{"id":54708,"date":"2010-03-28T00:00:00","date_gmt":"2010-03-28T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2016-09-21T13:39:18","modified_gmt":"2016-09-21T11:39:18","slug":"cuentos_zen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/cuentos_zen\/","title":{"rendered":"CUENTOS ZEN *"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>La taza de te<\/strong><br \/>\nNan-in, un maestro japon\u00e9s de la era Meji recibi\u00f3 cierto d\u00eda la visita de un erudito, profesor en la Universidad, que ven\u00eda a informarse acerca del Zen.<br \/>\nNan-in sirvi\u00f3 el t\u00e9 al visitante. Colm\u00f3 hasta el borde la taza de su hu\u00e9sped, y entonces, en vez de detenerse, sigui\u00f3 vertiendo t\u00e9 sobre ella con toda naturalidad.<br \/>\nEl erudito contemplaba absorto la escena, hasta que al fin no pudo contenerse m\u00e1s.<br \/>\n&#8211; Est\u00e1 ya llena hasta los topes, No siga, por favor.<br \/>\n&#8211; Como esta taza \u2013dijo entonces Nan-in- est\u00e1s t\u00fa lleno de tus propias opiniones y especulaciones, \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda ense\u00f1arte lo que es el Zen a menos que vac\u00edes primero tu taza?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><br \/>\nLas puertas del para\u00edso<\/strong><br \/>\nUn soldado llamado Nobushige pregunt\u00f3 en cierta ocasi\u00f3n a Hakuin:<br \/>\n&#8211; \u00bfHay verdaderamente un infierno y un para\u00edso?<br \/>\n&#8211; \u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa? \u2013le interrog\u00f3 Hakuin.<br \/>\n&#8211; Soy un samurai \u2013replic\u00f3 el guerrero.<br \/>\n&#8211; \u00bfT\u00fa, un soldado? \u2013exclam\u00f3 Hakuin. \u00bfQu\u00e9 gobernante te aceptar\u00eda en su guardia? Tu cara recuerda la de un pordiosero.<br \/>\nNobushige se enfureci\u00f3 al o\u00edr esto de tal forma que llev\u00f3 amenazadoramente su mano al mango de la espada. Pero Hakuin prosigui\u00f3:<br \/>\n&#8211; \u00a1As\u00ed que tienes una espada! Probablemente sea un arma demasiado burda para cortar mi cabeza. Nobushige sac\u00f3 la espada de su funda. Hakuin dijo: \u00a1Aqu\u00ed se abren las puertas del infierno!<br \/>\nComprendiendo el sentido de las palabras del maestro, el samurai envain\u00f3 la espada e hizo una reverencia.<br \/>\n&#8211; \u00a1Aqu\u00ed se abren las puertas del para\u00edso!, concluy\u00f3 Haku\u00edn.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Par\u00e1bola<\/strong><br \/>\nUn hombre que paseaba por un campo se encontr\u00f3 con un tigre.<br \/>\nDio media vuelta y huy\u00f3 con el tigre pis\u00e1ndole los talones. Al llegar a un precipicio, se agarr\u00f3 a la ra\u00edz de una vieja parra y se dej\u00f3 colgar sobre el abismo. El tigre lo olfateaba desde arriba. Estremeci\u00e9ndose, el hombre mir\u00f3 hacia el fondo del precipicio, en donde otro tigre esperaba \u00e1vido su ca\u00edda para devorarlo. S\u00f3lo la parra lo sosten\u00eda.<br \/>\nDos ratones empezaron entonces a roer la ra\u00edz. A su lado, el hombre vio una fresa silvestre de aspecto suculento. Aferr\u00e1ndose a la parra con una mano, pudo alcanzar la fresa con la otra. \u00a1Qu\u00e9 deliciosa estaba!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Viejo cubo<\/strong><br \/>\nLa monja Chiyono tra\u00eda agua del pozo en un viejo cubo atado con hojas de bamb\u00fa. \u00c9stas se rompieron y la base del cubo se desprendi\u00f3, derram\u00e1ndose toda el agua al exterior. En ese instante, Chiyono se liber\u00f3. Escribi\u00f3 este poema:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">D\u00eda tras d\u00eda trat\u00e9 de salvar el viejo cubo<br \/>\npues las tiras de bamb\u00fa se debilitaban<br \/>\ny amenazaban con romperse.<br \/>\nHasta que al fin la base cedi\u00f3.<br \/>\n\u00a1No hay ya agua en el cubo!<br \/>\n\u00a1No hay ya luna en el agua!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><br \/>\nAprendiendo a callarse<\/strong><br \/>\nCuatro estudiantes se prometieron el uno al otro observar siete d\u00edas de absoluto silencio.<br \/>\nDurante el primer d\u00eda, todos permanecieron callados. Su meditaci\u00f3n hab\u00eda empezado con buen pie. Pero al caer la noche, como fuera que la luz de las l\u00e1mparas de aceite hab\u00edan empezado a palidecer, uno de los estudiantes no pudo evitar decir a un sirviente:<br \/>\n&#8211; Recarga esas l\u00e1mparas.<br \/>\nUn segundo estudiante se qued\u00f3 estupefacto al o\u00edr hablar al primero.<br \/>\n&#8211; Se supon\u00eda que no \u00edbamos a decir una palabra \u2013observ\u00f3.<br \/>\n&#8211; Sois los dos unos est\u00fapidos. \u00bfPor qu\u00e9 hab\u00e9is hablado? \u2013pregunt\u00f3 el tercero.<br \/>\n&#8211; Yo soy el \u00fanico que no digo nada \u2013concluy\u00f3 el cuarto estudiante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Temperamento<\/strong><br \/>\nUn estudiante se quejaba en cierta ocasi\u00f3n ante Bankei:<br \/>\n&#8211; Maestro, tengo muy mal temperamento. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda controlarlo?<br \/>\n&#8211; Tienes algo muy raro \u2013replic\u00f3 Bankei. D\u00e9jame verlo.<br \/>\n&#8211; No puedo ense\u00f1arlo en este momento \u2013dijo el otro.<br \/>\n&#8211; \u00bfCu\u00e1ndo podr\u00e1s hacerlo? \u2013pregunt\u00f3 Bankei.<br \/>\n&#8211; Surge de improviso \u2013contest\u00f3 el estudiante.<br \/>\n&#8211; Entonces \u2013concluy\u00f3 el maestro- no debe ser tu propia naturaleza. Si lo fuera, podr\u00edas ense\u00f1\u00e1rmelo cuando quieras. No lo llevabas contigo cuando naciste, y tus padres no te lo dieron. Piensa en ello.<\/p>\n<hr \/>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>* Fuente: Carne de zen, huesos de zen: historias, leyendas y cuentos zen. Valencia, Ahimsa, 2000.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La taza de te Nan-in, un maestro japon\u00e9s de la era Meji recibi\u00f3 cierto d\u00eda la visita de un erudito, profesor en la Universidad, que ven\u00eda a informarse acerca del Zen. Nan-in sirvi\u00f3 el t\u00e9 al visitante. 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