{"id":57076,"date":"2014-07-19T00:00:00","date_gmt":"2014-07-19T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"que_sabiduria_para_el_siglo_xxi_algu","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/que_sabiduria_para_el_siglo_xxi_algu\/","title":{"rendered":"\u00bfQu\u00e9 sabidur\u00eda para el siglo XXI? Algunas reflexiones"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #800000;\">Art&iacute;culo publicado en la <a href=\"http:\/\/iglesiaviva.org\/\">Revista Iglesia Viva (n&ordm; 258: J&oacute;venes en la encrucijada<\/a> (verano 2014))<\/span>.<br \/>En el mes de febrero tuvo lugar en Silicon Valley (California), en el centro neur&aacute;lgico de la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica, la tercera edici&oacute;n del encuentro anual <em>Wisdom 2.0<\/em>., unas jornadas en las que los fundadores de Facebook, Twitter, eBay, etc., as&iacute; como directivos de empresas como Google, Microsoft, Cisco&hellip; se reunieron con expertos en meditaci&oacute;n y en atenci&oacute;n plena, con psic&oacute;logos y profesionales de distintas ciencias humanas,<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/cetr.net\/files\/1408545403_258-32-guardans_sabiduri7.pdf\"><strong><span style=\"color: #800000;\">Descargar el art&iacute;culo en PDF<\/span><\/strong><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>&iquest;QU&Eacute; SABIDUR&Iacute;A PARA EL SIGLO XXI? Algunas reflexiones<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Teresa Guardans<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el mes de febrero tuvo lugar en Silicon Valley (California), en el centro neur&aacute;lgico de la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica, la tercera edici&oacute;n del encuentro anual <em>Wisdom 2.0<\/em>., unas jornadas en las que los fundadores de Facebook, Twitter, eBay, etc., as&iacute; como directivos de empresas como Google, Microsoft, Cisco&hellip; se reunieron con expertos en meditaci&oacute;n y en atenci&oacute;n plena, con psic&oacute;logos y profesionales de distintas ciencias humanas, para reflexionar &ndash;seg&uacute;n anunciaban&ndash; sobre c&oacute;mo desarrollar lazos profundos con la realidad y con los dem&aacute;s, c&oacute;mo orientar las vidas y los sistemas de trabajo al servicio del bienestar del Planeta y de todos los seres. En el programa de este a&ntilde;o se pod&iacute;a ver, por ejemplo, a un monje benedictino presentando el tema de la gratitud.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Wisdom 2.0<\/em>, naci&oacute; en 2012 bajo el impulso de Arianna Huffington (Huffington Post), y re&uacute;ne cada a&ntilde;o a miles de participantes interesados -de una forma u otra- en el desarrollo de la sabidur&iacute;a hoy: &ldquo;sabidur&iacute;a 2.0&rdquo;, la sabidur&iacute;a en la era digital. Ser&iacute;a muy f&aacute;cil descalificar iniciativas como &eacute;sta, etiquet&aacute;ndolas de &ldquo;americanadas&rdquo;, de mercantilizaci&oacute;n de la espiritualidad, o cosas por el estilo. Personalmente, creo que son una llamada de atenci&oacute;n en relaci&oacute;n a un gran reto colectivo: la necesidad de una &nbsp;gesti&oacute;n consciente de la din&aacute;mica de cambio e innovaci&oacute;n en todos los &oacute;rdenes. De la noche a la ma&ntilde;ana la vida humana ha dado un vuelco de 90<strong>&deg;<\/strong>. Urge ahora dotar de &ldquo;humanidad&rdquo;, de sabidur&iacute;a, a ese nuevo escenario de vida que avanza imparable.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;De qu&eacute; hablamos cuando hablamos de &ldquo;sabidur&iacute;a&rdquo;? Nos referimos a madurez humana, a una actitud ante la realidad basada en un profundo inter&eacute;s por todo y por todos, que va m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites que impone la mirada regida por la necesidad &ndash;por el beneficio personal, del &aacute;mbito que sea&ndash;. Sabidur&iacute;a tiene que ver con aquel silencio del yo que capacita para abrir los ojos y los o&iacute;dos a la presencia del otro porque est&aacute; ah&iacute;, al existir que nos rodea y del que formamos parte. Implica comprensi&oacute;n desde lo hondo, aceptaci&oacute;n, valoraci&oacute;n, certeza, amor, compromiso, generosidad.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Presente en cualquier &eacute;poca y lugar, la sabidur&iacute;a no caduca. Los conocimientos s&iacute;. Los conocimientos son el fruto y el soporte de los modos y las artes de sobrevivencia y van dando forma a los distintos escenarios culturales. La sabidur&iacute;a no tiene edad; como el amor, o la belleza, tan vigente es la de ayer como la de hace tres mil a&ntilde;os. Un saber que no tiene que ver con la suma de conocimientos, es de otro orden; ser&iacute;a m&aacute;s un &ldquo;estado&rdquo; de maduraci&oacute;n humana. Sus frutos no tienen edad, pero su cultivo, sus formas de expresi&oacute;n y de comunicaci&oacute;n, el acceso a las fuentes, se lleva a cabo &ndash;siempre&ndash;&nbsp; en unas condiciones culturales y sociales concretas. Y &eacute;stas son las que han dado ese giro radical que nos lleva a preguntarnos qu&eacute; peculiaridades deber&aacute; tener en cuenta el desarrollo de la sabidur&iacute;a en, para, el siglo XXI.