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Colección Nº5. Ejercicios de Jñana Yoga

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EJERCICIO 1º.

Soy un punto de luz del universo. La luz que hay en mí, no es mi luz, sino la luz del universo.

La punta de luz que hay en mí, no es la luz de este mi cuerpo, sino que es la luz del universo entero.

La luz de la inmensidad del cosmos se pone al servicio de mi organismo. Eso es mi mente y eso es el ego.

La luz no es mía, aunque use mi cerebro. Mi luz es la luz de la inmensidad de lo que hay, es la luz del inabarcable cosmos que tejió mi cerebro.

Esa luz, que es la luz del cosmos inmenso, es a la vez el testigo del universo.

Por consiguiente, si miro las cosas desde la luz que apunta en mí, que es el testigo del universo, mi cuerpo es el universo entero y no soy este cuerpo.

Si, en cambio, miro las cosas desde esa luz, que es la luz de la inmensidad poniéndose al servicio del organismo donde esa luz apunta, que es la mente y el ego, entonces soy este cuerpo que está en un mundo y estoy sujeto al morir y al nacer.

EJERCICIO nº 2.

Mi luz es la luz de la inmensidad de lo que hay,
es la luz del inabarcable cosmos que tejió mi cerebro.

Esa luz es mi verdadero ser,
esa luz que es el testigo del universo,
es mi naturaleza verdadera.

No soy mi ego, ni soy mi cuerpo,
soy la luz que brilla en el universo,
testigo del universo
desde esta pequeña atalaya que es mi cuerpo.

Mi ego es sólo un servicio amable de la luz a este cuerpo,
no una entidad.

Mi luz y el universo, no son dos
sino un solo “ser-luz”.

Esa “luz-universo”, que es “ser-luz”
es mi verdadera naturaleza.
Pero esa mi verdadera naturaleza es “nadie”
porque lo es todo.

Porque soy “nadie”, nada es otro de mí,
nada me es ajeno,
todo es mí mismo.

Con todo estoy unido con lazos indisolubles,
y la unidad es el amor.


EJERCICIO nº 3.

La “luz-universo” que es “ser-luz” es mi verdadera naturaleza.
Y esa naturaleza es “nadie” porque es todo.

Ese “nadie” es, pues, la inmensidad de los cielos y los mundos.
Nada es “otro” de mi “nadie”. Nada me es ajeno, todo es mí mismo.

Cuando “nadie” muera, nadie muere, porque “nadie” no nació.

¿Qué es morir para esta “luz”, el testigo del universo, que es “nadie”?
Sólo abandonar un tejido ya usado, el de mi cerebro.
Sólo abandonar una atalaya ya envejecida, desde la que se es testigo del mundo.
Sólo abandonar unos pensamientos y unas palabras ya demasiado usadas.

“Nadie” no es perenne, porque no es nada que pueda durar.
“Nadie” tampoco perece, porque no es nada que pueda perecer.
“Nadie” no es ni sujeto ni objeto.
“Nadie” tampoco es un ser, porque es “lo que es”.
“Nadie” no es un ser entre los seres, porque es “el que es”.

Mi ser no es mi ego, ni mi mente, ni este organismo que llamo mi cuerpo.
Mi ser es “la luz” y el universo.

La “luz”, testigo del universo, y el universo no son dos,
sino una sola “cosmo-luz” un solo “ser-luz”.


EJERCICIO nº 4.

Lo que nace y muere

no era antes de aparecer,
no es cuando desaparece,
por tanto, no es lo que parece ser.

Lo que es perecedero no es lo que parece ser, sino otra cosa que pasa en eso perecedero.
Un árbol que nace y muere, no es lo que parece ser, es el programa genético de su especie que pasa.

Pero el programa genético de una especie, que también es perecedero, tampoco es lo que parece ser. Lo que es, es la vida que pasa.

Pero la vida también apareció y desaparecerá, tampoco es lo que parece ser, lo que es, es la materia, si es que esta noción tiene algún sentido.

Pero la materia también apareció y desaparecerá. Lo que pasa es el vacío de toda noción.

