{"id":54376,"date":"2009-09-21T00:00:00","date_gmt":"2009-09-21T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"comunicacion_de_josep_m_lozano_6_enc","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/comunicacion_de_josep_m_lozano_6_enc\/","title":{"rendered":"Comunicaci\u00f3n de Josep M. Lozano &#8211; 6\u00ba Encuentro Internacional"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: bold;\">Notas previas para una introducci&oacute;n preliminar a una cuesti&oacute;n incipiente: la postulaci&oacute;n de la espiritualidad en las empresas<\/span><br \/><span style=\"font-weight: bold;\">Josep Maria Lozano<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">0. Pre&aacute;mbulo.<\/span><span> Estas l&iacute;neas son unos apuntes realizados a vuelapluma, sin realizar pr&aacute;cticamente ninguna consulta a materiales previos o a bibliograf&iacute;a. No por falta de rigor en su intencionalidad ni por falta de respeto para los lectores. Podr&iacute;a pensarse que es debido a la falta de mayor capacidad personal y de mayor disponibilidad de tiempo por parte de su autor, y eso es sin duda cierto (lo primero m&aacute;s que lo segundo, que ya es decir). Pero, la raz&oacute;n &uacute;ltima del tono y el estilo del texto es que la invitaci&oacute;n que se me ha hecho (tal y como la entiendo) exige plantear los rasgos desnudos de un tema, tal y como a m&iacute; se me plantea y con el bagaje que tengo a mi alcance. Un tema emergente, cuyos brotes pueden adivinarse por doquier, pero que todav&iacute;a no ha sido m&iacute;nimamente formulado y expresado como tal: la postulaci&oacute;n de la espiritualidad en las empresas. Me ha parecido que la manera m&aacute;s id&oacute;nea de abordarlo es ensayar una aproximaci&oacute;n a un recorrido que desemboca en el tema en cuesti&oacute;n, ensayo que es a la vez una clave de lectura personal y una toma de posici&oacute;n para trabajos futuros.<\/span><\/p>\n<p><span>Propongo pues realizar un recorrido aparentemente hist&oacute;rico, ciertamente simplificador (y a menudo injusto) cuyas etapas, desde una cierta sociolog&iacute;a recreativa y &ndash;para qu&eacute; negarlo- como caricatura de una trayectoria personal, se podr&iacute;an representar as&iacute;:<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"text-align: center;\"><img decoding=\"async\" src=\"\/UserFiles\/Image\/Grafico-Uno.jpg\" alt=\"\" style=\"margin-left: 10px; margin-right: 10px; margin-top: 5px; margin-bottom: 5px;\"><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">1. La &eacute;tica empresarial.<\/span> El arranque del discurso sobre los valores humanos (si se me permite la expresi&oacute;n) en la empresa se cobijaba en la d&eacute;cada de los ochenta (y antes, claro est&aacute;, pero en alg&uacute;n punto hay que cortar) bajo el amplio paraguas de la &eacute;tica empresarial (a partir de ahora BE, de Business Ethics). Esta fue una aproximaci&oacute;n dominante, que puede verificarse simplemente atendiendo a los t&iacute;tulos de los journals y las asociaciones o redes acad&eacute;micas que se fundaron en aquellos a&ntilde;os: &eacute;tica era el t&eacute;rmino recurrente. El lector habr&aacute; notado que la frase anterior est&aacute; escrita en pasado, porque hoy podemos afirmar que la apoteosis de la preocupaci&oacute;n por la &eacute;tica empresarial fue a la vez, parad&oacute;jicamente, el origen de su declive. <\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; razones explican este declive? Muchas y diversas. Pero antes de apuntarlas no olvidemos que en la pregunta por la &eacute;tica empresarial lat&iacute;a la preocupaci&oacute;n por el sentido, la justificaci&oacute;n y la legitimaci&oacute;n axiol&oacute;gicos de las pr&aacute;cticas empresariales. Y tambi&eacute;n la voluntad de disponer de una instancia cr&iacute;tica desde la que cuestionar los excesos destructivos que, en lo social, lo cultural y lo personal, generaba una orientaci&oacute;n al beneficio como exclusivo criterio de orientaci&oacute;n para la acci&oacute;n, o el mercado como &uacute;nica referencia colectiva reguladora. Pero la BE tuvo un &eacute;xito m&aacute;s que discreto, y siempre transit&oacute; con la dignidad del arist&oacute;crata arruinado, entre comentarios sobre su alt&iacute;sima importancia y necesidad, y lamentaciones sobre su papel entre marginal en lo propositivo y supuestamente corrector en lo excesivo.<\/p>\n<p>Sin embargo, podr&iacute;amos se&ntilde;alar desordenadamente unos cuantos rasgos que aclaran m&iacute;nimamente la progresiva impotencia del discurso &eacute;tico en un contexto empresarial que estaba iniciando (sin saberlo) el inicio de su galope desbocado hacia la globalizaci&oacute;n y la sociedad del conocimiento (por utilizar dos t&eacute;rminos que nos facilitan la comodidad, cuando los usamos, de creer que todos estamos hablando de lo mismo).<\/p>\n<div style=\"margin-left: 40px; text-align: justify;\">&bull; La &eacute;tica parte de una matriz individual (o que se refiere a comportamientos personales) y no le resulta f&aacute;cil abordar lo que podr&iacute;amos denominar el sujeto-organizaci&oacute;n. Dicho en otras palabras, el discurso &eacute;tico est&aacute; entrenado para pensar a la persona o a la sociedad, pero no a la organizaci&oacute;n.<br \/>&bull; La BE responde inevitablemente un enfoque normativo-deductivo. De hecho, se habla sintom&aacute;ticamente de &eacute;ticas &ldquo;aplicadas&rdquo;, cuyo supuesto es la preexistencia de un discurso axiol&oacute;gico (sea sustantivo, sea metodol&oacute;gico) previo a la realidad a la que quiere aplicarse, y que deber&iacute;a someterse a &eacute;l. <br \/>&bull; Lo anterior nos lleva a una apreciaci&oacute;n de lo &eacute;tico como algo tremendamente &ldquo;abstracto&rdquo;. En este calificativo pueden converger posturas muy variadas, que pueden ir desde el rechazo por parte de un cierto pragmatismo empresarial de todo lo que no est&eacute; a la altura de su vuelo gallin&aacute;ceo, hasta la deliberada confusi&oacute;n entre oscuridad y profundidad por parte de algunos mandarines de la &eacute;tica. Pero m&aacute;s all&aacute; de perfiles de esta cala&ntilde;a, nos encontramos habitualmente con un discurso &eacute;tico que, como tal, pretende sostenerse sobre s&iacute; mismo, y para el que el contexto (con toda su ambig&uuml;edad) parece no ser m&aacute;s que un mal necesario para poder expandirse. Con lo que la E y la B de la BE m&aacute;s parecen dos pisos superpuestos y claramente diferenciados, con lo que la BE se pasa la vida yendo arriba y abajo, sin recalar en ninguna parte. Y as&iacute; se expandi&oacute; la sensaci&oacute;n, que se repet&iacute;a hasta la saciedad, que la BE era muy importante, pero que cuando hablaba de &eacute;tica no hablaba de empresa, y cuando hablaba de empresa no hablaba de &eacute;tica.<br \/>&bull; Esta tensi&oacute;n entre hablar de la acci&oacute;n pero no pensar desde la acci&oacute;n (o, lo que es lo mismo: pensar normativamente sobre la empresa desde instancias exteriores a la empresa) reforz&oacute; la sensaci&oacute;n de que la BE hablaba en &uacute;ltimo t&eacute;rmino de cuestiones muy importantes, pero que a la postre resultaba &ndash;para qui&eacute;n estaba inmerso en la acci&oacute;n- muy dif&iacute;cil saber de qu&eacute; hablaba.<br \/>&bull; Finalmente, a menudo la BE no encontraba el equilibrio que postulaba entre la cl&aacute;sica (y a menudo confusa en la pr&aacute;ctica, para qu&eacute; negarlo) distinci&oacute;n entre &eacute;tica y moral, y en muchas ocasiones se confund&iacute;a con o se vinculaba a doctrinas morales que ten&iacute;an su propio discurso sobre la empresa. Lo que ya resultaba complicado en s&iacute; mismo, se agravaba ante la conciencia del nuevo pluralismo emergente tanto interno a la empresa (que puede agrupar a personas que viven su propia vida desde opciones morales diversas) como externo (cuando las empresas se encuentran con el reto de que deben actuar bajo criterios axiol&oacute;gicos y operativos comunes en contextos culturales muy heterog&eacute;neos entre s&iacute;).<\/div>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">2. Responsabilidad Social de la Empresa (RSE).<\/span> Por eso, el observador no tiene m&aacute;s remedio que constatar, en coherencia con su enfoque de sociolog&iacute;a recreativa, que al declinar de la BE le corresponde la presencia ascendente de la RSE. Como si en la cultura empresarial y en los discursos axiol&oacute;gicos tambi&eacute;n funcionara un sistema de vasos comunicantes en los que, a medida que se hablaba menos de BE, se hablaba cada vez m&aacute;s de RSE.