{"id":56989,"date":"2014-04-23T00:00:00","date_gmt":"2014-04-23T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2016-09-19T12:16:46","modified_gmt":"2016-09-19T10:16:46","slug":"la_poesia_como_revelacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/la_poesia_como_revelacion\/","title":{"rendered":"La poes\u00eda como revelaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>En estos tiempos en los que la figura de Octavio Paz est\u00e1 siendo recordada con motivo del centenario de su nacimiento, hemos querido recuperar algunas de sus reflexiones sobre el hecho po\u00e9tico. A medida que la concepci\u00f3n del mundo se ha vaciado de dioses y de musas, \u00bfc\u00f3mo explicar la inspiraci\u00f3n? La creaci\u00f3n po\u00e9tica revela esa \u201cotredad\u201d que el ser humano es cuando silencia la voz del sujeto. <span style=\"color: #800000;\">Son extractos de la obra <strong><em>El Arco y la Lira<\/em><\/strong> (FCE, 1972. 307 p. Del cap\u00edtulo: <strong>La inspiraci\u00f3n<\/strong>)<\/span>.<\/p>\n<p>Religi\u00f3n y poes\u00eda tienden a realizar de una vez y \u2014para siempre esa posibilidad de ser que somos y que constituye nuestra manera propia de ser; ambas son tentativas por abrazar esa \u00abotredad\u00bb que Machado llamaba la \u00abesencial heterogeneidad del ser\u00bb. La experiencia po\u00e9tica, como la religiosa, es un salto mortal: un cambiar de naturaleza que es tambi\u00e9n un regresar a nuestra naturaleza original. Encubierto por la vida profana o prosaica, nuestro ser de pronto recuerda su perdida identidad; y entonces aparece, emerge, ese \u00abotro\u00bb que somos. Poes\u00eda y religi\u00f3n son revelaci\u00f3n. Pero la palabra po\u00e9tica se pasa de la autoridad divina. La imagen se sustenta en s\u00ed misma, sin que le sea necesario recurrir ni a la demostraci\u00f3n racional ni a la instancia de un poder sobrenatural: es la revelaci\u00f3n de s\u00ed mismo que el hombre se hace a s\u00ed mismo. [\u2026]\n<p>El acto de escribir poemas se ofrece a nuestra mirada como un nudo de fuerzas contrarias, en el que nuestra voz y la otra voz se enlazan y confunden. Las fronteras se vuelven borrosas: nuestro discurrir se transforma insensiblemente en algo que no podemos dominar del todo; y nuestro yo cede el sitio a un pronombre innombrado, que tampoco es enteramente un t\u00fa o un \u00e9l. En esta ambigu\u0308edad consiste el misterio de la inspiraci\u00f3n. \u00bfMisterio o problema? Ambas cosas: para los antiguos la inspiraci\u00f3n era un misterio; para nosotros, un problema que contradice nuestras concepciones psicol\u00f3gicas y nuestra misma idea del mundo. Pues bien, esta conversi\u00f3n del misterio de la inspiraci\u00f3n en problema psicol\u00f3gico es la ra\u00edz de nuestra imposibilidad para comprender rectamente en qu\u00e9 consiste la creaci\u00f3n po\u00e9tica.<\/p>\n<p>A diferencia de lo que ocurre con el pensamiento hind\u00fa, que desde el principio se plante\u00f3 el problema de la existencia del mundo exterior, el pensamiento occidental por mucho tiempo acept\u00f3 confiadamente su realidad y no puso en duda lo que ven nuestros ojos. El acto po\u00e9tico, en el que interviene la \u00abotredad\u00bb como rasgo decisivo, fue siempre considerado como algo inexplicable y oscuro pero sin que constituyera un problema que pusiese en peligro la concepci\u00f3n del