{"id":56201,"date":"2012-08-22T00:00:00","date_gmt":"2012-08-22T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2016-09-16T11:38:44","modified_gmt":"2016-09-16T09:38:44","slug":"el_encuentro_con_el_otro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/el_encuentro_con_el_otro\/","title":{"rendered":"El encuentro con el Otro"},"content":{"rendered":"<p><strong>\u00a0<\/strong>El periodista y escritor polaco Ryszard Kapuscinski reflexiona sobre los modos en que las distintas culturas establecieron contacto a lo largo de la historia y sobre los desaf\u00edos que enfrenta la alteridad. Es un fragmento de la recopilaci\u00f3n de conferencias \u201c<strong><em>El encuentro con el Otro<\/em><\/strong>\u201d (Anagrama, 2007)<\/p>\n<p>Desde siempre, el encuentro con el Otro ha sido una experiencia universal y fundamental para nuestra especie. Seg\u00fan dicen los arque\u00f3logos, los primeros grupos humanos eran peque\u00f1as familias o tribus de treinta a cincuenta individuos. De haber sido m\u00e1s numerosas, su nomadismo habr\u00eda perdido rapidez y eficiencia. De haber sido m\u00e1s reducidas, la autodefensa eficaz y la lucha por la supervivencia les habr\u00edan resultado m\u00e1s dif\u00edciles.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed, pues, a nuestra peque\u00f1a familia o tribu vagando en busca de alimento. De pronto, se topa con otra familia o tribu y descubre que hay otras personas en el mundo. \u00a1Qu\u00e9 paso significativo en la historia mundial! \u00a1Qu\u00e9 descubrimiento trascendental! Hasta entonces, los miembros de estos grupos primordiales, que deambulaban en compa\u00f1\u00eda de treinta o cincuenta parientes, hab\u00edan podido vivir en el convencimiento de que conoc\u00edan a toda la poblaci\u00f3n mundial. Result\u00f3 que no era as\u00ed: \u00a1tambi\u00e9n habitaban el mundo otros seres similares a ellos, otras personas! Pero \u00bfc\u00f3mo actuar frente a semejante revelaci\u00f3n? \u00bfQu\u00e9 hacer? \u00bfQu\u00e9 decisi\u00f3n tomar?<\/p>\n<p>\u00bfDeb\u00edan arremeter contra esas otras personas? \u00bfMostrarse indiferentes y seguir su camino? \u00bfO, m\u00e1s bien, tratar de llegar a conocerlas y comprenderlas?<\/p>\n<p>Hoy afrontamos la misma opci\u00f3n que enfrentaron nuestros antepasados hace miles de a\u00f1os. Una opci\u00f3n no menos intensa, fundamental y categ\u00f3rica que entonces. \u00bfC\u00f3mo debemos comportarnos con el Otro? \u00bfCu\u00e1l deber\u00eda ser nuestra actitud hacia \u00e9l? Ella podr\u00eda desembocar en un duelo, un conflicto o una guerra. Todos los archivos contienen pruebas o testimonios de estos acontecimientos. Y el mundo est\u00e1 jalonado de innumerables ruinas y campos de batalla.<\/p>\n<p>Todo esto demuestra el fracaso del hombre: no supo o no quiso llegar a un entendimiento con el Otro. La literatura de todas las \u00e9pocas y pa\u00edses ha tomado esta situaci\u00f3n de debilidad y tragedia como tema central de mil maneras distintas.<\/p>\n<p>Sin embargo, tambi\u00e9n podr\u00eda darse el caso de que, en vez de atacar y combatir, esta familia o tribu primordial decida defenderse del Otro separ\u00e1ndose y aisl\u00e1ndose. Con el tiempo, esta actitud deriva en cosas tales como las torres y puertas de Babilonia, la Gran Muralla china, el limes romano y las p\u00e9treas murallas incaicas.<\/p>\n<p>Afortunadamente, en todo nuestro planeta hay pruebas abundantes, aunque dispersas, de una experiencia humana distinta: la cooperaci\u00f3n. Me refiero a los restos de puertos, \u00e1goras, santuarios, plazas del mercado; a los edificios, todav\u00eda visibles, de antiguas academias y universidades; a los vestigios de rutas comerciales como el Camino de la Seda, la Ruta del Ambar y la de las caravanas que atravesaban el Sahara.