<\/p>\n<p>El enfoque RSE resulta mucho m&aacute;s cercano a la l&oacute;gica managerial. Su punto de partida parece a primera vista mucho m&aacute;s concreto y objetivable: se trata, en definitiva, de atender al impacto y\/o a las consecuencias sociales y ambientales de las actuaciones empresariales, pregunta insoslayable, puesto que si algo hacen las empresas es actuar, y si algo tienen las acciones es consecuencias. El punto de partida es tan incontrovertible, que las discusiones se han situado en el alcance y la legitimidad de las exigencias de responsabilidad, pero no el hecho de la responsabilidad como tal.<\/p>\n<p>Otro aspecto constitutivo de la RSE es que quienes la ponen en el frontispicio del debate empresarial son una diversidad variopinta de grupos, movimientos y organizaciones que, a menudo, reclaman responsabilidad de las empresas como consecuencia de la constataci&oacute;n de sus malas pr&aacute;cticas. Lo que genera un enfoque m&aacute;s reactivo y orientado a la gesti&oacute;n de riesgos por parte de las empresas &ndash;y que se ha planteado m&aacute;s en t&eacute;rminos de gesti&oacute;n de la reputaci&oacute;n que no de gesti&oacute;n de la RSE- y ha ocultado un aspecto importante para entender la atenci&oacute;n de las empresas a la RSE: su exigencia responde tambi&eacute;n a la l&oacute;gica de la oferta-demanda (para la que las empresas parecen constitutivamente preparadas), con la &uacute;nica peculiaridad de que el debate se centra en dilucidar qui&eacute;n tiene derecho\/poder\/influencia para exigir qu&eacute; a las empresas.<\/p>\n<p>Por suerte o por desgracia, me he ocupado ampliamente de la RSE en los &uacute;ltimos a&ntilde;os; a mis papeles me remito, pues, si trata de aclarar cuestiones sobre el tema. Para el hilo conductor que nos ocupa es necesario resaltar al menos tres cosas. En primer lugar, que la RSE ha lidiado mal con la cuesti&oacute;n de los valores, y siempre ha parecido partir del supuesto que la responsabilidad era algo evidente por si misma, sin atender excesivamente a los marcos axiol&oacute;gicos y a los condicionantes sociol&oacute;gicos que son los que permiten, al fin y al cabo, calificar a una actuaci&oacute;n como ejercicio de (i)responsabilidad. En segundo lugar, la RSE s&oacute;lo se ha preocupado tangencialmente por lo que podr&iacute;amos denominar la calidad (aunque nunca ha utilizado esta palabra) de la propia responsabilidad. Esto le ha generado a menudo problemas de credibilidad y, en algunos &aacute;mbitos, un justificado escepticismo, en la medida que se ha aceptado acr&iacute;ticamente que las pr&aacute;cticas RSE pueden llevarse a cabo por muy diversas razones y motivos, que pueden ir desde el craso oportunismo hasta la convicci&oacute;n; (y de ah&iacute; que se haya hecho cada vez m&aacute;s necesario proponer una especie de grados evolutivos de la RSE, en los que el &uacute;ltimo de ellos a menudo funciona m&aacute;s bien como idea reguladora, en mi caso lo denomino &ldquo;empresa ciudadana&rdquo;). En tercer lugar, la RSE ha estado sometida a un conflicto inacabable de interpretaciones entre otras razones porque arrastra una imprecisi&oacute;n terminol&oacute;gica debido a la diversidad de usos que acoge la palabra &ldquo;social&rdquo; como referente axiol&oacute;gico, diversidad que en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n es, lisa y llanamente, incompatibilidad.<\/p>\n<p>De todas formas, conviene no olvidar la (aparente) transparencia managerial de la RSE, probablemente debido al hecho que, en su sustancia, no parte de valores (&iexcl;sic y resic!) sino de relaciones. O, dicho en otras palabras, el punto de apoyo de su planteamiento no es (no pretende ser) axiol&oacute;gico sino relacional. Este enfoque mucho m&aacute;s operativo (no se pregunta que es una empresa sino que da por supuesto que las empresas son lo que hacen) permite hacer un largo recorrido sin tener que encallarse en cuestiones axiol&oacute;gicas, puesto que la agenda de las pr&aacute;cticas RSE puede alargarse &ndash;parece- hasta el infinito. Visto desde otra perspectiva, podr&iacute;amos decir que aqu&iacute; se ha dado una cierta oportunidad perdida, porque, por una parte la idea de responsabilidad hubiera podido ser una una excelente puerta de entrada para introducir en la cultura empresarial el paso de una comprensi&oacute;n de los valores como contenido normativo a una comprensi&oacute;n de los valores como matriz para la indagaci&oacute;n axiol&oacute;gica y pr&aacute;ctica (&hellip;y aunque de hecho en algunos casos se ha producido este proceso, sin mucha conciencia del mismo, la verdad). Y es tambi&eacute;n una oportunidad perdida porque, salvo excepciones, a trav&eacute;s de la responsabilidad no se ha dado por lo general una conexi&oacute;n con referencias a la justicia y la equidad, sino que m&aacute;s bien se suele reintegrar a la RSE en el paradigma tradicional de la visi&oacute;n de los negocios, aunque aparentemente -&iexcl;algo es algo!- desde una perspectiva m&aacute;s amplia, inclusiva y atendiendo a m&aacute;s par&aacute;metros.<\/p>\n<p>De hecho, creo que esto est&aacute; llegando a su l&iacute;mite. Por una parte, barrunto que la expansi&oacute;n de la gesti&oacute;n de la RSE seguir&aacute; su camino, tanto desde el punto de vista medi&aacute;tico como empresarial. Pero, por otra parte, cada vez ser&aacute; m&aacute;s evidente que, como ya anticip&oacute; The Economist, tras la RSE se esconde una batalla de las ideas. Lo curioso &ndash;es mi pron&oacute;stico- ser&aacute; que ambos procesos seguir&aacute;n su propio ritmo por separado, por inconsistente que parezca. Pero tarde o temprano se pondr&aacute; de manifiesto que la diversidad de aproximaciones requiere la construcci&oacute;n de un marco de referencia que permita, si no dirimir, al menos razonar sobre ellas. Entre otras razones porque la RSE no es un discurso autosuficiente, que se pueda sostener sobre si mismo. Si lo ha parecido hasta el momento es porque, parad&oacute;jicamente, ha generado muchos cambios, pero pocas transformaciones. La RSE lleva como marca de f&aacute;brica un d&eacute;ficit de clarificaci&oacute;n axiol&oacute;gica (quiz&aacute; se &eacute;sta una de las razones de su &eacute;xito, por cierto), y su gran aportaci&oacute;n (poner el foco en la realidad organizativa tomada en s&iacute; misma, y no de manera subordinada a un discurso ideol&oacute;gico o a la moral personal) alg&uacute;n d&iacute;a deber&aacute; conectarse con su mayor limitaci&oacute;n (la ausencia de un modelo antropol&oacute;gico y de un modelo de sociedad sobre los que apoyarse y articularse). <\/p>\n<p>Que la cuesti&oacute;n de los valores y de la calidad humana es un tema latente en la RSE lo ponen de relieve dos preocupaciones de su agenda que, a poco que se piense en ellas, parecen una obviedad. La primera remite al t&oacute;pico de la cultura de empresa y a la preocupaci&oacute;n por conseguir un clima organizativo que haga de las actitudes responsables una manera cotidiana de proceder y no un conjunto de declaraciones, pol&iacute;ticas y pr&aacute;cticas. La segunda remite, lisa y llanamente, a la pregunta de si son posibles empresas responsables sin personas que lo sean. Estas dos preocupaciones, por seguir con la terminolog&iacute;a freudiana, est&aacute;n ah&iacute;, latentes, pero no han llegado a convertirse en contenido manifiesto, especialmente la segunda (por cierto: con esta alusi&oacute;n a Freud no quiero insinuar que la RSE sea meramente un sue&ntilde;o&hellip;).<\/p>\n<p>Se dan sin duda excepciones, y &eacute;stas pueden quedar condensadas en la conclusi&oacute;n de un seminario sobre RSE que llev&oacute; a cabo uno de los centros de referencia en el impulso de estas tem&aacute;ticas (Aspen Institute), cuando afirm&oacute; que &ldquo;los l&iacute;deres de ma&ntilde;ana deber&aacute;n conocer tan bien a su trabajo como a s&iacute; mismos&rdquo;. Esta afirmaci&oacute;n resulta tan sintom&aacute;tica, que nos permite dar un paso adelante en nuestro recorrido, y tomar nota de un hecho muy relevante: la aproximaci&oacute;n a la pregunta por la calidad humana no se ha llevado a cabo en el contexto empresarial siguiendo la estela de la BE o de la RSE, sino a trav&eacute;s de la pregunta por el liderazgo.<br \/><br style=\"font-weight: bold;\"><span style=\"font-weight: bold;\">3. Primer interludio: organizaciones (y sociedad) del conocimiento, el eslab&oacute;n perdido.