{"id":57198,"date":"2015-01-28T00:00:00","date_gmt":"2015-01-28T00:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2016-08-28T14:03:42","modified_gmt":"2016-08-28T12:03:42","slug":"la_sinceridad_clave_para_la_armonia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/la_sinceridad_clave_para_la_armonia\/","title":{"rendered":"La sinceridad, clave para la armon\u00eda"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #800000;\">traducci\u00f3n del art\u00edculo publicado en el diario ARA (02\/12\/2015 pgs. 30-31)<\/span><em><br \/>\nCuando queremos apropiarnos de la sinceridad y construirla desde nuestros par\u00e1metros mentales, se desvanece.<\/em><br \/>\nA menudo pensamos que en una relaci\u00f3n social, por ejemplo en el trabajo o la familia, las cosas fluyen mejor si no somos del todo sinceros. En el juego de las apariencias y las buenas maneras se esconden actitudes hip\u00f3critas que, si bien superficialmente o en un primer momento pueden parecer efectivas para mantener un cierto orden o estabilidad&#8230;<\/p>\n<p>A menudo pensamos que en una relaci\u00f3n social, por ejemplo en el trabajo o la familia, las cosas fluyen mejor si no somos del todo sinceros. En el juego de las apariencias y las buenas maneras se esconden actitudes hip\u00f3critas que, si bien superficialmente o en un primer momento pueden parecer efectivas para mantener un cierto orden o estabilidad, acaban por da\u00f1ar las bases de cualquier relaci\u00f3n. El valor de la sinceridad no siempre est\u00e1 bien visto, sobre todo en sociedades complejas acostumbradas a funcionar a base de mentiras o medias verdades, hechas de silencios que tapan y no de silencios que abren.<\/p>\n<p>Porque sinceridad y silencio son espacios comunes indisociables en su aspecto liberador cuando entramos respet\u00e1ndolos y admitiendo lo que son. Si se tergiversan, si los ponemos a nuestro servicio, pierden toda funci\u00f3n vital para convertirse en herramientas represoras, ya sea en uno mismo o en la sociedad. Cuando entramos en el espacio de la sinceridad, en el terreno del silencio, desaparecen los miedos, ya que una relaci\u00f3n sin este espacio compartido es una relaci\u00f3n fundamentada en el miedo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Los velos de la sinceridad<\/strong><\/p>\n<p>Emprender el camino de la sinceridad no es un movimiento r\u00e1pido ni autom\u00e1tico. Decir lo que se piensa y expresar en todo momento lo que sentimos no significa necesariamente actuar desde la sinceridad. De hecho, a menudo es lo contrario: lo que consideramos sincero no es m\u00e1s que una construcci\u00f3n mental basada en prejuicios, bloqueos emocionales y maneras de encajar la realidad en los propios deseos. El autoconvencimiento se confunde con la sinceridad, aunque no sea m\u00e1s que un velo que tejemos con el hilo del miedo: miedo a ser, miedo de sentir, miedo a encontrarnos y miedo -muy especialmente en esta cultura material-, de perder, de no poseer. Si la sinceridad es este espacio com\u00fan vital, f\u00e9rtil, se hace patente que no nos pertenece ni es exclusivo de nadie, todo lo contrario: su inclusi\u00f3n nos acoge y nos nutre. Cuando queremos apropiarnos de la sinceridad, cuando la queremos construir desde nuestros par\u00e1metros mentales, se desvanece. Por eso el mejor aliado de la sinceridad, el mejor veh\u00edculo para llegar a este espacio, es el silencio.<\/p>\n<p>Silencio de deseos, de expectativas, silencio f\u00edsico en que el cuerpo tambi\u00e9n participa. Poco a poco (la sinceridad, como el silencio, no conoce las prisas) vamos recuperando ese estado natural, nuestra condici\u00f3n primigenia. Venimos de la sinceridad de la infancia, de aquel talante espont\u00e1neo en el que a\u00fan no hemos escindido materia y esp\u00edritu. Con los a\u00f1os, con el recorrido que ha ido alimentando nuestro ego, nos hemos alejado de toda autenticidad para llenarnos de falsas promesas y m\u00e1scaras sociales. Cre\u00edamos que la sinceridad no nos ayudar\u00eda en nuestro proceso de ascender a la vida. Vestidos de ruido, profesionales del enga\u00f1o, sufrimos los desequilibrios internos y externos de esta opci\u00f3n. No es un modelo sostenible, ni para el cuerpo ni para la Tierra.