oacute;n. Aunque no son inmodificables o insustituibles, son irreductibles e imprescindibles. Las im&aacute;genes l&iacute;ricas no recubren conceptos sino que se&ntilde;alan intuiciones. Por eso los poemas son &ldquo;sin porqu&eacute;&rdquo;, como la rosa de Angelus Silesius <span style=\"font-weight: bold;\">[7] <\/span>.<\/p>\n<p>Lo que aportan los poemas es &ldquo;belleza&rdquo; o &ldquo;emoci&oacute;n&rdquo;. Lo suyo es el sentido, no la verdad de la l&oacute;gica y de la inteligencia instrumental. Inciden en lo no intencional del sujeto, en el &ldquo;sentimiento fundamental&rdquo;, en el recuerdo y en la imaginaci&oacute;n, m&aacute;s que en la inteligencia o en la voluntad. Limpian el origen y la fuente. Animan o consolidan el alma. Encienden, fortalecen, elevan o ahondan la mente. <\/p>\n<p>Los poemas son &ldquo;ininterpretables&rdquo;. Sin embargo, unos acompa&ntilde;an a otros, tanto en el poeta como en el usuario, y as&iacute; se ayudan. Del mismo a&ntilde;o, 1933, que el final del poema &ldquo;Muerte de Abel Mart&iacute;n&rdquo;, es otro, titulado &ldquo;Siesta. En memoria de Abel Mart&iacute;n&rdquo; (CLXX). Sus cinco primeros versos pintan la hora de la siesta de forma parnasiana, a la manera de Rub&eacute;n Dar&iacute;o, pero ojal&aacute; que no distraigan del n&uacute;cleo y del final: <\/p>\n<p>Mientras traza su curva el pez de fuego, \/ junto al cipr&eacute;s, bajo el supremo a&ntilde;il, \/ y vuela en blanca piedra el ni&ntilde;o ciego, \/ y en el olmo la copla de marfil \/ de la verde cigarra late y suena, \/ honremos al Se&ntilde;or \/ &mdash;la negra estampa de su mano buena&mdash; \/ que ha dictado el silencio en el clamor. \/ Al Dios de la distancia y de la ausencia, \/ del &aacute;ncora en el mar, la plena mar&hellip; \/ &Eacute;l nos libra del mundo &mdash;omnipresencia&mdash;, \/ nos abre senda para caminar. \/ Con la copa de sombra bien colmada, \/ con este nunca lleno coraz&oacute;n, \/ honremos al Se&ntilde;or que hizo la Nada \/ y ha esculpido en la fe nuestra raz&oacute;n. <\/p>\n<p>15. Machado dice que los poemas son &ldquo;palabra esencial en el tiempo&rdquo;. Por eso los concibi&oacute; como ejercicios dentro de la eterna tensi&oacute;n entre quietud y movimiento que simbolizan los dos grandes presocr&aacute;ticos, Parm&eacute;nides y Her&aacute;clito. Cuando llega un nuevo sonido, vuelve el recuerdo de otro, de manera que el sujeto se siente pasar y quedar, estar en el r&iacute;o del discurso y permanecer fuera de &eacute;l.<\/p>\n<p>La rima (&hellip;) comparte con otros medios (&hellip;) una funci&oacute;n esencial: poner la palabra en el tiempo, y no en el tiempo matem&aacute;tico, que es un mero concepto abstracto, sino en el tiempo vital; darnos la emoci&oacute;n del tiempo. (&hellip;) Lo que da la rima es el encuentro de un sonido y el recuerdo de otro (&hellip;). Con la rima estamos dentro y fuera de nosotros mismos. <\/p>\n<p>&hellip; Uno de los oficios de la rima es hacernos sentir, por contraste, el fluir de los sonidos que pasan para no repetirse. Pero la rima, que, con relaci&oacute;n a los elementos irreversibles del verso, acent&uacute;a su car&aacute;cter de permanencia, no es por s&iacute; misma r&iacute;gida, ni uniforme, ni permanente&hellip; Es un cauce m&aacute;s que una corriente; pero un cauce que a su vez fluye. Complicando sensaci&oacute;n y memoria, contribuye a crear la emoci&oacute;n temporal, sine qua non del poema. (PPC, p. 1366 y 1365)<\/p>\n<p>&ldquo;Ni m&aacute;rmol duro y eterno, \/ ni m&uacute;sica ni pintura, \/ sino palabra en el tiempo&rdquo; (CLXIV, xvi, i). &mdash; &ldquo;&hellip; es el poeta, el poeta puro \/ que canta: &iexcl;el tiempo, el tiempo y yo!&rdquo; (PPC, 818)&rdquo;.<\/p>\n<p>&hellip; Agua del buen manantial, \/ siempre viva, \/ fugitiva; \/ poes&iacute;a, cosa cordial. \/ &iquest;Constructora? \/ &mdash;No hay cimiento \/ ni en el alma ni en el viento&mdash;. Bogadora, \/ marinera, \/ hacia la mar sin ribera (CXXVIII).<\/p>\n<p>Ya en otra ocasi&oacute;n defin&iacute;amos la poes&iacute;a como di&aacute;logo del hombre con el tiempo, y llam&aacute;bamos &laquo;poeta puro&raquo; a quien lograba vaciar el suyo para entend&eacute;rselas a solas con &eacute;l, o casi a solas; algo as&iacute; como quien conversa con el zumbar de sus propios o&iacute;dos, que es la m&aacute;s elemental materializaci&oacute;n sonora del fluir temporal. Dec&iacute;amos, en suma, cu&aacute;nto es la poes&iacute;a palabra en el tiempo&hellip; (JM I, VII).<\/p>\n<p>&iexcl;Oh Tiempo, oh Todav&iacute;a, \/ pre&ntilde;ado de inminencias! \/ T&uacute; me acompa&ntilde;as en la senda fr&iacute;a, \/ tejedor de esperanzas e impaciencias (CLXIX).<\/p>\n<p>16. &ldquo;A orillas del gran silencio&rdquo; el poeta capta que, &ldquo;en nuestras almas, todo \/ por misteriosa mano se gobierna&rdquo; pese a que &ldquo;nada sabemos de las almas nuestras&rdquo; (LXXXVII, ii). Y capta, asimismo, que: <br \/>&ldquo;Tal vez la mano, en sue&ntilde;os, \/ del sembrador de estrellas, \/ hizo sonar la m&uacute;sica olvidada, \/ como una nota de la lira inmensa, \/ y la ola humilde a nuestros labios vino \/ de unas pocas palabras verdaderas&rdquo; (LXXXVIII). <\/p>\n<p>Una especie de inspiraci&oacute;n nos llega, de mar adentro: como una &ldquo;ola humilde a nuestros labios&rdquo;. Son unas &ldquo;pocas palabras verdaderas&rdquo; que el poeta dice para s&iacute; mismo, y para los dem&aacute;s, si &eacute;stos quieren usarlas. Tal es, pues, el uso por el que el &ldquo;cuerpo&rdquo; de los poemas llega a su plena realidad medial y de conducencia, es decir, llega a ser un &ldquo;lugar&rdquo; necesario que posibilita al sujeto la inmediatez de un t&eacute;rmino que, sin ellos, ser&iacute;a inalcanzable.