{"id":60315,"date":"2012-09-14T15:46:57","date_gmt":"2012-09-14T13:46:57","guid":{"rendered":"http:\/\/cetr.net\/?p=60315&#038;lang=es"},"modified":"2016-09-14T15:49:47","modified_gmt":"2016-09-14T13:49:47","slug":"aprender-a-mirar-para-poder-ver","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/aprender-a-mirar-para-poder-ver\/","title":{"rendered":"Aprender a mirar, para poder ver"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: bold;\">Es cierto que el mundo es lo que vemos y, sin embargo, tenemos que aprender a verlo.<\/span><br \/>\n(Merleau-Ponty)<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Josep M. Esquirol*<\/span><br \/>\nA menudo, del contraste de la vista con el o\u00eddo se pasa enseguida al contraste entre la imagen (lo que se ve) y la palabra (lo que se escucha), para luego insistir en que, mientras la imagen lo da todo hecho, la palabra exige mucho m\u00e1s de nuestra parte. Mientras la imagen nos afecta dej\u00e1ndonos m\u00e1s bien pasivos, la palabra nos interpela.<\/p>\n<p>Pero, en realidad, este contraste tiene algo de simplista, sobre todo porque, al hablar de imagen, se piensa casi exclusivamente, en la imagen en pantalla (a la llamada \u00abcivilizaci\u00f3n de la imagen\u00bb ser\u00eda mejor llamarla \u00abcivilizaci\u00f3n de la pantalla\u00bb). Ahora bien, aunque cada vez menos, todav\u00eda podemos ver cosas que no aparecen en las pantallas, Mas , para esto, nos hemos de aplicar, pues el mundo se nos muestra, pero no autom\u00e1ticamente. En el fondo, depende de nosotros el que se nos muestre, y para ello, hemos de \u00abaprender a mirar\u00bb. S\u00f3lo as\u00ed, aprendiendo a mirar, se nos mostrar\u00e1 lo que puede llegar a mostrarse.<\/p>\n<p>Casi lo mismo podr\u00eda expresarse de otra manera. Si el sentido lo diese ya la imagen de lo que vemos, bastar\u00eda con mirar. Pero puesto que no es as\u00ed, hay que hacer hincapi\u00e9 en el camino que nos lleva a \u00abmirar bien\u00bb, lo que significa: \u00aba leer bien lo que se nos muestra\u00bb.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" style=\"float: right; margin: 3px 10px 3px 10px;\" src=\"..\/UserFiles\/Image\/mirada_atenta.jpg\" alt=\"\" width=\"182\" height=\"252\" \/> Aunque todav\u00eda es m\u00e1s fundamental \u2013y primero- el aprender a mirar y tambi\u00e9n a ver, Lo primero es mirar: si no se mira bien, no se ve. La visi\u00f3n est\u00e1 sujeta al movimiento. No se ve si no se mira. \u00abPara ver claro \u2013dec\u00eda Saint-Exup\u00e9ry-, basta cambiar la direcci\u00f3n de la mirada\u00bb. La mirada est\u00e1 m\u00e1s ligada al \u00f3rgano de la vista, aunque aqu\u00ed, como ya he anticipado, lo ampliamos tambi\u00e9n a la mirada del alma, o de la mente.<\/p>\n<p>Se puede mirar sin ver. Como dice Wittgenstein en sus Investigaciones filos\u00f3ficas: \u00ab&#8216; La mir\u00f3 sin verla&#8217;. Esto ocurre, \u00bfpero cu\u00e1l es el criterio para ello? Hay justamente toda clase de casos\u00bb. Uno puede mover la cabeza, junto con todo su cuerpo, e incluso, al menos aparentemente, dirigir la mirada y, sin embargo, no ver nada, o pr\u00e1cticamente nada de lo que podr\u00eda ver.<br \/>\n\u00bfC\u00f3mo se aprende a mirar? Se aprende a mirar, mirando, as\u00ed como se aprende a pensar pensando. El ejercicio es el principal maestro. De ah\u00ed que pueda decirse que la visi\u00f3n no aprende sino de s\u00ed misma.