{"id":54374,"date":"2009-09-21T00:00:00","date_gmt":"2009-09-21T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"comunicacion_de_teresa_guardans_6_en","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/comunicacion_de_teresa_guardans_6_en\/","title":{"rendered":"Comunicaci\u00f3n de Teresa Guardans &#8211; 6\u00ba Encuentro Internacional"},"content":{"rendered":"<p><strong>GRATUIDAD, COMPROMISO SOCIAL Y EDUCACI&Oacute;N<\/strong><br \/>Algunas reflexiones<\/p>\n<p>El hilo conductor de las reflexiones que siguen es el c&oacute;mo introducir a ni&ntilde;os y j&oacute;venes en el cultivo de esa cualidad que vuelca en favor de los dem&aacute;s, el tema que se me ha propuesto para estas jornadas. Subrayaremos la importancia del primer paso: aprender a atender a la realidad como fundamento del inter&eacute;s gratuito por todo lo que existe y situaremos el cultivo de la calidad humana en relaci&oacute;n a la educaci&oacute;n &eacute;tica. <\/p>\n<p><strong>El punto de partida<\/strong><br \/>Abordamos en estos encuentros c&oacute;mo favorecer una experiencia de vida plena &ndash;capaz de superar los estrechos l&iacute;mites de la egocentraci&oacute;n&ndash;, en este siglo XXI nuestro. Tal como se ha venido definiendo la &ldquo;calidad humana profunda&rdquo; (o espiritualidad), la posibilidad de la misma se fundamenta en el hecho de poner entre par&eacute;ntesis los mecanismos de la egocentraci&oacute;n: silenciar la cadena de necesidades y el mundo de realidad que &eacute;sta genera para poder, as&iacute;, atender al existir en sus aut&eacute;nticas dimensiones. &ldquo;Atender&rdquo; que es conocer; conocimiento que no puede ser otro que &ldquo;realizar&rdquo; ya que desde ese vac&iacute;o del yo, no podr&iacute;a haber un alguien que atienda a un algo; sino ya s&oacute;lo el existir siendo en su multiplicidad de formas.<\/p>\n<p>Llegados aqu&iacute; puede afirmarse que la acci&oacute;n en favor de lo que existe &ndash;en favor de la vida y la existencia en todas sus manifestaciones&ndash; es instrumento y fruto de la calidad humana profunda. Y lo es intr&iacute;nsecamente. Es instrumento en cuanto que forma de movilizar las capacidades (todo ese abanico que configura al ser en su percibir-conocer-sentir-actuar) desandando el camino de la egocentraci&oacute;n, virando el rumbo. Y es fruto, en cuanto que la manifestaci&oacute;n propia de la calidad es, precisamente, situar en el seno del existir mismo, sin barreras, sin delimitaciones, en profunda comuni&oacute;n con, radical simpat&iacute;a del ser en el ser. &iquest;D&oacute;nde podr&iacute;a quedar alg&uacute;n resquicio para la indiferencia? &iquest;Por qu&eacute; pueden presentarse todav&iacute;a dudas sobre la intr&iacute;nseca relaci&oacute;n entre el cultivo de la calidad y el compromiso social? Aclarar bien este aspecto ser&aacute; un ejercicio &uacute;til de cara a prevenir errores en la orientaci&oacute;n del cultivo y puede resultar de ayuda, tambi&eacute;n, para afinar en los modos de llevarlo a cabo. <\/p>\n<p><strong> Bajo sospecha <\/strong><br \/>La espiritualidad laica despierta sospechas, sospechas de no ser una &ldquo;verdadera&rdquo; espiritualidad y de no serlo -muy especialmente- porque se sirve a s&iacute; misma: si la actitud interior espiritual no sirve a los dioses ser&aacute; que sirve al s&iacute; mismo. Y si est&aacute; al servicio del propio individuo ser&aacute; que gira la espalda al bien de los otros&#8230; <br \/> El fundamento de las dudas sobre la capacidad de inter&eacute;s altruista de la espiritualidad en el entorno cultural laico no hay que buscarlo &ndash;creo&ndash; en la naturaleza misma del cultivo de la calidad humana profunda sino en la relaci&oacute;n de &eacute;sta con las religiones. Dado que lo que define a lo religioso es su funcionalidad en el &aacute;mbito de la gesti&oacute;n social, a la espiritualidad como parte de un escenario religioso se le presupone un compromiso con esa gesti&oacute;n: detenta la franja superior del sistema. Desde la perspectiva comunitaria, en un mundo de religiones, la espiritualidad (o calidad humana profunda) equivale a un grado alto de compromiso con los rasgos positivos del sistema: el bien, la justicia, el amor, la paz&#8230; (&iquest;no es la religi&oacute;n la aseguradora de la presencia del Bien en el todo social?). Independientemente del grado de acierto &ldquo;profesional&rdquo; en cuanto a los logros, la espiritualidad &ldquo;religiosa&rdquo; es -por definici&oacute;n- compromiso social. De ah&iacute; que en ese entorno se cuestionara anta&ntilde;o la validez de las opciones espirituales &ldquo;contemplativas&rdquo; (consideradas a menudo &ldquo;ensimismamiento&rdquo; de &ldquo;dudosa espiritualidad&rdquo;). <\/p>\n<p> Desde el momento en que la gesti&oacute;n social cambia de manos, desde el momento en que el proceso de laicizaci&oacute;n deja en manos de la especializaci&oacute;n secular el velar por la marcha de lo social (gesti&oacute;n pol&iacute;tico econ&oacute;mica, asistencial, etc.), parece que queda modificada la relaci&oacute;n de la espiritualidad (o calidad profunda humana) y el compromiso social: aquellos que antes conviv&iacute;an en estrecha relaci&oacute;n podr&iacute;an parecer ahora dos caminos paralelos, sin especial comunicaci&oacute;n entre ellos.<br \/> Dos aspectos &iacute;ntimamente emparentados son los que transforman la forma de concebir el encaje: la laicizaci&oacute;n de lo sociopol&iacute;tico y la individualizaci&oacute;n de la vivencia religiosa. Dos caras de una misma moneda, ambas consecuencia del paso de las culturas heter&oacute;nomas a las culturas aut&oacute;nomas; ambas resultado del tr&aacute;nsito de una configuraci&oacute;n personal y colectiva orientada hacia la escucha, obediencia y dependencia en relaci&oacute;n a una inagotable y omnipotente fuente externa, a la conciencia de una insoslayable responsabilidad individual, tan incierta y tan limitada como se quiera, sin m&aacute;s certezas que las que pueda otorgar la suma de responsabilidades de unos seres humanos en su precaria autonom&iacute;a. En ese escenario no hay que buscar el punto de partida de la vivencia religiosa &ndash;y lo m&aacute;s nuclear de ella: la experiencia espiritual&ndash; en una convicci&oacute;n compartida colectivamente y rasgo caracter&iacute;stico de la pertenencia a una determinada colectividad, sino en la opci&oacute;n individual, asumida a propio riesgo, sin garant&iacute;as previas. Y el criterio de acierto en la orientaci&oacute;n seguida remitir&aacute; al valor de la propia experiencia misma. <\/p>\n<p> Desde la convicci&oacute;n heter&oacute;noma se mira hacia los escenarios de la autonom&iacute;a interpretando la individualizaci&oacute;n que los caracteriza como individualismo, como fruto de intereses individuales &ndash;y, por tanto, ego&iacute;stas-. Como si la disoluci&oacute;n del venerable y firme fundamento exterior fuera una decisi&oacute;n personal y no un largo proceso cultural que se impone a los individuos [1]. A una actitud interior de b&uacute;squeda falta de un Dios externo, se le atribuye inmediatamente el endiosamiento del individuo. Y de ah&iacute; el presupuesto de que, m&aacute;s all&aacute; de las