{"id":57172,"date":"2015-01-08T00:00:00","date_gmt":"2015-01-08T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2016-09-16T11:28:08","modified_gmt":"2016-09-16T09:28:08","slug":"identidades_asesinas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/identidades_asesinas\/","title":{"rendered":"Identidades asesinas"},"content":{"rendered":"<p>Los asesinatos de Par\u00eds de este mes de enero, nos han tra\u00eddo a la memoria las reflexiones de Amin Maalouf en su libro <span style=\"color: #800000;\"><em><a href=\"http:\/\/www.alianzaeditorial.es\/libro.php?id=2946145&amp;id_col=100508&amp;id_subcol=100512\">Identidades asesinas<\/a> <\/em>(Alianza Editorial, 1999)<\/span> de la que ofrecemos una peque\u00f1a selecci\u00f3n en este art\u00edculo. Una obra de denuncia de las distorsiones de la realidad que pueden llevar a los seres humanos a matarse entre s\u00ed y que, desgraciadamente, conserva hoy toda su vigencia. Maalouf contin\u00faa su reflexi\u00f3n en otra obra muy recomendable: <span style=\"color: #800000;\"><em><a href=\"http:\/\/maalouf.alianzaeditorial.es\/libro.php?id=2659618\">El desajuste del mundo<\/a> <\/em>(Alianza Editorial, 2010)<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #800000;\"><strong>Identidades asesinas<\/strong><strong>\u00a0<\/strong><\/span><\/p>\n<p>Mi identidad es lo que hace que yo no sea id\u00e9ntico a ninguna otra persona.<\/p>\n<p>As\u00ed definido, el t\u00e9rmino \u00abidentidad\u00bb denota un concepto relativamente preciso, que no deber\u00eda presentarse a confusi\u00f3n. \u00bfRealmente hace falta una larga argumentaci\u00f3n para establecer que no puede haber dos personas id\u00e9nticas?<\/p>\n<p>La identidad de una persona est\u00e1 constituida por infinidad de elementos que evidentemente no se limitan a los que figuran en los registros oficiales. La gran mayor\u00eda de la gente, desde luego, pertenece a una gran tradici\u00f3n religiosa; a una naci\u00f3n, y en ocasiones a dos; a un grupo \u00e9tnico o ling\u00fc\u00edstico; a una familia m\u00e1s o menos extensa;<\/p>\n<p>a una profesi\u00f3n; a una instituci\u00f3n; a un determinado \u00e1mbito social Y la lista no acaba ah\u00ed, sino que pr\u00e1cticamente podr\u00eda no tener fin: podemos sentirnos pertenecientes, con m\u00e1s o menos fuerza, a una provincia, a un pueblo, a un barrio, a un clan, a un equipo deportivo o profesional, a una pandilla de amigos, a un sindicato, a una empresa, a un partido, a una asociaci\u00f3n, a una parroquia, a una comunidad de personas que tienen las mismas pasiones, las mismas preferencias sexuales o las mismas minusval\u00edas f\u00edsicas, o que se enfrentan a los mismos problemas ambientales. No todas esas pertenencias tienen, claro est\u00e1, la misma importancia, o al menos no la tienen simult\u00e1neamente. Pero ninguna de ellas carece por completo de valor. Son los elementos constitutivos de la personalidad, casi dir\u00edamos que los \u00abgenes del alma\u00bb, siempre que precisemos que en su mayor\u00eda no son innatos.<br \/>\nAunque cada uno de esos elementos est\u00e1 presente en gran n\u00famero de individuos, nunca se da la misma combinaci\u00f3n en dos personas distintas, y es justamente ah\u00ed donde reside la riqueza de cada uno, su valor personal, lo que hace que todo ser humano sea singular y potencialmente insustituible.<\/p>\n<p>Igual que otros hacen examen de conciencia, yo a veces me veo haciendo lo que podr\u00edamos llamar \u00abexamen de identidad\u00bb. No trato con ello \u2014ya se habr\u00e1 adivinado-de encontrar en m\u00ed una pertenencia \u00abesencial\u00bb en la que pudiera reconocerme, as\u00ed que adopto la actitud contraria: rebusco en mi memoria para que aflore el mayor n\u00famero posible de componentes de mi identidad, los agrupo y hago la lista, sin renegar de ninguno de ellos.