mundo. Al contrario, era un fen\u00f3meno que se pod\u00eda insertar con toda naturalidad en el mundo y que, lejos de contradecir su existencia, la afirmaba. Incluso puede afirmarse que era una de las pruebas de su objetividad, realidad y dinamismo. [\u2026]\n<p>Naturaleza habitada por dioses o creada por Dios, el mundo exterior est\u00e1 ah\u00ed, frente a nosotros, visible o invisible, siempre como nuestro necesario horizonte. \u00c1ngel, piedra, animal, demonio, planta, lo \u00abotro\u00bb existe, tiene vida propia y a veces se apodera de nosotros y habla por nuestra boca. En una sociedad en la que, lejos de ser puesta en tela de juicio, la realidad exterior es la fuente de donde brotan ideas y arquetipos, no es dif\u00edcil identificar la inspiraci\u00f3n. La \u00abotra voz\u00bb, la \u00abvoluntad extra\u00f1a\u00bb, son lo \u00abotro\u00bb, es decir, Dios o la naturaleza con sus dioses y demonios. La inspiraci\u00f3n es una revelaci\u00f3n porque es una manifestaci\u00f3n de los poderes divinos. Un numen habla y suplanta al hombre. Sagrada o profana, \u00e9pica o l\u00edrica, la poes\u00eda es una gracia, algo exterior que desciende sobre el poeta. La creaci\u00f3n po\u00e9tica es un misterio porque consiste en un hablar los dioses por boca humana. Mas ese misterio no provoca problema alguno, ni contradice las creencias com\u00fanmente aceptadas. Nada m\u00e1s natural que lo sobrenatural encarne en los hombres y hable su lenguaje.<\/p>\n<p>Desde Descartes nuestra idea de la realidad exterior se ha transformado radicalmente. El subjetivismo moderno afirma la existencia del mundo exterior solamente a partir de la conciencia. Una y otra vez esa conciencia se postula como una conciencia trascendental y una y otra vez se enfrenta al solipsismo\u2014 La conciencia no puede salir de s\u00ed y fundar el mundo. Mientras tanto, la naturaleza se nos ha convertido en un mundo de objetos y relaciones. Dios ha desaparecido de nuestras perspectivas vitales y las nociones de objeto, substancia y causa han entrado en crisis. Ah\u00ed donde el idealismo no ha destruido la realidad exterior \u2014por ejemplo, en la esfera de la ciencia\u2014 la ha convertido en un objeto, en un \u00abcampo de experiencias\u00bb y as\u00ed la ha despojado de sus antiguos atributos.<\/p>\n<p>La naturaleza ha dejado de ser un todo viviente y animado, una potencia due\u00f1a de oscuros o claros designios. Pero la desaparici\u00f3n de la antigua idea del mundo no ha acarreado la inspiraci\u00f3n. La \u00abvoz ajena\u00bb, la \u00abvoluntad extra\u00f1a\u00bb, siguen siendo un hecho que nos desaf\u00eda. As\u00ed, entre nuestra idea de la inspiraci\u00f3n y nuestra idea del mundo se alza un muro. La inspiraci\u00f3n se nos ha vuelto un problema. Su existencia niega nuestras creencias intelectuales m\u00e1s arraigadas. No es extra\u00f1o, por tanto, que a lo largo del siglo XIX se multipliquen las tentativas por atenuar o hacer desaparecer el esc\u00e1ndalo que constituye una noci\u00f3n que tiende a devolver a la realidad exterior su antiguo poder sagrado.