{"id":56876,"date":"2014-01-25T00:00:00","date_gmt":"2014-01-25T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2016-09-19T12:18:07","modified_gmt":"2016-09-19T10:18:07","slug":"el_insondable_silencio_del_universo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/el_insondable_silencio_del_universo\/","title":{"rendered":"El insondable silencio del universo de Vermeer"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #800000;\">(publicado en\u00a0 http:\/\/www.josepmlozano.cat -23\/12\/2013-) <\/span>As\u00ed resume Taylor el legado de este pintor que en su tiempo roz\u00f3 el fracaso y tuvo un reconocimiento m\u00e1s que relativo, y que hoy, apenas con tres docenas de cuadros, no deja nunca de fascinarnos, provoc\u00e1ndonos al mismo tiempo quietud e inquietud. Porque se ha hablado, quiz\u00e1 precipitadamente, del enigma Vermeer. Lo podemos aceptar con una \u00fanica condici\u00f3n: el enigma no es propiamente de Vermeer, sino que Vermeer desnuda el enigma que cada uno es para s\u00ed mismo, y al mismo tiempo nos acerca a \u00e9l y nos confronta con \u00e9l.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s nos cuesta entender que este enigma est\u00e1 directamente vinculado a lo que podr\u00edamos calificar como la banalidad de los temas que trata. Al fin y al cabo, Vermeer hizo fundamentalmente pintura de g\u00e9nero, sin grandes innovaciones ni en temas ni estilo respecto a sus contempor\u00e1neos (Fabritius, de Hoogh, ter Borch, Metsu&#8230;) que nos han dejado cuadros excelentes. Vermeer es universal porque su universo es plenamente de Delft: en contra de lo que creen los cosmopolitas de puente a\u00e9reo, Vermeer es universal y se dirige directamente a cada uno de nosotros porque es imposible entenderlo al margen de Delft y de la \u00e9poca atribulada que vivi\u00f3. Pero, sin embargo, no encontraremos aqu\u00ed el supuesto enigma de Vermeer. M\u00e1s bien el enigma es averiguar por qu\u00e9 nos atrapa con una fuerza que hace que, instant\u00e1neamente, nuestra atenci\u00f3n quede polarizada por lo que Vermeer nos permite ver.<\/p>\n<p>Vermeer no nos propone grandes escenas hist\u00f3ricas, m\u00edticas, religiosas: lo digno de ser pintado. M\u00e1s bien lo que recogen la mayor\u00eda de sus cuadros son un momento cualquiera de la vida corriente, casi banales, insignificantes. Fundamentalmente vemos un instante de vida de unas mujeres: haciendo bolillos, vertiendo una jarra de leche, escribiendo una carta, en medio de una clase de m\u00fasica&#8230; En contra de la creencia de que los momentos prosaicos son incompatibles con la dignidad del arte, Vermeer nos dice que todo momento es digno de ser contemplado de manera casi reverente. Porque si uno se pregunta por qu\u00e9 Vermeer ha prestado atenci\u00f3n a este momento concreto f\u00e1cilmente concluye que podr\u00eda haber sido igualmente el anterior, o el pr\u00f3ximo, o cualquiera. Porque en lo que hacemos, en cada momento, ya est\u00e1 toda la plenitud no s\u00f3lo de la belleza, sino directamente de la humanidad, la de todos y la de cada uno. Todo depende de la mirada. El insondable silencio de Vermeer no es otra cosa que una educaci\u00f3n de la mirada. Los cuadros de Vermeer muestran lo que podemos ver cuando no s\u00f3lo miramos, sino cuando vemos desde el silencio. Muestran que en lo que despreciar\u00edamos diciendo que es s\u00f3lo vida corriente est\u00e1 toda la humanidad. Para decirlo con otro lenguaje: Vermeer acaba con la divisi\u00f3n entre espacios sagrados y espacios profanos y revela que todo -y todo lo que hacemos- puede convertirse en un espacio sagrado: depende de la calidad de una mirada nutrida por el silencio, el respeto y el recogimiento. Incluso en los dos \u00fanicos cuadros que muestran escenas exteriores, la gente parece envuelta por el apaciguamiento propio de alguien que simplemente est\u00e1 haciendo totalment lo que hace en ese momento.