<\/span> Antes de entrar en la tem&aacute;tica del liderazgo es necesario hacer un brev&iacute;simo interludio para preguntarnos por qu&eacute; una de las aproximaciones que, sobre el papel, m&aacute;s ha insistido en las conexiones entre calidad humana y pr&aacute;cticas organizativas no parece haber despertado la complicidad o el eco suficiente en esta direcci&oacute;n. Obviamente se podr&iacute;a conjeturar que aqu&iacute; todo es cuesti&oacute;n de tiempo, pero si esta fuera la respuesta, podr&iacute;amos pasar sin dilaci&oacute;n al siguiente punto, puesto que s&oacute;lo se tratar&iacute;a de esperar, en funci&oacute;n del don de la paciencia que cada cual hubiera recibido.<\/p>\n<p>El an&aacute;lisis parece impecable: las sociedades postindustriales, sin la referencia englobante e indiscutible de ideolog&iacute;as y religiones, y sometidas a retos y amenazas colosales (producto no de las fuerzas de la naturaleza, sino de la misma actuaci&oacute;n de los humanos) necesitan para su misma supervivencia desarrollar la capacidad de trabajar con valores y de construir proyectos que no est&eacute;n alimentados y alineados &uacute;nicamente por objetivos. A falta de referencias universalmente aceptadas y de gu&iacute;as para la acci&oacute;n aceptadas como un a priori inmune a los retos que el propio desarrollo de la acci&oacute;n genera, la pregunta por el desde d&oacute;nde pasa a ser primordial, un desde d&oacute;nde que se refiere a la vez a personas, procesos y organizaciones y, si es necesario a&ntilde;adirlo, a la calidad de los tres.<\/p>\n<p>Pero esta aproximaci&oacute;n que parece caer por su propio peso, no ha gozado de mucho &eacute;xito como palanca de cambio en los contextos organizativos. Como m&aacute;ximo, ha funcionado como clave de interpretaci&oacute;n reflexiva de cambios que se han llevado a cabo, en primera instancia, al margen de este enfoque. Y es curioso porque algunas preguntas que est&aacute;n en el frontispicio de algunos retos empresariales actuales se dir&iacute;a que conectan directamente con esta aproximaci&oacute;n. Pensemos, por ejemplo, en la necesidad de crear cohesi&oacute;n y compromiso en organizaciones complejas, donde convergen personas con formaci&oacute;n, contextos culturales y marcos valorativos muy diferentes entre s&iacute;. O en la necesidad, reiterada hasta convertirse en t&oacute;pico, de formular declaraciones que, bajo distintas formas ret&oacute;ricas (valores de empresa, visi&oacute;n, misi&oacute;n), intentan catalizar la involucraci&oacute;n personal de los miembros de la organizaci&oacute;n en un supuesto proyecto colectivo&hellip; y la habitual sensaci&oacute;n de frustraci&oacute;n y escepticismo que estas declaraciones generan. O en propuestas que plantean si es posible la gesti&oacute;n del conocimiento sin trabajar las capacidades de conocimiento y de autoconocimiento de las personas involucradas.<\/p>\n<p>Podemos aventurar que la palanca organizaci&oacute;n\/sociedad del conocimiento no acaba de ejercer una fuerza suficiente para levantar la cuesti&oacute;n de la calidad porque padece algunos males bien conocidos para quien ha transitado por la BE:<\/p>\n<div style=\"margin-left: 40px; text-align: justify;\">&bull; Abstracci&oacute;n: se justifica por y en un discurso conceptualmente abstracto, en el que a menudo la realidad organizativa se concibe s&oacute;lo como una pista de aterrizaje que confirma (tanto si encaja en &eacute;l como si lo rechaza) al discurso preexistente, pero nunca lo puede desmentir, porque el discurso es anal&iacute;ticamente autosuficiente.<br \/>&bull; <span style=\"font-weight: bold;\">Exterioridad:<\/span> es un enfoque que va de la sociolog&iacute;a y\/o la antropolog&iacute;a a la organizaci&oacute;n, sin partir nunca de ella en su propia realidad<br \/>&bull; <span style=\"font-weight: bold;\">Especialidad:<\/span> es dif&iacute;cil evitar la sensaci&oacute;n que, en la pr&aacute;ctica, se trata de planteamientos &uacute;tiles &uacute;nicamente para un tipo muy concreto de organizaciones y proyectos (vinculados a la innovaci&oacute;n y la creaci&oacute;n de conocimiento) pero no generalizables.<br \/>&bull; <span style=\"font-weight: bold;\">Deducci&oacute;n:<\/span> las propuestas recuerdan al esquema de las &eacute;ticas aplicadas, en la medida que formulaci&oacute;n y aplicaci&oacute;n se plantean a menudo como procesos separados y asim&eacute;tricos (la primera puede plantear exigencias a la segunda, pero no al rev&eacute;s).<\/div>\n<p>A todo lo anterior cabe a&ntilde;adir tres matizaciones complementarias (de hecho much&iacute;simas m&aacute;s, pero hay que respetar la simbolog&iacute;a de los n&uacute;meros). En primer lugar, en el contexto empresarial actual se habla m&aacute;s de calidad humana negativamente que positivamente; es decir, se constata m&aacute;s su ausencia que su desarrollo. En segundo lugar: quienes sufren con m&aacute;s intensidad y m&aacute;s expl&iacute;citamente la crisis derivada de las nuevas condiciones axiol&oacute;gicas no son las organizaciones de la sociedad del conocimiento, sino las organizaciones que, por su propia raz&oacute;n de ser, son intensivas en valores: ONG y &ndash;en menor grado- administraciones p&uacute;blicas (y a ambas se atiende muy poco desde esta pespectiva). Y, en tercer lugar, donde se han planteado cuestiones relacionadas (no s&eacute; si perif&eacute;ricamente o nuclearmente) con la calidad humana es en las escuelas de negocios; es decir, mas en la formaci&oacute;n para la empresa que en la gesti&oacute;n de las empresas.<br \/><br style=\"font-weight: bold;\"><span style=\"font-weight: bold;\">4. La progresiva omnipresencia del liderazgo como nueva poci&oacute;n m&aacute;gica.<\/span> La puerta de entrada de la espiritualidad en el management (que es la cuesti&oacute;n que se supone que estoy planteando, aunque hasta ahora no lo parezca) ha seguido tres grandes v&iacute;as. En primer lugar, la de quienes &ndash;minoritariamente- se han preocupado por el tema y su estatuto en el &aacute;mbito de la gesti&oacute;n (lo que ha dado lugar en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, por ejemplo, a la creaci&oacute;n de una divisi&oacute;n espec&iacute;fica en la Academy of Management), con derivadas tem&aacute;ticas que tratan de la espiritualidad en el trabajo. En segundo lugar, tras la eclosi&oacute;n en los &uacute;ltimos a&ntilde;os del liderazgo como soluci&oacute;n cada vez m&aacute;s imprescindible para resolver todo tipo de problemas (que ha llegado incluso a papanatismos del tipo &ldquo;liderarse a si mismo&rdquo;), las preguntas sobre el liderazgo han ampliado cada vez m&aacute;s su espectro, y han incorporado el interrogante sobre la calidad del liderazgo, y ah&iacute; ha encontrado una v&iacute;a de entrada la espiritualidad. Y, en tercer lugar, la reciente e imparable diseminaci&oacute;n de lo que se etiqueta como coaching -verdadero trasunto postmoderno de lo que antes denomin&aacute;bamos director espiritual-, y que utiliza todo tipo de t&eacute;cnicas silenciadoras y meditativas para el ejercicio de su actividad: cinco a&ntilde;os atr&aacute;s, de alguien del que se dijera que necesitaba coaching sospechar&iacute;amos que sufr&iacute;a una enfermedad grave, y hoy pronto quien no lo utilice parecer&aacute; un don nadie. <\/p>\n<p>Todo lo que se refiere al liderazgo tiene fronteras borrosas, y una gran diversidad de aproximaciones. Pero, curiosamente, uno de los rasgos que caracterizan la evoluci&oacute;n de su comprensi&oacute;n, dentro de la diversidad, podr&iacute;amos decir hoy que es una cierta aproximaci&oacute;n a la pregunta por la calidad (&iquest;humana?) del liderazgo. En los or&iacute;genes, el estudio del liderazgo era pr&aacute;cticamente el estudio del l&iacute;der. Estudio que habitualmente se lleva a cabo con un tipo de circularidad metodol&oacute;gica que posteriormente ha predominado mucho en las escuelas de negocios (que consiste, en s&iacute;ntesis, en observar qu&eacute; maneras de proceder han tenido &eacute;xito &ndash;otra palabra cuyo contenido se de por supuesto y nunca se cuestiona-, analizar y desmenuzar estas maneras de proceder y, finalmente retornarlas, pero ya convertidas en normativas: supuesto que esto ha tenido &eacute;xito, esto es lo que hay que hacer para tener &eacute;xito). Se empez&oacute;, pues analizando a los grandes personajes, atendiendo a los rasgos que les confer&iacute;an grandeza y, posteriormente a su personalidad. No simplemente en si mismos, sino por la influencia que ten&iacute;an en el grupo de seguidores. Posteriormente se atendi&oacute; tambi&eacute;n al tipo de influencia que ten&iacute;a sobre el grupo, y hacia d&oacute;nde lo dirig&iacute;a: aqu&iacute; se