<\/p>\n<p>Una manera de resolver los problemas consiste en negarlos. Si la inspiraci\u00f3n es un hecho incompatible con nuestra idea del mundo, nada m\u00e1s f\u00e1cil que negar su existencia. Desde el siglo XVI comienza a concebirse la inspiraci\u00f3n como una frase ret\u00f3rica o una figura literaria. [\u2026]\n<p>Para el intelectual \u2014y, tambi\u00e9n, para el hombre com\u00fan\u2014 la inspiraci\u00f3n es un problema, una superstici\u00f3n o un hecho que se resiste a las explicaciones de la ciencia moderna. En cualquier caso, puede alzarse de hombros y borrar de su esp\u00edritu el asunto, como quien sacude su traje del polvo del camino. En cambio los poetas deben afrontarla y vivir el conflicto. La historia de la poes\u00eda moderna es la del continuo desgarramiento del poeta, dividido entre la moderna concepci\u00f3n del mundo y la presencia a veces intolerable de la inspiraci\u00f3n.<\/p>\n[\u2026] lo po\u00e9tico no es algo que est\u00e1 fuera, en el poema, ni dentro, en nosotros, sino algo que hacemos y que nos hace. Podr\u00eda, pues, modificarse la sentencia de Novalis: el poema no hace, pero hace que se pueda hacer. Y el que hace es el hombre, el creador. Lo po\u00e9tico no est\u00e1 en el hombre como algo dado, ni el poetizar consiste en sacar de nosotros lo po\u00e9tico, como si se tratase de \u00abalgo\u00bb que \u00abalguien\u00bb deposit\u00f3 en nuestro interior o con lo cual nacimos. La conciencia del poeta no es una caverna en donde yace lo po\u00e9tico como un tesoro escondido. Frente al poema futuro el poeta est\u00e1 desnudo y pobre de palabras. Antes de la creaci\u00f3n el poeta, como tal, no existe. Ni despu\u00e9s. Es poeta gracias al poema. El poeta es una creaci\u00f3n del poema tanto como \u00e9ste de aqu\u00e9l.<\/p>\n[\u2026] el hombre no es una cosa y menos a\u00fan una cosa est\u00e1tica, inm\u00f3vil, en cuyas profundidades yacen estrellas y serpientes, joyas y animales viscosos. [\u2026] La \u00abotredad\u00bb est\u00e1 en el hombre mismo. Desde esta perspectiva de incesante muerte y resurrecci\u00f3n, de unidad que se resuelve en \u00abotredad\u00bb para recomponerse en una nueva unidad, acaso sea posible penetrar en el enigma de la \u00abotra voz\u00bb.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed al poeta frente al papel. Es igual que tenga plan o no, que haya meditado largamente sobre lo que va a escribir o que su conciencia est\u00e9 tan vac\u00eda y en blanco como el papel inmaculado que alternativamente lo atrae y lo repele. El acto de escribir entra\u00f1a, como primer movimiento, un desprenderse del mundo, algo as\u00ed como arrojarse al vac\u00edo. Ya est\u00e1 solo el poeta. Todo lo que era hace un instante su mundo cotidiano y sus preocupaciones habituales, desaparece. Si el poeta de verdad quiere escribir y no cumplir una vaga ceremonia literaria, su acto lo lleva a separarse del mundo y a ponerlo todo \u2014sin excluirse a \u00e9l mismo\u2014 en entredicho.<\/p>\n<p>Pueden surgir entonces dos posibilidades: todo se evapora y desvanece, pierde peso, flota y acaba por disolverse; o bien, todo se cierra y se torna agresivamente objeto sin sentido, materia inasible e impenetrable a la luz de la significaci\u00f3n. El mundo se abre: es un abismo, un inmenso bostezo; el mundo \u2014la mesa, la pared, el vaso, los rostros recordados\u2014 se cierra y se convierte en un muro sin fisuras. En ambos casos, el poeta se queda solo, sin mundo en que apoyarse. Es la hora de crear de nuevo el mundo y volver a nombrar con palabras esa amenazante vaciedad exterior: mesa, \u00e1rbol, labios, astros, nada. Pero las palabras tambi\u00e9n se han