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>Algunos rasgos del nuevo escenario<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Google y otras empresas punteras ofrecen cursos de meditaci&oacute;n a sus empleados; presentan la meditaci&oacute;n y el cultivo de la atenci&oacute;n plena (<em>mindfulness<\/em>) como soluci&oacute;n a muchos de los retos que tienen planteados, tanto en relaci&oacute;n a la orientaci&oacute;n empresarial como en relaci&oacute;n a la salud y a la motivaci&oacute;n de los trabajadores. Ese es tambi&eacute;n el eje de las jornadas mencionadas. Y no les falta raz&oacute;n cuando detectan la importancia de la atenci&oacute;n; vemos que se relaciona con, al menos, tres facetas del cambio que vivimos: con la naturaleza de nuestra relaci&oacute;n con la realidad, con c&oacute;mo la interpretamos y con c&oacute;mo intervienen nuestras capacidades en esa relaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El inter&eacute;s por algo o por alguien lo despierta el contacto, la proximidad, no los datos en una ficha, ni una fotograf&iacute;a. Durante milenios los seres humanos han seguido los ritmos de las noches y los d&iacute;as, del paso de las estaciones; han luchado contra, gracias a, a pesar de&hellip; las condiciones naturales; han pasado horas y horas en contacto directo con el latir de la vida en el Planeta para poderse cobrar una pieza, para poder lograr una cosecha o mantener con vida al ganado. Conocimiento utilitario y proximidad con las tramas de la existencia iban a la par. Mente y sentir, raz&oacute;n y atenci&oacute;n se apoyaban mutuamente.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para &ldquo;cobrarnos una pieza&rdquo; &ndash;para ganarnos la vida&ndash; en la sociedad de la informaci&oacute;n y del cambio continuo no necesitamos para nada saber de las lunas o de los vientos. Nuestro h&aacute;bitat se aleja d&iacute;a a d&iacute;a del entorno natural y m&aacute;s &aacute;mbitos de nuestra vida se desarrollan en la realidad virtual, en esa nube de redes de informaci&oacute;n y comunicaci&oacute;n en la que trabajamos, nos relacionamos y vivimos nuestro ocio. Entre &ldquo;el mundo&rdquo; y nosotros se interpone toda una gama de pantallas, ordenadores, tabletas, m&oacute;viles&hellip; Hiperconectados a una &ldquo;idea&rdquo; de los dem&aacute;s, a una &ldquo;idea&rdquo; de la realidad, desde una &ldquo;idea&rdquo; de nosotros mismos, hiperconectados al r&iacute;o de informaciones pero sin la participaci&oacute;n de los sentidos, sin contacto directo. Mil &ldquo;amigos&rdquo; e infinidad de im&aacute;genes compartidas, pero con una incapacidad creciente de reconocer expresiones faciales y de saber reaccionar ante ellas. Y es que es en el &ldquo;cuerpo a cuerpo&rdquo; en el que la realidad puede llegar a &ldquo;decirnos algo&rdquo; &ndash;a pesar de que nuestra mirada necesitada s&oacute;lo vea y oiga lo que le interesa&ndash;.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Biol&oacute;gicamente no hemos cambiado de forma decisiva en los &uacute;ltimos 10.000 a&ntilde;os. La base emocional humana responde a la de unos peque&ntilde;os grupos sociales que viv&iacute;an pr&oacute;ximos a la naturaleza, conoci&eacute;ndose unos a otros; organizados en familias, generalmente de tres generaciones en estrecha convivencia. Seres de peque&ntilde;o grupo dotados con una &eacute;tica de peque&ntilde;o grupo y adaptados emocionalmente a los desaf&iacute;os del entorno cazador-recolector, que poco a poco se fueron adaptando a los retos del \u00abnuevo\u00bb entorno agr&iacute;cola. Y de pronto &ndash;en unas pocas generaciones&ndash;, catapultados a la convivencia urbana de millones de personas, interdependientes para casi todo al tiempo que desconocidas entre s&iacute;<a href=\"#_ftn1\">[1]<\/a>. Grupos en los que una generaci&oacute;n ya s&oacute;lo parece poder transmitir a la siguiente la vida biol&oacute;gica. Sin contacto directo con el entorno y cortando lazos con la cadena generacional.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hasta hace unas pocas decenas de a&ntilde;os cada generaci&oacute;n transmit&iacute;a a la siguiente la vida y, con ella, los modos de subsistir y de organizarse; y m&aacute;s: tambi&eacute;n pistas y experiencias nacidas del asombro y la veneraci&oacute;n por la existencia. Por alejados que puedan parecer los sistemas de vida de unos cazadores de la Amazonia, unos pescadores del Vietnam y unos campesinos de la Espa&ntilde;a del siglo XIX (o principios del XX), todos ellos compart&iacute;an lo m&aacute;s esencial: cada generaci&oacute;n recib&iacute;a de la precedente el conjunto del saber (y saberes) que le permit&iacute;a seguir con vida, y vivir &eacute;sta desde la peculiaridad humana. El pasado sustentaba y orientaba al presente. Y ese modelo b&aacute;sico que val&iacute;a para las artes de la sobrevivencia, se aplicaba instintivamente a todo. Cada generaci&oacute;n se sab&iacute;a receptora de la herencia cultural tanto como de la herencia gen&eacute;tica, las dos a un tiempo: conocimientos t&eacute;cnicos, organizaci&oacute;n social, cuadro de valores&hellip;, todo; cada generaci&oacute;n, celosa portadora de un tesoro que transmit&iacute;a a los descendientes. Una larga cadena ininterrumpida de transmisi&oacute;n que no pod&iacute;a haber surgido de la nada. Una larga cadena cuyo origen hab&iacute;a que situar, l&oacute;gicamente, en un punto exterior a ella misma, en una esfera sobrehumana, en aquel <em>illo tempore <\/em>en el que algo o alguien tuvo a bien manifestarse, crear y asegurar la vida de todo lo creado.