{"id":55024,"date":"2010-10-07T00:00:00","date_gmt":"2010-10-07T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"la_musica_y_la_dimension_no_dual_de","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/la_musica_y_la_dimension_no_dual_de\/","title":{"rendered":"La m\u00fasica y la dimensi\u00f3n no dual de la realidad"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Antes de hablar de la m&uacute;sica y la cualidad profunda humana, la &ldquo;espiritualidad&rdquo; de nuestros antepasados, empezar&eacute; hablando de la belleza.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La verdad espiritual no es ninguna formulaci&oacute;n, es la verdad del no-dos, por tanto m&aacute;s all&aacute; de toda formulaci&oacute;n. Desde el punto de vista de la objetivaci&oacute;n, de la formulaci&oacute;n, de la posibilidad de acotaci&oacute;n, de definici&oacute;n, es una verdad vac&iacute;a. Es noticia, es certeza, pero no es ni noticia ni certeza de nada ni de nadie, porque se sit&uacute;a m&aacute;s all&aacute; de las categor&iacute;as de sujeto, objeto, individualidad.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa verdad, no es una verdad entre otras, es la Verdad, la roca s&oacute;lida e inconmovible del conocer silencioso, del sentir silencioso y de la certeza silenciosa. Les llamo silenciosos porque son firmes como ninguna otra firmeza, pero callados, informulables, indecibles. Su indicibilidad no es a causa de su oscuridad, sino a la potencia de su luz inasible con nuestras d&eacute;biles categor&iacute;as y capacidades de significar, propias de pobres vivientes necesitados.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La belleza, no la belleza de &eacute;sto o aqu&eacute;llo, sino la gran Belleza, la que expresa la gran m&uacute;sica, la gran poes&iacute;a y las grandes artes pl&aacute;sticas, es la belleza de &ldquo;lo que es&rdquo;. Es la belleza no-dos.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entre la Verdad y la Belleza no hay frontera ni diferencia alguna. La Verdad es el no-dos, &ldquo;lo que es&rdquo; que se dice a nuestra mente, o mejor dicho, que se dice a s&iacute; misma en nuestra mente, y la Belleza es el no-dos, &ldquo;lo que es&rdquo; que se dice a nuestros sentidos y a nuestro coraz&oacute;n, o mejor, que se dice a s&iacute; misma en nuestros sentidos y en nuestro coraz&oacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La Belleza es el vocero de la Verdad, es el esplendor de la Verdad. La Belleza es la Verdad.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La Belleza, como la Verdad, se dice en este mundo, en nuestro mundo que es siempre concreto, de sujetos, objetos, individualidades. Se dice en ese mundo humano, pero dice y canta &ldquo;lo que es&rdquo;. Dice que eso que parecen objetos y sujetos, cosas e individualidades es patentemente, a vista de ojos, a nuestros o&iacute;dos, a nuestro tacto, &ldquo;el que es&rdquo;, &ldquo;lo que es&rdquo;, no-dos. Y &ldquo;eso que es&rdquo; est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de todas nuestras posibles categorizaciones, es vac&iacute;o de toda posible delimitaci&oacute;n. La Belleza es como la Verdad, una Belleza vac&iacute;a porque habla, se expresa, canta, sin que haya un sujeto que se exprese, cante o hable y no expresan, ni hablan, ni cantan algo objetivable.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todas las artes, en la peque&ntilde;a o gran medida en que lo son, apuntan y expresan &ldquo;lo que es&rdquo;, nos introducen, nos empujan a sumergirnos en la Verdad de lo que todo es.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La m&uacute;sica es una forma especialmente sutil de hacer presente la Belleza en toda su sutilidad vac&iacute;a de sujetos, objetos e individualidades.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Toda m&uacute;sica se sit&uacute;a en un &aacute;mbito de la realidad en el que no hay ni sujetos, ni objetos, ni individualidades. Este es un hecho muy poco ponderado al pensar en la naturaleza de la m&uacute;sica. No es la expresi&oacute;n del artista, -la expresi&oacute;n de un sujeto-, aunque s&iacute; sea la vivencia de esa dimensi&oacute;n de lo real en un individuo concreto. Lo que se expresa en la obra musical no es una subjetividad, ni siquiera la m&aacute;s genial del artista, sino el aspecto de la realidad en el que ya no hay ni sujetos ni objetos.