{"id":53806,"date":"2008-10-14T00:00:00","date_gmt":"2008-10-14T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"cristianismo_comprometido_y_espiritu","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/cristianismo_comprometido_y_espiritu\/","title":{"rendered":"Cristianismo comprometido y espiritualidad en Am\u00e9rica Latina"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: bold;\">DE UN CRISTIANISMO SOCIALMENTE COMPROMETIDO PERO RELIGIOSO A UNA ESPIRITUALIDAD LAICA<\/p>\n<p><\/span> J. Amando Robles, soci&oacute;logo y te&oacute;logo, codirector del <a style=\"font-weight: bold;\" href=\"http:\/\/cedi-op.org\/cedi\/home.shtml\" target=\"_blank\">CEDI<\/a>, <br style=\"font-weight: bold;\" \/><a style=\"font-weight: bold;\" href=\"http:\/\/cedi-op.org\/cedi\/home.shtml\" target=\"_blank\">Centro Dominico de Investigaciones<\/a>. <br style=\"font-weight: bold;\" \/>Ponencia para el 5&ordm;. Encuentro en Can Bordoi, Barcelona del 8-12 de Julio de 2008.<\/p>\n<p>Tenemos que comenzar aclarando que, en lo que tiene de m&aacute;s gen&eacute;rico, paso de la religi&oacute;n a la espiritualidad, el reto del que aqu&iacute; es cuesti&oacute;n no es un reto espec&iacute;fico del cristianismo latinoamericano, como el t&iacute;tulo pudiera sugerir, sino m&aacute;s bien un reto com&uacute;n al cristianismo como un todo y a las religiones en general, en la medida en que uno y otras tienen que v&eacute;rselas con la nueva sociedad y cultura de conocimiento. Solamente que este reto com&uacute;n aqu&iacute; lo vamos a ver desde las particularidades que el cristianismo ha asumido en Am&eacute;rica Latina en los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os, y que, como es bien sabido, han sido las de un cristianismo peculiarmente comprometido en lo social.<\/p>\n<p>La raz&oacute;n que tenemos para ello es lo real y te&oacute;ricamente importante, adem&aacute;s de parad&oacute;jico, que resulta el tema, ya que no estamos ante un cristianismo m&aacute;s, sino ante un cristianismo, valga la redundancia, especialmente cristiano; esto es, a primera vista de claras resonancias evang&eacute;licas y jesu&aacute;nicas. Tan aut&eacute;ntico, tan cristiano, y sin embargo ahora retado; retado en lo que precisamente ha sido su mayor &eacute;xito y m&aacute;s reconocimientos le ha valido incluso allende sus fronteras, geogr&aacute;ficas, culturales y religiosas.<br \/>Muy profundo tiene que ser el cambio que se est&aacute; dando, y muy potentes y transformadores los factores de tal cambio, para que el reto se produzca como se est&aacute; produciendo. Muy profundo el cambio, y muy diferente la lectura que hay que hacer de las grandes categor&iacute;as cristianas, mitos y s&iacute;mbolos, si se quiere que las mismas puedan ser de recibo por parte del nuevo hombre y mujer latinoamericanos. <\/p>\n<p>De este cambio y retos ser&aacute; cuesti&oacute;n en la exposici&oacute;n que sigue. Y la misma comprender&aacute; cuatro momentos o pasos: la forma como este cristianismo latinoamericano se ha le&iacute;do a s&iacute; mismo en tanto fe y ha le&iacute;do su relaci&oacute;n con la realidad social; limitaciones que presenta ante los nuevos cambios, sobre todo los que est&aacute;n teniendo lugar en la naturaleza y funci&oacute;n del conocimiento; el n&uacute;cleo del reto, la necesidad del paso de un cristianismo socialmente comprometido pero pensado siempre en t&eacute;rminos de religi&oacute;n, a un cristianismo socialmente comprometido tambi&eacute;n pero pensado en t&eacute;rminos de espiritualidad; para, a modo de conclusi&oacute;n, terminar evocando la conciencia ejemplar a este respecto que de s&iacute; misma tiene cierta poes&iacute;a actual latinoamericana. <\/p>\n<p><br style=\"font-weight: bold;\" \/><span style=\"font-weight: bold;\">1. Una lectura de la fe cristiana y desde ella que fue exitosa<\/span><\/p>\n<p>Se ha dicho que Medell&iacute;n (1968) fue la aplicaci&oacute;n de las ense&ntilde;anzas del Concilio Ecum&eacute;nico Vaticano II (1962-1965) a Am&eacute;rica Latina. Fue mucho m&aacute;s. Fue la lectura y aplicaci&oacute;n de una ense&ntilde;anza sobre todo, de lo mejor que como m&eacute;todo y epistemolog&iacute;a produjo el Concilio, el famoso ver, juzgar y actuar , a la realidad hist&oacute;rica que en ese momento era Am&eacute;rica Latina; lectura que a su vez significaba la aplicaci&oacute;n de esta realidad y de su din&aacute;mica vista e interpretada en t&eacute;rminos de fe y de salvaci&oacute;n-liberaci&oacute;n, no ya a las ense&ntilde;anzas del Vaticano II sino al cristianismo como tal, a sus fuentes, magisterio y teolog&iacute;a, y a su pr&aacute;ctica. En otras palabras, fue leer la realidad hist&oacute;rica, social, pol&iacute;tica, cultural y religiosa que era Am&eacute;rica Latina a la luz de una fe que se percib&iacute;a como fuerza transformadora y liberadora a encarnarse tambi&eacute;n hist&oacute;rica, social, pol&iacute;tica, cultural y religiosamente. De ah&iacute; esa imbricaci&oacute;n continua y mutuamente retroalimentadora entre realidad hist&oacute;rico-social y fe cristiana. Sin este descubrimiento &ldquo;latinoamericano&rdquo; el Concilio Ecum&eacute;nico Vaticano II no hubiera tenido en Am&eacute;rica Latina, y como acontecimiento emblem&aacute;tico en Medell&iacute;n, el impacto que tuvo. Medell&iacute;n fue mucho m&aacute;s que aplicaci&oacute;n, fue lugar teol&oacute;gico, novedad, fuente.<\/p>\n<p>Y esto fue as&iacute; desde el comienzo. Si algo caracterizaba ya hace cuarenta a&ntilde;os la realidad social llamada Am&eacute;rica Latina era la pobreza. Am&eacute;rica Latina era, como todav&iacute;a lo sigue siendo hoy, un continente mayoritariamente de pobres. Pero con todo, como tantas veces enfatiza el te&oacute;logo considerado fundador de la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n, Gustavo Guti&eacute;rrez, no es este rasgo sin m&aacute;s el que explica el surgimiento de dicha teolog&iacute;a. La misma pobreza ya exist&iacute;a antes. Lo nuevo social y culturalmente hablando es lo que se ha llamado la irrupci&oacute;n de los pobres en la historia de Am&eacute;rica Latina . No era s&oacute;lo cuesti&oacute;n de cantidad, era sobre todo cuesti&oacute;n de nueva presencia. Los pobres en Am&eacute;rica Latina ven&iacute;an tomando conciencia de que su situaci&oacute;n no era debida a la naturaleza, a una fatalidad hist&oacute;rica, ni a Dios, sino que su situaci&oacute;n era inmerecida, hist&oacute;rica, causada, impuesta. Y as&iacute; lo estaban denunciando en sus luchas.