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tangun, el primer rey de Corea, que gobern&oacute; m&aacute;s de mil a&ntilde;os, era hijo de Hwanung -el hijo de Dios, que hab&iacute;a sido enviado por su padre a la Tierra para ense&ntilde;ar e iluminar a los seres humanos sobre 360 clases de trabajos, incluida la agricultura, la curaci&oacute;n de enfermedades, el buen gobierno y la distinci&oacute;n entre el bien y el mal-. Esa fue la primera anilla de la cadena para los coreanos, la que hac&iacute;a que se sintieran &ndash;y todav&iacute;a se denominen&ndash; &ldquo;hijos de Tangun&rdquo;, hijos de un mismo padre, unidos por lazos de hermandad, habitando una tierra sagrada, Corea, elegida por Dios para enviar a su hijo. Y as&iacute; cada pueblo, cada sociedad humana, ha tenido su historia sagrada; y desde la m&aacute;s tierna infancia, las narraciones han orientado la comprensi&oacute;n y la actuaci&oacute;n de los hijos e hijas de cada pueblo. Dioses, h&eacute;roes y santos protagonizaban aquella parte sobrehumana (sobrenatural) de la historia, la que encerraba el modelo, la fuente de la &eacute;tica personal y social, la de las t&eacute;cnicas de supervivencia, la de la vida misma. Bajo ese modelo cultural, encarar el presente sabiamente implicaba mantenerse cerca de esa fuente, en la direcci&oacute;n recibida, &nbsp;la de la verdad y el bien, y ahondar en ello.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Y hoy? Como evoluci&oacute;n natural de un proceso que cobr&oacute; fuerza en el Renacimiento, hoy es la proyecci&oacute;n de futuro &ndash;y no el pasado&ndash; lo que da forma al presente.&nbsp; Cuando el objetivo no es ya innovar para mejorar la producci&oacute;n, sino que la innovaci&oacute;n misma es el objetivo de la producci&oacute;n, la prospectiva de futuro es lo que orienta y condiciona el presente. Y lo condiciona en todos los &aacute;mbitos, pues nada queda (ni es deseable que quede) desligado de aquello que constituye el eje de la supervivencia.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Siempre las sociedades han sido cambiantes; pero cuando las transformaciones se produc&iacute;an tan lentamente que resultaban imperceptibles para cada una de las generaciones, para los protagonistas de las mismas, la vida se interpretaba como un mar estable, en el que a veces se produc&iacute;a alg&uacute;n oleaje, alg&uacute;n desorden. Si hab&iacute;a que remediar desajustes en el funcionamiento, alguna fisura en el orden establecido, nada m&aacute;s apropiado que acercarse al origen, volver la vista hacia el saber celosamente preservado en las &ldquo;escrituras&rdquo;&hellip; Durante milenios &ldquo;conocer la verdad&rdquo; fue sin&oacute;nimo de afinar en la interpretaci&oacute;n de aquella verdad que, un d&iacute;a, tuvo a bien mostrarse; &ldquo;conocer&rdquo; encerraba la concepci&oacute;n de recibir, preservar e interpretar, algo que &ldquo;estaba ah&iacute;&rdquo;. Primero fueron los dioses; m&aacute;s adelante la naturaleza misma (revelando sus leyes a la mirada inquieta de la ciencia), pero b&aacute;sicamente sobre el mismo patr&oacute;n: algo que estaba ah&iacute; se mostraba. Eso s&iacute;, ese saber creci&oacute; tanto y tan r&aacute;pidamente que hubo que pensar en mejorar los medios de conservaci&oacute;n y transmisi&oacute;n. Ese fue, por ejemplo, el prop&oacute;sito de los autores de la Enciclopedia, a finales del siglo XVIII, anunciado en el pr&oacute;logo de la obra: &ldquo;reunir los conocimientos dispersos por la superficie de la tierra&rdquo; para ponerlos al alcance de todos, al servicio de la felicidad y la virtud de la humanidad presente y futura.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hasta que lleg&oacute; el d&iacute;a en que&hellip; &iexcl;ni algo se mostraba, ni el conocimiento humano estaba en contacto con la realidad, ni pod&iacute;a estarlo!. Ese fue el vuelco que se produjo a mediados del siglo XX; la mayor aportaci&oacute;n del conocimiento del siglo XX &ndash;dir&iacute;a Edgar Morin&ndash;: el conocimiento de los l&iacute;mites del conocimiento<a href=\"#_ftn2\">[2]<\/a>.