Marià Corbí No es aceptable abandonar a los jóvenes porque no se sabe qué decirles que sea aceptado por ellos, o porque les predicamos con un mensaje del pasado, que pensamos que es el único válido y que no aceptan. Hay que buscar una solución urgentemente. Muchos no saben qué hacer y dan lo que tienen a personas que ya pertenecen al último tercio de la vida; a persona que, forzadas a alejarse de las formas tradicionales de la religión, por las transformaciones de las formas de vivir y de las culturas, todavía les restan no pocos elementos de la tradición. También estos están desamparados y sin ayuda. Quienes dedican su vida y sus esfuerzos a este tipo de personas hacen muy bien. Sin embargo, hay que hacer un gran esfuerzo para encontrar una solución para las generaciones futuras, porque de ellas será el mundo, la cultura, la espiritualidad y todo.
«Alberto Caeiro» poema de El cuidador de rebaños
No creo en Dios porque nunca lo he visto.
Si el quisiera que yo creyera en él,
seguro que vendría a hablar conmigo
y entraría por mi puerta diciéndome: ¡Aquí estoy!
Pero si Dios es las flores y los árboles
y los montes y el sol y el luar,
entonces creo en él,
entonces creo en él a todas horas
y mi vida entera es una oración y una misa
y una comunión por los ojos y por los oídos.
Pero si Dios es las flores y los árboles
y los montes y el luar y el sol,
¿por qué llamarle Dios?
Le llamo flores y árboles y montes y sol y luar;
porque si él se hizo, para que yo lo viese,
sol y luar y flores y árboles y montes,
si se me aparece como árboles y montes
y luar y sol y flores
es porque quiere que lo conozca
como árboles y montes y flores y luar y sol.
Y por eso yo le obedezco
(¿qué más sé yo de Dios que Dios de sí mismo?),
le obedezco viviendo, espontáneamente,
como quien abre los ojos y ve,
y le llamo luar y sol y árboles y montes,
y lo llamo sin pensar en él,
y pienso en él viendo y oyendo,
y ando con él a todas horas.
(Fernando Pessoa, «Alberto Caeiro» poema de El cuidador de rebaños)