evaporado, tambi\u00e9n se han fugado. Nos rodea el silencio anterior a la palabra. O la otra cara del silencio: el murmullo insensato e intraducible, \u00abthe sound and the fury\u00bb, el parloteo, el ruido que no dice nada, que s\u00f3lo dice: nada. Al quedarse sin mundo, el poeta se ha quedado sin palabras. Quiz\u00e1, en este instante, retrocede y da marcha atr\u00e1s: quiere recordar el lenguaje, sacar de su interior todo lo que aprendi\u00f3, aquellas hermosas palabras con las que, un momento antes, se abr\u00eda paso en el mundo y que eran como llaves que le abr\u00edan todas las puertas. Pero ya no hay atr\u00e1s, ya no hay interior. El poeta lanzado hacia adelante, tenso y atento, est\u00e1 literalmente fuera de s\u00ed. Y como \u00e9l mismo, las palabras est\u00e1n m\u00e1s all\u00e1, siempre m\u00e1s all\u00e1, deshechas apenas las roza. Lanzado fuera de s\u00ed, nunca podr\u00e1 ser uno con las palabras, uno con el mundo, uno consigo mismo. Siempre es m\u00e1s all\u00e1. Las palabras no est\u00e1n en parte alguna, no son algo dado, que nos espera.<\/p>\n<p>Hay que crearlas, hay que inventarlas, como cada d\u00eda nos creamos y creamos al mundo. \u00bfC\u00f3mo inventar las palabras? Nada sale de nada. Incluso si el poeta pudiese crear de la nada, \u00bfqu\u00e9 sentido tendr\u00eda hablar de \u00abinventar un lenguaje\u00bb? El lenguaje es, por naturaleza, di\u00e1logo. El lenguaje es social y siempre implica, por lo menos, dos: el que habla y el que oye. As\u00ed, la palabra que inventa el poeta \u2014esa que, por un instante que es todos los instantes, se hab\u00eda evaporado o se hab\u00eda convertido en objeto impenetrable\u2014 es la de todos los d\u00edas. El poeta no la saca de s\u00ed. Tampoco le viene del exterior. No hay exterior ni interior, como no hay un mundo frente a nosotros: desde que somos, somos en el mundo y el mundo es uno de los constituyentes de nuestro ser. Y otro tanto ocurre con las palabras: no est\u00e1n ni dentro ni fuera, sino que son nosotros mismos, forman parte de nuestro ser. Son nuestro propio ser. Y por ser parte de nosotros, son ajenas, son de los otros: son una de las formas de nuestra \u00abotredad\u00bb constitutiva.<\/p>\n<p>Cuando el poeta se siente desprendido del mundo y todo, hasta el lenguaje mismo, se le fuga y deshace, \u00e9l mismo se fuga y se aniquila. Y en el segundo momento, cuando decide hacerle frente al silencio o al caos ruidoso y ensordecedor, y tartamudea y trata de inventar un lenguaje, \u00e9l mismo es quien se inventa y da el salto mortal y renace y es otro. Para ser \u00e9l mismo debe ser otro, Y lo mismo sucede con su lenguaje: es suyo por ser de los otros. Para hacerlo de veras suyo, recurre a la imagen, al adjetivo, al ritmo, es decir, a todo aquello que lo hace distinto. As\u00ed, sus palabras son suyas y no lo son. El poeta no escucha una voz extra\u00f1a, su voz y su palabra son las extra\u00f1as: son las palabras y las voces del mundo, a las que \u00e9l da nuevo sentido. Y no s\u00f3lo sus palabras y su voz son extra\u00f1as; \u00e9l mismo, su ser entero, es algo sin cesar ajeno, algo que siempre est\u00e1 siendo otro.<\/p>\n<p>La palabra po\u00e9tica es revelaci\u00f3n de nuestra condici\u00f3n original porque por ella el hombre efectivamente se nombra otro, y as\u00ed \u00e9l es, al mismo tiempo, \u00e9ste y aqu\u00e9l, \u00e9l mismo y el otro.