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El principio de incertidumbre de Heisenberg, la teor&iacute;a de la relatividad de Einstein, Kuhn y su an&aacute;lisis de las revoluciones cient&iacute;ficas, la f&iacute;sica cu&aacute;ntica, etc., etc., unos y otros avisando: &ldquo;no hay m&aacute;s verdad que nuestras interpretaciones&rdquo;, en verdad no &ldquo;conocemos&rdquo;, imposible un contacto directo con algo que pueda considerarse &ldquo;la&rdquo; realidad; toda percepci&oacute;n, todo saber, no puede ser m&aacute;s que una reconstrucci&oacute;n interpretativa y, adem&aacute;s, vehiculada a trav&eacute;s de unas im&aacute;genes cada vez m&aacute;s alejadas de los t&eacute;rminos asumibles por la intuici&oacute;n humana. Ah&iacute; fue cuando se gener&oacute; una ruptura definitiva con el proceso de conocimiento iniciado desde los albores de la humanidad: adi&oacute;s al conocimiento progresivo, adi&oacute;s a la verdad como algo existente &ldquo;ah&iacute; fuera&rdquo; susceptible de ser transmitida; ninguna objetividad estable, pura construcci&oacute;n interpretativa permanentemente cambiante. Conocedores de nuestra ignorancia constitutiva esencial. Y fruto de la comprensi&oacute;n de la funci&oacute;n y los l&iacute;mites del conocimiento conceptual, otro regalo: la toma de conciencia de que la raz&oacute;n no es la &uacute;nica v&iacute;a de aproximaci&oacute;n a la realidad, que la cognici&oacute;n abarca todo nuestro ser, en su vertiente necesitada, generadora de an&aacute;lisis e interpretaciones, y m&aacute;s all&aacute; de ella.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De esas dos vertiente nos habla Jane Goodall, la primat&oacute;loga, con una imagen muy gr&aacute;fica: la de dos ventanas por las que nos asomamos a la realidad<a href=\"#_ftn3\">[3]<\/a>. Una, la conceptual, la cient&iacute;fica: an&aacute;lisis, interpretaciones, descripciones, m&aacute;s y m&aacute;s afinadas para poder predecir, gestionar, facilitar la sobrevivencia. La otra, la que se abre con el silencio del yo que proyecta, la que se abre cuando las capacidades cognitivas contemplan, simplemente. Una, la que transita por esa poderosa e imprescindible herramienta que es la raz&oacute;n, la que nos equipa para sobrevivir; la otra, la que se abre paso en el sentir l&uacute;cido,&nbsp; atento, y nos convierte en seres capaces de admirar, de venerar y &ndash;desde ah&iacute;- de entregarnos al servicio de la existencia en todo su despliegue. Una la que se concreta y comunica a trav&eacute;s de lenguajes abstractos, conceptuales, otra la que da vida a poemas y met&aacute;foras en las distintas artes.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y todav&iacute;a algo m&aacute;s. Desconociendo pr&aacute;cticamente la existencia del &ldquo;otro&rdquo;, cada grupo, cada sociedad, pod&iacute;a considerarse a s&iacute; misma y a su bagaje cultural como &ldquo;lo&rdquo; humano por excelencia, don de la divinidad. De ah&iacute; que los &ldquo;encuentros&rdquo; &ndash;encontronazos&ndash; culturales se pudieran justificar como defensa (o exportaci&oacute;n de) un bien sagrado frente al &ldquo;error&rdquo;, o verdad a medias, del otro. La globalizaci&oacute;n de los sistemas econ&oacute;micos, y los medios de comunicaci&oacute;n que la han hecho posible, sit&uacute;an a los habitantes del Planeta entero compartiendo un mismo espacio-tiempo; ello ha dejado al descubierto c&oacute;mo se repiten los mecanismos culturales que han dado estabilidad y sentido a cada grupo, en funci&oacute;n de unos modos de vida; y de ah&iacute; la evidencia de la relatividad cultural de la diversidad de sistemas de valores. Y, en consecuencia, la invitaci&oacute;n &ndash;a todos y cada uno&ndash; a revisar las interpretaciones de s&iacute; mismos y de los &ldquo;otros&rdquo; que llevamos tan hondo incorporadas. Se hace imprescindible una relectura desde perspectivas ya no excluyentes ni exclusivas<a href=\"#_ftn4\">[4]<\/a>.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hasta aqu&iacute; cuatro pinceladas de la transformaci&oacute;n de los modos de relaci&oacute;n con la realidad (de directa a indirecta), de la interpretaci&oacute;n de la misma (de esencial y sagrada, a cambiante, incierta, &ldquo;l&iacute;quida&rdquo;, difusa&hellip;). Y en relaci&oacute;n con todo ello, un aspecto m&aacute;s a tener en cuenta: la transformaci&oacute;n del uso de las capacidades cognitivas. &ldquo;Cobrarse una pieza&rdquo; requer&iacute;a enormes dosis de atenci&oacute;n concentrada, focalizaci&oacute;n de los sentidos, cuerpo y mente polarizados hacia el entorno concreto. Hoy, por el contrario, se necesita habilidad de selecci&oacute;n r&aacute;pida en una marea imparable de informaci&oacute;n: selecci&oacute;n r&aacute;pida, atenci&oacute;n dispersa, flexible. Habr&aacute; que ir estudiando las distintas capacidades necesarias en el presente y las mejores v&iacute;as para desarrollarlas. Pero sin olvidar un dato que tiene sus consecuencias: el uso muy residual de la capacidad de atenci&oacute;n concentrada. Un dato que, de momento, queda ah&iacute; y al que volveremos enseguida.