<\/p>\n<p>Hay poemas, sin embargo, que, por su est&eacute;tica (que es la de su tiempo), son extensos y dif&iacute;ciles, imposibles de memorizar de forma que est&eacute;n presentes sin hacerse presentes. Tal es el caso, por ejemplo, de los poemas de Lorca que vienen a continuaci&oacute;n. Sin embargo, lo que hemos dicho vale tambi&eacute;n para ellos, pues siempre hay un par de versos, o uno solo, o una expresi&oacute;n menor de uno de ellos, que puede quedarse con nosotros y llegar a ser expresi&oacute;n espiritual nuestra.<br \/><br style=\"font-weight: bold;\" \/><\/p>\n<div style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-weight: bold;\"><br \/>II. lectura de Algunos poemas de Poeta en Nueva York, <\/span><br style=\"font-weight: bold;\" \/><span style=\"font-weight: bold;\">de Federico Garc&iacute;a Lorca<\/span><\/p>\n<\/div>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">Raz&oacute;n de la selecci&oacute;n<\/span><br \/>En primer lugar, una reflexi&oacute;n del propio Lorca sobre sus postrimer&iacute;as:<br \/>Como no me he preocupado de nacer, no me preocupo de morir. Escucho a la Naturaleza y al hombre con asombro, y copio lo que ense&ntilde;an sin pedanter&iacute;a, sin dar a las cosas un sentido que no s&eacute; si tienen. Ni el poeta ni nadie tiene la clave ni el secreto del mundo. Quiero ser bueno. S&eacute; que la poes&iacute;a eleva y, siendo bueno, con el asno y el fil&oacute;sofo creo firmemente que, si hay un m&aacute;s all&aacute;, tendr&eacute; la agradable sorpresa de encontrarme en &eacute;l. Pero el dolor del hombre y la injusticia constante que mana del mundo, y mi propio cuerpo y mi propio pensamiento me evitan trasladar mi casa a las estrellas. <span style=\"font-weight: bold;\">[8] <\/span><\/p>\n<p>Destacan tres cosas en este fragmento: un &ldquo;no saber&rdquo; tranquilo y despierto (&ldquo;como no me he preocupado&hellip;&rdquo;; &ldquo;escucho&hellip; con asombro&rdquo;; &ldquo;copio&hellip; sin pedanter&iacute;a, sin dar a las cosas un sentido que no s&eacute; si tienen&rdquo;); un sentido moral de la vida y de la poes&iacute;a (&ldquo;quiero ser bueno&rdquo;, &ldquo;la poes&iacute;a eleva&rdquo;); y un trasfondo cristiano (&ldquo;pero el dolor del hombre y la injusticia constante que mana del mundo, y mi propio cuerpo y mi propio pensamiento me evitan trasladar mi casa a las estrellas&rdquo;)<span style=\"font-weight: bold;\"> <\/span>.<\/p>\n<p>Esto &uacute;ltimo (el trasfondo cristiano) podr&iacute;a no reconocerse, pero las investigaciones sobre los in&eacute;ditos de la juventud de Lorca lo dejan claro <span style=\"font-weight: bold;\">[9]<\/span>. Estas investigaciones han aclarado tres cosas. Primero, que, ya a los diecisiete a&ntilde;os, Lorca opt&oacute; conscientemente por seguir el camino de la poes&iacute;a y que interpret&oacute; su decisi&oacute;n como el ingreso en una &ldquo;orden de caballer&iacute;a&rdquo; <span style=\"font-weight: bold;\">[10] <\/span>. Segundo, que, al hacerlo, Lorca opt&oacute; por el hombre y critic&oacute; tanto el ascetismo de la moral convencional de su entorno, como la idea de un Dios &ldquo;inflexible&rdquo;, propia de dicho ascetismo. Y tercero, que su &ldquo;s&iacute;&rdquo; a su vocaci&oacute;n inclu&iacute;a tanto una gran sensibilidad ante la injusticia (en lo que debi&oacute; de influir el hecho de que su propia orientaci&oacute;n sexual estuviese prohibida y fuese un delito social) como un sentido tr&aacute;gico de su destino pues Lorca comprendi&oacute; su propia vida a la luz de la de Jes&uacute;s, que desemboc&oacute; en la pasi&oacute;n. <\/p>\n<p>Su quehacer po&eacute;tico tuvo, pues, un trasfondo &ldquo;espiritual&rdquo; de calidad por la &ldquo;seriedad&rdquo; que indican estos tres elementos (idea de vocaci&oacute;n; cr&iacute;tica de una idea inadecuada de Dios; comprensi&oacute;n de que la vida de Jes&uacute;s fue lo que llev&oacute; a &eacute;ste a su muerte). Las referencias fueron don Quijote y Jes&uacute;s de Nazaret; y su ideal, &ldquo;salir&rdquo;, por esos mundos de Dios, a defender, con la vida, a los que sufren (&ldquo;el dolor del hombre, etc.&rdquo;).<\/p>\n<p>La selecci&oacute;n que viene a continuaci&oacute;n obedece a esta perspectiva que fue una constante en &eacute;l. Los poemas de 1928-29 seleccionados est&aacute;n en continuidad tanto con la &ldquo;vocaci&oacute;n&rdquo; de Lorca, de diez a&ntilde;os antes, como con La casa de Bernarda Alba, su &uacute;ltima obra, terminada en junio de 1936, y que no se estren&oacute; en Espa&ntilde;a hasta 1964 <span style=\"font-weight: bold;\">[11] <\/span>. <\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">Lorca en su contexto<\/span><br \/>Como ya dijimos en la Introducci&oacute;n, la actitud de Lorca siempre fue liberal, es decir, independiente en dos sentidos: por un lado, respecto de &ldquo;la sombra de la sombra de la iglesia&rdquo; (como dec&iacute;a Machado), y, por otro, respecto del l&aacute;piz rojo de los censores del otro bando, la &ldquo;sombra de iglesia&rdquo; de la izquierda doctrinaria <span style=\"font-weight: bold;\">[12] <\/span>. Un fragmento suyo in&eacute;dito, de 1917, es un ejemplo de su forma temprana tanto de denunciar el enga&ntilde;o de &ldquo;la sombra de la sombra&rdquo; de la Iglesia