Skip to content

Poco a poco llegué a descubrir el secreto de mi arte

En este artículo el pintor Pere Rius nos permite acompañarlo hacia el interior del proceso creativo. Nos habla de indagación, de humildad, de espera, de aceptación, de ofrenda, de cultivo…
Pere Rius (Instagram: @pererius; https://pererius.art/es) es pintor y miembro del equipo de investigación de Cetr. Este texto fue su aportación a las Jornadas 2025 del equipo y se publicó en la obra colectiva que resultó de las mismas (ver)

 

Poco a poco llegué a descubrir el secreto de mi arte

Pere Rius

Poco a poco llegué a descubrir el secreto de mi arte.
Me di cuenta de que consistía en una meditación a partir de la naturaleza.

 Henry Matisse

Hace tiempo que conocí las ideas de Gilles Clément, paisajista y jardinero francés. Poco a poco sus ideas me han ayudado a entender mejor mi proceso creativo.

Obviamente, muchas otras ideas de otras personas me han enriquecido/ ayudado/mejorado/beneficiado. Pero aquí solo haré mención de las 3 grandes ideas de Gilles Clément:

> ŸEl jardín en movimiento
Ÿ> El jardín planetario
Ÿ> El tercer paisaje

 

El jardín en movimiento

Hacer lo máximo posible con, y lo mínimo posible contra la naturaleza. El primer gesto del jardinero no es actuar, sino observar. Se trata de acompañar las dinámicas naturales en lugar de constreñirlas con un diseño inmutable.

Dejar que las plantas se re-siembren donde les parezca bien, que viajen por el jardín, es aceptar el movimiento y la sorpresa, elementos esenciales de este tipo de jardín. El jardinero elige, orienta, pero no lo dicta todo.

Las hierbas llamadas ‘malas’ son a menudo pioneras, indicadoras del suelo, o compañeras útiles. El jardinero aprende a conocerlas y a jugar con ellas, en lugar de erradicarlas sistemáticamente.

El Jardín en Movimiento nunca está acabado; es un proceso, una expresión de la vida en constante evolución, del cual el jardinero es al mismo tiempo testigo y modesto gestor.

 

El jardín planetario

Considerar el planeta entero como un jardín es, ante todo, reconocer su finitud y la fragilidad de sus equilibrios ecológicos.

El hombre se convierte en jardinero de la Tierra. Sus acciones, quiera o no, modelan este jardín planetario. Tiene, pues, una responsabilidad inmensa en su gestión.

El Jardín Planetario invita a una ética del cuidado, a una gestión prudente de los recursos y al respeto a todas las formas de vida, reconociendo la interdependencia de todos los seres vivos.

La Tierra es un jardín cercado del cual compartimos el espacio y los recursos con una multitud de otras especies. Nuestra supervivencia depende de la salud de este jardín común.

 

El tercer paisaje

El Tercer Paisaje designa la suma de los espacios donde el hombre abandona la evolución del paisaje únicamente a la naturaleza.

Se refiere a los espacios abandonados urbanos o rurales, a los espacios de transición, a los eriales, humedales, pero también a los bordes de carreteras y vías férreas, de ríos, a los polígonos industriales, etc.

Estos lugares, sustraídos al dominio humano, se convierten en refugios para la diversidad biológica. Constituyen el principal reservorio biológico del planeta.

El Tercer Paisaje no es un lugar de producción asignada sino un espacio de invención biológica, un lugar de proliferación donde las especies se encuentran y evolucionan libremente.

El Tercer Paisaje no pide ninguna gestión particular, salvo la de no inter- venir, o de intervenir lo mínimo posible, para dejar hacer a la naturaleza.

En conjunto, estos fragmentos constituyen un territorio para numerosas especies que ya no encuentran su lugar en otros sitios. El Tercer Paisaje no es visible como una entidad homogénea, sino como una multitud de pequeños fragmentos.

 

 Me impactó mucho su concepto del “Tercer Paisaje”, aquellos espacios aparentemente residuales, los márgenes de los caminos, los eriales, aquellos lugares olvidados donde la vida estalla con fuerza y en biodiversidad. Aquellos lugares olvidados donde la vida estalla con fuerza. Me parece que la sensibilidad estética japonesa lo conceptualizó con el Wabi-sabi, que es todo aquello que es incompleto, no permanente e imperfecto.

Y me pregunto: ¿cuáles son los “terceros paisajes” de mi mente? ¿Son quizás aquellas ideas que descarté hace tiempo, aquellos bocetos abandonados en un cuaderno, aquellas dudas o momentos de “sequía” creativa que tanto me frustraban? Si antes los veía como fracasos, como terrenos improductivos…

Clément me hizo ver que quizás es precisamente allí, en esos rincones olvidados de mí mismo, donde puede estar germinando algo valioso, inesperado, una semilla de resiliencia creativa. Hay que dejarles su espacio, no querer controlarlo todo. En los apuntes y bocetos se constatan los indicadores, son el rastro del trabajo, de la investigación. Hay tanta poesía en aquello que a menudo ignoramos.

Esto implica una cierta humildad. El jardinero sabe que no lo controla todo; depende de la lluvia, del sol, de la complejidad del suelo. Yo, como artista, debo aceptar que no todas las ideas florecen cuando yo quiero, ni como yo quiero. Hay periodos de crecimiento exuberante y periodos de reposo, como las estaciones. Y quizás en estos periodos de “descanso”, cuando parece que no pasa nada, es cuando el “suelo” interior se está regenerando, acumulando nutrientes para la próxima floración.

Así, mi proceso creativo se vuelve menos una conquista y más un cultivo consciente. Intento alimentar este jardín interior con buenas lecturas, con conversaciones enriquecedoras, con paseos atentos, con música… Todo aquello que pueda ser “compost” para mis futuras creaciones. Y cuando una obra llega a su final, es como un fruto que ofrezco, una pequeña contribución desde mi parcela a este inmenso y maravilloso Jardín Planetario. Una manera, al fin y al cabo, de conectar con los demás y con el mundo de una forma más consciente y respetuosa.

El artista primero observa. Se interesa por las cosas, como diría Marià.

Al final, pintar se parece más a cultivar un jardín de lo que nunca habría imaginado. No se trata tanto de dominar el lienzo como de acompañar un proceso vivo, de estar presente y observar qué emerge, de sorprenderse. Es un camino más humilde, quizás, pero lo siento infinitamente más rico, más auténtico y, sobre todo, más lleno de vida. Mi proceso creativo se ha convertido, de alguna manera, en mi propio jardín en movimiento, y yo, más que un creador, me siento como un jardinero atento, maravillado por cada nueva floración inesperada.

Referencias sobre Gilles Clément:

https://www.youtube.com/watch?v=D5Uge8kdcqc https://www.youtube.com/watch?v=bCAvgsu3D2g https://www.gillesclement.com/files/974_manifeste-du-tiers-paysage.pdf https://www.gillesclement.com/

 

descargar el pdf

Volver arriba