CETR

NAVIDAD 2008. CELEBRACIÓN EN CETR. Textos y video.

Introducción

Partimos del dato de que el mito del Nacimiento es un mito cósmico autónomo, muy anterior al nacimiento de Jesús.
Es un potente mito que pone de relieve, de una manera muy acertada y detallada, el doble acceso a la realidad que tenemos los humanos: un acceso a lo real relativo a nuestras necesidades de vivientes y un acceso a lo real absoluto.
La dimensión relativa de lo real y la dimensión absoluta no son dos realidades; ambas son esta misma realidad que se nos muestra bajo dos aspectos, pero que en realidad no son dos, sino una única realidad.

El mito habla de esta nuestra condición peculiar humana, que nos diferencia de las otras especies animales; y expresa cómo la totalidad de la realidad y el cosmos entero tiene para nosotros esas dos dimensiones, como una unidad.
El mito dice que toda la realidad que vemos, tocamos, sentimos y vivimos en nuestra vida cotidiana: el cielo estrellado, la noche, la tierra, nuestra propia especie en la figura de una mujer, los animales, están preñados de la dimensión absoluta. Esa dimensión absoluta se muestra desde las entrañas mismas de todas las realidades del cosmos.

Y para quien advierte que todo lo que damos por real está preñado de lo absoluto, de lo que es, del que es, es como si presenciara un parto. Es como si toda la realidad pariera, y pariendo nos mostrara lo que tiene en su seno: “lo que realmente es”, el Absoluto, Dios.
Es como un parto del cosmos entero es un parto en el que nadie nace, porque el que es dado a luz es el que siempre ha sido y es. El mito es autónomo, tiene significado por sí mismo, pero cuando los discípulos de Jesús ven en Él “al que es”, narran su nacimiento aplicándole ese mito cósmico ancestral. Aplicándoselo afirman la grandeza de Jesús y afirman también que Jesús muestra y es esa dimensión de la que el cosmos entero está preñado. Como la dimensión absoluta no es “otra” del cosmos, así lo que Jesús muestra en su persona no es “otro” del cosmos. Y nosotros somos eso.
El gran mito del Nacimiento proclama la verdad de todo y la unidad radical de todo, y si unidad, amor. Lo mismo que proclamó Jesús y todos los grandes maestros de profundidad de la historia de la humanidad.
Desde esta perspectiva el mito de Navidad no es un cuento sentimental sino un gran mito cósmico que proclama, para quien sabe comprenderlo, una gran verdad.
Recorreremos unos pocos textos que profundizan en la enseñanza de este mito ancestral.

 

NAVIDAD 2008. VIDEO DE LA CELEBRACIÓN EN CETR

 

Esto es lo que nace, el no nacido

Todo lo que este mundo mágico es y parece ser, no es más que el que nace, lo no nacido, la conciencia absoluta y nada más que Eso. La conciencia es el que nace, el no nacido, el mundo es el que nace, el no nacido, todos los elementos es el que nace, el no nacido. Yo soy el que nace, el no nacido; mis enemigos es el que nace, el no nacido, mis amigos y parientes es el que nace, el no nacido. El que nace, el no nacido es los tres periodos de tiempo porque todos ellos se fundamentan en el que nace, el no nacido mismo. Igual que el océano parece crecer a causa del oleaje, el que nace, el no nacido parece expandirse en la infinita diversidad de substancias. El que nace, el no nacido es quien comprende al que nace y quien experiencia al que nace. El que nace solo se manifiesta en el que nace por su propio poder. El que nace, el no nacido es la forma de mi enemigo que me ofende y me molesta. Si esto es como digo, ¿quién puede hacer algo a alguien?

Si solo el que nace, el no nacido se mueve en todas las cosas, que también son el no nacido, y solo el no nacido se desdobla en la diversidad de los seres como el no nacido, ¿qué es la alegría qué es la tristeza? El que nace, el no nacido se satisface con el propio no nacido; el no nacido está establecido en el no nacido. ¡No existo yo ni ningún otro ser distinto del que nace, el no nacido!