<\/p>\n<p>Gracias a cada una de mis pertenencias, tomadas por separado, estoy unido por un cierto parentesco a muchos de mis semejantes; gracias a esos mismos criterios, pero tomados todos juntos, tengo mi identidad propia, que no se confunde con ninguna otra.<\/p>\n<p>Es exactamente eso lo que caracteriza la identidad de cada cual, compleja, \u00fanica, irremplazable, imposible de confundirse con ninguna otra. Lo que me hace insistir en este punto es ese h\u00e1bito mental, tan extendido hoy y a mi juicio sumamente pernicioso, seg\u00fan el cual para que una persona exprese su identidad le basta con decir \u00absoy \u00e1rabe\u00bb, \u00absoy franc\u00e9s\u00bb, \u00absoy negro\u00bb, \u00absoy serbio\u00bb, \u00absoy musulm\u00e1n\u00bb o \u00absoy jud\u00edo\u00bb; a quien, como yo acabo de hacer, enumera sus m\u00faltiples pertenencias se lo acusa al instante de querer \u00abdisolver\u00bb su identidad en un batiburrillo informe en el que todos los colores quedar\u00edan difuminados. Sin embargo, lo que trato de decir es lo contrario. No que todos los hombres sean parecidos, sino que cada uno es distinto a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Las personas no son intercambiables, y es frecuente observar, en el seno de la misma familia ruandesa, irlandesa, libanesa, argelina o bosnia, y entre dos hermanos que han vivido en el mismo entorno, unas diferencias en apariencia m\u00ednimas que sin embargo les har\u00e1n reaccionar, en materia de pol\u00edtica, de religi\u00f3n o en su vida cotidiana, de dos maneras totalmente opuestas, y que incluso pueden determinar que uno de ellos mate y otro prefiera el di\u00e1logo y la reconciliaci\u00f3n.<br \/>\nA pocos se les ocurrir\u00eda discutir expl\u00edcitamente todo lo que acabo de decir. Pero nos comportamos como si no fuera as\u00ed. Por comodidad, englobamos bajo el mismo t\u00e9rmino a las gentes m\u00e1s distintas, y por comodidad tambi\u00e9n les atribuimos cr\u00edmenes, acciones colectivas, opiniones colectivas: \u00ablos serbios han hecho una matanza&#8230;\u00bb, \u00ablos ingleses han saqueado&#8230;\u00bb, \u00ablos \u00e1rabes se niegan&#8230;\u00bb. Sin mayores problemas formulamos juicios como que tal o cual pueblo es \u00abtrabajador\u00bb, \u00abh\u00e1bil\u00bb o \u00abvago\u00bb, \u00abdesconfiado\u00bb o \u00abhip\u00f3crita\u00bb, \u00aborgulloso\u00bb o \u00abterco\u00bb, y a veces terminan convirti\u00e9ndose en convicciones profundas.<br \/>\nS\u00e9 que no es realista esperar que todos nuestros contempor\u00e1neos modifiquen de la noche a la ma\u00f1ana sus expresiones habituales. Pero me parece importante que todos cobremos conciencia de que esas frases no son inocentes, y de que contribuyen a perpetuar unos prejuicios que han demostrado, a lo largo de toda la historia, su capacidad de perversi\u00f3n y muerte.<br \/>\nPues es nuestra mirada la que muchas veces encierra a los dem\u00e1s en sus pertenencias m\u00e1s limitadas, y es tambi\u00e9n nuestra mirada la que puede liberarlos.<\/p>\n<p>La identidad no se nos da de una vez por todas, sino que se va construyendo y transformando a lo largo de toda nuestra existencia.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" style=\"float: left; margin: 5px 10px 5px 10px;\" src=\"\/files\/1421401217_maalouf_identidades_asesi_r167x256.png\" alt=\"\" width=\"270\" height=\"413\" \/>Lo que determina que una persona pertenezca a un grupo es esencialmente la influencia de los dem\u00e1s; la influencia de los seres cercanos \u2013familiares, compatriotas, correligionarios\u2013, que quieren apropiarse de ella, y la influencia de los contrarios, que tratan de excluirla. Todo ser humano ha de optar personalmente entre unos caminos por los que se lo empuja a ir y otros que le est\u00e1n vedados o sembrados de trampas; no es \u00e9l desde el principio, no se limita a \u201ctomar conciencia\u201d de lo que es, sino que se hace lo que es; no se limita a \u201ctomar conciencia\u201d de su identidad, sino que la va adquiriendo paso a paso.