{"id":54340,"date":"2009-08-26T00:00:00","date_gmt":"2009-08-26T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2016-09-21T13:56:26","modified_gmt":"2016-09-21T11:56:26","slug":"somos_partes_del_todo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/somos_partes_del_todo\/","title":{"rendered":"SOMOS PARTES DEL TODO"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: bold;\">Jane Goodall (1)<\/span><\/p>\n<p>La existencia en la selva me absorbi\u00f3 por completo. Fue un per\u00edodo sin igual, cuando el hecho de estar sola se convirti\u00f3 en una forma de vida; en una oportunidad perfecta para meditar acerca del significado de la existencia y de mi papel en todo ello. Pero estaba demasiado ocupada aprendiendo cosas sobre la vida de los chimpanc\u00e9s para preocuparme por el sentido de la m\u00eda. Hab\u00eda ido a Gombe a desempe\u00f1ar una tarea concreta, no a alimentar mi inter\u00e9s por la filosof\u00eda y la religi\u00f3n. Sin embargo, es cierto que aquellos meses en Gombe contribuyeron a modelar la persona que soy en la actualidad. Habr\u00eda demostrado muy poca sensibilidad si el milagro y la infinita fascinaci\u00f3n de aqu\u00e9l nuevo mundo no hubieran ejercido una profunda influencia en mi manera de pensar.<\/p>\n<div style=\"text-align: justify;\">\n<p>Cada d\u00eda me acercaba un poco m\u00e1s a los animales y a la naturaleza y, por lo tanto, tambi\u00e9n a mi misma, y me sent\u00eda m\u00e1s acorde con el poder espiritual que respiraba a mi alrededor. Quienes han experimentado el placer de estar a solas con la naturaleza no necesitan m\u00e1s palabras; y a quienes no lo han conocido les dir\u00e9 que ninguna palabra podr\u00e1 jam\u00e1s describir el fabuloso contacto, casi m\u00edstico, con la belleza y la eternidad que nos embarga de forma repentina y totalmente inesperada. La belleza siempre estaba all\u00ed, presente, pero los momentos de aut\u00e9ntica conciencia de ella eran infrecuentes. Llegaban sin avisar; quiz\u00e1s mientras contemplaba los primeros destellos que preceden el amanecer; o cuando miraba a trav\u00e9s de las hojas de un \u00e1rbol gigante hacia los verdes y los casta\u00f1os, y las sombras negras, y la mota de cielo azul infinitamente seductora y brillante; o cuando al atardecer apoyaba la mano en el tronco a\u00fan caliente de un \u00e1rbol y contemplaba el reflejo de la temprana luna en las aguas siempre inquietas y susurrantes del lago Tanganika.<\/p>\n<p>Cuando m\u00e1s tiempo pasaba a solas, m\u00e1s me confund\u00eda con el mundo m\u00e1gico y frondoso que ahora era mi hogar. Los objetos inanimados llegaban a tener su propia identidad y, como en el caso de mi santo favorito, Francisco de As\u00eds, les pon\u00eda nombres y les saludaba como si fueran buenos amigos. \u201cBuenos d\u00edas, Cima\u201d, le dec\u00eda cuando llegaba all\u00ed cada ma\u00f1ana; \u201cHola, Arroyo\u201d cuando iba a por agua; \u201cOh, Viento, por Dios c\u00e1lmate\u201d, cuando ululaba en las alturas, frustrando mis posibilidades de localizar a los chimpanc\u00e9s. Y desarroll\u00e9 en particular una profunda consciencia del ser de los \u00e1rboles. Palpar la corteza \u00e1spera y a\u00fan caliente de un viejo gigante forestal, o la piel fresca y suave de un \u00e1rbol joven y orgulloso, hac\u00eda que de una manera intuitiva y extra\u00f1a, sintiera circular la savia desde las invisibles ra\u00edces hasta las \u00faltimas ramas, all\u00ed en la copa. [&#8230;] Y cada d\u00eda aprend\u00eda m\u00e1s cosas sobre los chimpanc\u00e9s [&#8230;]\n<p>Las horas que pasaba en la selva siguiendo, observando o simplemente estando con los chimpanc\u00e9s no s\u00f3lo arrojaban datos cient\u00edficos, sino que me colmaban de una paz que me llegaba a lo m\u00e1s profundo. Los \u00e1rboles inmensos, retorcidos y viejos; las peque\u00f1as corrientes de agua abri\u00e9ndose camino a trav\u00e9s de las rocas para llegar al lago; los insectos; los p\u00e1jaros; los propios chimpanc\u00e9s.<\/p>\n<p>De aquellos d\u00edas recuerdo uno en particular, y lo hago con un sentimiento casi reverencial. Estaba tumbada de espaldas, entre hojas y ramas del suelo tropical. Notaba las piedras incrustadas contra mi cuerpo y me mov\u00ed unos mil\u00edmetros hasta encajar c\u00f3modamente entre ellas. All\u00ed arriba, a cierta altura, estaba David Barbagr\u00eds comiendo higos. De vez en cuando ve\u00eda un brazo negro que se estiraba para arrancar un fruto, un pie que se balanceaba, una oscura sombra que se desplazaba \u00e1gilmente entre las ramas.