<\/p>\n<p>En todos estos lugares, las personas se reun\u00edan para intercambiar ideas y mercanc\u00edas. All\u00ed hac\u00edan sus transacciones y negocios, concertaban pactos y alianzas, descubr\u00edan metas y valores compartidos. \u00abEl Otro\u00bb dej\u00f3 de ser sin\u00f3nimo de algo extra\u00f1o y hostil, peligroso y letalmente maligno. Descubrieron que cada uno llevaba dentro un fragmento del Otro, creyeron en esto y vivieron tranquilas.<\/p>\n<p>Al toparse con el Otro, la gente tuvo, pues, tres alternativas: hacer la guerra, construir un muro a su alrededor o entablar un di\u00e1logo.<\/p>\n<p>A lo largo de la historia, la humanidad nunca ha cesado de oscilar entre estas alternativas. Ha optado por tal o cual de ellas, seg\u00fan los tiempos y culturas cambiantes. Salta a la vista que, en esto, la humanidad es voluble, no siempre se siente segura, no siempre pisa suelo firme. Es dif\u00edcil justificar la guerra. Creo que en ellas todos pierden invariablemente porque las guerras son desastrosas para el hombre. Ponen de manifiesto su incapacidad para comprender, para ponerse en el lugar del Otro, para actuar con sensatez y benevolencia. Por lo com\u00fan, en tales casos, el encuentro con el Otro termina tr\u00e1gicamente en una cat\u00e1strofe de sangre y muerte.<\/p>\n<p>En la \u00e9poca contempor\u00e1nea, la idea que nos llev\u00f3 a aislarnos del Otro, a rodearnos de grandes murallas y anchos fosos, recibi\u00f3 el nombre de apartheid. Equivocadamente, circunscribimos este concepto a las pol\u00edticas del r\u00e9gimen blanco sudafricano, hoy difunto. El apartheid ya se practicaba en los tiempos m\u00e1s remotos. Dicho en t\u00e9rminos sencillos, sus partidarios proclamaban: \u00abCada uno es libre de vivir como le plazca, siempre y cuando est\u00e9 lo m\u00e1s lejos posible de m\u00ed si no pertenece a mi raza, religi\u00f3n o cultura\u00bb. \u00a1Como si eso fuera todo!<\/p>\n<p>En realidad, contemplamos una doctrina de la desigualdad estructural de la raza humana. Los mitos de muchas tribus y pueblos incluyen la convicci\u00f3n de que s\u00f3lo ellos son humanos, es decir, \u00abnosotros\u00bb, los miembros de nuestro clan o comunidad. Los dem\u00e1s, todos los dem\u00e1s, son subhumanos o ni siquiera eso. Una antigua creencia china lo expresa de manera excelente: el extranjero era visto como un engendro del diablo o, en el mejor de los casos, una v\u00edctima del destino que no hab\u00eda logrado nacer en China. Esta creencia presentaba al Otro como un perro, una rata o un reptil. El apartheid era, y sigue siendo, una doctrina de odio, desprecio y repugnancia hacia el Otro, hacia el extranjero.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 diferente fue la imagen del Otro cuando prevalecieron las religiones antropom\u00f3rficas, la creencia de que los dioses pod\u00edan tomar la forma humana y actuar como personas! Por entonces, nadie pod\u00eda decir si el caminante, viajero o forastero que ven\u00eda hacia \u00e9l era una persona o un dios con aspecto humano. Esa incertidumbre, esa ambivalencia fascinante, fue una de las ra\u00edces de la cultura hospitalaria que ordenaba prodigar atenciones al forastero, a ese ser en \u00faltima instancia incognoscible.<\/p>\n<p>Cyprian Norwid se refiere a esto cuando, en su introducci\u00f3n a la Odisea, analiza las fuentes de la hospitalidad que encuentra Ulises en su viaje de regreso a Itaca. \u00abAll\u00ed, ante cada mendigo y caminante extranjero -observa Norwid- la primera sospecha era si no lo enviar\u00eda Dios. [&#8230;] Nadie podr\u00eda haber sido recibido como hu\u00e9sped si la primera pregunta hubiera sido: ?