{"id":54516,"date":"2009-12-02T00:00:00","date_gmt":"2009-12-02T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"miro_y_las_cosas_existen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/miro_y_las_cosas_existen\/","title":{"rendered":"MIRO, Y LAS COSAS EXISTEN&#8230;*"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>* fragmento de La verdad del silencio: <br \/> &nbsp; por los caminos del asombro. <br \/> &nbsp; Barcelona, Herder, 2009. (pgs. 67-72)<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\u00abMiro, y las cosas existen.<br \/> Pienso y existo s&oacute;lo yo.\u00bb <br \/> (Fernando Pessoa)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como quien otea atentamente hacia la lejan&iacute;a buscando reconocer aquello que no ve, puede mantenerse [hacia la realidad] el interrogante, la atenci&oacute;n, la polarizaci&oacute;n del inter&eacute;s. \u00abFirmemente tendidos hacia\u00bb esa realidad que se intuye, que se adivina&hellip;, hasta que la misma toma cuerpo, crece, se muestra. Un esfuerzo por insuflar vida a la vida o, tambi&eacute;n, renuncia que devuelve la vida a la vida. Se insiste en ello una y otra vez. As&iacute; escribe Van Gogh a su hermano Th&eacute;o:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; margin-left: 40px;\"><img decoding=\"async\" src=\"\/UserFiles\/Image\/LA-VERDAD-DEL-SILENCIO.jpg\" alt=\"\" vspace=\"30\" align=\"right\" \/>Cuando se quiere dibujar un sauce llor&oacute;n como si fuera un ser vivo, y as&iacute; es a decir verdad, todo lo que lo rodea viene relativamente solo, siempre que se haya concentrado toda la atenci&oacute;n sobre el &aacute;rbol en cuesti&oacute;n, y que uno no se haya detenido antes de haberle dado vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La verdad del mundo es vida, es existencia. Si no lo es, ser&aacute; que no se ha establecido relaci&oacute;n con el mundo sino con el concepto que lo doblega a nuestro inter&eacute;s, que lo modela a nuestra necesidad. Conocer ser&aacute; dejar ser, y la tensi&oacute;n de las facultades, en estos textos, ponen el acento en ese esfuerzo por dejar ser. Su Dongpo, en t&eacute;rminos muy parecidos: \u00abpara poder pintar un bamb&uacute; tengo que lograr que el bamb&uacute; se forme en mi pecho mostr&aacute;ndose como bamb&uacute;\u00bb<span style=\"font-weight: bold;\">&nbsp; [ <\/span><strong>1<\/strong> ]. C&eacute;zanne: \u00abevitar doblegar al motivo, al contrario, adaptarse a &eacute;l, dejarle nacer y germinar en el propio interior en una disponibilidad total\u00bb.<span style=\"font-weight: bold;\">[ <\/span><strong>2<\/strong> ] Y Gao Xingjian:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; margin-left: 40px;\">La observaci&oacute;n de la persona que consigue sentir el latido de la vida trasciende cualquier juicio de valor. [&#8230;] El escritor que observa la realidad sin depender de juicios de valor convierte la observaci&oacute;n y la b&uacute;squeda de la realidad en su &eacute;tica particular y superior.<\/p>\n<p> Y de nuevo la voz de Balthus: <br \/> Un pintor ejercita siempre la mirada; se trata de ir \u00abm&aacute;s lejos\u00bb de lo que te muestra el entorno, pero ese \u00abm&aacute;s lejos\u00bb est&aacute; aqu&iacute; mismo, en la realidad misma, en ning&uacute;n otro lugar. No dejas de mirar, en estado de alerta, da igual que tengas la vista tan mal como la tengo yo ahora, lo que importa es el estado de tensi&oacute;n de la mirada interior. Esa manera de penetrar las cosas con la certeza de que est&aacute;n absolutamente vivas, en una inimaginable plenitud.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&iquest;Qu&eacute; es lo que llama a salir, a abandonar la casa? &mdash;se preguntaba Mar&iacute;a Zambrano&mdash;. \u00abEl ser, el ser de las cosas que son\u00bb (1990: 85) En la medida en que ese \u00abcobrar sentido\u00bb se denota desde el propio vivir (\u00aben el pecho\u00bb, \u00aben el interior\u00bb, vida que reconoce vida) se comprende el uso de t&eacute;rminos que apuntan a \u00abrecepci&oacute;n\u00bb, a \u00abacogida\u00bb. Pero vemos aqu&iacute; la otra cara de ese movimiento. Se trabaja con los ojos, con los o&iacute;dos, con el sentir, pero no son ni los ojos, ni los o&iacute;dos ni el sentir. Son y no son, constituyen el resorte, el medio, para lograr movilizar esa \u00abvisi&oacute;n interior\u00bb, \u00abo&iacute;do interior\u00bb que despierta en esa tensi&oacute;n avivada en y por el inter&eacute;s desegocentrado, absoluto, radical. Mirada que siente: sentir las cosas. Y, entonces, se constata su plenitud, su vida. El sentir gobernado desde el \u00abyo\u00bb es el sentir reactivo, sentir que reacciona ante placer o dolor, la satisfacci&oacute;n o insatisfacci&oacute;n; no es un sentir capaz de reaccionar ante algo con independencia de su implicaci&oacute;n (como sujeto) en ese \u00abalgo\u00bb.