Ese vacío es sólo el vacío de todas mis nociones y comprensiones.
Le veo pasar en todas sus diversas manifestaciones. Puedo hablar de él con sentido, aunque no conceptualmente.
Podemos decir que es ser, que es conciencia y que es beatitud.

Y estas tres nociones no son conceptos, no describen el absoluto, son símbolos que lo apuntan únicamente.
Es “como” ser.
Es “como” conciencia.
Es “como” beatitud.

Pero, en rigor, ninguna de las tres cosas.


EJERCICIO nº 5.

Cualquier cosa que pueda percibir, no es real tal como la percibo.
Mi sistema perceptivo modela todo lo que recibe.

Y lo modela según la finalidad de la percepción.
La finalidad de la percepción, en un viviente, es sobrevivir.

No percibo lo que hay y lo que es,
sino lo que preciso ver para actuar y sobrevivir.

Puedo concluir que nada de lo que percibo es real;
que lo que parece claro y evidente a mi percepción, es una completa incógnita.

El mismo razonamiento vale para todo lo que yo pueda concebir.
Todo lo que mi mente es capaz de diseñar y representar, tampoco es real.

Mi mente, como mi percepción, está al servicio de mi sobrevivencia.
Lo que concibo y represento es desde mi medida y a mi medida.
Nada de lo que mi mente pueda concebir es real como lo concibe.

El sentir tampoco me informa de lo que son las cosas,
sino de lo que es conveniente que sienta de ellas para sobrevivir.

El sentir no pretende constituirse en criterio de la realidad,
sino sólo en orientación para actuar convenientemente en la realidad.

Por tanto, el mundo de lo que doy por real, desde mi percepción, mi pensar y mi sentir,
sólo está en mi mente, que lo construye desde su condición de viviente necesitado.

Lo real no es esa construcción. ¿Qué es lo real?


EJERCICIO nº 6.

Nada de lo que comprendo, vivo y siento es real.
Vivo como en un sueño despierto,
y lo que vivo, incluso de mí mismo,
no se corresponde con lo que soy.

Lo que soy capaz de concebir, no es;
y “lo que es” no puede concebirlo,
porque todo lo concibo es a mi medida,
y “Eso” sobrepasa toda medida.

Pero tengo noticia clara de su existir absoluto.
La oscuridad comienza cuando pretendo enmarcarlo
en mis categorías habituales de conocer y sentir:
“alguien conoce y siente algo”.

He de aprender a reconocer una noticia clara de “Eso”,
que es verdadero saber, pero de nadie sobre nada.
El que en ese saber no haya nadie que sepa y nada conocido,
es garantía de verdad, porque todo lo que puede ser comprendido y sentido,
no es real.

El verdadero saber, de mí mismo y de todo lo que me rodea,
no es el que construye mi necesidad: mundo de objetos y sujetos.
Es un saber sin posibilidad de acotación y representación alguna:
es un peso de certeza en la mente, el corazón y los sentidos
sin forma, aunque presente en toda forma.

EJERCICIO nº 7.

Me comprendo como alguien
venido a un mundo de cosas y sujetos.
Un mundo del que dependo completamente
y que es adverso y amenazante.

Así comprendo la realidad
y así me comprendo a mí mismo.
Así lo percibo todo,
así lo siento y así actúo.

¿Es así la realidad
y soy así yo mismo?

La realidad, que es también mi realidad,
es autónoma, libre, ab-soluta,
está vacía de categorías tales como “cosa,
objeto, sujeto, pluralidad, unidad”.

Cuando percibo objetos, sujetos,
pluralidad e incluso unidad,
estoy percibiendo
mi propia construcción.

Cuando se está en silencio,
puedo advertir en mí
otro conocimiento, otra noticia.

Una noticia que se hace presente
en la propia intimidad
cuando es auscultada.

No es noticia de nada, ni de nadie,
es la luz y la presencia firme de “lo que es”,
vacía de toda calificación.

Observa esa luz y presencia firme
en tu propia intimidad,

en el silencio completo
de lo que impones a la realidad.

EJECICIO nº 8.