incorpora la pregunta sobre c&oacute;mo el l&iacute;der aglutina a un grupo y lo dirige hacia un objetivo compartido. M&aacute;s adelante el punto de atenci&oacute;n deja de ser el saber qu&eacute; tipo de persona puede ser el l&iacute;der, y se atiende tambi&eacute;n a c&oacute;mo act&uacute;a. Y en este c&oacute;mo se constata que es una combinaci&oacute;n (en proporciones diversas) de atender a las personas y atender a las tareas. En una siguiente fase se incorpor&oacute; la atenci&oacute;n al contexto: ser l&iacute;der no es algo quasi-sacramental (no imprime car&aacute;cter) sino que se entiende en las circunstancias, que son las que facilitan o no la emergencia de determinados liderazgos. A medida que avanzamos hacia una mayor complejidad (hacia la sociedad post-industrial) el liderazgo se revela como algo cada vez m&aacute;s complejo, en la medida que las personas tambi&eacute;n empiezan a vivir identidades y pertenencias m&uacute;ltiples. De ah&iacute; que el liderazgo pasara a verse como creador de cultura, orientaci&oacute;n y sentido (es decir, pasara a remitir a valores), y no simplemente pautas de conducta y l&iacute;neas de actuaci&oacute;n. Y, acto seguido, surge la pregunta por calidad &eacute;tica del conjunto: &iquest;qu&eacute; es lo que califica al cambio que se propone?; &iquest;y a la visi&oacute;n que moviliza?; &iquest;qu&eacute; legitimidad tiene la relaci&oacute;n que se establece con los diversos stakeholders?<\/p>\n<p>En este proceso cabe destacar tres aproximaciones en las que resuena el eco de lo que nos ocupa. En primer lugar, la distinci&oacute;n entre liderazgo transaccional y transformacional. El transaccional se da cuando los l&iacute;deres movilizan mediante la l&oacute;gica del intercambio. El transformacional cuando el liderazgo promueve una orientaci&oacute;n que va m&aacute;s all&aacute; del propio inter&eacute;s, y eleva el nivel de conciencia y de prop&oacute;sito en relaci&oacute;n al objetivo compartido (algo que a menudo se presenta como vinculado al desarrollo de la inteligencia emocional). Parece intuitivamente obvio que las capacidades, pero tambi&eacute;n la calidad, requeridas en ambos casos son sustancialmente diferentes. En segundo lugar, la concepci&oacute;n del liderazgo servidor. &Eacute;sta es una concepci&oacute;n que pone el acento, no en el liderazgo, sino en el servicio. Se supone que el l&iacute;der es prioritariamente un servidor (e, incluso, que es l&iacute;der porque previamente ha sido servidor), un servidor que pone el acento en aquello que es capaz de despertar en sus seguidores para ponerlos en camino, un camino en el que no le siguen propiamente a &eacute;l sino en la medida que responden a la dimensi&oacute;n m&aacute;s noble de s&iacute; mismos, que el l&iacute;der despierta y moviliza. El l&iacute;der servidor, por tanto, lo es en la medida que en &eacute;l resuenan una lucidez, serenidad y ecuanimidad y una actitud de responder a los retos del entorno y del grupo desde el deseo de hacer cosas grandes. Finalmente, el liderazgo responsable emerge ante el progresivo reconocimiento de que, para aproximarnos al liderazgo debemos ir m&aacute;s all&aacute; de su descripci&oacute;n, para centrar el enfoque en su calificaci&oacute;n, tambi&eacute;n desde una clave de lectura &eacute;tica. El liderazgo responsable parte del supuesto consecuencialista de que no cualquier tipo de liderazgo es deseable, pero lo importante es que para describir este tipo de liderazgo apela a par&aacute;metros eminentemente cualitativos, en el marco de un enfoque relacional: el l&iacute;der debe cuidar de los valores compartidos, de las comunidades en las que act&uacute;a, servir a los dem&aacute;s y ofrecer inspiraci&oacute;n y perspectiva sobre el futuro deseado; para ello debe devenir arquitecto de estructuras y procesos, agente de cambio transformador, dar apoyo a sus seguidores y crear sentido y significado. Con independencia de si es posible concentrar en una persona este ramillete de virtudes, sorprende que un perfil tan orientado a lo cualitativo no pregunte en qu&eacute; consiste la calidad &uacute;ltima del sujeto sobre la que pueden sostenerse todas estas cualidades.<\/p>\n<p><span>Por mi parte, junto a &Agrave;. Casti&ntilde;eira y R. Ribera hemos a&ntilde;adido m&aacute;s confusi&oacute;n a este debate insistiendo en dos puntos. En primer lugar, que no hay que confundir liderazgo con l&iacute;der. Es decir que el liderazgo no es una posici&oacute;n que ocupa una persona, sino un proceso en el que hay que tener en cuenta de manera inseparable, a la persona del l&iacute;der, a los seguidores, a la causa que los aglutina y a los medios que utilizan: pensar el liderazgo es pensar estos cuatro elementos y sus interrelaciones. En segundo lugar, la pregunta relevante no es la pregunta por el liderazgo, sino la pregunta por el buen liderazgo, porque en caso contrario no es posible resolver lo que denominamos la paradoja Hitler-Ghandi, que consiste en que la mayor&iacute;a de definiciones del liderazgo aplican por igual ambos personajes y no permiten distinguir entre ellos, algo que no repugna a dichas definiciones, pero s&iacute; al sentido com&uacute;n. Y ello nos lleva a preguntarnos por la calidad humana del liderazgo: la de los l&iacute;deres, la de la relaci&oacute;n con sus seguidores, la de la causa, y la de los medios que utilizan.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"text-align: center;\"><img decoding=\"async\" src=\"\/UserFiles\/Image\/Grafico-Dos.jpg\" alt=\"\" style=\"margin-left: 10px; margin-right: 10px; margin-top: 5px; margin-bottom: 5px;\"><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Este recorrido por el liderazgo ha desembocado en una pregunta por el liderazgo de caracter&iacute;sticas cada vez m&aacute;s cualitativas, lo que ha introducido la pregunta por la espiritualidad. Pero antes de entrar en ella es importante no olvidar que &ndash;no por casualidad, en mi opini&oacute;n- esta introducci&oacute;n de la pregunta por la espiritualidad ha ido en paralelo con la explosi&oacute;n reciente del coaching y el uso que en &eacute;l se hace de m&eacute;todos, pr&aacute;cticas y terminolog&iacute;as provinentes de diversas tradiciones espirituales (meditaci&oacute;n, silenciamiento, conciencia l&uacute;cida, distanciamiento., etc.).<\/p>\n<p>Para ense&ntilde;ar mis cartas, he de decir que mi comprensi&oacute;n del coaching a d&iacute;a de hoy es distanciada y distante. Y debo confesar que cuando oigo o leo su ret&oacute;rica &ldquo;espiritual&rdquo; me viene a menudo a la memoria la frase de aquel diputado de la difunta UCD, cuando dijo &ldquo;cuerpo a tierra que vienen los nuestros&rdquo;. Tal y como yo le veo, el coaching detecta un problema grave y creciente, e identifica una necesidad. La vida empresarial y la funci&oacute;n directiva hoy est&aacute; sometida a unos niveles de presi&oacute;n, exigencia e incertidumbre que resultan dif&iacute;ciles de soportar y de integrar. La complejidad de las relaciones y las tecnolog&iacute;as es tambi&eacute;n creciente. La obsolescencia de los enfoques tradicionales del management basados en el binomio jerarqu&iacute;a-control se pone de manifiesto d&iacute;a tras d&iacute;a, y gestionar equipos no requiere solamente determinadas habilidades, sino alcanzar una determinada manera de proceder, que siempre es el reflejo de una manera de ser. Los puntos de anclaje vital son m&oacute;viles, pierden solidez, no son necesariamente compartidos con quienes se comparte la actividad profesional, y los discursos institucionalizados (morales, ideol&oacute;gicos o religiosos) dif&iacute;cilmente pueden ejercer esta funci&oacute;n. Todo ello desemboca en la necesidad que tienen las personas de apoyo y referencias para no perderse a s&iacute; mismas y echar a perder a las dem&aacute;s en el ejercicio de sus responsabilidades. Quien requiere apoyo es la persona, no el directivo&hellip; pero por razones de trabajo, no meramente personales. Volvamos al Aspen Institute: &ldquo;el directivo del futuro deber&aacute; conocer su trabajo tan bien como a si mismo&rdquo;. &iquest;S&oacute;lo el del futuro?<\/p>\n<p>El coaching se sit&uacute;a en esta encrucijada, convierte en una cuesti&oacute;n estrictamente profesional y de apoyo al ejercicio de la funci&oacute;n directiva a pr&aacute;cticas, metodolog&iacute;as, enfoques y maneras de proceder que hasta hace pocos a&ntilde;os se consideraban algo propio de la vida privada y no profesional o empresarial. Por decirlo con una simplificaci&oacute;n burda: al psic&oacute;logo o al director espiritual lo buscabas por tu cuenta, el coaching lo paga la empresa.