‘Hoy ya no tengo esos sueños’
Pedro Casaldáliga El Cardenal Carlo M. Martini, jesuita, biblista, arzobispo que fue de Milán y colega mío de Parkinson, es un eclesiástico de diálogo, de acogida, de renovación a fondo, tanto de la Iglesia como de la Sociedad. En su libro de confidencias y confesiones Coloquios nocturnos en Jerusalén, declara: «Antes tenía sueños sobre la Iglesia. Soñaba con una Iglesia que recorre su camino en la pobreza y en la humildad, que no depende de los poderes de este mundo; en la cual se extirpara de raíz la desconfianza; que diera espacio a la gente que piensa con más amplitud; que diera ánimos, en especial, a aquellos que se sienten pequeños o pecadores. Soñaba con una Iglesia joven. Hoy ya no tengo más esos sueños». Esta afirmación categórica de Martini no es, no puede ser, una declaración de fracaso, de decepción eclesial, de renuncia a la utopía. Martini continúa…
CÓMO DEJAR DE LLENAR UN POZO SIN FONDO. David Loy*
Según Buda Shakyamuni la causa de nuestro dukkha individual es tanha, que generalmente se traduce como "deseo", pero más literalmente sería "sed". Nada de cuanto bebemos puede saciar nuestra tanha porque esa sed se debe a un vacío en el centro de nuestro ser. Es como si el centro fuera un pozo sin fondo, algo así como los agujeros negros que los astrónomos creen que se hallan en el centro de la mayoría de las galaxias. Por mucho que intentemos llenar nuestro propio agujero negro con esto o aquello, todo termina tragado por él y desapareciendo en él. No tiene fondo porque nuestro sentido del yo es un constructo que no puede hallar fundamento. (…) El problema es la "sed", no la vacuidad en el centro de nuestro ser, sino nuestros incesantes esfuerzos por llenar ese agujero, pues lo experimentamos como un sentido de carencia que debe llenarse. El problema…
ÉRASE UNA VEZ…
La moneda En los montes Vindhya había un aldeano muy rico que perdió una moneda de cobre. Como era muy tacaño comenzó a buscarla desesperadamente entre los espesos matorrales, mientras pensaba: con esta moneda puedo hacer algún negocio y obtendré cuatro monedas y después ocho y después más y más. Buscó la moneda durante tres días, sin percatarse de que la gente se reía de él por tan estúpida ocurrencia. Al cuarto día, en lugar de la ansiada moneda, encontró una preciosa gema. La cogió y volvió a su casa donde vivió felizmente el resto de sus días. ¿Qué es lo que le hizo encontrar aquella piedra preciosa? Sin duda, su avaricia que le obligaba a rastrear el bosque día y noche. ¡El discípulo que escucha las enseñanzas de un maestro, también obtiene una cosa muy distinta de la que busca! El avaro Kirata no habría encontrado la piedra preciosa…
LA SABIDURÍA DE LOS RABINOS
He aquí una pequeña selección de enseñanzas hasídicas*. El movimiento hasídico (hasid, "piadoso") nace en el seno del judaísmo polaco en el siglo XVIII, de la mano de Israel ben Eliézer (1700-1760), conocido por el sobrenombre de Baal Shem Tov ("maestro del buen nombre"), como movimiento de renovación que buscaba liberar la herencia judía de una acumulación de cargas legalistas. La actitud del Baal pone de relieve en todo momento la alegría ante la omnipresencia del Eterno. Entre los continuadores del movimiento destacan figuras como Rabí Beer de Mezdritch, el Maguid (predicador), Rabí Nachman de Braslav o Rabí Pinjas. Una vez el Baal Shem se detuvo en el umbral de una Casa de Oración y se negó a entrar. "No puedo entrar" -dijo-. "Está llena de enseñanzas y de preces desde el suelo hasta el techo y de pared a pared. ¿Cómo puede haber lugar para mí?" Y como viera…
El rey Yadu y el sabio Avadhuta
La ancestral sabiduría hindú recoge esta conversación del sabio y el rey (Srimad Bhagavatam, cap. XI. –del siglo V a.C. aproximadamente-) El rey Yadu preguntó a Avadhuta: - Te saludo, ¡oh sabio! ¿Me podrías decir qué maestro benevolente te ha proporcionado el conocimiento supremo? Y así respondió Avadutha: Oh rey, yo paseo por la Tierra como un espíritu libre que ha recibido la sabiduría de muchos maestros. Te diré quienes han sido mis maestros. Del agua aprendí la dulzura y la pureza, pues así como el agua es dulce y pura, y a todos ayuda, así es el Ser. Por ese motivo la adopté a ella como maestra, y de ella aprendí a amar. De la Tierra he aprendido la paciencia y la indulgencia, el ofrecerme como sostén a todos sin esperar ningún reconocimiento. El viento me mostró cómo sopla por todos los rincones, por los prados y los desiertos,…