culturas heter&oacute;nomas (m&aacute;s all&aacute; de las religiones) la espiritualidad tender&aacute; a ser un cultivo ego&iacute;sta al servicio de intereses ego&iacute;stas de una humanidad endiosada. Por ah&iacute; hay que situar las coordenadas que explican las sospechas de desinter&eacute;s social e indiferencia que despierta la espiritualidad laica. <br \/> Dicho esto, sea cual sea el entorno cultural, bien cierto es que no hay que perder de vista la fuerza del movimiento de egocentraci&oacute;n capaz de perseguir el propio beneficio incluso a trav&eacute;s de las opciones aparentemente m&aacute;s altruistas y desapegadas. Las ra&iacute;ces de la b&uacute;squeda del propio provecho, en cualquiera de sus formas (seguridad, sentido de vida, salvaci&oacute;n eterna, &eacute;xito, compa&ntilde;&iacute;a, reconocimiento&#8230;) est&aacute;n bien fijadas en el propio interior, sea cual sea la forma cultural en la que se desarrolle la vida humana. De ah&iacute; que cada tiempo pueda y deba afinar c&oacute;mo favorecer esa conexi&oacute;n &ndash;de por s&iacute; tan intr&iacute;nseca- entre cultivo de la calidad humana profunda e inter&eacute;s gratuito por el bien del otro. <br \/> Gratuito. Gratuidad: ese ser&aacute; el factor clave para poder unir en una misma ecuaci&oacute;n el cultivo de la calidad humana profunda y la ocupaci&oacute;n por el bien y la justicia. Son muchas las formas de compromiso por el otro, muchos los m&oacute;viles, infinitos los posibles campos de acci&oacute;n, pero no siempre ligados al cultivo de la calidad humana. El compromiso formar&aacute; parte &ndash;intr&iacute;nseca&ndash; de la calidad humana profunda en la medida en que aliente la gratuidad, o la fomente, o la acreciente. En la medida, pues, en la que ayude a silenciar al yo, o nazca en ese silencio.<\/p>\n<p><strong> La educaci&oacute;n en favor de la acci&oacute;n comprometida <\/strong><br \/>La laicidad trae consigo la necesidad de reformular los fundamentos del compromiso con la colectividad y consigo mismo: los fundamentos de una &eacute;tica c&iacute;vica lejos de la perspectiva de obedecer a alg&uacute;n tipo de designio divino. <br \/> Fomentar el compromiso social, la implicaci&oacute;n en los asuntos comunitarios, el conocimiento del otro, ofrecer elementos para una mejor comprensi&oacute;n de los hechos sociales, afinar la sensibilidad hacia las necesidades de la comunidad, adquirir actitudes que predispongan a la responsabilidad c&iacute;vica son aspectos que van formando parte de ese marco global que es la &ldquo;educaci&oacute;n en valores&rdquo; [ 2 ]. Desde la educaci&oacute;n para la ciudadan&iacute;a y la convivencia, tambi&eacute;n desde la educaci&oacute;n emocional, desde varios y diversos enfoques, los programas pedag&oacute;gicos contemplan propuestas educativas que conectan los procesos de aprendizaje y el servicio a la comunidad. <br \/> Educaci&oacute;n para la ciudadan&iacute;a (o aprender a ser en colectividad), desarrollo de la conciencia medioambiental, aprender a pensar (o dotar a la infancia de recursos personales para poder decidir, implicarse&#8230;), desarrollo de la creatividad, educaci&oacute;n emocional o un mayor conocimiento de la &ldquo;caja negra&rdquo; que puede ser el &ldquo;yo&rdquo;. Un &ldquo;yo&rdquo; m&aacute;s ordenado, m&aacute;s di&aacute;fano, m&aacute;s comprometido con la multitud heterog&eacute;nea de &ldquo;yoes&rdquo; que configuran el conjunto social, m&aacute;s implicado en la conservaci&oacute;n de los sistemas planetarios&#8230;.: todo ello debe formar parte de los programas educativos orientados