<\/p>\n<p>El coaching conecta, pues, con el deseo de una mayor profundidad y un mejor autoconocimiento&hellip; como algo vinculado a y exigido por las necesidades actuales de la gesti&oacute;n. Para ello, en sus mejores versiones, ofrece ayuda y acompa&ntilde;amiento &ndash;normalmente personalizado, cara a cara- para el desarrollo de procesos personales de cambio, que incluyen la necesidad de adquirir una mayor conciencia de lo que cada cual busca en la vida y de los objetivos que se propone; y para ello da apoyo y recursos pero, si es necesario, tambi&eacute;n interpela personalmente. En este proceso de desarrollo no se trabaja s&oacute;lo sobre comportamientos y reacciones, sino tambi&eacute;n, si es necesario, sobre asunciones, patrones de conducta y compromisos que afectan al sentido de la propia vida. Pero se trata de dar apoyo para vivir un proceso con mayor conciencia y lucidez, y no de llevar a nadie a ning&uacute;n sitio preconcebido por el coach. El supuesto es, en el l&iacute;mite, una declaraci&oacute;n de confianza en la persona y sus propios recursos para que pueda alcanzar la plenitud y el equilibrio vital en el trabajo, para que no quede atrapado en sus circunstancias, alcance una mayor concentraci&oacute;n y no quede atrapado por los vaivenes de la vida profesional&hellip; Y para ello, entre otros recursos, muy a menudo el coaching incorpora instrumentos (&iquest;instrumentos?) provenientes de las tradiciones espirituales: retiros, espacios de silencio&hellip; o directamente pr&aacute;cticas de yoga o meditaci&oacute;n.<\/p>\n<p>As&iacute; pues, la puerta de entrada de la espiritualidad en la vida empresarial, desde mi punto de vista, no ha sido tanto una reflexi&oacute;n estrat&eacute;gica sobre la empresa ni un an&aacute;lisis sobre los cambios sociales y axiol&oacute;gicos, sino la necesidad de dar respuesta a retos pr&aacute;cticos que se generaban en el desarrollo del liderazgo. (Lo que no niega que esta necesidad sea una consecuencia de lo anterior; lo que digo es que el punto de apoyo parece ser preferentemente &eacute;ste y no los otros).<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">5. Segundo interludio: al final, &iquest;con que tipo de persona nos encontramos?<\/span> Est&aacute; pendiente una reflexi&oacute;n que aclare porque en los &uacute;ltimos a&ntilde;os los &uacute;nicos valores &eacute;ticos que han adquirido relevancia p&uacute;blica son valores de car&aacute;cter relacional (di&aacute;logo y responsabilidad). Repito que me refiero a valores &eacute;ticos que remiten a lo p&uacute;blico, y paso por alto los preponderantes en el &aacute;mbito de lo privado-personal, cuyo an&aacute;lisis nos llevar&iacute;a probablemente a concluir que son contradictorios con los dos anteriores. Ser&iacute;a necesario, por ejemplo, explorar a fondo qu&eacute; significa que se trate de valores procedimentales, y no sustantivos, y que su punto de partida sea propiamente el hacer humano (qu&eacute; hacemos con nuestras palabras, y qu&eacute; hacemos con nuestros actos). Deber&iacute;amos analizar a fondo lo que podr&iacute;amos denominar las condiciones socio-culturales que hacen posible hoy el &eacute;xito de estos dos valores relacionales en el &aacute;mbito p&uacute;blico. No es &eacute;ste el lugar y el momento de hacerlo, sino de mostrar la conexi&oacute;n de esta cuesti&oacute;n con el tema que nos ocupa.<\/p>\n<p>Muchas de las reflexiones que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os han intentado dar cuenta de la atm&oacute;sfera en la que vivimos en lo que se refiere a los valores han coincidido en se&ntilde;alar que la caracter&iacute;stica principal es la de no compartir un marco de referencia valorativo com&uacute;n. Coinciden en ello, desde supuestos muy diferentes, por poner algunos ejemplos, los discursos sobre la postmodernidad (Lyotard, Vattimo), la modernidad l&iacute;quida (Bauman), el comunitarismo (Taylor), la virtud (MacIntyre), la anarqu&iacute;a de los valores (Valadier), la &eacute;pica de la subjectividad (Gom&aacute;) o el crep&uacute;sculo del deber (Lipovetsky). Por otra parte, los an&aacute;lisis sobre los procesos de globalizaci&oacute;n no han dejado de se&ntilde;alar las amenazas que &eacute;sta comporta, bajo la forma de denominaciones como la sociedad del riesgo (Beck), un mundo desbocado (Giddens), la corrosi&oacute;n del car&aacute;cter (Sennet), la pregunta sobre de si podremos vivir juntos (Touraine) o sobre si podremos hacer del mundo un lugar para todos (Barber). Hasta el punto de que podemos afirmar que cuando Jonas habl&oacute; de una heur&iacute;stica del miedo no hizo nada m&aacute;s que anticipar lo que ha devenido un rasgo constitutivo de la mentalidad de nuestro tiempo.<\/p>\n<p>Esta conjunci&oacute;n de falta de referencias valorativas compartidas, por una parte, con el sentimiento de que la humanidad ha generado &ndash;simult&aacute;neamente- un potencial colosal de oportunidades y amenazas es lo que ha permitido, en mi opini&oacute;n que emergiera con fuerza (casi como una evidencia) la pregunta y la pre-ocupaci&oacute;n por las consecuencias de las acciones humanas. Quiz&aacute; no tenemos valores compartidos, y la mirada al futuro despierta en nosotros temor y expectativas con la misma intensidad. Pero incluso viviendo en el pluralismo axiol&oacute;gico, lo que nadie puede negar es que todo lo que hacemos tiene consecuencias. Consiguientemente, por simplificador que parezca, cualquier intento de comprender la acci&oacute;n humana arranca del hecho incontrovertible de que no hay acci&oacute;n sin consecuencias. Y, por tanto, la pregunta por las consecuencias de la acci&oacute;n humana deviene uno de los pocos terrenos comunes sobre el que construir el discurso &eacute;tico cuando no disponemos de un acuerdo de partida sobre los valores: las consecuencias pasan a ser el factum incontrovertible de la acci&oacute;n humana. La pregunta por las consecuencias parece que genera f&aacute;cilmente un discurso &eacute;tico en clave de di&aacute;logo y responsabilidad. <\/p>\n<p>No cabe la menor duda de que &eacute;ste es un terreno minado. Pero, minas inclu&iacute;das, la pregunta por las consecuencias es una pregunta que parece inmediata, y se dir&iacute;a que se aguanta por s&iacute; misma cuando se trata de hacer una aproximaci&oacute;n a la acci&oacute;n humana. Aunque no est&aacute; tan claro que la respuesta se pueda aguantar simplemente sobre la mera constataci&oacute;n del hecho de que las consecuencias ocurren. Sin embargo, insisto en que conviene no despreciar la fuerza que la pregunta por las consecuencias tiene para interpelar directamente a la conciencia moral. Porque responde a la inmediatez de la acci&oacute;n. Podr&iacute;amos afirmar, al estilo de Goethe, tambi&eacute;n hoy que en el principio era la acci&oacute;n (y no los valores, la moral o la religi&oacute;n). <\/p>\n<p>Este foco en la acci&oacute;n explica probablemente el &eacute;xito managerial de la RSE. Porque, inmersos en la acci&oacute;n y en la toma de decisiones, sus protagonistas se ven a priori m&aacute;s capaces de atender a las consecuencias de sus acciones que de entender los valores que las rigen. Y m&aacute;s en nuestro contexto de polite&iacute;smo de valores, en el que los valores parecen poco operativos y poco clarificadores como criterios para la acci&oacute;n, en la medida que aparecen como controvertidos socialmente, condicionados culturalmente y sobrecargados de abstracci&oacute;n. No es casual que el tratamiento de uno de los referentes conceptuales de la RSE (los stakeholders) casi se agote en la pregunta sobre quien y c&oacute;mo es afectado por las actuaciones empresariales (o sobre c&oacute;mo las pueden afectar) y, sobre todo, que el enfoque pragm&aacute;tico de las relaciones con los stakeholders casi se confunda con esta pregunta. Por eso la RSE parece tan cercana al management&hellip; y quiz&aacute; por eso tan a menudo se subordina a las necesidades y a los objetivos del management. Pero, en la otra cara de la moneda, tampoco es casual que la BE se considere un apartado de la &eacute;tica aplicada: es prisionera de una denominaci&oacute;n que parece sugerir que lo prioritario es aclarar discursivamente los valores y principios, desde el supuesto de que, una vez conseguido, su aplicaci&oacute;n cae por su propio peso. Vistas as&iacute; las cosas, no es de extra&ntilde;ar que, en el contexto social, cultural (y empresarial) que he descrito la BE acabe resultando un poco pesada&hellip; y casi extempor&aacute;nea. &iquest;Pero se solucionan los problemas insistiendo una y otra vez en que la RSE (y la gesti&oacute;n) deben fundamentarse en principios &eacute;ticos y remitirse a ellos?