{"id":60540,"date":"2016-09-09T13:49:47","date_gmt":"2016-09-09T11:49:47","guid":{"rendered":"http:\/\/cetr.net\/?p=60540&#038;lang=es"},"modified":"2016-09-17T13:50:12","modified_gmt":"2016-09-17T11:50:12","slug":"nuestros-cuerpos-nosotras-decidimos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetr.net\/es\/nuestros-cuerpos-nosotras-decidimos\/","title":{"rendered":"Nuestros cuerpos, nosotras decidimos"},"content":{"rendered":"<p><strong><span style=\"color: #800000;\">Publicado en EL PERI\u00d3DICO, Viernes 26 de agosto del 2016.<\/span> <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De peque\u00f1as nos lo ense\u00f1aron, nos dijeron: ni\u00f1as, chicas, cuando empec\u00e9is a ser mujeres, vest\u00edos como es debido, ocultad vuestros cuerpos porque en ellos est\u00e1 la tentaci\u00f3n, la verg\u00fcenza, el demonio. Nuestro deseo de hombres es impetuoso, irrefrenable y no lo podemos controlar, es m\u00e1s f\u00e1cil que se\u00e1is las mujeres las que os disimul\u00e9is bajo las telas para no provocarlo. En la zona de donde yo vengo, al norte del sur y al este del oeste, nos mandaban cubrirnos las cabezas una vez casadas para distinguirnos de las solteras, porque nada era m\u00e1s deshonroso que asediar a la mujer ajena. Asediar a la hija o la hermana de otro no era tan grave.<\/p>\n<p>Nos dec\u00edan que nos cubri\u00e9ramos las partes que incitaban a las conductas prohibidas y antes incluso de tener culo o tetas ya sab\u00edamos que estas eran carnes delictivas. Tampoco era tanta controversia; entonces, los vestidos de madres y abuelas, generosos trozos de tela, no dejaban mucho margen a la transgresi\u00f3n. Por eso no insist\u00edan mucho en los mensajes para reglamentar la indumentaria de las mujeres.<\/p>\n<p>TRES HURACANES<\/p>\n<p>Pero de repente todo se trastoc\u00f3. Tres huracanes que no hab\u00edamos elegido lo convulsionaron todo. El primer hurac\u00e1n fue la modernidad que entr\u00f3 en las casas y en nuestros gustos, y que nos hizo descubrir nuevas formas de vestir, de llevar el pelo, de modificar nuestra apariencia m\u00e1s all\u00e1 de los antiguos tatuajes, la henna temporal o el khol reci\u00e9n molido por las abuelas. Descubrimos pantalones y camisas, y despu\u00e9s puntos y licras que se pegaban al cuerpo, aberturas nunca imaginadas.<\/p>\n<p>El segundo hurac\u00e1n fue la emigraci\u00f3n que envi\u00f3 a pueblos enteros hasta las desconocidas tierras europeas, donde tendr\u00edamos que pensar de nuevo como si hubi\u00e9ramos salido de la nada, donde tendr\u00edamos que esforzarnos en picar piedra para entender las ra\u00edces y decidir libremente, se supone que ahora s\u00ed, c\u00f3mo quer\u00edamos conjugar todas estas piezas: la tradici\u00f3n, la feminidad, la religi\u00f3n, la democracia y el gusto y la est\u00e9tica, por supuesto.<\/p>\n<p>Todav\u00eda no hab\u00edamos empezado a pensar sobre ello cuando lleg\u00f3 el tercer hurac\u00e1n, el del miedo, el de la contrici\u00f3n, el que nos instaba a frenar las ansias de cambio, el que nos dice, en boca de turbios telepredicadores de poca monta -con toda la barba, eso s\u00ed- que el principal peligro para la supervivencia de nuestra religi\u00f3n, la quisi\u00e9ramos o no, \u00e9ramos nosotras mismas y sobre todo, sobre todo, nuestros cuerpos.<\/p>\n<p>ANTE EL ESPEJO<\/p>\n<p>Con todo esto crecimos, cada ma\u00f1ana ante el espejo ten\u00edamos que decidir qu\u00e9 nos pon\u00edamos, algo tan superfluo que se convirti\u00f3 en el centro de todo. Seg\u00fan qu\u00e9 llev\u00e1bamos o no sobre el cuerpo significar\u00eda unas cosas u otras; llev\u00e1ramos lo quellev\u00e1ramos ser\u00edamos siempre un mensaje, un posicionamiento en medio de una frontera que no sab\u00edamos d\u00f3nde empezaba y d\u00f3nde terminaba, al ser m\u00e1s de los unos que de los otros. Que si te pones pa\u00f1uelo eres de los unos, que si pantalones ajustados, de los otros, que si maquillaje, de estos, que si falda larga hasta los pies, de aquellos.