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La obra musical es la expresi&oacute;n del &ldquo;no-dos&rdquo; en una subjetividad y en sus condicionamientos culturales y personales. Como la espiritualidad se dice en las condiciones culturales de los pueblos y de las personas, como la m&iacute;stica se expresa tambi&eacute;n en los condicionamientos culturales y personales de una individualidad, as&iacute; ocurre con la m&uacute;sica.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero como lo que se dice en una religi&oacute;n no son los condicionamientos culturales, sino eso sutil innombrable; igualmente en el m&iacute;stico no se dicen sus condicionamientos personales, sino la profundidad de la presencia, en su esp&iacute;ritu, de esa otra dimensi&oacute;n; de forma semejante en la m&uacute;sica no se dice la expresi&oacute;n de la subjetividad del compositor, sino la vivencia del &ldquo;no-dos&rdquo; en su mente y su coraz&oacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el conjunto de condicionamientos culturales y personales del m&uacute;sico se dice &ldquo;Eso que est&aacute; presente en todo tipo de condicionamientos&rdquo;, pero que no es ninguno de ellos.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La m&uacute;sica habla de &ldquo;Eso real&rdquo; que no es ni sujeto, ni objeto, ni individualidad alguna; y lo dice con la mente y el coraz&oacute;n. O mejor, en la m&uacute;sica canta &ldquo;Eso no-dos&rdquo;. En la m&uacute;sica se dicen las infinitas caras del diamante de &ldquo;lo que es&rdquo;; y se dicen con las formas sensibles m&aacute;s sutiles que se pueda imaginar para un pobre animal viviente: con los sonidos.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La m&uacute;sica es el uso de nuestra capacidad auditiva y de nuestra capacidad de emitir sonidos, sea con la voz o con instrumentos construidos para eso, prescindiendo de lo que es el uso habitual y pr&aacute;ctico de nuestro sentido del o&iacute;do y de nuestra capacidad de articular sonidos. En la m&uacute;sica no se usa toda esa nuestra capacidad ac&uacute;stica para defendernos, ni para comunicarnos con otros, de manera que articulemos nuestra acci&oacute;n conjunta de forma eficaz para sobrevivir. La m&uacute;sica es un uso del sonido completamente gratuito; es un juego gratuito. Y es m&aacute;s que eso, porque es una recia y profunda investigaci&oacute;n de &ldquo;lo que es&rdquo;. Es una investigaci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de las fronteras de los sujetos y objetos y es la expresi&oacute;n de esa investigaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Toda obra musical es una investigaci&oacute;n del mundo que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de las fronteras de nuestras necesidades y es un acto de necesaria comunicaci&oacute;n de lo hallado. Es un acto de ra&iacute;z ling&uuml;&iacute;stica &ndash;si no fu&eacute;ramos hablantes no podr&iacute;amos tener m&uacute;sica-, pero ya sin palabras, que usa los sonidos para llegar a unos grados muy altos de sutilidad y complejidad.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La m&uacute;sica es un acto de comunicativo de un animal que habla, pero un acto profundamente comunicativo en el que nadie dice nada sobre nada. Se canta el puro existir, con sus alegr&iacute;as, sus penas, sus angustias y sus dolores. No se canta la alegr&iacute;a ni el dolor de nadie, ni tampoco de nada concreto, aunque las ocasiones que la provoquen sean concretas.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cualquier situaci&oacute;n, sentimiento, acontecimiento, preocupaci&oacute;n puede ser motivo para que la m&uacute;sica cante&nbsp; el Ser, la dimensi&oacute;n &ldquo;no-dos&rdquo; que est&aacute; en el seno de todo, pero no es nada concreto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La m&uacute;sica es una prueba fehaciente de que hay m&aacute;s, mucho m&aacute;s que el mundo de realidades que se presenta como de sujetos u objetos, de individuos o grupos; es prueba de que existe un nivel de realidad m&aacute;s profundamente real, m&aacute;s profundamente sentida como real, que ese mundo construcci&oacute;n de los vivientes; es prueba de que existe la dimensi&oacute;n &ldquo;no-dos&rdquo; de las realidades.