<\/p>\n<p>Sin embargo, que algo no funciona en la pretensi&oacute;n de un discurso sobre la RSE que sea autosuficiente y que quiera sostenerse sobre s&iacute; mismo lo vemos, por contraste, en lo que ha ocurrido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en el an&aacute;lisis del liderazgo. Sintom&aacute;ticamente, la pregunta por el liderazgo es tambi&eacute;n una pregunta que remite necesariamente a la acci&oacute;n: si no hay acci&oacute;n, no hay liderazgo. Ahora bien, tambi&eacute;n remite intr&iacute;nsecamente a los valores: no hay liderazgo sin proyecto, finalidad ni visi&oacute;n; hasta el punto que resulta entre parad&oacute;jico, pat&eacute;tico y sintom&aacute;tico, la insistencia por parte de algunos autores en querer poner tierra por medio afirmando a la vez que los valores son un elemento constitutivo del liderazgo, pero que lo que ellos plantean en sus an&aacute;lisis no entra bajo ning&uacute;n concepto en el territorio de la &eacute;tica. Territorio en el que s&iacute; que entra, a trav&eacute;s de una visi&oacute;n m&aacute;s poli&eacute;drica del liderazgo, lo que hoy se denomina el liderazgo responsable, expresi&oacute;n en la que las dos palabras pretender tener el mismo peso y densidad. En cualquier caso, con &eacute;tica o sin ella, ya hemos visto que la reflexi&oacute;n sobre el liderazgo no se reduce &uacute;nicamente a la reflexi&oacute;n sobre el l&iacute;der, y ha desembocado en la reflexi&oacute;n sobre el buen liderazgo. Es decir, sobre todo el proceso de relaciones que el liderazgo comporta y sobre los valores y la calidad humana que lo configuran. <\/p>\n<p>Creo que desarrollar a fondo una correcta comprensi&oacute;n del buen liderazgo y del liderazgo responsable es un reto y una necesidad, pero que conseguirlo no es suficiente. Porque el acento en el liderazgo, pese a su importancia, no agota todas las dimensiones ni todas las situaciones en las que se produce la articulaci&oacute;n (herencia y conquista de la BE) entre lo personal y lo organizativo. Ser&iacute;a necesario incorporar y a&ntilde;adir tambi&eacute;n una consideraci&oacute;n sobre lo que significa ser un ejemplo o ser un referente, como se est&aacute; apuntando &uacute;ltimamente. &iquest;Por qu&eacute;? Porque de manera similar al discurso sobre la responsabilidad, pensar la ejemplaridad o la referencialidad comporta tener tambi&eacute;n como punto de partida la acci&oacute;n humana, pero desde otra perspectiva. As&iacute; como al hablar de la responsabilidad hemos hablado del factum de las consecuencias, al hablar de los ejemplos y de los referentes el punto de partida es el factum de las influencias. En otras palabras: no todos podemos ser l&iacute;deres, pero todos podemos ser responsables y referentes.<\/p>\n<p>Todos vivimos nuestras vidas entrelazados por una red de influencias mutuas, de la que no podemos escapar. Nuestra identidad personal es el resultado de procesos de identificaci&oacute;n o rechazo (m&aacute;s o menos conscientes) con atributos parciales o globales de las personas con las que interactuamos y que nos influyen. A trav&eacute;s de nuestra manera de hacer construimos nuestra manera de ser, ciertamente, pero nos vamos modelando a nosotros mismos a partir de la relaci&oacute;n con la manera de hacer y de ser de las otras personas con quienes interactuamos. Todos somos, de hecho, cont&iacute;nuamente ejemplo y referencia los unos para con los otros. Si esto es as&iacute;, entonces la pregunta por la responsabilidad se complementa con y se transforma en la interpelaci&oacute;n para ser un buen ejemplo (o un buen referente). Porque todo lo que hacemos no solo tiene consecuencias desde el punto de vista de los efectos, sino tmbi&eacute;n desde el punto de vista de los afectos. Nuestra acci&oacute;n genera &ndash;cont&iacute;nuamente y simult&aacute;neamente- consecuencias f&aacute;cticas e interpretaciones experienciales. Nuestra acci&oacute;n siempre genera efectos y afectos &ndash;est&eacute;n o no bajo nuestro control y dependan o no de nuestra voluntad consciente-, y no podemos pensar la acci&oacute;n humana sin pensarlos a ambos. Y, por consiguiente, no podemos pensar la responsabilidad sin pensar en los efectos y los efectos que generamos.<\/p>\n<p>Dicho en un lenguaje que quiz&aacute; se puede considerar caduco, no hay que olvidar nunca que la fuerza atractiva del ejemplo o del referente consiste en que en ellos se materializa la realizaci&oacute;n de un universal concreto, cuya referencia, de principio a fin, es la acci&oacute;n. No es la concreci&oacute;n de unos valores abstractos, sino el testimonio de la experiencia visible de una especie de prototipo humano, la visualizaci&oacute;n integrada de ser, poder ser y deber ser, que toma la forma de lo que se puede calificar, seg&uacute;n cada caso, de un buen (o un ejemplo de)&hellip; directivo, profesional, investigador, profesor, etc.; y tambi&eacute;n de una buena (o un ejemplo de) empresa, organizaci&oacute;n, asociaci&oacute;n, ONG, etc. Los ejemplos y los referentes no lo son por la perfecci&oacute;n que muestran sino por la inspiraci&oacute;n que transmiten, y lo que generan no es el deseo de copiarlos, sino de transformaci&oacute;n en sinton&iacute;a con su inspiraci&oacute;n. (Por cierto: llama mucho la atenci&oacute;n que ni la BE ni la RSE hayan desarrollado una comprensi&oacute;n o una reflexi&oacute;n sobre la ejemplaridad, especialmente si tenemos en cuenta la importancia que tienen los supuestos casos pr&aacute;cticos en la formaci&oacute;n que se imparte en las escuelas de negocios). <\/p>\n<p><span>Nuestra &eacute;poca, como Fausto, s&oacute;lo es capaz de aceptar como una asunci&oacute;n compartida que en el principio era &ndash;y es- la acci&oacute;n. La novedad que ha hecho eclosi&oacute;n en los &uacute;ltimos a&ntilde;os es que la acci&oacute;n no requiere preguntarse &uacute;nicamente sobre qu&eacute; hacemos con nuestras palabras y con nuestros actos, sino tambi&eacute;n (y cada vez m&aacute;s) qui&eacute;n es el que habla y el que act&uacute;a y, por consiguiente, plantear que la calidad de su acci&oacute;n tiene una cierta correlaci&oacute;n con su calidad personal. Con lo que la construcci&oacute;n de dicha calidad humana deja de ser un asunto que se deja al azar o la casualidad de cada biograf&iacute;a personal, y pasa a ser un asunto vinculado a la vida p&uacute;blica y al desarrollo organizativo (con toda la ambig&uuml;edad que esto supone). Y es un asunto al que se llega no a trav&eacute;s de la especulaci&oacute;n, sino a trav&eacute;s de la acci&oacute;n. Y es un asunto al que no se accede a trav&eacute;s de la filosof&iacute;a, la moral o la religi&oacute;n, sino a trav&eacute;s de un conglomerado (a veces muy variopinto e incluso fronterizo con lo extravangante o solapado con lo esot&eacute;rico) de psicolog&iacute;a, biolog&iacute;a, ciencias y an&aacute;lisis social y empresarial. Y es ah&iacute; donde aparece la conexi&oacute;n con la espiritualidad, sea lo que sea lo que cada cual quiera decir con el uso de esta palabra.<\/span><\/p>\n<p><\/p>\n<div style=\"text-align: center;\"><img decoding=\"async\" src=\"\/UserFiles\/Image\/Grafico-Tres.jpg\" alt=\"\" style=\"margin-left: 10px; margin-right: 10px; margin-top: 5px; margin-bottom: 5px;\"><\/div>\n<p><br style=\"font-weight: bold;\"><span style=\"font-weight: bold;\">6. Pero, &iquest;podemos sacar algo en claro?<\/span> Pues, hasta d&oacute;nde se me alcanza no mucho, la verdad. Es un terreno en el que no disponemos de una mapa claramente establecido. La cartograf&iacute;a del tema postulaci&oacute;n de la espiritualidad en las empresas se asemja a aquellos mapas de los primeros ge&oacute;grafos: no tenemos cerrado el perfil del territorio a explorar y, por supuesto, no nos hemos adentrado en su interior, aunque algo se ha hecho al respecto en alguno de sus puntos. Podemos, pues, indicar algunas preguntas. Para no dispersarnos m&aacute;s de la cuenta, tomar&eacute; como referencia el documento que ha servido para la convocatoria de este encuentro.<\/p>\n<p> Para empezar, hay que decir que en la pr&aacute;ctica empresarial y, con ciertos matices, en la reflexi&oacute;n sobre la empresa es pr&aacute;cticamente imposible encontrar expl&iacute;citamente referencias a los planteamientos que nos convocan, y menos en clave empresarial. Lo que, a su vez, genera dos preguntas muy distintas entre s&iacute;: a) por qu&eacute; ocurre eso; y b) si deber&iacute;amos esperar encontrarlas. Es decir: &iquest;el error est&aacute; en la pregunta o en la respuesta?