Marià Corbí No es aceptable abandonar a los jóvenes porque no se sabe qué decirles que sea aceptado por ellos, o porque les predicamos con un mensaje del pasado, que pensamos que es el único válido y que no aceptan. Hay que buscar una solución urgentemente. Muchos no saben qué hacer y dan lo que tienen a personas que ya pertenecen al último tercio de la vida; a persona que, forzadas a alejarse de las formas tradicionales de la religión, por las transformaciones de las formas de vivir y de las culturas, todavía les restan no pocos elementos de la tradición. También estos están desamparados y sin ayuda. Quienes dedican su vida y sus esfuerzos a este tipo de personas hacen muy bien. Sin embargo, hay que hacer un gran esfuerzo para encontrar una solución para las generaciones futuras, porque de ellas será el mundo, la cultura, la espiritualidad y todo.
El vedanta advaita como fuente de calidad humana profunda
Ponencia presentada en el Primer Coloquio Internacional. Diálogos: presente y futuro de las religiones y la espiritualiad, sus contextos en Europa y America Latina.
22-26 de marzo, 2011. Guadalajara (México). Organizan: Universidad de Guadalajara, ITESO, UNIVA, Colegio de San Luís y CETR
Resumen: En la tradición espiritual hindú Vedanta advaita, se pone en cuestión la concepción de lo que damos por real así como la realidad misma, como primer estadio para seguir investigando los diferentes estados de conciencia. Así se consigue la deconstrucción de la visión habitual del mundo de sujetos y objetos construido desde la necesidad para conducir a la comprensión e intuición de que todo lo que existe, lo que vemos, lo que percibimos es Conciencia absoluta manifestándose. Poder adentrarse en tradiciones como ésta, seria, honda y practicada durante miles de años y comprender con toda claridad su propuesta, nos ofrece la posibilidad del cultivo de la cualidad humana profunda en las nuevas situaciones culturales no basada en creencias ni en dioses.
descargar texto completo –pdf-
Introducción
En las sociedades plenamente industrializadas en las que hay fuertes sectores que viven del conocimiento en todos los parámetros de la actividad industrial y sobretodo colectiva, la cultura y las tecno-ciencias se construyen sin Dios, los sistemas de trabajo, organización de cohesión y valoración colectiva se construyen también todos sin Dios. Estos son los rasgos de la nueva sociedad, derivados de tener que vivir del cultivo de las ciencias y tecnologías, y no hay ninguna posibilidad de eliminarlos o frenarlos. ¿Supone eso que lo que nuestros antepasados llamaron espiritualidad construida con creencias, religiones y dioses, y que nosotros llamaríamos cualidad humana profunda, es hoy imposible?
Tener una noticia de grandes corrientes espirituales como el Vedanta advaita nos muestra que es posible; es una espiritualidad honda, seria, y largamente verificada, sin religiones, sin creencias y sin dioses, que se ha practicado durante miles de años.
Aquello que nuestros antepasados llamaron espiritualidad, el Vedanta advaita permite entenderla como el ámbito del cultivo de la dimensión absoluta de la realidad, no relativa a nuestras necesidades, gratuita. Se trata de una cualidad propia de nuestra especie que la diferencia del resto de animales.
Con el cultivo de la espiritualidad, que así entendida podemos substituir por el término de “cualidad humana profunda”, accedemos a un conocimiento de la realidad que tiene una serie de peculiaridades:
- es un conocimiento donde no hay ni sujetos ni objetos; ni conocedor ni conocido; es un conocimiento no dual;
- es conocimiento pero de nada que se pueda conceptualizar;
- genera certeza, porque se apoya en una presencia absoluta, libre de todo sometimiento, a formulación alguna.
Para acceder a ese tipo de conocimiento se precisa de una sutilización de todas las facultades, mentales, sensitivas, perceptivas y activas; de una investigación personal, libre, sin sometimiento a ninguna creencia ni a religión, pero al mismo tiempo recogiendo la creación de los grandes maestros.
Es un proceso de conocimiento con todo el ser, no sólo con la razón. Es un conocimiento que no es representación, ni fijeza, sino flexibilidad y total libertad, herramientas necesarias para operar en sociedades como las nuestras que viven del cambio continuo.
