Hay entre los cielos y la tierra…
Hay entre los cielos y la tierra grandes signos para aquellos que quieran entender. Mirad y reflexionad. ¡Grandes signos por doquier! ¡Eso sí son textos sagrados! ¿No es maravillosa la tierra y los cielos, la sucesión de noches y días, cómo corre el agua, cómo avanzan las naves sobre los mares y los astros en los cielos? ¿No son una maravilla los vientos que nos traen las llúvias, mueven las nubes y ayudan a los barcos en su navegación? Observad sus signos y sabréis cómo es el Único, el Clemente, el Misericordioso. No os confundáis adorando imágenes o piedras. Permaneced atentos a sus signos y sabréis hacia dónde dirigir vuestros pensamientos. Entre los hombres y las mujeres instituyó bondad y amor. Ése sí es un signo milagroso para quien quiera reflexionar. (del Corán 30,20 y ss.)
Un cosmos que danza
Para el derviche, cuanto existe danza, del átomo a los planetas que gravitan en el universo. Danzan los animales, la lluvia, el viento, también las piedras, los árboles y el ser humano. Todo es samâ, todo danza al son de una misteriosa melodía, interpretada en la distancia por un ejecutante invisible, como dijera Einstein. No existe en la creación más que vida y la esencia de ésta es el movimiento, la (re)creación renovada, en cada sístole y diástole, de una realidad inacabada, que se contrae y se expande, muere y renace, a cada instante. El derviche no persigue atrapar la realidad; antes bien, expresa al danzar su solidaridad con un cosmos habitado por el ritmo, el orden geométrico y el movimiento duradero. Danzar es trascenderse, situarse en el lindero de lo humano, para hacerse partícipe de la liturgia de la vida y sus leyes. Danzar significa vaciarse, morir a sí…
Srimad Bhagavatam
El rei Yadu preguntó a Avadhuta: - Te saludo, oh sabio. ¿Podrías decirme qué maestro benevolente te ha otorgado el conocimiento supremo? Y el sabio Avadutha le respondió: Oh rey, ando por esta tierra con espíritu libre después de haber recibido la sabiduría de muchos maestros. He aprendido de la tierra, del aire, del agua, de la luna, del sol, del ciervo, del pez, de la serpiente, incluso de la araña. Como el Agua dulce y pura, así es el Ser. El ser humano puede adoptar una conducta pura y dulce, así pues, adopté al agua como maestra. La Tierra me enseñó la paciencia, la indulgencia, ser sostén de todos sin esperar ningún reconocimiento a cambio. El Viento sopla por doquier, sobre prados y flores, en los desiertos y pantanos, en los palacios y las cárceles, sin ligarse a nada, sin preferencias, sin rechazos. Mi maestro el Viento me enseñó…
EL PLURALISMO RELIGIOSO COMO REVOLUCIÓN
Frédéric Lenoir* El reconocimiento del pluralismo religioso como un hecho espiritual positivo (y no sólo como un hecho consumado) es una posición teológica relativamente nueva. […] En el contexto de la ultramodernidad, vemos cómo se elaboran verdaderas teologías de la diversidad religiosa a través de las cuales el pluralismo espiritual de la humanidad ya no se considera un mal que hay que suprimir, sino, por el contrario, un valor. Para comprender el alcance de esta revolución -que sigue siendo marginal en los monoteísmos-, hay que tomar la medida de las posiciones anteriores: el exclusivismo y el inclusivismo. En la concepción exclusivista, los creyentes afirman que su comunidad constituye el único espacio de verdad y salvación. Las demás religiones están excluidas de la salvación. La postura inclusivista, por el contrario, tiene apariencia de apertura, en la medida en que reconoce la presencia de verdades parciales en las otras religiones. Esto no…
Persona humana o respeto del orden en las cosmologías bantú
Jean-Bosco Botscho Este texto es un fragmento de "Cosmologías tradicionales africanas y dignidad de la persona humana", documento que encontraran completo en el apartado e-docs de esta web. click aquí Jean-Bosco Botsho. Licenciado en Relaciones internacionales y en Derecho, miembro de la Asociación Intercultura i del CEII de la Universidad Autónoma de Barcelona. Presidente de la Asociación AFRICAT, trabaja en el Centro Interreligioso del Ayuntamiento de Barcelona. La noción del orden en las cosmologías bantú puede ser aplicada al cosmos en general y a cada uno de los componentes del mismo componente. En el marco de este texto nos limitaremos al orden como principio de jerarquía entre seres humanos miembros de una misma comunidad. Las cosmologías que estudiamos reconocen la existencia de una pluralidad de criterios susceptibles de ser considerados para ordenar en particular los seres humanos dentro de una misma comunidad. Esta pluralidad de criterios implica que una misma…