<\/p>\n<p>Recuerdo la extra\u00f1a sensaci\u00f3n de armon\u00eda de colores en el bosque, entre las tonalidades amarillas y verdes que se oscurec\u00edan hasta convertirse en marr\u00f3n y p\u00farpura. C\u00f3mo las lianas se enroscaban alrededor de los \u00e1rboles y se adher\u00edan a las ramas, fundi\u00e9ndose unas con otras. Al mediod\u00eda, el aire tropical se llen\u00f3 de la m\u00fasica estridente de las cigarras, de sus oleadas intermitentes de canto y silencio, cual miembros chillones de un coro entonando una ronda infinita de canciones sin palabras.<\/p>\n[&#8230;] Aqu\u00e9l d\u00eda sent\u00ed que el viejo misterio volv\u00eda a cautivarme, que volv\u00eda aquel silencio interior. Estaba all\u00ed tumbada, como un fragmento m\u00e1s de la naturaleza y experiment\u00e9 de nuevo aquella m\u00e1gica intensificaci\u00f3n del sonido, aquella riqueza de percepci\u00f3n aumentada. Ten\u00eda clara conciencia de movimientos secretos en los \u00e1rboles. Una peque\u00f1a ardilla, con pelaje a rayas, sub\u00eda por un tronco en t\u00edpicas espirales, metiendo la nariz en los agujeros de la corteza, con ojos brillantes y orejas redondas, alerta. [&#8230;] Es poco menos que imposible describir l renovada conciencia que se posee cuando se abandonan las palabras. Las palabras pueden intensificar la experiencia, pero tambi\u00e9n pueden empobrecerla. Contemplamos un insecto y ya estamos abstrayendo determinadas caracter\u00edsticas y clasific\u00e1ndolo: una mosca, decimos. Y en ese preciso momento cognitivo, parte del milagro ha desaparecido. Una vez hemos etiquetado las cosas que nos rodean, dejamos de observarlas con tanta atenci\u00f3n. Las palabras son parte de nuestro yo racional y olvidarnos de ellas un rato equivale a dejar que nuestro yo intuitivo vuele con entera libertad.<\/p>\n<p>Una repentina ducha de ramitas y el ruido de un higo demasiado maduro aplast\u00e1ndose cerca de mi cabeza rompi\u00f3 la magia. David bajaba del \u00e1rbol pasando de una rama a otra. Me levant\u00e9 lentamente, reacia a volver al mundo de la cotidianidad. David alcanz\u00f3 el suelo, dio unos cuantos pasos en mi direcci\u00f3n y se sent\u00f3. Dedic\u00f3 un buen rato a asearse, despu\u00e9s se tumb\u00f3 en el suelo, con una mano debajo de la cabeza, totalmente relajado, y se puso a contemplar la b\u00f3veda verde y frondosa que nos cubr\u00eda. Una suave brisa mov\u00eda las hojas, que lanzaban brillantes parpadeos de luz. Y all\u00ed sentada, vigilante, pens\u00e9 como he hecho a menudo desde entonces, en el asombroso privilegio de verse as\u00ed, totalmente aceptada por un animal libre y salvaje. Es un privilegio que nunca dar\u00e9 por sentado. [&#8230;] Sus ojos parec\u00edan ventanas que me invitaban a mirar al interior de su mente&#8230; si hubiera sabido c\u00f3mo hacerlo. Desde aquel d\u00eda ya lejano \u00a1cu\u00e1ntas veces he deseado poder mirar el mundo exterior, aunque s\u00f3lo fuera durante un segundo, a trav\u00e9s de los ojos y la mente de un chimpanc\u00e9! Un minuto as\u00ed valdr\u00eda toda una vida de investigaci\u00f3n. Porque estamos confinados en lo humano, cautivos de nuestra perspectiva humana, de nuestra visi\u00f3n humana del mundo. Incluso nos resulta dif\u00edcil ver el mundo desde la perspectiva de otras culturas distintas de las nuestras, o desde el punto de vista de un miembro del sexo opuesto.<\/p>\n[&#8230;] Mi creciente comprensi\u00f3n de David y de sus amigos incrementaron el profundo respeto que siempre hab\u00eda sentido hacia formas de vida distintas a las m\u00edas, y me permiti\u00f3 valorar desde una nueva perspectiva el lugar de los chimpanc\u00e9s y tambi\u00e9n el nuestro, en el esquema global. Los chimpanc\u00e9s son partes de un todo, junto con los papiones y los monos, las aves y los insectos, la vida fecunda de la selva, las aguas agitadas y nunca tranquilas del gran lago, y las infinitas estrellas y planetas del sistema solar. Todo era uno, todo formaba parte del gran misterio. Y yo tambi\u00e9n era parte de \u00e9l. Me invadi\u00f3 una sensaci\u00f3n de calma. [&#8230;] En Gombe tuve la misma sensaci\u00f3n de paz que la que sent\u00eda a veces en una vieja catedral cuando viv\u00eda en el bullicioso mundo de la civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<hr style=\"width: 100%; height: 2px;\" \/>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">(1) Jane Goodall y Phillip Berman. Gracias a la vida. Barcelona, Mondadori, 2000. 261 p. (pgs. 84-92).<\/span><br \/>\nA ra\u00edz de un proyecto del paleont\u00f3logo Louis Leakey, Jane Goodall (Londres, 1934) pas\u00f3 a\u00f1os en Gombe (Tanzania) estudiando el comportamiento de los chimpanc\u00e9s. Hoy esa una reconocida experta del comportamiento animal, impulsora de la defensa de la naturaleza.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jane Goodall (1) La existencia en la selva me absorbi\u00f3 por completo. 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