<\/p>\n<p>Pero, aunque nuevo, tampoco este dato hubiera bastado para que de esta realidad surgiera la teolog&iacute;a . &Eacute;sta surge cuando dicha irrupci&oacute;n es vista en clave teologal, esto es, como un signo de los tiempos, como situaci&oacute;n de honda significaci&oacute;n social y humana a trav&eacute;s de la cual Dios habla; interpelante, pues, y reveladora. Es entonces cuando fe y teolog&iacute;a comprometidas con la liberaci&oacute;n de los pobres surgen. Cuando no s&oacute;lo se percibe la situaci&oacute;n de pobreza como una situaci&oacute;n no querida por Dios, de pecado, sino cuando a la vez, en el mismo acto de fe y en el mismo acto en el que se conoce lo social, se percibe como querida por Dios la situaci&oacute;n totalmente contraria, la situaci&oacute;n de liberaci&oacute;n. En otras palabras, cuando percepci&oacute;n de lo social y fe coinciden, como las dos dimensiones o caras de una misma e indivisible realidad: la dimensi&oacute;n social, vista teologal, y la dimensi&oacute;n teologal, vista social; sin entender &eacute;sta de una manera reduccionista. Ya que la liberaci&oacute;n de la que es cuesti&oacute;n es vista y propuesta total e integral desde un principio: econ&oacute;mica, humana y trascendente.<\/p>\n<p>La teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n con sus mediaciones, las socioanal&iacute;ticas, tomadas como el t&eacute;rmino indica de las ciencias sociales, y las suyas propias como teolog&iacute;a, no va a ser nada m&aacute;s que la fundamentaci&oacute;n, profundizaci&oacute;n y desarrollo te&oacute;ricos de la vida, compromiso y visi&oacute;n implicados en esta nueva manera de percibir fe y realidad y sus relaciones. &Eacute;ste ser&aacute; el acto primero, del que la teolog&iacute;a como mediaci&oacute;n reflexiva es acto segundo, como recordar&aacute; siempre la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n, reivindicando as&iacute; la prioridad e importancia de lo primero: la vida, el compromiso, la pr&aacute;ctica, con respecto a los segundo: la reflexi&oacute;n. Con las mediaciones socioanal&iacute;ticas la pobreza aparecer&aacute; m&aacute;s retante, al aparecer institucional y estructural, y sobre todo como realidad que &laquo;cuestiona la fe cristiana&raquo;; con las mediaciones teol&oacute;gicas, aparecer&aacute; m&aacute;s decisiva, al aparecer m&aacute;s anti-Dios, m&aacute;s anti-Reino, y ello precisamente al ser y aparecer m&aacute;s anti-humana.<\/p>\n<p>Por sus dimensiones y consecuencias, para millones de seres humanos la pobreza significa ser no persona, peor a&uacute;n, no tener vida o tener una muerte, como se ha dicho, injusta y temprana. Pero con todo la raz&oacute;n definitiva para optar por los pobres, opci&oacute;n que como es bien sabido caracteriza encomi&aacute;sticamente la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n, no est&aacute; en estas razones. No est&aacute; en los an&aacute;lisis sociales empleados, advierte perspicazmente Gustavo Guti&eacute;rrez, como tampoco est&aacute; en la experiencia directa que se pueda tener de la pobreza, ni siquiera a&uacute;n en la compasi&oacute;n humana, motivos v&aacute;lidos sin duda y que pueden jugar un importante papel en solidaridades y compromisos. La raz&oacute;n para optar por los pobres est&aacute; en Dios mismo. Es una opci&oacute;n teoc&eacute;ntrica. Hay que optar por los pobres, porque Dios lo ha hecho primero. Y hacerlo como &Eacute;l lo hizo: porque son pobres, porque no cuentan, porque, como gusta a&ntilde;adir significativamente Guti&eacute;rrez de unos a&ntilde;os a esta parte, son insignificantes. No por otra raz&oacute;n. Desde luego, no por la pretensi&oacute;n de que ser&iacute;an moral y religiosamente mejores que los dem&aacute;s. S&oacute;lo porque son pobres, porque Dios ha optado por ellos. En otras palabras, por pura gratuidad, por puro amor de Dios, porque Dios es Dios.<\/p>\n<p>Quiz&aacute;s nunca una teolog&iacute;a hab&iacute;a alcanzado tal culmen de expresi&oacute;n, es decir, quiz&aacute;s nunca antes en una teolog&iacute;a se vincul&oacute; tan teol&oacute;gicamente, valga la redundancia, a Dios con un compromiso &eacute;tico social como el que significa la opci&oacute;n por los pobres. De hecho no fue hasta la segunda mitad del siglo pasado que la pobreza comenz&oacute; a ser percibida como un reto a la comprensi&oacute;n de la fe. Dif&iacute;cilmente, pues, que una vinculaci&oacute;n como la de que hablamos se hubiera podido expresar con tanta fuerza teol&oacute;gica antes. Desde un punto de vista testimonial y como ense&ntilde;anza, s&iacute;, basta mirar al Evangelio, pero como doctrina teol&oacute;gica, no. Sin duda que estamos ante una cumbre teol&oacute;gica en este sentido y, por lo mismo, espiritual: ante la concepci&oacute;n m&aacute;s espiritual, sin duda, de la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n. Guti&eacute;rrez parece concebirlo as&iacute; cuando con respecto a la opci&oacute;n por los pobres y a la gratuidad escribe: como opci&oacute;n &laquo;hunde sus ra&iacute;ces en la gratuidad del amor de Dios y es requerida por ella. Y no hay nada m&aacute;s exigente, lo sabemos, que la gratuidad&raquo; . No cabe fundamentaci&oacute;n mayor, m&aacute;s &uacute;ltima y, por ello mismo, m&aacute;s exigente.<\/p>\n<p>A esta raz&oacute;n se a&ntilde;adir&aacute; para el cristiano la del seguimiento de Jes&uacute;s, raz&oacute;n tambi&eacute;n decisiva por cuanto para el cristiano hechos y dichos de Jes&uacute;s revelan el comportamiento de Dios, pero en el fondo derivada de aqu&eacute;lla por cuanto lo que Jes&uacute;s hace y ense&ntilde;a es lo que &ldquo;vio&rdquo; en Dios su Padre. En todo caso, optar pos los pobres es lo que hizo y ense&ntilde;&oacute; Jes&uacute;s, y, por tanto, lo que debe hacer y ense&ntilde;ar todo disc&iacute;pulo que quiera seguirlo. Una fundamentaci&oacute;n igualmente &uacute;ltima y gratuita, e igualmente exigente, sino m&aacute;s . Porque lo que hay de metaf&iacute;sico y distante en Dios, aqu&iacute; se hace hist&oacute;rico, personal e inesquivable: &laquo;Vete y haz t&uacute; lo mismo&raquo; (Lc 10, 37), &laquo;cuando lo hicieron con alguno de estos mis hermanos m&aacute;s peque&ntilde;os, lo hicieron conmigo&raquo; (Mt 25, 40) y al rev&eacute;s. Con raz&oacute;n el seguimiento de Jes&uacute;s es considerado eje central del Evangelio, y la opci&oacute;n por los pobres comportamiento esencial de tal seguimiento. Eje central del Evangelio y, por ello, nombre bajo el cual se conoce en el Evangelio la espiritualidad.<\/p>\n<p> A prop&oacute;sito de la opci&oacute;n gratuita de Dios pos los pobres, dec&iacute;amos que la formulaci&oacute;n de la misma bien pod&iacute;a representar una cumbre teol&oacute;gica en cuanto a la expresi&oacute;n teol&oacute;gica misma y a la conciencia que significa. Otro tanto habr&iacute;a que decir de la expresi&oacute;n que identifica a los pobres con Cristo, aunque dicha identificaci&oacute;n tenga una base m&aacute;s conocida, en el famoso texto evang&eacute;lico &laquo;cuando lo hicieron con alguno de estos mis hermanos m&aacute;s peque&ntilde;os, lo hicieron conmigo&raquo; (Mt 25, 40). Nos referimos a la formulaci&oacute;n teol&oacute;gica recogida en el n. 31 de Puebla o los pobres como &laquo;rostros muy concretos en los que deber&iacute;amos reconocer los rasgos sufrientes de Cristo, que nos cuestiona e interpela&raquo;. La expresi&oacute;n puede sonar inclusivista y recuperadora, reconocimiento de los pobres pero en otro, en Cristo. Pero tambi&eacute;n puede leerse como su m&aacute;s grande reconocimiento: de Cristo en los pobres, del otro m&aacute;ximo, Cristo, en ellos, como parece querer decir el texto.