como de valorar la figura de Jes&uacute;s:<\/p>\n<p>&ldquo;&iexcl;Ah, nuestras gloriosas tradiciones! Todas incubadas en la maldad y amparadas cobardemente a la sombra augusta de la cruz&hellip; Espa&ntilde;a tom&oacute;, para encubrir sus maldades, a Cristo crucificado. Por eso a&uacute;n vemos su ultrajada imagen por todos los rincones [&hellip;]. Toman la luz y la hacen oscuridad. Toman la paz y la hacen luchas. Toman la gloria del amor eterno y crean la fuerza para amordazar conciencias&hellip;&rdquo; <span style=\"font-weight: bold;\">[13] <\/span><\/p>\n<p>Y, como ejemplo de su independencia respecto de la izquierda doctrinaria, subrayo el final de la pr&oacute;xima cita, a la que es imprescindible anteponer una peque&ntilde;a explicaci&oacute;n. Todav&iacute;a en 1971 (en vida a&uacute;n de Franco), en el pr&oacute;logo de Jorge Guill&eacute;n a la edici&oacute;n de Aguilar de las Obras completas de Lorca, segu&iacute;a censurada la continuaci&oacute;n de una frase que afirmaba claramente la adscripci&oacute;n de Lorca a la Espa&ntilde;a liberal (la derrotada). La frase de Guill&eacute;n era: &ldquo;&hellip; Federico pertenec&iacute;a a la Espa&ntilde;a liberal: con aquel paisaje se relacionaba su funci&oacute;n respiratoria&rdquo;. Y el fragmento que continuaba esta frase y que segu&iacute;a censurado en 1971, el siguiente:<\/p>\n<p>&hellip; Apenas le o&iacute; hablar de pol&iacute;tica. Pero s&iacute; estoy vi&eacute;ndole indignado porque alguien &mdash;no s&eacute; qui&eacute;n, mejor es no saberlo&mdash; hab&iacute;a escrito por aquellos d&iacute;as, ya amenazadores: &lsquo;Patronos de todos los pa&iacute;ses, un&iacute;os&rsquo;. En algunos trances, el sentimiento de justicia tiene que te&ntilde;irse de c&oacute;lera como en aquel &ldquo;Grito&rdquo; de Poeta en Nueva York: &ldquo;&hellip; Porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra \/ que da su fruto para todos&rdquo;. &ldquo;Para todos&rdquo;, clama una voz libre, tan lejos del Partido de Jes&uacute;s como de la Compa&ntilde;&iacute;a Comunista. <span style=\"font-weight: bold;\">[14] <\/span><\/p>\n<p>Lorca no simpatizaba con los &ldquo;sacristanes&rdquo;, del signo que fuesen; no simpatizaba ni con los que hac&iacute;an de la religi&oacute;n pol&iacute;tica, ni con los que hac&iacute;an, de la doctrina pol&iacute;tica, religi&oacute;n. As&iacute; como ni la existencia de los primeros ni su predicaci&oacute;n de un &ldquo;Dios inflexible&rdquo; hab&iacute;an impedido a Lorca salir &ldquo;a recibir al Cristo&rdquo; &mdash;como tampoco a Machado <span style=\"font-weight: bold;\">[15] <\/span>&mdash;; tampoco la existencia del segundo tipo de sacristanes impidi&oacute; a Lorca indignarse y te&ntilde;ir de c&oacute;lera su sentimiento de justicia. Su voz, como dice Guill&eacute;n, fue &ldquo;una voz libre&rdquo; ante el &ldquo;Partido de Jes&uacute;s&rdquo; y ante la &ldquo;Compa&ntilde;&iacute;a Comunista&rdquo;.<\/p>\n<p>Todav&iacute;a les cuesta actualmente, a quienes simpatizan con una ideolog&iacute;a de izquierdas, encajar el trasfondo cristiano (que no eclesi&aacute;stico) de la poes&iacute;a de Lorca. No obstante, tampoco es de extra&ntilde;ar que as&iacute; sea dado que, desde el punto de vista de la iglesia oficial, a&uacute;n en abril de 1961 (&eacute;poca a&uacute;n sin libertades), un jesuita de la revista Hechos y dichos justificaba el hecho &ldquo;de traer, a las p&aacute;ginas&rdquo; de aquella revista, un estudio sobre &ldquo;Lo religioso en la obra de Lorca&rdquo;, de la siguiente forma:<br \/>&hellip; hasta el a&ntilde;o pasado no se hab&iacute;a repuesto &mdash;despu&eacute;s de su muerte&mdash; en el teatro ninguna de sus obras. Ahora ya han sido varios lo dramas de este autor llevados a la escena, lo que indica un retroceso moral&hellip;<\/p>\n<p>Y, en otro momento del mismo art&iacute;culo, este mismo jesuita pronunciaba lo que Eutimio Mart&iacute;n ha calificado como de &ldquo;justo epitafio (desde un punto de vista oficial) sobre la tumba de Federico Garc&iacute;a Lorca&rdquo;; tumba que, por cierto, a&uacute;n no existe <span style=\"font-weight: bold;\">[16] <\/span>. Escrib&iacute;a el jesuita:<br \/>&hellip; s&oacute;lo Dios tiene derecho a juzgarle, y lo hizo ya un d&iacute;a lejano de agosto de 1936, entre el olor a p&oacute;lvora y el retumbar de unos balazos.&nbsp; <span style=\"font-weight: bold;\">[17] <\/span><br \/>Sin comentarios.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">Unas cuestiones formales y de historia literaria<\/span><br \/>Antes de leer el primer poema, &ldquo;Nueva York, oficina y denuncia&rdquo;, y los que siguen, demos a&uacute;n unas informaciones generales, que pueden ser &uacute;tiles para aprovechar mejor una primera lectura. Se&ntilde;alemos, en primer lugar, algunos recursos de esta poes&iacute;a no tradicional que, sin embargo, busca, de una forma nueva, hacer sentir el paso del tiempo en el discurso. En el plano fon&eacute;tico-fol&oacute;gico, como los versos son sin rima y su m&eacute;trica es libre, importan las repeticiones al comienzo de los versos (an&aacute;foras), as&iacute; como el ritmo interno de los versos. En el plano l&eacute;xico, importan las enumeraciones ca&oacute;ticas (v&eacute;ase el comienzo del &ldquo;Grito&rdquo; o de &ldquo;La Aurora&rdquo;), las metonimias y sin&eacute;cdoques (el &ldquo;mercado&rdquo; de comestibles es imagen del mercado en general); y tambi&eacute;n las asociaciones sorprendentes de nombres y de adjetivos. En el plano de la sintaxis, destacan el uso de la subordinaci&oacute;n y una estructura l&oacute;gica clara, por p&aacute;rrafos o por partes, con nexos repetidos. Las dos partes del primer poema (NY, oficia y denuncia) son las del subt&iacute;tulo (oficina y denuncia), m&aacute;s un final sobre la vocaci&oacute;n del poeta. Tambi&eacute;n en el Soneto final la sintaxis es importante.