José Manuel Bobadilla

La robotización de los puestos de trabajo: un tema para la reflexión.

ROBOT2

Estado de la cuestión

Para abordar este tema hay que hacer una breve presentación sobre el estado de la cuestión para saber exactamente dónde nos encontramos. Según el informe Un futuro que funciona: automatización, empleo y productividad publicado en 2017 por McKinsey&Company:

“sugieren que la mitad de las actividades laborales de la actualidad pudieran automatizarse para el 2055 aunque esto puede ocurrir 20 años antes o después dependiendo de varios factores” (McKinsey&Company, 2017)

Y estos factores son: (1) la viabilidad técnica, (2) el coste de desarrollar e implementar las soluciones tecnológicas, (3) las dinámicas del mercado laboral, (4) los beneficios económicos y (5) la reglamentación y aceptación social. Por viabilidad técnica se entiende la capacidad de generar, implementar e integrar estas tecnologías; el coste del desarrollo va ligado al progreso y creación de los diversos softwares y hardwares necesarios para esta actualización; las dinámicas del mercado constituyen la ya conocida ley de oferta y demanda y cuando mencionan los beneficios económicos hacen referencia a los detalles cualitativos y cuantitativos de los productos y el ahorro en mano de obra y, por último, la reglamentación y aceptación social permite vislumbrar que, aun habiendo implementado estas tecnologías, su implementación puede ser de dificil asimilación.

Como puede intuirse, estas cuestiones son abordadas desde el dualismo discursivo actual, pero la sociedad o lo política no busca una solución desde nuevos patrones interpretativos. Vemos cómo se presentan problemas nuevos pero que se analizan desde parámetros culturales pasados. En esta línea, y sin hacer un ejercicio de investigación profunda, puede entreverse qué posturas defenderán los diferentes discursos: el neoliberalismo pondrá en valor las cuestiones económicas, mientras que en los ideológicos prevalecerá la defensa de los derechos socio-laborales dejando de lado, sendas posturas, la importancia y beneficios que una tecnología o una sociedad tecnológica puede aportar tanto al mundo empresarial como a las personas.

En este sentido marcaremos o enunciaremos tres cuestiones que intentarán abordarse o plantearse desde la creatividad, y serán los puntos que se desarrollarán a continuación: (1) La cuestión de la robotización y orientación tecnológica, (2) qué sectores económicos hay o habría que automatizar / robotizar y (3) la aceptación social de una tecnología liberadora.

La cuestión de la robotización y orientación tecnológica

Este fragmento extraído del informe de la European Agency for Safety and Healt at Work Una revisión sobre el futuro del trabajo: la robótica publicado en el año 2015 muestra la urgencia y necesidad de plantear una solución a este debate:

“(…) la nueva era de la robótica y de la inteligencia artificial puede implicar cambios a una escala nunca conocida anteriormente, y sus posibles repercusiones sobre el trabajo, la destrucción de empleo y la economía apenas han sido objeto de debate” (OSHA; 2015).

Como puede observarse, en este pequeño fragmento se recoge la urgencia y necesidad de plantear una solución a un problema nunca conocido. Podemos pensar que esta era, la de la robótica y la inteligencia artificial, es muy similar a la época de la industrialización, donde telares industriales, máquinas de hilar y máquinas trilladoras, substituyeron o, mejor dicho, disminuyeron la mano de obra necesaria en fábricas y campos. Así mismo, el periodo de la industrialización, dejó atrás la época agraria para dar paso a la época industrial. Entendemos que este proceso o transición no se hizo intencionalmente, es decir, el propio desarrollo científico y tecnológico trajo consigo estas mejoras tecnológicas que posibilitaron una nueva forma de sobrevivencia humana, lo que puede ser y es objeto de discusión o análisis son las lógicas bajo las cuales se produjo este tránsito, no el tránsito en sí. En este sentido podemos hablar de un desarrollo no teleológico del cambio cultural o paradigma.