<\/p>\n<p>En fin, opci&oacute;n y seguimiento tienen que dar lugar a una pr&aacute;ctica hist&oacute;rica, a una forma hist&oacute;ricamente encarnada de compromiso y de vida desde y con los pobres, lo que implica tener que abrazar su proyecto liberador y hacerlo propio. En otras palabras, opci&oacute;n y pr&aacute;ctica tienen que ser hist&oacute;ricamente encarnadas y nutrirse de su propia encarnaci&oacute;n, as&iacute; como la opci&oacute;n y pr&aacute;ctica de Dios lo son tambi&eacute;n. Al encarnarse hist&oacute;ricamente, opci&oacute;n y pr&aacute;ctica se hacen reales, verdaderas, y se convierten en criterio de verdad. De manera que la teolog&iacute;a como acto segundo ser&aacute; &laquo;una reflexi&oacute;n cr&iacute;tica desde y sobre la praxis hist&oacute;rica&raquo; o tambi&eacute;n &laquo;una reflexi&oacute;n en y sobre la fe como praxis liberadora&raquo;.<\/p>\n<p>Esta lectura que hemos evocado en algunos de sus m&aacute;s importantes momentos y expresiones, y que la teolog&iacute;a latinoamericana hace, se caracteriza por ser hist&oacute;rica y social, actual y concreta, y desde estas calidades y con ellas, teologal y teol&oacute;gica. Y de esta manera es que se aplica tanto a la realidad social como a la forma teologal y teol&oacute;gica de verla. De ambas retiene para afrontarlos sus mayores retos: la pobreza y una fe optando por los pobres, con ellos y desde ellos. Y los afronta. En una lectura, como hemos remarcado, no dual desde su comienzo, sino teologal y teol&oacute;gica, aun cuando parezca ser cient&iacute;ficosocial. Es cierto, ninguna teolog&iacute;a ha reconocido tanto la autonom&iacute;a de las ciencias sociales y humanas, as&iacute; como la de sus aportes, y ha hecho tanto uso de ellos. Pero para ella &eacute;stos ha sido mediaciones. Su visi&oacute;n ha permanecido siempre teologal y teol&oacute;gica: la pobreza como cuestionamiento de la fe, y la irrupci&oacute;n de los pobres en la historia como un signo de los tiempos.<\/p>\n<p>Su &eacute;xito y prestigio fueron muy grandes y reales, como lo evidencia su variada y profunda influencia. En lo que ten&iacute;a de enfoque liberador, objeto de estudio, manera cr&iacute;tica de abordarlo, prioridad de la pr&aacute;ctica sobre la teor&iacute;a, radicalidad y capacidad de propuestas, es un hecho que la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n influy&oacute; en el resto de disciplinas sociales. As&iacute; como con sus planteamientos y desarrollos inspir&oacute; filosof&iacute;a y &eacute;tica latinoamericanas, y de m&aacute;s all&aacute; de Am&eacute;rica Latina, a hacer otro tanto. Por lo que refiere al cristianismo su impacto, el de la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n, fue a&uacute;n m&aacute;s significativo. Supo interpretar de tal manera retos y respuestas, que sus ense&ntilde;anzas fundamentales fueron asumidas por el magisterio del episcopado latinoamericano en las Conferencias Generales de Medell&iacute;n (1968) y Puebla (1979), e incluso de Roma .<\/p>\n<p>De nuevo aqu&iacute;, sociol&oacute;gicamente hablando, el acierto de su mensaje estuvo en la correcta interpretaci&oacute;n de dos supuestos, al menos &eacute;sta es nuestra hip&oacute;tesis: el supuesto social de que en los pobres de Am&eacute;rica Latina a&uacute;n persist&iacute;a la conciencia de ser pueblo, una conciencia social por lo tanto todav&iacute;a muy unitaria, relativamente poco fragmentada; y el supuesto de que este pueblo era profundamente religioso y de que, en la irrupci&oacute;n que estaba haciendo en la historia, iba a ser todav&iacute;a profundamente sensible a un mensaje din&aacute;mico y liberador expresado en clave b&iacute;blica y cristiana. Y as&iacute; fue &iquest;No es en parte a esta realidad a la que se quer&iacute;a aludir cuando se recordaba que el pueblo latinoamericano era un pueblo de grandes mayor&iacute;as pobres pero profundamente religioso, o, simplemente, con la expresi&oacute;n &laquo;pueblo creyente y pobre&raquo;? Nuestro inter&eacute;s en se&ntilde;alar la existencia de ambas condiciones y de su correcta interpretaci&oacute;n en aquel entonces estriba en que muy posiblemente hoy ya no se den, al menos de la misma manera, y ello explique la fuerza cada vez menor de teolog&iacute;a y magisterio para modelar las conciencias como lo hizo en d&eacute;cadas pasadas, especialmente la de los sesenta, setenta y ochenta.<\/p>\n<p>Hablando desde su intencionalidad, el acierto parece haber estado, como hemos venido se&ntilde;alando, en la forma teologal y teol&oacute;gica como con una sola mirada se supo abarcar realidad social y fe, y hacerlo de una manera tan de la mano con la historia en ese momento, de una manera tan cristiana, tan &eacute;tica, tan prof&eacute;tica, tan liberadora. En otras palabras, el acierto de la teolog&iacute;a parece haber estado en la epistemolog&iacute;a que ella encarnaba, en el paso experimentado en el cristiano como un paso sin soluci&oacute;n de continuidad entre compromiso social y fe, y entre fe y compromiso social. Y tambi&eacute;n es importante se&ntilde;alar esta experiencia, porque muy posiblemente hoy la relaci&oacute;n entre fe y realidad social no sea percibida en t&eacute;rminos de tanta proximidad e incluso de identidad sino m&aacute;s bien en t&eacute;rminos de mayor distancia.<\/p>\n<p>Por &uacute;ltimo y por lo revelador que es, antes de dar fin a este ac&aacute;pite, quisi&eacute;ramos hacernos eco del concepto de verdad que al menos en un primer momento parece asumir la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n, y que quiz&aacute;s la subyace m&aacute;s de lo que ella misma puede ser consciente de ello. Nos referimos a la verdad no tanto como realidad que se conoce, cuanto como realidad que se hace. Para Gustavo Guti&eacute;rrez, actualmente el conocimiento est&aacute; ligado a la realizaci&oacute;n del mismo, a su aplicaci&oacute;n a la realidad . El conocimiento en tanto realizaci&oacute;n es un rasgo fundamental de la conciencia contempor&aacute;nea, que impregna toda realidad y todo conocimiento, especialmente la historia: &laquo;No se conoce la historia &ndash;escribe &ndash; sino transform&aacute;ndola y transform&aacute;ndose a s&iacute; mismo&raquo;. Y otro tanto dir&aacute; del Evangelio: &laquo;la verdad evang&eacute;lica se hace&raquo;. <\/p>\n<p>Sin poder desarrollarlo &ndash;se trataba solamente de un hacernos eco &ndash;, dejemos sin embargo anotado lo siguiente. Esta transformaci&oacute;n en el concepto de verdad y de conocimiento Guti&eacute;rrez lo ve en un marco de transformaci&oacute;n mucho m&aacute;s amplio, en el que las ciencias con su conocimiento experimental vienen jugando un gran papel. La misma no se est&aacute; produciendo sin una gran crisis en las &laquo;viejas maneras de conocer&raquo; y, espec&iacute;ficamente, sin &laquo;una crisis de la racionalidad empleada cl&aacute;sicamente en la teolog&iacute;a&raquo;. Nada extra&ntilde;o, ya que la misma teor&iacute;a del conocimiento est&aacute; siendo cuestionada. En todo caso, escribe, &laquo;no percibir&iacute;amos tal vez el alcance del cuestionamiento radical que se