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La m&uacute;sica prueba que existe una dimensi&oacute;n de la realidad, que est&aacute; presente en cada cosa, en cada acontecimiento, en cada sentir, pero no se liga a esas realidades y acontecimientos, porque contin&uacute;a teniendo valor cuando se perdi&oacute; la memoria de los acontecimientos o realidades que la provocaron. Es m&aacute;s, la m&uacute;sica es aut&oacute;noma de su autor, puede olvidarlo y continuar teniendo todo su valor.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La m&uacute;sica est&aacute; condicionada por el tiempo y por el espacio, y los utiliza, pero los utiliza para cantar esa dimensi&oacute;n extra&ntilde;a y sutil, que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; del espacio y el tiempo.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Est&aacute; condicionada por los tipos de sociedades en que ocurre y por los instrumentos y voces con las que canta, pero utiliza esos condicionamientos para cantar&nbsp; de formas diversas y siempre nuevas, la dimensi&oacute;n de lo real que trasciende todo condicionamiento. Y lo hace de tal forma que cuando desaparecen esos condicionantes, la m&uacute;sica contin&uacute;a con todo su valor intacto.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La m&uacute;sica es la prueba irrefutable de que la dimensi&oacute;n del puro existir es sutil, pero que su sutilidad no le impide, sino todo lo contrario, ser luz, conocimiento, conmoci&oacute;n de la sensibilidad, la conmoci&oacute;n m&aacute;s alta y honda. La m&uacute;sica habla, a quien sabe escuchar, de la dimensi&oacute;n &ldquo;no-dos&rdquo; de lo real, de &ldquo;Eso que es&rdquo;, que sin ser persona, ni individualidad, ni realidad objetivable alguna; es luz de la mente y conmoci&oacute;n profunda de la sensibilidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La interpretaci&oacute;n de la naturaleza de la m&uacute;sica ha estado presa y condicionada por el te&iacute;smo y el individualismo de la cultural occidental. Occidente no ha podido reconocer el car&aacute;cter de la m&uacute;sica como canto del &ldquo;no-dos&rdquo;, de eso sutil que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de toda categor&iacute;a de sujeto, objeto e individualidad. Rum&iacute;, por el contrario, s&iacute; fue capaz de reconocer esa naturaleza de la m&uacute;sica en el canto del ney.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde un punto de vista espiritual podr&iacute;amos decir que la m&uacute;sica es la presencia expl&iacute;cita de &ldquo;Eso que es&rdquo;; es su pisada en nuestro pobre mundo; es el manto glorioso de Dios; es la conmoci&oacute;n que provoca la proximidad.<\/p>\n<p>La m&iacute;stica llega al coraz&oacute;n mismo de &ldquo;lo que es&rdquo;; la m&uacute;sica es el canto que brota de la proximidad, que en ocasiones llega al coraz&oacute;n mismo de la proximidad.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Quien se sumerge en la m&uacute;sica se sumerge m&aacute;s all&aacute; de s&iacute; mismo pero en s&iacute; mismo; en &ldquo;lo que es&rdquo;, que no es ni Dios, ni persona, ni objeto, ni individuo, pero que es m&aacute;s s&oacute;lido que el objeto m&aacute;s s&oacute;lido, que es m&aacute;s que cualquier individualidad por poderosa que sea, que es luz mental y calor del sentir no subjetiva y que es m&aacute;s real y sutil que cualquier figuraci&oacute;n divina.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La m&uacute;sica, toda ella, y cada tipo de m&uacute;sica a su nivel, es la presencia patente y clara &ldquo;de lo que es&rdquo; que no es dual ni individual. Toda la m&uacute;sica es alejarse de las costas del ego y de sus intereses. El alejamiento puede ser mayor o menor, pero siempre es navegaci&oacute;n mar adentro, aunque en muchas ocasiones sea para volver a tierra pronto, en el ego.