Quizá una de las diferencias más grandes que pueden darse en esta nueva era de la robótica y de la inteligencia artificial, no es la reducción de la mano de obra necesaria para realizar unas determinadas tareas, sino la substitución al completo de puestos de trabajo por robots o inteligencias artificiales. Y esto, en vez de pensarse o concebirse como una posibilidad de liberación, se presenta como un problema que está ligado directamente con las formas que tenemos de concebir el trabajo, de ahí, que los movimientos o discursos ideológicos, vean en esta implementación tecnológica un espacio de lucha, pero ¿es preferible mantener puestos de trabajo monótonos, repetitivos y perjudiciales para la salud que implementar una tecnología que libere al ser humano de este tipo de tareas?

Podemos estar en comunión o no con la nueva era, pero lo que, si hay que tener en cuenta, es que independientemente de donde nos situemos, esta es una cuestión que debe ser abordada en el presente para posibilitarnos un futuro mejor, ya que como se ha podido ver, los factores tecnológicos relacionados con la viabilidad e implementación de esta, son elementos del nuevo modelo socio-cultural con el que se ha de convivir. El informe ya citado de la European Agency for Safety and Healt at Work recoge lo que la UE llama la Estrategia 2020 y en esta, se ve claramente, el destino de la robotización:

“La tecnología robótica llegará a ser dominante durante la próxima década. Influirá sobre todos los aspectos del trabajo y del hogar. La robótica tiene el potencial necesario para transformar las ideas y las prácticas laborales, para elevar los niveles de eficiencia y de seguridad, para ofrecer mejores servicios y para crear empleo. Su impacto será cada vez mayor, a medida que se multipliquen las interacciones entre los robots y las personas” (OSHA; 2015).

Vemos que esta robotización no afecta o afectará únicamente al mundo laboral, sino que impregnará la vida cotidiana con el llamado internet de las cosas, motivo más que suficiente para prestarle a este tema la atención que requiere; pero en este escrito nos estamos centrando únicamente en el ámbito laboral y, en relación a la robotización o automatización de ciertos sectores laborales, se recogen tres posiciones o postulaciones acerca del futuro del trabajo (OSHA; 2015): (1) la substitución, (2) la complementación y/o (3) el perfeccionamiento del trabajo humano. El debate se encuentra, actualmente, en buscar un equilibrio o respuesta entre la substitución y la complementación, y es en este espacio donde, desde fuera de los discursos neoliberales e ideológicos, se debe buscar una solución mediante la creatividad como herramienta socio-política.

Según el mismo informe de la UE, las ventajas que tendría la robotización consisten en: reemplazar a las personas que trabajan en ambientes insalubres o peligrosos, en sectores de logística, o en tareas tediosas, monótonas y repetitivas y esto, siguiendo con el informe, no tardará en llegar a sectores como la agricultura, la construcción, el transporte, la sanidad, la extinción de incendios y servicios de limpieza. A parte de los beneficios expuestos en la cita anterior sobre elevación de los niveles de eficiencia y seguridad.

Siguiendo con esta idea, Murray Bookchin, pensador anarquista impulsor del econanarquismo e historiador americano, se posiciona en favor de la robotización de puestos de trabajo como la minería o la limpieza del alcantarillado y expresa lo siguiente frente a este hecho:

“Sin embargo, hay un área de la economía en la que cualquier mejora técnica es bienvenida: las tareas humanas más degradantes y embrutecedoras (…) en las industrias de materia prima, particularmente minas y canteras”. (Bookchin, 1974; 104-105)

Y más delante continúa diciendo que la abolición de la minería como esfera de la actividad humana simbolizaría, a su manera, el triunfo de una tecnología liberadora (Bookchin, 1974; 105).

  • La orientación tecnológica

Actualmente el discurso neoliberal no presenta la robotización o automatización como una tecnología liberadora, habla de la urgencia de la robotización y de las ventajas y beneficios económicos que esto puede tener; en cambio, los discursos ideológicos, no ven esta tecnología como un aliado para liberarse del trabajo[1], sino que la piensan, como se ha comentado líneas más atrás, desde un trasfondo neoludista.

Pero centrándonos un poco más en el cambio de visión sobre la tecnología que plantea Bookchin y, siguiendo la postulación de otro anarquista, en este caso Errico Malatesta quien defiende que la ciencia y la tecnología es igual para todos y sirve indiferentemente para el bien y para el mal, para la liberación y para la opresión (Vernon, 2007; 42) entendemos la necesidad de generar discursos pro-tecnológicos que hablen de una tecnología positiva y liberadora y no muestren esta como una aliada del capitalismo y al servicio de este.

