{"id":54989,"date":"2010-10-24T00:00:00","date_gmt":"2010-10-24T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"el_cultivo_de_la_gran_calidad_humana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/el_cultivo_de_la_gran_calidad_humana\/","title":{"rendered":"El cultivo de la gran calidad humana: la sabidur\u00eda"},"content":{"rendered":"<p>Hay que recuperar la sabidur&iacute;a de las antiguas tradiciones religiosas, heredando su esp&iacute;ritu y reinvent&aacute;ndolo en formas nuevas.<\/p>\n<p>Desde donde estamos, en los inicios del siglo XXI, todas las tradiciones religiosas de la humanidad hablan a las nuevas sociedades &uacute;nicamente de la gran calidad humana, que es la sabidur&iacute;a, y de c&oacute;mo cultivarla. Para nosotros, en las nuevas condiciones culturales, ese es todo el contenido de las grandes y variadas tradiciones religiosas de nuestra especie.<\/p>\n<p>Las tradiciones hablan de &ldquo;eso&rdquo;, y s&oacute;lo de &ldquo;eso&rdquo;, pero lo expresan y lo ense&ntilde;an en un contexto cultural en el que las creencias y, su consecuencia, la sacralidad, estructuraban el pensamiento, el sentir, la organizaci&oacute;n, la acci&oacute;n y toda la vida de las sociedades humanas.<\/p>\n<p>Hemos de recuperar esa vieja y rica sabidur&iacute;a universal y milenaria, pero reinvent&aacute;ndola en un ambiente cultural estructurado sobre postulados y proyectos construidos por nosotros mismos, pero sin creencias y sin sacralidad, laico.<\/p>\n<p>La ense&ntilde;anza de las grandes tradiciones religiosas es escueta y clara: hablan del <em>inter&eacute;s incondicional<\/em> por todo lo real; del <em>distanciamiento que es desapego<\/em> de los est&iacute;mulos y situaciones; y del <em>silenciamiento interior<\/em> de pensamientos y sentimientos.<\/p>\n<p>Estos tres elementos conforman una actitud de apertura desegocentrada, de amor y de inter&eacute;s por lo real, que propicia un conocimiento nuevo de todo y de s&iacute; mismo.<\/p>\n<p>Los m&eacute;todos para adquirir esa actitud son muy variados, pero se estructuran entorno de los pocos ejes centrales de nuestras facultades: el uso de la mente, el de la sensibilidad y la percepci&oacute;n, y el de la acci&oacute;n.<\/p>\n<p>La ense&ntilde;anza de estos procedimientos y m&eacute;todos, en la mayor&iacute;a de los casos, no en todos, se hace en un lenguaje y pr&aacute;ctica entramado de creencias y de sacralidad.<\/p>\n<p>En nuestras condiciones culturales, tendr&iacute;amos que recuperar los m&eacute;todos de cultivo del inter&eacute;s incondicional, del desapego y del silenciamiento interior, prescindiendo por completo y radicalmente de creencias del tipo que sean y de sacralidades.<\/p>\n<p>El segundo aspecto del mensaje de las tradiciones religiosas lo forman las expresiones de la sabidur&iacute;a alcanzada, las exhortaciones a luchar por ella y las advertencias con respecto a las posibles desviaciones y errores.<\/p>\n<p>Este lenguaje expresivo, hecho con mucha frecuencia usando mitos, s&iacute;mbolos y narraciones sagradas, es semejante a la poes&iacute;a. Expresa y habla de lo que no se puede decir, sino s&oacute;lo apuntar, sugerir. En algunas tradiciones se expresa y apunta a la sabidur&iacute;a m&aacute;s con conceptos que con s&iacute;mbolos o con una mezcla de unos y otros.<\/p>\n<p>En la mayor&iacute;a de los casos, no en todos, las afirmaciones sobre la sabidur&iacute;a, las exhortaciones a su b&uacute;squeda o a evitar los errores, se hace desde culturas estructuradas sobre creencias y sacralidades.<\/p>\n<p>Podemos comprender y vivir esas venerables, profundas y bellas expresiones desde nuestra propia situaci&oacute;n, sin participar en sus creencias ni en su sacralidad, aunque s&iacute; en su sabidur&iacute;a, de una forma semejante a c&oacute;mo podemos participar de la belleza de la poes&iacute;a de los grandes autores cl&aacute;sicos greco-romanos, y aprender de ellos, sin comulgar con sus creencias ni con su sentido de la sacralidad.<\/p>\n<p>As&iacute;, la gran calidad humana, que es la sabidur&iacute;a de la que hablan todas las grandes tradiciones religiosas de la humanidad, puede comprenderse, cultivarse y vivirse, sin por ello, tener que ser creyente o tener que participar en el sentido de sacralidad propio de las diversas tradiciones religiosas.<\/p>\n<p>La nueva forma de cultivar la sabidur&iacute;a de las viejas y venerables tradiciones, ser&iacute;a totalmente sin creencias y vac&iacute;a de sacralidad.<\/p>\n<p>La sacralidad de las religiones est&aacute; ligada a las creencias, a los rituales, a los sacerdocios, a lugares y templos, a d&iacute;as sagrados y fiestas sagradas. Est&aacute; ligada, en muchas ocasiones, a un sentido jer&aacute;rquico de la vida, de la sociedad, del tiempo y del espacio.