La luz y la presencia firme de “lo que es”
presente en mi propia intimidad,
no es nada ni es nadie,
es vacío de toda calificación.

Presentándose así, pasa desapercibido
porque exijo que toda noticia clara
sea un objeto para un sujeto,
y aquí no hay ni el uno ni el otro.

Para reconocer “lo que es”
presente en mi intimidad,
hay que comprender y sentir,
que hay noticia cierta,
sin el que acota y lo acotado.

Todo el mundo es mi creación,
yo mismo soy mi creación.
¿Quién es el creador?

La inmensidad y belleza del mundo,
es la creación de mi intimidad.
¿Quién es el creador?

La creación brota del seno de cada viviente,
creación polimorfa, sinfonía de creaciones.
¿Quién es el creador?

EJERCICIO nº 9.

La luz del sol se refleja
en cada gota de agua
del rocío de la mañana.

Cada gota parece ser
una luz autónoma,
y poseer en su seno
un punto de luz.

La luz brilla con diferentes colores
en cada gota de rocío
pero son sólo agua,
y su luz es la del sol.

Cuando el sol de la mañana
evapora la gota,
y se apaga su luz,
ni el agua murió,
ni el sol se apagó.

La muerte enseña
que ni la gota es una entidad
ni la luz un punto de luz.

La muerte es la consejera,
la piadosa guía,
que conduce a entender,
la verdad de lo que es.


EJERCICIO nº 10.

La creación.
Una sinfonía de creaciones,
desde el corazón de todos los vivos.

¿Cuál es su gran sentido?
La vida de los vivos.
¿Por qué ese despliegue?

¿Por qué y para qué?
Ni hay respuesta,
ni hay sentido.

Despliegue gratuito,
desde entrañas vivientes.

Creador magnífico
y vivientes hambrientos,
no son dos.

Testigo en todo, de nada,
y creador inmenso,
no son dos.

Testigo y creación
no son dos.

En mi intimidad veo
el acto creador.

Ahora comprendo:

que todo cuerpo,
es mi cuerpo;

que el universo todo,
es mi cuerpo;

que todo ser existente,
es mi ser.

Ya soy libre, del todo,
de este mi viejo cuerpo.

EJERCICIO nº 11.

Quien pasa no es;
“otro” es quien pasa.
¿Quién es?

Y “eso que pasa” está patente
en mi conciencia de viviente,
ya no mía, sino testigo
de todo lo existente.

Ahí se muestra “el que pasa”,
sutil como un amanecer,
como el sol, patente y potente.

Sólo él es, en lo que pasa.
Pasando se muestra,
mostrando, se queda.

Soy sólo un breve momento
de su transitar, quedándose.
Todo es conciencia en mí,
luz en la atalaya de mi cuerpo.

Todo cobra conciencia en mí,
y yo, en todo, tengo cuerpo.
Mi misma intimidad, no yo,
es la luz de todo existir.

Y todas las formas y seres,
son la gran manifestación,
de lo que es mi intimidad.


EJERCICIO nº 12.

Siendo el testigo de todo existente,
de “lo que es” llegaré a ser testigo.
Este ha de ser siempre mi caminar.

Soy “lo que es”, porque “lo que es” veo.
Como él, de cualidades vacío.
Nada sé de él, y de mí sé nada.

No soy sujeto, ni tampoco objeto.
Ni soy perceptible, ni imaginable.
Ni este mi organismo es una entidad.

Pero soy.

Todo lo que nombro, es ignorancia;
incluso mis palabras más sagradas.
Todo mi decir es hijo del miedo.

Concentra tu corazón y tu mente
en tu más hondad intimidad vacía,
que es “el que es”.

EJERCICIO nº 13.

¿A quien mata la muerte?
Al que se cree ser alguien.

La vida continúa,
los sueños de la mente,
en otros hombres viven.

La mente, que es testigo
pero ya no individuo,
flota a la torrentada.

Mas a la dura muerte,
la vida no la siente;
con ella se renueva.

La Vía del silencio,
desvela lo que resta
del paso de la parca.

La muerte arrasa, todo
lo que creía ser
algo en este mundo.