En este sentido, habría que generar un discurso que presentara la tecnología teniendo en mente que:

“La máquina puede eliminar el esfuerzo físico inherente a la extracción, fundición, el transporte y fraccionamiento de las materias primas, dejando al individuo los pasos finales de carácter artístico o artesanal. En una comunidad liberada [de este esfuerzo físico o del trabajo como esclavitud] la combinación de las máquinas industriales y los útiles del artesano podrían alcanzar un grado de sofisticación e interdependencia creativa sin paralelos en ningún periodo de la historia humana (…) Podríamos hablar con verdad de un nuevo progreso cualitativo de la técnica: una tecnología al servicio de la vida”. (Bookchin, 1974; 135)

¿Podríamos imaginar lo que supondría para la sociedad e imaginario colectivo generar un discurso semejante? ¿Podría la humanidad demandar al mundo tecnológico y empresarial la robotización o automatización de sus sectores económicos para no depender más de un modelo de trabajo basado en los principios económicos del neoliberalismo? ¿Supondría esto el fin de la mano de obra tal y como lo conocemos hoy en día? Como vemos son muchas las preguntas y debates que se abren y, que a la vez trastocan, los modelos culturales actuales simplemente al introducir o plantear la tecnología de la robotización y automatización de una forma positiva y liberadora.

Pero siguiendo con la argumentación y teniendo presentes estas dos ideas sobre la aceptación de la robotización y/o automatización, como nuevo modelo socio-cultural, y de la orientación tecnológica al servicio de la vida, pasamos al siguiente apartado donde hablaremos sobre qué sectores económicos hay que priorizar en su automatización / robotización.

¿Qué sectores económicos hay que robotizar o automatizar?

Si entendemos que la ciencia, la tecnología y la técnica están intrínsecamente ligadas al desarrollo humano, puede aceptarse que la robotización o automatización han de darse en unas condiciones que ayuden a la especie humana a ser más libre. Podemos concebir el trabajo como una esclavitud o como una forma en la que el ser humano se desenvuelve en su entorno, ya sea en la esfera pública o privada. Si nos posicionamos en la comprensión del trabajo como una esclavitud, veremos que éste está inmerso en los discursos de los que intentamos alejarnos, pero si entendemos el trabajo como un hacer-de-la-especie-humana al servicio de su supervivencia, sacaremos el trabajo de la lógica de la productividad capitalista.

El informe sobre Un futuro que funciona: automatización, empleo y productividad (2017) también recoge esta adecuación, implementación o sesgo de algunos puestos de trabajo según el sector en el que se desarrollen, así:

“Las actividades que son probables que se automaticen pronto son las relacionadas con actividades físicas, especialmente las que prevalecen en la manufactura y el comercio al menudeo, así como las vinculadas con la recopilación y procesamiento de datos (…) Algunas formas de automatización estarán sesgadas por las habilidades tendiendo a aumentar la productividad de los trabajadores altamente calificados aun si reduce la demanda de trabajadores menos calificados y de profesiones con actividades muy repetitivas, como son los archivistas o los operarios de líneas de ensamble. Otras automatizaciones afectarán de manera desproporcionada a los trabajadores medianamente calificados. Conforme el desarrollo tecnológico logre que las actividades tanto de los trabajadores no calificados como de los altamente calificados sean susceptibles a la automatización, estos efectos de polarización se podrían reducir”. (McKinsey&Company, 2017)

El fragmento expone con claridad que la automatización o robotización afectará primeramente a sectores donde la mano de obra no tenga que ser altamente calificada y de profesiones, como ya hemos visto, basadas en tareas repetitivas. El informe también deja claro, aunque no exponga ejemplos, que los sectores laborales donde se precise de mano de obra medianamente calificada también se verán afectados. Como observamos, este nuevo modelo socio-cultural basado en la robótica y la automatización, afecta al a todas las esferas y capas de la sociedad, no es un hecho aislado que se focalice en un sector concreto o en un determinado sector laboral. Lo que si concluimos es que este proceso afectará primero a unos sectores que otros y esto supondrá focalizar la automatización o robotización, como se ha visto, en trabajos o sectores económicos como el de las industrias de extracción de materias primas y sector servicios, para así poner de manifiesto el potencial liberador de la tecnología y su orientación. Pero ¿qué ocurría con todas las personas que dependen de esos puestos de trabajo? Aquí se nos presentan varias propuestas también ligadas a los discursos ya existentes y sobre todo relacionadas con los tres posicionamientos acerca del futuro del trabajo expuestos con anterioridad.