Todos los objetos de este mundo son el no nacido y yo mismo soy el no nacido. Siendo así, la pasión y la indiferencia, el deseo y la repulsión, solo pueden ser conceptos vacíos de sustancia. El cuerpo es el no nacido, la muerte también es el no nacido cuando ambos se unen ¿por qué hemos de lamentarlo? Aunque en la superficie de un océano tranquilo parecen agitarse las olas, no por ello dejan de ser solo agua. Aunque el no nacido parece agitarse en este mundo ilusorio, su esencia es invariable y no hay yoidad ni alteridad de ningún tipo. ¡Cuando un remolino se deshace en el agua nada ha muerto! Cuando la muerte-no nacido se superpone al cuerpo-no nacido nada se ha perdido en absoluto.

Puesto que el que nace, el no nacido todo lo penetra, no hay muerte ni seres vivos. Las olas que juguetean en la superficie del mar no nacen ni mueren. Lo mismo les ocurre a los seres de esta creación.

Por la revelación del que nace, el no nacido comprendo que yo soy el firmamento, y el espacio, y el sol y todas las cosas del universo: esa es la verdad.

Comprendo que yo soy una hoja de hierba, que yo soy la tierra, que yo soy un tronco de árbol y el bosque entero, soy la montaña y el océano. Soy el que nace, el no nacido, no dual: esa es la verdad.


Gracias a este parto puedo comprender que:

La verdad de la que hablan
las ancianas tradiciones,
es una verdad concreta,
no una formulación.

La verdad es como el vino
que se gusta en cada copa;
es la luz de cada ser;
canción que llega al oído desde todo lo existente;

del otro mundo el aroma
que lo cubre e impregna todo;
es presencia inmediata;
firmeza final de todo;
que tanteo con mis manos;

es el “sí” reconciliado
dado a todo lo que existe.

La verdad no se profesa,
se ve, se gusta, se toca,
se siente, sin mediación,
con todo este mi cuerpo
y toda esta mi mente.

“El que es” es evidente, patente

“El hombre es ojo y lo demás es piel;
la vista es contemplar al Amado.
Cuando no se divisa al Amado,
es preferible ser ciego;
el amado que no es perpetuo,
está mejor lejos”.

La fuente de todo amor

Si se silencia el conocimiento objetivo, el conocimiento carece de límites. Los límites los pone la objetivación.
Cuando se silencia el amor a cosas y personas, el amor es universal. Si se silencia el conocimiento objetivo, se silencia el amor a cosas y personas. Lo que queda es conocer y amor universal.
Si silencias los pensamientos de que eres esto y aquello, sólo eres. Cuando sólo eres, eres conocer y amor universal.
El fundamento de todo amor es ese amor que eres cuando sólo eres. Entonces podrás comprender y realizar que la esencia del ser es el amor.
Tu verdadera naturaleza es ese conocer-amor universal, fuente de todo amor particular. Quien te vea, está viendo la realidad no-dual que es amor carente de toda dualidad.
Todo amor de cosas y personas es sólo una chispa de ese amor trascendental, que es tu propio ser. Toda búsqueda de ser y de amor es búsqueda de ese Ser-Amor que es tu propia esencia.
Todo amor es un destello de tu propia esencia. Toda atracción es atracción a tu propia esencia. El mundo de los objetos y de los amores es sólo una creación de tu mente, superpuesta a tu propia esencia.
¡Qué pocos comprenden esta realidad! ¡Cuantos corren detrás de lo que son sólo destellos de la verdadera luz y del verdadero amor! ¡Qué servidumbre, buscar fuera lo que se posee dentro! ¡Cuánto sufrimiento en el esperar y no alcanzar, en el nacer y el morir, cuando la propia esencia es la realidad-amor que ni se gana ni se pierde, ni nace ni muere!

El amor es unión

El amor es unión. La unión es felicidad porque donde no hay división no hay amenaza ni temor. Serlo todo, porque se ama todo, es ser feliz y hacer feliz.

Todo sufrimiento nace del deseo, porque el deseo crea la separación y la dualidad y, con ella, la dependencia y la amenaza.

El deseo puede frustrarse; el amor verdadero jamás se frustra porque donde hay unidad no puede haber frustración.

Donde hay amor no hay miedo, porque hay unidad y donde hay unidad no hay dependencia de nada exterior.

Cuando hay amor es imposible el miedo porque la unidad excluye la dualidad y, con ella, el deseo y el miedo.

Sin amor todo está lleno de dualidad; donde hay dualidad están los deseos y los temores y su acompañamiento necesario, la inquietud y el sufrimiento. Sin el amor-unidad todo es sufrimiento. La vida misma sin amor-unidad es sufrimiento y no es vida.