\u00bfQui\u00e9n es este forastero?\u00b4. Pero las preguntas humanas s\u00f3lo ven\u00edan despu\u00e9s, una vez respetada la divinidad que hab\u00eda en \u00e9l. Llamaban a eso `hospitalidad\u00b4 y, por la misma raz\u00f3n, la inclu\u00edan entre las virtudes y las pr\u00e1cticas piadosas. Para los griegos de Homero, nadie era `el \u00faltimo entre los hombres\u00b4: [el forastero] siempre era el primero, es decir, divino.\u00bb<\/p>\n<p>En esta interpretaci\u00f3n griega de la cultura de que habla Norwid, las cosas revelan un nuevo significado favorable a las personas. Las puertas no est\u00e1n solamente para cerrarse contra el Otro; tambi\u00e9n pueden abrirse a \u00e9l e invitarlo a entrar. El camino no tiene que estar necesariamente al servicio de tropas hostiles; tambi\u00e9n puede ser la v\u00eda por la que venga hacia nosotros alg\u00fan dios vestido de peregrino. Gracias a esta interpretaci\u00f3n, el mundo que habitamos empieza a ser no s\u00f3lo m\u00e1s rico y diverso, sino tambi\u00e9n m\u00e1s ben\u00e9volo. Un mundo en el que deseamos encontrarnos con el Otro.<\/p>\n<p>Emmanuel L\u00e9vinas dice que el encuentro con el Otro es un \u00abacontecimiento\u00bb o incluso un \u00abacontecimiento fundamental\u00bb, la experiencia m\u00e1s importante, la que llega hasta los horizontes m\u00e1s lejanos. Como es sabido, L\u00e9vinas fue un fil\u00f3sofo del di\u00e1logo, junto con Martin Buber, Ferdinand Ebner y Gabriel Marcel (m\u00e1s tarde, el grupo incluir\u00eda a Jozef Tischner). Ellos desarrollaron la idea del Otro como una entidad \u00fanica e irrepetible, contrapuesta -de manera m\u00e1s o menos directa- a dos fen\u00f3menos del siglo XX: el nacimiento de las masas, que aboli\u00f3 el estado de separaci\u00f3n del individuo, y la expansi\u00f3n de ideolog\u00edas totalitarias destructivas.<\/p>\n<p>Estos fil\u00f3sofos, para quienes el valor supremo era el individuo humano (yo, t\u00fa, el Otro), intentaron salvarlo de su obliteraci\u00f3n por obra de las masas y el totalitarismo. Por eso fomentaron el concepto del \u00abOtro\u00bb para subrayar las diferencias entre los individuos, entre sus caracter\u00edsticas no intercambiables e irreemplazables.<\/p>\n<p>Fue un movimiento incre\u00edblemente importante que rescat\u00f3 y elev\u00f3 al ser humano y al Otro. L\u00e9vinas propuso que no s\u00f3lo debemos dialogar cara a cara con el Otro: tambi\u00e9n debemos \u00abresponsabilizarnos\u00bb por \u00e9l. En cuanto a las relaciones con el Otro, con los dem\u00e1s, los fil\u00f3sofos del di\u00e1logo rechazaron la guerra porque conduc\u00eda al aniquilamiento. Criticaron las actitudes de indiferencia o encastillamiento y, en cambio, proclamaron la necesidad -o aun el deber \u00e9tico- de acercarnos y abrirnos al Otro, de tratarlo con benevolencia.<\/p>\n<p>Dentro del c\u00edrculo preciso de estas ideas y convicciones, una actitud similar de indagaci\u00f3n y reflexi\u00f3n surge y se desarrolla en el gran trabajo de investigaci\u00f3n de un hombre que estudi\u00f3 y se doctor\u00f3 en filosof\u00eda en la Universidad Jagielloniana, y fue miembro de la Academia de Ciencias polaca: Bronislaw Malinowski.<\/p>\n<p>Su problema fue c\u00f3mo abordar al Otro. No como una entidad exclusivamente hipot\u00e9tica y abstracta, sino como una persona de carne y hueso, perteneciente a otra raza, con creencias y valores diferentes de los nuestros y con unas costumbres y cultura propias.