<\/p>\n<p>Con este cambio en la forma de la poes&iacute;a, las &ldquo;vanguardias&rdquo; y el &ldquo;surrealismo&rdquo; buscaban expresar el hecho de que las sociedades hab&iacute;an cambiado tremendamente. Lorca quiso contribuir a esta b&uacute;squeda est&eacute;tica. De suyo, ya lo hab&iacute;a hecho con sus libros anteriores (Poema del Cante jondo y Romancero gitano). Sin embargo, el &eacute;xito de &eacute;stos fue equ&iacute;voco: se debi&oacute; m&aacute;s al costumbrismo y al gitanismo de sus temas que a la aportaci&oacute;n po&eacute;tica que inclu&iacute;an. Aunque muchos no lo vieron, y su &eacute;xito fue criticado por algunos amigos (no exentos de envidia), para Lorca, los gitanos de sus poemas ya eran, sobre todo, una sin&eacute;cdoque (parte por el todo) de los perseguidos, de los acosados y marginados (igual como el hu&eacute;rfano y la viuda, sin hombre que los proteja en una sociedad depredadora, fueron el paradigma cl&aacute;sico del pobre al que el caballero andante debe socorrer).<\/p>\n<p>El viaje a Nueva York signific&oacute; una nueva oportunidad de buscar un lenguaje nuevo. Por eso Lorca, en Poeta en NY, dej&oacute; la m&eacute;trica tradicional, y sustituy&oacute; a los gitanos por los negros, los muchachos, los gusanos y los animales peque&ntilde;os, que fueron las nuevas sin&eacute;cdoques de los seres que luchan con el mar temible de la sociedad. Adem&aacute;s, el marinero pas&oacute; a ser la sin&eacute;cdoque por antonomasia de la condici&oacute;n humana, bajo la amenaza tanto de la sociedad como de la vida misma; tal como se ver&aacute;, por ejemplo, en &ldquo;Navidad en el Hudson&rdquo;. Por &uacute;ltimo, hay que recordar, para comprender estos poemas, que Lorca vivi&oacute; una circunstancia hist&oacute;rica especialmente dram&aacute;tica: la crisis de la Bolsa en el 29.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">1. &ldquo;Nueva York. Oficina y denuncia&rdquo;<\/span><\/p>\n<div style=\"margin-left: 40px;\">Debajo de las multiplicaciones \/ hay una gota de sangre de pato; \/ debajo de de las divisiones \/ hay una gota de sangre de marinero; \/ debajo de las sumas, un r&iacute;o de sangre tierna. \/ Un r&iacute;o que viene cantando \/ por los dormitorios de los arrabales, \/ y es plata, cemento o brisa \/ en el alba mentida de New York. \/ Existen las monta&ntilde;as. Lo s&eacute;. \/ Y los anteojos para la sabidur&iacute;a. \/ Lo s&eacute;. Pero yo no he venido a ver el cielo. \/ He venido para ver la turbia sangre, \/ la sangre que lleva las m&aacute;quinas a las cataratas \/ y el esp&iacute;ritu a la lengua de la cobra. \/ Todos los d&iacute;as se matan en New York \/ cuatro millones de patos, \/ cuatro millones de cerdos, \/ dos mil palomas para el gusto de los agonizantes, \/ un mill&oacute;n de vacas, \/ un mill&oacute;n de corderos \/ y dos millones de gallos \/ que dejan los cielos hechos a&ntilde;icos. \/ M&aacute;s vale sollozar afilando la navaja \/ o asesinar a los perros en alucinantes cacer&iacute;as, \/ que resistir en la madrugada \/ los interminables trenes de leche, \/ los interminables trenes de sangre \/ y los trenes de rosas maniatadas \/ por los comerciantes de perfumes. \/ Los patos y las palomas \/ y los cerdos y los corderos \/ ponen sus gotas de sangre \/ debajo de las multiplicaciones, \/ y los terribles alaridos de las vacas estrujadas \/llenan de dolor el valle \/ donde el Hudson se emborracha de aceite.<\/p>\n<p>Yo denuncio a toda la gente \/ que ignora a la otra mitad, \/ la mitad irredimible que levanta sus montes de cemento \/ donde laten los corazones \/ de los animalitos que se olvidan \/ y donde caeremos todos \/ en la &uacute;ltima fiesta de los taladros. \/ Os escupo en la cara. \/ La otra mitad me escucha \/ devorando, orinando, volando en su pureza \/ como los ni&ntilde;os de las porter&iacute;as \/ que llevan fr&aacute;giles palitos \/ a los huecos donde se oxidan \/ las antenas de los insectos. \/ No es el infierno, es la calle. \/ No es la muerte. Es la tienda de frutas. \/ Hay un mundo de r&iacute;os quebrados y distancias inasibles \/ en la patita de ese gato quebrada por un autom&oacute;vil, \/ y yo oigo el canto de la lombriz \/ en el coraz&oacute;n de muchas ni&ntilde;as. \/ &Oacute;xido, fermento, tierra estremecida. \/ Tierra t&uacute; mismo que nadas por los n&uacute;meros de la oficina.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; voy a hacer? &iquest;Ordenar los paisajes? \/ &iquest;Ordenar los amores que luego son fotograf&iacute;as, \/ que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre? No, no; yo denuncio. \/ Yo denuncio la conjura \/ de estas desiertas oficinas \/ que no radian las agon&iacute;as, \/ que borran los programas de la selva, \/ y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas \/ cuando sus gritos llenan el valle \/ donde el Hudson se emborracha con aceite.