[ <strong>3 ]<\/strong> La \u00abmirada interior\u00bb de Balthus apela a una penetraci&oacute;n en el existir de las cosas, penetraci&oacute;n en el existir. Como en la pr&aacute;ctica japonesa del tiro al arco, la cuesti&oacute;n no es la agudeza del &oacute;rgano de la visi&oacute;n. Es una precisi&oacute;n de otro orden; que nace de dentro, libre, descargada del peso de la costumbre, de las expectativas; libre de una visi&oacute;n o comprensi&oacute;n de la realidad fijada por el h&aacute;bito. Mirada desde el interior, que ve y siente a&uacute;n si los ojos est&aacute;n enfermos.[ <strong>4<\/strong> ] Ve y siente una realidad que ha dejado de estar enfrente, ve porque es lo visto, \u00abaqu&iacute; m&rsquo;estic tot sol vora el mar, s&oacute;c la natura sentint-se a si mateixa\u00bb &mdash;dir&aacute; Joan Maragall.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la pregunta de qu&eacute; significa para &eacute;l la aventura de esculpir o de pintar, Giacometti responde:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; margin-left: 40px;\">ver, comprender el mundo, sentirlo intensamente y ampliar al m&aacute;ximo nuestra capacidad de exploraci&oacute;n [&#8230;] De cara a la sociedad es una actividad in&uacute;til. Cada obra de arte se ha engendrado absolutamente para nada, fuera de esa sensaci&oacute;n inmediata que se vive en el intento de aprehender la realidad. Y la gran aventura [trabajando un rostro], es ver surgir cada d&iacute;a algo absolutamente nuevo y desconocido en ese mismo rostro. Es algo m&aacute;s grande que dar no s&eacute; cuantas vueltas al mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Espacio vac&iacute;o, silencio del yo, como v&iacute;a de conocimiento; es un acercarse a la realidad que obliga a romper la distancia objetiva, a romper la dualidad. El prop&oacute;sito del silencio del \u00abyo\u00bb no es otro. Un silencio que se concreta en olvidar (en no alimentar) todo aquello que pueda dar consistencia a la solidez de la individuaci&oacute;n: &eacute;xito, b&uacute;squeda de resultados, historia personal, relaciones&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; margin-left: 40px;\">Cuando una pintura carece de vida &mdash;nos dice John Berger&mdash; se debe a que el pintor no ha tenido el coraje de acercarse lo suficiente para iniciar una colaboraci&oacute;n. Se queda a una distancia de \u00abcopia\u00bb. Acercarse significa olvidar la convenci&oacute;n, la fama, la raz&oacute;n, las jerarqu&iacute;as y el propio yo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Acercarse es estar dispuesto a consumirse. De ah&iacute; la constancia de la imagen de la llama, la llama que transforma consumiendo, la llama de amor de Juan de la Cruz, de Yunus Emre, de Goethe, amor que transforma en luz. Porque acercarse es un \u00ablaborar contra s&iacute;\u00bb, acercarse o vaciarse: los dos extremos se tocan. As&iacute; lo vemos en estas pocas l&iacute;neas de Francisco Pino:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; margin-left: 40px;\">En poes&iacute;a hay que perseguir, seguir un rastro, aunque no se consiga. Aunque d&eacute; miedo. Porque la poes&iacute;a es susto, caminas sobre un alambre expuesto a caerte, a no ser nadie. El poeta labora contra s&iacute;. Ofrece un contra s&iacute;, y no puede hacer posible nada m&aacute;s que a trav&eacute;s de su incendio. Por eso el poeta no comunica nada, se manifiesta encarnado en llamas, enllameado.