<\/p>\n<p>Cabe se\u00f1alar que el concepto del Otro suele definirse desde el punto de vista del hombre blanco, del europeo. Pero hoy d\u00eda, cuando cruzo a pie una aldea monta\u00f1esa de Etiop\u00eda, los ni\u00f1os me siguen en alegre tropel y me gritan: \u00ab\u00a1Ferenchi, ferenchi!\u00bb (\u00abextranjero, otro\u00bb). Este es un ejemplo del desmantelamiento de la jerarqu\u00eda del mundo y sus culturas. Los otros, en verdad, son tales, pero, para estos otros, el Otro soy yo.<\/p>\n<p>En este sentido, todos estamos en el mismo bote. Todos los habitantes de nuestro planeta son el Otro para los Otros, Yo para Ellos y Ellos para M\u00ed.<\/p>\n<p>En tiempos de Malinowski y en los siglos anteriores, el hombre blanco, el europeo, emigr\u00f3 de su continente casi exclusivamente para lucrar: para conquistar nuevas tierras, capturar esclavos, traficar o misionar. A veces, estas expediciones fueron incre\u00edblemente sangrientas, como la conquista y colonizaci\u00f3n de Am\u00e9rica, Africa, Asia y Ocean\u00eda.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"\/files\/1345721465_wmalinowski_triobriand_is_r256x149.jpg\" alt=\"\" \/><span style=\"font-size: xx-small;\">El antrop\u00f3logo Bronislaw Malinowski (1884-1942), con los indios de las islas Trobriand, parte del archipi\u00e9lago melanesio de Pap\u00faa-Nueva Guinea.<\/span><\/p>\n<p>Malinowski parti\u00f3 hacia las islas del Pac\u00edfico con un objetivo distinto: aprender acerca del Otro. Conocer las costumbres, el lenguaje y el estilo de vida de su pr\u00f3jimo. Quer\u00eda verlos y sentirlos personalmente, experimentarlos para, luego, poder hablar de ellos. Tal empe\u00f1o quiz\u00e1 parezca obvio, pero result\u00f3 revolucionario y puso el mundo patas arriba.<\/p>\n<p>Desnud\u00f3 una debilidad o, tal vez, una mera caracter\u00edstica que aparece en todas las sociedades, aunque en diversos grados: les cuesta comprender a otras culturas. Lo mismo ocurre con los individuos que pertenecen a determinada cultura y, por ende, son sus part\u00edcipes y portadores. Tras su llegada a las islas Trobriand para hacer investigaciones de campo, Malinowski declar\u00f3 que los blancos con varios a\u00f1os de residencia en el lugar no s\u00f3lo desconoc\u00edan por completo a los abor\u00edgenes y su cultura: de hecho, la idea que ten\u00edan de ellos era totalmente err\u00f3nea, te\u00f1ida de desprecio y arrogancia.<\/p>\n<p>Malinowski levant\u00f3 su tienda en medio de una aldea y convivi\u00f3 con los naturales, como si quisiera fastidiar a los colonos y sus costumbres. Su experiencia no result\u00f3 f\u00e1cil. En A Diary in the Strict Sense of the Term, menciona constantemente sus problemas, enojos, desesperaci\u00f3n y depresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Liberarse de la propia cultura cuesta muy caro. Por eso es tan importante tener una identidad propia, distinta, y una idea aproximada de nuestra fuerza, valor y madurez. S\u00f3lo entonces podremos encarar confiadamente otra cultura. De lo contrario, nos recluiremos, temerosos, en nuestro escondite y nos aislaremos de los otros. Tanto m\u00e1s, por cuanto el Otro es un espejo en el que atisbamos o nos observan, que desenmascara y desnuda, y que preferir\u00edamos evitar.<\/p>\n<p>Es interesante se\u00f1alar que mientras en su Europa natal se libraba la Segunda Guerra Mundial, el joven antrop\u00f3logo se concentraba en investigar la cultura de intercambio, contactos y rituales comunes entre los habitantes de las Trobriand -a quienes dedicar\u00eda su excelente libro Los argonautas del Pac\u00edfico Occidental- y a formular su tesis \u00abpara juzgar algo, hay que estar all\u00ed\u00bb, tan raramente observada pese a su importancia.