Entendemos que la substitución y perfeccionamiento del trabajo son aspectos que desde los discursos ideológicos no se tendrían presentes o supondrían un fuerte cuestionamiento, pero que desde el neoliberalismo no serían cuestiones difíciles de aceptar. En contra, un discurso de complementación donde, máquina y sujeto humano, co-trabajen, quizá sería la opción menos mala para los discursos ideológicos y una forma de asegurar que las empresas sigan manteniendo personal contratado.

Pero esta solución, que podríamos definir como “posicionamiento híbrido” ¿sería sostenible en un largo plazo? o ¿únicamente existiría durante un periodo de transición que terminaría en la sustitución al completo de la mano de obra en el medio plazo si resulta que las dinámicas de mercado y la automatización repercuten en más beneficios económicos? Esto es lo que desde la llamada industria 4.0[2] se conoce como la robótica colaborativa, que no deja de ser una forma más positiva de defender la complementación, y que consiste en automatizar ciertas funciones para que haya un cotrabajo entre el sujeto humano y la máquina.

Este posicionamiento híbrido, como vemos, no deja de ser una vía que no termina de solucionar el problema que intentamos abordar. Es una solución que se queda corta de miras frente a las dinámicas culturales que la nueva era de la robotización y de las IA dibuja. A parte, es una respuesta al problema no basada en el Interés, el Distanciamiento y el Silenciamiento (IDS) , ya que no se interesa por la sociedad de la era de la robotización en el largo plazo, sino por el presente inmediato, no se distancia de los patrones culturales nombrados ya que plantea una solución donde ideologías y neoliberalismo siguen coexistiendo en una dialéctica enfrentada, y no hay un silenciamiento de los intereses, ya que esta solución mantiene los intereses de las empresas de robotizar sus puestos de trabajo y la de los discursos ideológicos de evitar la sustitución en masa.

  • La cuestión del desempleo o excedente de mano de obra

En este punto empezamos a intuir la necesidad de priorizar ciertos sectores económicos y la complejidad filosófica y sociológica que esto supone. A de más, aquí, se nos presenta otra de las problemáticas que intentamos abordar: la cuestión del desempleo o el excedente de mano de obra.

Según el informe Un futuro que funciona: automatización, empleo y productividad (2017):

“la mayor parte del debate actual acerca de la automatización se ha enfocado en el potencial desempleo masivo, partiendo de un excedente de mano de obra humana, la economía mundial necesitará realmente cada pieza de mano de obra humana, además de los robots, para superar las tendencias demográficas de envejecimiento tanto en las economías desarrolladas como en las emergentes. En otras palabras, es mucho menos probable que exista un excedente de mano de obra humana que un déficit, a menos que la automatización se implemente extensamente”. (McKinsey&Company, 2017)

Dos visiones o ideas pueden extraerse de este fragmento, la positiva, donde la robotización y automatización traerá consigo la necesidad de mano de obra y por lo tanto no se producirá un desempleo masivo, y la negativa, donde la automatización, implementada en todos los ámbitos, generará un excedente de mano de obra o lo que es lo mismo, una elevada tasa de desempleo.

Podemos intuir que esta visión positiva o negativa dependerá sobre todo de las lógicas desde las cuales se decida implementar esta robotización o automatización, es decir, si se tienen en cuenta los problemas que esto puede acarrear y se solucionan antes de que se presenten. Sea como sea, lo que está claro es que esta cuestión genera una pregunta ¿qué hacer con la mano de obra una vez esta sea substituida? Si como hemos visto, los primeros sectores en sufrir este cambio, serán sectores económicos donde la mano de obra está menos calificada ¿Qué puede hacerse para que estas personas no sean arrojadas fuera del mercado laboral? Si como se ha especificado en el apartado anterior, sacamos al trabajo de sus lógicas capitalistas al cambiar la naturaleza de este, ¿podrán estas personas situadas fuera del mercado laboral autorrealizarse mediante la creatividad?