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A partir de este croquis podremos reflexionar &ldquo;sobre el terreno&rdquo; acerca de las peculiaridades de una sabidur&iacute;a para, en, el siglo XXI. Ser&aacute; teniendo en cuenta este escenario como podremos preguntarnos por su cultivo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>Sobre la atenci&oacute;n, el silencio de s&iacute; y la sabidur&iacute;a<\/em><\/strong>&nbsp;<\/p>\n<p>Publicaciones, seminarios, cursos, congresos&hellip; todas las esperanzas puestas en la &ldquo;atenci&oacute;n plena&rdquo; (<em>mindfulness<\/em>), en &ldquo;vivir el presente&rdquo;, el &ldquo;aqu&iacute; y ahora&rdquo;&hellip; como soluci&oacute;n a todo, pr&aacute;cticamente como sin&oacute;nimo de &ldquo;sabidur&iacute;a&rdquo; y\/o de espiritualidad. Y la atenci&oacute;n se muestra como imprescindible, s&iacute;, pero no basta, al menos tal como se practica y aplica generalmente en todas esas propuestas. &nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es verdad que all&iacute; donde se introducen pr&aacute;cticas de atenci&oacute;n y meditaci&oacute;n (empresas, centros educativos, etc.) disminuyen la tensi&oacute;n y la angustia, mejoran las relaciones humanas y la disposici&oacute;n al aprendizaje. No es magia, tiene su fundamento. Receptores de mucha m&aacute;s informaci&oacute;n de la que podemos procesar, separados de la realidad &ldquo;presencial&rdquo;, inmersos en un mundo virtual del que no participa el radar biol&oacute;gico, la vida reacciona en cada uno como lo har&iacute;a una planta sin ra&iacute;ces, o con muy pocas. De la misma forma en que incorporamos la pr&aacute;ctica del deporte para contrarrestar los efectos secundarios de un sedentarismo &ldquo;antinatural&rdquo;, proponer unos ejercicios de atenci&oacute;n al presente ayuda a paliar los efectos secundarios de un psiquismo desbordado y, a la vez, separado de su medio y de sus ritmos naturales. Permite empezar a recuperar las riendas de la focalizaci&oacute;n mental, aprender a dirigirla, saber c&oacute;mo restringir accesos no deseados. Nos permite ser m&aacute;s due&ntilde;os de nuestras capacidades y de las situaciones, al tiempo que se va fortaleciendo esa gran herramienta cognitiva que es la atenci&oacute;n focalizada, concentrada, que se estaba dejado fuera de juego, con bastante inconsciencia en cuanto al papel que juega en la construcci&oacute;n de sentido.&nbsp; &nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ese es un primer paso necesario pues, sin un m&iacute;nimo de salud y otro m&iacute;nimo de poder disponer de esa imprescindible herramienta, poco podr&iacute;amos hacer. Pero si lo que nos estamos planteando es c&oacute;mo favorecer la &ldquo;sabidur&iacute;a&rdquo;, no basta. Y posiblemente esa fuera tambi&eacute;n la intuici&oacute;n de los organizadores del congreso <em>Wisdom 2.0, <\/em>cuando explicitaron la necesidad de &ldquo;desarrollar lazos profundos con la realidad&rdquo; e invitaron a participar a un monje disertando sobre la gratitud&hellip;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Centrar la atenci&oacute;n pacifica, y pacificarse aporta un mayor bienestar personal. Pero todav&iacute;a no sabidur&iacute;a. Tal como la entendemos, la sabidur&iacute;a empieza all&aacute; donde la comprensi&oacute;n de la realidad se desliga del inter&eacute;s egocentrado y se desplaza hacia el inter&eacute;s por la realidad, lo cual implica bajar el volumen de demandas personales, exigencias, expectativas, deseos&hellip; Silenciar, dejar espacio a la realidad. Es atenci&oacute;n, s&iacute;. Pero una atenci&oacute;n peculiar: requiere propiciar y cultivar el silencio de s&iacute; para que la realidad, el otro, los otros, crezcan; propiciar y cultivar un inter&eacute;s m&aacute;s y m&aacute;s gratuito. Desde el desconocimiento de la realidad, desde el desarraigo, no puede darse sabidur&iacute;a. Pero &eacute;sta no es cualquier modo de conocer. Sabidur&iacute;a es lucidez amante, o amor l&uacute;cido y comprometido hacia la existencia que se acerca m&aacute;s y m&aacute;s a la realidad, en un gesto interior que se esfuerza por silenciar estereotipos, simplificaciones, proyecciones del yo. Entonces es cuando se comprende y se reacciona desde una perspectiva nueva, libre de nosotros mismos. Y ah&iacute; la experiencia de asombro, que constata el car&aacute;cter instrumental de cualquier concepto, divisi&oacute;n, explicaci&oacute;n o teor&iacute;a, al servicio de la gesti&oacute;n de la supervivencia: instrumentos que no llegan a &ldquo;tocar&rdquo; lo que &ldquo;aqu&iacute; hay&rdquo;. Y tras el asombro, la veneraci&oacute;n, la profunda actitud de respeto ante &ldquo;eso&rdquo;. Silencio de s&iacute; por el que el cuerpo, la mente, el sentir, reaccionan con veneraci&oacute;n asombrada ante el latir de la realidad, ante ese &ldquo;no s&eacute; qu&eacute;&rdquo; que la habita, no pudiendo m&aacute;s que desear el mayor bien de todo.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De ah&iacute; aquella afirmaci&oacute;n de Einstein de que el &nbsp;valor del ser humano depende del grado en el que logre silenciar su yo. Si la sabidur&iacute;a tuviera alguna medida, ser&iacute;a esa.