hace al orden social existente si no tom&aacute;ramos conciencia del cambio que se ha operado en la manera como el hombre conoce, en la forma como se acerca a la verdad y como la relaciona con su pr&aacute;ctica hist&oacute;rica&raquo; . <\/p>\n<p>La profundizaci&oacute;n de los aspectos anotados se va a revelar de una gran importancia en el momento actual. <\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">2. Pero una lectura que ante los nuevos cambios presenta serias limitaciones<\/span><\/p>\n<p>Autodefini&eacute;ndose contextual y queriendo serlo, atenta pues al contexto, la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n es consciente de los cambios, y cambios importantes, que se han venido dando en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, de que los mismos le suponen nuevos retos, y de que, por tanto, hay que asumirlos. <\/p>\n<p>Los retos percibidos son de dos tipos, uno de temas y sujetos sociales nuevos que emergen, y otro de c&oacute;mo conocer mejor la realidad en su dimensi&oacute;n humana y, para ello, hacer un uso mayor de categor&iacute;as y mediaciones de las ciencias humanas, atemperando o completando el uso preferencial que se ven&iacute;a haciendo de las ciencias sociales. Pero sin ir m&aacute;s all&aacute;, sin llegar al cuestionamiento de la propia teolog&iacute;a como discurso, de su concepto de verdad, de su objeto de estudio, de su lugar teol&oacute;gico por excelencia. Ilustremos el primer tipo de retos, recurriendo de nuevo a Gustavo Guti&eacute;rrez, por considerarlo altamente representativo.<\/p>\n<p> En una ponencia de 1999, titulada Situaci&oacute;n y tareas de la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n , sin pretensi&oacute;n alguna de exhaustividad, hablaba de tres grandes retos que enfrenta hoy la fe cristiana y el anuncio del Evangelio: el reto del mundo moderno, la pobreza de las dos terceras partes de la humanidad, y el pluralismo religioso con el consiguiente di&aacute;logo interreligioso. Aunque en el trabajo citado, el reto que desarrolla es el segundo, que sin duda ha adquirido nueva urgencia por su complejidad y globalizaci&oacute;n, en ning&uacute;n momento oculta la importancia de los otros dos, ni oculta que los mismos est&aacute;n impactando ya cultura y sociedad en Am&eacute;rica Latina. Del mundo moderno actual reconoce que en su conjunto constituye un gran reto a la conciencia cristiana , y del pluralismo religioso como nueva experiencia cultural afirma que, al igual que el fen&oacute;meno anterior pero por diferentes razones, cuestiona la teolog&iacute;a cristiana en puntos centrales de ella . Para al final de su ponencia, dejar expresada la advertencia de evitar el encasillamiento continental de estos tres retos, seg&uacute;n el cual la modernidad corresponder&iacute;a al mundo occidental, la pobreza a Am&eacute;rica Latina y &Aacute;frica, y el que procede del pluralismo religioso a Asia. Porque los tres retos son mucho m&aacute;s complejos y globales que lo que reflejar&iacute;a tal encasillamiento. <\/p>\n<p> Adem&aacute;s de estos retos, otros autores se&ntilde;alan que ante los cambios producidos, la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n tiene que asumir, como otros tantos retos nuevos, y con m&aacute;s radicalidad que antes, la defensa de los pobres, actualmente &ldquo;excluidos&rdquo; e &ldquo;insignificantes&rdquo;, de la naturaleza, tambi&eacute;n &ldquo;excluida&rdquo;, de todos los rechazados y marginados por razones de g&eacute;nero, raza y cultura, y de los &ldquo;diferentes&rdquo; por razones de orientaci&oacute;n sexual y de minusval&iacute;a. Autores m&aacute;s autocr&iacute;ticos, como Otto Maduro , no van m&aacute;s all&aacute; de este planteamiento, reclamando sin embargo m&aacute;s coherencia entre pr&aacute;ctica y discurso, y tampoco los que reconocen la existencia ya de la crisis de la religi&oacute;n cristiana en Am&eacute;rica Latina, como Jos&eacute; Comblin . <\/p>\n<p> Como se puede ver, los retos percibidos van en el sentido antes expresado de la ampliaci&oacute;n de la teolog&iacute;a a nuevos temas y a nuevos sujetos sociales, a nuevas pr&aacute;cticas, pero ninguno en el sentido de la teolog&iacute;a en s&iacute; misma considerada, en cuanto a su objeto de estudio y en cuanto a la manera de abordar &eacute;ste . Sin embargo se est&aacute;n dando cambios que hacen pensar en retos mucho mayores. Hemos hablado de cambios en el sujeto social &ldquo;pueblo&rdquo;, pero aqu&iacute; quisi&eacute;ramos fijarnos m&aacute;s bien en los cambios que est&aacute;n a nivel de conocimiento, en su funci&oacute;n y naturaleza mismas, por su repercusi&oacute;n en ese conocimiento que la teolog&iacute;a llama fe y en la misma teolog&iacute;a.<\/p>\n<p> Hasta hace poco el conocimiento se ha desempe&ntilde;ado de manera objetivista, es decir como una funci&oacute;n humana capaz de conocer cosas, realidades, objetos. Pod&iacute;a definirse, tal como ve&iacute;amos lo suscribi&oacute; el propio Gustavo Guti&eacute;rrez y la teolog&iacute;a de liberaci&oacute;n en general, como un conocer en funci&oacute;n pr&aacute;ctica, haciendo, realizando, verificando. Pero aun as&iacute; era un hacer y realizar conforme a la verdad, conforme a verdades, racionales o reveladas, que en cierto modo preexist&iacute;an, como un modelo a seguir. As&iacute; la teolog&iacute;a pod&iacute;a hablar de la opci&oacute;n por los pobres como de una opci&oacute;n teoc&eacute;ntrica, esto es, de Dios mismo, y del seguimiento de Jes&uacute;s, como del seguimiento del comportamiento hist&oacute;rico y real de alguien, en este caso, de Jes&uacute;s de Nazaret; y a la luz de la fe, y no sin ella, pod&iacute;a identificar tambi&eacute;n opci&oacute;n espiritual y realidad social, viendo la una en la otra, y viceversa. Pero el conocimiento actual ya no es m&aacute;s as&iacute; ni permite tales identificaciones.<\/p>\n<p> Los cambios en este nivel han sido en pocas d&eacute;cadas, muy grandes; tan grandes, que el conocimiento actual no tiene verdad o verdades preexistentes a las que pueda mirar y seguir. Las &ldquo;verdades&rdquo; que necesita, el propio conocimiento, &eacute;l mismo las tiene y lo tiene que construir, de acuerdo a postulados, de acuerdo a verdades que se postulan, y como postuladas tienen que ser verificadas, no de acuerdo a verdades a seguir. De manera que &eacute;l mismo se sabe y se percibe construido. M&aacute;s a&uacute;n, estas verdades no son eternas, su pretendida &ldquo;objetividad&rdquo; dura mientras dura el mundo que le da posibilidad y realidad. Var&iacute;an y cambian, pues, con &eacute;ste. <\/p>\n<p>Opci&oacute;n, pues, de Dios y seguimiento de Jes&uacute;s no pueden ser imaginadas o representadas como verdades &ldquo;objetivas&rdquo;, que nos preexisten y se convierten en normativas para nosotros. El reto ahora no es historizar verdades y conocimiento, que de lo contrario ser&iacute;an abstractos, sino reconocer que verdades y conocimiento son construidos. La opci&oacute;n de Dios por los pobres, tanto desde del punto de vista del conocimiento como desde el punto de vista de su pretendida