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Motivación y atención. El impacto de la “economía de la atención” sobre dos pilares de la cualidad humana

Teresa Guardans

Este artículo forma parte de la publicación colectiva que recoge las participaciones del Equipo de investigación CETR en las Jornadas 2025 (ver publicación)

 

 

Cada momento cultural presenta sus propios retos en relación al cultivo de la cualidad humana. El escenario que vamos viendo desplegarse, fruto de la actual dinámica de las sociedades de conocimiento, repercute en varios factores clave. Dos de ellos nos parecen especialmente relevantes: la movilización del interés por la realidad y el cultivo de la atención. Desde hace años no los perdemos de vista, les hemos ido dedicando estudio y reflexión, especialmente en relación al ámbito educativo, y han sido ya el tema de algunas de nuestras participaciones en estos encuentros[1]. Hemos ido viendo cómo el alejamiento progresivo de los entornos y dinámicas “naturales” de socialización, ha incentivado una profunda revisión de los objetivos de la educación y de las metodologías empleadas.

 Hasta ahora se trataba, sobre todo, de adecuar los procesos educativos a las nuevas condiciones y posibilidades, y de paliar algunos de los “efectos secundarios” que se iban detectando, fruto del asentamiento de ciencia y tecnologías en todos los ámbitos. Pero en los últimos años estamos presenciando –y viviendo en carne propia– los efectos de un fenómeno de una naturaleza muy diferente. Se trata de la llamada “economía de la atención” o “capitalismo de la atención”, un modelo económico que basa la obtención de beneficios en la captación y manipulación de la atención de miles de millones de seres humanos. El espacio, o el medio, lo configuran redes sociales, aplicaciones, videojuegos, etc. Apropiándonos de la alegoría que utiliza el psicólogo clínico Francisco Villar Cabeza[2], estamos bebiendo agua contaminada, quienes la contaminan lo saben, y no dejan de aumentar los índices de contaminación. Y lo que resulta todavía más grave: incorporan al agua sofisticados componentes adictivos para que prefiramos beber el agua del río contaminado que la de otros.

¿Cuál es la cuestión? El modelo económico al que nos estamos refiriendo desarrolla todo tipo de recursos y estrategias para capturar la atención humana en el entorno digital, fragmentándola y alejándola del entorno “presencial”, para crear necesidades y dependencias que generen demandas que el mercado se encargará de satisfacer. Continuando con la alegoría del agua, las grandes tecnológicas obtienen importantes beneficios económicos comercializando el agua que han contaminado y la presentan teñida de colores y en atractivas botellas asociando su consumo con los conceptos de “éxito y felicidad”. Esta política afecta a todas las edades, pero la industria sabe bien que cuanto antes comienza la adicción más asegurada tienen la fidelización de la clientela de por vida. Sin escrúpulos.

El psiquismo, el desarrollo cognitivo, la atención y el sentir, todo, se ve profunda y directamente afectado por el peculiar uso de las tecnologías que se está llevando a cabo desde este modelo económico. Lo cual está teniendo un fuerte impacto, ya no sólo para el cultivo de la cualidad humana, sino para la mismísima viabilidad de una vida humana saludable, de unas sociedades sanas.

Vamos a reflexionar sobre ello, presentando sumariamente algunos factores clave de esta nueva carrera por la acumulación de beneficios.

Una previa. La esencia de la cualidad humana

Echemos a andar con un breve repaso sobre la base de eso que llamamos “cualidad humana”. Entendemos por cualidad humana un uso de las capacidades que no quede supeditado exclusivamente a las dinámicas de la egocentración. La comprensión del entorno, de la sociedad y de la propia existencia no “son” la programación y proyección que proporciona el ego al servicio de la supervivencia de los individuos y de la especie. El uso al servicio de la supervivencia es necesario, por supuesto, pero no exclusivo.

Percepción, mente, sentir, acción, todo aquello que configura el existir humano, se presenta y se activa de determinada manera en ese fragmento particular de vida que somos cada uno, pero ese conjunto compacto, en íntima interdependencia, no es “propiedad” de una individualidad, sus posibilidades y límites no son los que pueda llegar a imponer el dinamismo de la egocentración. La naturaleza de la cualidad humana es, precisamente, el cultivo y el fruto de un uso no egocentrado de las capacidades, un uso desde la gratuidad; o desde una egocentración no egoísta, una egocentración que no se identifica con el nacer y morir de un breve momento y fragmento de vida.

Cegada por la identificación con un cuerpo, una existencia surgida en el proceso de la vida, no veo, no percibo, no siento, no comprendo, que esa forma de la vida con la que estoy tan familiarizada, es la Vida, ilimitada, compleja, interrelacionada con todo, una única existencia en su infinito despliegue. Romper con la hipnosis que me mantiene en esa confusión (en ese “error necesario” –como lo llama Marià Corbí–), posibilita que el alcance de la combinatoria de percepción-mente-sentir-acción que tiene lugar aquí, en mí, resulte ilimitado, puesto que se ha diluido la frontera que separaba a la parte del todo. Y es ese giro radical de perspectiva el que me permite, nos permite, reconocer el doble rostro de la realidad: el de las modelaciones condicionadas por la necesidad, y el no-rostro, o el sabor sin nombre, el sin-forma en todas las formas, que se presenta ahí, con independencia del mirar necesitado.

Esa cualidad humana, ese cambio de perspectiva, sabe a comunión con todo, a interés sin límites, a profunda paz y gozo. Pues disolviendo la identificación con un fragmento inestable y frágil, se disuelven las causas de los miedos, rechazos, ansias, etc. La tal cualidad humana, por tanto, no radica en bloquear el dinamismo del deseo, en “matarlo”, sino en reconducirlo hasta resituarlo en el eje real de la existencia. De algún modo, requerirá trabajar la comprensión para convencer hondamente al ego de que vale la pena que reconsidere su función, su radio de alcance: del mi al todo. Nisargadatta lo expresa con fuerza:

«Usted está tan cegado con lo personal, que no ve lo universal. Esta ceguera no acabará por sí misma, debe ser eliminada hábil y deliberadamente. […] Sólo hay vida. No hay nadie que viva una vida. Contemple la vida como infinita, indivisa, siempre presente, siempre activa, hasta que se de cuenta de que es uno con ella.» [3]

«Usted está todo el tiempo destruyéndose a sí mismo sirviendo a dioses extraños, hostiles y falsos. Sea egoísta del modo adecuado. Desee el bien para sí mismo, destruya todo lo que se interponga entre usted y la felicidad. Sea todo, ámelo todo, sea feliz, haga feliz. No hay felicidad mayor.»[4]

Entre los elementos que han de intervenir para propiciar ese “adecuado egoísmo” hay dos que se encuentran, más que nunca, en la cuerda floja: el deseo desinteresado y la atención.

 

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[1] Muy especialmente: El cultivo de la cualidad humana, un reto pedagógico (2008); El desarrollo competencial y el cultivo de la cualidad humana (2010) y Los cuatro pilares del sistema educativo: abriendo paso al cultivo de la cualidad humana (2017).

[2] F. Villar Cabeza. Com les pantalles devoren els nostres fills. Herder, 2023, p. 11.

[3] Nisargadatta Maharaj. Yo soy Eso. Sirio, 2003. p.417.

[4] Ibídem, p.167.

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