Marià Corbí

Comentario a los primeros versos del Mathnawi

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Los cantos de eternidad.

Como la flauta de caña fue separada del cañaveral, así mi ser fue separado del Ser. Cuando la flauta canta, se lamenta de la separación. Así mi corazón añora la unión.

La flauta canta porque está vacía. Sólo el corazón vacío presiente el retorno y habla de él.
Sólo los vacíos comprenden el lamento. Nada hay más profundo y sereno que esa nostalgia, porque es lejanía y es unión.

Quien entiende ese canto se abrasa, porque el sentido es explícito. Sus notas desgarran los velos y son un antídoto contra el error.

Sólo los que no están fascinados por el mundo, entienden el canto y las palabras de los vacíos. Pero incluso a los llenos el canto y las palabras vacías les vacían. Al oír esos cantos y palabras hasta las rocas se levantan del suelo. No desesperes y escúchalos con tu corazón en silencio.

“Lo que es” es Único, lo demás son velos. Eso que añoran los cantos y las palabras de los huecos, es vida, lo demás es sólo muerte que aparenta vida.

La flauta de caña se sabe hueca, los sabios se saben vacíos como la flauta. Saben que su canto y sus palabras son fuego porque vienen de más allá de ellos, vienen del cañaveral, de la fuente del ser que añoran los sabios.

¿Quién canta en la flauta vacía? No es la flauta que está hueva e inerte. ¿Quién habla en el sabio? No es el sabio, que es también vacío e inerte, porque no tiene la vida desde sí mismo.

El Único “el que es” canta en la flauta y habla en el sabio. Sólo Él canta y habla, nadie más puede hacerlo, porque todo está vacío.

Sólo el canto y las palabras de los vacíos son fuego que abrasa los velos. Las cañas que no han sido vaciadas, no pueden cantar; los hombres que no se han vaciado, no tienen palabras de vida.

En los vacíos el que canta es Él y el que habla es Él. Los llenos ni cantan cantos de fuego, ni hablan palabras de vida.
¡Ay del que no comprenda estos cantos!

Si quieres oírlos en tu corazón y en tu mente, no seas esclavo de la fascinación de lo que no puede saciar la sed.

Deja que las palabras de los sabios derriben tu fortaleza hasta que no queda ni un solo lienzo de pared en pie. Cuando tu castillo esté en ruinas, tendrás el corazón puro para recibir.

Ellos nos hablan de un amor extraño pero verdadero, en el que hay amor intenso pero no hay nadie que ame y lo amado es como un océano sin fronteras.

Nos hablan de un amor que, ardiendo, es luz que deslumbra nuestros ojos y nuestro corazón
.
Esa luz que es fuego, y ese fuego que es luz, dan alas a nuestra mente y a nuestro corazón; hace de nuestro cuerpo un espíritu y de nuestro espíritu un cuerpo.

Dichoso del que se asocia a los sabios, porque también él entonará una canción de vida. Quien entone un canto de vida comprenderá que el amante es un velo y que sólo el Amado es real y vivo.

Cuando puedas entonar el canto de vida, el Amado es quien canta al Amado. Entonces sólo habrá luz detrás de tí, luz en tí y luz delante de tí.