{"id":56296,"date":"2012-12-16T00:00:00","date_gmt":"2012-12-16T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"la_espiritualidad_y_la_politica_de_l","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/la_espiritualidad_y_la_politica_de_l\/","title":{"rendered":"La espiritualidad y la pol\u00edtica de las nuevas sociedades industriales"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #800000;\">Art&iacute;culo publicado en la revista <strong>&Eacute;xodo (n&ordm;115<\/strong>, octubre-noviembre 2012), dedicado al tema de las relaciones entre pol&iacute;tica y espiritualidad, con la participaci&oacute;n de diversos autores.<\/span> Anuncia el editorial: &ldquo;Espiritualidad y pol&iacute;tica marchan, al menos en el mundo capitalista, por caminos diferentes. Viajeras err&aacute;ticas, avanzan, entre el general descr&eacute;dito, al desencuentro. &iquest;Cabe so&ntilde;ar con un d&iacute;a en que rectifiquen de rumbo y se descubran como los pies necesarios para que el ser humano pueda seguir caminando? Desde &Eacute;xodo acariciamos abiertamente, en tiempos de turbulencia, este sue&ntilde;o.&rdquo;<\/p>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong>Empezaremos precisando un par de nociones que son importantes para nuestro escrito: las nociones de creencia y de espiritualidad.<\/p>\n<p>El t&eacute;rmino &ldquo;creencia&rdquo; tiene dos usos: uno corriente que comporta un supuesto, que no se necesita, no se atina o no interesa someter a cr&iacute;tica; y otro en el que se llama creencia al proyecto colectivo de vida revelado por Dios, que es tambi&eacute;n camino espiritual. Cuando hablamos&nbsp; de la religi&oacute;n como sistema de creencias, nos referimos a este segundo uso del t&eacute;rmino.<\/p>\n<p>Cuando la religi&oacute;n es un sistema de creencias reveladas, se confunde la creencia con la fe y la espiritualidad. Son diferentes, aunque en unas determinadas condiciones culturales se fusionaran y la fusi&oacute;n dur&oacute; tantos milenios, como las sociedades preindustriales.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Creencia en sentido estricto es la adhesi&oacute;n incondicional a un sistema de interpretar y valorar la realidad, a un sistema de organizaci&oacute;n y de actuaci&oacute;n que se tiene revelado por Dios y al que hay que someterse, si uno quiere salvarse.<\/p>\n<p>En ese mismo sistema de creencias se expresa y se vive la fe y la espiritualidad. Durante la larga etapa preindustrial, no se pod&iacute;a concebir ni vivir la espiritualidad si no era desde el seno de la creencia y la sumisi&oacute;n. Si se hubiera vivido la espiritualidad libre de creencias y sumisiones, hubiera comportado un riesgo para el&nbsp; programa, que manten&iacute;a vivo a los colectivos. Los maestros espirituales y los m&iacute;sticos que se distanciaron de esos sistemas de creencias y sumisiones fueron marginados, perseguidos o muertos, por las mismas autoridades religiosas.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La fe es la apertura y entrega a la propuesta de la espiritualidad que es, seg&uacute;n la ense&ntilde;anza de todos los Maestros, el tr&aacute;nsito desde la egocentraci&oacute;n del pensar, del sentir y el actuar, al silenciamiento completo de esa egocentraci&oacute;n. La egocentraci&oacute;n genera la dualidad entre el individuo y su entorno; genera el deseo y todo lo que inevitablemente le acompa&ntilde;a: el temor, los recuerdos y las expectativas.<\/p>\n<p>La espiritualidad, al silenciar el deseo, silencia el temor, las expectativas y los recuerdos. Con ello quiebra la dualidad entre el individuo y todo lo que le rodea y conduce a la plena unidad. La unidad es el amor. El amor verdadero no son sentimientos rom&aacute;nticos, sino unidad. Y se trata de un amor sin condiciones, porque el que siempre pone condiciones a nuestro amor es el ego, con sus deseos y temores. Por consiguiente, quien silencia el ego, ama sin condiciones.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ser&aacute; conveniente ir sustituyendo la noci&oacute;n de &ldquo;espiritualidad&rdquo; por la de &ldquo;cualidad humana profunda&rdquo;, porque nuestra antropolog&iacute;a ya no es de cuerpo y esp&iacute;ritu y porque la noci&oacute;n de espiritualidad est&aacute; indisoluble ligada a la religi&oacute;n y, como veremos, la religi&oacute;n resulta inviable e inaceptable para las nuevas sociedades.