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Especial Joan Maragall (1860-1911)

 

Con motivo del centenario de su muerte (y los 150 años del nacimiento) la figura de Joan Maragall, poeta y ensayista, está más presente estos últimos meses en publicaciones, actos culturales… Queremos aprovechar la ocasión para recordar un itinerario intelectual que sigue siendo una aportación muy viva desde la perspectiva de la búsqueda de calidad humana y espiritualidad en el siglo XXI. Un itinerario que le llevó a trascender creencias e instituciones, a situarse de lleno en la vida -muy cerca de aquel «latir del Universo»-, que le empujó a solidarizarse con el sufrimiento ajeno, a ser beligerante con las estructuras injustas y amante agradecido del existir en cualquiera de sus manifestaciones.

Preguntándose porque escribe lo que escribe, Maragall viene a concluir que no puede reservarse para sí mismo esos vislumbres de Absoluto, de honda certeza, de libertad plena, de universalidad y que, compartiéndolo, puede ayudar a otros a reconocer lo que viven, esa posibilidad de eternidad aquí y ahora. Comunicar y mostrar para contagiar todo aquello recibido y hacer de su oficio un acto de agradecimiento.

En esta pequeña compliación ofrecemos, en primer lugar, un pequeño esbozo de su biografía intelectual, realizada a partir de algunos fragmentos del libro de Ignasi Moreta, No et facis posar cendra (Fragmenta, 2010):

Seguidamente, una selección de artículos representativos presentados aquí en orden cronológico:

Y dos poemas:La vaca ciega y Canto espiritual

Y a modo de introducción, este aviso:

«¡Cuántas maneras hay de entender la vida, de sentirla! Nosotros, gentes de hoy, debemos abarcar todas las que podamos, probarlas todas, que, bien catadas, no habrá ni una donde no pueda encontrarse algun sabor, algo de aquel aroma inmortal que es el gran secreto de las cosas. … Hoy nuestro espíritu, abierto a los cuatro vientos, es indulgente con una indulgencia robusta y de buen ser, una indulgencia más grande y más fuerte que todos los dogmas y todos los axiomas y todos los exclusivismos; porque tiene suficiente serenidad y alteza como para decir a cada uno, incluso a los más opuestos, con una sonrisa casi divina: «Tú debes tener razón, y tú también, y tú también, porque todos la podéis tener».

Ya ha pasado el tiempo de las santas indignaciones y de escandalizarse y de luchar y morir por una idea. En otra época, podía verse en ello alguna grandeza, pero creo que la grandeza de hoy, la nuestra, no consiste en morir por una idea sino en vivir para todas. Vivir, vivir todo lo que se pueda en extensión y en intensidad. «

(Joan Maragall. «Nietszche», L’Avenç, 2a época, (1893), p. 195-197)

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