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La vía del corazón y la vía de la mente

Marià Corbí Si hacemos una comparación entre las religiones y grandes corrientes espirituales de la historia de la humanidad, vemos que pueden dividirse en dos grandes grupos: las religiones y tradiciones espirituales que trabaja para acceder a la dimensión absoluta y a la cualidad humana profunda desde el corazón, es decir, desde el sentir hondo, y las que trabajan desde la mente. Estos dos grandes bloques se contraponen también en que, las que trabajan desde el corazón son teístas, y las que trabajan desde le mente no son teístas. Estos dos grupos están también situados en el espacio: las tradiciones teístas son principalmente occidentales y las tradiciones no teístas son principalmente orientales. Las tradiciones teístas usan principalmente narraciones y símbolos, y las tradiciones no teístas usan preponderantemente argumentaciones y razones.
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Caminos del corazón – fragmento del libro El Sentir hondo –

Marià Corbí Nos hemos propuesto estudiar tres grandes autores que plantean la indagación de la dimensión absoluta de la realidad con el sentir y en el sentir humano. Son tres autores de peso: Mazu, del siglo VIII, chino, de la tradición del budismo chan; un musulmán del siglo XIII, Rumi, de la tradición sufí; y un indio de finales del XIX y primera mitad del XX, Ramana Maharshi, de la tradición vedanta advaita. Son tres épocas diferentes y tres culturas diferentes. Los tres son maestros de la indagación con el sentir y, sobre todo, indagadores del sentir humano. Los tres pretenden indagar la dimensión absoluta en nuestra propia interioridad, superando todas las construcciones del ego, hasta llegar a la no dualidad.
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¿Quién es Jesús?

Marià Corbí Jesús fue un ser humano como nosotros. ¿Cómo es que tuvo tanto poder y tanta grandeza? Si se tiene en cuenta el acceso humano a la doble dimensión de lo real, es posible aproximarse a comprender algo más a Jesús sin tener que hacerle Dios e Hijo de Dios. Él, como todos nosotros, no fue nadie venido a este mundo. Él, como todos nosotros, fue el misterio mismo de los mundos, la dimensión absoluta.
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Nuestra condición animal y el tiempo-espacio.

Marià CorbíIntentamos reflexionar sobre todas las consecuencias de nuestra condición de animales necesitados, de depredadores. ¿Cuál es la relación entre nuestra condición animal y la aparición del tiempo-espacio? Los animales necesitados, para poder satisfacer nuestras necesidades hemos de modelar toda realidad en el tiempo-espacio. Concebirse como animal viviente supone que me concibo como una individualidad frente a un mundo de individualidades en el que he de satisfacer mis necesidades. Tener que suponerme como un individuo frente a un mundo exige que conciba esa realidad como una contraposición en dualidad. Tengo que suponer dos espacios diferentes, yo no me confundo con aquello que necesito y que he de conseguir. Para esta operación tengo que pensarme como desplazándome en un espacio y en un tiempo. Por consiguiente, para poder realizar mi depredación, he de desplegar un tiempo-espacio. Tengo que darlos ahí como existentes, de lo contrario no sería posible mi sobrevivencia.
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Jesús libre de proyectos axiológicos colectivos judíos y grecorromanos

Marià Corbí En las sociedades de conocimiento de innovación y cambio acelerado nos encontramos con serias dificultades para interpretar y sentir a Jesús de Nazaret. Si vaciamos a Jesús de los mitos y creencias judíos y de los revestimientos greco-romanos propios de las mentes y de los proyectos axiológicos colectivos (PACs) de sociedades ganaderas y sociedades agrario-autoritarias, nos quedamos con un joven judío habitante de un pueblecito, Nazaret. Jesús es un hombre sencillo, no es un erudito, es un artesano educado en la tradición religiosa de Israel. Un artesano que podemos suponer que trabajó con frecuencia en Séforis, una ciudad griega a pocos kilómetros de Nazaret.
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Dos formas de cultivar la espiritualidad, la CHP, en las sociedades de conocimiento

Marià CorbíUna forma de cultivo de la CHP parte del individuo porque interpreta al individuo desde la epistemología mítica, que pretende que lo que se concibe es como se concibe. Parte del individuo y el individuo trabaja y se esfuerza por conseguir la fidelidad a Dios, el amor a Dios, la unión con Él por amor. Es una concepción que se piensa como un progreso en el camino señalado por Dios, como una espera de su visita, como un camino en el que se esperan las ayudas reconocibles de Dios para llegar a Él. La otra modalidad del cultivo de la espiritualidad, de la CHP, parte de proponerse eliminar la conciencia de individualidad.
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El relato de la Navidad: mucho más que un cuento sentimental

El gran mito del nacimiento proclama la verdad de todo y la unidad radical de todo, y si unidad, amor. [...] El mito dice que toda la realidad que vemos, tocamos, sentimos y vivimos en nuestra vida cotidiana está preñada de la dimensión absoluta. Esa dimensión absoluta se muestra desde las entrañas mismas de todas las realidades del cosmos. El mito habla de nuestra condición peculiar humana, expresa cómo la totalidad de la realidad y el cosmos entero tiene para nosotros esas dos dimensiones, como una unidad.
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