Teresa Guardans En los últimos años estamos viviendo los efectos de la llamada “economía de la atención”, un modelo económico que basa la obtención de beneficios en la captación y manipulación de la atención de miles de millones de seres humanos. El psiquismo, la atención y el sentir, todo, se ve profunda y directamente afectado por el peculiar uso de las tecnologías que se está llevando a cabo desde este modelo económico. Vamos a reflexionar sobre ello, deteniéndonos especialmente en el impacto que pueda tener sobre el cultivo de la cualidad humana, sobre la mismísima viabilidad de unas sociedades “sanas”.
Un gran reto

¿Cómo afrontar el reto de educar a la infancia y la adolescencia en la relación con la tecnología? Pasamos muchas horas delante de los dispositivos tecnológicos y eso, que es el futuro que nos espera, no puede desligarse de un cultivo de la sensibilidad humana imprescindible en las nuevas sociedades del conocimiento. La tecnología nos cambia la vida, elimina la distancia en las comunicaciones, nos abre constantemente a nuevas ideas, nos proporciona nuevos artefactos con nuevas capacidades. Está claro que la innovación tecnológica ha llegado para quedarse. A la atracción extrema hacia el hecho tecnológico, hoy con los móviles y mañana con nuevas creaciones como el metaverso, hay que ponerle un contrapeso tan grande, que ayude a entender a vuestros hijos e hijas, cuándo el mundo que ven en las redes es ficticio y cuando no lo es. Es necesario poner un contrapeso en la sensibilidad para que comprendan cuándo vivir inmersos en la realidad tecnológica resulta en un empobrecimiento de la sensibilidad respecto al mundo que tienen a su alcance.