¿De qué forma entender
lo que escapa a la muerte?

Cambiando los recuerdos
deseos y proyectos
por las palabras vivas
de los sabios Maestros:

“No hay nacer ni hay morir”.
Trueca el deseo de ser,
por el de conocer.

Vuelve del exterior
para ser el testigo
de tu puro existir.



EJERCICIO nº 14.

La vuelta de mente y corazón
al interior, es meditación.
En la atenta observación tranquila,
los oscuros motivos afloran.

Las ansias deseos y temores,
que son la urdimbre de la persona,
ascienden del abismo a la luz.
La luz quiebra las firmes certezas
y la solidez de lo real.

Con la mente serena y tranquila,
transforma al animal en testigo.
Agrietadas todas las firmezas,
se abren los pesados portones
del conocer y sentir sin forma.

Si no modelas la realidad
según tu interés y tu medida,
se disuelven todos los temores
y brilla con un claro esplendor

la verdad,
lo real,
“lo que es”.


EJERCICIO nº 15.

Todo es mío,
yo soy todo.

Todo reside en mí
de una doble manera:

La realidad del mundo,
en mi mente la tramo,
con ansias y temores
que en mi memoria anidan.

Deciden el presente,
proyectan el futuro,
a lo que es dan forma,
y a la vez lo deforman.

Desde mi mismo seno,
todo de mí recibe
su luz y su ser pleno.

De plantas y animales,
de tierras y de cielos,
soy ser y soy conciencia.

He logrado entender,
que el ser es “no-dual”,
que en mí no hay otra cosa,
que “eso no-dos” único.

Nada sin mí, ser tiene,
porque en todo momento
en mí, nadie reside,
si no es “lo que es”.

Todo es mío,
yo soy todo.

EJERCICIO nº 16.

Todo eso de ahí
es y será sin mí,
yo no soy lo que es.

Fluida, salada y fresca
es el agua del mar.

La espuma de las ondas
que rompen en la arena
y las gigantes olas
del profundo océano,
del mar sólo son formas.

Su sabor es saldo
es líquida y fresca
su manera de ser.

En las gotas y espumas,
en las grandes mareas
está siempre presente
el inmenso océano.

Todos los seres tienen
el dejo del Único.
Todo es sólo “el que es”.

El sabor de los seres,
su luz y su existir,
son sólo la certeza
del Único presente,

y todo lo que existe
es su presencia firme.

EJERCICIO nº 17.

Ni cosas ni personas
dan la felicidad.
Ninguna cosa externa
podrá apuntalarte.

Ningún objeto externo
te dará fortaleza,
satisfará tu alma,
te librará del miedo.

No refuerces tu ser
con las quebradas cañas,
que rasgarán tus carnes,
arruinarán tu fe.

Nada externo te salva
de temores y ansias.
Deseos inagotables
con cortejos de miedos.

Cumplir todas las ansias,
tarea imposible.
Si se consigue una,
temores de perderla.

La dicha no consiste
en gozar de placeres,
sólo el conocimiento
de la firmeza interna

¿Son islas de placeres,
en mar de sufrimientos,
o islas de dolores
en mares placenteros?

¿Cómo frágiles seres
eludirán los males?
Sólo cuando conozcas
la roca de su alma,

la Conciencia Absoluta,
tu más íntima entraña,
que es la esencia de todo,
sin reclamos externos.

EJERCICIO nº 18.

Advierte, cuando nos reunimos,
no es asamblea de personas.

¿Personas? Son sólo memoria,
recuerdos, imaginaciones.
¿Individuos? Tampoco es eso.
Los individuos son conceptos.

¿Seres venidos a este suelo?
No, somos hijos de este mundo,
nuestros padres son las estrellas
el cálido sol y la tierra.

Somos sólo un breve latido
del gran universo infinito;
llama instantánea del gran fuego,
chispa de luz de las estrellas;

tenue momento de conciencia,
juego de Conciencia Absoluta;
del que danza gesto rápido,

breve ola del océano
que rompe y que muere en la playa;

tenue latido de la vida
de la inmensidad de los mundos.