<\/p>\n<p>En cambio, los t&eacute;rminos de la convocatoria estan ganando espacio lenta, pero constantemente, tanto espiritualidad como calidad (humana). En los &uacute;ltimos meses he hecho un ejercicio de sociolog&iacute;a recreativa, que tiene el valor que tiene, pero que algo significa. Yo tengo una &ldquo;alerta&rdquo; Google sobre &ldquo;calidad humana&rdquo;, lo que significa que cada d&iacute;a me llegan entre dos y ocho enlaces a noticias donde se utiliza la expresi&oacute;n &ldquo;calidad humana&rdquo;. Pues bien, una mirada superficial a estos textos me permite apuntar que el uso ordinario de &ldquo;calidad humana&rdquo; tiene cinco caracter&iacute;sticas:<\/p>\n<div style=\"margin-left: 40px; text-align: justify;\">&bull; Siempre se refiere a personas concretas (y, en algunos casos) a grupos de personas concretas; nunca a definiciones y conceptos: es algo s&oacute;lo identificable en lo concreto personal.<br \/>&bull; No es un atributo de un tipo de personas o actividades: cualquiera puede merecerlo, porque no depende de su actividad o profesi&oacute;n.<br \/>&bull; Cuando se utiliza es para expresar el m&aacute;ximo calificativo que se puede aplicar a dicha persona (o grupo): parece que tener una gran calidad humana es lo m&aacute;ximo que se puede decir de una persona en positivo.<br \/>&bull; Qu&eacute; sea la calidad humana no es necesario aclararlo, es un t&eacute;rmino evidente por si mismo, en el sentido que parece que tanto el emisor como el receptor saben perfectamente de qu&eacute; hablan, aunque nunca lo dicen.<br \/>&bull; Y, quiz&aacute;s lo m&aacute;s sorprendente, es indefinido: afirmar la calidad humana de alguien parece que libera de dibujar su perfil, casi siempre nos quedamos con las ganas de conocer los rasgos personales de quien se afirma dicha calidad (y cuando se proponen algunos rasgos, siempre son consecuencia de la calidad humana, nunca constitutivos de la misma).<\/div>\n<p><span>Esta peculiaridad del uso ordinario de calidad humana (m&aacute;xima intensidad y m&aacute;xima indefinici&oacute;n) nos permite conectar con lo que se refiere a la empresa. Y, &iquest;por qu&eacute; se dice que es necesaria la espiritualidad o la calidad humana en la empresa? B&aacute;sicamente por tres v&iacute;as de aproximaci&oacute;n:<\/span><\/p>\n<div style=\"margin-left: 40px; text-align: justify;\">&bull; Porque lo que se valora no es la espiritualidad como tal, sino los &ndash;dig&aacute;moslo as&iacute;- frutos asociados a ella: ecuanimidad, sentido, prop&ograve;sito, no dependencia de los vaivenes cotidianos y todos los etc. que podamos a&ntilde;adir, y habituales en la literatura sobre espiritualidad. Lo que plantea la pregunta si lo que se diagnostica como necesario y deseable son estos frutos, y no el camino o el proceso que conduce a ellos.<br \/>&bull; Porque se reconoce que el anhelo de espiritualidad y de vivir con calidad humana es un anhelo constitutivamente humano, que las empresas no pueden ignorar porque, caso de hacerlo, pueden tener problemas (o pueden generar problemas a quienes se relacionan con ellas)&hellip; es humano pues, pero no propiamente organizativo, y, si lo es, lo es en tanto que rebote organiztivo de algo constitutivamente humano. Lo que plantea la pregunta de si estamos tratando fundamentalmente de una cuesti&oacute;n personal, pero solo indirectamente organizativa (a diferencia, por ejemplo, de cuando hablamos del conocimiento y de su gesti&oacute;n, que puede abordarse con la misma intensidad managerial desde un punto de vista personal y organizativo).<br \/>&bull; Porque se plantea la cuesti&oacute;n de c&oacute;mo pueden interferir o potenciar las tradiciones religiosas a los resultados empresariales. Aqu&iacute; se superponen diversos registros: la religi&oacute;n &ndash;simplemente- como un componente m&aacute;s de lo que hoy se llama gesti&oacute;n de la diversidad; la relectura pragm&aacute;tica de textos y sistemas de organizaci&oacute;n religiosos para deducir reglas para la gesti&oacute;n; la pretensi&oacute;n de que alguna tradici&oacute;n religiosa supla la falta de alma de la vida empresarial; la apelaci&oacute;n a alguna tradici&oacute;n religiosa para que aporte los principios y criterios que deben regir la gesti&oacute;n empresarial. Son aproximaciones diferentes entre s&iacute;, pero que tienen en com&uacute;n que abordan la cuesti&oacute;n a partir de la consideraci&oacute;n de la religi&oacute;n como algo sustantivo y, como m&aacute;ximo, de la espiritualidad como un derivado de ella. <br \/>&bull; Cabe a&ntilde;adir que no hay que ignorar todas estas aproximaciones, pero tambi&eacute;n hay que resaltar que el enfoque dominante cuando el tema que se trata es espec&iacute;ficamente el de la espiritualidad en la empresa se parte casi siempre del supuesto de que no hay que confundirla ni asimilarla a la religi&oacute;n.<\/div>\n<p>En resumen, aqu&iacute; la cuesti&oacute;n de fondo a debatir me parece que no es tanto dilucidar si la espiritualidad y la calidad humana aportan algo positivo a la empresa, sino si la empresa es lugar adecuado para cultivar eso que aportan (y, caso que la respuesta sea afirmativa, en qu&eacute; sentido es adecuado).<\/p>\n<p> Por otra parte, &iquest;puede el discurso sobre la calidad humana y la espiritualidad pretender que es significativo por si mismo en la empresa? &iquest;o debe vincularse a determinadas pr&aacute;cticas o temas empresariales? O, dicho con otras palabras, cuando, en el contexto organizativo, se oye hablar de espiritualidad o de calidad humana, &iquest;qu&eacute; es lo que se puede visualizar? &iquest;a qu&eacute; situaciones o pr&aacute;cticas se asocia? Cuando hablamos de espiritualidad y de calidad humana, &iquest;de qu&eacute; estamos hablando, desde el punto de vista organizativo, y c&oacute;mo lo podemos visualizar? Me atrever&iacute;a a a&ntilde;adir que la recepci&oacute;n &ldquo;espont&aacute;nea&rdquo; en el contexto organizativo no ser&iacute;a la misma para las dos palabras, que en la convocatoria de nuestro encuentro se utilizan pr&aacute;cticamente como equivalentes: parecer&iacute;a que calidad humana se refiere a algo m&aacute;s general y englobante (y menos sobrecargado espec&iacute;ficamente) que espiritualidad&hellip; y, sinceramente, no creo que la clarificaci&oacute;n venga del a&ntilde;adido de adjetivos (del tipo &ldquo;profundo&rdquo;, &ldquo;radical&rdquo; o semejantes, m&aacute;s all&aacute; de la funci&oacute;n ret&oacute;rica que puedan tener).<\/p>\n<div style=\"margin-left: 40px; text-align: justify;\">As&iacute; pues, si queremos postular la espiritualidad en las organizaciones, &iquest;sobre qu&eacute; par&aacute;metros deber&iacute;amos trabajar? O, por utilizar deliberadamente y provocativamente un t&eacute;rmino que no asumo como propio: &iquest;cu&aacute;les son las mediaciones organizativas del discurso sobre la calidad humana y la espiritualidad? Tomemos un ejemplo burdo y prosaico (pero, al final, la gran mayor&iacute;a de las cosas en las empresas son burdas y prosaicas): en muchas ocasiones se vincula lo espiritual a la reducci&oacute;n de la tensi&oacute;n y el estr&eacute;s (y esto, por cierto, parece verificado). Ahora bien: &iquest;se trata de sobrellevar mejor el estr&eacute;s sin modificar las condiciones organizativas que lo hacen posible?; &iquest;se trata de promover un tipo de transformaci&oacute;n personal en la confianza de que, si se hace a fondo y se generaliza, esto comportar&aacute; cambios organizativos?; &iquest;se trata de trabajar con personas claves de la organizaci&oacute;n porque cualquier cambio en ellas implica cambios organizativos? O, en otro registro, cuando se asocia la espiritualidad a la capacidad de dinamizar procesos de cambio en contextos de pluralismo axiol&oacute;gico e incertidumbre, en la medida que la espiritualidad permite generar sentido, prop&oacute;sito, unidad y profundidad al trabajo (y, por cierto, se verifica en determinados casos que esto es realmente as&iacute;): &iquest;qu&eacute; es lo que se busca primariamente? (o &iquest;qu&eacute; est&aacute; al servicio de qu&eacute;?).