hacia un desarrollo humano completo y el cultivo de la calidad humana profunda puede hacer suyos estos esfuerzos pero&#8230; su aportaci&oacute;n espec&iacute;fica es otra: &eacute;sta consiste en tomar en consideraci&oacute;n las posibilidades humanas m&aacute;s all&aacute; del campo del yo y sus necesidades. Una posibilidad que no se ha introducido todav&iacute;a suficientemente en los entornos educativos. Y es por ah&iacute; por donde van a ir nuestras reflexiones. <br \/> &iquest;C&oacute;mo motivar y desarrollar un inter&eacute;s por algo o alguien m&aacute;s all&aacute; de un inter&eacute;s supeditado al yo y su estructura de necesidades? Si como dec&iacute;amos no hay m&aacute;s punto de apoyo que la propia experiencia, es fundamental &ndash;tanto o m&aacute;s que nunca&ndash; favorecer esa experiencia individual de cualidad. Dar a probar el sabor de verdad de la acci&oacute;n gratuita, del inter&eacute;s desinteresado &ndash;m&aacute;s all&aacute; del &eacute;xito personal o del logro de unos resultados&ndash;. Veamos c&oacute;mo hacerlo, d&oacute;nde incidir. Aunque no haya fronteras de edad en cuanto al cultivo de la calidad humana, a la hora de aportar concreciones, es distinto que se est&eacute; tratando de c&oacute;mo un adulto puede jugar con su propio yo para llevarlo m&aacute;s all&aacute; de s&iacute; mismo o que lo que est&eacute; en el punto de mira sea c&oacute;mo favorecer un crecimiento interior pleno de los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, evitando un desarrollo &ldquo;caparaz&oacute;n&rdquo; que los deje cerrados sobre s&iacute; mismos e inmunes al mundo. <\/p>\n<p><strong> La importancia del desarrollo de la atenci&oacute;n<\/strong><\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Ay&uacute;dame a preservar la capacidad de maravillarme y de descubrir, permite despertar en m&iacute; el sentido de la belleza, en cualquier lugar y en toda ocasi&oacute;n. Gu&iacute;ame hacia lo mejor de m&iacute; mismo; que sepa yo respetar siempre el misterio y el valor de cada vida. Ay&uacute;dame a no abandonar nunca el vivificante ejercicio de proteger a todo aqu&eacute;l que respire, pase hambre, tenga sed, a todo aqu&eacute;l que sufra. <br \/>(Oraci&oacute;n de Yehudi Menuhin &ndash;fragmento-)<\/p>\n<p>&ldquo;La conducta mediocre es la continuada afirmaci&oacute;n del yo, la distorsi&oacute;n de la mirada que el ego&iacute;smo implica. En cambio, la apreciaci&oacute;n de lo realmente justo procede de un control del ego&iacute;smo que facilita el atenerse a lo que son las cosas. Aminoramos as&iacute; nuestro ser con el fin de atender a la existencia de algo m&aacute;s. [&#8230;] Prestar atenci&oacute;n es mirar de forma desinteresada, sin ceder al v&eacute;rtigo de la posesi&oacute;n ni de la presunci&oacute;n, y es, sin duda, el mejor ant&iacute;doto contra la autocomplacencia. Con este ejercicio, las tendencias ego&iacute;stas quedan desplazadas o aplazadas, y, puesto que estas tendencias se dan siempre, la moralidad podr&iacute;a definirse como un esfuerzo para aminorarlas o incluso superarlas. Determinadas as&iacute; las cosas, la atenci&oacute;n se mostrar&iacute;a una vez m&aacute;s como la esencia de la moralidad.