Teresa Guardans En los últimos años estamos viviendo los efectos de la llamada “economía de la atención”, un modelo económico que basa la obtención de beneficios en la captación y manipulación de la atención de miles de millones de seres humanos. El psiquismo, la atención y el sentir, todo, se ve profunda y directamente afectado por el peculiar uso de las tecnologías que se está llevando a cabo desde este modelo económico. Vamos a reflexionar sobre ello, deteniéndonos especialmente en el impacto que pueda tener sobre el cultivo de la cualidad humana, sobre la mismísima viabilidad de unas sociedades “sanas”.
Los problemas axiológicos de las sociedades de conocimiento
Ponencia de Marià Corbí del Congreso de Bioética organizado por la Universidad Nueva Granada, de Bogotá, del 3 al 5 de noviembre 2010.
La plena industrialización, la desaparición completa de las sociedades preindustriales y, sobre todo, la aparición y asentamiento de las sociedades de conocimiento han provocado un gran desplazamiento de todas las cuestiones axiológicas y, por consiguiente, también de las cuestiones religiosas y éticas. Las sociedades de conocimiento no son sociedades sabias, son únicamente sociedades que viven y prosperan creando continuamente conocimientos científicos y tecnológicos. Pueden ser tan necias o más que las sociedades que les precedieron.
Las sociedades de conocimiento son sociedades de innovación continua en ciencias y tecnologías; innovaciones que se extienden a todos los niveles de la vida humana, y que provocan un cambio continuo de la interpretación de la realidad también en todos sus niveles. Las innovaciones científicas van seguidas y acompañadas por innovaciones tecnológicas. Las innovaciones tecnológicas provocan cambios en los modos de trabajar y de organizarse. Los cambios en los modos de organizarse exigen cambios en los sistemas de cohesión, valoración y fines de los grupos. En las sociedades de innovación todo cambia continuamente. Se vive y se prospera cambiando y estando dispuestos a cambiar lo sea preciso. Hay que ponderar adecuadamente este hecho: se vive de cambiar.