<\/p><\/div>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">2. &ldquo;Grito hacia Roma&hellip;&rdquo;<\/span><br \/>Hay que imaginar a Lorca encaramado en lo alto de un rascacielos de Nueva York, lanzando un grito que ten&iacute;a que llegar, desde la Costa Este, a trav&eacute;s del Atl&aacute;ntico, hasta Roma, hasta el Vaticano. Lorca lanz&oacute; este &ldquo;Grito&rdquo; con ocasi&oacute;n del pacto de Letr&aacute;n entre P&iacute;o XI y Mussolini, firmado un a&ntilde;o antes. Lo hizo tal como los profetas lanzaron sus invectivas y Jes&uacute;s lanz&oacute; las suyas sobre los escribas y sobre Jerusal&eacute;n. <span style=\"font-weight: bold;\">[18] <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">Grito hacia Roma (Desde la torre del Chrysler Building)<\/span><\/p>\n<div style=\"margin-left: 40px;\">Manzanas levemente heridas \/ por finos espadines de plata, \/ nubes rasgadas por una mano de coral \/ que lleva en el dorso una almendra de fuego, \/ peces de ars&eacute;nico como tiburones, \/ tiburones como gotas de llanto para cegar una multitud, \/ rosas que hieren \/ y agujas instaladas en los ca&ntilde;os de la sangre, \/ mundos enemigos y amores cubiertos de gusanos, \/ caer&aacute;n sobre ti. Caer&aacute;n sobre la gran c&uacute;pula \/ que unta de aceite las lenguas militares, \/ donde un hombre se orina en una deslumbrante paloma \/ y escupe carb&oacute;n machacado \/ rodeado de miles de campanillas.<\/p>\n<p>Porque ya no hay quien reparta el pan y el vino, \/ ni quien cultive hierbas en la boca del muerto, \/ ni quien abra los linos del reposo, \/ ni quien llore por las heridas de los elefantes. \/ No hay m&aacute;s que un mill&oacute;n de herreros \/ forjando cadenas para los ni&ntilde;os que han de venir. \/ No hay m&aacute;s que un mill&oacute;n de carpinteros \/ que hacen ata&uacute;des sin cruz. \/ No hay m&aacute;s que un gent&iacute;o de lamentos \/ que se abren las ropas en espera de la bala. \/ El hombre que desprecia la paloma deb&iacute;a hablar, \/ deb&iacute;a gritar desnudo entre las columnas \/ y ponerse una inyecci&oacute;n para adquirir la lepra \/ y llorar un llanto terrible \/ que disolviera sus anillos y sus tel&eacute;fonos de diamante. \/ Pero el hombre vestido de blanco \/ ignora el misterio de la espiga, \/ ignora el gemido de la parturienta, \/ ignora que Cristo puede dar agua todav&iacute;a, \/ ignora que la moneda quema el beso de prodigio \/ y da la sangre del cordero al pico idiota del fais&aacute;n.<\/p>\n<p>Los maestros ense&ntilde;an a los ni&ntilde;os \/ una luz maravillosa que viene del monte; \/ pero lo que llega es una reuni&oacute;n de cloacas \/ donde gritan las oscuras ninfas del c&oacute;lera. \/ Los maestros se&ntilde;alan con devoci&oacute;n las enormes c&uacute;pulas sahumadas, \/ pero debajo de las estatuas no hay amor, \/ no hay amor bajo los ojos de cristal definitivo. \/ El amor est&aacute; en las carnes desgarradas por la sed, \/ en la choza diminuta que lucha con la inundaci&oacute;n; \/ el amor est&aacute; en los fosos donde luchan las sierpes del hambre, \/ en el triste mar que mece los cad&aacute;veres de las gaviotas \/ y en el oscur&iacute;simo beso punzante debajo de las almohadas. \/ Pero el viejo de las manos trasl&uacute;cidas \/ dir&aacute;: amor, amor, amor, \/ aclamado por millones de moribundos. \/ Dir&aacute;: amor, amor, amor, \/ entre el tis&uacute; estremecido de ternura; \/ dir&aacute;: paz, paz, paz, \/ entre el tirite de cuchillos y melenas de dinamita. \/ Dir&aacute;: amor, amor, amor, \/ hasta que se le pongan de plata los labios.<\/p>\n<p>Mientras tanto, mientras tanto, &iexcl;ay!, mientras tanto, \/ los negros que sacan las escupideras, \/ los muchachos que tiemblan bajo el terror p&aacute;lido de los directores, \/ las mujeres ahogadas en aceites minerales, \/ la muchedumbre de martillo, de viol&iacute;n o de nube, \/ ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro, \/ ha de gritar frente a las c&uacute;pulas, \/ ha de gritar loca de fuego, \/ ha de gritar loca de nieve, \/ ha de gritar con la cabeza llena de excremento, \/ ha de gritar como todas las noches juntas, \/ ha de gritar con voz tan desgarrada \/ hasta que las ciudades tiemblen como ni&ntilde;as \/ y rompan las prisiones del aceite y de la m&uacute;sica. \/ Porque queremos el pan nuestro de cada d&iacute;a, \/ flor de aliso y perenne ternura desgranada, \/ porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra \/ que da sus frutos para todos.<\/p><\/div>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">3. &ldquo;La aurora&rdquo;<\/span><br \/><span style=\"font-weight: bold;\">Al comienzo de &ldquo;NY, oficina y denuncia&rdquo;, se le&iacute;a: <\/span><\/p>\n<div style=\"margin-left: 40px;\">&ldquo;Debajo de las multiplicaciones \/ hay una gota de sangre de pato; \/ debajo de de las divisiones \/ hay una gota de sangre de marinero; \/ debajo de las sumas, un r&iacute;o de sangre tierna. \/ Un r&iacute;o que viene cantando \/ por los dormitorios de los arrabales, \/ y es plata, cemento o brisa \/ en el alba mentida de New York&rdquo;.<\/div>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">Pues bien, la expresi&oacute;n &ldquo;el alba mentida&rdquo; se entiende gracias a &ldquo;La Aurora&rdquo;:<\/span><\/p>\n<div style=\"margin-left: 40px;\">La aurora de Nueva York tiene \/ cuatro columnas de cieno \/ y un hurac&aacute;n de negras palomas \/ que chapotean las aguas podridas. \/ La aurora de Nueva York gime \/ por las inmensas escaleras \/ buscando entre las aristas \/ nardos de angustia dibujada. \/ La aurora llega y nadie la recibe en su boca \/ porque all&iacute; no hay ma&ntilde;ana ni esperanza posible: \/ A veces las monedas en enjambres furiosos \/ taladran y devoran abandonados ni&ntilde;os. \/ Los primeros que salen comprenden con sus huesos \/ que no habr&aacute; para&iacute;so ni amores deshojados; \/ saben que van al cieno de n&uacute;meros y leyes, \/ a los juegos sin arte, a sudores sin fruto. \/ La luz es sepultada por cadenas y ruidos \/ en imp&uacute;dico reto de ciencia sin ra&iacute;ces. \/ Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes \/ como reci&eacute;n salidas de un naufragio de sangre.