<\/p>\n<p>El poema transparenta nuestra condici\u00f3n porque en su seno la palabra se vuelve algo exclusivo del poeta, sin dejar por eso de ser el mundo, esto es, sin dejar de ser palabra. De ah\u00ed que la palabra po\u00e9tica sea personal e instant\u00e1nea \u2014cifra del instante de la creaci\u00f3n\u2014 tanto como hist\u00f3rica. Por ser cifra instant\u00e1nea y personal, todos los poemas dicen lo mismo. Revelan un acto que sin cesar se repite: el de la incesante destrucci\u00f3n y creaci\u00f3n del hombre, su lenguaje y su mundo, el de la permanente \u00abotredad\u00bb en que consiste ser hombre. M\u00e1s tambi\u00e9n, por ser hist\u00f3rica, por ser palabra en com\u00fan, cada poema dice algo distinto y \u00fanico: San Juan no dice lo mismo que Hornero o Racine; cada uno alude a su mundo, cada uno recrea su mundo.<\/p>\n<p>La inspiraci\u00f3n es una manifestaci\u00f3n de la \u00abotredad\u00bb constitutiva del hombre. No est\u00e1 adentro, en nuestro interior, ni atr\u00e1s, como algo que de pronto surgiera del limo del pasado, sino que est\u00e1, por decirlo as\u00ed, adelante: es algo (o mejor: alguien) que nos llama a ser nosotros mismos. Y ese alguien es nuestro ser mismo. Y en verdad la inspiraci\u00f3n no est\u00e1 en ninguna parte, simplemente no est\u00e1, ni es algo: es una aspiraci\u00f3n, un ir, un movimiento hacia adelante: hacia eso que somos nosotros mismos. As\u00ed, la creaci\u00f3n po\u00e9tica es ejercicio de nuestra libertad, de nuestra decisi\u00f3n de ser. Esta libertad, seg\u00fan se ha dicho muchas veces, es el acto por el cual vamos m\u00e1s all\u00e1 de nosotros mismos, para ser m\u00e1s plenamente. Libertad y trascendencia son expresiones, movimientos de la temporalidad. La inspiraci\u00f3n, la \u00abotra voz\u00bb, la \u00abotredad\u00bb son, en su esencia, la temporalidad manando, manifest\u00e1ndose sin cesar.<\/p>\n<p>Inspiraci\u00f3n, \u00abotredad\u00bb, libertad y temporalidad son trascendencia. Pero son trascendencia, movimiento del ser \u00bfhacia qu\u00e9? Hacia nosotros mismos. Cuando Baudelaire sostiene que la m\u00e1s \u00abalta y filos\u00f3fica de nuestras facultades es la imaginaci\u00f3n\u00bb, afirma una verdad que, en otras palabras, puede decirse as\u00ed: por la imaginaci\u00f3n \u2014es decir, por nuestra capacidad, inherente a nuestra temporalidad esencial, para convertir en im\u00e1genes la continua avidez de encarnar de esa misma temporalidad\u2014 podemos salir de nosotros mismos, ir m\u00e1s all\u00e1 de nosotros al encuentro de nosotros. En su primer movimiento la inspiraci\u00f3n es aquello por lo cual dejamos de ser nosotros; en su segundo movimiento, este salir de nosotros es un ser nosotros m\u00e1s totalmente. La verdad de los mitos y de las im\u00e1genes po\u00e9ticas \u2014tan manifiestamente mentirosos\u2014 reside en esta dial\u00e9ctica de salida y regreso, de \u00abotredad\u00bb y unidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En estos tiempos en los que la figura de Octavio Paz est\u00e1 siendo recordada con motivo del centenario de su nacimiento, hemos querido recuperar algunas de sus reflexiones sobre el hecho po\u00e9tico. A medida que la concepci\u00f3n del mundo se ha vaciado de dioses y de musas, \u00bfc\u00f3mo explicar la inspiraci\u00f3n? 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