ontolog&iacute;a u objetividad, no es algo que exista como tal opci&oacute;n, es una construcci&oacute;n nuestra . Si la utilizamos como una categor&iacute;a descriptiva, no describe nada de Dios, porque lo que llamamos Dios es indescriptible; lo que describe es una proyecci&oacute;n &eacute;tica nuestra. Si la utilizamos como expresi&oacute;n simb&oacute;lica, tampoco expresa nada que sea representable, sino que lo &uacute;nico que pretende es llevarnos a la experiencia de eso que llamamos amor primero, sin fondo ni forma, gratuidad total; en t&eacute;rminos de la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n, amar a los pobres porque Dios es Dios, porque son insignificantes, porque no hay ninguna raz&oacute;n para ello m&aacute;s que la pura gratuidad. <\/p>\n<p> El propio seguimiento de Jes&uacute;s que suena a comportamiento de rasgos bien concretos, no es un comportamiento tan objetivamente aprehensible como para luego objetivamente seguirlo. Lo m&aacute;s profundo y genuino de Jes&uacute;s, su experiencia de Dios, su Padre, la bienaventuranza que &eacute;l proclam&oacute; en los pobres, no es algo que se pueda objetivamente registrar y que haya quedado objetivamente registrado para de una manera objetiva poder seguirlo. Por su naturaleza misma, son experiencias inregistrables, como inregistrable es la misma dimensi&oacute;n a la que pertenecen. Por ello ning&uacute;n maestro espiritual, incluido el propio Jes&uacute;s, ha dejado un camino espiritual objetivo a seguir . Y si as&iacute; se entendiera a los maestros, no se los ha entendido. Ellos hicieron su camino, mejor dicho, lo crearon, y con sus testimonios y ense&ntilde;anzas nos incitan a hacer otro tanto, a crear el nuestro. Pero no nos han dejado un camino que baste seguirlo. El seguimiento ser&iacute;a entonces un comportamiento moral y siempre externo. La categor&iacute;a seguimiento es una categor&iacute;a demasiado estrecha para lo que es la espiritualidad y, por tanto, para hacer la experiencia que hizo Jes&uacute;s. Cada quien tiene que crear su propio camino. No hay camino a seguir, sino el propio que cada quien tiene que crear.<\/p>\n<p> La pr&aacute;ctica, hist&oacute;rica y liberadora, la otra gran categor&iacute;a de la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n, pr&aacute;ctica en la que desembocar&iacute;a la opci&oacute;n por los pobres si &eacute;sta es expresi&oacute;n de un aut&eacute;ntico compromiso, tambi&eacute;n es m&aacute;s conclusi&oacute;n que se impone de un imperativo &eacute;tico que consecuencia de la opci&oacute;n por los pobres como experiencia espiritual propiamente tal. Porque &eacute;sta como experiencia se da en el tiempo pero a la vez liberada de &eacute;l, liberada pues del futuro, liberada pues de la duraci&oacute;n, sin necesidad de someterse a &eacute;sta. A la opci&oacute;n le basta ser experiencia de amor gratuito para ser plena y total. Y cuando lo es tiende espont&aacute;nea y creadoramente, sin someterse, a ser plena y total en el tiempo, en este sentido, a ser duradera e inspirar la &eacute;tica m&aacute;s generosa e incondicional, en este caso, con los pobres y desde ellos. &iquest;Necesita la creaci&oacute;n art&iacute;stica desembocar en una pr&aacute;ctica art&iacute;stica hist&oacute;rica, incluso militante? En absoluto. Desemboca en pr&aacute;cticas de hecho, pero no porque lo necesite. La creaci&oacute;n como tal, su experiencia, no es producto de un pr&aacute;ctica sostenida en el tiempo. Lo que la prepara s&iacute;, la creaci&oacute;n propiamente tal no. <\/p>\n<p> Por otra parte, el conocimiento que podemos llamar la experiencia absoluta de la realidad, como lo hace Corb&iacute; en la obra citada, que es el conocimiento religioso propiamente tal, tiene adem&aacute;s otra particularidad. Aunque su dimensi&oacute;n y realidad s&oacute;lo existe y se da en la realidad funcional que somos y que nos rodea, es de tal naturaleza que no dice relaci&oacute;n directa a ella. En este sentido resultan dos dimensiones aut&oacute;nomas una de la otra. No hay comunicaci&oacute;n directa entre ellas. No hay paso directo de la una a la otra. As&iacute;, aunque Dios hubiera hecho una opci&oacute;n por los pobres y &eacute;sta fuera rasgo esencial de la experiencia religiosa de Jes&uacute;s, no por ello adquirir&iacute;an una dimensi&oacute;n social, temporal, hist&oacute;rica, que la har&iacute;a reveladoramente, divinamente, obligada para nosotros. Lo absoluto de la realidad, del que opci&oacute;n de Dios y opci&oacute;n experiencial de Jes&uacute;s son expresiones simb&oacute;licas, es absoluto, es total, es realidad sin fondo ni forma, trasciende nuestra historia, nuestros conflictos y nuestros proyectos humanos. Nada es lo que se puede derivar directamente de tales opciones para nuestro comportamiento &eacute;tico. Experiencia de lo absoluto y &eacute;tica se ubican en dos niveles diferentes. No hay continuidad entre ellas.<\/p>\n<p> En este sentido, lo que fue el mayor acierto de la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n, la continuidad a la luz de la fe entre Dios, Cristo y lo social, plasmado ello en categor&iacute;as como signos de los tiempos, opci&oacute;n de Dios por los pobres, seguimiento de Jes&uacute;s, es ahora una limitaci&oacute;n. Un planteamiento de esta naturaleza no convence, inmediatamente suena superpuesto, peca de lo que Mari&agrave; Corb&iacute; califica de epistemolog&iacute;a m&iacute;tica , implica una igualdad epistemol&oacute;gica entre niveles epistemol&oacute;gicamente diferentes. Supone un salto epistemol&oacute;gico indebido. Un Dios y un Cristo presentados as&iacute; resultan social e hist&oacute;ricamente muy consistentes, cuando como dice Thomas Merton Dios es el inconsistente . Un Dios as&iacute; interesado en nuestra historia y encajando tan bien con nuestras necesidades sociales y humanas, resulta sospechoso, suena demasiado antropom&oacute;rfico. En otras palabras, un planteamiento as&iacute; se adecua muy bien al ser necesitado e interesado, pero no al ser gratuito que tambi&eacute;n somos.<\/p>\n<p> No cabe duda que el problema que hay aqu&iacute; es de orden epistemol&oacute;gico . El problema de la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n, como el de toda teolog&iacute;a hecha en el marco de una religi&oacute;n y, por m&aacute;s que no lo quiera, en funci&oacute;n de ella, es confundir o identificar lo que aparece como m&aacute;ximo imperativo &eacute;tico, amor a Dios, amor a los pobres, opci&oacute;n por ellos, seguimiento de Jes&uacute;s, con desinter&eacute;s y gratuidad total, lo &eacute;tico con la experiencia de Dios o con Dios mismo. Cuando son niveles diferentes, lo &eacute;tico producto siempre del conocimiento y axiolog&iacute;a funcional a la vida, y lo absoluto producto del conocimiento verdaderamente gratuito, m&aacute;s all&aacute; de toda representaci&oacute;n y de todo valor.