&rdquo; &ndash;Josep M&ordf; Esquirol [ 3 ]&ndash;<\/p>\n<p> El amor, el inter&eacute;s verdadero, no es algo que pueda imponerse &ndash;ni tampoco la consiguiente actitud comprometida&ndash;. Se ama lo que se conoce; conocer requiere en primer lugar saber de la existencia de algo, prestarle atenci&oacute;n, &ldquo;advertir&rdquo; el mundo m&aacute;s all&aacute; del yo, sus fantas&iacute;as y expectativas. La atenci&oacute;n correlata al yo y a su estructura de necesidades es capaz de computar &aacute;gilmente el entorno, establecer relaciones, proyectar categor&iacute;as, seleccionando y ordenando la infinita complejidad con la que se relaciona el sistema de percepci&oacute;n. En cambio, la atenci&oacute;n que quiere atender a lo hay, a lo que es, sin contrapartida, act&uacute;a como foco atento que ilumina, observa, penetra un objeto, una situaci&oacute;n. En el primer caso la atenci&oacute;n detecta, calibra, decide, act&uacute;a. En el segundo focaliza, se abre, se vac&iacute;a de s&iacute;, se silencia, para as&iacute; acoger, percibir, o&iacute;r, lo que es. Procura no interferir para poder atender: no proyectar im&aacute;genes, ideas, razones. &Eacute;sta, la atenci&oacute;n sostenida, es atenci&oacute;n silenciosa porque pide silenciar las construcciones mentales y los movimientos afectivos para despejar el camino de filtros interpuestos. Es una actitud de presencia alerta y abierta en la que participa la mente, el sentir, el cuerpo entero. <br \/> No puede esperarse que este segundo uso de la atenci&oacute;n surja espont&aacute;neamente, ya que no est&aacute; condicionado por la necesidad. Requiere un aprendizaje: aprender a mirar, aprender a prestar atenci&oacute;n y, tal como ocurre con el desarrollo de cualquier otra capacidad, ese aprendizaje no es fruto del esfuerzo de un d&iacute;a sino de un cultivo continuado, constante. Ese cultivo, &iquest;puede iniciarse en la infancia? Por supuesto. Se trata, b&aacute;sicamente, de incentivar y allanar el camino a la curiosidad innata humana, favoreciendo un desarrollo menos dependiente, m&aacute;s pleno. Podr&iacute;a parecer que se est&aacute; poniendo el list&oacute;n muy &ndash;o demasiado&ndash; alto, pero no es as&iacute;.<\/p>\n<p> Tratando con ni&ntilde;os y ni&ntilde;as no es dif&iacute;cil encontrar motivos y ocasiones para hacer entrar en juego la atenci&oacute;n. Cualquier tema, actividad o situaci&oacute;n puede ser una invitaci&oacute;n a atender m&aacute;s all&aacute; de lo que habr&iacute;amos hecho si hubi&eacute;ramos pasado por alto la importancia de este desarrollo: breves momentos de escucha atenta, reconocimiento de sonidos, de olores, juegos de atenci&oacute;n con el tacto, con la vista, atenci&oacute;n a la respiraci&oacute;n&#8230; Pero tambi&eacute;n a la hora de presentar un tema (de naturales, de sociales, de lenguaje, de educaci&oacute;n art&iacute;stica, de educaci&oacute;n f&iacute;sica&#8230; de cualquier campo o &aacute;rea, en la escuela o en el entorno familiar&#8230;) dejar espacio a la atenci&oacute;n, a la observaci&oacute;n atenta, l&uacute;cida, antes, durante y despu&eacute;s del desarrollo del tema, de ese aspecto o de aquel otro [4]. Incentivar la pregunta, silenciar respuestas r&aacute;pidas, ruidos mentales y sensitivos. Afinar el foco de lucidez y ofrecerle &ndash;una y otra vez- la posibilidad de ejercitarse en atenci&oacute;n alerta a la realidad, social, personal, natural; dando as&iacute; m&aacute;s y m&aacute;s valor y consistencia a la realidad, al existir, y aprendiendo a silenciar el protagonismo de la egocentraci&oacute;n.