Alain Vircondelet

Balthus: pintar es dirigirse cada día hacia la fuente…

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«Pintar es dirigirse cada día hacia la fuente a buscar el agua: la luz. (270). Pintar es salir de sí mismo, olvidarse, preferir el anonimato y arriesgarse a no estar d’acuerdo con el siglo, con las modas y con los semejantes. (283) Pintar es, principalmente, querer conocer y hacer todo lo posible por conseguirlo. (284)»

Os ofrecemos una selección de reflexiones del pintor polaco Balthus (1904-2001), palabras recogidas por Vircondelet pocos meses antes de la muerte del pintor. Son textos sobre el proceso de creación artística y la actitud interior que la posibilita. Para Balthus, el arte es camino espiritual, polarización interior hacia la búsqueda, veneración frente el esplendor, silencio, plegaria, olvido de sí mismo…

Pintar del mismo modo que se reza: camino de silencio, acceso a lo invisible en el mundo (…) Atrapar lo que te puede ofrecer, como una gracia. Cuando hablo de pintura, no me puedo apartar del lenguaje religioso, es el que más se aproxima a aquello que quiero expresar, cuando me quiero referir a la sacralidad del mundo, a aquella actitud de ponerse uno mismo como en disposición, humildemente, modestamente, como en una ofrenda, queriendo encontrar lo esencial. Para pintar, haría falta estar siempre en esta desnudez (22)

Tengo gran admiración y respeto, un gran afecto por Giacometti. Era un hermano, un amigo. Por esto conservo esta fotografía suya en el taller, no sé de dónde me vino. Trabajo a su sombra, bajo su mirada atenta, benevolente. Haría falta explicar a los pintores de hoy, que todo se juega en el taller, en la lentitud de su tiempo. Amo estas horas pasadas mirando la tela, meditando ante ella. Contemplando. Horas incomparables en su silencio. (17) Ofrecerle todo el tiempo, predisponiéndose a la posible revelación. En estado de espera. Polarizado en esta disposición. (…) La pintura es un medio de acceso al misterio de Dios. Medio para atrapar algunos vislumbres de su Reino. No hay vanidad en esto, más bien humildad. Ponerse en situación de poder capturar un fragmento de luz. (19)

… aprecio mucho la pintura de los primitivos italianos, y la de los maestros chinos y japoneses. Es una pintura sagrada, que busca más allá de las apariencias, más allá de las formas visibles, lo invisible, el secreto que anima la realidad. En esto no hay ninguna diferencia entre Piero della Francesca y un maestro del lejano Oriente […] el mismo movimiento de eternidad. (24)

Empiezo a pintar cada día rezando: un gesto ritual que me da fuerzas para cruzar, para salir de mí mismo. Tengo el convencimiento de que la pintura es una forma de plegaria, una vía de acceso a Dios. (30)

… el cuadro se desarrolla lentamente, día a día, en el silencio y en la paz. Es el cuadro el que me enseña a apartarme de la rueda frenética del tiempo. Lo que quiero lograr es su secreto, su inmovilidad. (33)

A menudo he pensado que la mejor cualidad, la virtud más bella es callarse, es el silencio. No me he dedicado nunca a interpretar mis cuadros, a extenderme sobre su significado. ¿Es necesario que signifiquen algo? De lo que yo he querido ocuparme no ha sido de expresarme a mí mismo, sino de expresar al mundo por la pintura. (38)

Pintar no es figurar, ni tampoco reproducir, sino penetrar. Adentrarse en el secreto, expresar la imagen interior. (…) Un retrato es atrapar un fragmento del alma, hacer una hendidura hacia lo desconocido (89)

No discuto las interpretaciones de los críticos acerca de mis obras de arte. Yo no sé lo que las obras quieren decir. Simplemente son. Quizás no haría falta decir nada, sólo mirar. Yo me paso horas mirándolas, en el taller. Las miro, entro en su misterio. El misterio ha guiado mi mano adentrándome en su noche. En cierto modo, debe ser una experiencia parecida a la de los místicos, la profunda noche que atraviesan para poder acceder a la luz. (…) ¡Cómo me gustan los poemas de Joan de la Cruz! (93)

He dibujado muchísimo, he dibujado para acercarme a las personas, a sus emociones interiores. El dibujo fue una escuela de paciencia. Cuando acababa un dibujo, tenía conciencia de haber adelantado como persona, de ser más hombre, de encontrarme más cerca de la condición humana. Este sentido de fraternidad me lo ha proporcionado el dibujo en mayor medida que la pintura. La pintura es más como una búsqueda, un peregrinaje. (99)