[ <strong>5 <\/strong>]\n<p style=\"text-align: justify;\">Consumaci&oacute;n, destilaci&oacute;n capaz de mostrar. Intersecci&oacute;n en la que resplandece la verdad, espacio-luz&#8230; (Tr&iacute;as 1999: 415). La obra de arte y, quiz&aacute;s, el mismo artista en la medida en que el arte le haya transformado en habitante del l&iacute;mite, se nos ofrecen como verdadera experiencia simb&oacute;lica, certificando todas aquellas afirmaciones de Cassirer, Gadamer, Tr&iacute;as&#8230; que nos hablaban de ello, del arte y su ofrecimiento de verdad que es tal en cuanto que se produce esa experiencia. Consumaci&oacute;n que encarna el engarce y lo hace inteligible. Y, avanzamos, que el espacio simb&oacute;lico propio del arte ser&aacute; la obra, no necesariamente el artista. &Eacute;ste, como el cient&iacute;fico, o el fil&oacute;sofo, el buscador, el amante de la realidad desde cualquier &aacute;mbito, se acerca lo suficiente a la frontera como para poder dar noticia de ella. Puede concentrar su camino en el proceso creador, pero desandarlo una vez completado &eacute;ste. Pero desde cualquier camino de conocimiento, tambi&eacute;n el arte, habr&aacute; quien a fuerza de asomarse un d&iacute;a no retroceda m&aacute;s. O quien buscaba precisamente eso: transformarse a s&iacute; mismo en espacio simb&oacute;lico, en carne simb&oacute;lica. Todos compartir&aacute;n la condici&oacute;n fronteriza pero propiamente hablando, el &acute;\u00bbser del l&iacute;mite\u00bb ser&aacute; ese \u00abhabitante de la frontera\u00bb que ha dejado atr&aacute;s (o calcinado) su \u00abyo soy\u00bb por el \u00abEs\u00bb, o el \u00abSoy\u00bb, del cerco fronterizo. [ <strong>6<\/strong> ] <\/p>\n<p> Sea como fuere, ese acercarse, o incendio, o vaciado, o silencio del sujeto, en el grado que sea, se lleva a cabo desde el propio ser sujeto. Desde aquello que constituye al ser humano como tal: mente, sentir, acci&oacute;n. Para desplazar al sujeto habr&aacute; que hacerlo desde esa constituci&oacute;n suya, en varios frentes a la vez, o polarizando el esfuerzo en uno y remolcando al resto a partir de &eacute;ste. Ambas posibilidades se muestran como opciones v&aacute;lidas&#8230;<\/p>\n<hr \/>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>[1]<\/strong> F.Jullien. La grande image n&#8217;a pas de forme. Paris, Seuil, 2003. p&aacute;g. 254<br \/> <strong>[2]<\/strong> ibidem. p&aacute;g. 239<br \/> <strong>[3]<\/strong> Zambrano estaba convencida de la importancia del desarrollo de la atenci&oacute;n sostenida. En sus Notas de un m&eacute;todo, muy especialmente, desgrana pautas para un aprendizaje que tome en consideraci&oacute;n la doble posibilidad humana de forma arm&oacute;nica (\u00abconocer\u00bb y \u00absaber\u00bb, dir&aacute; ella). Su propuesta insiste en la importancia de una disciplina mental que considere, simult&aacute;neamente, el trabajo de concentraci&oacute;n que permita una atenci&oacute;n activa prolongada \u00abtendida hacia\u00bb y una entrega meditativa, libre, dispuesta, capaz de acoger lo que \u00abah&iacute; hay\u00bb. Simone Weil, respondiendo a la misma preocupaci&oacute;n, abogaba por \u00abeducar la atenci&oacute;n\u00bb, una mezcla de capacidad de espera y deseo, de vac&iacute;o, apertura y tensi&oacute;n hacia (1993: 68-72), con el convencimiento de que, con las condiciones adecuadas, aquello que ella llamaba \u00abvida de gracia\u00bb, era una posibilidad de todo ser humano.<br \/> <strong>[4]<\/strong> \u00abUn acto de atenci&oacute;n &mdash;dir&aacute; Bergson&mdash; implica tal solidaridad entre el esp&iacute;ritu y su objeto, es un circuito tan bien cerrado, que no se podr&iacute;a pasar a estados de concentraci&oacute;n superior sin crear con todas las piezas otros tantos circuitos nuevos que envuelven al primero y que no tienen en com&uacute;n entre s&iacute; otra cosa que el objeto percibido\u00bb (1987: 65)<br \/> <strong>[5]<\/strong> en El Pa&iacute;s, 24-07-1999 (suplemento Babelia, p&aacute;g. 5)<br \/> <strong>[6]<\/strong> \u00absi Te tocan, me tocan, Tu eres yo\u00bb, \u00aben el fondo de mi nada, Tu\u00bb, dir&aacute; al Halladj, hasta llegar a formular aquel Ana&rsquo;l Haqq&rsquo; &mdash;\u00bbyo soy la Verdad\u00bb&mdash; que le cost&oacute; la vida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>* fragmento de La verdad del silencio: &nbsp; por los caminos del asombro. &nbsp; Barcelona, Herder, 2009. 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