En las nuevas sociedades, llamadas del conocimiento, el elemento valorativo y generador de riqueza es el conocimiento y, por lo tanto, el trabajador/a, como sujeto de conocimiento, es generador de valor, no por su capacidad física, sino por el conocimiento adquirido y acumulado en sus años laborales; el conocimiento como nuevo factor productivo que puede ponerse al servicio de la nueva era de la robótica.

En este sentido ¿puede esta mano de obra desplazada servir a la ideación e implementación y jugar su rol en los factores expuestos anteriormente de la viabilidad técnica y desarrollo de software y hardware? O, en otras palabras, ¿pueden poner su conocimiento al servicio del desarrollo e implementación tecnológica sabiendo que sus lugares de trabajo serán ocupados por robots o IA sin que esto suponga una oposición a la robotización o automatización?

Siguiendo con las aportaciones de Murray Bookchin cabría decir que, según este autor:

“prácticamente no hay industria que no pueda ser automatizada, si accedemos a reestructurar el producto, la planta, los procedimientos de la fabricación y los métodos de manipulación. […] en muchas industrias se haría necesario alterar la forma del producto y el diseño de las plantas, para que el proceso de producción se prestara a la automatización”. (Bookchin, 1974; 104)

Desde esta premisa, se podrían articular, de forma positiva, la asunción de los nuevos modelos socio-culturales impulsados por las tecnologías, ayudar a las empresas a automatizar y robotizar estos puestos de trabajo, y que la mano de obra desplazada puede contribuir, con su conocimiento adquirido, a la implementación de estas nuevas formas de trabajo.

Relacionándolo con los sectores que pueden ser más susceptibles a esta transformación, es decir, los trabajos monótonos, repetitivos o de sectores como el de la extracción de materias primas, el conocimiento adquirido puede resultar muy beneficioso no solo a las empresas, sino también al ecosistema. En este sentido, las personas que trabajen en la minería sabrían las formas menos invasivas para extraer ciertos materiales, tienen conocimiento sobre el terreno en el que se desempeñaran dichas funciones y esto puede ser un valor añadido a la hora de pensar y fabricar los robots que pueden desempeñar estas tareas. Otro ejemplo podría ser en cuestiones logísticas, las personas que han desempeñado este trabajo en un puesto determinado sabrán la forma más eficiente de proceder, o si es el caso de una fábrica y tienen que realizar inventario, tendrán de antemano información que puede ser de utilidad como la forma de las piezas, el espacio donde se desarrolla su trabajo y otras tantas variables que pueden agilizar el trabajo del diseño e implementación de esta tecnología, ayudando así a la reestructuración de las plantas de trabajo y las formas y diseños de los productos, tal y como defiende Bookchin. También pueden ayudar, al tener el conocimiento previo del espacio, que hardware, es decir, que forma, materiales, complementos y dispositivos, tanto espaciales como materiales, deberían tener las futuras máquinas o robots.

Esta sería una forma de generar equipos de conocimiento donde la interdependencia entre desarrolladores informáticos, programadores, ingenieros y mano de obra desplazada, por seguir con el ejemplo expuesto, puedan jugar un papel como co-iguales en el desarrollo e implantación de estos robots o IA. En este sentido la jerarquía socialmente construida en función de la calificación no sería relevante, ya que lo que está en el centro del equipo es el conocimiento de todos al servicio del equipo.

La aceptación social de una tecnología liberadora: buscando una solución

Por último, nos encontramos frente a la problemática de la aceptación social de la tecnología para este fin concreto de la robotización / automatización. Aunque a lo largo del texto ya se ha ido presentando qué tipo de tecnología sería necesaria para que esta fuera aceptada, lo que intentaremos matizar aquí es la prioridad de generar este discurso positivo.