<br \/>\nEl aprendizaje se inicia muy pronto, ya en la primera infancia. Voluntariamente o no, los suyos lo modelan, lo conforman, le inculcan creencias de la familia, ritos, actitudes, convenciones, y la lengua materna, claro est\u00e1, y adem\u00e1s temores, aspiraciones, prejuicios, rencores, junto a sentimientos tanto de pertenencia como de no pertenencia.<br \/>\nY enseguida tambi\u00e9n, en casa, en el colegio o en la calle de al lado, se producen las primeras heridas en el amor propio. Los dem\u00e1s le hacen sentir, con sus palabras o sus miradas, que es pobre, o cojo, o bajo, o \u00abpatilargo\u00bb, o moreno de tez, o demasiado rubio, o circunciso o no circunciso, o hu\u00e9rfano; son las innumerables diferencias, m\u00ednimas o mayores, que tratan los contornos de cada personalidad, que forjan los comportamientos, las opiniones, los temores y las ambiciones, que a menudo resultan eminentemente edificantes pero que a veces producen heridas que no se curan nunca.<br \/>\nSon esas heridas las que determinan, en cada fase de la vida, la actitud de los seres humanos con respecto a sus pertenencias y a la jerarqu\u00eda de \u00e9stas. Cuando alguien ha sufrido vejaciones por su religi\u00f3n, cuando ha sido v\u00edctima de humillaciones y burlas por el color de su piel o por su acento, o por vestir harapos, no lo olvida nunca.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hasta ahora he venido insistiendo continuamente en que la identidad est\u00e1 formada por m\u00faltiples pertenencias; pero es imprescindible insistir otro tanto en el hecho de que es \u00fanica, y que la vivimos como un todo.<\/p>\n<p>La identidad de una persona no es una yuxtaposici\u00f3n de pertenencias aut\u00f3nomas, no es un mosaico: es un dibujo sobre una piel tirante; basta con tocar una sola de esas pertenencias para que vibre la persona entera.<\/p>\n<p>Por otra parte, la gente suele tender a reconocerse en la pertenencia que es m\u00e1s atacada; a veces, cuando no se sienten con fuerzas para defenderla, la disimulan, y entonces se queda en el fondo de la persona, agazapada en la sombra, esperando el momento de la revancha; pero, asumida u oculta, proclamada con discreci\u00f3n o con estr\u00e9pito, es con ella con la que se identifican. Esa pertenencia \u2014a una raza, a una religi\u00f3n, a una lengua, a una clase&#8230;\u2014 invade entonces la identidad entera. Los que la comparten se sienten solidarios, se agrupan, se movilizan, se dan \u00e1nimos entre s\u00ed, arremeten contra \u00ablos de enfrente\u00bb. Para ellos, \u00abafirmar su identidad\u00bb pasa a ser inevitablemente un acto de valor, un acto liberador&#8230;<\/p>\n<p>En el seno de cada comunidad herida aparecen evidentemente cabecillas. Airados o calculadores, manejan expresiones extremas que son un b\u00e1lsamo para las heridas. Dicen que no hay que mendigar el respeto de los dem\u00e1s, un respeto que se les debe, sino que hay que impon\u00e9rselo. Prometen victoria o venganza, inflaman los \u00e1nimos y a veces recurren a m\u00e9todos extremos con los que quiz\u00e1s pudieron so\u00f1ar en secreto algunos de sus afligidos hermanos. A partir de ese momento, con el escenario ya dispuesto puede empezar la guerra. Pase lo que pase, \u00ablos otros\u00bb se lo habr\u00e1n merecido, y \u00abnosotros\u00bb recordaremos con precisi\u00f3n \u00abtodo lo que hemos tenido que soportar\u00bb desde el comienzo de los tiempos. Todos los cr\u00edmenes, todos los abusos, todas las humillaciones, todos los miedos, los nombres, las fechas, las cifras.