<\/div>\n<p>&ldquo;La aurora&rdquo; recrea el drama narrado en el Pr&oacute;logo de Juan. El adjetivo &ldquo;mentida&rdquo; (&ldquo;el alba mentida&rdquo;) sintetiza el drama de dicho Pr&oacute;logo. La acci&oacute;n es clara: la aurora (el alba, la luz) &ldquo;tiene&hellip;&rdquo;, &ldquo;gime&hellip;&rdquo;, &ldquo;llega y nadie la recibe&hellip;&rdquo;. Cuenta con ser bien recibida pero no lo es (&ldquo;busca&rdquo; los &ldquo;nardos de angustia dibujada&rdquo;, pero &ldquo;nadie la recibe en su boca&rdquo;). Lorca pinta, con palabras urbanas, la ceguera de una sociedad de &ldquo;juegos sin arte&rdquo;, de &ldquo;sudores sin fruto&rdquo;, de &ldquo;ciencia sin ra&iacute;ces&rdquo;, donde &ldquo;las monedas, en enjambres furiosos, taladran y devoran&rdquo;, y donde &ldquo;no hay ma&ntilde;ana ni esperanza posible&rdquo;.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">4. &ldquo;Navidad en el Hudson&rdquo; <\/span><\/p>\n<div style=\"margin-left: 40px;\">&iexcl;Esa esponja gris! \/ &iexcl;Ese marinero reci&eacute;n degollado! \/ &iexcl;Ese r&iacute;o grande! \/ &iexcl;Esa brisa de l&iacute;mites oscuros! \/ &iexcl;Ese filo, amor! &iexcl;Ese filo! \/\/ Estaban los cuatro marineros luchando con el mundo, \/ con el mundo de aristas que ven todos los ojos, \/ con el mundo que no puede recorrerse sin caballos. \/ Estaban uno, cien, mil marineros \/ luchando con el mundo de las agudas velocidades \/ sin enterarse de que el mundo \/ estaba solo por el cielo. \/ El mundo solo por el cielo solo. \/ Son las colinas de martillos y el triunfo de la hierba espesa. \/ Son los viv&iacute;simos hormigueros y la monedas en el fango. \/ El mundo solo por el cielo solo \/ y el aire a la salida de todas las aldeas. \/ Cantaba la lombriz el terror de la rueda \/ y el marinero degollado \/ cantaba al oso de agua que lo hab&iacute;a de estrechar \/ y todos cantaban &iexcl;aleluya! \/ Aleluya. Cielo desierto. \/ Es lo mismo. &iexcl;Lo mismo! &iexcl;Aleluya! \/\/ He pasado toda la noche en los andamios de los arrabales \/ dej&aacute;ndome la sangre por la escayola de los proyectos, \/ ayudando a los marineros a recoger las velas desgarradas \/ y estoy con las manos vac&iacute;as en el rumor de la desembocadura. \/ No importa que cada minuto \/ un ni&ntilde;o nuevo agite sus ramitos de venas \/ ni que el parto de la v&iacute;bora, desatado bajo las ramas, \/ calme la sed de sangre de los que miran los desnudos. \/ Lo que importa es esto: Hueco. Mundo solo. Desembocadura. \/ &iexcl;Alba no! &iexcl;F&aacute;bula inerte! \/ S&oacute;lo esto: Desembocadura. \/\/ &iexcl;Oh esponja m&iacute;a gris! \/ &iexcl;Oh cuello m&iacute;o reci&eacute;n degollado! \/ &iexcl;Oh r&iacute;o grande m&iacute;o! \/ &iexcl;Oh brisa m&iacute;a de l&iacute;mites que no son m&iacute;os! \/ &iexcl;Oh filo de mi amor! &iexcl;Oh hiriente filo!<\/div>\n<p>Tambi&eacute;n al comienzo de &ldquo;NY, oficina y denuncia&rdquo; sal&iacute;a el marinero (&ldquo;debajo de las divisiones \/ hay una gota de sangre de marinero&rdquo;). Ya dijimos que el marinero es el hombre que camina en el mar, que lucha con el mar. Conforme al simbolismo estricto del r&iacute;o y del mar (tan de nuestra tradici&oacute;n desde el Eclesiast&eacute;s y Her&aacute;clito; fijado por Manrique y otros; y luego ampliado por Machado), la &ldquo;desembocadura&rdquo; es la muerte; y el marinero, el hombre que lucha con ella. El poema tiene una estructura circular a excepci&oacute;n de un cambio en los adjetivos: comienza con el demostrativo de 2&ordf; persona (&ldquo;&iexcl;Esa&hellip;&rdquo;, &ldquo;ese&hellip;!&rdquo;) y termina con el posesivo de 1&ordf; (&ldquo;&iexcl;Oh, esponja m&iacute;a&hellip;!&rdquo;). La distancia se torna, m&aacute;s que cercan&iacute;a, identificaci&oacute;n. <\/p>\n<p>Por lo dem&aacute;s, es f&aacute;cil imaginar que alguien, si s&oacute;lo saca la cabeza de enmedio del agua gris, parezca &ldquo;degollado&rdquo;. Seguro que Lorca pens&oacute;, adem&aacute;s, en la cabeza del Bautista, servida en una bandeja de plata. El motivo del poema es que alguien se ahoga y la fecha es Navidad. El tema es que no hay escapatoria ni creencia consoladora ante la muerte (&ldquo;El mundo solo por el cielo solo&rdquo;; &ldquo;Cielo desierto&rdquo;; &ldquo;Lo que importa es esto: Hueco. Mundo solo. Desembocadura. \/ &iexcl;Alba no! &iexcl;F&aacute;bula inerte!&rdquo;). Ante la muerte, s&oacute;lo hay fraternidad: el otro soy yo, tal como el cambio de determinantes indica.