En las páginas anteriores se ha intentado ofrecer una visión alternativa sobre la tecnología y un discurso que pone en valor el potencial liberador y su utilidad para acabar con trabajos concretos que, sin el afán de repetirnos, son monótonos, repetitivos, tediosos e incluso peligrosos para la salud humana. Aquí el problema ya no está ligado con la implementación o no de cierta tecnología, sino más bien, en cómo la sociedad asumirá este hecho y, sobre todo, los sectores que ya tienen encima esta realidad.

Si a estas personas no se les ofrece un discurso o una narrativa positiva sobre su futuro y sobre el valor que pueden aportar a la implementación de este factor, tomarán esto como un ataque directo a su condición de “trabajador/a” por parte del capital y las empresas. En este sentido las empresas se verán afectadas por demandas laborales y, como se ha dejado intuir, tendrán que buscar posturas híbridas como las de la complementación que, por un lado, supondrán un coste elevado para estas empresas y, por otro, pueden frenar el avance del nuevo modelo socio-cultural que se aproxima; hecho que puede repercutir en una pérdida de eficiencia y de competitividad y por lo tanto no poder situarse en la vanguardia de la creatividad e innovación.

Otro factor a tener en cuenta es que las empresas y el capital no pueden desvincularse de la responsabilidad de ofrecer y generar este discurso, las personas que tiene a su cargo no son meros empleados, no son piezas que se substituyan, son personas que dependen de su trabajo y en este sentido pueden, si se acepta la premisa de que la robotización generará nuevos puestos de trabajo, invertir en capital humano y así potenciar el conocimiento y creatividad formando equipos interdependientes e interdisciplinarios como los que se han expuesto en el apartado anterior. En cambio, si empresas y capital, se oponen o dificultan la generación de este discurso, y la nueva era de la robotización y automatización se extiende en masa generando así elevadas tasas de desempleo, la responsabilidad caerá directamente en manos de los Estados.

Ambas soluciones siguen ancladas en un modelo industrial y estatal y dentro de unas lógicas y concepción del trabajo determinadas, donde el conocimiento es el nuevo generador de conocimiento. Si defendemos una nueva concepción del trabajo como un hacer-de-la-especie-humana al servicio de su supervivencia y nos aproximamos al concepto de sociedad 5.0 promovido por japón ¿podríamos defender que una gran parte de la humanidad no tenga que trabajar y se impulse un modelo laboral dominado por la autogestión donde las personas puedan autorrealizarse sin la necesidad de trabajar para terceros?

Asumimos que este modelo de autogestión y autorrealización estaría lejos de realizarse, pero sería un modelo donde la sociedad adapta a la tecnología y no donde la tecnología se impone a la sociedad. Es un modelo social que dada su complejidad necesita de una creatividad que enseñe a solucionar los problemas futuros antes de que estos se presenten a gran escala.

Bibliografía

BOOKCHIN, M. (1974): El anarquismo en la sociedad de consumo. Barcelona. Editorial Kairos.

European Agency for Safety and Healt at Work (2015): Una revisión sobre el futuro del trabajo: la robótica. Recuperado de: https://osha.europa.eu/es/publications/future-work-robotics/view

McKinsey&Company (2017): Un futuro que funciona: automatización, empleo y productividad.
Recuperado de: http://acessla.org/lectura-un-futuro-que-funciona-automatizacion-empleo-y-productividad-resumen-ejecutivo-de-la-investigacion-de-mckisney-global-institute-comentarios-y-extracto/

VERNON, R. (2007): Malatesta. Pensamiento y acción Revolucionario. 1ª ed. Buenos Aires. Tupac Ediciones.

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[1] Hay que aclarar que en este sentido nos referimos al acto de trabajar para otra persona u empresa, en unas condiciones de explotación o en puestos de trabajo que, como se ha comentado anteriormente, son monótonos, repetitivos o suponen esfuerzos físicos muy elevados.

[2] Actualmente existen dos modelos contrapuestos a nivel global, el potenciado por Alemania y Estados Unidos que sería la industria 4.0. basado en la idea de colaboración entre humanos y máquinas y el modelo japonés de sociedad 5.0 donde las máquinas y las IA están al servicio del humano, siendo estas las responsables de generar valor.