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de cada matanza \u00e9tnica nos preguntamos, con raz\u00f3n, c\u00f3mo es posible que seres humanos lleguen a cometer tales atrocidades. Algunas de esas conductas sin freno nos parecen incomprensibles, indescifrable su l\u00f3gica. Hablamos entonces de locura asesina, de locura sanguinaria, ancestral, hereditaria. En cierto sentido es locura, efectivamente. Es locura cuando un hombre, por lo dem\u00e1s sano, de esp\u00edritu se transforma de la noche a la ma\u00f1ana en alguien que mata. Pero cuando son miles o millones los que matan, cuando el fen\u00f3meno se repite en un pa\u00eds tras otro, en el seno de culturas diferentes, tanto entre los seguidores de todas las religiones como entre los que no profesan fe alguna, decir \u00ablocura\u00bb no basta. Lo que por comodidad llamamos \u00ablocura asesina\u00bb es una propensi\u00f3n de nuestros semejantes a transformarse en asesinos cuando sienten que su \u00abtribu\u00bb est\u00e1 amenazada.<br \/>\nEl sentimiento de miedo o de inseguridad no siempre obedece a consideraciones racionales, pues hay veces en que se exagera o adquiere incluso un car\u00e1cter paranoico; pero a partir del momento en que una poblaci\u00f3n tiene miedo, lo que hemos de tener en cuenta es m\u00e1s la realidad del miedo que la realidad de la amenaza.<\/p>\n<p>No creo que la pertenencia a tal o cual etnia, religi\u00f3n, naci\u00f3n u otra cosa predisponga a matar. Basta con repasar los hechos sucedidos en los \u00faltimos a\u00f1os para constatar que toda comunidad humana, a poco que su existencia se sienta humillada o amenazada, tiende a producir personas que matar\u00e1n, que cometer\u00e1n las peores atrocidades convencidas de que est\u00e1n en su derecho, de que as\u00ed se ganan el Cielo y la admiraci\u00f3n de los suyos. Hay un Mr. Hyde en cada uno de nosotros; lo importante es impedir que se den las condiciones que ese monstruo necesita para salir a la superficie.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La que recorre como una filigrana todo este libro podr\u00eda formularse as\u00ed: si los hombres de todos los pa\u00edses, de todas las condiciones, de todas las creencias se transforman con tanta facilidad en asesinos, si es igualmente tan f\u00e1cil que los fan\u00e1ticos de toda laya se impongan como defensores de la identidad, es porque la concepci\u00f3n \u00abtribal\u00bb de la identidad que sigue dominando en el mundo entero favorece esa desviaci\u00f3n; es una concepci\u00f3n heredada de los conflictos del pasado, que muchos rechazar\u00edamos s\u00f3lo con pensarlo un poco m\u00e1s pero que seguimos suscribiendo por costumbre, por falta de imaginaci\u00f3n o por resignaci\u00f3n, contribuyendo as\u00ed, sin quererlo, a que se produzcan las tragedias que el d\u00eda de ma\u00f1ana nos har\u00e1n sentirnos sinceramente conmovidos.<\/p>\n<p>Desde el comienzo de este libro vengo hablando de identidades asesinas, expresi\u00f3n que no me parece excesiva por cuanto que la concepci\u00f3n que denuncio, la que reduce la identidad a la pertenencia a una sola cosa, instala a los hombres en una actitud parcial, sectaria, intolerante, dominadora, a veces suicida, y los transforma a menudo en gentes que matan o en partidarios de los que lo hacen. Su visi\u00f3n del mundo est\u00e1 por ello sesgada, distorsionada. Los que pertenecen a la misma comunidad son \u00ablos nuestros\u00bb; queremos ser solidarios con su destino, pero tambi\u00e9n podemos ser tir\u00e1nicos con ellos: si los consideramos \u00abtimoratos\u00bb, los denunciamos, los aterrorizamos, los castigamos por \u00abtraidores\u00bb y \u00abrenegados\u00bb. En cuanto a los otros, a los que est\u00e1n del otro lado de la l\u00ednea, jam\u00e1s intentamos ponernos en su lugar, nos cuidamos mucho de preguntarnos por la posibilidad de que, en tal o cual cuesti\u00f3n, no est\u00e9n completamente equivocados, procuramos que no nos ablanden sus lamentos, sus sufrimientos, las injusticias de que han sido v\u00edctimas. S\u00f3lo cuenta el punto de vista de \u00ablos nuestros\u00bb, que suele ser el de los m\u00e1s aguerridos de la comunidad, los m\u00e1s demagogos, los m\u00e1s airados.<\/p>\n<p>A la inversa, desde el momento en que concebimos nuestra identidad como integrada por m\u00faltiples pertenencias, unas ligadas a una historia \u00e9tnica y otras no, unas ligadas a una tradici\u00f3n religiosa y otras no, desde el momento en que vemos en nosotros mismos, en nuestros or\u00edgenes y en nuestra trayectoria, diversos elementos confluentes, diversas aportaciones, diversos mestizajes, diversas influencias sutiles y contradictorias, se establece una relaci\u00f3n distinta con los dem\u00e1s, y tambi\u00e9n con los de nuestra propia \u00abtribu\u00bb. Ya no se trata simplemente de \u00abnosotros\u00bb y de \u00abellos\u00bb, como dos ej\u00e9rcitos en orden de batalla que se preparan para el siguiente enfrentamiento, para la siguiente revancha. Ahora, en \u00abnuestro\u00bb lado hay personas con las que en definitiva tengo muy pocas cosas en com\u00fan, y en el lado de \u00abellos\u00bb hay otras de las que puedo sentirme muy cerca.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Que la concepci\u00f3n \u00abtribal\u00bb de la identidad siga prevaleciendo hoy en todo el mundo, y no s\u00f3lo entre los fan\u00e1ticos, es por desgracia la pura verdad. Pero hay muchas concepciones que han estado vigentes durante muchos siglos y que hoy ya no son aceptables, como por ejemplo la supremac\u00eda \u00abnatural\u00bb del hombre con respecto a la mujer, la jerarqu\u00eda entre las razas o incluso, en fechas m\u00e1s recientes, el apartheid y otros sistemas de segregaci\u00f3n. Anta\u00f1o tambi\u00e9n se consideraba la tortura como pr\u00e1ctica \u00abnormal\u00bb en la administraci\u00f3n de justicia, y la esclavitud fue durante mucho tiempo una realidad cotidiana que grandes personalidades del pasado se guardaron mucho de poner en entredicho.<br \/>\nDespu\u00e9s fueron imponi\u00e9ndose poco a poco ideas nuevas: que todo ser humano ten\u00eda unos derechos que hab\u00eda que definir y respetar; que las mujeres deb\u00edan tener los mismos derechos que los hombres; que tambi\u00e9n la naturaleza merec\u00eda ser preservada; que hay unos intereses que son comunes a todos los seres humanos, en \u00e1mbitos cada vez m\u00e1s numerosos \u2014el medio ambiente, la paz, los intercambios internacionales, la lucha contra los grandes azotes de la humanidad\u2014; que se pod\u00eda e incluso se deb\u00eda intervenir en los asuntos internos de los pa\u00edses cuando no se respetaban en ellos los derechos humanos fundamentales.<br \/>\nAs\u00ed pues, las ideas que han estado vigentes a lo largo de toda la Historia no tienen por qu\u00e9 seguir est\u00e1ndolo en las pr\u00f3ximas d\u00e9cadas. Cuando aparecen realidades nuevas, hemos de reconsiderar nuestras actitudes, nuestros h\u00e1bitos; a veces, cuando esas realidades se presentan con gran rapidez, nuestra mentalidad se queda rezagada, y resulta as\u00ed que tratamos de extinguir los incendios roci\u00e1ndolos con productos inflamables.<br \/>\nEn la \u00e9poca de la mundializaci\u00f3n, con ese proceso acelerado, vertiginoso, de amalgama, de mezcla, que nos envuelve a todos, es necesario \u2014\u00a1y urgente!