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">5. &ldquo;El poeta pide ayuda a la Virgen&rdquo;<\/span><\/p>\n<div style=\"margin-left: 40px;\">Pido a la divina madre de Dios, \/ Reina celeste de todo lo criado, \/ me d&eacute; la pura luz de los animalitos \/ que tienen una sola letra en su vocabulario. \/\/ Animales sin alma, simples formas. \/ Lejos de la despreciable sabidur&iacute;a del gato. \/ Lejos de la profundidad ficticia de los b&uacute;hos. \/ Lejos de la escult&oacute;rica sapiencia del caballo. \/ Criaturas que aman sin ojos, \/ con un solo sentido de infinito ondulado, \/ y que se agrupan en grandes montones \/ para ser comidas por los p&aacute;jaros. \/ Pido la sola dimensi&oacute;n \/ que tienen los peque&ntilde;os animales planos, \/ para narrar cosas cubiertas de tierra \/ bajo la dura inocencia del zapato. \/ No hay quien llore porque comprenda \/ el mill&oacute;n de muertecitas que tiene el mercado. \/ Esa muchedumbre china de las cebollas decapitadas \/ y ese gran sol amarillo de viejos peces aplastados. \/\/ T&uacute;, Madre siempre temible. Ballena de todos los cielos. \/ T&uacute;, Madre siempre bromista. Vecina del perejil prestado. \/ Sabes que yo comprendo la carne m&iacute;nima del mundo \/ Para poder expresarlo.<\/div>\n<p>&Uacute;nico poema con rima (asonante en los pares). S&oacute;lo por esto su ritmo es m&aacute;s perceptible. Lorca hace suya la devoci&oacute;n popular de su tierra. Andaluc&iacute;a es la &ldquo;Tierra de Mar&iacute;a Sant&iacute;sima&rdquo;. Y recrea el Avemar&iacute;a y la Salve Regina.<\/p>\n<p>Lorca se une a los m&aacute;s insignificantes y peque&ntilde;os (animales de &ldquo;una sola letra&rdquo;, &ldquo;sin alma&rdquo;, &ldquo;sin ojos&rdquo;, &ldquo;con un solo sentido&rdquo;, &ldquo;cosas cubiertas de tierra&rdquo;) y describe su explotaci&oacute;n por &ldquo;la otra mitad&rdquo;. Casi al final, pasea por la calle, pasa por un mercado, como en el primer poema. Ve los alimentos hacinados (&ldquo;esa muchedumbre china de las cebollas decapitadas&rdquo; y &ldquo;ese gran sol amarillo de viejos peces aplastados&rdquo;, tan t&iacute;pico en las tiendas de salazones) y ve en ese hacinamiento la condici&oacute;n de los humanos.<\/p>\n<p>En su ruego, la mujer el fruto de cuyo vientre es bendito es la &ldquo;ballena&rdquo; de todos los cielos. La &ldquo;llena de gracia&rdquo; es la &ldquo;siempre bromista&rdquo;, la &ldquo;vecina&rdquo; que remedia un apuro con el &ldquo;perejil prestado&rdquo;. Y la &ldquo;madre de misericordia&rdquo; es la &ldquo;siempre temible&rdquo;. Estas expresiones no deben desconcertarnos. Cuando los t&eacute;rminos est&aacute;n gastados, decimos las cosas de forma chocante, incluso completamente al rev&eacute;s, para que el otro piense y nos entienda de veras. En ocasiones, decimos, en el plano del significado, lo contrario de lo que es, sin que por ello falle el sentido, como aqu&iacute; cuando Lorca dice &ldquo;siempre temible&rdquo;. <span style=\"font-weight: bold;\">[19] <\/span><\/p>\n<p>Fiel a su camino, Lorca s&oacute;lo pide una cosa a la Virgen: &ldquo;me d&eacute; la pura luz de los animalitos&rdquo;, &ldquo;la sola dimensi&oacute;n&rdquo; de los &ldquo;peque&ntilde;os animales planos&rdquo;. Lorca pide lo que ya tiene, que no es ni una escapatoria ni una huida de lo real, antes al contrario: &ldquo;T&uacute; &hellip; sabes que yo comprendo la carne m&iacute;nima del mundo para poder expresarlo&rdquo;.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">6. &ldquo;Soneto&rdquo;<\/span><br \/>En 1930, Lorca public&oacute;, en una revista de Cuba, un soneto que nos sirve de cierre porque nos devuelve a los rasgos que subray&aacute;bamos en la cita del comienzo. Su mirada hacia el futuro es serena en este Soneto (&ldquo;yo s&eacute; que mi perfil ser&aacute; tranquilo&rdquo;); pese a su &ldquo;no saber&rdquo; acerca de lo &uacute;ltimo (&ldquo;en el norte de un cielo sin reflejo&rdquo;); y pese al dolor de su vida, que, sin embargo, fructifica en una obra que &eacute;l ya intuye que est&aacute; llegando a ser lo que &eacute;l hab&iacute;a querido que fuera (&ldquo;libre signo de normas oprimidas ser&eacute;&rdquo;).<\/p>\n<div style=\"margin-left: 40px;\">Yo s&eacute; que mi perfil ser&aacute; tranquilo \/ en el norte de un cielo sin reflejo: \/ mercurio de vigilia, casto espejo, \/ donde se quiebre el pulso de mi estilo.<br \/>Que si la yedra y el frescor del hilo \/ fue la norma del cuerpo que yo dejo, \/ mi perfil en la arena ser&aacute; un viejo \/ silencio sin rubor de cocodrilo.<br \/>Y aunque nunca tendr&aacute; sabor de llama \/ mi lengua de palomas ateridas \/ sino desierto gusto de retama,<br \/>libre signo de normas oprimidas \/ ser&eacute;, en el cuello de la yerta rama \/ y en el sin fin de dalias doloridas.<\/p>\n<\/div>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\"><br \/>D<\/span><span style=\"font-weight: bold;\">omingo Melero<\/span><br style=\"font-weight: bold;\" \/><span style=\"font-weight: bold;\">licenciado en teolog&iacute;a y en filolog&iacute;a, profesor de literatura y <\/span><br style=\"font-weight: bold;\" \/><span style=\"font-weight: bold;\">responsable de la Asociaci&oacute;n de Amigos de Marcel L&eacute;gaut  en Espa&ntilde;a<\/span> <\/p>\n<hr style=\"width: 100%; height: 2px;\" \/>\n<span style=\"font-weight: bold;\">[1] <\/span>Religi&oacute;n: &ldquo;conjunto de verdades, ritos y modos de vida intocables y exclusivos, basados en una revelaci&oacute;n divina&rdquo; (del primer texto preparatorio de Corb&iacute;).<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">[2] <\/span>A. Machado, Poes&iacute;as y Prosas completas, Madrid, Espasa Calpe, 1988, p. 779 y 817. En adelante, PPC.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">[3] <\/span>Prescindo, por ejemplo, de los rasgos formales (ritmo y temporalidad; figuras: de repetici&oacute;n, de omisi&oacute;n, de posici&oacute;n, de significaci&oacute;n, etc.). <\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">[4] <\/span>Uso &ldquo;perfil&rdquo; como imagen de un &ldquo;estilo&rdquo;o &ldquo;idiolecto&rdquo; determinado (&ldquo;idiolecto: rasgos propios de la manera de expresarse de un autor&rdquo;, por el que se reconocen sus poemas, como de un pintor sus cuadros).