&nbsp; Un camino de un solo paso &ndash;dec&iacute;a Junayd al-Bagd&acirc;di, en el s.X&ndash;: salir de s&iacute; mismo. Y, de hecho, no era otro el objetivo del cultivo de la atenci&oacute;n que ense&ntilde;aba el Buda; su exploraci&oacute;n, transformada hoy en remedio a la sobrecarga a la que est&aacute; expuesto el psiquismo humano en el siglo XXI, buscaba propiciar la desegocentraci&oacute;n desenmascarando los juegos del yo mediante la atenci&oacute;n. Pero &iquest;c&oacute;mo motivar hoy en esa direcci&oacute;n? &iquest;D&oacute;nde fundamentar ese &ldquo;paso&rdquo;? &iquest;C&oacute;mo hacer para no quedar en una superficie instrumental? &iquest;C&oacute;mo tener noticia del fruto del silencio de s&iacute;, si s&oacute;lo el silencio de s&iacute; permite vislumbrar esa noticia? Porque la mirada vuelta hacia s&iacute; no logra vislumbrar la otra cara de la realidad, la que se vive bajando el volumen de la construcci&oacute;n egocentrada. No puede.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa es la dificultad esencial; pero no ahora, siempre. De ah&iacute; el esfuerzo pedag&oacute;gico de tantos maestros de sabidur&iacute;a de Oriente y de Occidente, su llamada a &ldquo;despertar&rdquo;, a reconocer &ldquo;la joya profundamente escondida en cada uno&rdquo; (Yoka Daishi, s.VII, China), a apostar por aquel tesoro enterrado en el campo que todo lo vale. Y &ndash;dicho sea de paso&ndash; la causa, tambi&eacute;n, de que sus palabras fueran a menudo malinterpretadas. Sin la intuici&oacute;n del infinito que se muestra en cada instante, las invitaciones a &ldquo;venderlo todo&rdquo;, a &ldquo;morir a s&iacute; mismo&rdquo; para no quedar atrapados entre los fantasmas del yo, en lugar de ser captadas como v&iacute;as de sabidur&iacute;a, como incitaciones a vivir la &ldquo;eternidad&rdquo; aqu&iacute;, a menudo fueron recibidas como menosprecio de esta vida a cambio de otra futura.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Bien o mal interpretadas, ah&iacute; estaban esas ense&ntilde;anzas, viajando m&aacute;s o menos entremezcladas con todo el legado cultural que permit&iacute;a gestionar la realidad existencial de los grupos. La cuesti&oacute;n es c&oacute;mo captar su sentido hoy; que no pasen desapercibidas cuando los ojos y los corazones van dejando de mirar hacia atr&aacute;s, hacia el pasado; dif&iacute;cil que de entrada despierten suficiente inter&eacute;s. &iquest;Entonces? &iquest;Qu&eacute; es lo que podr&iacute;a hoy minimizar el poder de la fuerza de la natural egocentraci&oacute;n?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>Construyendo una relaci&oacute;n significativa con la realidad<\/em><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La clave ha de tener que ver con ser consecuentes con el conocimiento del conocimiento. La sabidur&iacute;a es conocimiento peculiar, pero conocimiento; establecer una relaci&oacute;n peculiar con la realidad, pero relaci&oacute;n. El inter&eacute;s desinteresado, gratuito, que la caracteriza no es algo que pueda imponerse, es un fruto &ndash;hemos dicho ya&ndash;, fruto de la percepci&oacute;n del valor de la realidad. El punto de partida de esa percepci&oacute;n tiene que ver con el logro de generar una relaci&oacute;n de calidad con la realidad, de hondura, desde las que son las bases del conocimiento en el siglo XXI. No las del siglo I, ni las del siglo X.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Qu&eacute; puede significar eso? &iquest;C&oacute;mo se concretar&iacute;a? En no transmitir, por ejemplo, montones de conocimientos como si en verdad se tratara de verdades cerradas y definitivas. &iexcl;Sabemos que no sabemos! Dec&iacute;amos que las ciencias cognitivas nos han puesto frente a dos certezas: de una parte, frente a ese car&aacute;cter limitado e instrumental de nuestros saberes; de otra, ante la comprensi&oacute;n de que el conocimiento no discurre por una sola v&iacute;a. A ra&iacute;z de su experiencia con las dos ventanas, Goodall subrayaba que fue la segunda la que, diluyendo etiquetas y fronteras, la situ&oacute; en el seno de la vida, permiti&eacute;ndole sentir la profunda unidad de todo y con todo. <em>Qu&eacute; <\/em><em>triste ser&iacute;a &ndash;concluye&ndash; que los humanos perdi&eacute;ramos el sentido del misterio, la capacidad de admirar y sentir ese profundo y sobrecogedor respeto; que la l&oacute;gica y la raz&oacute;n nos alienara por completo de nuestro ser m&aacute;s profundo<\/em><a href=\"#_ftn5\">[5]<\/a>. Dos ventanas, dos niveles de la cognici&oacute;n humana. Y una ense&ntilde;anza consecuente con el &ldquo;conocimiento del conocimiento&rdquo; ha de ser capaz de entrelazarlas; lejos de contraponerlas como si la una negara a la otra, las toma a las dos en consideraci&oacute;n y alimenta las capacidades que las hacen posibles: capacidad de interrogaci&oacute;n, de reflexi&oacute;n, de autonom&iacute;a personal, y de atenci&oacute;n plena, contemplativa, silenciada, pues es la suma de ellas lo que alumbra nuestra capacidad de asombro, de inter&eacute;s, de amor. As&iacute; en las palabras del m&eacute;dico, m&uacute;sico y m&iacute;stico Albert Schweitzer: <em>Cuanto m&aacute;s fina y penetrante es la descripci&oacute;n cient&iacute;fica, mayor es la admiraci&oacute;n ante el misterio de la existencia, ante el irresoluble enigma de la presencia de una gota de lluvia, o de un copo de nieve. Me esfuerzo por no dejar morir la capacidad de so&ntilde;ar, espole&aacute;ndola con los mil prodigios que se pueden contemplar a cada instante y cuantos m&aacute;s a&ntilde;os pasan, m&aacute;s se multiplican &eacute;stos<\/em><a href=\"#_ftn6\"><sup><sup>[6]<\/sup><\/sup><\/a><em>. <\/em><\/p>\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/em>La semilla de la sabidur&iacute;a puede echar ra&iacute;ces en un proceso de aprendizaje que equipe para la aventura de la vida desde la plena conciencia de la incertidumbre que habitamos, y del tesoro que encierra. Que, desde ella, invite al reconocimiento de todas las dimensiones de la realidad, explor&aacute;ndolas desde las v&iacute;as conceptuales y las silenciosas. &nbsp;En un proceso que no puede olvidar alfabetizar en los lenguajes propios de cada una de ellas (conceptuales, simb&oacute;licos, metaf&oacute;ricos, visuales, auditivos, etc.) Que ayude, a su vez, a comprender las funciones del &ldquo;yo&rdquo; y sus l&iacute;mites, curando de las falsas creencias sobre uno mismo que amontonamos d&iacute;a a d&iacute;a.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En esa construcci&oacute;n, o reconstrucci&oacute;n, de una relaci&oacute;n significativa con la realidad (as&iacute; como con nosotros mismos) es cuando volver la mirada hacia la sabidur&iacute;a del pasado adquiere sentido de nuevo &ndash;si es que nos hemos hecho capaces de interpretar los mensajes que transitan por claves simb&oacute;licas&ndash;. Pueden volver a cobrar vida todas esas palabras centenarias, milenarias. No ya como andamiaje que pretendiera fijar un escenario de vida donde no puede haber puntos fijos, sino como pistas a explorar, pistas nacidas de la experiencia, que avisan de los vientos y corrientes que pueden favorecer una ruta valiosa. Ni fijan en escenarios del pasado, ni apuntan a otra vida, ni son motivo o justificaci&oacute;n de encontronazos culturales.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una imagen de Pierre Levy<a href=\"#_ftn7\">[7]<\/a> nos podr&aacute; ayudar: dibuja el contraste entre un arca y una tabla de surf. Ante el diluvio, No&eacute; carg&oacute; con todo, con todas las formas de vida, para protegerlas. La imagen del arca sugiere ese perpetuar la vida resguardando el tesoro que se posee, protegi&eacute;ndolo de los embates, de los cambios. En el interior del arca &ndash;en el seno de cada sistema cultural&ndash;, la vida estaba asegurada. Durante siglos, milenios, cada persona, cada grupo, pudo concebir y afrontar la existencia y una vida en profundidad como si se tratara del interior de una gran arca protectora de las propias verdades y del grupo mismo. En esas condiciones, quienes &ndash;desde actitudes profundamente sabias&ndash; transmit&iacute;an sabor de verdad a los suyos, no pon&iacute;an en duda el saber heredado; lo reinterpretaban arranc&aacute;ndolo de unos usos fosilizados, remitiendo a su sentido original olvidado (&ldquo;pero yo os digo&hellip;&rdquo;), d&aacute;ndole nueva vida.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ahora bien, cuando se ha diluido toda certeza, cuando no hay ning&uacute;n punto fijo, cuando se concibe el conocimiento como interpretaci&oacute;n limitada y cambiante, cuando no hay m&aacute;s realidad de futuro y de presente que la que se va creando paso a paso, entonces no es un arca lo que hace falta sino una tabla de surf, miles, millones de tablas de surf con las que encarar los embates del oleaje de la incertidumbre -&iexcl;y la pasi&oacute;n de los surfistas para hacerlo!-. Se trata de ver cu&aacute;l es la fuente de estabilidad en pleno oleaje, c&oacute;mo sostenerse gozosa y humanamente en pie, c&oacute;mo aprovechar las corrientes y los vientos para poder vivir sabiamente, amantes de la existencia, colaborando en el bien de todo y de todos; encarando la subida de las aguas no como algo angustioso de lo que desear&iacute;amos protegernos, sino como lo que es: el modo natural de vida, algo que est&aacute; ah&iacute; para quedarse. Y desde esa perspectiva los legados intocables y sacrosantos despiertan muy poco inter&eacute;s; pero s&iacute; las pistas de los sabios, cuando pueden ser percibidas como experiencias reales, dignas de ser exploradas.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aprendiendo a aprovechar esas orientaciones, es cuando se aprecia que no pretenden apuntalar &ldquo;mi&rdquo; (&ldquo;nuestra&rdquo;) verdad contra la verdad que da sentido al grupo que navega en otra arca, sino que avisan de las posibilidades de una vida verdaderamente humana y alertan de la ignorancia que nos deja atados a medio camino, conformados con sobrevivir. Cuando la globalizaci&oacute;n sit&uacute;a a las distintas sociedades compartiendo un mismo espacio-tiempo, qu&eacute; necesario resulta comprender esto. Y, entonces, &iexcl;bendito tiempo &eacute;ste que nos ofrece, no una, sino innumerables fuentes de sabidur&iacute;a!