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las nuevas sociedades de innovaci&oacute;n y cambio constante nos fuerzan a separar la espiritualidad de las creencias. Las sociedades preindustriales eran est&aacute;ticas y, como tales, bloqueaban el cambio estableciendo patrones de pensar, de sentir, de actuar y organizarse inmutables, revelados por los dioses y\/o por los antepasados sagrados. Hab&iacute;a que someterse a esos patrones, porque no hacerlo pod&iacute;a poner en riesgo la sobrevivencia de la sociedad. Ah&iacute; se situaban las religiones. Desde ah&iacute; se ten&iacute;a que vivir la fe y la espiritualidad, no hab&iacute;a otra posibilidad.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La religi&oacute;n, como depositaria de la revelaci&oacute;n, controlaba las mentes, el sentir y actuaci&oacute;n de los colectivos. El poder pol&iacute;tico no pod&iacute;a quedar indiferente frente a ese hecho. Por otra parte, si la religi&oacute;n era un sistema de creencias impositivo, requer&iacute;a del pacto y la ayuda del poder.&nbsp; La religi&oacute;n se convert&iacute;a el sistema axiol&oacute;gico y programa colectivo, contando con la anuencia y el apoyo del poder. As&iacute; se fragu&oacute; el pacto milenario de religi&oacute;n y poder pol&iacute;tico. Quien se al&iacute;a con el poder pol&iacute;tico se est&aacute; aliando con la riqueza. Culturalmente, con toda probabilidad, no hubo otro remedio. Todav&iacute;a no hemos conseguido salir del todo de ese pacto, porque las iglesias no se resignan a perder el poder y la riqueza, que consideran medios imprescindibles para imponer y mantener las creencias del pueblo.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con la entrada de la industrializaci&oacute;n y la democracia ese pacto se debilit&oacute;, pero con el asentamiento de las sociedades de innovaci&oacute;n y cambio continuo ese pacto ha perdido toda legitimidad, todo sentido e incluso toda posibilidad.<\/p>\n<p>Las sociedades democr&aacute;ticas de innovaci&oacute;n y cambio no pueden fijar la interpretaci&oacute;n y valoraci&oacute;n de la realidad, ni los modos de actuaci&oacute;n y organizaci&oacute;n. Las tecnociencias alteran continuamente las maneras de vivir de los colectivos. Quienes tienen que vivir en este tipo de sociedades no pueden someterse a creencias, en el sentido que hemos expuesto; si no se puede someter a creencias, tampoco pueden tener religi&oacute;n, ni Dios a la manera de nuestros antepasados.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En esta situaci&oacute;n cultural, la cohesi&oacute;n de los colectivos no puede conseguirse por sumisi&oacute;n, sino por adhesi&oacute;n voluntaria a un proyecto propuesto, ya no revelado sino construido por nosotros mismos. Con ello se perdi&oacute; la legitimidad de la sumisi&oacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A las nuevas sociedades, que viven de la continua creaci&oacute;n de conocimientos y tecnolog&iacute;as y de la creaci&oacute;n de nuevos productos y servicios, que alteran continua y aceleradamente los modos de vida, no se les pueden ofrecer creencias religiosas como v&iacute;a a la espiritualidad; quienes est&aacute;n sometidos a continuas transformaciones no pueden creer, porque las creencias fijan y ellos deben estar siempre dispuestos a cambiar cuando convenga. No nos queda otra soluci&oacute;n que ofrecer la espiritualidad como el cultivo de la cualidad humana honda. Nunca se ha necesitado con mayor urgencia esa cualidad humana que en las nuevas sociedades de tecnociencias poderosas.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Resulta comprensible que las creencias no resulten atractivas, sino que, por el contrario, alejen a las gentes de las creencias, cuanto m&aacute;s j&oacute;venes m&aacute;s. Las creencias y las religiones ya no tienen atractivo para los nuevos ciudadanos, en cambio s&iacute; que lo tiene la espiritualidad, entendida como una cualidad humana profunda. Ya se habla del silencio y de la meditaci&oacute;n en muchos ambientes muy alejados de la religi&oacute;n.<\/p>\n<p>La espiritualidad interesa cada d&iacute;a m&aacute;s, pero a condici&oacute;n de que se la separe de la religi&oacute;n, de las creencias y de las sumisiones. Si rechazan esas cosas, no es porque sean indolentes, hedonistas o malas personas, es porque no pueden hacer otra cosa.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando las creencias y las religiones pierden su atractivo, pierden su poder sobre las conciencias y los comportamientos; cuando tienden a desaparecer en la gran mayor&iacute;a de la sociedad, porque no se puede creer y ser, a la vez, miembros activos de las nuevas sociedades, sin esquizofrenia interior, las religiones y las creencias pierden su prestigio. En esa nueva situaci&oacute;n el poder pol&iacute;tico pierde inter&eacute;s por las religiones, porque no les sirven y porque en una democracia que funcione correctamente, no las necesitan. Los estados ya no buscan el pacto con las religiones, incluso buscan como deshacerse del lazo que todav&iacute;a les queda con la religi&oacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En muchas ocasiones las religiones se han convertido en un estorbo para el estado, porque intentan imponer en la sociedad criterios de pensar, de sentir, de organizarse y actuar que corresponden a formas propias de sociedades preindustriales, jer&aacute;rquicas, patriarcales, impositivas y provinciales, que son por completo inadecuadas a las nuevas situaciones culturales.