<\/p>\n<p>Propuso otra tesis incre\u00edblemente audaz para su \u00e9poca: no hay culturas superiores o inferiores, s\u00f3lo hay culturas diferentes, con diversos modos de satisfacer las necesidades y expectativas de sus integrantes. Para \u00e9l, una persona diferente, de una raza y cultura diferentes, es una persona cuya conducta se caracteriza por la dignidad y el respeto de los valores que reconoce, de su tradici\u00f3n y sus costumbres.<\/p>\n<p>Malinowski inici\u00f3 su obra en el momento en que nac\u00edan las masas; nosotros vivimos el per\u00edodo de transici\u00f3n de esa sociedad de masas a una nueva sociedad planetaria. Hay muchos factores subyacentes: la revoluci\u00f3n electr\u00f3nica, el desarrollo sin precedentes de todas las formas de comunicaci\u00f3n, los grandes progresos en el transporte y el movimiento. Y la consiguiente transformaci\u00f3n, todav\u00eda en curso, de la cultura, en el sentido lato del t\u00e9rmino, y de la conciencia de s\u00ed misma que tiene la generaci\u00f3n m\u00e1s joven.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo alterar\u00e1 esto las relaciones entre nosotros, que tenemos una sola cultura, y los pueblos que tienen otra u otras? \u00bfC\u00f3mo influir\u00e1 en la relaci\u00f3n Yo-Otro dentro de mi cultura y m\u00e1s all\u00e1 de ella? Es muy dif\u00edcil dar una respuesta inequ\u00edvoca y concluyente porque el proceso est\u00e1 en curso y nosotros, inmersos en \u00e9l, no tenemos la menor posibilidad de tomar esa distancia que favorece la reflexi\u00f3n.<\/p>\n<p>L\u00e9vinas consider\u00f3 la relaci\u00f3n Yo-Otro dentro de los l\u00edmites de una civilizaci\u00f3n \u00fanica, racial e hist\u00f3ricamente homog\u00e9nea. Malinowski estudi\u00f3 las tribus melanesias cuando todav\u00eda se hallaban en su estado pr\u00edstino, cuando a\u00fan no hab\u00edan sido violadas por el influjo de la tecnolog\u00eda, la organizaci\u00f3n y los mercados occidentales.<\/p>\n<p>Hoy, esta posibilidad es cada vez menos frecuente. Las culturas se vuelven cada vez m\u00e1s h\u00edbridas y heterog\u00e9neas. Hace poco, vi algo asombroso en Dubai. Una muchacha, sin duda musulmana, caminaba por la playa. Vest\u00eda blusa y jeans muy ce\u00f1idos, pero llevaba la cabeza, y s\u00f3lo la cabeza, tan herm\u00e9ticamente envuelta que ni siquiera se le ve\u00edan los ojos.<\/p>\n<p>Hoy, escuelas enteras de cr\u00edtica filos\u00f3fica, antropol\u00f3gica y literaria se ocupan, sobre todo, de la hibridaci\u00f3n y la vinculaci\u00f3n. Este proceso cultural est\u00e1 en marcha especialmente en aquellas regiones en que las fronteras de los estados tambi\u00e9n deslindan culturas diferentes (por ejemplo, la frontera entre Estados Unidos y M\u00e9xico) y en las megal\u00f3polis cuyas poblaciones representan las m\u00e1s diversas culturas y razas (como San Pablo, Nueva York o Singapur). Decimos que el mundo se ha vuelto multi\u00e9tnico y multicultural, no porque haya m\u00e1s comunidades y culturas de ese tipo que antes, sino m\u00e1s bien porque expresan con mayor energ\u00eda y arrogancia, y en voz m\u00e1s alta, su exigencia de ser aceptadas, reconocidas y admitidas en la mesa redonda de las naciones.