<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En otro tiempo el criterio de &ldquo;veracidad&rdquo; &ndash;v&aacute;lido para cualquier &aacute;mbito del conocimiento&ndash; radicaba en poder establecer el enlace con la &ldquo;fuente&rdquo;, en poder dar fe de los eslabones de la cadena de transmisi&oacute;n; y lo contrario al error &ndash;la condici&oacute;n de acierto&ndash;, en no apartarse del modelo del pasado (&ldquo;si entonces fue as&iacute;, es que debe seguir siendo as&iacute;&rdquo;, por los siglos de los siglos&hellip;). La imagen que parece concordar m&aacute;s con la configuraci&oacute;n de la realidad m&oacute;vil del presente es la de la red, red de redes, intercambio de conocimientos, trabajo en equipo, comunicaci&oacute;n, tanteos&hellip; Ese es el modo de concebir el conocimiento y de proceder que se percibe como natural, tan natural como pudo serlo en otro tiempo el de la cadena intergeneracional. En esa realidad de redes fluidas dif&iacute;cilmente podr&iacute;amos determinar puntos externos donde &ldquo;fijar&rdquo; el criterio de verdad, o el de &ldquo;aut&eacute;ntica fuente de sabidur&iacute;a&rdquo;; no se podr&aacute; contar con m&aacute;s criterio que la capacidad de reconocer el &ldquo;sabor&rdquo; que desprende la relaci&oacute;n significativa con la realidad, sabor de gratuidad, de inter&eacute;s pleno; una capacidad desarrollada en peque&ntilde;as comunidades de aprendizaje sin m&aacute;s jerarqu&iacute;a que el compromiso y los tanteos de todos y cada uno.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se podr&aacute; objetar que sin ese criterio externo, fijo y definitivo con el que contrastar, puede colarse mucha oferta de poca calidad, mescolanzas de todo tipo. Cierto. Pero eso no deber&iacute;a asustarnos demasiado: tambi&eacute;n ocurr&iacute;a antes. No hace falta ir a buscar muy lejos. La historia nos muestra que no todo era oro en esas l&iacute;neas de transmisi&oacute;n tan verificadas. &iexcl;Cu&aacute;nto dolor, cu&aacute;ntas condenas, cuantas muertes, en nombre de verdades &nbsp;sabias y sacrosantas! El yo, los yoes, con todas sus inseguridades personales y colectivas, pueden siempre interferir distorsionando.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De ah&iacute; que cerremos esta reflexi&oacute;n volviendo al punto de partida. No vale menospreciar las limitaciones de los tanteos del presente desde a&ntilde;oranzas de la grandeza del pasado. El cambio de escenario plantea unos retos inmensos ante los que s&oacute;lo vale ponerse manos a la obra, sacando de las arcas el legado del que cada cual &ndash;en una medida u otra&ndash; se sepa portador, y ver c&oacute;mo puede ofrecerse esa riqueza al servicio de los atolondrados, geniales, intr&eacute;pidos o ignorantes &ndash;de todo un poco&ndash;, que se sostienen tan bien como pueden sobre sus tablas, en una realidad en transformaci&oacute;n continua que no han generado ellos, ni ellas, y para la que no est&aacute;n, ni estamos, equipados todav&iacute;a.&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div> <\/p>\n<hr size=\"1\" \/>\n<div>\n<p><a href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> Iren&auml;us Eibl-Eibesfeldt. <em>La sociedad de la desconfianza. <\/em>Herder, p. 49.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a href=\"#_ftnref2\">[2]<\/a> Edgar Morin. <em>La mente bien ordenada. <\/em>Seix Barral, p. 72<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a href=\"#_ftnref3\">[3]<\/a> Jane Goodall. <em>Gracias a la vida. <\/em>Mondadori, p. 160-165<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a href=\"#_ftnref4\">[4]<\/a> muy recomendable la lectura de <em>Identidades asesinas <\/em>de Amin Maalouf (en Alianza. O: <em>Indentitats que maten<\/em>, en La Campana)&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a href=\"#_ftnref5\">[5]<\/a> <em>op. cit<\/em>. p. 165.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a href=\"#_ftnref6\">[6]<\/a> Albert Schweitzer. <em>Souvenirs de mon enfance<\/em>. Istra, 1951, p. 66.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a href=\"#_ftnref7\">[7]<\/a> Pierre L&eacute;vy. <em>La cibercultura, el segon diluvi? <\/em>Proa, p. 127<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Art&iacute;culo publicado en la Revista Iglesia Viva (n&ordm; 258: J&oacute;venes en la encrucijada (verano 2014)).En el mes de febrero tuvo lugar en Silicon Valley (California), en el centro neur&aacute;lgico de la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica, la tercera edici&oacute;n del encuentro anual Wisdom 2.0., unas jornadas en las que los fundadores de Facebook, Twitter, eBay, etc., as&iacute; como&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":57077,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[161],"tags":[],"post_series":[],"class_list":["post-57076","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-sociedad-en-cambio","entry","has-media"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/57076","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=57076"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/57076\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/57077"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=57076"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=57076"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=57076"},{"taxonomy":"post_series","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetr.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/post_series?post=57076"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}