<br \/> Introducir la observaci&oacute;n atenta como parte de la forma de abordar cualquier tema no exige grandes montajes sino convencimiento por parte del adulto, comprensi&oacute;n del valor de ese desarrollo. En ocasiones anteriores hemos insistido en que alimentar la atenci&oacute;n implica incentivar, tambi&eacute;n, la interrogaci&oacute;n, la autonom&iacute;a personal y el sentido de gratuidad. Capacidad de interrogarse: no dar la realidad por sabida, por conocida, fijada en la interpretaci&oacute;n al servicio del yo. S&oacute;lo desde la interrogaci&oacute;n se mira de verdad: &ldquo;generar la gran duda&rdquo; es el objetivo del maestro &ndash;ense&ntilde;a el budismo zen&ndash;. Acompa&ntilde;ar en las preguntas, no ahogarlas con respuestas inmediatas. Compartir los propios interrogantes. <br \/> Atenci&oacute;n e interrogaci&oacute;n se relacionan con el salir de s&iacute; que atiende al mundo. Autonom&iacute;a y gratuidad tienen que ver con desarrollar un criterio interior independiente, libre en relaci&oacute;n a la b&uacute;squeda de seguridad interior ligada a la egocentraci&oacute;n. No es &eacute;ste el lugar de extenderse sobre las formas de cultivo de la autonom&iacute;a personal, pero s&iacute; vale la pena dejar apuntada su importancia en cuanto a la posibilidad de sincero inter&eacute;s por el otro. La posici&oacute;n egocentrada, en medio de la escena, permanentemente dependiente de las reacciones del entorno, hace muy dif&iacute;cil el verdadero inter&eacute;s por la realidad, por la que hay, no por la imagen de mi reflejo en ella. Qu&eacute; dif&iacute;cil, desde la dependencia, llevar adelante una actitud flexible, sin miedo a equivocarse, valiente&#8230; tan necesaria para poder &ldquo;ver&rdquo;, capaz de acoger lo que hay, lo que soy, lo que el otro es. La dependencia levanta muros de protecci&oacute;n, la autonom&iacute;a da paso a la libertad interior. La posibilidad de inter&eacute;s sincero, libre, verdaderamente comprometido, requiere autonom&iacute;a personal. <\/p>\n<p><strong> Y, como colof&oacute;n, la gratuidad&#8230; <\/strong><br \/>&#8230;fruto e instrumento, esencia de la cualidad humana profunda. Forma parte de todo lo que antecede en la medida en que la atenci&oacute;n, o el compromiso, o la interrogaci&oacute;n, apuntan m&aacute;s all&aacute; del campo de las expectativas del yo y son, as&iacute;, cultivo y resultado de la disposici&oacute;n interior gratuita. Pero, inmersos como estamos en la cultura del pragmatismo, vale la pena considerar espec&iacute;ficamente el cultivo de la gratuidad &ndash;en s&iacute; misma- y ense&ntilde;ar a reconocer (y a apreciar) su &ldquo;sabor&rdquo;. <\/p>\n<p> Dos ser&iacute;an las v&iacute;as principales. De un lado tenemos el ofrecer espacio &ndash;por parte de los adultos- a las ocupaciones &ldquo;in&uacute;tiles&rdquo;, aquellas sin m&aacute;s porqu&eacute; que el saborear la ocupaci&oacute;n misma (juegos, cuentos, canciones, excursiones, espacios de contemplaci&oacute;n en la noche, en la playa, en el monte&#8230;: el vu wei, el no-hacer, en versi&oacute;n infantil y juvenil). Hacerles espacio valor&aacute;ndolas, dando ese toque de atenci&oacute;n que permita tomar conciencia del bienestar, del peculiar gozo que emana de esos buenos momentos.<br \/> Y la otra v&iacute;a es el introducir momentos y espacios de dedicaci&oacute;n al &ldquo;otro&rdquo; sin buscar el provecho propio. Podr&iacute;amos decir que tanto una v&iacute;a como la otra ya forman parte habitual de las ocupaciones de la infancia y la juventud o de las pr&aacute;cticas educativas. Pero las acciones en s&iacute; mismas, desligadas de lo dem&aacute;s, no bastar&iacute;an para nuestro prop&oacute;sito. El elemento que desear&iacute;amos subrayar es la necesidad de favorecer la toma de conciencia de ese &ldquo;sabor&rdquo; peculiar de la gratuidad (&ldquo;lo hemos pasado bien&rdquo;; sin ganar nada, &ldquo;hemos estado bien&rdquo;; dando, &ldquo;nos sentimos bien&rdquo;&#8230;). La simple acci&oacute;n