<\/p>\n<p>En cierto modo , Vermeer parece que se anticipe al C\u00e9zanne que dijo: pasa un minuto de la vida del mundo, p\u00edntalo tal como es. Pero Vermeer no nos dice s\u00f3lo p\u00edntalo tal como es, sino v\u00edvelo y velo tal como es. Y captar el \u00abtal como es\u00bb de cada instante no es el enigma de Vermeer, sino el enigma -o el misterio- de una vida vivida con calidad humana.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" style=\"float: right; margin: 5px 10px 5px 10px;\" src=\"\/files\/1390773584_vermeer_1_r210x256.png\" alt=\"\" \/>Lo que cautiva de los cuadros de Vermeer es c\u00f3mo muchas de sus protagonistas est\u00e1n mucho m\u00e1s que simplemente concentradas: es la sencilla atenci\u00f3n y presencia con las que hacen lo que hacen. En el gesto m\u00e1s fugaz se encuentran plenamente presentes, porque la experiencia de la vida es estar presentes en lo que hacemos, y no perdidos en las fantas\u00edas o las preocupaciones del futuro, o atrapados por el resentimiento o la nostalgia del pasado. Vermeer nos dice que el momento elegido no lo ha sido por ser el mejor, sino que cada momento puede ser elegido porque es el mejor momento que tenemos para vivir. Al contrario de Goethe, Vermeer no le dice al instante: detente, eres tan bello, sino que nos dice que podemos hacer bello cualquier instante. Los cuadros de Vermeer son inevitablemente est\u00e1ticos, pero no fijan nada, est\u00e1n llenos de movimiento: el espectador ve claramente que son un momento de una secuencia que lleva en ella un antes y un despu\u00e9s, y al mismo tiempo tienen toda la fuerza de un ahora vivido.<\/p>\n<p>Cuando se entra en la sala donde est\u00e1 expuesta <em>La lechera<\/em> uno queda al instante cautivado por esta pintura que eclipsa todo lo que le rodea. En el recogimiento y la devoci\u00f3n con que aquella mujer vierte la jarra de leche -aquel hilillo blanco que parece que fluya eternamente- encontramos el eco de todas las representaciones de la santidad de Mar\u00eda. Porque en un gesto cotidiano -en cualquier gesto cotidiano- se puede dar la plenitud de los tiempos. En este cuadro Vermeer condensa vez la invitaci\u00f3n ignasiana a buscar y encontrar a Dios en todas las cosas y el samu, la pr\u00e1ctica meditativa del zen de llevar a cabo las tareas cotidianas concretas con atenci\u00f3n, presencia y conciencia. Al igual que lo hacen estas mujeres envueltas por la tenue luz de una ventana, como si estuviera a punto de producirse otra anunciaci\u00f3n en el simple hecho de leer una carta, tocar el la\u00fad, probarse un collar o coger una jarra.<\/p>\n<p>Los cuadros de Vermeer parece que pidan un cierto movimiento por nuestra parte. Como si, de paso, capt\u00e1ramos de manera casi casual un momento privado, \u00edntimo. Pero no nos queda m\u00e1s remedio que pararnos, con la conciencia de que all\u00ed est\u00e1 todo. Vermeer no nos llama la atenci\u00f3n, sino que nos la despierta. Y nos la despierta provoc\u00e1ndonos -literalmente- la contemplaci\u00f3n de la vida interior: lo que vemos es casi siempre lo que ocurre en espacios privados, incluso nos sentimos un poco intrusos por acceder a momentos de vida donde las personas no son conscientes de ser observadas. Al contrario de un Antonio L\u00f3pez (cuya obsesi\u00f3n perfeccionista lo convierte a menudo en un congelador de tiempo), Vermeer captura y capta un momento porque no tan s\u00f3lo lo recoge, sino que la acoge. Y nos muestra que todos podemos no ser s\u00f3lo consumidores del tiempo que pasa, sino acogedores de tiempo vivido .