Somos nadie, corto vibrar
de la expansión del universo,
como sueño, pompa en el aire.

Pero soy cosmos y el gran fuego,
la gran luz, el gran océano,
el Ser y Conciencia Absoluta.

Soy el danzarín supremo
el corazón del universo.

Que esto comprenda tu mente,
que hondo tu sentir lo sienta.

EJERCICIO nº 19.

Lo más profundo de mi intimidad,
es quietud y es completa transparencia,
como aguas de un lago de montaña,
como la luna en la noche serena.

Pero lo que se refleja en la mente,
y ha de mantener la vida del cuerpo,
es continuo fluir, como las aguas
de los arroyos en altos montes.

En las aguas quietas se ve el fondo
y la clara luna se mira en ellas.
En el arroyo, la luna se rompe
en millones de destellos de luz.

Como la pendiente mueve las aguas,
el apego remueve la conciencia.
No atienda tu alma aguas de arroyo,
sino a los profundos fondos del lago.

Para un alma quieta, no busques nada,
que en aguas tranquilas la luna brilla
en un cielo de estrellas infinito,
y se te mostrará tu propio abismo.

Si deseas algo, ¡aguas abajo!
La espuma de las aguas tapa el fondo
y sólo brillan destellos de luna.



EJERCICIIO nº 20.

Si imparcialmente miro
los dolores del mundo,
veo, desconcertado,
pero en completa paz,
que así todo está bien.

El sufrimiento lo crean los hombres,
y sólo ellos pueden remediarlo.
Nadie es el culpable de nuestros males,
ni lo es Dios, ni la naturaleza.
Tenemos el destino en nuestras manos.

La reconciliación
con los males del mundo
no es la pasividad,
ni dejarlo a su suerte
sino aceptación plena.

Actúa sin rechazo
y sin condenación,
sino desde el amor
y total compasión.
Así todo está bien.


EJERCICIO nº 21.

Busca el conocimiento de ti mismo,
en el que el conocedor no es el ego.
Busca al conocedor que no es sujeto,
ni tampoco nada particular,

que reside en tu misma intimidad.
El que conoce, es el mundo mismo.
No ciñas al mundo a imagen mental,
percíbelo sin conceptualizar.

Si lo consigues no le temerás.
La conciencia que no pretende nada
puede conocer el mundo que es,
no propios conceptos e imágenes.

Indaga en ti la conciencia testigo,

conciencia absoluta
en tu intimidad.

EJERCICIO nº 22.

Reconoce con claridad los dos tipos de conciencia que son propios de nuestra especie:

La conciencia en sí o conciencia absoluta.
El testigo es la puerta a esa conciencia no dual
que lo trasciende.
Es la conciencia original, primordial,
sin principio ni fin,
sin causa ni sostén,
tranquila, silenciosa,
experiencia de toda experiencia.

La conciencia-mente
que siempre es conciencia de algo,
siempre noticia de algo,
relacionada con la necesidad y el deseo,
orientada a la acción,
relativa, dual.

La conciencia-mente es la manifestación
La conciencia en sí es lo manifestado.
No hay conciencia-mente sin conciencia en sí.
Puede darse conciencia en sí sin manifestación.

La conciencia-mente es sólo una vibración de la conciencia en sí.
La conciencia-mente no ofrece nada nuevo,
siempre es la existencia de la conciencia absoluta.

Reconoce la libertad y el gozo de la conciencia no dual.


EJERCICIO nº 23.

La misión de Jesús
fue corta y fulgurante,
rayo breve e intenso
de deslumbrante luz.

Desveló el tesoro
y la perla escondida:
el “no dos”, la Unidad.
Y la llamó “el Padre”.

¡Que poderosa imagen!
Toda criatura es Hija
y del único Padre,
una en naturaleza.

Todo animal y planta,
los cielos y la tierra,
las aves y los hombres,
Hijos todos del Padre.

“Lo que es”, “el que es”
cálido y solícito
como un amante Padre,
con su único Hijo.

Y las criaturas todas
como Hijo Único
unidos con el Padre
en la misma natura.