<\/p>\n<p>Por eso no tardaron en llegar las contradicciones, pantalones que cortan la respiraci\u00f3n y cabeza tapada, enormes ojos sombreados, labios rojos y chilaba. Unas optaron por cubrirse porque eso las hac\u00eda sentirse seguras, protegidas. Tambi\u00e9n hubo que lo decidieron a conciencia despu\u00e9s de leer las fuentes y hacer el esfuerzo de interpretar ellas solas su propia religi\u00f3n, sin barbudos de medio pelo de por medio. Hubo quienes, hartas de que les pidieran que se camuflaran en las nuevas tierras, de que les dijeran mira que eres mora, un buen d\u00eda se hicieron m\u00e1s moras que nunca con un pa\u00f1uelo bien vistoso, as\u00ed, en medio de la clase y ahora s\u00ed que tendr\u00e9is motivos para decirme que no me integro.<\/p>\n<p>Muchas otras decidimos, contra todo t\u00f3pico, deshacernos de las ropas de nuestras madres, quitarnos la verg\u00fcenza del cuerpo femenino, destaparlo hasta donde permit\u00eda el gusto est\u00e9tico y no la moral. Elegimos esta opci\u00f3n para no pagar con nuestras carnes ninguna supuesta lucha de civilizaciones ni de religiones, para no marcarnos la piel con telas convertidas en s\u00edmbolos identitarios. A las que elegimos no taparnos nos cogi\u00f3 un orgullo de cuerpo de mujer, fuera lo prohibido, fuera la verg\u00fcenza y fuera la deshonra. Si es tentaci\u00f3n, que lo sea, es vuestro problema. Ense\u00f1ar\u00edamos lo que nos diera la gana para deshacernos precisamente de todos los escupitajos que se deslizaban sobre nuestra piel desde hac\u00eda siglos y que nos tildaban de impuras. Nos aferramos a esta actitud porque nos daba poder, supon\u00eda desafiar los preceptos, encararse con la herencia patriarcal con la carne y los huesos y reclamar, de paso, tambi\u00e9n nuestro derecho al deseo. Lo pagamos, claro, no fue f\u00e1cil.<\/p>\n<p>CON ELLOS NO SE ATREVEN<\/p>\n<p>Seg\u00fan c\u00f3mo vistes es que pides guerra, as\u00ed que tr\u00e1gate las persecuciones diarias, las miradas y las palabras malsonantes en seg\u00fan qu\u00e9 barrios, tr\u00e1gatelo todo porque t\u00fa te lo has buscado. Pero hemos resistido, aunque a veces eran los propios aut\u00f3ctonos, los sin religi\u00f3n y criados en democracia, los que nos dec\u00edan: chica, te has pasado, \u00bfen tu pa\u00eds te dejar\u00edan ir as\u00ed de fresca y ce\u00f1ida? Nos hicimos inmunes a los comentarios de unos y otros porque por encima de todo quer\u00edamos defender la presencia de nuestro cuerpo, nuestra presencia, en el espacio p\u00fablico, sin restricciones. Hasta al toples y las playas nudistas llegamos algunas.<\/p>\n<p>Casi ya lo hab\u00edamos conseguido, ya hab\u00edamos olvidado que nuestras carnes pudieran ser campo de batalla. Y de repente nos llega la fotograf\u00eda que plasma una agresi\u00f3n en toda regla: dos polic\u00edas se acercan a una mujer en Niza y la obligan a desvestirse. Estaba la se\u00f1ora all\u00ed tumbada, ni siquiera hab\u00eda entrado en el agua, pero los polic\u00edas no se fueron hasta que ella ense\u00f1\u00f3 bastante carne. Un pu\u00f1etazo, una humillaci\u00f3n. Porque es mujer, porque su origen, reciente o remoto, es el que es, porque es de una clase social determinada. No se atrever\u00e1, no, el franc\u00e9s que gobierna a hacer desvestir las mujeres de los jeques del Golfo que se pasean por los Campos El\u00edseos negras hasta los ojos. Nos hierve la sangre ante la instant\u00e1nea y de repente hemos retrocedido en el tiempo y estamos, de nuevo, en el punto de tener que conquistar de nuevo el espacio p\u00fablico. A ellos, los hombres, nadie les har\u00e1 desnudarse, ni les dir\u00e1 c\u00f3mo deben vestir. Nos hierve la sangre y el nosotros que cre\u00edamos tan s\u00f3lido cambia, nos engloba de nuevo a todas, tapadas y destapadas, porque ante todo es el nosotras de ser mujeres.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em><span style=\"color: #800000;\">Najat El Hachmi es escritora<\/span><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado en EL PERI\u00d3DICO, Viernes, 26 de agosto del 2016.<br \/>\nDe peque\u00f1as nos lo ense\u00f1aron, nos dijeron: ni\u00f1as, chicas, cuando empec\u00e9is a ser mujeres, vest\u00edos como es debido, ocultad vuestros cuerpos porque en ellos est\u00e1 la tentaci\u00f3n, la verg\u00fcenza, el demonio. Nuestro deseo de hombres es impetuoso, irrefrenable y no lo podemos controlar, es m\u00e1s f\u00e1cil que se\u00e1is las mujeres las que os disimul\u00e9is bajo las telas para no provocarlo. 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