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En una sociedad de innovaci&oacute;n y cambio, las creencias no se pueden imponer. La espiritualidad no puede pasar por la sumisi&oacute;n, sino que tiene que convertirse en atractiva por s&iacute; misma. Y para poderse hacer atractiva, lo primero que debe hacer es liberarse de todo tipo de sumisi&oacute;n o imposici&oacute;n y ligarse, por el contrario, a la indagaci&oacute;n libre.<\/p>\n<p>En las nuevas sociedades, el &eacute;xito econ&oacute;mico de la colectividad est&aacute; dependiente de la capacidad de investigaci&oacute;n e indagaci&oacute;n. Estas necesitan ser libres; para ello precisan de la democracia y la libertad de opini&oacute;n. Se vive en el seno de un cambio continuo de las formas de pensar la realidad, generado por el crecimiento continuo de las ciencias. La evoluci&oacute;n acelerada de las tecnolog&iacute;as transforma constantemente las formas de vivir, organizarse, actuar, y como consecuencia de todo ello, las formas de sentir. En esas condiciones culturales la espiritualidad s&oacute;lo puede presentarse como una oferta de indagaci&oacute;n libre, como el pensamiento y el arte.<\/p>\n<p>Donde todo es movimiento, cambio y globalidad, la espiritualidad no puede verse amarrada a una interpretaci&oacute;n y valoraci&oacute;n de la realidad, ni a unos modos de actuaci&oacute;n y organizaci&oacute;n, fijados de una vez para siempre e intocables.<\/p>\n<p>Cuando sabemos, conscientemente o inconscientemente, que construimos nuestros saberes, nuestras tecnolog&iacute;as, nuestras formas de sobrevivencia, nuestras postulados y proyectos axiol&oacute;gicos colectivos, nuestras formas de organizaci&oacute;n y los patrones de actuaci&oacute;n; cuando experimentamos d&iacute;a a d&iacute;a que todos nuestros modos de vida cambian continuamente, porque construimos aut&oacute;nomamente todos los niveles de nuestras vidas, no podemos vivir y practicar la espiritualidad desde las creencias intocables y la sumisi&oacute;n. Es una imposibilidad cultural. Quienes luchan contra una imposibilidad cultural, intentando volver hacia atr&aacute;s la marcha de la cultura, cosechar&aacute; un fracaso seguro, y ser&aacute; un obst&aacute;culo para un correcto y realista planteo de la cultura.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esta situaci&oacute;n no quiere decir que tengamos que hace tabla rasa de todo el legado del pasado. Tenemos que aprender a heredar toda la sabidur&iacute;a de las tradiciones religiosas y espirituales de la humanidad, porque vivimos en sociedades globales, pero sin sumisi&oacute;n de ning&uacute;n tipo y sin ning&uacute;n provincianismo ni exclusi&oacute;n. Y no hay ning&uacute;n inconveniente en heredar el pasado, si no se lo liga a sumisiones y exclusiones; todo lo contrario, se reconoce la necesidad de no tener que partir de cero, sino partir del descubrimiento de la gran sabidur&iacute;a de la vida y de la espiritualidad que se ofrece en todas las tradiciones religiosas y espirituales de la historia de la humanidad.<\/p>\n<p>Tenemos que comprender y hacer comprender que la espiritualidad, la gran cualidad humana, no es sumisi&oacute;n a nada, sino indagaci&oacute;n libre y creatividad, como las artes y las ciencias; que la espiritualidad es libertad, la &uacute;nica verdadera libertad, porque las restantes libertades est&aacute;n sometidos a las necesidades, a los deseos, a los temores y a las expectativas individuales y de grupo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los vivientes, como seres necesitados que somos, tenemos que hacer una lectura dual de la realidad: el viviente necesitado, por un lado, y el resto de la realidad donde satisfacemos nuestra necesidad, por otro. Un mundo construido desde esa dualidad est&aacute; lleno de fronteras.<\/p>\n<p>Donde hay dualidad y hay fronteras, hay temor e inquietud porque somos unos seres fr&aacute;giles en un medio que es en muchas ocasiones adverso. El temor y la inquietud son agresivos.