<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">[5] <\/span>Ver las referencias junto con otras citas en Cuaderno de la di&aacute;spora 5, p&aacute;gs. 131-135 (web: marcellegaut.org).<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">[6] <\/span>Trabajo de la fe, &ldquo;El testimonio del adulto&rdquo;, Valencia, AML, 1996, p&aacute;g. 83.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">[7] <\/span>&ldquo;La rosa es sin porqu&eacute;, florece porque florece&rdquo; (El peregrino querub&iacute;nico, libro I, 289&ordf;).<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">[8] <\/span>Hace m&aacute;s de treinta a&ntilde;os, encontr&eacute; esta cita (sin referencia) en un escrito de C. Comas y M. Corb&iacute;.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">[9] <\/span>Para la interpretaci&oacute;n de la vocaci&oacute;n po&eacute;tica de Lorca, me baso en Eutimio Mart&iacute;n, Federico Garc&iacute;a Lorca, heterodoxo y m&aacute;rtir. An&aacute;lisis y proyecci&oacute;n de la obra juvenil in&eacute;dita. Madrid, Siglo XXI, 1986. En este libro de Eutimio Mart&iacute;n (p&aacute;g. 175), encontr&eacute;, algunos a&ntilde;os despu&eacute;s, la referencia aludida en la Nota 1.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">[10] <\/span>Lorca conservaba un manuscrito titulado &ldquo;M&iacute;stica en que se trata de Dios&rdquo;, en cuyo folio 11 se lee: &ldquo;Noche del 15 de Octubre. 1917. 1 a&ntilde;o que sal&iacute; hacia el bien de la literatura. Federico&rdquo;. Lorca, en efecto, hab&iacute;a salido en 1916, con dieciocho a&ntilde;os (pues hab&iacute;a nacido el 5 de junio de 1898), a recorrer, junto otros compa&ntilde;eros y un profesor, las dos Castillas y Galicia.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">[11] <\/span>Cito los poemas de Lorca por la edici&oacute;n de Miguel Garc&iacute;a Posada: Obras completas, t. I, Poes&iacute;a, Madrid, Galaxia Gutemberg, 1996. Para su interpretaci&oacute;n, adem&aacute;s del libro de E. Mart&iacute;n, citado en la Nota 2, ver tambi&eacute;n: M. Garc&iacute;a Posada, Lorca: interpretaci&oacute;n de Poeta en Nueva York. Madrid, Akal, 1982.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">[12] <\/span>A. Machado, Poes&iacute;as y prosas completas, Madrid, Espasa-Calpe, 1988 (en adelante, PPC), p&aacute;gs. 2325-6.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">[13] <\/span>E. Mart&iacute;n, 1986, p&aacute;g. vii.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">[14] <\/span>Mart&iacute;n, 1986, p&aacute;g. 6. Mart&iacute;n rescata el p&aacute;rrafo de Guill&eacute;n de la edici&oacute;n argentina de 1952.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">[15] <\/span>PPC, p&aacute;g. 2388.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">[16] <\/span>En los mismos d&iacute;as de la muerte de G&ordf; Lorca, &ldquo;perecieron, como m&iacute;nimo, unos cinco mil granadinos&rdquo; (Mart&iacute;n, 1986, p&aacute;g. 414).<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">[17] <\/span>Mart&iacute;n, 1986, p&aacute;gs. 444-445. <\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">[18] <\/span>Las referencias al Serm&oacute;n de la Monta&ntilde;a y al Padrenuestro son claras, como se ver&aacute;. Y los especialistas a&ntilde;aden que este poema recrea algunos fragmentos de V&iacute;ctor Hugo, admirado y le&iacute;do por Lorca (Mart&iacute;n, 1986, p&aacute;g. 441-444).<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">[19] <\/span>Un caso parecido es el del amante, a quien la presencia del amado &ldquo;mata&rdquo; (&rdquo;Descubre tu presencia \/ y m&aacute;teme tu vista y hermosura&hellip;&rdquo;). Ocurre con el amor como con el im&aacute;n, &ldquo;que al atraer repele&rdquo; (&ldquo;As&iacute; un im&aacute;n que, al atraer, repele \/ &mdash;&iexcl;oh claros ojos de mirar furtivo!&mdash; \/ amor que asombra, aguija, halaga y duele, \/ y m&aacute;s se ofrece cuanto m&aacute;s esquivo.&rdquo; Machado, CLXVII, xi).<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>fragmento de un ensayo.Por Domingo Melero Introducci&oacute;nSelecci&oacute;n de autoresA sugerencia de Corb&iacute; (y de Vigil), propongo la lectura de algunos poemas de dos autores que, en el contexto espa&ntilde;ol del primer tercio del siglo XX, fueron &ldquo;espirituales&rdquo;, de forma, adem&aacute;s, &ldquo;independiente&rdquo; respecto de la religi&oacute;n de aquel momento [1] . Otros hubieran sido asimismo adecuados.&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":53625,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[156],"tags":[],"post_series":[],"class_list":["post-53624","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-arte-y-poesia","entry","has-media"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53624","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=53624"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53624\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/53625"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=53624"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=53624"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=53624"},{"taxonomy":"post_series","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/post_series?post=53624"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}