“Lo que es”, como Padre.
Lo que parece ser,
como Hijo del Padre,
en completa unidad.

El Padre
no es el “otro” del Hijo.
El Hijo
no es el “otro” del Padre.

Esta fue la enseñanza
del más joven Maestro,
relámpago de luz
en oscuras tinieblas.

El más precoz Maestro
de un oscuro país,
tierno, fuerte y cálido,
intuitivo y fresco.

¡Poeta y Maestro,
Jesús de Nazaret
tienes nuestro respeto
y nuestra gratitud,

por tu descubrimiento
y tu revelación!


EJERCICIO nº 24.

La imagen “EL PADRE”.

Continuaremos meditando la imagen del Absoluto como “Padre”, que enseña Jesús. No es apartarse de la perspectiva vedanta, sino utilizar la luz del vedanta para comprender mejor el evangelio.

En el vedanta y en el budismo se representa al Absoluto como un océano profundo, insondable, potente, siempre en movimiento, creando formas y disolviendo formas continuamente. Pero el océano es frío, indiferente. También un océano de conciencia parecería hiriente, como una luz intensa y desmedida para los ojos de un viviente.
El animal viviente, el frágil yo, breve espuma del océano, que aparece y desaparece en un suspiro, podría sentirse desamparado en esa imagen de Absoluto.
La imagen del Vacío absoluto de formas, que se muestra en formas, tiene también la fuerza de un rayo potente de luz para nuestra débil consistencia, pero puede resultar fría para un animal viviente.
La idea de Brahman como Ser-Conciencia, “no-dos absoluto”, vuelve a ser luz deslumbradora que transmuta el sentir, y así arranca de la tenue condición de criatura, pero tampoco es cálida para pobre animal que somos.

La idea del Absoluto como Padre dice solicitud, ternura, acogida, proximidad, relación íntima, confianza. Eso si le habla de cerca al viviente.
Representar al Absoluto, “al que es” como Padre, como mi Padre, es de un atrevimiento casi impensable. Es una revelación indeciblemente amable. Y es, además, una intuición profunda, porque las manifestaciones duales del “no-dos”, son sólo el “no-dos”; por tanto llamar “Padre” al Absoluto y sentirse uno con Él y de su misma naturaleza, resulta ser una imagen poderosa y adecuada, porque eso mismo dicen, de formas diferentes, las otras grandes imágenes, de todas las tradiciones:

“el Vacío es forma y la forma es vacío”,
“el Absoluto es el ‘el no-otro’ de la criatura, y la criatura es el ‘no-otro’ del Absoluto”,
“todo es Maya y Maya no es nada más que Brahman”,
“toda forma está concebida en la dualidad y la dualidad es sólo la manifestación del ‘no-dos’,
“todo lo que alcanzan tus ojos no es otra cosa que el rostro de Alá”,
“nada es sino ‘el que es’”,
“todo es unidad, unidad y diversidad o ni unidad ni diversidad, sino más allá de esas nociones”.

El mundo de las diversas tradiciones religiosas de la humanidad, es un mundo de imágenes, de representaciones, de metáforas que hablan del Absoluto.
La imagen de Jesús, “el Padre”, es una de las más potentes, aunque mantiene una cierta dualidad, corregida por la afirmación de que Padre e Hijo son de la misma naturaleza y una sola realidad. Y toda criatura es el Hijo unigénito, porque Jesús habló de

“mi Padre y vuestro Padre”,
“que todos sean uno en mí, como yo lo soy en ti.”

Esa es la enseñanza de Jesús, ese es el espíritu de su mensaje; lo demás son, o consecuencias, o formulaciones mitológicas y simbólicas, hijas de unos tiempos pasados.
En ese mundo de imágenes, de metáforas, la oferta de Jesús puede parangonarse y competir, (si se me permite una inadecuada imagen comercial), con las grandes ofertas de las tradiciones espirituales de oriente.


EJERCICIO nº 25.

Nos vivimos como alguien venido a este mundo.
Toda nuestra vida sólo tiene una ocupación:
luchar y pelear para hacernos un lugar en este mundo.
Todo eso es un error.
Una lamentable equivocación.