<\/p>\n<p> Adem&aacute;s, por esta v&iacute;a es como se hace a Dios intervenir en la historia. Y su revelaci&oacute;n en la historia no es inocente. Revel&aacute;ndose en ella, interviene, indica a qui&eacute;n hay que amar y c&oacute;mo hay que amar, indica, por ejemplo, que como &eacute;l hizo una opci&oacute;n por los pobres, nosotros tambi&eacute;n tenemos que hacerla. En el fondo, un Dios as&iacute; concebido dirige los seres humanos y, en definitiva, la historia, aunque sea moralmente. Desde luego, la sanciona salv&iacute;ficamente. Y es un Dios as&iacute;, y con raz&oacute;n, el que hoy es rechazado. No va con la experiencia libre y creadora que en s&iacute; mismos encuentran el hombre y la mujer de la cultura moderna actual. No se ve qu&eacute; tenga que ver Dios con realidades tan sociales como los pobres, tan hist&oacute;ricas como la historia, y tan &eacute;ticas como la &eacute;tica.<\/p>\n<p> Paralelamente a como hace treinta a&ntilde;os lo vio y asumi&oacute; Gustavo Guti&eacute;rrez para aquel entonces, tambi&eacute;n ahora es el conocimiento el que ha cambiado, esta vez en su naturaleza y en su funci&oacute;n, poniendo en crisis la nueva racionalidad de la teolog&iacute;a, m&aacute;s hist&oacute;rica, m&aacute;s social, m&aacute;s b&iacute;blica, pero al fin de cuentas, todav&iacute;a objetivista, trabajando a partir de verdades con contenido, con creencias, y rezagada con respecto a c&oacute;mo el conocimiento se percibe y opera hoy.<\/p>\n<p> Y sin embargo, hay en la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n una gran convicci&oacute;n y una gran ense&ntilde;anza que, correctamente concebidas y actualizadas, no debieran morir: la convicci&oacute;n, &eacute;tica y epist&eacute;mica, de que una espiritualidad en el contexto que es el nuestro, tiene que asumir los pobres y la pobreza como punto de partida contextual, como lugar desde donde hay que vivir la espiritualidad , la pregunta &iquest;d&oacute;nde dormir&aacute;n los pobres? ; y la ense&ntilde;anza del amor gratuito al pobre como camino de espiritualidad..<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">3. Del cristianismo socialmente comprometido pero religioso a una espiritualidad laica<\/span><\/p>\n<p>Analizadas a fondo, las limitaciones de la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n que hemos se&ntilde;alado nacen de la naturaleza religiosa de &eacute;sta y de lo que llamamos fe o, m&aacute;s simplemente, del cristianismo concebido religiosamente. Es su car&aacute;cter religioso el que le hace hablar de opci&oacute;n de Dios por los pobres y de seguimiento de Jes&uacute;s como si de verdades objetivas se tratase, y por este camino identificar, como los t&eacute;rminos &lsquo;opci&oacute;n&rsquo; y &lsquo;seguimiento&rsquo; lo expresan, a Dios mismo y al Cristo con las mayores urgencias &eacute;ticas actuales, la pobreza en la que se obliga a vivir a dos terceras partes de la humanidad. Siempre como si fuesen verdades. Porque la religi&oacute;n necesita apoyarse en verdades, en conocimientos conceptuales, con contenido y forma, que en el fondo resultan creencias. <\/p>\n<p>Ello ocurre as&iacute;, por operar todav&iacute;a la teolog&iacute;a sobre un conocimiento matricial que ya no es tal, un conocimiento verdad, con contenidos, aunque se admita que &eacute;stos tengan que ser historizados, convertidos en pr&aacute;ctica, veri-ficados. En pocas d&eacute;cadas, y casi en silencio, como si se tratase de una continuidad, naturaleza y funci&oacute;n del conocimiento han cambiado profundamente. Lo divino, lo perteneciente a la dimensi&oacute;n espiritual, lo plena y totalmente gratuito, no se podr&aacute; expresar ya s&iacute;gnicamente, conceptualmente. Y tampoco lo &eacute;tico, por muy sublime que sea, resulta por ello divino, espiritual, realmente trascendente. El nuevo tipo de conocimiento obliga a distinguir dimensiones que antes aparec&iacute;an unidas y a respetar sus respectivas epistemolog&iacute;as. Todo ello no ocurre sin una grave crisis en las &ldquo;viejas maneras&rdquo; de pensar, para usar la expresi&oacute;n de Gustavo Guti&eacute;rrez, incluso en la misma racionalidad utilizada por la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n, por m&aacute;s nueva que la misma ha sido con respecto a la cl&aacute;sica. Pero, como gusta de remarcar el propio Guti&eacute;rrez frente a los cambios y las situaciones que provocan, no hay motivos para no proceder con confianza en el potencial del conocimiento humano, ya que en los mismos factores que producen los cambios se encuentran las pistas de los planteamientos que necesitamos hacer.<\/p>\n<p> As&iacute; sucede en nuestro caso. Si con los cambios ocurridos en el conocimiento, no se puede seguir entendiendo lo divino o espiritual en t&eacute;rminos objetivos u objetivistas, hay que hacer abandono de este tipo de conocimiento. Si lo religioso hace problema, y problema serio, en el cristianismo, incluso socialmente comprometido, hay que hacer abandono de ello, por m&aacute;s exitoso y movilizador que hasta hace unas d&eacute;cadas haya sido. Es comprensible la resistencia al cambio, pero si el paradigma utilizado ya no resulta pertinente, y no puede resultar, hay que saber abandonarlo, y ello con confianza. El mismo conocimiento que ya no nos permite pensar a Dios como lo pensamos, su opci&oacute;n por los pobres, el seguimiento de Jes&uacute;s, la misma irrupci&oacute;n de los pobres como voz interpelante de Dios a nuestra fe, abre otra forma nueva y mejor o, en todo caso, necesaria para nosotros de pensarlo y, lo que es m&aacute;s importante, de vivirlo, porque de vivirlo se trata, de hacerlo experiencia, lo que Mari&agrave; Corb&iacute; llama espiritualidad laica, no religiosa.<\/p>\n<p> Hay que pasar, pues, de la religi&oacute;n a la espiritualidad, de las verdades objetivas cre&iacute;das y convertidas en la moral m&aacute;s exigente a la experiencia de la gratuidad, del cristianismo socialmente comprometido pero religioso a una espiritualidad laica, no religiosa, esto es, sin verdades o creencias, sin religiones, sin dioses, como reza t&iacute;tulo y subt&iacute;tulo de la &uacute;ltima obra de Corb&iacute;. De esta manera, nada se pierde, todo se conserva, como aut&eacute;ntico tesoro. Se conserva y se redimensiona aquello a lo que, en el fondo, opci&oacute;n, seguimiento y pr&aacute;ctica apuntaban: la gratuidad; aquello que hay que amar porque, engastado en lo que no es, no cuenta, es insignificante, y gracias a ello es m&aacute;s f&aacute;cil verlo, es sin embargo infinito, pleno, total.<\/p>\n<p> Con ello no se habr&aacute; perdido nada y se habr&aacute; ganado todo. De lo contrario, una vez m&aacute;s en la historia humana, por salvar formas que nos parecen ser esenciales, perderemos lo &uacute;nico que verdaderamente es esencial, y sumamente importante en el tipo de civilizaci&oacute;n tecnol&oacute;gica que estamos construyendo. No s&oacute;lo ya para evitar lo peor, que bien puede ocurrir, sino para hacer de ella un proyecto humano, y dentro de lo que hay que entender por humano, la &eacute;tica &ndash;que los pobres dejen de serlo &ndash; es verdaderamente imprescindible, una de sus piedras angulares. Pero para ambas cosas la espiritualidad es mucho m&aacute;s necesaria a&uacute;n. A&uacute;n con &eacute;tica, pero sin espiritualidad, el proyecto que se construya no ser&aacute; digno del ser humano, y en &eacute;l seguir&aacute; habiendo pobres y empobrecidos.