Saltear al contenido principal

Nisargadatta P6

6. silencio con el capítulo 32   Nisargadatta:  Yo soy Eso 

Es un capítulo que ofrece una variedad de temas para poder profundizar en ellos. Nos centraremos en uno de los primeros que aparecen: el del uso que hacemos y que podemos hacer de nuestras capacidades de comprensión.

Biológicamente necesitamos muy poco; nuestros problemas son de un orden diferente. Los problemas creados por el deseo y el miedo y las falsas ideas sólo pueden ser resueltos en el nivel de la mente. (191

Los problemas de la humanidad están basados en el mal uso de la mente. Todos los tesoros de la naturaleza y del espíritu están abiertos para el ser humano que utilice la mente correctamente.

P: ¿Cuál es el uso correcto de la mente?

M: La causa del mal uso de la mente es el miedo y la codicia. El uso correcto de la mente está en el servicio al amor, a la vida, a la verdad y a la belleza. (190)

_____________________

a tener en cuenta: en este rato vamos a hacer un paréntesis en cuanto a ocupaciones, preocupaciones, responsabilidades, etc. etc. en torno a la crisis económica. Nos situamos en otro ángulo o perspectiva (aunque no nos alejemos de la realidad humana, de sus sufrimientos y sus gozos).

La práctica de hoy procura tomar contacto con esa fuerza interior nuestra que puede ser fuente de infelicidad, empobrecimiento, tensión, desgaste… para uno mismo y para los demás. O todo lo contrario: tomar contacto con la otra cara de la moneda, con los efectos de poner la fuerza interior al servicio del amor, de la vida, de la verdad y de la belleza.

1. Recoger la atención con ayuda de la respiración, atendiendo al movimiento del aire, sin forzar, unos minutos, el tiempo que sea necesario.

2. No vamos a detenernos mucho en el uso de la mente cuando funciona movida por el miedo y los deseos. Lo suficiente para tomar conciencia de ella. Recordemos por ejemplo aquella situación -tal vez no muy lejana- en la que nuestro interior quedó teñido por los colores de la rivalidad, la competencia, el ansia de reconocimiento, la sensación de desprecio, la exigencia no satisfecha… Cualquiera de los colores del miedo y de los deseos. Recordemos algún ejemplo o situación concreta, cómo nos sentimos, cómo actuaba la mente: girando incansablemente en redondo, repitiendo una y otra vez unos argumentos para dar consistencia a un determinado estado anímico. Una mente así ¿nos enriqueció? ¿aumentó la comprensión de la situación? … etc.

. Unos pocos minutos para tomar conciencia; dejando esos recuerdos tranquilos, volveremos a la respiración, disponiéndonos a dar otro paso.

3. Llevaremos nuestra atención hacia un rostro (o una situación) que sea capaz de despertar en nosotros una sonrisa de ternura, de bondad… Un/a pequeño/a, persona mayor, escena… Nos detenemos en “mirar” ese rostro, reproducirlo, nos tomamos el

 

tiempo necesario, hasta lograr despertar ese fondo de ternura, dejarlo crecer, que invada todos los rincones. Que nada más nos ocupe.

– Dirigimos hacia aquella persona o situación nuestros mejores deseos, con el deseo de ponernos a su servicio. Al servicio de su felicidad, de su paz, al servicio de todo; ningún reclamo, ninguna contrapartida, nada a cambio. Su bien, su felicidad. Procurando que esa bondad, esa ternura, ese amor, nos ensanche, diluya «atascos» interiores, lograr que fluya a través nuestro, expandirla a cada expiración. Si nos distraemos, volvemos al recuerdo del «rostro» que nos ha ayudado a movilizarnos, tantas veces como lo necesitemos.

– Finalmente, dirigiremos esa ternura hacia las personas de la sala. [Si en este momento estamos solos, la dirigimos hacia personas de nuestro entorno cotidiano]. No hay necesidad de abrir los ojos o de mirar a los demás; tal como estamos, nos situamos interiormente delante de una persona, y luego otra y otra. Como hemos hecho antes, nos situamos delante desde la profundidad del sentir, desde una profunda estima, desde nuestros mejores deseos hacia ella: que sea feliz, que viva plenamente, …

– No olvidemos de incluirnos a nosotros mismos en la rueda. Esta vida que late aquí, en mí, merece también mi profundo respeto y estima.

4. Iremos dejando el ejercicio. Unos últimos instantes de atención a la respiración, a la fuerza de vida en nosotros.

Y, a continuación, un momento para la toma de conciencia: ¿ha cambiado algo? El uso que hemos hecho este rato de nuestra mente, ¿nos ha enriquecido o empobrecido? ¿mayor peso o mayor libertad? ¿…? Observadores atentos de nuestro interior.

* *

(El ejercicio nos ha ayudado a comprender un poco más a qué se refiere Nisargadatta cuando habla de «buen uso» de la mente? ¿O cuando habla de los problemas que genera el «mal uso» de la mente?)

Tenemos por delante unas semanas de celebraciones y reuniones familiares. La rueda de quehaceres de estos días se nos puede llevar por delante. Pero, al mismo tiempo, puede ser una buena oportunidad para afinar y profundizar en este uso de nuestras capacidades al servicio del amor, de la vida, de la verdad y de la belleza.

 

Esta entrada tiene 0 comentarios

Deja una respuesta

Volver arriba