Me indigna el culto a la personalidad que rodea a muchos pintores contemporáneos. Para pintar se requiere todo lo contrario, borrarse cada día más, no tener más exigencia que la pintura y olvidarse de sí mismo. Y, en cambio, encontramos por todas partes declaraciones personales, confesiones íntimas, exhibicionismos… No me canso de decir que no te explicas a ti mismo, lo que quieres expresar es el mundo, sus misterios y sus noches. De paso, quizás encontrarás alguna clave que te permita comprenderte mejor, pero no es ese el objetivo. (…) En esta aventura de la pintura, el pintor no es nada, no es más que una mano, un instrumento que establece un puente, él mismo sin saber muchas veces ni hacia dónde va, pero actúa como transmisor de aquello que todavía ignora, aquello que permanece en lo secreto. Esto se te hace claro cuando tocas algún punto esencial, cuando -por decirlo d’alguna manera- notas que no hay relación entre tú mismo y lo que quieres lograr, entre tú y lo que percibes. (…) El pintor sólo existe en esta disponibilidad, en esta humildad. Que otros se dediquen a la interpretación y el análisis. El pintor pinta, eso es todo. Y lo que ha de lograr alcanzar por todos los medios, es el silencio. Todos esos abordajes de palabra a la pintura me parecen, en el fondo, bastante cómicos. ¿Qué palabras podrían expresar algo del trabajo de quien quiere mostrar algún rasgo de los espacios de silencio, secretos y oscuros? (101103)

La obra es una aventura, una aventura extremadamente solitaria, pero cargada de todo el legado del pasado. No me canso de insistir en que el trabajo del pintor no se debe desligar del legado de sus predecesores. Recomenzar desde cero no tiene ningún sentido si el pintor no se ha alimentado antes de toda la riqueza de la historia de l’arte, si no ha asimilado a fondo y, a partir de ahí, trabaja con lo que él es, ve y siente. (164)

Habiendo tanta belleza, ¿ por qué empeñarse en ignorarla? (193) ¿Por qué crear fealdad cuando la belleza nos rodea? Siempre me he sentido como responsable de tanta belleza como hay. Con el deber de pasar por sobre mis estados de ánimo, de mis propios momentos de dolor, de mis dudas y volcarme sobre esta tarea inmensa, este bautizo que es la pintura: la inmersión en la belleza de Dios. (172)

No sé otra definición de arte que afirmar que el arte consiste en celebrar, cantar, llevar a cabo belleza. (228)

Un pintor ejercita siempre la mirada. Se trata de ir más lejos que aquello que te muestra el entorno, pero este ir “más lejos” se halla en la realidad misma, no en otro lugar. No importa que tengas tan mal la vista como la tengo yo ahora, lo que cuenta es el estado de tensión de la mirada interior. La manera de penetrar en las cosas, con la certeza de que están bien vivas, en una inimaginable plenitud. (…) Llegar a captar la fragilidad e unos pétalos pide una infinita paciencia que nada tiene que ver con el ritmo de la vida moderna. (242)

Me resulta imposible explicar con palabras la alquimia del trabajo que quiere transformar el paisaje en aquello que esconde, transformarlo en su reverso, en su fondo secreto. Siempre he intentado pintar su centro. Vértigo; intentar alcanzar la profundidad del mundo. (260)

En apariencia, la pintura no es nada : una tela que uno mismo ha tensado, unos pinceles, unos tubos de pintura y unos botes de pigmentos. Y aquí es dónde empieza todo. No hay que perderse en la habilidad o la costumbre. Todo lo contrario: fuente y nacimiento. Pintar es dirigirse cada día hacia la fuente a buscar el agua. La luz. (270)

La pintura es una tal aventura de humildad que me parece como fuera de lugar conseguir títulos académicos gracias a ella. (278)

Pintar es salir de sí mismo, olvidarse, buscar el anonimato y arriesgarse a no estar d’acuerdo con el siglo, con las modas y con los semejantes. (283)

Pintar es, principalmente, querer conocer y hacer todo lo posible para conseguirlo. (284)

Textos traducidos a partir de: «Mémoires de Balthus: recueillies par Alain Vircondelet». Monaco, du Rocher, 2001. 297 p. Existe edición castellana en la editorial Lumen (2002)