Dice Rumí :
“Cierto hombre llamó a la puerta de su amigo y este contestó:
‘¿Quién eres?’
‘Yo soy’ –respondió el amigo-.
‘Márchate, en esta mesa no hay lugar para los crudos’.
El desgraciado se marchó y viajó durante un año separado de su amigo,
abrasado por las chispas del fuego de la ausencia y de la separación.
El quemado se coció y regresó a la puerta de su camarada.
Llamó con cien temores y respetos.
‘¿Quién llama a la puerta?’
‘Tu llamas a la puerta’ –le respondió-.
‘Puesto que tu eres yo, entra, oh yo mismo.
No hay sitio en la casa para dos yo’”


Jesús, el maestro de la sutilidad

Jesús es el maestro sutil, radical, desnudo,
pura revelación de “eso que es” como Padre,
el maestro sin doctrinas y sin poder,
el que solo revela la Verdad
que es amor y unidad

Jesús es el que revela que “eso que es”
es amor incondicional,
pide que a sus discípulos se les reconozca
por su amor incondicional.

Este es su mandato:
que nos amemos unos a otros,
pero no de cualquier manera,
sino como Él nos ha amado,
es decir, sin condiciones.
Y decir sin condiciones significa sin ego.
¡Vaya mandato!
Eso no es un mandato es un don.
Y es el don del Conocimiento-Amor-Unidad.

Te saludo, ¡oh ser!

El gran mito cósmico que muestra lo que el cosmos lleva en su seno y que se aplicó a Jesús de Nazaret, me muestra mi propia realidad, la verdadera realidad de toda cosa. El siguiente texto del Yoga Vashistha surge del reconocimiento.

Te saludo, ¡oh ser!, que resides en el loto del corazón y cuyas dos alas son la conciencia y su reflexión. Te saludo, oh ser!, el sol que despeja la obscuridad de la ignorancia. Te saludo, ¡oh ser!, el promotor del amor supremo que mantiene todas las cosas del universo.

¡Oh, ser!, brillas en el sol con luminosidad y pureza, y resplandeces fríamente en la luna. La pesadez de las montañas y la velocidad del viento surgen de ti mismo. Por tu causa la tierra es firme y el espacio vacío. Afortunadamente te he comprendido. Por suerte, ya no hay diferencia entre tú y yo: tú eres yo, yo soy tú. ¡Saludo a mi ser infinito y sin ego, saludo al ser sin forma!
Resides en mí en estado de equilibrio, como la consciencia testigo, sin forma y sin divisiones en el espacio-tiempo.
¡Te saludo a ti mi propio ser, que lo eres todo! El ser es todo en todo y existe en todas las cosas, como la fragancia existe en las flores y el aceite en la semilla de sésamo. ¡Oh, ser! tú destruyes, tú proteges, tú das, tú ruges, tú actúas, aunque estás completamente libre del sentimiento de ego. ¡Esta es la gran maravilla!
¡Oh, ser! tú eres la fragancia de las flores conocida como flor, el néctar de la luna conocido como astro, la esencia de la hierba conocida como cuerpo. Como la mantequilla está en la leche, resides en este cuerpo como el fuego reside en los bosques.
Eres el fundamento de la verdad en el que todo reposa. Los mundos están siempre potencialmente presentes en ti y por ti se hacen manifiestos. ¡Tú eres su realidad!
La felicidad y la desgracia se disuelven cuando tú te aproximas, como la obscuridad se desvanece en presencia de la luz. A pesar de ello, la experiencia de felicidad sólo es posible a causa de la luz de la conciencia que emana de ti.

Yo te saludo ser y te celebro, porque has manifestado este universo sin límites. Te saludo, ser de la paz suprema. Te saludo, ser que eres el origen y la meta de estas escrituras y estás más allá de las mismas. Te saludo, ser que naces y resides en todas las criaturas. Te saludo, ser no nacido. Te saludo, ser que permaneces debajo de todo cambio y toda destrucción, inmutable. Te saludo, ser que eres la existencia y la no existencia. Te saludo, ser que puedes ser alcanzado y conquistado.
Vivo para conquistarte. Te saludo ¡oh, ser! y te celebro. Mientras existes como la realidad pura, ¿dónde está la esclavitud, dónde la desgracia, dónde la fortuna, dónde el nacimiento y la muerte? Permaneceré para siempre en la paz suprema.