<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" style=\"float: left; margin: 5px 10px 5px 10px;\" src=\"\/files\/1390773622_vermeer_2_r196x256.png\" alt=\"\" \/>Con Vermeer accedemos a la privacidad de las personas que vemos, pero no a su intimidad, que s\u00f3lo podemos intuir en la transparencia de algunos rostros. Resulta chocante que, en un pintor de tan poca obra y pintada tan lentamente, seis de los cuadros representen una mujer con una carta: recibi\u00e9ndola, escribi\u00e9ndola, ley\u00e9ndola&#8230; lo vemos, pero no tenemos acceso a ella. Vermeer nos interroga sobre cu\u00e1l es la distancia justa con relaci\u00f3n a la intimidad del otro, nos invita a acercarnos al otro con un respeto atento y no invasivo y, sobre todo, nos devuelve la mirada y nos sugiere que tal vez somos nosotros mismos los que nunca acabamos de acceder a la propia intimidad. O que, al menos, lograrlo no es obvio y s\u00f3lo ser\u00e1 posible si aprendemos a mirarnos con atenci\u00f3n, afecto y respeto, sin la exigencia de quien no acepta el tiempo vivido y s\u00f3lo lo juzga. Hokusai dijo que todo lo que hab\u00eda producido antes de los setenta a\u00f1os no val\u00eda nada, y que cre\u00eda que, si segu\u00eda progresando, a los noventa penetrar\u00eda en el misterio de las cosas, y que a los ciento diez todo lo que hiciera, tanto si era un punto o una l\u00ednea, estar\u00eda vivo. Quiz\u00e1 no se trata tanto de pretender acceder totalmente a la intimidad y removerla sino, simplemente, de estar vivo.<\/p>\n<p>El insondable silencio del universo de Vermeer es inseparable de la luz que hace que todo en su pintura est\u00e9 vivo. Cada objeto, cada gesto, cada mirada tienen la presencia justa por la luz que les corresponde, cuyo origen no vemos. El verdadero paisaje de Vermeer es la luz presente en todas partes, sin que la puedas ver y atrapar. Y es esta luz la que traspasa un silencio que no es meramente el estar callado, y que engendra la sensaci\u00f3n de que no hay nada en el mundo que pueda alterarlo, aunque vivas en una \u00e9poca tan convulsa como la que vivi\u00f3 Vermeer. Proust dijo de la <em>Vista de Delft<\/em> que era el cuadro m\u00e1s bello del mundo. Sin embargo, hay algo m\u00e1s que belleza. Pintado poco despu\u00e9s de que la explosi\u00f3n de un polvor\u00edn causara una gran mortandad, en el cuadro -en los cuadros de Vermeer- no hay nada que haga ruido, que estorbe el silencio. De la misma manera que -simult\u00e1neamente- no hay nada que aparte a sus protagonistas de hacer lo que tienen que hacer. En cada momento.<\/p>\n<p>No existe enigma de Vermeer, porque un enigma se resuelve y Vermeer no resuelve nada, sino que nos aproxima y nos muestra un misterio: el que cada uno es para s\u00ed mismo y el que somos los unos para los otros. Y esta aproximaci\u00f3n y este mostrarse s\u00f3lo pueden ocurrir cuando estamos empapados del insondable silencio de Vermeer, que es el nuestro.<\/p>\n<p>Carlos Pujol, en el libro de poemas que dedic\u00f3 a Vermeer, tiene uno que termina as\u00ed:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Entre aquel alboroto<\/em><br \/>\n<em> yo pintaba el silencio, lo que calla<\/em><br \/>\n<em> cuando en el coraz\u00f3n no se oye ruido .<\/em><\/p>\n<p>Lo que Vermeer nos anuncia y nos recuerda es que en medio del bullicio de cada d\u00eda podemos escuchar lo que calla cuando en el coraz\u00f3n no se oye ning\u00fan ruido.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/www.josepmlozano.cat\/Inici\/tabid\/173\/language\/es-ES\/Default.aspx\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>Publicado en el blog de Josep M. Lozano<\/strong><\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(publicado en\u00a0 http:\/\/www.josepmlozano.cat -23\/12\/2013-) As\u00ed resume Taylor el legado de este pintor que en su tiempo roz\u00f3 el fracaso y tuvo un reconocimiento m\u00e1s que relativo, y que hoy, apenas con tres docenas de cuadros, no deja nunca de fascinarnos, provoc\u00e1ndonos al mismo tiempo quietud e inquietud. 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