hacia los dem&aacute;s no bastar&iacute;a. Ser&iacute;a como una rama, sin tronco ni ra&iacute;z. <br \/> El objetivo a perseguir &ndash;insistimos&ndash; es ayudar a la apertura interior, favorecer el giro de un inter&eacute;s exclusivo por s&iacute; mismo a un andar con los ojos abiertos, atentos, interesados&#8230; de tal forma que poco a poco, con la suma de todo lo que venimos diciendo, el mundo, m&aacute;s all&aacute; del yo, de sus h&aacute;bitos y de sus expectativas, empiece a tomar consistencia, empiece a existir. Y, por tanto, a interesar. A reclamar nuestra atenci&oacute;n. Y si reclama nuestra atenci&oacute;n y hemos aprendido a silenciarla, a utilizarla de forma silenciosa, sostenida, la realidad puede sorprendernos, abriendo la v&iacute;a a ese reconocimiento con todo el ser, con todas las facultades, que es profunda comuni&oacute;n con lo reconocido.<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Quien se maravilla por las cosas se interesa por ellas y quien se interesa por ellas, las ama. Quien crece en la capacidad de maravillarse, crece en el amor. Maravillarse es despertar al amor, porque la esencia del maravillamiento es el amor. Quien se maravilla y ama, conoce. Quien conoce desde el maravillamiento y el amor, conoce desde el silencio. &ndash;Mari&agrave; Corb&iacute; [ 5 ]&ndash;<\/p>\n<hr style=\"width: 100%; height: 2px;\" \/>\n[ 1 ] Marcel Gauchet, Ulrich Beck, Zygmunt Baumann o Gilles Lipovetsky, son algunos de los nombres que podr&iacute;amos destacar entre los que advierten de ese equ&iacute;voco y trabajan en la formulaci&oacute;n de una &eacute;tica del compromiso en tiempos de la &ldquo;modernidad l&iacute;quida&rdquo; (Baumann), del &ldquo;crep&uacute;sculo del deber&rdquo; como imposici&oacute;n divina (Lipovetsky). Insisten en lo err&oacute;neo que es suponer que el abandono de un fundamento exterior seguro (Dios) se debe a opciones personales, como si otra cosa fuera posible. Sin olvidar la moral heter&oacute;noma de Ortega y Gasset, v&eacute;ase, por ejemplo: Ulrich Beck. El Dios personal: la individualizaci&oacute;n de la religi&oacute;n y el &ldquo;esp&iacute;ritu&rdquo; del cosmopolitismo. Paid&oacute;s, 2009. pgs.101-142. Gilles Lipovetsky. El crep&uacute;sculo del deber (Anagrama, 1995) y Metamorfosis de la cultura liberal (Anagrama, 2003). Marcel Gauchet. La religi&oacute;n en la democracia (Antrhopos, 2006), Un monde desenchant&eacute;? (Pocket, 2007), <br \/> [ 2 ] v&eacute;ase por ejemplo: J.M. Puig Rovira. [et. al.] Aprenentatge servei : educar per la ciutadania. Octaedro, 2006. Y tambi&eacute;n: Rafael Bisquerra. Educaci&oacute;n para la ciudadan&iacute;a y convivencia. Madrid, Wolters Kluwer, 2008. <br \/> [ 3 ] Josep M&ordf; Esquirol. El respeto o la mirada atenta: una &eacute;tica para la era de la ciencia y la tecnolog&iacute;a. Barcelona, Gedisa, 2006. p. 107. <br \/> [ 4 ] v&eacute;anse algunas propuestas pr&aacute;cticas expuestas en detalle en: Maria Fradera; Teresa Guardans. La setena direcci&oacute;: el conreu de la interioritat. Barcelona, Claret, 2008. 102 p.<br \/> [ 5 ] Mari&agrave; Corb&iacute;. El camino interior m&aacute;s all&aacute; de las formas religiosas. Bronce, 2001. p.186<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>GRATUIDAD, COMPROMISO SOCIAL Y EDUCACI&Oacute;NAlgunas reflexiones El hilo conductor de las reflexiones que siguen es el c&oacute;mo introducir a ni&ntilde;os y j&oacute;venes en el cultivo de esa cualidad que vuelca en favor de los dem&aacute;s, el tema que se me ha propuesto para estas jornadas. 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