<\/p>\n<p> La espiritualidad como experiencia de la realidad absoluta, como experiencia de la gratuidad, de la plenitud y de la totalidad en un mundo, el nuestro, nunca pleno y total, no nos va a caer del cielo, no va a venir por derrame &ldquo;neoliberal&rdquo; hacia todos por el desarrollo de la justicia social y de la &eacute;tica, aunque &eacute;stas sean capitales. Hay que crearla, hay que darla a luz y desarrollarla. Y para ello hoy hay que plantearlo expl&iacute;citamente. No va a venir de mano de la religi&oacute;n y con ella, como fue lo m&aacute;s frecuente en el pasado. Hay que separar una de otra, dejar que la religi&oacute;n muera, y que en su lugar emerja la espiritualidad sin religi&oacute;n. <\/p>\n<p>En la nueva realidad u ordenamiento que nos da el conocimiento, los pobres van a quedar m&aacute;s asegurados, por as&iacute; decir. Gran parte de la pobreza, no toda, se explica desde luego por &ldquo;el sistema&rdquo;, econ&oacute;mico y social, que ponemos en aplicaci&oacute;n, pero posiblemente a&uacute;n m&aacute;s por el tipo de racionalidad desde la que definimos los diferentes sistemas, en la que subyace una visi&oacute;n de la realidad y de sus posibilidades, del ser humano y de sus aspiraciones, y no digamos ya de sus necesidades e intereses. Dentro de esta racionalidad entra la &eacute;tica, haci&eacute;ndose f&aacute;cilmente c&oacute;mplice de ella. &iquest;C&oacute;mo podr&aacute;, pues, cambiarla? &iquest;Qu&eacute; fuerza, si no es la de la experiencia espiritual genuinamente tal, podr&aacute; superar tal tipo de racionalidades? S&oacute;lo la espiritualidad. Porque al ser ella una vida sin fondo ni forma, en su experiencia est&aacute; por encima de todas. En ella y s&oacute;lo en ella de verdad y radicalmente &ldquo;otros mundos son posibles&rdquo;.<\/p>\n<p>Es frecuente pensar los cambios totales deseados en t&eacute;rminos de alternativas, sin darse cuenta que la misma es corta, ya que las alternativas reproducen otro sistema posible dentro de la misma matriz que permiti&oacute; el primero. Por eso no es extra&ntilde;o que en tales propuestas sean preferidos los contenidos &eacute;ticos a los espirituales. Por ello es &uacute;til recordar a prop&oacute;sito de toda espiritualidad su singular riqueza, que Raimon Panikkar y a prop&oacute;sito de las Upanisad expres&oacute; de esta manera: &laquo;no nos proponen una alternativa a la cultura moderna sino m&aacute;s bien una internativa&raquo; . Y con raz&oacute;n, las propuestas alternativas no son espirituales y, por ello mismo, son menos eficaces para los cambios profundos deseados. <\/p>\n<p>En el nuevo tipo de conocimiento, donde sus dimensiones, la que es funcional a la vida y la que trasciende &eacute;sta, quedan m&aacute;s claramente perfiladas, &eacute;tica y espiritualidad no se van a poder confundir. Y esto ya constituye en s&iacute; una ganancia y una ventaja. Por su naturaleza y funci&oacute;n la &eacute;tica se ubicar&aacute; en el nivel del conocimiento, as&iacute; como los valores funcionales y deseables para la vida, y la espiritualidad, en la dimensi&oacute;n de lo verdaderamente trascendente. Por m&aacute;s estrecha que sea la relaci&oacute;n entre ellas, cada una habr&aacute; que trabajarla en s&iacute; misma. No se sustituyen. Aunque una &eacute;tica desinteresadamente vivida puede ser y es, no cabe duda, un camino hacia la espiritualidad como experiencia de la realidad total que est&aacute; en todo, tambi&eacute;n en lo &eacute;tico estando sin embargo m&aacute;s all&aacute; de ello.<\/p>\n<p>Pero si la espiritualidad no es &eacute;tica, para muchos, hombres y mujeres, persistir&aacute; todav&iacute;a la pregunta &iquest;d&oacute;nde dormir&aacute;n los pobres? La espiritualidad no es &eacute;tica, pero, por lo mismo, tampoco es concurrencia. Esto ya reduce en parte el problema, y lo reducir&iacute;a en mucho si muchos fueran los hombres y mujeres espirituales. La &eacute;tica a pesar de todo no deja de ser un ordenamiento de la vida de acuerdo a valores pero entre concurrentes, entre competidores. Por definici&oacute;n, los espirituales no compiten con los dem&aacute;s, y menos con los pobres, sobre todo a la hora de la distribuci&oacute;n y del consumo. De competir, m&aacute;s bien compiten en la producci&oacute;n. Y en ello en la forma m&aacute;s humana y m&aacute;s solidaria. Por principio, y por as&iacute; decirlo, los pobres tienen m&aacute;s garant&iacute;a de encontrar dormida, valga la expresi&oacute;n como met&aacute;fora, entre los hombres y mujeres espirituales que entre los hombres y mujeres &eacute;ticos.<\/p>\n<p>Pero es que adem&aacute;s, aunque la espiritualidad no es &eacute;tica, sus entra&ntilde;as, por as&iacute; decir, s&iacute; lo son. Lo espirituales, hombres mujeres, de todas las tradiciones son bien conocidos por la forma como se conmueven ante el hermano que sufre. Una conmoci&oacute;n que se traduce en una acci&oacute;n coherente que no conoce discriminaci&oacute;n ni fronteras. Jes&uacute;s estaba mirando a un ser humano as&iacute; cuando respondiendo a la pregunta de &laquo;&iquest;Qui&eacute;n es mi pr&oacute;jimo?&raquo; narr&oacute; la par&aacute;bola del samaritano (Lc 10, 25-37) para terminar preguntando: &laquo;Seg&uacute;n tu parecer, &iquest;cu&aacute;l de estos tres se comport&oacute; como pr&oacute;jimo?&raquo;, &laquo;Vete y haz t&uacute; lo mismo&raquo;. El espiritual se hace pr&oacute;jimo de todos, especialmente de los m&aacute;s necesitados. Porque no tiene centro ni ser. Su centro y su ser es todo, son los otros. &Eacute;l es uno con todo y con todos. <\/p>\n<p>Hoy esta uni&oacute;n y unidad inspira e impulsa sin descanso a buscar lo mejor, a ir a las ra&iacute;ces de los problemas y a no desmayar en la mejor soluci&oacute;n, la m&aacute;s t&eacute;cnica y m&aacute;s humana de los mismos. Los pobres encuentran en el espiritual un hermano m&aacute;s en la lucha. Hay espirituales de todos los tipos, todos actuando por la transformaci&oacute;n de la realidad, y cada quien en su quehacer o campo actuando de la manera m&aacute;s excelente, como se dir&iacute;a hoy, de acuerdo al m&aacute;ximo criterio o criterios de calidad humana. La espiritualidad no es la &eacute;tica, pero desde todo su ser infinito y con toda su fuerza inagotable inspira y acompa&ntilde;a &eacute;sta, as&iacute; como inspira y acompa&ntilde;a todas las mediaciones que se revelen necesarias, te&oacute;ricas y t&eacute;cnicas, econ&oacute;micas, sociales, culturales y pol&iacute;ticas. Porque en la &eacute;tica y en sus mediaciones necesarias, como en todo, la espiritualidad descubre lo absoluto y hace su experiencia. <\/p>\n<p>En este sentido la espiritualidad est&aacute; tambi&eacute;n en la acci&oacute;n y en el compromiso prof&eacute;tico, est&aacute; en la opci&oacute;n por los pobres y en la pr&aacute;ctica prof&eacute;tica que aqu&eacute;lla debe fundar. Cuando acci&oacute;n y compromiso, de naturaleza fundamentalmente &eacute;tica, se convierten sin embargo en