<\/p>\n<p>Nos identificamos con nuestro ego, que es un paquete de deseos\/temores,&nbsp; expectativas y recuerdos. Cuando nos identificamos con nuestro ego, cuando no lo silenciamos, cuando no morimos a &eacute;l, en met&aacute;fora cristiana, somos esclavos de nuestros deseos\/temores y de todo lo que ellos generan. La egocentraci&oacute;n temerosa e inquieta genera la dualidad y el desamor.<\/p>\n<p>Como hemos indicado la espiritualidad es el camino al silenciamiento del yo y, por tanto, al silenciamiento de la dualidad. Donde no hay dualidad, hay unidad y donde hay unidad hay amor. El amor rompe fronteras entre lo m&iacute;o y lo de las otras personas, entre lo m&iacute;o y lo del medio en que vivimos.<\/p>\n<p>&nbsp;La espiritualidad como ligada indisolublemente a un sistema de creencias tradicionales, que se estructuran entorno de unas maneras de pensar, sentir, organizarse y actuar, adecuadas a milenios de sociedades agrario-autoritarias, patriarcales y provincianas, no tienen nada que ofrecer a la pol&iacute;tica propia de las sociedades de innovaci&oacute;n y cambio continuo, si no son obst&aacute;culos a su libre desarrollo, por sus pretensiones de imposici&oacute;n.<\/p>\n<p>La espiritualidad como camino a la desegocentraci&oacute;n, a la unidad y al amor sin condiciones, s&iacute; que tiene algo que ofrecer a la pol&iacute;tica. Puede ofrecer algo que no tiene precio y que puede convivir sin ninguna dificultad con todo tipo de cultura: el inter&eacute;s y amor, sin condiciones, por toda criatura, por todos los asuntos de los hombres y por el medio en que vivimos.<\/p>\n<p>La espiritualidad, como cualidad humana profunda, libre de todo tipo de formulaciones y dogmas intocables es esp&iacute;ritu de benevolencia, no son f&oacute;rmulas a las que someterse, es libertad y creatividad, no fijaci&oacute;n y sumisi&oacute;n.<\/p>\n<p>Sin la cualidad humana honda, la gesti&oacute;n de las sociedades de potentes tecnociencias en continuo crecimiento estar&iacute;a en manos de unos depredadores sin piedad. Esa situaci&oacute;n pondr&iacute;a en serio riesgo a la sobrevivencia de las especie humana y de toda la vida en el planeta. Ya estamos viviendo los grav&iacute;simos inconvenientes de esa situaci&oacute;n, en la falta de equidad y en la miseria de la mayor parte de la humanidad, en la extinci&oacute;n masiva de especies vivientes, en la degradaci&oacute;n del medio, en el calentamiento del clima del planeta, con todas las cat&aacute;strofes que eso supone.<\/p>\n<p>Cuando nuestras ciencias y tecnolog&iacute;as no eran poderosas, la naturaleza pod&iacute;a, con el tiempo, reparar los desastres que los hombres caus&aacute;bamos. Con una tecnociencias tan potentes como las que ya poseemos, que no har&aacute;n m&aacute;s que acrecentar su potencia, podemos cometer errores que resulten irreparables. Ya los hemos cometido.<\/p>\n<p>Las culturas del pasado pod&iacute;an soportar mejor que las actuales la falta de espiritualidad. Los nuevos desarrollos tecnocient&iacute;ficos exigen con urgencia el cultivo serio de nuestra dimensi&oacute;n gratuita y absoluta.<\/p>\n<p>Tenemos que crear proyectos axiol&oacute;gicos colectivos adecuados a esta situaci&oacute;n; nadie ni nada los va a construir por nosotros. Tenemos que ser capaces de cuidar la cualidad de la vida humana y la cualidad del medio como si fuera un jard&iacute;n.<\/p>\n<p>S&oacute;lo la herencia del legado de sabidur&iacute;a de nuestros antepasados puede proporcionarnos la posibilidad de cultivo adecuado de la cualidad humana necesaria para gestionar la explosi&oacute;n de nuevos conocimientos y tecnolog&iacute;as.<\/p>\n<p>Precisamos una masa cr&iacute;tica de hombres espirituales, de sabios, para que la sociedad entera alcance unos niveles convenientes de cualidad humana. Si la sociedad, en conjunto, la tiene, tendremos pol&iacute;ticos capaces de gestionar las nuevas sociedades; si la sociedad carece de esa cualidad, los pol&iacute;ticos estar&aacute;n a la medida de la gente. Creemos que, por desgracia, estamos ya en esta situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Esto es lo que la espiritualidad puede ofrecer a la pol&iacute;tica: la herencia actualizada y actuante de la sabidur&iacute;a de nuestros antepasados; una herencia que es de desegocentraci&oacute;n, de unidad y de amor por toda criatura, un amor, si es posible, sin condiciones y, por tanto, operativo, por lo menos en un n&uacute;mero suficiente de hombres y mujeres.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Art&iacute;culo publicado en la revista &Eacute;xodo (n&ordm;115, octubre-noviembre 2012), dedicado al tema de las relaciones entre pol&iacute;tica y espiritualidad, con la participaci&oacute;n de diversos autores. 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