Frédéric Lenoir

EL PLURALISMO RELIGIOSO COMO REVOLUCIÓN

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Frédéric Lenoir*

El reconocimiento del pluralismo religioso como un hecho espiritual positivo (y no sólo como un hecho consumado) es una posición teológica relativamente nueva. […] En el contexto de la ultramodernidad, vemos cómo se elaboran verdaderas teologías de la diversidad religiosa a través de las cuales el pluralismo espiritual de la humanidad ya no se considera un mal que hay que suprimir, sino, por el contrario, un valor.

Para comprender el alcance de esta revolución -que sigue siendo marginal en los monoteísmos-, hay que tomar la medida de las posiciones anteriores: el exclusivismo y el inclusivismo. En la concepción exclusivista, los creyentes afirman que su comunidad constituye el único espacio de verdad y salvación. Las demás religiones están excluidas de la salvación. La postura inclusivista, por el contrario, tiene apariencia de apertura, en la medida en que reconoce la presencia de verdades parciales en las otras religiones. Esto no significa en cambio que las otras religiones se consideren medios de salvación completos […]. Esto supone una evolución, pero no una revolución.

La verdadera revolución está aún por llegar, aunque acabe de comenzar, esencialmente en medios cristianos, a través de la elaboración de una teología pluralista de las religiones que reconoce al otro en tanto que otro y no en cuanto «se nos parece un poco». Los cimientos de la teología del pluralismo son muy diversos, pero residen a menudo en el vínculo sutil entre teología negativa (que llega a cuestionarse la pretensión de ser «el intérprete» de lo absoluto) y reconocimiento positivo de alteridad. Sin poder entrar aquí en los detalles del análisis, citemos, entre los promotores de esta revolución, al teólogo protestante John Hick, que pone lo real en el centro de lo absoluto y no al Dios personalizado, a Cristo o a la Iglesia; el pastor Jean-Claude Basset, que ha profundizado en la teología negativa; el padre Stanislas Breton, a partir de su interés por el budismo zen y la meditación sobre la kenosis de Cristo (la renuncia de Cristo muerto en la cruz); el sacerdote y psicoanalista Eugen Drewermann, que se inspira sobre todo en la psicología profunda de Jung; o el teólogo jesuita Jacques Dupuis, que recientemente ha sido llamado al orden por Roma por haber pasado de una postura inclusivista a una postura pluralista, a partir de la meditación profunda sobre el verbo cósmico, como aparece sobre todo en el prólogo del Evangelio de Juan.

[…] El enfoque pluralista tiene consecuencias radicales sobre el diálogo interreligioso, que no aparece sólo como un intercambio cordial (más vale tolerarse que hacer la guerra) sino como un encuentro auténtico con pleno respeto al otro. ¿No constituye este punto de vista la mejor respuesta teológica a los intentos de instrumentalización de las religiones con fines políticos, como hemos visto a propósito de los fundamentalismos musulmanes y protestantes que se apoyan en concepciones inclusivistas o exclusivistas de la salvación? Más allá incluso de las religiones, la teología del pluralismo, al rechazar la noción de verdad única, reconoce el valor de todas las búsquedas humanas de verdad, sean o no religiosas.

*Extracto de la obra de Frédéric Lenoir: Las metamorfosis de Dios. La nueva
espiritualidad Occidental. Madrid: Alianza editorial, 2004. pgs. 298-299