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Hay un uso perverso de la m&uacute;sica? Si lo hay; como hay un uso perverso de la religi&oacute;n e incluso de la alta espiritualidad. Se puede utilizar la m&uacute;sica para encender las pasiones, para estimular la agresividad, para sumergir en una sensualidad vaga, autocomplaciente.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La m&uacute;sica es un fen&oacute;meno antropol&oacute;gico y, por tanto, es un fen&oacute;meno, aunque sutil, de un depredador. El depredador puede utilizar todas sus dimensiones, incluso las m&aacute;s altas y sublimes para depredar mejor y m&aacute;s eficazmente. En un viviente, con tantos niveles como el humano, hay muchos tipos de depredaci&oacute;n: la f&iacute;sica, la mental, la de la sensibilidad e incluso la depredaci&oacute;n espiritual.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero el mal uso que se pueda hacer de la m&uacute;sica, mal uso que se apoya en la profundidad de la riqueza de la experiencia que provoca, no desminuye su valor, ni desfigura su realidad. Tampoco justifica que por el mal uso que se pueda hacer de ella, se la excluya de la vida de los hombres.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hoy es uno de los pocos lugares en el que las gentes encuentran un acceso real y verdadero a la dimensi&oacute;n &ldquo;no-dos&rdquo; y sutil de nuestra existencia. Basta con asistir a una sala de conciertos para poderlo comprobar. Incluso los grandes acontecimientos musicales de la juventud tienen mucho de navegaci&oacute;n que permite, aunque sea por unos breves ratos, navegar m&aacute;s all&aacute; de loas playas del yo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La m&uacute;sica se puede vivir como creador, como int&eacute;rprete y como oyente. Tres maneras de presentarse el mismo fen&oacute;meno, intr&iacute;nsecamente emparentadas, tanto que deben formar una unidad.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El creador, cantando y construyendo su canto, vive, siente y conoce lo Real en su sutilidad. Su creaci&oacute;n es una indagaci&oacute;n y es el resultado de su indagaci&oacute;n.<\/p>\n<p>El int&eacute;rprete recrea, vive de nuevo lo que el autor creo, indag&oacute; y vivi&oacute;.<\/p>\n<p>El oyente debe recrear, con el autor y el int&eacute;rprete, lo que ellos ya hicieron. La suya no es una actitud pasiva, sino que debe ser tan activa, a ser posible, como la del creador y la del int&eacute;rprete. Escuchar m&uacute;sica es verificar por s&iacute; mismo lo que otros indagaron, rehaciendo la indagaci&oacute;n y verific&aacute;ndola.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay una forma de escuchar m&uacute;sica incorrecta, aunque muy practicada. Consiste en ponerse en una actitud pasiva para que la m&uacute;sica remueva los sentimientos y emociones del yo. Eso no es escuchar m&uacute;sica, sino utilizar la m&uacute;sica para escucharse a s&iacute; mismo. De todas formas no crea&nbsp; un efecto negativo, porque amplifica, purifica, engrandece, ennoblece, diversifica los sentires del yo, ayud&aacute;ndole a salir de sus estrechos l&iacute;mites. La m&uacute;sica, incluso as&iacute; de mal o&iacute;da, mejora a la gente, la hace m&aacute;s sensitiva, pero no la libera del yo, ni le da el conocimiento que le podr&iacute;a proporcionar.<\/p>\n<p>Incluso puede servir para construir un yo m&aacute;s poderoso, m&aacute;s egocentrado, m&aacute;s pagado de s&iacute; mismo. Eso puede ocurrir en creadores e int&eacute;rpretes m&aacute;s que en oyentes; y no es infrecuente, ni mucho menos. Ya hemos indicado antes que la m&uacute;sica, como la espiritualidad, puede tener un uso diab&oacute;lico.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El correcto uso de la m&uacute;sica, en cualquiera de sus formas, podr&iacute;amos decir que es sagrado, en cuanto que, poco o mucho, superficial o profundamente, saca del yo e introduce en el &aacute;mbito del &ldquo;no-dos&rdquo;.<\/p>\n<p>A causa de esta naturaleza de la m&uacute;sica, puede ser empleada de muchas maneras para hacer silencio, para orar en sentido amplio, para indagar adentr&aacute;ndose en el &ldquo;no-dos&rdquo;.