<\/p>\n<p>En resumen, aqu&iacute; la cuesti&oacute;n de fondo a debatir es que la empresa (en el mercado) se mueve por la l&oacute;gica del inter&eacute;s. No se reduce a la l&oacute;gica del inter&eacute;s, pero por lo general no act&uacute;a al margen de la l&oacute;gica del inter&eacute;s. Pero aqu&iacute; hablamos de que &ldquo;no puede darse un verdadero camino espiritual sin esa acci&oacute;n desinteresada a favor de toda criatura&rdquo;. Claro que podemos remitirnos a tradiciones que hablan de entregarse a la acci&oacute;n, sin apego a los resultados de la acci&oacute;n, pero no podemos olvidar que en ninguna de las aproximaciones a las que me he referido anteriormente (BE, RSE y liderazgo responsable) se ha abandonado la l&oacute;gica del inter&eacute;s: de lo que se habla es de que no todos los intereses deben pesar igual, de intereses leg&iacute;tmos, de intereses universalizables, o de equilibrar los intereses de la empresa en relaci&oacute;n con&hellip; los diversos grupos de inter&eacute;s (stakeholders), precisamente. &iquest;Postular la espiritualidad en la empresa es postular para la empresa &ldquo;una acci&oacute;n gratuita sin condiciones&rdquo;? &iquest;No es el egocentrismo, en la medida que la empresa es una forma institucional que canaliza la lucha por la supervivencia, un componente imprescindible de la din&aacute;mica empresarial? Caso de que sea as&iacute;, &iquest;qu&eacute; tipo de espiritualidad le corresponde?<\/p><\/div>\n<p> Con esto paso a la tercera cuesti&oacute;n. Si no lo he entendido mal (cosa bastante habitual por mi parte), Corb&iacute; ha propuesto la diferenciaci&oacute;n entre un silenciamiento con fines pragm&aacute;ticos y uno para adentrarse en la experiencia absoluta de la realidad. En ambos casos se pueden utilizar los procedimientos heredados de las tradiciones religiosas. A lo que a&ntilde;ade que la frontera entre ambos es difusa. Si los denominamos, respectivamente, s1 y s2, nos podemos encontrar con la necesidad de dilucidar lo siguiente:<\/p>\n<div style=\"margin-left: 40px; text-align: justify;\">&bull; s1 y s2 son &ndash;en el l&iacute;mite, aunque no en la frontera- sustancialmente diferentes&hellip; especialmente para quien se ha adentrado en s2. Lo que le puede generar un fuerte rechazo de las situaciones difusas o directamente de s1, por manipuladoras y\/o trivializadoras de lo que nunca puede manipularse o trivializarse: por respeto a s2 hay que renunciar a toda pretensi&oacute;n de espiritualidad en la empresa. <br \/>&bull; las din&aacute;micas empresariales no lo convierten todo en oro (&iexcl;qu&eacute; m&aacute;s quisieran!), pero s&iacute; que lo convierten todo en instrumento o, al menos, todo tiene siempre un componente de &ldquo;medio para un fin&rdquo;. S1, en este sentido, es claramente viable en un contexto empresarial. De hecho ya ha empezado su andadura, que dif&iacute;cilmente se frenar&aacute; a corto plazo, y lo previsible es que aumente y se generalice. S1 puede funcionar -&iexcl;funciona!- perfectamente sin ning&uacute;n tipo de inter&eacute;s o atenci&oacute;n para s2: &iquest;qu&eacute; relaci&oacute;n entre los dos &ndash;si deber haber alguna- debe darse en el contexto empresarial?<br \/>&bull; Lo f&aacute;cil (y realista) parecer&iacute;a decir: s1 tiene sentido profesionalmente y organizativamente; s2 tiene sentido personalmente y extraorganizativamente. Cada cual en su casa (y Dios en la de todos hubi&eacute;ramos a&ntilde;adido hace unos a&ntilde;os), y confiemos en la fuerza intr&iacute;nseca de s para que impulse a la gente hacia s2&hellip; aunque lo que debemos aclarar es si este impulso es desable para la empresa como tal (o s&oacute;lo para la persona que se adentra en s, aunque si lo hace correctamente repercute en toda su vida, y tambi&eacute;n en la empresa).<br \/>&bull; Sin embargo, podr&iacute;amos objetar que estas &uacute;ltimas l&iacute;neas (si no todo mi texto) est&aacute;n todav&iacute;a prisioneras de una mentalidad dualista, y que convendr&iacute;a recordar, por ejemplo, el famoso dicho zen sobre c&oacute;mo se ven las monta&ntilde;as antes y despu&eacute;s de la iluminaci&oacute;n, sustituyendo aqu&iacute; &ldquo;monta&ntilde;as&rdquo; por &ldquo;gesti&oacute;n&rdquo;. O aplicar aqu&iacute; tambi&eacute;n el criterio de no-uno, no-dos.<br \/>&bull; En cualquier caso, se trata de saber no s&oacute;lo si la espiritualidad es necesaria para la empresa (&iquest;para cualquier tipo de empresa?), sino tambi&eacute;n si es un tema para la empresa, o si la empresa s&oacute;lo debe limitarse a catalizar procesos personales. Es decir: si se traduce en formas organizativas espec&iacute;ficas, consistentes con lo que sean la espiritualidad y la calidad humana; o si cataliza un clima y unas maneras de proceder organizativos que son el eco de procesos personales que han llevado a cabo determinadas personas y que facilitan a su vez que otras personas los lleven a cabo, pero que no se buscan deliberada y expl&iacute;citamente en la empresa.<\/div>\n<p>En resumen, aqu&iacute; la cuesti&oacute;n no es si trabajar la espiritualidad y la calidad humana es relevante para la empresa, sino dilucidar si la consecuencia de que sea relevante apunta a la necesidad de llevar a cabo transformaciones relevantes en los modelos de empresa, en los estilos de gesti&oacute;n y\/o en los procesos de formaci&oacute;n. En estos momentos mi respuesta es claramente afirmativa en lo que se refiere a la formaci&oacute;n, dubitativa en lo que se refiere a los estilos de gesti&oacute;n, y entre cautelosa y esc&eacute;ptica en lo que se refiere a los modelos organizativos.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">7. Apostilla (pero no final).<\/span><span> Aunque no es el objeto de este trabajo, quisiera a&ntilde;adir que tengo mis dudas sobre la conveniencia de utilizar como sin&oacute;nimos la calidad humana y la espiritualidad, al menos en el contexto empresarial. Por mi parte, tendir&iacute;a a considerar (es pura intuici&oacute;n) el t&eacute;rmino calidad humana como una idea l&iacute;mite reguladora en la que convergen distintos componentes estructuralmente antropol&oacute;gicos (espiritualidad, moral, sensibilidad&hellip;). Por ejemplo, para ense&ntilde;ar alguna carta, y sin ganas de entrar en pol&eacute;micas, la espiritualidad tendir&iacute;a a la no-identificaci&oacute;n egoica, y la moral a una cierta excelencia egoica. Insisto, no quiero entrar ahora en este punto, pero me sirve para aclarar como resumo mi percepci&oacute;n de c&oacute;mo est&aacute; el patio: en el mundo empresarial se est&aacute; produciendo una evoluci&oacute;n hacia la consideraci&oacute;n del desarrollo de la calidad humana (y la espiritualidad, o al rev&eacute;s) como algo sustantivamente relevante. A ello, sin embargo, no llegan directamente los dos &aacute;mbitos que han canalizado hasta ahora las cuestiones axiol&oacute;gicas en el contexto empresarial (la BE y la RSE), aunque en ambos casos quien se ha acercado a sus l&iacute;mites avizora claramente la cuesti&oacute;n. En cambio, quienes s&iacute; que se lo est&aacute;n planteando expl&iacute;citamente -desde supuestos, prioridades y repercusiones muy distintas-, son las aproximaciones en clave de liderazgo responsable, espiritualidad en el trabajo y coaching; y algo tambi&eacute;n el an&aacute;lisis sobre lo que sean las organizaciones intensivas en conocimiento. (Y, como consecuencia, algunas escuelas de negocios).<\/span><\/p>\n<div style=\"text-align: center;\"><img decoding=\"async\" src=\"\/UserFiles\/Image\/Grafico-Cuatro.jpg\" alt=\"\" style=\"margin-left: 10px; margin-right: 10px; margin-top: 5px; margin-bottom: 5px;\"><\/div>\n<p>&iquest;En qu&eacute; terminar&aacute; todo esto? &iexcl;Ojal&aacute; lo supiera!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Notas previas para una introducci&oacute;n preliminar a una cuesti&oacute;n incipiente: la postulaci&oacute;n de la espiritualidad en las empresasJosep Maria Lozano 0. Pre&aacute;mbulo. Estas l&iacute;neas son unos apuntes realizados a vuelapluma, sin realizar pr&aacute;cticamente ninguna consulta a materiales previos o a bibliograf&iacute;a. No por falta de rigor en su intencionalidad ni por falta de respeto para&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[160],"tags":[],"post_series":[],"class_list":["post-54376","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-calidad-humana","entry","no-media"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54376","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=54376"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54376\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=54376"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=54376"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=54376"},{"taxonomy":"post_series","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/post_series?post=54376"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}