\u2014 elaborar una nueva concepci\u00f3n de la identidad. No podemos limitarnos a obligar a miles de millones de personas desconcertadas a elegir entre afirmar a ultranza su identidad y perderla por completo, entre el integrismo y la desintegraci\u00f3n. Sin embargo, eso es lo que se deriva de la concepci\u00f3n que sigue dominando en este \u00e1mbito. Si a nuestros contempor\u00e1neos no se los incita a que asuman sus m\u00faltiples pertenencias, si no pueden conciliar su necesidad de tener una identidad con una actitud abierta, con franqueza y sin complejos, ante las dem\u00e1s culturas, si se sienten obligados a elegir entre negarse a s\u00ed mismos y negar a los otros, estaremos formando legiones de locos sanguinarios, legiones de seres extraviados.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se deber\u00eda animar a todo ser humano a que asumiera su propia diversidad, a que entendiera su identidad como la suma de sus diversas pertenencias en vez de confundirla con una sola, erigida en pertenencia suprema y en instrumento de exclusi\u00f3n, a veces en instrumento de guerra.<br \/>\nTambi\u00e9n las sociedades deber\u00edan asumir las m\u00faltiples pertenencias que han forjado su identidad a lo largo de la Historia, y que a\u00fan siguen configur\u00e1ndola; deber\u00edan hacer un esfuerzo para mostrar, a trav\u00e9s de s\u00edmbolos visibles, que asumen su diversidad, de manera que cada ciudadano pueda identificarse con lo que ve a su alrededor, pueda reconocerse en la imagen del pa\u00eds en que vive y se sienta movido a implicarse en \u00e9l en vez de quedarse, como tantas veces sucede, como un espectador inquieto y en ocasiones hostil.<\/p>\n<p>Todos y cada uno de nosotros somos depositarios de dos herencias: una, \u00abvertical\u00bb, nos viene de nuestros antepasados, de las tradiciones de nuestro pueblo, de nuestra comunidad religiosa; la otra, \u00abhorizontal\u00bb, es producto de nuestra \u00e9poca, de nuestros contempor\u00e1neos. Es esta segunda la que a mi juicio resulta m\u00e1s\u00a0 determinante, y lo es cada d\u00eda un poco m\u00e1s; sin embargo, esa realidad no se refleja en nuestra percepci\u00f3n de nosotros mismos. No es a la herencia \u00abhorizontal\u00bb a la que nos adscribimos, sino a la otra.<\/p>\n<p>Perm\u00edtame el lector que insista, pues es esencial por lo que afecta al concepto de identidad tal como se manifiesta en la actualidad: est\u00e1, por un lado, lo que realmente somos, y lo que la mundializaci\u00f3n cultural hace de nosotros, es decir, seres tejidos con hilos de todos los colores que comparten con la gran comunidad de sus contempor\u00e1neos lo esencial de sus referencias, de sus comportamientos, de sus creencias. Y despu\u00e9s, por otro lado, est\u00e1 lo que pensamos que somos, lo que pretendemos ser, es decir, miembros de tal comunidad y no de tal otra, seguidores de una fe y no de otra. No se trata de negar la importancia de nuestra pertenencia a una religi\u00f3n, a una naci\u00f3n o a cualquier otra cosa. No se trata de negar la influencia, a menudo decisiva, de nuestra herencia \u00abvertical\u00bb. Se trata sobre todo, en este aspecto, de resaltar el hecho de que hay un abismo entre lo que somos y lo que creemos que somos.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">(pgs. 20-50 y 124-125)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los asesinatos de Par\u00eds de este mes de enero, nos han tra\u00eddo a la memoria las reflexiones de Amin Maalouf en su libro Identidades asesinas (Alianza Editorial, 1999) de la que ofrecemos una peque\u00f1a selecci\u00f3n en este art\u00edculo. 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