<\/p>\n<p>Sin embargo, el verdadero desaf\u00edo de nuestro tiempo, el encuentro con el nuevo Otro, deriva igualmente de un contexto hist\u00f3rico m\u00e1s amplio. En la segunda mitad del siglo XX, dos tercios de la humanidad se liberaron de la dependencia colonial para convertirse en ciudadanos de sus propios estados que, nominalmente al menos, eran independientes. En forma gradual, estos pueblos comienzan a redescubrir su pasado, sus mitos y leyendas, sus ra\u00edces, sus sentimientos de identidad y, por supuesto, el orgullo que eso genera. Empiezan a percatarse de que son los amos de su propia casa y los capitanes de su destino. Y miran con aborrecimiento cualquier tentativa de reducirlos a cosas, a figurantes, a v\u00edctimas y objetos pasivos de una dominaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por siglos, nuestro planeta estuvo habitado por un peque\u00f1o grupo de gente libre y grandes multitudes esclavizadas. Ahora, lo colman cada vez m\u00e1s naciones y sociedades con un sentimiento creciente de su valor e importancia individuales. A menudo, este proceso ocurre en medio de enormes dificultades, conflictos, dramas y p\u00e9rdidas.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s estemos avanzando hacia un mundo tan absolutamente nuevo y cambiado, que nuestra experiencia hist\u00f3rica no bastar\u00e1 para comprenderlo y movernos en \u00e9l. En todo caso, el mundo en el que entramos es el Planeta de las Grandes Oportunidades. Pero \u00e9stas no son incondicionales; m\u00e1s bien, est\u00e1n abiertas \u00fanicamente a quienes tomen en serio su trabajo y, as\u00ed, demuestren que se toman en serio a s\u00ed mismos. Este es un mundo con muchas ofertas potenciales, pero tambi\u00e9n con muchas exigencias, y en el que, a menudo, los atajos f\u00e1ciles no llevan a ninguna parte.<\/p>\n<p>Nos toparemos constantemente con el nuevo Otro que, poco a poco, ir\u00e1 emergiendo del caos y el tumulto actuales. Este nuevo Otro podr\u00eda surgir del encuentro de dos corrientes contradictorias que modelan la cultura del mundo contempor\u00e1neo: la globalizaci\u00f3n de nuestra realidad y la conservaci\u00f3n de nuestra diversidad y singularidad. Tal vez, el Otro sea el hijo y heredero de estas dos corrientes.<\/p>\n<p>Deber\u00edamos buscar el di\u00e1logo y el entendimiento con el nuevo Otro. Los a\u00f1os vividos entre pueblos remotos me ense\u00f1aron que la bondad hacia el pr\u00f3jimo es la \u00fanica actitud que puede tocar el punto sensible, humano, del Otro. \u00bfQui\u00e9n ser\u00e1 este nuevo Otro? \u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 nuestro encuentro con \u00e9l? \u00bfQu\u00e9 diremos y en qu\u00e9 idioma? \u00bfPodremos escucharnos mutuamente? \u00bfPodremos comprendernos?<\/p>\n<p>Me pregunto si tanto nosotros como el Otro desearemos apelar (y aqu\u00ed cito a Conrad) a aquello que \u00abhabla a nuestra capacidad de deleite y asombro; a la sensaci\u00f3n de misterio que rodea nuestra vida; a nuestro sentimiento de piedad, belleza y dolor; al sentimiento latente de confraternidad con toda la Creaci\u00f3n. Y a la convicci\u00f3n, sutil pero invencible, de una solidaridad que entrelaza la soledad de innumerables corazones: la solidaridad en los sue\u00f1os, la alegr\u00eda, la pena, las ambiciones, las ilusiones, la esperanza, el miedo. La que une a los hombres y a toda la humanidad: los muertos a los vivos y los vivos a los que habr\u00e1n de nacer\u00bb.<\/p>\n<p>Por Ryszard Kapuscinski<br \/>\nCracovia, 2005<\/p>\n<p><em>\u00a9 Ryszard Kapuscinski\/Nobel Laureates Plus y LANACION (<a href=\"http:\/\/www.lanacion.com\/\">www.lanacion.com<\/a> 2005.12.04)<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0El periodista y escritor polaco Ryszard Kapuscinski reflexiona sobre los modos en que las distintas culturas establecieron contacto a lo largo de la historia y sobre los desaf\u00edos que enfrenta la alteridad. 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