No hemos venido a este mundo,
somos este mundo.
Somos la conciencia de este mundo.
Somos este mundo consciente de sí mismo.
Somos un punto de luz,
desde el que el mundo se mira a sí mismo.
Somos esta inmensidad,
consciente de esta inmensidad.
Somos este esplendor y belleza,
consciente de este esplendor y belleza.
Somos ser y conciencia,
conscientes del Ser-Conciencia.

Desperdiciamos la ocasión única de nuestra vida,
luchando por ser alguien.
Esa lucha es angustiosa e irreal como una pesadilla.
Hay que despertar a lo que es nuestra realidad:
Luz sobre luz.
Luz que se contempla.
Luz de la luz.
Nadie, sólo el Ser-Luz.
Sólo juegos de luz.

Nuestro destino es sólo ser y reconocer.
Esta debiera ser toda nuestra vida:
Reconocer el esplendor de la inmensidad del Ser.
Reconocer la inagotable belleza del Conocer.

Todo eso es nuestro Ser y nuestro Conocer.

EJERCICIO nº 26.

Conocerse a sí mismo es conocerse desde más allá del ego.

¡Inténtalo!

El más allá del ego reside en mí mismo,
es mi más íntima intimidad.

¡Intenta dar con él!

Desde ese nivel de sí mismo,

-que no es sujeto,
-ni una entidad particular,

el mundo soy yo mismo.
¡Verifícalo!

Ese nivel de mí mismo es un puro testigo.

¡Reconoce al testigo!

Desde el testigo es posible la pura percepción,

-sin objetivación ni conceptualización,
-sin deseos y proyectos,
-sin dualidad.

¡Verifícalo!

En mí hay tres posibilidades:

-vivir con los pies en el ego,
desde sus necesidades, deseos y temores;
-vivir con los pies en el testigo,
viendo y sintiendo desde el silencio del ego;
-vivir más allá del testigo
viendo y sintiendo la completa no dualidad de la realidad.

¡Intenta deslindar, comprender y vivir esos tres aspectos de tu existir!


EJERCICIO nº 27.

Estoy completo, no necesito nada.
No tengo que apuntalar mi ser
con nada venido de fuera.
Soy fundamento y sostén de todo lo que existe.
Fuente de toda forma, libre de nombre y forma.
Comprender esto es la liberación.

Estoy lleno hasta los bordes
y vacío de toda noción de ser o no ser.
Ni soy mortal, ni inmortal, no soy individuo.
Estoy más allá del tiempo y del espacio.
Comprender esto es la liberación.

Si creyéndome alguien, no interfiero,
la Conciencia Absoluta cuida de mí
espontánea y correctamente.
Me creo alguien y pretendo conducir mi barca,
pero el que conduce la barca y la barca
son sólo “el que es”.
Comprender esto es la liberación.

Asienta tu atención y la luz de tu conciencia,
no en el ego que crees ser,
sino en la Conciencia Absoluta que eres.
¿La persona?, sólo un reflejo del sol
en una gota de rocío.
No hay nadie sino el reflejo del sol.
Actúa desde ese convencimiento
y el sol te guiará a lo desconocido.
Comprender esto es la liberación.


EJERCICIO nº 28.

Cuando la total realización llega,
¿qué es lo que queda?
Vacío de categorización,
pero compacto y lleno hasta los bordes.

Borra nuestras ideas
de ser y de conciencia,
gozo y felicidad,
de dolor y de muerte.

Es la verdadera inmoralidad,
no la permanencia del individuo
vivo y consciente en tiempo sin límite,
sino el conocimiento y el sentir
de que no hay individuo.

La luz que ilumina todos los mundos,
es mi luz.
El ser que construye y destruye mundos,
es mi ser.
Eso que conduce cielos y tierras,
es mi guía.

La raíz de los mundos,
el centro de mi centro;

ese lugar oscuro,
la fuente de la luz,
que es como una ausencia,
que es sólida presencia.

Vacío que es mi ser,
no negrura de nada
sino compacta esencia
del inmutable ser.


 

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