<\/p>\n<p>Dec\u00edamos que la sinceridad plena no nos pertenece, pero a\u00fan m\u00e1s: ni siquiera es exclusiva del ser humano. \u00abLa sinceridad del p\u00e1jaro es su vuelo\u00bb, nos dir\u00e1 un dicho popular cuando la cordura colectiva entienda el valor cat\u00e1rtico de la sinceridad por encima de la vanidad de la apariencia.<\/p>\n<p>Insertarnos en el terreno de la sinceridad es, en primer lugar, sentirnos acogidos, ya que el primer sentimiento que nos ofrece es la serenidad. Con esta serenidad crecen tambi\u00e9n el asombro y el agradecimiento, la profunda sensaci\u00f3n de llegar a casa. El despojo es integral, dignificado. Caen los velos de lo que representamos, se diluye la ilusi\u00f3n de un imaginar \u00e1vido de emociones, hambriento de confrontaci\u00f3n y exterioridad. La sinceridad nos invita a mirar con la visi\u00f3n interior, donde el coraz\u00f3n observa y disfruta de la pura presencia.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" style=\"float: left; margin: 5px 10px 5px 10px;\" src=\"\/files\/1425141598_ombra_amb_flor_teatro-de_r256x224.jpg\" alt=\"\" width=\"244\" height=\"214\" \/>El esfuerzo para lograr este espacio pasa, en primer lugar, por reconocer las trampas que uno mismo se interpone; atravesar un camino lleno de autoenga\u00f1os. El marco mental necesita verdades a las que poderse agarrar, pero expresar estas verdades no siempre implica imbuirnos de sinceridad. Las verdades que razonadamente erigimos, las que hemos heredado, las que juzgamos por inercia o comodidad, pueden convertirse en simple humo cuando la sinceridad nos acoge. En este inicio de camino a casa, la pr\u00e1ctica -y no la teor\u00eda- es id\u00f3nea para decapar al ego, para ir sacando lo externo, lo impropio. Aferrarnos a una hipot\u00e9tica estabilidad y al miedo de perder personalidad, estatus, amistades o cualquier espejismo elaborado a partir de enso\u00f1aciones estimuladas por el entorno, es el principal freno a desnudar el alma y ba\u00f1arnos en las c\u00e1lidas aguas de la sinceridad, inmersos en la serenidad del silencio. La pr\u00e1ctica no de hacer, sino de deshacer: la de que, en apariencia, no consigue nada, ni se impone metas, ni se estresa o enferma por no llegar a alcanzarlo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Vivir la sinceridad<\/strong><\/p>\n<p>El estado natural, del que brota la sinceridad, no es un objetivo planificado ni un territorio por conquistar. Lo poseemos, siempre lo hemos poseido, y s\u00f3lo necesitamos tomar conciencia de ello para tornarlo evidente, enterrado por tantos velos como le hemos ido poniendo a lo largo de los a\u00f1os. Tampoco es una garant\u00eda: al igual que la sinceridad aparece, puede volver a desaparecer r\u00e1pidamente cuando queremos fijarla en nuestras conveniencias, cuando la instrumentalizamos y la aprovechamos para tergiversar y edulcorar. Porque si algo nos pide la sinceridad es dejarnos fertilizar por ella y no creernos, una vez m\u00e1s, due\u00f1os de sus frutos y se\u00f1ores de su tierra. Asombrados, cautivados, profundamente enamorados y sin lugar, ya, para el miedo y el dolor, miramos a los ojos del otro, de los otros, libres de opiniones, humildemente abiertos; agradecidos de poder permanecer, fugazmente, en nuestra condici\u00f3n primera. S\u00ed, a lo mejor no se entiende, pero \u00bfqui\u00e9n necesita entender la sinceridad, cuando la podemos vivir?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>traducci\u00f3n del art\u00edculo publicado en el diario ARA (02\/12\/2015 pgs. 30-31) Cuando queremos apropiarnos de la sinceridad y construirla desde nuestros par\u00e1metros mentales, se desvanece. A menudo pensamos que en una relaci\u00f3n social, por ejemplo en el trabajo o la familia, las cosas fluyen mejor si no somos del todo sinceros. 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