<\/p>\n<p>Describir&eacute; algunas formas de hacerlo. No pretendo ser exhaustivo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La primera forma es sumergirse en el &ldquo;no-dos&rdquo; expresado y puesto patente por la m&uacute;sica. Sumergirse en el gran canto de la gran m&uacute;sica es adentrarse en la indagaci&oacute;n y en la verificaci&oacute;n de &ldquo;Eso que es&rdquo;.<\/p>\n<p>Hay que vivir la m&uacute;sica como la presencia expl&iacute;cita del &ldquo;no-dos&rdquo;. Se trata de una indagaci&oacute;n con la mente y el coraz&oacute;n, consciente de que se est&aacute; en la presencia revelada de &ldquo;lo que es&rdquo; sin sujetos, sin objetos, sin individualidades, ni palabras, sutil e inmediata. Incluso cuando en el canto se utilizan palabras, la m&uacute;sica las traga y en muchas ocasiones, si no en todas, el canto podr&iacute;a ir con esas palabras o con otras.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hay otra forma importante de hacer silencio, de meditar con la m&uacute;sica: utilizarla como plataforma. La m&uacute;sica que se escucha funciona como una especie de plataforma ya no situada en el nivel de los sujetos,&nbsp; los objetos, las individualidades, sino situada en el nivel de la no-cotidianidad. Desde esa plataforma se puede partir para indagar lo Real con la mente, con el coraz&oacute;n o con los dos a la vez.<\/p>\n<p>Este uso es potente y eficaz, si se sabe huir de la actitud que hemos expresado ya: la actitud pasiva que utiliza la m&uacute;sica como una cuchara para remover el propio interior, los propios sentimientos siempre relacionados con deseos, temores y expectativas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se puede usar la m&uacute;sica tambi&eacute;n para purificar la mente y el coraz&oacute;n; para estimularlos, para darles potencia para adentrarse en la meditaci&oacute;n, en la indagaci&oacute;n, en la verificaci&oacute;n de lo Real.<\/p>\n<p>La m&uacute;sica es, adem&aacute;s, un potente medio para enamorarse de la dimensi&oacute;n sutil que expresa, que es &ldquo;el que es&rdquo;, para acrecentar el inter&eacute;s y el amor por esa sutil dimensi&oacute;n gratuita, que es la verdaderamente real; para ejercitar el desapego de todo lo que la gente valora; para silenciar nuestras preocupaciones cotidianas, nuestros deseos y temores, nuestros recuerdos y expectativas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n puede utilizarse como objeto de concentraci&oacute;n. Concentr&aacute;ndose en su canto, en la complejidad de su armon&iacute;a, en las diversas l&iacute;neas que componen la obra, en la instrumentaci&oacute;n, en el ritmo, en el conjunto sin tiempo de la obra, en su mensaje profundo. Esa concentraci&oacute;n silencia al yo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el aprendizaje del uso de la m&uacute;sica se precisa una cierta estrategia para no caer en el uso de la m&uacute;sica que es, b&aacute;sicamente cultivar y excitar los sentimientos. Se puede empezar por escuchar la m&uacute;sica que para nosotros resultan hoy menos centradas en los sentimientos, como la m&uacute;sica medieval y renacentista, el gregoriano, la m&uacute;sica cl&aacute;sica, la barroca, algunas formas de m&uacute;sica contempor&aacute;nea, algunas m&uacute;sicas &eacute;tnicas, algunos tipos de m&uacute;sica &aacute;rabe o hind&uacute;.<\/p>\n<p>Luego puede uno enfrentarse con las obras rom&aacute;nticas, las escuelas nacionales, etc. Puede seguirse con el jazz, el flamenco, etc. Por fin se pueden utilizar las m&uacute;sicas populares.<\/p>\n<p>Todas sirven, pero uno debe saber donde est&aacute; y qu&eacute; pretende, si bordear los abismos o pasearse por el jard&iacute;n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Antes de hablar de la m&uacute;sica y la cualidad profunda humana, la &ldquo;espiritualidad&rdquo; de nuestros antepasados, empezar&eacute; hablando de la belleza. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La verdad espiritual no es ninguna formulaci&oacute;n, es la verdad del no-dos, por tanto m&aacute;s all&aacute; de toda formulaci&oacute;n. 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