<\/p>\n<p>Lo sagrado expresa, en la dualidad y en la pluralidad, en el espacio y en el tiempo, lo divino, lo absoluto, lo totalmente otro. Hace presente, en la inmanencia de la cotidianidad, el Misterio, la Fuente, la Unidad; pero lo hace presente &ldquo;separado, segregado&rdquo;, que eso significa sagrado.<\/p>\n<p>Cuando mitos, s&iacute;mbolos, ritos y escrituras sagradas estructuraban a las sociedades, hab&iacute;a &aacute;mbitos&nbsp; sacros y &aacute;mbitos profanos. Cuando las sociedades se estructuran sin narraciones sagradas, desaparece la contraposici&oacute;n de &ldquo;sagrado y profano&rdquo;.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a sacralidad cuando un discurso axiol&oacute;gico de origen divino era el fundamento de la cohesi&oacute;n del grupo, el fundamento de la organizaci&oacute;n social y familiar jer&aacute;rquica, de sus principios morales, del cuadro b&aacute;sico de interpretaciones y valoraciones colectivas. Toda la articulaci&oacute;n social estaba fundamentada, expresada y socializada a trav&eacute;s de unas creencias que se derivaban de las narraciones sagradas.<\/p>\n<p>Estos discursos constitucionales de las sociedades se&ntilde;alaban lugares densos de significaci&oacute;n y valor, donde se hac&iacute;an patentes los dos niveles de la significaci&oacute;n (el que trasluce el misterio del existir y el que fundamenta la vida pr&aacute;ctica) y lugares de menor densidad y significaci&oacute;n.<\/p>\n<p>En el discurso y, a trav&eacute;s de &eacute;l y por &eacute;l, en la estructura de la sociedad, en su organizaci&oacute;n del espacio y del tiempo, se daban puntos centrales de significaci&oacute;n pr&aacute;ctica y ontol&oacute;gica, y puntos de diverso grado de periferia. Los puntos centrales densos eran los lugares en los que se trasluc&iacute;a la sacralidad y los puntos de diverso grado de periferia eran los profanos.<\/p>\n<p>As&iacute; se estructuraron todas las sociedades preindustriales. Todas ellas tuvieron esa contraposici&oacute;n entre lo central sagrado y lo perif&eacute;rico profano. Las religiones cultivaron, mantuvieron y defendieron esa estructura. Sosteniendo y vivificando esos centros sacros se manten&iacute;a la totalidad del sistema de las sociedades preindustriales. Sin religi&oacute;n, las sociedades preindustriales no hubieran subsistido; las religiones eran el principio de orden y estructuraci&oacute;n de las sociedades.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En las nuevas condiciones culturales, sin creencias, laicas y democr&aacute;ticas, no hay soportes ni institucionales ni espont&aacute;neos para la sacralidad. Que carezca de sacralidad no quiere decir que sea una sociedad cerrada a toda dimensi&oacute;n que no sea pragm&aacute;tica, que sea sorda a la invitaci&oacute;n al camino interior; significa &uacute;nicamente que son sociedades en las que ya no est&aacute;n vigentes las milenarias categor&iacute;as de &ldquo;sagrado y profano&rdquo;.<\/p>\n<p>Las antiguas construcciones sociales y culturales preindustriales podr&iacute;an compararse a <em>edificaciones con grandes vidrieras,<\/em> por donde penetraba la luz de las dimensiones del silencio y la gratuidad. En esas edificaciones hab&iacute;a vidrieras por donde penetraba la luz &ndash;lugares sagrados- y paredes opacas con rincones m&aacute;s o menos oscuros &ndash;lugares profanos-.<\/p>\n<p>Las nuevas edificaciones culturales no tienen ese tipo de vidrieras, pero no bloquean la salida a la luz exterior. Desde su seno, desde cualquier lugar del edificio se puede salir a la luz.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los rasgos de las nuevas edificaciones sociales tienen claras consecuencias para el planteo del camino interior.<\/p>\n<p>La dimensi&oacute;n profunda de la existencia, la que en el pasado llam&aacute;bamos sagrada y que todav&iacute;a tenemos que denominar as&iacute; por falta de otro t&eacute;rmino mejor, ya no pasa por la divisi&oacute;n &ldquo;sagrado\/profano&rdquo;.<\/p>\n<p>Si no pasa por la contraposici&oacute;n &ldquo;sagrado\/profano&rdquo;, no pasa por las religiones tal como se viv&iacute;an en las sociedades anteriores, ni pasa por organizaciones sagradas y sus rituales. Pasar&aacute; por la pr&aacute;ctica del silencio interior desde sociedades sin sacralidad alguna y laicas; pasar&aacute; por la gu&iacute;a de los maestros del camino interior y por las asociaciones de individuos que practican la v&iacute;a en torno de escuelas, tradiciones y maestros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay que recuperar la sabidur&iacute;a de las antiguas tradiciones religiosas, heredando su esp&iacute;ritu y reinvent&aacute;ndolo en formas nuevas. Desde donde estamos, en los inicios del siglo XXI, todas las tradiciones religiosas de la humanidad hablan a las nuevas sociedades &uacute;nicamente de la gran calidad humana, que es la sabidur&iacute;a, y de c&oacute;mo cultivarla. 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