camino hacia el amor incondicional, pleno, total, gratuito, y en expresi&oacute;n de &eacute;l. No solamente est&aacute; sino que, con la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n habr&aacute; que reconocer que hoy, ante las dimensiones y consecuencias que ha adquirido la pobreza, opci&oacute;n por los pobres y compromiso con ellos es el camino espiritual que de una manera u otra todos debemos recorrer. Sin dejar de ser gratuita la espiritualidad tiene que ser contextual, y en el contexto ya no s&oacute;lo de algunos continentes, sino del mundo como tal, pobres y pobreza est&aacute;n ah&iacute;, en primer plano, cuestionando toda espiritualidad. Porque si en el nuevo planteamiento pobres y pobreza dejan de ser un problema &ldquo;religioso&rdquo;, que se resuelve con verdades religiosas y a partir de ellas, no deja de ser un problema &ldquo;espiritual&rdquo;, al contrario, que hay que resolver desde la experiencia de la gratuidad, desde la unidad en la que el &ldquo;yo&rdquo; y el &ldquo;t&uacute;&rdquo; desaparecen, m&aacute;s all&aacute; pues de toda verdad religiosa.<\/p>\n<p>Por &uacute;ltimo, a diferencia de las verdades religiosas, la espiritualidad respeta totalmente el orden funcional a la vida que hay que construir, porque no es de su naturaleza imponer ni tiene verdades que imponer. Y esto es muy importante en la cultura actual, que es muy sensible, y con raz&oacute;n, a la autonom&iacute;a de todo. Como ella misma tiene que descubrirse y crearse, as&iacute; tiene que construirse el orden funcional a la vida, lo que va a constituir la forma de vida de la sociedad, de manera aut&oacute;noma, de acuerdo a criterios de calidad que la misma sociedad tiene que crear y darse, en un proceso interminable de prueba error. La espiritualidad inspirar&aacute; y sostendr&aacute; en esta labor, pero no sustituir&aacute;. En lo que tiene de funcional el proyecto humano que construyamos no s&oacute;lo es de nuestra entera responsabilidad el construirlo sino que los materiales que utilicemos son tambi&eacute;n de la dimensi&oacute;n de lo funcional, no caben materiales de naturaleza y nivel espiritual. Ello har&aacute; que el proyecto que construyamos siempre ser&aacute; contingente, con un alto grado de entrop&iacute;a, por as&iacute; decir, que le es inherente; nunca pues pleno y total, aunque siempre perfectible. Pero tenemos todo lo que necesitamos para construirlo. No necesitamos de religi&oacute;n, de creencias ni de dioses. S&oacute;lo nos resta asumir nuestra responsabilidad. Si tal es la realidad de cuanto somos y nos rodea, ya es un paso muy importante tenerlo claro. Ello ayudar&aacute; m&aacute;s a asumir nuestra responsabilidad. <\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">4. Conciencia ejemplar de cierta poes&iacute;a actual latinoamericana<\/span><\/p>\n<p>Quisi&eacute;ramos terminar nuestra reflexi&oacute;n evocando, a modo de conclusi&oacute;n, la conciencia que de s&iacute; misma tiene cierta poes&iacute;a actual latinoamericana, por la proximidad que la misma tiene con la espiritualidad en cuanto a su naturaleza y a su funci&oacute;n. Este breve ejercicio puede ayudarnos a comprender mejor, por v&iacute;a de inducci&oacute;n y contraste, qu&eacute; cosa es la espiritualidad y en qu&eacute; sentido y c&oacute;mo ella es liberadora. <\/p>\n<p>Estamos pensando en el poeta argentino Juan Gelman, &uacute;ltimo premio Cervantes (2007), de cuyo compromiso social y pol&iacute;tico nadie puede dudar, as&iacute; como tampoco de su dolor y de su sufrimiento por las causas social y pol&iacute;ticamente liberadoras que persigui&oacute;. Precisamente el jurado que le otorg&oacute; el premio lo razon&oacute; as&iacute;: &laquo;porque su gran compromiso social nunca lo llev&oacute; abdicar de su compromiso con la poes&iacute;a&raquo;. Y &eacute;l de s&iacute; mismo pudo decir que nunca ha escrito &laquo;en leg&iacute;tima defensa, s&oacute;lo en defensa la poes&iacute;a&raquo;, y tambi&eacute;n &laquo;vivo para escribir poes&iacute;a; a m&iacute; lo que me importa es el trabajo, no me importo yo&raquo;. <\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; es entonces para &eacute;l la poes&iacute;a, que le hace expresarse as&iacute;? &iquest;En qu&eacute; poes&iacute;a cree y en qu&eacute; poes&iacute;a no cree? Para &eacute;l la poes&iacute;a es pura creaci&oacute;n. &laquo;Suelo decir que el &uacute;nico tema de la poes&iacute;a es la poes&iacute;a misma&raquo;. Cree en la poes&iacute;a casada con la poes&iacute;a. Porque &laquo;la poes&iacute;a es una e indivisible&raquo;. No cree en la poes&iacute;a comprometida. Porque no es el tema lo que hace a la poes&iacute;a. Prefiere, como dice, estar casado con ella. Porque eso es su vida: vivir para escribir poes&iacute;a. Y eso que &eacute;l es totalmente consciente de que escribir poes&iacute;a no es una profesi&oacute;n. &laquo;La poes&iacute;a no es algo que uno pueda invocar o convocar cuando quiera. Es algo que llega cuando ella quiere&raquo;. Y sin embargo, compar&aacute;ndola con la cola de una se&ntilde;orita, &eacute;l la sigue persiguiendo aun a sabiendas de que no se va a dejar atrapar.<\/p>\n<p>En los d&iacute;as en que le concedieron el premio la prensa escrita testimoniaba como el sufrimiento y el dolor que han vertebrado la vida de Juan Gelman no han derivado en una poes&iacute;a testimonial, realista y de denuncia, sino todo lo contrario. Aunque tambi&eacute;n ha expresado &laquo;La poes&iacute;a nunca ha sido ning&uacute;n b&aacute;lsamo para m&iacute;&raquo;. En broma dec&iacute;a que prefer&iacute;a el b&aacute;lsamo Adams. <\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; es la poes&iacute;a seg&uacute;n Juan Gelman? &iquest;Para qu&eacute; sirve? &iquest;Qu&eacute; aporta? A estas preguntas y a otras parecidas intent&oacute; responder, hasta donde se puede responder, con la siguiente precisi&oacute;n y met&aacute;fora: definir la poes&iacute;a &laquo;es imposible, s&oacute;lo por aproximaci&oacute;n podr&iacute;a decir que es como un &aacute;rbol sin hojas que da sombra&raquo;. Algo as&iacute; de intangible, pero experienciable, es la poes&iacute;a: como un &aacute;rbol sin hojas que da sombra. &iquest;Qu&eacute; es lo que aporta? La respuesta est&aacute; en la expresi&oacute;n prof&eacute;tica, que ya nadie podr&aacute; acallar, de su discurso de recepci&oacute;n del premio el 23 de abril pasado: &laquo;Pero ah&iacute; est&aacute; la poes&iacute;a: de pie contra la muerte&raquo;. Un &aacute;rbol sin hojas que da sombra, eso es la poes&iacute;a, y estar de pie contra la muerte, &eacute;se es su aporte.<\/p>\n<p>Algo as&iacute;, s&oacute;lo que infinitamente m&aacute;s sutil a&uacute;n y m&aacute;s real, es la espiritualidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DE UN CRISTIANISMO SOCIALMENTE COMPROMETIDO PERO RELIGIOSO A UNA ESPIRITUALIDAD LAICA J. Amando Robles, soci&oacute;logo y te&oacute;logo, codirector del CEDI, Centro Dominico de Investigaciones. Ponencia para el 5&ordm;. Encuentro en Can Bordoi, Barcelona del 8-12 de Julio de 2008. 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