<\/p>\n<p>Cuando, por los motivos que sea, esta capacidad se ha ejercitado mal o est\u00e1 sujeta a diversas distorsiones, aprender a mirar significa mirar de nuevo, como si las cosas apareciesen por primera vez a la luz del sol. Aprender a mirar significar\u00e1, tambi\u00e9n, detenerse en lo sencillo y en lo habitual. La mirada humana m\u00e1s penetrante es la que detecta el car\u00e1cter extraordinario de lo m\u00e1s com\u00fan. \u00abQuiera Dios conceder penetraci\u00f3n al fil\u00f3sofo en aquello que est\u00e1 ante los ojos de todos\u00bb, escrib\u00eda Wittgenstein, a lo que, en el supuesto de que en esa frase se haga un uso restringido de la palabra \u00abfil\u00f3sofo\u00bb, cabr\u00eda a\u00f1adir: \u00aby no s\u00f3lo al fil\u00f3sofo\u00bb. (pgs. 69-70)<\/p>\n<p>Aprender a mirar es, fundamentalmente, aprender a prestar atenci\u00f3n. Es corriente decir: \u00absi prestas atenci\u00f3n, ver\u00e1s que\u2026\u00bb. Tal es la clave: el prestar atenci\u00f3n es condici\u00f3n y camino hacia el darse cuenta, hacia el ver o advertir algo. (73)<\/p>\n<p>El esfuerzo de la atenci\u00f3n no consiste en ninguna contracci\u00f3n muscular. La atenci\u00f3n es una \u00abtensi\u00f3n\u00bb (prestar atenci\u00f3n a algo se parece a la acci\u00f3n de tensar el arco), pero esta tensi\u00f3n no es la rigidez muscular (\u2026) es otro tipo de tensi\u00f3n la que en la atenci\u00f3n entra en juego, y, en cualquier caso, ha de ser una tensi\u00f3n flexible como el arco flechero.<\/p>\n<p>Junto a la flexibilidad y tensi\u00f3n, vaciamiento. Hay que llevar a cabo un vaciamiento y un desapego con respecto a uno mismo; se ha de suspender el pensamiento para dejarlo m\u00e1s disponible y penetrable\u2026 soltar el lastre (por lo menos moment\u00e1neamente) de todo lo que nos acompa\u00f1a, y de este modo, descentrarnos, salir de nuestro lugar. La atenci\u00f3n requiere que ni nos diluyamos en lo impersonal, ni nos instalemos aferradamente en lo propio, ni nos llenemos tampoco de f\u00e1ciles seguridades. (\u2026)La acci\u00f3n de prestar atenci\u00f3n es un tanto parad\u00f3jica: el esfuerzo requerido por parte del sujeto no supone un aumento de su estar presente sino m\u00e1s bien su menoscabo o vaciamiento y su apertura hacia lo otro. La intensidad subjetiva de la atenci\u00f3n es un disponer espacio para el recibimiento o bien un dar entrada al objeto atendido, a aquello a lo que la atenci\u00f3n se enfoca. De suerte que el no prestar suficiente atenci\u00f3n es, en definitiva, mantenerse cerrado a, o todav\u00eda demasiado impenetrable por, la influencia de lo otro. (77)<\/p>\n<p>Prestar atenci\u00f3n es mirar de forma desinteresada, sin ceder al v\u00e9rtigo de la posesi\u00f3n ni de la presunci\u00f3n, y es, sin duda, el mejor ant\u00eddoto contra la autocomplacencia. Con este ejercicio, las tendencias ego\u00edstas quedan desplazadas o aplazadas, y, puesto que estas tendencias se dan siempre, la moralidad podr\u00eda definirse como un esfuerzo para aminorarlas o incluso superarlas. Determinadas as\u00ed las cosas, la atenci\u00f3n se mostrar\u00eda una vez m\u00e1s como la esencia de la moralidad. Y, adem\u00e1s, se explicar\u00eda tambi\u00e9n la proximidad entre la moral y el arte. El buen pintor es lo que \u00e9l mira: su mano se mueve con el pincel en el extremo. El principal enemigo de la excelencia moral es la exacerbada fantas\u00eda personal: el tejido de autoengrandecimiento y los consoladores deseos y sue\u00f1os que le impiden al sujeto ver lo que hay fuera de \u00e9l. La conducta mediocre es la continuada afirmaci\u00f3n del yo, la distorsi\u00f3n de la mirada que el ego\u00edsmo implica. En cambio, la apreciaci\u00f3n de lo realmente justo procede de un control del ego\u00edsmo que facilita el atenerse a lo que son las cosas. Aminoramos as\u00ed nuestro ser con el fin de atender a la existencia de algo m\u00e1s. (107)<\/p>\n<p>* J.M. Esquirol es profesor de Filosof\u00eda de la Universidad de Barcelona. Son fragmentos del libro <span style=\"font-weight: bold;\">El respeto o la mirada atenta: una \u00e9tica para la era de la ciencia y la tecnolog\u00eda<\/span>. Barcelona, Gedisa, 2006. 173 p. ISBN 84-9784-130-1<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es cierto que el mundo es lo que vemos y, sin embargo, tenemos que aprender a verlo. (Merleau-Ponty) \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Josep M. 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